sábado, diciembre 08, 2018

Aprende a encontrarte, el arte de conocerte


Los momentos difíciles, el querer encajar con algunas personas o la constante necesidad de mantener cierto estilo de vida muchas veces nos hacen olvidar quiénes somos realmente. Aunque cada uno de nosotros desarrolla una personalidad diferente, en función de los gustos y el entorno social, existen determinados momentos en los que nos sentimos perdidos y sin saber quiénes somos, qué queremos y cuáles son nuestras metas.

Si bien conocernos no es fácil, y forma parte de un proceso que dura toda la vida, existen algunos hábitos que nos ayudan a entender con más claridad aquello que queremos ser y que nos hace sentir bien. Basta con identificar las cosas que no nos aportan nada y, de paso, abrir la mente para descubrirnos con cada situación que tenemos que afrontar. Puesto que muchos están tratando de cambiar su vida teniendo en cuenta este aspecto, hoy queremos compartir algunos consejos que pueden servir de guía.

¡Descúbrelos!

Dedícate tiempo

Uno de los aspectos más importantes para encontrarnos con nosotros mismos es dedicar cierto tiempo a lo que nos gusta o nos da paz interior. Aunque está claro que tenemos ciertas obligaciones, no podemos pasar todo el tiempo trabajando pues, en algún momento, esto nos hará sentir que nuestra vida no tiene sentido. Lo mejor es organizar el tiempo de tal manera que haya momentos para conectarnos con nuestro “ser interior”, bien sea en una actividad de placer o con meditación para darle un merecido descanso a tu mente.

Descarta lo que no es para ti 

Cuando no tenemos un enfoque claro en nuestra vida, una de las primeras cosas que debemos hacer es descartar aquellas cosas que no nos aportan nada o que, de alguna manera, nos hacen sentir mal.  Ya sean situaciones, cosas o personas, es necesario deshacernos de las cargas que nos impiden transcender sin inconvenientes. Esto no solo facilita nuestro autoconocimiento sino que, de paso, nos deja más tiempo libre para las cosas que realmente nos interesan. 

 Ten presente que todo cambia

Los cambios son inevitables para cualquier persona y, aunque a veces es difícil afrontarlos, casi siempre sirven para conocer aspectos nunca antes vistos de nuestra personalidad. Las situaciones difíciles, las personas y los ambientes nos llevan a lugares nuevos en los que podemos potenciar nuestro autoconocimiento. No obstante, se debe procurar adoptar cada cambio de forma constructiva, de modo que las malas experiencias pasen a ser una nueva oportunidad.

Trata de simplificar tu vida

El estilo de vida moderno nos obliga a cumplir con una gran cantidad de actividades que, algunas veces, nos generan un sentimiento de ansiedad y desenfoque. Si bien somos conscientes de los beneficios que obtenemos a cumplirlas, es inevitable pensar si realmente vale la pena pasar la vida trabajando y siguiendo un ritmo acelerado y agotador. Para que esta sensación no obstaculice nuestros proyectos, debemos tratar de simplificar cada tarea, buscando la mejor manera de llevarla a cabo sin caer en la mediocridad.

Aleja las personas tóxicas

Ninguno de nosotros tiene la obligación de cambiar para encajar en un entorno social o caer bien con algunas personas. La gente tóxica siempre va a estar rodeándonos, buscando manipularnos para que no nos realicemos como en verdad lo deseamos. Tenerlas en nuestra vida nos impide transcender y conocer aspectos y habilidades que tenemos guardados.

Deja el miedo 

No podemos negar que el miedo nos ayuda a prevenir algunas situaciones que consideramos peligrosas; sin embargo, no saber controlarlo se puede volver un obstáculo para encontrar nuestro mayor potencial físico y mental. Hay cientos de experiencias nuevas que dejamos pasar solo porque tememos lo que pueda pasar tras vivirlas. Si bien es normal sentirlo, en ocasiones es mejor asumirlo para llegar a conocernos realmente.

Eres lo que piensas

¿Qué quieres ser? ¿A dónde quieres llegar? Si te concentras en todas las áreas de tu vida, sin ponerte obstáculos, podrás encontrarte con una parte de ti que te llevará por el camino para realizarte como persona. Si visualizamos eso que queremos como una realidad, y hacemos un plan para alcanzarlo, de seguro obtendremos resultados gratificantes. Pensar negativo, sentirnos vencidos por las caídas y criticarnos de forma severa puede convertirse en una barrera para vivir bien. ¿Estás atravesando un mal momento y te sientes desenfocado? Sigue los consejos que acabamos de mencionar y trata de encontrarte contigo mismo para descubrir cuán capaz eres de superar todas las barreras.

Carolina Betancourth


sábado, noviembre 24, 2018

La falsa autoestima


La falsa autoestima es un mecanismo de defensa, una máscara que actúa como protección para que no nos hagan daño y, sobre todo, para aparentar que no tenemos problemas de inseguridad.  A menudo, las propias personas que crean esta sofisticada coraza psicológica ni tan solo son conscientes de que presenta una autoestima baja. Son tan firmes sus recursos, tan solventes sus herramientas cotidianas para esconder la verdad, que incluso ellos mismos acaban creyéndose que gozan de gran amor propio.

Por otro lado cabe destacar un aspecto importante. Hay determinados tipos de personalidad que son plenamente conscientes de ese vacío, de esa debilidad en el tejido de la autoestima. Siendo conocedores de ello, hacen uso de sus máscaras para tapar esa debilidad pero desplegando a su vez dinámicas abusivas y hasta controladoras. Veamos más datos a continuación.

La falsa autoestima: una relación negativa con uno mismo

En 1890, William James definió la autoestima como una necesidad humana fundamental para transitar en la vida, ahí donde poder manejar mejor emociones como la rabia, el miedo o la violencia. Llama sobre todo la atención que el célebre psicólogo relacionara la ausencia o la debilidad en esta dimensión como un camino peligroso, como un modo de acercarnos a la infelicidad o incluso a no respetar a los demás.

Esta enfoque, esta idea tiene su base de razón. De hecho, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Colorado, nos indican que la personalidad narcisista, por ejemplo, encierra tras de sí una falsa autoestima. Este tipo de personas son las que dificultan el trabajo en una organización, las que no construyen relaciones sólidas y las que al fin y al cabo, presentan serios problemas para ser felices.

La autoestima por tanto, es un mecanismo inigualable para relacionarnos de forma saludable con nosotros mismos. Si nos respetamos, atendemos y valoramos como merecemos también lo haremos en aquellos que nos rodean. En caso de no hacerlo y refugiarnos en la falsa autoestima daremos forma a alguna de las siguientes máscaras o apariencias.

Apariencias de la falsa autoestima

1. La belleza y la aparente seguridad
Muchos piensan que una persona atractiva y bella es el claro reflejo de una autoestima fuerte y solvente. Ahora bien, esta relación no siempre se cumple. La autoestima no depende de que una persona sea más guapa o más fea. Hay bellezas con baja autoestima y personas un físico menos agraciado con una alta autoestima.

A menudo, las personas guapas con la falsa autoestima tienen la creencia de que si les conocieran de verdad defraudarían. Se perciben a sí mismas como un engaño. Cualquier imperfección (ojeras, peinado descuidado, falta de maquillaje) les creará inseguridad. Por ello, es común que vivan obsesionadas con su imagen, porque es a través de su físico donde intentan mostrar la solvencia de su carácter.

Mostrar un físico mínimamente descuidado, afecta a su autoconfianza. Se agarran a la imagen porque dudan de su valía personal. Esto puede ser contraproducente, porque a medida que el físico cambie con la edad, también la seguridad irá decayendo.

2. Éxitos profesionales
No hay nada mejor que un puesto de trabajo de poder y distinguido para refugiarse en él y olvidar que no nos valoramos por lo que somos de verdad. Las personas con falsa autoestima se escudan a menudo en sus éxitos profesionales. Más allá de ese ámbito laboral no son nada porque no se encuentran a sí mismas, no perciben su poder ni pueden hacer uso de su posición de autoridad.

El trabajo les da una identidad que les aporta seguridad. “Soy abogado, soy médico, soy director, soy…” palabras mágicas con las que se sentirán valorados exteriormente. Necesitan sentirse “alguien” porque si les apartamos de ocupación sienten que no tienen valor. Recordemos que no somos nuestro trabajo.

Un buen puesto no debería ir ligado a la identidad, lo importante es quien seas como persona, sin importar a lo que te dedicas. Alguien con una sana autoestima y un buen puesto, no se sentirá superior, disfrutará de su suerte pero sin alardear ni aprovechar su éxito laboral para sentirse “alguien”.

En cambio, una persona con falsa autoestima necesitará presumir de su ocupación para sentirse superior. El complejo de superioridad esconde debilidad, es como un mecanismo de defensa que la mente pone en marcha para contrarrestar la falta de autoestima. Las debilidades son enmascaradas y se produce el autoengaño como medida de salvación.

