domingo, agosto 19, 2018

Estrategias que desactivan los pensamientos negativos


Es fácil caer presa de una dinámica de pensamientos negativos, especialmente cuando hemos acumulado varios y hemos generado una inercia que afecta sobre todo a los filtros que utilizamos para procesar la información. Los pensamientos de los que hablamos pueden encadenarse de la misma forma que crece una pequeña bola de nieve que dejamos rodar pendiente abajo. Así, un pequeño e inocente pensamiento, liberado sin consciencia ni intención, puede terminar convirtiéndose en un gran coloso que contamine todas nuestras emociones, conductas y al resto de pensamientos.

Como la fuerza de la bola que cae sin control, cada vez más grande, cada vez más rápida, los pensamientos negativos nos drenan de energía y nos arrebatan la fuerza. Y cuanto más te entregas a esos pensamientos negativos, más fuertes se vuelven. Es más, de la misma manera que es más difícil de detener esa pequeña bola de nieve cuando ya ha rodado varios metros sobre el valle y ha ganado en tamaño, también lo es detener una bola de pensamientos negativos que ya ha comenzado a rodar. 

¿Qué hacer con los pensamientos negativos? La vida nos presenta desafíos, muchas veces sin darnos una tregua y sin tener en cuenta los recursos con los que contamos. Tener pensamientos negativos o derrotistas ante este panorama es normal. Sin embargo, alimentarlos, retenerlos o incluso perseguirlos disminuye la calidad de vida y envenena la imagen que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué necesidad tenemos de atacar de esa manera nuestra autoestima?

El pensamiento negativo en ocasiones duele y en muchas otras condiciona nuestras conductas. Puede hacernos actuar de manera desesperada cuando no hay necesidad o incluso incentivar la posibilidad de tirar la toalla cuando por recursos y habilidades todavía tendríamos mucho que decir. En definitiva, los pensamientos negativos suelen condicionar nuestras decisiones y no precisamente para bien. 

Entonces, ¿por qué alimentamos el pensamiento negativo cuando sabemos que nos hace daño? El problema empieza cuando nos saltan los primeros pensamientos negativos y no los tratamos bien. En definitiva, cuando la bola es pequeña y no ha contaminado a todo lo que toca. Por ejemplo, hay personas que tratan a los pensamientos negativos, o mejor dicho, a la ansiedad que producen “atracando” la nevera. Una estrategia que suele generar todavía más pensamientos negativos, en este caso respecto a nuestra capacidad de auto-control y a nuestro cuerpo. 

 Con este tipo de pensamientos se da otro fenómeno curioso: incluso aunque seas consciente de que tienes que olvidar ese pensamiento, es muy difícil desactivarlo. Cuanto más piensas en olvidarlo más presente lo tienes. Y ahí te quedas, rumiando una idea que no solo te hace pasar un mal rato, sino que puede llevarte a comprometer gravemente tu salud mental. 

Cómo desactivar el pensamiento negativo 

Entonces, ¿cómo eliminamos este pensamiento negativo? En realidad, no se puede evitar el pensamiento negativo por completo. A veces los pensamientos negativos solo son una chispa en nuestra mente. Cuando esto sucede, debemos ser conscientes, para que inmediatamente podamos reconocerlos y de ese modo saber cuándo estamos pensando negativamente. 

Las siguientes estrategias te permitirán desactivar el pensamiento negativo y te facilitarán la tarea de pensar en positivo. 

 1.- Observa tu pensamiento: los pensamientos negativos son generalmente producto de distorsiones cognitivas, o patrones de pensamiento irracional. Obsérvalos como si fueras un espectador. Si no dejas que se apoderen de tu mente simplemente se disiparán. Visualízalos como si fueran troncos que viajan río abajo. Tarde o temprano los perderás de vista. Acepta tus pensamientos negativos y déjalos marchar.

2.- Replantea cualquier cuestión que estés rumiando: las rumiaciones son patrones de pensamiento excesivo. Cuando rumiamos una idea lo hacemos convencidos de que podremos solucionar algo solo por pensar más en ello. Algo que, por lo general, es inútil. Debes despejar lo que hay de verdad en tus pensamientos y desechar lo que has creado tú en tu mente antes de empezar buscar una solución. No te extrañes si después de eliminar la fantasía te encuentras que no hay ningún problema, más allá del que has creado tú mismo. 

3.- Muévete y actúa físicamente sobre tu pensamiento: cuando te encuentres atrapado en un pensamiento negativo ponte en movimiento. Cambiar el chip para despertar pensamientos positivos no es tan fácil cuando tu mente está ocupada buscando la manera de sufrir. Es un gran momento para salir a dar un paseo, salir a correr, bailar, ocuparse en algo en casa o en el trabajo, la idea es cambiar el momento. No te pares a pensar -tienes la mente muy ocupada-, simplemente dejar que tu cuerpo tome las riendas y lleve a tu mente a otra parte. 

4.- Evita los disparadores de pensamientos negativos: una canción, una imagen, una lectura, lo que ves en la televisión, la compañía de ciertas personas… En cuando descubras qué estímulos desencadenas tus pensamientos negativos, evítalos. Y, en la medida que puedas, sustitúyelos por otros que despierten en ti sensaciones agradables. No te martirices ni te lo pongas más difícil. 

5.- Rodéate de gente positiva y experiencias agradables: si lo que ves, lo que escuchas y lo que lees es positivo, si la gente que te rodea es positiva, será más fácil mantener el pensamiento negativo lejos. Cualquier disparador de pensamiento negativo será más fácil de desactivar si el optimismo te rodea. 

6.- Recuerda que nadie es perfecto y sigue adelante: es fácil detenerte en sus errores. Pero lo único que puedes hacer es aprender de ellos y seguir adelante. Nada va a cambiar por mucho que rumies. Y si lo que despierta tus pensamientos negativos es una debilidad o una limitación, céntrate en tus fortalezas y en tus virtudes. Si no puedes cambiar lo que hay, sácale el máximo partido a lo que tienes. 

Los pensamientos no durarán para siempre 

Los pensamientos negativos son fugaces y temporales, salvo que nosotros hagamos por lo contrario. No tienen poder real propio, pero pueden hacer mucho daño si les damos la oportunidad para crecer. Un pensamiento no tiene otro poder que el que tú le das. Los pensamientos negativos ganan impulso cuando se activan. Desactivarlos después es una tarea difícil: ya no es un pensamiento, hablamos de una dinámica. 

Cada uno es responsable de la manera que tiene de gestionar sus propios pensamientos. Da igual por qué ese pensamiento surgió: lo importante es que puedes apagarlo y que puedes generar un entorno adecuado para que ese tiempo de pensamientos se reduzcan. La clave pasa por detectar esos pensamientos negativos antes de que tengan tiempo de atrincherarse en tu cabeza y conquistar aliados. 