3. Economía y posesiones
Igual que con el aspecto laboral, quien tiene una rica economía y muchas posesiones materiales, puede cegarse y unir su identidad a toda la riqueza material. El rasgo de una persona con una autoestima baja de economía alta, sería presumir de sus pertenencias y, sobretodo, comprar todo lo necesario para estar a la última moda en todos los sentidos, ya sea en la ropa, en la electrónica, etc…

Necesitarán tener lo mejor porque así se sentirán valiosos. Asimismo, es común que necesiten exponer lo que tienen y presumir, para recibir reconocimiento de la sociedad. La valoración que no tienen de sí mismos la esperan de los demás. Así se alimenta la falsa autoestima, agarrándose a cosas exteriores que se pueden perder, como el trabajo, dinero, posesiones, etc.

Las personas con autoestima alta no necesitan acumular o tener cosas par sentirse bien. No les importará llevar un móvil que no está a la última, tampoco necesitarán vestir de marcas caras como hábito, ni tener un coche lujoso, etc… No precisan ni presumir ni destacar, disfrutarán de lo que poseen, con humildad y sin sentirse superiores a nadie.

Como gozan de una buena autoestima, no les importará lo que opinen los demás, no necesitan alardear de nada ni enseñar sus pertenencias. No buscan el reconocimiento de nadie, lo poseen ellos mismos en su interior.

4. Narcisismo
Otra manera de ocultar inseguridades sería la de ponerse una careta de narcisismo. Estas personas piensan que hinchando el ego y sintiéndose los mejores, solucionarán su problema. Al no sentirse valiosos necesitan crearse una identidad falsa para sentirse bien en sociedad.

Narcisistas dan esa imagen de creerse los mejores, pero en realidad por dentro no se sienten a gusto con ellos mismos. Pueden llegar a ser crueles, porque una persona que no se ama a sí misma, que no cree en su persona, tratará de atacar a las debilidades de los demás, para así situarse en una posición de poder.

5. Inestabilidad en el amor y falsa autoestima
Las personas inseguras le temen al compromiso. Algunas lo que hacen es buscar a una especie de pareja líder y segura de sí misma para entregarse y dejar que les lleven. Otras para esconder el miedo al compromiso, optan por relaciones fugaces y desechables.

Pocas dimensiones son más peligrosas que la baja autoestima en las relaciones afectivas. Es foco de infelicidad propia y ajena, es no sentirse merecedor de un amor firme y comprometido. Es también hacer daño al otro por no saber implicarse, por no ser auténticos.

Desenmascarar la falsa autoestima

Sentimiento de superioridad, envidias, crueldad, falta de compromiso y respeto... El hecho de no quererse a uno mismo trae sin duda serios efectos colaterales. Otros síntomas asociados a estas situaciones son la prepotencia, el orgullo, la crítica, el no ser capaz de reconocer si se ha cometido un error y mucho menos de pedir perdón.

Cuanto más nos despojamos de posesiones y apegos, cuando dejamos caer máscaras y artificios podemos por fin acercarnos a nuestro “yo”. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de vernos con autenticidad para descubrir las carencias, vacíos como esa autoestima débil, esa falta de un amor propio saludable y respetuoso.

Sanar ese tejido psicológico lleva tiempo, es una artesanía delicada pero necesaria. Fortalecer nuestra imagen, sentirnos merecedores de nuestro propio respeto es clave para entender también realidades ajenas. Cuando yo me nutro y me confiero afecto, empiezo a entender que también los demás merecen el mismo trato. La autoestima es al fin y al cabo ese puente de poder hacia nosotros mismos pero también la pasarela para comprender al otro. 

Cristina Pérez


jueves, noviembre 15, 2018

Cambiar la vida en 5 pasos


Optar por el cambio no es una elección casual o un capricho. La mayoría de las veces, cuando hablamos de cambios importantes, hablamos de un acto de necesidad, de firme convicción y ante todo, de valentía. Porque en ocasiones no hay más opción que hacerlo, mudar la piel, arrancar raíces y buscar otros mapas para poder “ser”, para poder reiniciarnos y hallar ese equilibro entre necesidades y logros, entre deseos y conductas… Como veremos a continuación, todo ello es importante cuando tomas la valiente decisión de cambiar tu vida.

los cambios son positivos siempre que no perdamos la esencia, los propios valores. Por tanto, cualquier variación que hagamos a lo largo de nuestro ciclo vital debe tener como objetivo acercarnos un poco más a aquello que de verdad deseamos ser. Nos guste o no, la vida es dinámica. Nada permanece estático y por eso lo que hoy es de una manera, mañana puede ser de otra muy diferente. Aún así, superar la resistencia al cambio se convierte en una tarea titánica para muchas personas. De hecho, algunos empeñan demasiado esfuerzo en intentar que nada cambie.

La mayoría de nosotros queremos ser mejores y actuamos teniendo en cuenta este deseo como un objetivo transversal. Sin embargo, también hay momentos en los que podemos pensar si pagar o no el precio que implica este crecimiento. Quizás sea el miedo a fracasar o a lo desconocido, pero existe una fuerza que actúa como resistencia al cambio. De ahí que podamos permanecer mucho tiempo en un mismo punto, aunque no nos sintamos cómodos con ello.

La resistencia al cambio es esa fuerza que nos impulsa a mantenernos en la zona de confort. Cambiar supone desacomodar nuestra rutina y nuestro mundo interno. También implica acariciar lo nuevo y desafiarnos. Esto, ciertamente, puede causar temor. Pero siempre hay un camino para todo. Y el de superar la resistencia al cambio tiene sus propias claves. Estas son cinco de ellas.

1. Objetivos emocionalmente atractivos

A la hora de cambiar, lo que más va a pesar en tu decisión no son las razones que impulsan la transformación, sino las emociones que la acompañan. A veces sientes que “debes” modificar algo, pero el deseo de hacerlo es muy pálido. En esos casos, es muy posible que no logres mantener por mucho tiempo tu decisión de cambiar.

Por eso es muy importante que examines bien lo que realmente deseas. Cuando una meta te atrae genuinamente, resulta mucho más sencillo superar la resistencia al cambio. Ahora bien, si el objetivo es muy importante para tu vida, pero no logras enganchar tus emociones en él, quizás necesites examinar más detenidamente qué hay en el fondo. ¿Qué es lo que está obstaculizando ese deseo de cambiar?

2. Establecer micro-objetivos concretos

Es muy importante que te fijes un objetivo claramente definido. Las generalidades no ayudan para superar la resistencia al cambio. Todo lo contrario, cuanto más difusa sea la meta, más difícil te resultará enfocar tus esfuerzos hacia su consecución. Por eso, lo primero es delimitar el objetivo.

Lo segundo, dividir ese objetivo en micro-objetivos. Que sean muchos, puede indicar que todavía no has delimitado lo suficiente la meta principal. La idea es que no tengas que realizar muchas tareas para llegar a la meta final. Subdividir este proceso te permite procesarlo como más manejable y cercano. También detectar claramente tus avances y experimentar satisfacción por ellos.

3. Construir una visión, una clave para superar la resistencia al cambio 

Los estudios realizados en este campo nos dicen que los argumentos racionales no son suficientes para superar la resistencia al cambio. Podemos tener las mejores razones del mundo para cambiar, pero estas no se convierten automáticamente en motivaciones. Por eso se necesita un paso más.

Lo aconsejable es construir la visión de lo que se va a encontrar después de concretar el cambio. Visualizar lo que se va a obtener y también lo que dejaría de obtenerse si no se adelanta el proceso. En otras palabras, proyectarnos hacia el futuro. ¿Cómo seremos nosotros, o cómo será nuestra vida si logramos cambiar? Esto sí puede ser una gran motivación.

4. Logros a corto plazo

Además de subdividir la meta en micro-objetivos, lo ideal es que estos últimos sean de corto plazo. En otras palabras, que no te exijan demasiada inversión de tiempo. Si se deja pasar un tiempo muy largo entre la fijación del objetivo y su realización, la motivación decae.

Por el contrario, cuando en el corto plazo ya puedes apreciar los primeros resultados, la actitud cambia. Te pruebas a ti mismo que, efectivamente, estás modificando algo en tu vida. Esto, por sí solo, es algo que te impulsa a seguir adelante.

5. Cambios que refuercen la identidad, no que la nieguen

El componente de identidad también es muy importante a la hora de plantearnos un cambio. Muchas veces nos resistimos a introducir una transformación en nuestra vida, simplemente porque en el fondo no nos identificamos con ella. De hecho, hay ocasiones en que sentimos que esa transformación atenta contra lo que somos.

Esto ocurre porque a veces hay presiones del entorno. Sin embargo, lo que para algunos, o para todos, es una meta loable, puede que para nosotros no. Si nos proponemos cambiar solamente para satisfacer las expectativas de los demás, muy probablemente nuestros esfuerzos estarán destinados al fracaso.

Estas son solo algunas de las claves para superar la resistencia al cambio. En todas ellas reluce, implícitamente, el factor definitivo: desear ese cambio. En general, las personas siempre somos capaces de dar una forma real y que nos guste a nuestros deseos. Lo conveniente entonces es comenzar por ahí, es decir, por interrogarnos sobre lo que realmente queremos conseguir.