 Eva Maria Rodríguez
 Profesora y Escritora


domingo, agosto 12, 2018

La dignidad no es cuestión de orgullo


La dignidad es un bien preciado que no podemos colocar en bolsillos ajenos ni perder a la ligera. Dignidad es autoestima, respeto por uno mismo y salud. Es también la fuerza que nos levanta del suelo cuando tenemos las alas rotas con la esperanza de llegar a un punto lejano donde nada duela, donde permitirnos mirar el mundo de nuevo con la cabeza alta. 

Podríamos decir casi sin equivocarnos que pocas palabras tienen tanta importancia a día de hoy como la que encabeza en esta ocasión nuestro artículo. Fue Ernesto Sábato quien dijo no hace mucho que al parecer, la dignidad del ser humano no estaba prevista en este mundo globalizado. Todos lo vemos a diario, nuestra sociedad se articula cada vez más en una estructura donde vamos perdiendo poco a poco más derechos, más oportunidades e incluso libertades. 

 “Más allá del dolor y la alegría, está la dignidad de ser” 
   Marguerite Yourcenar

Sin embargo, y esto es interesante tenerlo muy presente, son muchos los filósofos, sociólogos, psicólogos y escritores que intentan ofrecernos estrategias para dar forma a lo que ellos llaman “la era de la dignidad”. Consideran que es momento de definirse, de tener voz y trabajar en nuestras fortalezas personales para encontrar una mayor satisfacción en nuestros entornos más próximos, y generar así, un cambio relevante en esta sociedad cada vez más desigual. 

Personalidades como Robert W. Fuller, físico, diplomático y educador, ha puesto sobre la mesa un término que sin duda vamos a empezar a escuchar con mayor frecuencia. Se trata del “rankismo”. En este término se incluyen todas esas conductas que día día van carcomiendo nuestra dignidad: ser intimidados por terceras personas (parejas, jefes, compañeros de trabajo), sufrir acoso, sexismo e incluso ser víctima de la jerarquía social. 

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido esa sensación de estar perdiendo la dignidad de algún modo. Ya sea por una relación abusiva o por desempeñar un trabajo mal renumerado, son situaciones con un alto coste personal. Exigir un cambio, posicionarnos a nuestro favor y luchar por los propios derechos nunca será un acto de orgullo, sino de atrevernos a ser valientes. 

El escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro premio Nobel de Literatura año 2017, que el gran público lo conoce sobre todo por una de sus novelas, “Lo que queda del día”, una obra que a su vez fue llevada al cine de manera excepcional. Lo más curioso de todo ello es que no todos atisban cuál es el tema central de ese libro tan meticuloso, desesperante a veces pero magnífico siempre.

Podríamos pensar que “Lo que queda del día” nos habla de una historia de amor. De un amor cobarde y de murallas, de esos donde los amantes jamás llegan a tocarse la piel y las pupilas quedan perdidas en cualquier otro lugar, menos en la persona que uno ama. Quizás deduzcamos que el libro es la historia de una casa y de sus habitantes, amos y sirvientes, y de cómo un noble, Lord Darlington, buscó la amistad de los nazis ante la pasividad de su mayordomo que vio cómo su señor traicionaba a la patria. Podríamos decir esto y mucho más, porque esa es sin duda la magia de los libros. 

Sin embargo, “Lo que queda del día” habla de la dignidad. De la dignidad del personaje que hace de narrador y que a su vez, es el protagonista de la historia, el señor Stevens, mayordomo de Darlington Hall. (Anthony Hopkins as Stevens and Emma Thompson as Miss Kenton), Toda la novela es un puro mecanismo de defensa, un intento de justificación continua. Estamos ante una persona que se siente digna y honrada por el trabajo que realiza, pero tal labor no es más que el reflejo de la servidumbre más cruenta y absoluta, ahí donde no cabe espacio para la reflexión, la duda, el reconocimiento de las propias emociones y aún menos para el amor. Sin embargo, llega un momento en que la imagen del “gran mayordomo” se desmorona. 

Durante una cena uno de los huéspedes de Lord Darlington le hace una serie de preguntas al señor Stevens para evidenciar la total ignorancia de las clases bajas. Un ataque directo a su “yo” donde el mayordomo queda a un lado para dejar paso al hombre herido que nunca tuvo dignidad y que vivía bajo una coraza. El hombre que se negó el amor verdadero por servir a los demás. Recuperar y fortalecer nuestra dignidad Resulta sin duda curioso cómo el observador externo e incluso el lector que navega página a página en libros como “Lo que queda del día”, sabe de inmediato cómo determinada persona está siendo manipulada o cómo teje un laborioso autoengaño para justificar cada acto a nuestros ojos inexplicable. Sin embargo, también nosotros podemos estar llevando a cabo determinadas labores muy similares a las del mayordomo de Darlington Hall.

Puede que lo estemos dando todo por ese amor, por esa relación dañina, tóxica e incluso desgastante. A veces amamos con los ojos ciegos y el corazón abierto, sin percibir que en ese vínculo se nos va hebra a hebra todo el tejido de la autoestima. Puede también que llevemos tiempo en ese trabajo mal pagado, en el que no nos valoran, se nos va la vida y la dignidad… pero qué se le va a hacer, los tiempos son los que son y siempre será mejor lo malo conocido que una cuenta corriente vacía.

Debemos despertar, lo decíamos al inicio, esta debe ser la era de la dignidad, esa donde todos debemos recordar nuestra valía, nuestra fortaleza, nuestro derecho a tener una vida mejor, a ser merecedores de aquello que deseamos y necesitamos. Decirlo en voz alta, poner límites, cerrar puertas para abrir otras y definirnos ante los demás no es un acto de orgullo o egoísmo. Evitemos perder nuestra individualidad, dejemos de justificar lo que es injustificable y evitemos formar parte de ese engranaje que apaga día a día nuestras virtudes y maravillosas personalidades. Aprendamos por tanto a dejar de ser súbditos de la infelicidad para crearla con nuestras propias manos y voluntades.

Valeria Sabater
Psicóloga y escritora


lunes, agosto 06, 2018

El Mito del Fracaso


Puede que esto te tome de sorpresa, pero el fracaso es una ilusión.

Nadie fracasa en nada. Todo lo que haces produce un resultado. Si estás intentando aprender a atrapar una pelota y alguien te la tira y se te cae, no es que hayas fallado. Sencillamente, se ha producido un resultado. La pregunta real es qué hacer con los resultados que produces. ¿Te vas llorando por haber fallado atrapando la pelota, o dices “Tírame otra” hasta que terminas por atraparlas? 

El fracaso es un juicio. No es más que una opinión. Procede de tus miedos, que pueden ser eliminados con amor. Amor por ti mismo. Amor por lo que haces. Amor por los demás. Amor por tu planeta. Cuando tienes amor dentro de ti, el miedo no puede sobrevivir. Reflexiona acerca del mensaje que hay en esta antigua sabiduría: “El miedo llamó a la puerta. El amor contestó, y no había nadie”.

Esa música que oyes en tu interior, urgiéndote a que asumas riesgos y persigas tus sueños es tu conexión intuitiva con el propósito que hay en tu corazón desde que naciste. Sé entusiasta en todo lo que hagas. Ten esa pasión, sabiendo que la palabra “entusiasmo” significa literalmente “El Dios (enthos) interior (iasm)”. La pasión que sientes es Dios dentro de ti, que está picoteándote para que te arriesgues y seas la persona que eres.

Me he dado cuenta de que los riesgos que se perciben no son para nada tales riesgos, una vez que transciendes tus miedos y dejas que entren en ti el amor y el respeto por ti mismo. Cuando produces un resultado del que los demás se ríen, a ti también te da la risa. Cuando te respetas a ti mismo, tropezar te permite reírte de ti mismo como tropezador ocasional. Cuando te amas y te respetas a ti mismo, la desaprobación de alguien no es nada que haya que temer o evitar.

El poeta Rudyard Kipling declaró: “Si puedes alcanzar el triunfo y el desastre, y tratas a esos dos impostores por igual… Tuyo son el corazón y todo lo que hay en él”. La palabra clave aquí es “impostores”. No son reales. Sólo existen en la imaginación de la gente.

Sigue a tu cerebro derecho, escuchando cómo te sientes e interpretando tu propio y exclusivo estilo musical. No tienes que temer a nada ni a nadie, y no volverás a sentir jamás ese terror a estar yaciendo algún día en tu lecho de muerte diciendo: “¿Y qué pasa ahora si toda mi vida he estado equivocado?”. El compañero invisible que está sobre tu hombro derecho te va a pinchar cada vez que te estés apartando de tu propósito. Te va a obligar a que tomes conciencia de tu música. Así que escúchalo, y no te mueras sin haber sacado afuera tu música.

Dr. Wayne Dyer


lunes, julio 30, 2018

La buena religión libera


No tengáis miedo.  Con la religión nos han metido muchos miedos que están ahí y que hay que solucionar. "No tengáis miedo", dice Jesús en el Evangelio. Todo el Evangelio está lleno de estas advertencias: "No temáis..., no os preocupéis..., no os aflijáis..." pero nosotros hemos hecho una religión llena de tabúes y temores, llena de ideas falsas y de falsos ídolos.

¿Qué son las cosas que me causan miedo? Ordinariamente resulta más fácil romper las paredes de cemento que las de la mente. Es que el hombre no quiere salir de la cárcel porque prefiere lo conocido al cambio. Nos es más cómodo hacer lo acostumbrado. El miedo brota de la manera en que vemos las cosas y de las consignas de la mente.  

El miedo sólo se te quita buscando el origen del miedo. El que se porta bien a base de miedo es que lo han domesticado, pero no ha cambiado el origen de sus problemas: está dormido.  La mayor libertad es liberarte de tu propia mente, de esa dependencia sutil, tan profunda que nunca percibes que es una dependencia.

Analiza, sinceramente, sosegadamente, cuáles son tus cárceles imaginarias y el por qué de tus miedos. Cuestiónalo todo y saca la realidad que hay detrás de los cuestionamientos. El día en que sientas el vacío de quedarte sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal! Entonces ya puedes tú mismo comenzar a construir con realidad.

La buena religión te enseña a liberarte de los fantasmas. No metamos a lo Divino en los fantasmas. A Dios sólo se lo puede conocer por la vida, que es su manifestación. Él está en la verdad, y de despertar a la verdad se trata.

 Anthony De Mello

jueves, julio 26, 2018

¿Se puede elegir dejar de sufrir?



Si hay algo que todos sabemos identificar ya desde niños es el sufrimiento. El sufrimiento físico por un golpe, una herida, un accidente. Pero luego tenemos ese tipo de sufrimiento que no cura el agua oxigenada o dos días de reposo. Es el dolor emocional, surgido por una decepción, un desengaño, una pérdida… no importa la edad que tengamos, la vida suele embestirnos sin que lo planeemos y sin que podamos prevenirlo. 

Nadie es inmune al sufrimiento, pero es esencial que sepamos gestionarlo y afrontarlo, porque en ocasiones, el sufrimiento puede llegar a volverse crónico y envolvernos con su costra dolorosa. De hecho, son muchos los expertos que nos dicen que el sufrimiento, para muchas personas, puede llegar a ser adictivo, a ser aquello que alimenta sus vidas y el primer pensamiento con el cual amanecer cada día. 

 Dejar de sufrir, la mejor elección

En ocasiones el sufrimiento forma parte de un proceso y de un duelo que hemos de atravesar, para superar. Para dejar ir. Porque el dejar de sufrir no se resuelve oprimiendo un simple interruptor con el cual volver a la serenidad y a ese equilibrio emocional. Pero es necesario controlarlo y verlo como parte de un proceso. 

Cuando la vida nos trae sus decepciones, sus tragedias y sus desengaños, recibimos el impacto con toda su violencia y con todas sus consecuencias. Es inevitable experimentarlas y sentir su dolor durante un tiempo, su herida… pero solo durante un periodo limitado en el cual, atravesar esta introspección con nosotros mismos. 

 El sufrimiento está compuesto por varias capas, por así decirlo, capas de cebolla que hay que ir arrancando entre lágrimas y donde afrontar determinadas emociones que se organizan de manera natural por fases que superar: negación, cansancio, abatimiento, ira, rabia, autocrítica, culpa, resignación, racionalización, aceptación… Para elegir dejar de sufrir debe existir una clara voluntad de superación. De dar un paso hacia un mañana más adecuado en el cual, sentirnos mejor y obtener un aprendizaje emocional y personal de lo ocurrido. 

Todos tenemos derecho a caer, pero también el derecho a salir fortalecidos de lo ocurrido. Un desengaño amoroso, un fracaso profesional o personal… son dimensiones que nos rompen por dentro y que debemos sufrir en toda su realidad, e incluso llorar, pero es esencial también adquirir algún tipo de aprendizaje de lo sucedido para ser un poco más sabios, más fuertes y más aptos en este complejo laberinto que es la vida. 

 Un aspecto importante a tener en cuenta es que para “estar bien” es imprescindible que no caigamos en la negación. Nunca niegues lo ocurrido. Si has fracasado admite tu error, si tu relación personal no va bien, admítelo, reconócelo y evita más sufrimiento innecesario. La negación es esa pared que hará del sufrimiento un estado eterno. Todos nosotros disponemos de la capacidad de observar que sucede en nuestro interior:  Ser el observador, es la clave de nuestra curación personal, es él quien nos ayudará a darnos cuenta de qué ocurre no eb nuestro alrededor y también en nuestro interior. Él es quién leerá entre líneas y quien descubrirá los velos de los rostros. 

Obsérvate, siéntete y pregúntate qué puedes hacer para sentirte mejor, para abandonar aquello que te hace daño e impidiéndote ser tú mismo. Busca tu armonía interna para tomar conciencia del sufrimiento emocional. Esfuérzate por dejar a un lado el sufrimiento inútil, no padezcas por quién no lo merece ni hagas eternas situaciones del pasado que ya no tienen solución. Admitirlo, afrontarlo y asumirlo, serán los pasos esenciales para esa curación personal y emocional.