Valeria Sabater
Licenciada en Psicología


domingo, noviembre 04, 2018

Trastornos de personalidad que hacen daño


Son muchas las personas que han desarrollado una personlidad que les llena de emociones que en realidad les están haciendo daño. Estas son conductas mentales que hacen la vida más difícil.

Ser el centro del universo 

En la persona egocéntrica, la imaginación y el pensamiento están constantemente ocupados consigo mismo y sus intereses, por lo que es incapaz de ponerse en el lugar de otra persona, y de contemplar, desde el punto de vista del otro el aspecto que tienen las cosas y los acontecimientos que ocurren, Se consideran como el centro de todos los intereses, el centro de atención, el centro de todo o el centro del mundo, que cree que sus propias opiniones e intereses son más importantes que las de los demás.

El egocéntrico coloca sus pensamientos sobre los otros, lo que él piensa, opina, razona, cree y decide es primero y más importante que el resto, por tanto, el mundo gira alrededor de su individualidad. Esperan que los demás puedan dejarlo siempre todo para satisfacer sus necesidades. Esta tendencia llamada efecto Spotlight ha sido estudiada por expertos de la Universidad de Cornell y no solo se ha demostrado errónea, sino también perjudicial y dolorosa.

Las personas que se creen el centro del mundo tienen un niño mimado muy grande en su interior al que tienen que educar con cariño y respeto para poder cambiar. De hecho, es importante apostar por el cambio porque la consecuencia que tiene este tipo de actitud a largo plazo es que la gente se agota al relacionarse con alguien que piensa en exceso en sí mismo y muy poco en los demás.

O todo o nada

El pensamiento dicotómico podemos definirlo como la tendencia a clasificar las experiencias según dos categorías opuestas, todo o nada, bueno o malo, perfecto o inútil, no existen las gradaciones sino las polaridades. Se hacen juicios categóricos y se atribuyen significados extremos y absolutistas en lugar de tomar en cuenta diferentes dimensiones y aplicar pautas relativas. Esto crea un mundo de contrastes de blanco y negro, sin matices. En consecuencia las reacciones emocionales y conductuales de las personas oscilan de un extremo al otro. Hay una incapacidad a conformarse con la realidad como es.

Normalmente esa actitud de “todo o nada” , se oculta bajo distintos mantos, para ocultar el hecho que desean que la realidad se ajuste a su voluntad. Uno de ellos el “perfeccionismo”, la persona se autodefine como perfeccionista para justificar sus actitudes exageradas de exigencia. Otra cortina de humo es la radicalidad, esta es bastante más difícil de desenmascarar, porque la persona se tiene a sí mismo en un alto concepto porque no soporta “medias tintas”.

La vida la sienten polarizada, como si las cosas solo pudieran ser en blanco o negro. La rigidez cognitiva genera expectativas imposibles, lo que suele desembocar en consecuencias bastante decepcionantes ya que la realidad no puede ajustarse a la propia voluntad. Esto genera frustración que a su vez termina en generar tristeza. 

Procrastinar ante las decisiones importantes

Procrastinar significa posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes pero que son irrelevantes. Es una forma de evadir, usando otras actividades como refugio para no enfrentar una responsabilidad, una acción o una decisión que debemos tomar.

Las personas procrastinan de diferentes formas, algunas llegando al extremo de hacerse adictas o dependientes de esas otras actividades externas, como, por ejemplo, ver televisión, Internet, redes sociales, celular, jugar videojuegos., ir de compras o comer compulsivamente. Por este motivo, la procrastinación llega a asociarse con un trastorno del comportamiento en el cual el sujeto relaciona en su mente aquello que debe hacer con dolor, cambio, incomodidad o estrés.

Para dejar de procrastinar, se debe cultivar la autodisciplina. La autodisciplina es la educación de la voluntad para hacer lo que debe hacer de forma constante. La lista de quehaceres y deberes y el cumplimiento de tareas simples puede ser de gran ayuda para aquellos que quieren dejar de procrastinar porque cuando la decisión pendiente es de envergadura, lo normal es que el miedo se haga cada vez mayor. Así pues, esta procrastinación termina por alimentar la ansiedad y paralizándonos.

Lamento o queja constante 

Una cosa es una queja puntual y otra muy distinta es el lamento constante. Es decir, si se convierte este malestar en un estado perenne, pierde el efecto catártico que pueda tener para convertirlo en una pesadilla capaz de provocar cambios cerebrales que te invitan a centrarce únicamente en lo negativo de cada situación. quien se queja está insatisfecho. Lo malo es que algunos eligen la queja como respuesta universal a todos sus problemas. Emplean más tiempo y energía en lamentarse, que en buscar soluciones para eso que les causa tanta insatisfacción.

Tambien la queja puede ser parte de una estrategia inconsciente de autocomplacencia. Es un recurso que utilizan quienes tienen fuertes sentimientos de culpa, y quieren probarse a sí mismos y al mundo que culpables no son. Más bien víctimas. Construyen la imagen de alguien que sufre mucho, para que los demás pasen por alto sus errores.

Lo más curioso es que las personas más desfavorecidas, o quienes han atravesado por experiencias bastante duras, generalmente no son los que se quejan. Esta actitud no tiene que ver con las calamidades con las que se tuvo que lidiar, sino más bien con una cierta fijación en el ego

Expectativas irreales

Las expectativas están presentes en nuestro día a día. Muchas veces no somos conscientes de ellas pero están ahí, acechándonos con su carga de ilusión y pretensiones. Sin embargo, ¿qué sucede cuando las expectativas se frustran, cuando la persona no se comporta como esperábamos? Lo más usual es que reaccionemos de manera negativa, nos entristecemos, desilusionamos, angustiamos o incluso nos enfadamos.

La filosofía budista hace referencia a la “mente expectante” para referirse a aquellas personas que simplemente esperan algo pero no ponen manos a la obra para lograrlo. De hecho, serían contraproducentes porque cuando no se cumplen, solo sirven para generar dolor y sufrimiento, irritación y tristeza. En realidad, las expectativas no son sino una suposición de cara al futuro, una probabilidad de que algo suceda. Es una anticipación basada en algunas pistas que hemos extraído de la realidad. 

Las expectativas no son dañinas en sí ya que nos ayudan a formarnos un cuadro de lo que podría ser el futuro y a prepararnos para este. Sin embargo, el problema radica en que asumimos muchas de nuestras expectativas como si fueran una verdad absoluta, como si fueran un hecho que va a ocurrir (sí o sí).  No nos damos cuenta de que se trata simplemente de una probabilidad y cuando estas no se cumplen nos sentimos frustrados. Por eso, en el budismo se hace tanto hincapié en aprender a dominar nuestras expectativas, en abrirnos realmente al mundo y no anticiparnos de manera expectante porque esto nos lleva a adoptar una actitud poco realista que, a la larga, solo sirve para hacernos daño.

Está comprobado que el cerebro es flexible y podemos cambiar la forma en que la mente se enfrenta a las situaciones difíciles. Como cualquier hábito, pensar en positivo requiere esfuerzo y constancia, pero la recompensa merece la pena. Ser optimista mejora la salud, reduce los niveles de estrés y facilita la consecución de objetivos, lo que en consecuencia contribuye a ser más felices. 



sábado, octubre 27, 2018

Consejos para la meditación


Debemos reconocer que cuando comenzamos la práctica de la meditación, estamos incorporando una dimensión totalmente diferente. Normalmente en la vida ponemos mucho esfuerzo en la obtención de las cosas externas y hay muchas luchas que tenemos que superar, mientras que en la meditación es justamente lo contrario, la meditación es la ruptura de cómo funcionamos normalmente.

La meditación es simplemente una cuestión de estar, de derretirse, como un pedazo de mantequilla dejada al sol. No tiene nada que ver con si tu "sabes" o no, de hecho, cada vez que tu practicas la meditación tu tienes que estar fresco, como si sucediera por primera vez . Tu apenas siéntate con tu cuerpo relajado, silencioso, tu mente completamente tranquila, y permite que los pensamientos vengan y que vayan, sin dejarlos causar estragos en tu mente.

Si tu necesitas algo que hacer, observa la respiración. Este es un proceso muy simple. Cuando tu estás respirando hacia fuera, siente que estás respirando hacia afuera. Cuando tu respiración es hacia adentro, siente que tu estás respirando acia adentro, enfocados en el aire que se inhala y exhala solamanete concentrados en la respiracio sin proveer ninguna clase de comentario adicional o chisme mental, pero solo identificando la respiración. este proceso de la mente atenta es muy simple y procesa tus pensamientos y emociones, entonces, como una vieja piel se liberan.

Generalmente la gente para relajar el cuerpo se concentran en diversas partes. Pero la relajación verdadera viene cuando te relajas de adentro hacia afuera entonces todo se facilitará y se hará absolutamente natural. Cuando tú comienzas a practicar, entras en contacto con tu "punto suave", y solamente permaneces allí. Tú no necesitas centrarte en cualquier cosa en detalle para comenzar. Apenas se espacioso, y permite que los pensamientos y las emociones aparezcan. Si tu lo haces así, más tarde, cuando utilices un método tal como mirar la respiración, tu atención estará más fácilmente en tu respiración. No hay punto determinado en la respiración en el cual tu necesites centrarte, es simplemente el proceso de la respiración. Veinticinco por ciento de tu atención está en la respiración, y el setenta y cinco por ciento está relajado. Intenta identificarte realmente con la respiración, más que solamente mirarla.

Tu puedes elegir un objeto, como una flor, por ejemplo, para enfocarte. A veces enseñan a visualizar una luz en la frente, o en el corazón. A veces un sonido o una mantra puede ser utilizado. Pero al principio es mejor simplemente ser espacioso, como el cielo, siente que eres el universo entero. Cuando te sientes, deja que todo se calme y permite que las cosas y todo lo que está en desacorde se disuelvan naturalmente, de aquí nace tu verdadero ser. Tú experimentas un aspecto el cuál es el "verdadero" tú. A medida que profundices más, tu comienzas a descubrir y a conectarte con tu calidad de amar que es la más fundamental.

El punto clave de la meditación es el conseguir utilizar ese aspecto de el cual te has olvidado. En tibetano meditación significa "acostumbrarse". ¿Acostumbrarse a qué? a tu verdadera naturaleza, tu naturaleza de Buddha. Esta es la razón por la cual, en la enseñanza más alta de Buddhismo, Dzogchen, a ti te dicen que descanses en la "naturaleza de tu mente". Tu apenas te sientas y dejas que todos los pensamientos y conceptos se disuelvan. Es como cuando las nubes se disuelven o la niebla se evapora, así revelando el cielo claro y el sol que brilla detrás de ellas. Cuando todo se disuelve, tu comienzas a experimentar tu verdadera naturaleza, tu "vives". Entonces tu lo sabes y en ese momento, te sientes realmente bien... !!!.

Está sensación de bienestar es completamente diferente a todas las que tu puedes haber experimentado. Ésta es una experiencia verdadera y genuina, en la cual tu sientes una profunda paz, alegría y confianza sobre ti mismo. Es bueno que medites cuando te sientas inspirado. temprano en las mañanas puedes tener esa inspiración, pues los mejores momentos de la mente son temprano en el día, cuando la mente está más tranquila y más fresca (el tiempo tradicionalmente recomendado es antes del amanecer). El más apropiado para sentarse a meditar, porque no solamente es fácil sino que entonces te dará más confianza en la práctica, y tu podrás más adelante practicar cuando no estés inspirado.

No hay necesidad de meditar por mucho tiempo: apenas permanece silencioso hasta que puedas entrar y conectarte con la esencia de tu corazón. Éste es el punto principal. Después de esto hay una cierta integración. Una vez que la mente atenta haya sido despertada por tu meditación, tu mente será tranquila y tus opiniones más coherentes. Entonces, estarás presente en todo lo que haces. Como en el refrán famoso del Zen: "cuando yo como, yo como; cuando duermo, duermo". Cualquiera cosa que hagas, tú estarás completamente presente en el acto. Así sea lavando platos, si se hace completamente, se puede decir que estarás más lleno de energía. Serás más pacífico, así eres más "tu". Te conviertes en el “tu” universal.

Uno de los puntos fundamentales del viaje espiritual es el perseverar a lo largo del camino. Aunque tu meditación puede ser buena un día y no tan buena el día siguiente, como cambios en el paisaje, esencialmente no son las experiencias, buenas o malas las que cuentan, pero cuando tu perseveras, la práctica verdadera aflora en ti y llega entre lo bueno y malo.

Lo bueno y lo malo son simplemente espejismos, así como puede haber buen o mal tiempo, cielo siempre es el mismo. Si tu perseveras y tienes esa actitud del cielo espacioso, sin la perturbación de emociones y experiencias, tu desarrollarás estabilidad y la profundidad real del la meditación. Tu encontrarás esto gradualmente y casi inadvertidamente, tu actitud comienza a cambiar. Tu no te aferras a las cosas tan sólidamente como antes, y aunque se sucedan las crisis te mantendrás tranquilo, sabrás manejarlas y te darás cuenta que todas estas situaciones son risibles y vivirás con un corazón más alegre.

SOGYAL RINPOCHE


viernes, octubre 19, 2018

Nadie pierde por dar amor


Afortunadamente la neurociencia va ofreciéndonos día tras día reveladoras informaciones que nos explican por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento.

Estamos programados genéticamente para conectar entre nosotros y para construir lazos emocionales con los que sentirnos seguros, con los que edificar un proyecto. Es así como hemos sobrevivido como especie, “conectando”, de ahí que una pérdida, una separación e incluso un simple malentendido haga que salte al instante la señal de alarma en nuestro cerebro.

Ahora bien, otro aspecto complejo sobre el tema de las relaciones afectivas es el modo en el que afrontamos dicha separación, dicha ruptura. Desde un punto neurológico cabe decir que empiezan a liberarse al instante las hormonas del estrés, conformando en muchos casos lo que se conoce como “el corazón roto“. Sin embargo, desde un punto emocional y psicológico, lo que sienten muchas personas es otro tipo de realidad.

No solo se experimenta el dolor por la falta del ser amado. Se siente una pérdida de energía, de aliento vital. Es como si todo el amor dado, todas las esperanzas y afectos dedicados a esa persona se hubieran ido también, dejándo vacío, yermo, marchito…

Entonces… ¿cómo volver a amar de nuevo si lo único que habita en nuestro interior es la sombra de un mal recuerdo? Es necesario que afrontemos estos momentos de otro modo. 

Dar amor o evitar amar de nuevo

Todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados. Cuando se inicia una nueva relación nadie lo hace enviando previamente todas sus experiencias pasadas a la papelera de reciclaje. Nadie empieza de “0”. Todo está ahí, y el modo en que hayamos gestionado nuestro pasado hará que vivamos un presente afectivo y emocional con mayor madurez, con mayor plenitud.

Ahora bien, el hecho de haber vivido en piel propia una amarga traición o, sencillamente, percibir que el amor se ha apagado en el corazón de nuestra pareja cambia mucho el modo en que vemos las cosas. Dar amor con intensidad durante una época determinada, para después quedarnos vacíos y enclaustrados en la habitación de los recuerdos y las ilusiones perdidas, cambia muchas veces la arquitectura de nuestra personalidad.

 No falta quien se vuelve desconfiado, e incluso quien desarrolla poco a poco la gélida y férrea coraza del aislamiento donde interiorizar el clásico mantra de “mejor no amar para no sufrir“. Sin embargo, es necesario derribar una idea básica en estos procesos de lenta “autodestrucción”.

Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas… Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos.

Sanar el amor perdido

Según un estudio llevado a cabo en la University College London, existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar una ruptura afectiva. La respuesta emocional parece ser muy distinta. Las mujeres sienten mucho más el impacto de la separación, sin embargo es común que se repongan antes que los hombres. 

Ellos, por su parte, suelen aparentar estar bien, se visten con la máscara de la fortaleza refugiándose en sus ocupaciones y responsabilidades. Sin embargo, no siempre logran superar esa ruptura o tardan años en hacerlo. ¿La razón? El sexo femenino suele disponer de mejores habilidades para gestionar su mundo emocional. Facilitar el desahogo, buscar apoyo y afrontar lo ocurrido desde una perspectiva donde se halla el perdón y la actitud de pasar página suele hacer las cosas más fáciles. 

Sea como sea, y más allá de los géneros o del motivo que haya originado esa ruptura, quedan claras algunas cosas que es necesario inocular en nuestro corazón a modo de vacuna. Ningún fracaso emocional debe vetarnos nuestra oportunidad de ser felices de nuevo. Digamos “no” a ser esclavos del pasado y eternos cautivos del sufrimiento.

Otro aspecto que es bueno recordar es que amar no es sinónimo de sufrir. No alimentemos esperanzas o alarguemos el “chicle” de una relación que de antemano tiene fecha de caducidad. Una retirada a tiempo salva corazones y un adiós valiente cierra una puerta para abrir otra, esa donde el amor se conjuga siempre con la palabra FELICIDAD. 

 Valeria Sabater


martes, octubre 09, 2018

Valores de la espiritualidad


Hermanos y hermanas, me gustaría abordar el tema de los valores espirituales con la definición de dos valores de espiritualidad.

Para empezar, permitidme decir que como seres hu­manos nuestro objetivo básico es el de disfrutar de una vida feliz; todos queremos experimentar la felicidad. Es algo natural para nosotros buscarla. Éste es el propósito de nuestra vida. La razón de ello es bastante obvia: cuan­do perdemos la esperanza, el resultado es que nos de­primimos y hasta es posible que nos volvamos suicidas. Nuestra propia existencia está, pues, fuertemente arrai­gada en la esperanza. Si bien no existe ninguna garantía de lo que nos va a traer el futuro, porque somos capaces de continuar viviendo, tenemos esperanza. Por tanto, podemos afirmar que el propósito de nuestra vida, el ob­jetivo de nuestra vida, es la felicidad. Los seres humanos no son producto de las máquinas. Somos más que simple materia; nosotros sentimos y ex­perimentamos. Por ello, el bienestar material por sí solo no basta. Necesitamos algo más profundo, aquello que normalmente defino como afecto humano o compasión.