Valeria Sabater
Psicóloga y escritora


domingo, julio 22, 2018

El hombre máquina


"El hombre tal como lo conocemos, el hombre máquina, el hombre que no puede «hacer», el hombre con quien y a través de quien «todo sucede», no puede tener un «Yo» permanente y único. Su «Yo» cambia tan rápidamente como sus pensamientos, sus sentimientos, sus humores, y comete él un error profundo cuando se considera siempre una sola y misma persona; en realidad, siempre es una persona diferente, nunca es el que era un momento antes.

"El hombre no tiene un «Yo» permanente e inmutable. Cada pensamiento, cada humor, cada deseo, cada sensación dice «Yo». Y rada vez, parece tenerse por seguro que este «yo» pertenece al Todo del hombre, al hombre entero, y que un pensamiento, un deseo, una aversión, son la expresión de este Todo. En efecto, no hay prueba alguna en apoyo de esta afirmación. Cada pensamiento del hombre, cada uno de sus deseos se manifiesta y vive de una manera independiente y separada de su Todo. Y el Todo del hombre no se expresa jamás, por la simple razón de que no existe como tal, salvo físicamente como una cosa, y abstractamente como un concepto.

El hombre no tiene un «Yo» individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños «yoes» separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el hombre dice o piensa «Yo». Y cada vez su «yo» es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión.

"El alternarse de los «yoes», sus luchas por la supremacía, visibles a cada instante, son comandadas por las influencias exteriores accidentales. El calor, el sol, el buen tiempo, llaman inmediatamente a todo un grupo de «yoes». El trío, la neblina, la lluvia llaman a otro grupo de «yoes», a otras asociaciones, a otros sentimientos, a otras acciones. No hay nada dentro del hombre que sea capaz de controlar los cambios de los «yoes», principalmente porque el hombre no los nota, o no tiene ninguna idea de ellos; vive siempre en su último «yo».

Algunos, naturalmente, son más fuertes que otros; pero no por su propia fuerza consciente. Han sido creados por la fuerza de los accidentes, o por excitaciones mecánicas externas. La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, de las castas y de las tradiciones, o la seducción de los últimos «slogans», dan nacimiento, en la personalidad de un hombre, a «yoes» muy fuertes que dominan series enteras de otros «yoes» más débiles.

"El hombre no tiene individualidad. No tiene un gran «Yo» único. El hombre está dividido en una multitud de pequeños «yoes». "Pero cada uno de ellos es capaz de llamarse a sí mismo con el nombre del Todo, de actuar en el nombre del Todo, de hacer promesas, de tomar decisiones, de estar de acuerdo o de no estar de acuerdo con lo que otro «yo», o el Todo, tendría que hacer. Esto explica por qué la gente toma decisiones tan a menudo y tan raramente las cumple. Un hombre decide levantarse temprano, comenzando a partir del día siguiente. Un«yo», o un grupo de «yoes» toma esta decisión. Pero levantarse es problema de otro «yo» que no está de acuerdo en absoluto, y que quizás ni siquiera ha sido puesto al corriente.

Naturalmente, a la mañana siguiente el hombre seguirá durmiendo, y por la noche decidirá nuevamente levantarse temprano. Esto puede traer consecuencias muy desagradables. Un pequeño «yo» accidental puede hacer una promesa, no a sí mismo, sino a alguna otra persona en un momento dado, simplemente por vanidad, o para divertirse. Luego desaparece. Pero el hombre, es decir el conjunto de los otros «yoes» que son completamente inocentes, tendrá que pagar quizás por toda su vida esta gracia. La tragedia del ser humano es que cualquier pequeño «yo» tiene el poder de firmar contratos, y que luego sea el hombre, es decir el Todo, quien deba enfrentarlos. Así pasan vidas enteras, cancelando deudas contraídas por pequeños «yoes» accidentales.

"Las enseñanzas orientales están llenas de alegorías que intentan describir, desde este punto de vista, la naturaleza del ser humano. "Según una de ellas, el hombre es comparado a una casa, sin Amo ni mayordomo, ocupada por una multitud de sirvientes. Éstos han olvidado completamente sus deberes; nadie quiere cumplir su tarea; cada uno se esfuerza en ser el amo, aunque fuere un momento, y en esta especie de anarquía la casa está amenazada por los más graves peligros. La única posibilidad de salvación está en que un grupo de sirvientes más sensatos se reúna y elija un mayordomo temporal, es decir, un mayordomo suplente. Este mayordomo suplente puede entonces poner en su sitio a los otros sirvientes, y obligar a cada uno de ellos a realizar su trabajo: la cocinera a la cocina, el cochero al establo, el jardinero al jardín, y así sucesivamente. De esta manera, la «casa» puede estar lista para la llegada del verdadero mayordomo, el cual a su vez preparará la llegada del verdadero Amo.

"La comparación del hombre con una casa en espera de su amo es frecuente en las enseñanzas del Oriente que han conservado las huellas del conocimiento antiguo, y como ustedes lo saben, esta idea aparece también bajo formas variadas en numerosas parábolas de los Evangelios.

"Pero aunque el hombre comprendiera sus posibilidades de la manera más clara, esto no lo acercaría ni un paso hacia su realización. Para estar en condición de realizar estas posibilidades, debe tener un ardiente deseo de liberación, debe estar listo a sacrificar todo, a arriesgar todo por su liberación."

G. I. Gurdjieff



lunes, julio 16, 2018

¿Es la religión el resultado del temor?




¿No creen ustedes que lo que llamamos religión es en realidad el resultado del temor? Tienen que haber advertido cómo sus padres, sus abuelos o sus parientes van al templo, adoran un ídolo, repiten frases del Gita o de algún otro libro sagrado, o practican algún ritual. Hacer estas cosas y creer en algo, es lo que ellos llaman religión. ¿Pero piensan ustedes que es así? Ir al templo, poner flores a los pies de un ídolo hecho por la mano, practicar algún ritual día tras día, año tras año hasta que mueren, ¿es religión eso?

Y si la religión no es la veneración de una cosa hecha por la mano, ¿es entonces la veneración de algo hecho por la mente? Cuando ustedes entran en un templo ven ahí un ídolo que algún escultor ha labrado en la piedra. La gente pone flores delante de esta imagen, vierte agua sobre ella, la viste; eso es lo que ellos llaman religión, y piensan que es irreligioso no hacer estas cosas.   Ya sea en la India, en Europa o en América, le rezamos a una imagen, adoramos una idea y gradualmente edificamos una cosa llamada religión, una religión inventada por la mente.

Tenemos miedo de estar solos enfrentando la vida, queremos algo que nos ayude, primero queremos ser ayudados por nuestra madre, por nuestro padre, por nuestro abuelo; a medida que vamos creciendo seguimos deseando que alguien nos ayude, porque la vida es muy difícil; queremos un padre glorificado que nos proteja, que nos diga lo que debemos hacer. Por lo tanto, debido a este miedo, de que nadie nos ayude, creemos en un Dios que va a ayudarnos; pero eso sigue siendo una invención de la mente, ¿no es así? A causa de que tenemos miedo y queremos que se nos guíe y se nos diga qué es bueno y qué es malo, cuando somos mayores creamos una religión que no es religión en absoluto. 