Con el afecto humano, o compasión, todas las ventajas materiales que tenemos a nuestra disposición pueden ser muy constructivas y producir resultados positivos. No obstante, sin él, las ventajas materiales por sí solas no conseguirán satisfacernos ni tampoco aportarnos nin­gún grado de paz mental o felicidad. De hecho, las ven­tajas materiales sin el afecto pueden incluso crear pro­blemas adicionales. En consecuencia, podemos afirmar que el afecto o compasión es la clave para la felicidad hu­mana.

EL PRIMER NIVEL DE ESPIRITUALIDAD:

LAS RELIGIONES DEL MUNDO Y SU VALOR PARA LA HUMANIDAD

El primer nivel de espiritualidad para los seres humanos de cualquier lugar del mundo es la fe en una de las mu­chas religiones que existen. En mi opinión, cada una de las principales religiones mundiales cumple una impor­tante función; pero para que éstas contribuyan eficaz­mente en beneficio de la humanidad, desde el aspecto religioso, existen dos factores importantes a tener en cuenta. El primero de ellos es que los practicantes a tí­tulo individual de todas estas religiones, es decir, noso­tros mismos, debemos practicarlas de forma sincera.

Las enseñanzas religiosas deben ser parte integral de nues­tras vidas; no han de estar desligadas de esa práctica. A veces, entramos en una iglesia o un templo y recitamos oraciones o quizá generamos algún tipo de sentimiento espiritual, pero en cuanto salimos a la calle, esta sensa­ción religiosa desaparece totalmente. Ésta no es la forma correcta de practicar. El mensaje religioso debe perma­necer con nosotros dondequiera que estemos. Las ense­ñanzas de nuestra religión tienen que estar presentes en nuestras vidas de tal forma que, cuando realmente nece­sitemos o pidamos bendiciones o fuerza interior, estas enseñanzas estén ahí incluso en esos momentos; estarán ahí cuando experimentemos dificultades porque esta­rán constantemente presentes. La religión sólo puede ser realmente eficaz cuando se ha convertido en parte integral de nuestras vidas.

Necesitamos, asimismo, experimentar con mayor pro­fundidad los significados y valores espirituales de nuestra propia tradición religiosa, necesitamos conocer estas en­señanzas no solamente a nivel intelectual, sino también a través de nuestra propia experiencia más profunda. A veces comprendemos diferentes ideas religiosas en un plano demasiado superficial o intelectual. Sin un senti­miento más profundo, la eficacia de la religión queda li­mitada. Así pues, debemos practicar de forma sincera, y la religión ha de convertirse en parte de nuestras vidas.

LA IMPORTANCIA DE UNA RELACIÓN ESTRECHA ENTRE LAS RELIGIONES

El segundo factor está más relacionado con la interac­ción entre las diferentes religiones del mundo. En la actualidad, debido al ascenso del cambio tecnológico y a la economía mundial, nos hallamos en una situación en la que jamás habíamos dependido tanto unos de otros.

Entre los diferentes países y continentes, se ha estableci­do una relación mucho más estrecha. De hecho, la su­pervivencia de una región del mundo depende de la de las otras. En consecuencia, el mundo ha establecido unos lazos mucho más estrechos, es más interdepen­diente y existe más interacción humana. En tales circunstancias, la idea de pluralismo entre las religiones mundiales es de suma importancia. En épocas pasadas, cuando se vivía en comunidades alejadas unas de otras y las religiones surgían en relativo aislamiento, la idea de que solamente existía una religión resultaba muy útil. Pero ahora la situación ha cambiado, y las circunstancias son totalmente diferentes. Aceptar el hecho de que exis­ten diferentes religiones es de esencial importancia, y para desarrollar un respeto mutuo genuino entre ellas, es imprescindible establecer un contacto cercano entre las diferentes religiones.

Éste es el segundo factor que hará que las religiones mundiales sean efectivas a la hora de ejercer un efecto benéfico para toda la humanidad. Cuando estaba en el Tíbet, no tenía ningún contacto con personas de otras religiones, por ello mi actitud ha­cia ellas no era muy positiva. Pero una vez tuve la opor­tunidad de conocer a personas de otras creencias y aprender a partir del contacto personal y la experiencia, mi actitud hacia las demás religiones cambió. Me di cuenta de lo útiles que son para la humanidad, y del po­tencial que cada una de ellas tiene para contribuir a un mundo mejor. A lo largo de varios siglos, las religiones han aportado elementos maravillosos para una evolu­ción mejor de los seres humanos e incluso hoy en día existe gran número de seguidores del cristianismo, del islam, del judaísmo, del budismo, etcétera. Millones de personas se están beneficiando de todas estas religiones. Para dar un ejemplo del valor que tiene conocer a personas de diferentes creencias, mis encuentros con el fallecido Thomas Merton hicieron que me diera cuenta de lo maravilloso y valioso que era como persona.

En otra ocasión, tuve la oportunidad de conocer a un mon­je católico en Montserrat, uno de los famosos monaste­rios de España. Me habían dicho que este monje había vivido durante varios años como ermitaño en una colina justo detrás de la abadía. Cuando visité el monasterio, descendió de su ermita expresamente para conocerme. Dio la casualidad de que su inglés era aún peor que el mío y esto me animó más para hablar con él. Nos que­damos frente a frente y le pregunté: «En todos estos años, ¿qué has estado haciendo en esa colina?». Me miró y contestó: «Meditación en la compasión, en el amor». Cuando pronunció estas pocas palabras comprendí el mensaje a través de sus ojos. Desarrollé, verdaderamen­te, una sincera admiración hacia aquella persona y hacia otros como él. Este tipo de experiencias me ha ayudado a confirmar en mi mente que todas las religiones mun­diales poseen el potencial para generar bondad en las personas, independientemente de sus diferencias en fi­losofía y doctrina. Cada tradición religiosa tiene su pro­pio mensaje maravilloso que transmitir.

Por ejemplo, desde el punto de vista del budismo, el concepto de un creador es ilógico; debido a la manera en que el budismo analiza la causalidad, resulta un con­cepto difícil de comprender para los budistas. No obstante, no cabe ahora profundizar en cuestiones filosófi­cas. El punto importante aquí es que para las personas que siguen enseñanzas en las que la creencia básica resi­de en un creador, este enfoque resulta muy eficaz.

Según esas tradiciones, el ser humano es creado por Dios. Ade­más, por lo que recientemente he aprendido de mis ami­gos cristianos, no aceptan la teoría del renacimiento, por lo cual tampoco aceptan las vidas pasadas o futuras. Aceptan solamente esta vida. Sin embargo, sostienen que esta misma vida está creada por Dios, por el creador, y esta idea genera en ellos un sentimiento de intimidad con él. Su enseñanza más importante es que, dado que nosotros estamos aquí por voluntad de Dios, nuestro fu­turo depende del creador, y debido a que éste está con­siderado como sagrado y supremo, nosotros debemos amarlo.

Lo que se observa de esta enseñanza es que nosotros deberíamos amar a nuestros semejantes, los seres huma­nos; éste es el mensaje esencial. El razonamiento es que si nosotros amamos a Dios, debemos amar a nuestros se­mejantes, los seres humanos, porque ellos, como noso­tros, fueron creados por aquél. Su futuro, así como el nuestro, depende del creador; así pues, su situación es como la nuestra. En consecuencia, resultaría cuestiona­ble la fe de las personas que dicen: «Amad a Dios», pero que no muestran un amor sincero hacia sus iguales, los humanos. La persona que cree en Dios y en el amor ha­cia él debe manifestar la sinceridad de su amor a través del amor dirigido hacia sus semejantes.

Este tipo de en­foque es muy poderoso, ¿no os parece?. Si examinamos de esta manera cada religión desde di­ferentes ángulos, no simplemente a partir de nuestra propia postura filosófica, sino teniendo en cuenta dife­rentes puntos de vista, no cabe duda de que todas las principales religiones tienen el potencial de hacer mejor al ser humano. Esto es evidente: un contacto estrecho con personas de otras creencias hace posible desarrollar una actitud mental amplia y respeto mutuo con relación a otras religiones.

El acercamiento a diferentes creencias me ayuda a aprender nuevas ideas, nuevas prácticas, y nuevos métodos o técnicas que yo puedo incorporar en mi propia práctica. De forma similar, algunos de mis her­manos y hermanas cristianos han adoptado ciertos mé­todos budistas como, por ejemplo, la práctica de la con­centración mental en un solo punto, así como técnicas que ayudan a desarrollar la tolerancia, la compasión y el amor. Resulta de gran beneficio que practicantes de di­ferentes religiones se reúnan para este tipo de intercam­bios. Además de desarrollar la armonía entre ellos, tam­bién pueden obtenerse otros resultados benéficos.