La religión, pienso, es algo totalmente distinto, y para encontrar la cosa verdadera, es obvio que tenemos que estar libres de la cosa que el hombre inventa.  Para descubrir lo que es Dios, para descubrir algo real, uno debe estar libre de todos los adornos pseudo-religiosos que el hombre mismo se ha impuesto. Ustedes podrán descubrir lo real sólo si están completamente libres de temor, por medio de la inteligencia se dbe descubrir de qué tenemos miedo; para descubrirlo, sacarlo del armario de la mente, mirarlo y no escapar de ello.

Se han escrito volúmenes acerca de Dios y de lo que debemos hacer para aproximamos a Él; pero la base de todo eso es el temor. En tanto estemos atemorizados, no podremos encontrar nada real. Si uno teme la oscuridad, no se atreve a salir, de manera que se cubre con la sábana y se duerme. Para salir y mirar, para descubrir lo real, uno tiene que librarse del temor.  Es muy difícil libramos del temor  cuando se nos dice que la libertad es algo muy lejano, que está al final, no al principio. Pero, ciertamente, tiene que haber libertad desde la infancia, de lo contrario jamás seremos libres.

Cuando nuestra mente está de verdad libre de las exigencias de cualquier tipo, cuando ya no es más envidiosa, adquisitiva, sólo entonces puede descubrir qué es Dios. Dios no es lo que la gente dice que es. Dios es algo por completo diferente, algo que revela su existencia cuando uno comprende, cuando ya no hay más temor.

Por lo tanto, la religión es verdaderamente un proceso de educación. La religión no es un asunto de qué creer o qué no creer, de practicar rituales o de aferramos a ciertas supersticiones; es un proceso de educamos en el sentido de la comprensión, de modo tal que nuestra vida se vuelva extraordinariamente rica y ya no seamos más seres humanos temerosos, mediocres. 

No tengáis miedo  Con la religión nos han metido muchos miedos que están ahí y que hay que solucionar. "No tengáis miedo" personas que nunca han tenido siquiera un atisbo del ámbito de lo sagrado, de la infinita inmensidad existente, han hecho religiones llenas de tabúes y temores, llena de ideas falsas y de falsos ídolos.

La religión verdadera, significa una rebelión para encontrar a Dios, lo cual implica descubrir por uno mismo lo verdadero.  No es una mera aceptación de los así llamados libros sagrados, por antiguos y venerados que sean, te enseña a liberarte de los fantasmas. A Dios sólo se lo puede conocer por la vida, que es su manifestación. Él está en la verdad, y de despertar a la verdad se trata.

Jiddu Krishnamurti 
El Arte de Vivir. 


domingo, julio 01, 2018

Libérate - Tú puedes hacer lo que te propongas


1. No te sientas ofendido. La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu universal de la Creación. 

No puedes alcanzar la fuerza de la intención sintiéndote ofendido. Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo, que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz. Como nos recuerda A Course in Miracles [Curso de milagros]: «La paz es del Creador; quienes formáis parte del Creador no estáis a gusto salvo en su paz». Sentirse ofendido crea la misma energía destructiva que te ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra. 

2. Libérate de la necesidad de ganar. Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque, en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciable.  Tú no eres tus victorias. Puede que te guste la competición y que te diviertas en un mundo en el que ganar lo es todo, pero no tienes por qué estar allí con tus pensamientos. No existen perdedores en un mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía. 

Lo más que puedes decir es que en determinado día rendiste a cierto nivel en comparación con el nivel de otras personas ese mismo día. Pero hoy es otro día, y hay que tener en cuenta otros competidores y otras circunstancias. Tú sigues siendo la presencia infinita en un cuerpo que es un día una década mayor.  Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es perder. Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energía de la intención e, irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a medida que dejes de ir tras ellas. 

3. Libérate de la necesidad de tener razón. El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: «No soy tu esclavo. Quiero abrazar la bondad y rechazo tu necesidad de tener razón. Aún más; voy a ofrecerle a esta persona la posibilidad de que se sienta mejor diciéndole que tiene razón y darle las gracias por haberme encaminado hacia la verdad».

Cuando te olvidas de la necesidad de tener razón puedes fortalecer la conexión con la fuerza de la intención, pero ten en cuenta que el ego es un combatiente muy resuelto. He visto personas dispuestas a morir antes que dejar de tener razón. He visto cómo acababan relaciones maravillosas por la necesidad de ciertas personas de llevar siempre la razón. 

Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: «¿Qué quiero? ¿Ser feliz o tener razón?». Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se fortalece tu conexión con la intención. En última instancia, estos momentos expanden tu nueva conexión con la fuerza de la intención. La Fuente universal empezará a colaborar contigo en la creación de la vida que la intención quiere que lleves. 

4. Libérate de la necesidad de ser superior. La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital. Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto es posible cuando te consideras superior a los demás. No por viejo es menos cierto este dicho: Todos somos iguales ante ios ojos del Creador. Olvídate de la necesidad de sentirte superior al ver a la Divinidad revelándose en todos. 

No valores a los demás basándote en su aspecto y caracteristicas fisicas, sus logros, posesiones y otros haremos impuestos por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de hostilidad. Estos sentimientos se convierten en el vehículo que te aleja de la intención. 

5. Libérate de la necesidad de tener más. El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como sí te llegara más de lo que deseas. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz. 

La Fuente universal está satisfecha de sí misma, en continua expansión y creando nueva vida, sin intentar jamás aferrarse a sus creaciones por sus recursos egoístas. Crea y se desliga. Cuando te desligas de la necesidad del ego de tener más, te unificas con la fuente. Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas, sin exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la gran lección que nos dio san Francisca de Asís: «... es dar cuando recibimos». Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de tí, estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga fluyendo.  

6. Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros. Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros sois lo mismo. El Creador escribe toda la música, la Divinidad canta todas las canciones, el Creador construye todos los edificios. la Creacion es la fuente de todos tus logros. Y ya oigo las protestas de tu ego, pero sigue sintonizado con esta idea. Todo emana de la Fuente.


¡Tú y tu Fuente Divina sois uno y lo mismo!

Wayne Dyerr



lunes, junio 18, 2018

La practica de la Ley de Potencialidad Pura. No Juzgar


Actuamos siempre desde la personalidad porque es lo que conocemos. Porque no estamos entrenados para actuar desde el Ser. Creemos que somos un cuerpo, una mente, un intelecto y unas emociones. Hasta que tenemos acceso, por medio de la experiencia, a quienes realmente somos: consciencia pura ilimitada, un campo de infinitas posibilidades. Venimos de ese campo y venimos a expresarlo. Ese es el propósito final de la vida de todos. Cuando el propósito para el que fuimos creados no se realiza viene a nuestra vidas tanta enfermedad, tanta infelicidad, tanto dolor, vienen porque nos hemos olvidado de quiénes somos y de dónde venimos.