Los políticos y los líderes nacionales hablan con fre­cuencia de la «convivencia» y el «acercamiento». ¿Por qué no puede ser así también entre las personas religio­sas? Creo que ha llegado la hora. En Asís, en 1987, por ejemplo, líderes y representantes de diferentes religio­nes mundiales se reunieron para orar juntos, aunque no estoy seguro de que la palabra «oración» sea el término adecuado para describir de forma exacta la práctica de todas estas religiones. En cualquier caso, lo importante es que representantes de distintas religiones se reúnan en un mismo lugar y recen, cada uno de acuerdo con su propia fe. Esto ya está sucediendo y, en mi opinión, algo muy positivo se está generando. No obstante, todavía necesitamos poner más esfuerzo en desarrollar la armo­nía y la proximidad entre las diferentes regiones del mundo, ya que sin tal esfuerzo continuaremos experi­mentando los numerosos problemas que dividen a la hu­manidad.

Si la religión fuera el único remedio para disminuir el conflicto humano y si este mismo remedio se convirtiera en una fuente más de conflicto, sería algo desastroso. En la actualidad, así como en el pasado, surgen conflictos en nombre de la religión debido a diferencias religiosas, y en mi opinión esto es muy, muy triste. Pero como ya he mencionado anteriormente, si pensamos con una mente más amplia y profunda, nos daremos cuenta de que la si­tuación en el pasado era totalmente distinta a la de hoy. Ya no vivimos de una manera aislada sino interdepen­diente. Por tanto, en la actualidad es muy importante darse cuenta de que una relación estrecha entre las di­ferentes religiones es algo fundamental; sólo así los dife­rentes grupos religiosos tendrán la posibilidad de trabajar juntos de forma más íntima y hacer un esfuerzo común en beneficio de toda la humanidad. Sinceridad y fe en la práctica religiosa por un lado, y tolerancia religiosa y cooperación por el otro, comprenden el primer nivel del valor de la práctica espiritual para la humanidad.

EL SEGUNDO NIVEL DE ESPIRITUALIDAD: LA COMPASIÓN COMO RELIGIÓN UNIVERSAL

El segundo nivel de espiritualidad es más importante que el primero porque sin importar lo maravillosa que pueda ser una religión, las personas que la aceptan si­guen siendo un número muy limitado. La mayoría de los cinco o seis mil millones de seres humanos que hay en nuestro planeta, probablemente no practican ningún tipo de religión. De acuerdo con la formación que han recibido por parte de su familia, quizá se identifiquen como pertenecientes a uno u otro grupo religioso: «Yo soy hindú», «Yo soy budista», «Yo soy cristiano», pero en profundidad, la mayoría de estas personas no son nece­sariamente practicantes de ninguna fe religiosa. Esto es así y está bien; el hecho de que una persona adopte o no una religión es un derecho individual de cada uno. To­dos los grandes maestros de la Antigüedad, tales como Buda, Mahavira, Jesucristo y Mahoma, nunca lograron crear una conciencia espiritual en toda la humanidad, en todos los seres humanos. En realidad, nadie puede hacer tal cosa.

Si estas personas no creyentes se llaman a sí mismas ateas no importa. De hecho, según algunos eruditos occidentales, los budistas también son ateos, dado que no aceptan el concepto de un creador. Por ello, a veces, añado una palabra más al describir a los no creyentes y es la palabra «extremista»; los llamo no cre­yentes «extremistas». Estas personas no son solamente no creyentes sino que son extremistas en su visión al sostener que la espiritualidad no tiene ningún valor. Si embargo, debemos recordar que ellas también forman parte de la humanidad y que, como todos los seres hu­manos, tienen el deseo de ser felices, de vivir una vida fe­liz y en paz. Éste es el punto importante. Por mi parte creo que no hay nada malo en continuar siendo no creyente, pero mientras seamos parte de la hu­manidad, mientras seamos seres humanos, tenemos ne­cesidad del afecto humano, de la compasión humana.

Ésta es, en realidad, la enseñanza fundamental de todas las tradiciones religiosas: el punto esencial es la compa­sión o el afecto humano. Sin éste, incluso las creencias religiosas pueden resultar destructivas. Por tanto, la esen­cia en la religión incluso es la bondad de corazón. Desde mi punto de vista, el afecto humano o la compasión es la religión universal. Sea uno creyente o no, todos necesi­tamos afecto humano y compasión, porque nos da fuer­za interna, esperanza y paz mental. Resulta, pues, algo in­dispensable para todos.

Examinemos, por ejemplo, la utilidad de un corazón bondadoso en la vida cotidiana. Si nos sentimos de buen humor cuando nos levantamos por la mañana, si hay en nosotros un sentimiento de bondad, automáticamente nuestra puerta interna se abre a ese día. Incluso en el caso de que nos encontrásemos a una persona desagra­dable, no experimentaríamos demasiada alteración y quizá incluso conseguiríamos decirle algo agradable. Po­dríamos charlar con esa persona poco amistosa y tal vez incluso mantener una conversación profunda. Sin em­bargo, en un día en el que nuestro estado de ánimo es menos positivo y nos sentimos irritados, de forma auto­mática se cierra nuestra puerta interna.

En consecuen­cia, incluso si nos encontramos con nuestro mejor ami­go o amiga nos sentimos incómodos y tensos. Estos ejemplos muestran cómo nuestra actitud interior marca una gran diferencia en nuestras experiencias diarias. Así pues, para crear una atmósfera agradable, placentera, dentro de nosotros mismos, de nuestras familias o nues­tro entorno, debemos darnos cuenta de que el origen úl­timo de esa atmósfera placentera reside dentro de cada uno: un corazón bondadoso, compasión humana, amor. El hecho de crear una atmósfera positiva y amistosa nos ayuda automáticamente a disminuir el miedo y la in­seguridad. De esta manera podemos, con mayor facili­dad, hacer nuevos amigos y provocar más sonrisas.

Des­pués de todo, somos animales sociales. Sin la amistad con otros seres humanos, sin la sonrisa humana, nuestra vida se convierte en desdicha. La sensación de soledad se hace insoportable. Se trata de una ley de la naturaleza; en otras palabras, según las leyes naturales, dependemos unos de otros para vivir. Si bajo ciertas circunstancias, de­bido a que algo no funciona en nosotros, nuestra actitud hacia nuestros semejantes, de quienes dependemos, se vuelve hostil, ¿cómo podemos esperar alcanzar la paz mental o disfrutar de una vida feliz? De acuerdo con la naturaleza básica humana, o ley natural, el afecto -la compasión- es la clave para la felicidad.

Según la medicina contemporánea, un estado mental positivo, o paz mental, resulta también beneficioso para nuestra salud física. Si estamos constantemente alterados acabamos dañando nuestra propia salud. Por tanto, in­cluso en el aspecto de la salud, la calma mental y la se­renidad son muy importantes. Esto demuestra cómo el cuerpo físico de por sí aprecia y responde a la calidez hu­mana, a la paz mental.

LA NATURALEZA HUMANA FUNDAMENTAL

Si observamos la naturaleza humana fundamental, ve­mos que nuestra naturaleza no es de carácter agresivo sino dócil. Por ejemplo, si examinamos diferentes ani­males, nos damos cuenta de que los más pacíficos tienen una estructura corporal en concordancia con su natura­leza; de forma similar, la estructura física de los animales de presa también se ha desarrollado de acuerdo con lo que son. Comparemos el tigre y el ciervo: existen gran­des diferencias en sus estructuras físicas. Cuando com­paramos nuestro propio cuerpo con el de ellos, vemos que nosotros nos parecemos más a los ciervos y a los co­nejos que a los tigres.

Incluso nuestros dientes son más parecidos a los de ellos, ¿no es así? No son como los de un tigre. Nuestras uñas son otro buen ejemplo, pues ni tan siquiera puedo cazar a un ratón sólo con mis uñas de humano. Por supuesto, debido a la inteligencia humana, somos capaces de inventar y utilizar diferentes herra­mientas y métodos para hacer cosas que sin ellos nos se­ría difícil realizar. Así, como podemos ver, debido a nues­tra condición física pertenecemos a la categoría de animales dóciles. Considero pues que ésta es la natura­leza humana fundamental tal como enseña nuestra es­tructura física básica.

LA COMPASIÓN Y LA RESOLUCIÓN DE LOS CONFLICTOS

Dada nuestra situación global actual, la cooperación es esencial, en particular en campos como la economía y la educación. En la actualidad, el concepto de que las dife­rencias son importantes prácticamente ha desaparecido, como queda reflejado en el movimiento por una Europa occidental unida. Este movimiento es, en mi opinión, realmente valioso y muy oportuno. No obstante, el esfuerzo por crear este estrecho vínculo entre las diferen­tes naciones no surgió debido a la compasión o la fe re­ligiosa, sino más bien por necesidad.

Existe en el mundo una tendencia creciente hacia la conciencia global. En tales circunstancias, una relación estrecha con los demás se ha convertido en un elemento ligado a nuestra propia supervivencia. El concepto de la responsabilidad univer­sal, basada en la compasión y el sentimiento de herman­dad, es hoy fundamental. El mundo está lleno de con­flictos -por ideologías, por religión e incluso conflictos dentro de las familias- basados en el hecho de que una persona quiere una cosa mientras otra desea algo distin­to. Si examinamos el origen de todos estos conflictos, descubrimos que hay varias, existen muchas causas dife­rentes, incluso dentro de nosotros mismos.