La Ley natural es el proceso por el cual lo oculto se revela. Todo lo que vemos viene de lo desconocido, todo lo que percibimos viene de algo que no sabemos que existe hasta que lo hacemos consciente. La Ley es el proceso por el cual la Divinidad, el campo cuántico, lo inmanifiesto, o como se quiera llamar, se pone en movimiento y se expresa. Estamos desalineados con las Leyes del universo. No las hemos estudiado, no las hemos entendido o no las hemos experimentado conscientemente. Estamos desconectados del universo.

El universo funciona sin esfuerzo, sin fricción, naturalmente y produce todo lo que está a nuestra vista y todo lo que está fuera de ella. Es una organización absolutamente perfecta y consigue todo lo que desea. Podemos ser parte del éxito del Universo y tener la capacidad de cumplir nuestros deseos espontáneamente y sin esfuerzo encontrando el camino de regreso a la inociencia. Louise Hay nos dice "toda experiencia es un éxito, independientemente de su resultado".

La primera ley espiritual del éxito es la ley de la potencialidad pura o de conciencia pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. La Ley de Potencialidad Pura Puede llamarse de muchas maneras, pero en realidad es lo que somos realmente.  La conciencia pura es nuestra esencia espiritual. Siendo infinita e ilimitada, también es felicidad pura. Otros atributos de la conciencia son el conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial; una naturaleza de potencialidad pura.

Cuando descubrimos nuestra naturaleza esencial y sabemos quién somos realmente, ese solo conocimiento encierra la capacidad de convertir en realidad todos nuestros sueños, porque somos la posibilidad eterna, el potencial inconmensurable de todo lo que fue, es y será. La ley de la potencialidad pura también podría denominarse ley de la unidad. 

Vivir de acuerdo con nuestro Ser, en una constante auto-referencia, significa que nuestro punto interno de referencia es nuestro propio espíritu, y no los objetos de nuestra experiencia. Lo contrario de la auto-referencia es la referencia al objeto. Cuando vivimos según la referencia al objeto, estamos siempre influidos por las cosas que están fuera de nosotros; entre ellas están las situaciones en las que nos involucramos, nuestras circunstancias, y las personas y las cosas que nos rodean. Cuando vivimos según la referencia al objeto, buscamos constantemente la aprobación de los demás. Nuestros pensamientos y comportamientos esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por tanto, se basa en el temor.

 Cuando vivimos según la referencia al objeto, el punto de referencia interno es el ego. Sin embargo, el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra autoimagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A la máscara social le gusta la aprobación; quiere controlar, y se apoya en el poder porque vive en el temor. Nuestro verdadero ser, es nuestro espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es inmune a la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a nadie. Y, sin embargo, es humilde y no se siente superior a nadie, porque es consciente de que todos los demás son el mismo uno, el mismo espíritu con distintos disfraces humanos.

Ésa es la diferencia esencial entre la referencia al objeto y la auto-referencia. En la auto-referencia, experimentamos nuestro verdadero ser, el cual no le teme a los desafíos, respeta a todo el mundo y no se siente inferior a nadie. Por tanto, el poder del uno es el verdadero poder. El poder basado en la referencia al objeto, en cambio, es falso. Siendo un poder que se basa en el ego. Si se tiene cierto título - si es el presidente del país o el presidente de la junta directiva de una corporación - o si tiene muchísimo dinero, el poder de que disfruta está ligado al título, al cargo o al dinero. El poder basado en el ego dura solamente lo que duran esas cosas. Apenas desaparezcan el título, el cargo y el dinero, desaparecerá el poder.

Por otra parte, el poder del ser es permanente porque se basa en el conocimiento del uno mismo, y este poder tiene ciertas características: Atrae la gente hacia nosotros y también atrae las cosas que deseamos. Él magnetiza a las personas, las situaciones y las circunstancias en apoyo de nuestros deseos.  Esto es lo que se conoce también como apoyo de las leyes de la naturaleza. Es el apoyo de la divinidad; es el apoyo que se deriva de estar en un estado de gracia. Este poder es tal que disfrutamos de un vínculo con la gente y la gente disfruta de un vínculo con nosotros. Es el poder de establecer lazos - lazos que emanan del verdadero amor.

¿Cómo podemos aplicar la ley de la potencialidad pura, el campo de todas las posibilidades, en nuestra vida? Si queremos disfrutar de los beneficios del campo de la potencialidad pura, si queremos utilizar plenamente la creatividad inherente a la conciencia pura, debemos tener acceso a ella. Una manera de tener acceso al campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica diaria del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar. Pasar algún tiempo en contacto con la naturaleza también nos brinda acceso a las cualidades inherentes al campo: creatividad infinita, libertad y felicidad.

Practicar el silencio significa comprometernos a destinar cierta cantidad de tiempo sencillamente a ser. Tener la experiencia del silencio significa renunciar periódicamente a la actividad de hablar. También significa renunciar periódicamente a actividades tales como ver televisión, escuchar radio, o leer. Si nunca nos damos la oportunidad de experimentar el silencio, esto crea una turbulencia en nuestro diálogo interno. Destinemos un corto tiempo de vez en cuando a experimentar el silencio. O sencillamente comprometámonos a hacer silencio durante un determinado tiempo todos los días. Podrían ser dos horas, o si eso nos parece mucho, hagámoslo durante una hora. Y de vez en cuando dediquemos un período largo a experimentar el silencio, por ejemplo todo el día, o dos días, o hasta una semana.

Otra manera de entrar en el campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar. Juzgar es evaluar constantemente las cosas para clasificarlas como correctas o incorrectas, buenas o malas. Cuando estamos constantemente evaluando, clasificando, rotulando y analizando, creamos mucha turbulencia en nuestro diálogo interno. Esa turbulencia frena la energía que fluye entre nosotros y el campo de la puraza de nuestro Ser.

Literalmente, comprimimos el espacio entre un pensamiento y otro. Ese espacio es nuestra conexión con la potencialidad pura. Es el estado de conciencia pura, el espacio silencioso entre los pensamientos, la quietud interior que nos conecta con el poder verdadero. Y cuando comprimimos el espacio, reducimos nuestra conciencia y nos alejamos de nuestro Ser Espiritual . Conectandonos con lo profundo de nosotros mismos hacemos real la conexión con el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.

La practica de la Ley de Potencialidad Pura;

Estando en contacto íntimo con la naturaleza  y siendo testigo silencioso de la inteligencia que reside en cada cosa viviente. en la puesta del sol o sencillamente al oler el aroma de una flor y estando en comunión con la naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la vida y el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita. Se comienza el día con esta declaración, "Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra"; y a través del día me recordaré del no juzgar.

Deepak Chopra
Las 7 Leyes Espirituales del Éxito



domingo, junio 10, 2018

La resiliencia


Un término, que últimamente se escucha mucho, y que tiene un significado muy interesante, sobre todo porque nos abre un mundo de posibilidades frente a las situaciones de crisis que últimamente nos circundan.   La resiliencia es por definición la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite, períodos de dolor emocional, traumas y sobreponerse a ellas. Hay quien la define como la medición de la paciencia, es decir la distancia entre tu paz interior y el estado en el que saltas a gritos. 