No obstante tenemos, a la vez, el potencial y la habili­dad para unirnos en armonía. Todas estas otras cosas son relativas. Aunque existan muchos puntos que originan conflicto, existen al mismo tiempo muchas posibilidades de generar unión y armonía. Ha llegado el momento de poner mayor énfasis en la unión. Aquí, una vez más, debe haber afecto humano. Por ejemplo, quizá uno ten­ga una opinión religiosa o ideológica diferente a la de otra persona.

Si respetamos sus derechos y mostramos de forma sincera una actitud compasiva hacia ella, en­tonces no importa si su idea se adapta a la nuestra; esto sería algo secundario. Mientras la otra persona crea en ello y se beneficie de tal punto de vista, está en su pleno derecho. Por tanto, debemos sentir respeto y aceptar el hecho de que existen diferentes puntos de vista. Lo mis­mo sucede en el campo de la economía: nuestros com­petidores también deben obtener algún tipo de bene­ficio, porque ellos asimismo han de sobrevivir. En mi opinión, cuando tenemos una percepción más amplia basada en la compasión las cosas empiezan a ser mucho más fáciles. Una vez más, la compasión es el factor clave.

CONCLUSIÓN: EL SIGNIFICADO DE LA COMPASIÓN

He hablado extensamente acerca de la compasión sin explicar su verdadero significado. Me gustaría ahondar en el sentido de la compasión, que a menudo suele en­tenderse erróneamente. La genuina compasión está ba­sada no en nuestras propias proyecciones y expectativas sino en los derechos del otro. Independientemente de si la otra persona es un amigo íntimo o un enemigo, el he­cho de que desee la paz y la felicidad y quiera superar el sufrimiento ha de servirnos de base para desarrollar un genuino interés por su problema. Ésta es la compasión auténtica.

Normalmente, cuando nos interesamos por un amigo íntimo, llamamos a esto compasión. Esto no es compasión, es apego. Incluso en el matrimonio, aquellos que perduran a lo largo del tiempo lo hacen no debido al apego -aunque generalmente está presente-, sino por­que también existe compasión. Los matrimonios que duran sólo poco tiempo experimentan falta de compa­sión; existe solamente apego emocional basado en pro­yecciones y expectativas. Cuando el único punto de unión entre amigos íntimos es el apego, incluso un pe­queño detalle puede hacer cambiar nuestras proyeccio­nes. Tan pronto como cambian nuestras proyecciones, desaparece el apego, porque estaba basado únicamente en aquéllas

Es posible tener compasión sin apego y, de forma si­milar, sentir enfado sin odio. Por consiguiente, necesitamos hacer una distinción clara entre la compasión y el apego, y entre el enfado y el odio. Esta claridad de con­ceptos es útil en nuestra vida diaria y en nuestros esfuer­zos hacia la paz mundial. Considero que éstos son los va­lores espirituales fundamentales para la felicidad de todos los seres humanos, independientemente de si uno es creyente o no.

TENZIN GYATSO
S.S. Dalai Lama

Las leyes de la vida
La dimension Espiritual


martes, octubre 02, 2018

El mejor estado de la vida no es estar enamorados, es estar tranquilos


Con el tiempo, solemos descubrir que el mejor estado de la vida no es estar enamorados, sino estar tranquilos. Solo cuando una persona logra hallar ese equilibrio interior donde nada sobra y nada falta, es cuando se siente más plena que nunca. El amor puede aparecer entonces si así lo quiere, aunque no es una necesidad obligada.

Resulta curioso como la mayoría de las personas seguimos teniendo como principal objetivo hallar a nuestra pareja perfecta. Cada vez disponemos de más aplicaciones en nuestros dispositivos móviles para facilitarnos esas búsquedas. Tampoco faltan los clásicos programas de televisión en horario de máxima audiencia orientados para el mismo fin. Buscamos y buscamos en este vasto océano sin haber hecho antes un viaje imprescindible: el del autoconocimiento.

El hecho de no haber realizado esta necesitada peregrinación por nuestro interior ahondando en vacíos y necesidades, hace que a veces acabemos eligiendo compañeros de viaje poco acertados. Relaciones efímeras que quedan inscritas en la soledad de nuestras almohadas, tan llenas ya de sueños rotos y lágrimas sofocadas. Tanto es así que son muchas las personas que pasan gran parte de su ciclo vital saltando de piedra en piedra, de corazón en corazón, almacenando decepciones, amarguras y tristes desencantos.

En medio de este escenario, tal y como dijo Graham Greene en su novela “El final del romance” solo tenemos dos opciones: mirar hacia atrás o mirar hacia delante. Si lo hacemos de la mano de la experiencia y la sabiduría tomaremos el camino correcto: el del interior. Ahí donde poner en orden el laberinto de nuestras emociones para encontrar el preciado equilibrio.

El mejor estado de la vida es estar tranquilos

La tranquilidad no es ni mucho menos ausencia de emociones. Tampoco implica renuncia alguna al amor o a esa pasión que nos dignifica, esa que nos da alas y también raíces. La persona tranquila no evita ninguna de estas dimensiones, pero las ve desde esa perspectiva donde uno sabe muy bien dónde están los límites, dónde esa templanza que como un faro en la noche alumbra nuestra paz interior.

Vivimos en una cultura de masas donde se nos insta a buscar pareja como si de este modo pudiéramos alcanzár por fin la ansiada autorrealización. Frases como “cuando tenga novia asentará la cabeza” o “todas tus penas se aliviarán cuando encuentres a tu hombre ideal”, no hacen más que anular de forma constante nuestra identidad para erigir una idealización absolutista y errónea del amor.

El mejor estado del ser humano no es pues amar hasta quedar anulado. No es darlo todo hasta que nuestros derechos vitales queden difuminados solo por ese miedo insondable a estar solos. El mejor estado es estar tranquilos, con una adecuada armonía interior donde no quede espacio para los vacíos, para los apegos desesperados o las idealizaciones imposibles. Porque el amor, por mucho que nos digan, no siempre lo justifica todo. No si implica abandonarnos a nosotros mismos.

Claves para hallar el equilibrio interno 

Lo creamos o no, a lo largo de nuestro ciclo vital siempre va a llegar este momento. Ese instante en que nos digamos a nosotros mismos “deseo calma, quiero encontrar mi equilibrio interior” para estar tranquilos. Es un modo excepcional de favorecer nuestro crecimiento personal y para lograrlo, nada mejor que promover estos cambios.

Lo primero que haremos es aprender a discriminar qué relaciones de las que contamos en este presente, no nos son satisfactorias. Nadie podrá hallar esa ansiada tranquilidad si cuenta con un vínculo dañino entre esos lazos familiares, de amistad o de trabajo. El segundo paso es tomar una decisión esencial: dejar de ser víctimas. En cierto modo, todos lo somos en algún aspecto: víctimas de esos lazos dañinos antes referenciados, víctimas de nuestras inseguridades, de nuestras obsesiones o limitaciones. Hemos de ser capaces de reprogramar actitudes para alimentar el coraje suficiente como para derribar todas estas alambradas.

Una vez conseguidos los dos pasos anteriores, es necesario llegar a un tercer y maravilloso escalón. Debemos tener un propósito, una determinación clara y definida: ser felices. Hemos de cultivar esa felicidad sencilla en la que uno, por fín, se siente bien por como es, por lo que tiene y por lo que ha logrado. Esa complacencia nutrida por las raíces del amor propio nos aportará sin duda un gran equilibrio.

Las personas en cuyo corazón respira el equilibrio y en cuya mente habita la tranquilidad, no ven el amor como una necesidad o como un anhelo desesperado. El amor no es algo que llega para rescatarlas, porque la persona tranquila ya no necesita ser salvada. El amor es un tesoro precioso que uno encuentra y que decide, por propia libertad y voluntad, cuidarlo como la dimensión más hermosa del ser humano.

Valeria Sabater
Psicóloga y escritora



domingo, septiembre 23, 2018

Es tan simple ser feliz y tan difícil ser simple…


A veces nos conformamos con aquello que no nos hace feliz: por costumbre, por indecisión, por miedo. Se nos olvida, quizá, que ser feliz puede ser muy fácil, lo complicado es saber dilucidar qué es lo importante, lo más nutritivo y mágico para nosotros y entonces luchar por ello.

Tal y como suele decir esa expresión popular:“es tan sencillo ser feliz pero tan difícil ser sencillo…” Pocas frases pueden encerrar una verdad tan evidente. A la mayoría nos han educado en la idea de que debemos conseguir determinadas cosas para definirnos. Estudiamos y obtenemos títulos para tener un trabajo. Tenemos un trabajo para alcanzar un supuesto bienestar y conseguimos una serie de recursos, materiales, bienes y establecemos una serie de relaciones sociales y afectivas que, supuestamente deberían colmarnos de felicidad. Sin embargo, esta fórmula no siempre es correcta, los factores no armonizan con el producto.