Hay también quien la corresponde con el término «entereza». Podemos describirla, como la capacidad de sobreponerse a situaciones de crisis, y además de sobreponerse, incluso resultar fortalecido por ello. Michel Manciaux en su libro: La resiliencia: ¿Mito o realidad? nos plantea: "A pesar de traumas graves, incluso muy graves, o de desgracias más comunes, la resiliencia parece una realidad confirmada por muchísimas trayectorias existenciales e historias de vida exitosas. De hecho, por nuestros encuentros, contactos profesionales y lecturas, todos conocemos niños, adolescentes, familias y comunidades que "encajan" shocks, pruebas y rupturas, y las superan y siguen desenvolviéndose y viviendo -a menudo a un nivel superior- como si el trauma sufrido y asumido hubiera desarrollado en ellos, a veces revelado incluso, recursos latentes y aun insospechados".

Sin embargo, no nos confundamos, ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las adversidades, como la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, la pérdida del trabajo, problemas financiero serios, etc., estos son sucesos que tienen un gran impacto en las personas, produciendo una sensación de inseguridad, incertidumbre y dolor emocional. 

Lo que diferencia a las personas resilientes es que logran, por lo general, sobreponerse a esos sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo. A pesar de un considerable estrés y malestar emocional, dichas personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la adversidad o la tragedia. Pero, la gran pregunta es: ¿Cómo lo hacen?. La resiliencia no es algo que una persona tenga o no tenga, sino que implica una serie de conductas y formas de pensar que cualquier persona puede aprender y desarrollar.

 Las personas resilientes poseen tres características principales:
· saben aceptar la realidad tal y como es; 
· tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido; y 
· tienen una inquebrantable capacidad para mejorar. 

 Además, presentan las siguientes habilidades: 
-Son capaces de identificar de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro. 
-Son capaces de gestionar sus emociones, sobre todo ante la adversidad y pueden permanecer centrados en situaciones de crisis. 
-Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión. 
-Tienen un optimismo realista. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías. 
-Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades. 
-Son empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas. 
-Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr éxito y satisfacción en sus vidas. 

Es importante señalar que las percepciones y los pensamientos influyen en el modo en como afrontamos el estrés y la adversidad. 

 El estilo de pensamiento de las personas resilientes se caracteriza por ser realista, exacto y flexible. Tienen menos pensamientos imprecisos (como la exageración o sacar conclusiones precipitadamente, sin evidencias que las corroboren) e interpretan la realidad de un modo más realista que las personas menos resilientes. 

 Por supuesto ser una persona resiliente, tiene sus beneficios: 
-Tienen una mejor autoestima, 
-Se critican menos a sí mismas, 
-Son más optimistas,
-Afrontan los retos, 
-Son más sanas físicamente, 
-Tienen más éxito en el trabajo o estudios, 
-Están más satisfechas con sus relaciones,
-Están menos predispuestas a la depresión,

 Pero ¿Qué contribuye a que una persona sea más resiliente?

 El apoyo emocional es uno de los factores principales. Tener en tu vida personas que te quieren y te apoyan y en quien puedes confiar te hace mucho más resiliente que si estás solo. Permitirte sentir emociones intensas sin temerlas ni huir de ellas, y al mismo tiempo ser capaz de reconocer cuándo necesitas evitar sentir alguna emoción y centrar tu mente en alguna distracción. 

 No huir de los problemas sino afrontarlos y buscar soluciones. Implica ver los problemas como retos que puedes superar y no como terribles amenazas. Tomarte tiempo para descansar y recuperar fuerzas, sabiendo lo que puedes exigirte y cuándo debes parar. Confiar tanto en ti mismo como en los demás. 

 DESARROLLA LA RESILIENCIA EN TI 

 Como comentábamos al inicio de esta entrada, aunque es cierto que unas personas son más resilientes que otras, la resiliencia no es algo que unos tengan y otros no, sino que se trata de una serie de habilidades que se pueden desarrollar. Para ello, te recomendamos algunas pautas interesantes que te ayudarán a elevar tu nivel de resiliencia: 

 Cultivar las relaciones 

 Cultiva un círculo de amistades cercanas y buenas relaciones familiares, porque estas son la personas que te van a escuchar y apoyar en los momentos difíciles, haciéndote más resiliente. 

Usa un pensamiento constructivo 

 Piensa de forma realista. Es decir, no veas los problemas o las crisis como catástrofes terribles e insoportables, sino como retos que has de superar. Procura tener una perspectiva amplia y pensar que esos problemas no van a durar para siempre, sino que acabarán pasando, porque al final así es, todo pasa, y todo cambia. Piensa que tienes la capacidad suficiente como para afrontarlos y encontrar soluciones.

 Desarrolla metas y objetivos 

 Establece metas realistas que te ayuden a empezar a cambiar las cosas que deseas cambiar. Haz algo con regularidad, aunque solo suponga un pequeño paso en la dirección hacia la que deseas avanzar. 

 Acepta la realidad 

 Quien se niega a aceptar la realidad tal y como es nunca podrá cambiarla. Y esto es así por dos motivos: o bien la niegas y cierras los ojos para no verla, lo que implica no hacer nada; o bien te enfureces tanto maldiciendo al mundo, al destino o a los dioses de todas las religiones, que eres incapaz de pensar. Y si no puedes pensar no solucionarás nada. Por otra parte, a veces las cosas no se pueden cambiar en el presente y es necesario saber tener paciencia y esperar. Lo que no tiene arreglo hoy puede tenerlo mañana. Mientras tanto, acepta las cosas como son tratando de sentirte lo mejor posible con lo bueno que tienes en tu vida. 

 Confía en ti mismo 

 A veces un problema parece tan difícil de resolver que nos parece imposible que podamos hacerlo. Este modo de pensar puede conducir a un sentimiento de impotencia, de estar atrapado sin poder hacer nada. Pero realmente no sabes lo que puedes hacer hasta que lo intentas. Por muy difícil que parezca, piensa que encontrarás el modo tarde o temprano y hallarás la solución. Eso es lo que significa confiar en ti y en tu capacidad, simplemente da el primer paso. 

 Sé optimista, aunque sin dejar de ser realista 

 Ser optimista significa esperar que ocurran cosas buenas en tu vida, que la situación mejorará en el futuro, que eres capaz de controlar tu vida y hacer los cambios necesarios, y que la vida puede traerte momentos maravillosos que compensen los momentos amargos. 

 Aprende a crecer con tus problemas

 Los problemas o las crisis son retos que te encuentras en la vida y que te empujan a sacar lo mejor de ti, a ser fuerte, a pensar y buscar soluciones, a actuar. A menudo te empujan a cambiar tu punto de vista y hacerlo más amplio y flexible, te hacen madurar y te hacen ver el mundo y a los demás de un modo más realista. De ti depende que los golpes que te da la vida te vuelvan mejor persona o te vuelvan un ser resentido y amargado por la “injusticia de la vida”.

Esos golpes pueden hacerte más empático, más tolerante con la debilidad humana (la misma que has visto en ti en momentos de crisis), pueden ayudarte a comprender comportamientos y actitudes que no comprendías, pueden enseñarte acerca de tu propia fuerza interior. Los momentos de crisis pueden servir también para ver con claridad que es lo que quieres cambiar en tu vida, a ver con claridad que es lo que ya no quieres, así como cuáles son las personas que valen la pena en tu vida, aquellos con los que de verdad puedes contar y empezar a apreciarlos más al ver su apoyo y su cariño en tiempos duros. 

 Si sabes utilizarla y sacar partido de ella, la adversidad puede ayudarte a ser mejor persona. Por supuesto, no esperamos ni deseamos situaciones limite, estresantes, o difíciles, pero si llegan a nuestra vida, lo mejor es cultivar la actitud que nos permita verlas como maestros que vienen a enseñarnos, y así sacar algo positivo de ellas. 

 Lo que la adversidad hace de ti, depende en gran parte de ti mismo. 

 Y aquí finalizamos compartiendo un cuento que nos recuerda que seremos lo que queramos, solo depende de lo que alimentemos en nosotros mismos: 

 Un abuelo indigena  estaba hablando con su nieto y el niño le decía: 

 “Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión.” 
 El nieto preguntó: “Abuelo, ¿Dime cual de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?”
 El abuelo contestó: “Aquel que yo alimente.” 
 ¿Y tú que decides alimentar en tí?

Tu puedes convertir los aspectos más terribles de la vida en oportunidades sanadoras es una tarea que requiere de tanta creatividad como valentía, pero que brinda a su vez la posibilidad de edificar un futuro más feliz.

http://www.adharayoga.com


domingo, junio 03, 2018

¡Ojalá que todos se liberen de la desdicha!


Una mente equilibrada esta llena de paz e impregna el ambiente que la rodea de paz y de armonía que también afectan a los demás ayudándoles. Al aprender a mantenernos equilibrados haciendo frente a lo que experimentamos en nuestro interior, desarrollamos también el desapego hacia todo lo que nos deparen las situaciones externas. Pero este desapego no es escapismo o indiferencia hacia los problemas del mundo. Es ver las cosas tal como realmente son mediante la meditación y auto-observación como un arte: El arte de vivir.

Esto es lo que el Buda enseñó: un arte de vivir. No fundó una religión, un "ismo", ni enseñó ritos o rituales ni ninguna fórmula vacía a quienes se acercaban a él, sino que les enseñó a observar la naturaleza tal y como es, observando la realidad interna. Debido a nuestra ignorancia reaccionamos constantemente de manera que nos dañamos o dañamos a los demás, pero cuando surge la sabiduría, - la sabiduría de observar la realidad tal y como es -, desaparece el hábito de reaccionar y cuando dejamos de reaccionar a ciegas somos capaces de realizar actos verdaderos, actos que emanan de una mente equilibrada, de una mente que ve y comprende la verdad.

Un acto así, sólo puede ser positivo, creativo, capaz de ayudarnos a nosotros y a lo demás. Por eso es necesario "conocerse a sí mismo", consejo que dan todos los sabios. Conocerse no sólo intelectualmente en el nivel de ideas y teorías, no sólo emocional o devocionalmente aceptando a ciegas lo que hemos visto u oído, tal conocimiento no es suficiente, mas bien debemos conocer la realidad a través de la experiencia.

Debemos experimentar directamente la realidad de este fenómeno físico - mental, pues es lo único que nos ayudará a liberarnos de las contaminaciones, a liberarnos del sufrimiento.  Hay que penetrar a través de la verdad aparente hasta llegar a la verdad última de la estructura mental y física. Al experimentar esta verdad aprendemos a dejar de reaccionar ciegamente, a dejar de generar contaminaciones, y de forma natural las contaminaciones antiguas van erradicándose poco a poco. Así nos liberamos de la desdicha y experimentamos la felicidad auténtica.

Por eso el primer paso de esta práctica es un código moral. Nos comprometemos a no matar, no robar, no tener una conducta sexual inadecuada, no mentir y no tomar intoxicantes. Al abstenerse de estos actos permitimos a la mente que se serene lo suficiente como para poder continuar.

El segundo paso es aprender a controlar nuestra mente salvaje adiestrándola para que se concentre en un único objeto: la respiración. Intentamos mantener la atención en la respiración el mayor tiempo posible. Este no es un ejercicio de respiración porque no intentamos regularla, sino que la observamos tal y como es, de forma natural, tal y como entra, tal y como sale. De esta forma aumentamos la serenidad de la mente para que no se deje arrastrar por negatividades intensas y al mismo tiempo vamos concentrándola y haciéndola más afilada, más penetrante, más capaz de trabajar internamente.

Estos dos primeros pasos, vivir con moralidad y controlar la mente son muy necesarios y beneficiosos en sí mismos pero conducen a la represión a menos que demos un tercer paso que consiste en purificar la mente de las contaminaciones, desarrollando la visión cabal de nuestra propia naturaleza. la experimentación de nuestra propia realidad, observando en nosotros mismos de forma sistemática y desapasionada este fenómeno de mente y materia en constante cambio que se manifiesta en sensaciones.

Esta es la culminación de la enseñanza del Buda: la auto - purificación a través de la auto - observación, algo que puede ser practicado por todos y cada uno de nosotros. Todos nos enfrentamos al problema del sufrimiento, es una enfermedad universal que requiere un remedio universal, no un remedio sectario. Cuando sentimos ira no es una ira budista, una ira hinduista, o una ira cristiana. La ira es ira.

Cuando a resultas de esta ira nos sentimos agitados, la agitación no es una agitación cristiana, judía o musulmana. La enfermedad es universal y el remedio debe ser universal. Nadie puede objetar a un código de vida que respeta la paz y la armonía de los demás. Nadie puede objetar el desarrollo del control sobre la mente. Nadie puede objetar al desarrollo de la visión cabal de nuestra propia naturaleza para posibilitar la liberación de la mente de sus negatividades.

Observar la realidad tal y como es, observando la verdad interior, uno se conoce a sí mismo directamente a través de la experiencia. Con la práctica nos liberamos de la desdicha que acarrean las contaminaciones. Partiendo de la verdad externa, burda y aparente, penetramos en la verdad última de la mente y la materia. Esto también terminan por trascenderse y se experimenta una verdad que esta más allá de la mente y la materia; más allá del tiempo y del espacio, más allá del campo condicional de la relatividad: la verdad de la liberación total de todas las contaminaciones, de todas las impurezas, de todo el sufrimiento. No importa el nombre que se de a esta verdad última, es la meta final de todos nosotros.

¡Ojalá que experimentes esta verdad última! ¡Ojalá que todos se liberen de las contaminaciones y de la desdicha! ¡Ojalá que todos gocen de una paz autentica, una paz real, una armonía real!


PUEDAN TODOS LOS SERES SER FELICES


S. N. GOENKA


Los articulos y fotografias han sido tomados de la red. Si alguna persona considera afectado su derecho de autor le pido que tenga la amabilidad de dejarme un mensaje en la entrada para que la publicacion sea retirada.