¿Es quizá la felicidad un fraude? En absoluto. El engaño auténtico es el modo en que nos han hecho creer que podemos alcanzarla. Porque quien se empeñe en buscar ese estado de gracia fracasará una y otra vez.  La búsqueda de la felicidad nunca termina bien por una razón muy sencilla: es un estado del ser. No se busca, se crea, no se encuentra, se trabaja. Y aún más, hay algo que no podemos descuidar: no ha todo el mundo le sirven las mismas estrategias. Cada uno de nosotros debemos llevar a cabo esa labor a nuestra manera.

Ser feliz sería, siguiendo la concepción budista, estar despierto, descubrir los venenos de nuestra mente, los condicionamientos y también los recursos, las posibilidades. Ser feliz significa abrazar nuestra vulnerable condición de seres humanos con alegría. Y eso se construye. Puede ocurrir que haya quienes tienen una natural disposición a desarrollarla y otros deban trabajar mucho para sobreponerse a adversidades (biológicas, ambientales o personales) y conquistarla.

Crea tu propia receta para ser feliz

Los libros sobre cómo aprender a ser felices siempre son interesantes y recomendables. Nos ofrecen nuevas perspectivas, nos hacen darnos cuenta de cosas que tal vez, no percibíamos, nos invitan a reflexionar y a hacer sin duda algún que otro cambio. No obstante, debemos tener claro que no son manuales de instrucciones ni biblias, que no a todo el mundo le funcionan sencillamente, porque en ocasiones, vivimos realidades muy distintas.

Ser feliz es simple, pero requiere mucho trabajo. No llega de golpe, sino que se trabaja en ella, se da forma con paciencia, se construye. Lo bueno es que se puede comenzar en cualquier momento, la felicidad se construye a nuestra medida, debe calzar nuestra talla y armonizar con nuestras realidades particulares.  Algo así requiere esfuerzos voluntad y entender que ser feliz puede ser muy fácil, no hay duda, pero lo complicado es tener claras nuestras prioridades, las cuales, pueden ser completamente opuestas a las de los demás… Y algo así requiere valentía.

A veces, para ser feliz hay que dejarlo todo y reiniciarse, empezar de cero. Otras veces, requiere tener que hacer un laborioso trabajo interior, ahí donde sanar heridas, resolver frustraciones y hallar nuevas motivaciones. Seamos capaces de hacer fácil lo difícil, pero también de crear nuestra propia receta para ser feliz.

Valeria Sabater
Psicóloga y escritora.


sábado, septiembre 15, 2018

Pensamiento divergente


El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento de generar ideas creativas mediante la exploración de muchas posibles soluciones. El pensamiento lógico no sirve en lo absoluto ni existe esa palabra. Por contraste, el pensamiento divergente típicamente ocurre de forma espontánea, de modo fluido, tal que muchas ideas son generadas en una pequeña cantidad de tiempo y estas conexiones inesperadas son dibujadas en nuestra mente

El pensamiento divergente o lateral es capaz de generar múltiples e ingeniosas soluciones a un mismo problema. Es un enfoque mental espontáneo, fluido y no linea, es también un tipo de pensamiento muy común en los niños, ahí donde la alegría, la imaginación y la frescura ofrecen más libertad a sus razonamientos. .

El pensamiento divergente y sus procesos psicológicos

Sería bueno aclarar una idea. Ningún tipo de pensamiento es mejor que otro. El pensamiento convergente es útil y necesario en numerosas ocasiones. No obstante, el auténtico problema está en que nos han “entrenado” para pensar de un solo modo, dejando a un lado (e incluso anulando por completo) esa espontaneidad, ese ingenio y libertad cautivadora. En muchos cursos orientados a entrenar a las personas en pensamiento divergente, es común que se planteen a los alumnos cuestiones como las siguientes:
  • ¿Qué tipo de cosas podrías hacer con un ladrillo y un bolígrafo?
  • ¿Qué tipo de usos se te ocurren si te ofrecemos un cepillo de dientes y un palillo?
Somos conscientes de que al principio, puede costarnos un poco obtener si quiera una sola idea. Sin embargo, hay personas capaces de dar múltiples respuestas e ingeniosas ideas porque disponen de un alto potencial en eso que Edward de Bono llamó en su momento “pensamiento lateral”. Para comprender mejor cómo funciona, veamos ahora qué tipo de procesos psicológicos lo forman. Las redes semánticas o la teoría de la conectividad El pensamiento divergente es capaz de hallar relaciones entre ideas, conceptos y procesos que en apariencia carecen de similitud alguna.

Los psicólogos expertos en creatividad nos dicen que las personas disponemos de diferentes redes mentales de asociación:
  • Las personas con redes semánticas “empinadas” se rigen más por la lógica y el pensamiento lineal. 
  •  Por su parte, las personas con redes semánticas “planas” tienen unas redes mentales mucho más conectadas a la vez que laxas. Es decir, a veces relacionan dos cosas entre sí que no tienen sentido, pero poco a poco se van ayudando de otras redes hasta alcanzar una idea ingeniosa e innovadora. 
Hemisferio derecho y hemisferio izquierdo

Todos hemos escuchado hablar de esa teoría en la cual nos dicen que el hemisferio derecho es el creativo y el izquierdo el lógico. Por tanto, y según esto, las personas que hacen uso de un pensamiento divergente o lateral harán uso preferencial del hemisferio derecho. Bien, hemos de ser cuidadosos con este tipo de ideas sobre la lateralización o la dominancia cerebral porque en realidad, tienen grandes matices. 

 No podemos ver al cerebro como a una entidad con áreas delimitadas. De hecho, a la hora de generar una idea, sea ingeniosa, conservadora, lógica o altamente creativa, hacemos uso de la totalidad de este órgano. No obstante, la clave está en cómo conectamos una idea con otra. Las personas más ingeniosas, hacen uso de un pensamiento arborescente, es decir, sus conexiones cerebrales son muy intensas en ambos hemisferios, y no en un solo.

¿Cómo puedo entrenar mi pensamiento divergente?

Todos nosotros, sea cual sea nuestra edad, podemos entrenar nuestro pensamiento divergente. Para ello nos centraremos en 4 objetivos muy claros:
  • Mejorar nuestra fluidez: capacidad para producir gran número de ideas. 
  • Mejorar nuestra flexibilidad: ser capaces de crear ideas variadas basándonos en diversos campos de conocimiento. 
  • La originalidad: capacidad para crear ideas innovadoras. 
  • Mejorar nuestra elaboración: aptitud para mejorar nuestras ideas, para desarrollarlas con más sofisticación. 
 Ejercicios de sinéctica

 “Sinéctica” es un término acuñado por el psicólogo William J. J. Gordon. Significa básicamente ser capaces de hallar uniones y relaciones entre conceptos, objetos e ideas que en apariencia no tienen unión alguna. Este ejercicio requiere de una alta actividad mental, y lo podemos realizar a diario eligiendo nosotros mismos los conceptos. Por ejemplo:
  • ¿Qué puedo hacer con un clip y una cuchara? 
  • ¿Qué relación podrían haber entre el río Limpopo de África con el lago Baikal de Siberia
Técnica Scamper

La técnica Scamper es otra estrategia de desarrollo de ideas creativas elaborada por Bob Eberle. Nos será muy útil para crear algo innovador y para entrenar nuestro pensamiento. Por ejemplo, pongamos por caso que debemos generar una idea para nuestro trabajo. Una vez que tenemos esa “idea”, la pasaremos por esta serie de “filtros”:

 1) Sustituye algún elemento de esa idea por otro (¿Qué podemos cambiar de nuestra manera de divertirnos? ¿Y de nuestra forma de trabajar?).
2) Ahora combínalas todas (¿Qué podemos hacer para que nuestro trabajo sea más divertido?).
3) Adáptalas (¿Qué hacen en otros países para trabajar con menos estrés?).
4) Modifícalas (¿Cómo trabajar y no estresarse?).
5) Dales otros usos (¿Qué hay en mi trabajo que pueda hacerlo más divertido (aunque no haya sido diseñado específicamente para eso)?).
6) Elimina alguna (¿y si entrara un poco más pronto para aprovechar mejor el día?).
7) Reforma (¿Qué pasaría si me atreviera a…?).

El estado de ánimo y el buen descanso

En un estudio realizado por la psicóloga Nina Lieberman y que se recogió en el interesante libro “Playfulness: Its Relationship to Imagination and Creativity”, se nos reveló algo interesante. El pensamiento divergente va de la mano de la alegría, del optimismo y el bienestar interior. El tener buenas relaciones sociales, el disfrutar de un buen descanso y estar libre de presiones, ansiedad y estrés, optimiza el pensamiento divergente. Queda claro que en ocasiones, en nuestros quehaceres de adultos, en nuestro estilo de vida tan cargado de presiones y preocupaciones, descuidamos gran parte de esas dimensiones tan valiosas. 

Por tanto, podríamos concluir también en que este tipo de pensamiento nace también de un tipo de actitud hacia la vida, ahí donde poder ser más libres, alegres, inconformistas, abiertos a la experiencia… Cultivemos esas dinámicas. Vivir bien para pensar mejor puede ser sin duda un buen propósito en el que trabajar cada día…

Valeria Sabater 
Psicóloga y escritora


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