sábado, septiembre 23, 2017

Ser religioso implica no inteferir en la vida de nadie


Mantén la atención con respecto a tu propia persona, no con respecto a otros. Lo que otros hacen no es asunto tuyo. Ésta tendría que ser una de las actitudes básicas: no pensar en lo que el otro está haciendo. Esa es su vida. Si él decide vivir así, eso es asunto suyo. ¿Quién eres tú para tener siquiera una opinión al respecto? Incluso tener una opinión significa que estás listo para interferir, que ya has interferido.

Una persona religiosa es aquella que trata de vivir su vida de la mejor forma, de la forma más completa que le es posible, de la forma más atenta que le es posible; lo intenta. Además, no interfiere  o entromete en la vida de otros, ni siquiera con una opinión.

No desperdicies tu energía observando a los demás; ¡es una pura pérdida de tiempo! , Y además a quienquiera que observes se sentirá ofendido, porque a nadie le gusta que le observen, todo el mundo quiere tener su vida privada. Buenos o malos, estúpidos o sabios, todos quieren tener su vida privada. ¿Y quién eres tú para interferir? . Así que no mires a través de las cerraduras de los demás. Es su vida.

Hay que acabar con este constante deseo de juzgar a los demás. No ayuda a los demás y te hace daño a ti, solamente te hace daño a ti. ¿Por qué tienes que preocuparte? . No tiene nada que ver contigo. Si se quiere quedar en lo de siempre y continuar por la misma ruta, en la misma rutina, es su gusto. Es su vida y tienen todo el derecho a vivirla a su manera...

¿Lo has visto, lo has observado? Si pasas delante de alguien y tienes cierta opinión sobre él, tu cara cambia, tus ojos cambian, tu actitud, tu forma de caminar. Si eres criticón, todo tu ser empieza a irradiar crítica, disgusto. Tú estás interfiriendo. Ser verdaderamente religioso implica no interferir. Otorga libertad a las personas; la libertad es su derecho de nacimiento.

Sucedió una vez que me alojé en casa de uno de mis profesores, de mis maestros. Aunque yo era un estudiante y él mi profesor, había de su parte mucho respeto por mí. Él era un hombre religioso, especial, pero era un bebedor, y cuando estuve en su casa, le dio mucho miedo beber en mi presencia. ¿Qué iba a pensar yo? Yo le observaba, sentía un desasosiego, así que al día siguiente le dije:
-Hay algo en su mente. Si no se relaja me marcharé inmediatamente me iré a un hotel; no me alojaré aquí. Hay algo en su mente. Siento que usted no está relajado; mi presencia está creando algún problema.
-Ya que has planteado el problema –me dijo él-, me gustaría contártelo. Nunca te he dicho que bebo muchísimo, pero siempre bebo en casa y me voy a dormir. Ahora que te alojas aquí no quiero beber en tu presencia, y por eso ha surgido el problema. No puedo pasar sin beber, pero no me puedo imaginar bebiendo delante de ti.
-Me eché a reír. -Qué tontería –le contesté-. ¿Qué tengo yo que ver con ello? ¿No me obligaría a beber?
-No, jamás.
-Entonces, asunto concluido; el problema está resuelto. Usted bebe y yo le haré compañía. Yo no beberé pero puedo tomar otra cosa, Coca Cola o Fanta. Le haré compañía, usted beba. Le puedo llenar el vaso, puedo ayudarle.  Él no lo podía creer, pensó que yo estaba bromeando, pero cuando por la noche llené su vaso, él empezó a llorar.
-Nunca llegué a pensar que tú no tendrías un juicio sobre esto. Además, yo te he estado observando –dijo-, y tú no tienes ninguna opinión sobre mi forma de beber, sobre mi conducta, sobre lo que estoy haciendo.
-Tener un juicio sobre usted es simplemente una tontería –contesté-. No es algo muy significativo que no tenga un juicio sobre usted. En primer lugar, ¿por qué tendría que tenerlo? ¿Quién soy yo para tenerlo? Su vida le pertenece. Si quiere beber, beba.

Tener un juicio sobre otra persona significa que, profundamente, de alguna manera, quiero manipularla. Tener un juicio sobre otro significa que, de una manera u otra, tengo un deseo profundo de tener poder sobre la gente. Eso es lo que define a un político. Una persona religiosa no tendría que interferri en la vida de nadie".

Hay una gran diferencia, y extraordinariamente significativa, en­tre intentar cambiar al otro y ayudarle. Cuando ayudas a alguien le ayudas a ser él mismo; cuando intentas cambiar a alguien, in­tentas cambiarlo de acuerdo con tus ideas. No te interesa la per­sona; tú tienes cierta ideología, una idea fija, un ideal, e intentas cambiar a la persona de acuerdo con ese ideal. Lo más importante es el ideal, el ser humano en sí no te importa nada. En realidad, es violento intentar cambiar al otro de acuerdo con algún ideal. Es una agresión, un intento de destruir al otro. No es amor ni es compasión.

La compasión siempre le permite al otro ser él mismo. La compasión no tiene ideología, la compa­sión es una atmósfera. No te da una dirección, solo te proporcio­na energía. Entonces te desarrollas. Entonces tu semilla tiene que brotar según su propia naturaleza. No hay nadie que te im­ponga nada. Cuando digo: «Ayuda a los demás», quiero decir que les ayu­des a ser ellos mismos. Cuando digo que el mundo no es religio­so debido a la existencia de tantos predicadores, quiero decir que hay demasiada gente que intenta cambiar, convertir y transfor-. mar a los demás según su propia ideología.

Sólo debes tener en cuenta una cosa: ser tan consciente como te sea posible, ¡porque eso te permitirá bailar correctamente, en el lugar correcto, con la gente correcta! Tu consciencia no va a dejarte invadir el terreno de nadie.  Olvídate del control, de todos los permisos y de todos los límites. La vida es muy breve, no la estropees controlando, limitando, asumiendo comportamientos y modales, y toda esa infinidad de bobadas.

El verdadero pecado es Interferir en la vida de alguien, en mi opinión, el único pecado que existe, y la única virtud es no interferir. Permite a la gente que sea quien es, y tú debes ser quien eres, esa es tu libertad. Para mí esa es la verdadera religiosidad

Osho
El sendero del Tao


domingo, septiembre 17, 2017

La meditación es comprender la naturaleza de la vida


Para la mayoría de nosotros, la palabra «meditación» tiene muy poco sentido. En Oriente se ha establecido firmemente que la «meditación» envuelve ciertas maneras de pensar, de concentrarse, la repetición de palabras y el acto de seguir sistemas, todo lo cual niega la libertad y la vivacidad de la mente.

La meditación no es una desviación o un entretenimiento; es parte de toda nuestra vida. Es tan fundamentalmente importante y esencial como el amor y la belleza. Si no hay meditación, entonces no sabe uno cómo amar, no sabe lo que es la belleza. Y, haga uno lo que quiera (puede uno indagar, ir de una religión, de un libro, de una actividad a otra, tratando siempre de descubrir lo que es la verdad), nunca descubrirá nada, porque la «búsqueda» de la verdad implica que una mente puede hallarla y que tiene la capacidad de decir «esa es la verdad». Pero, ¿sabe uno lo que es la Verdad? ¿Puede reconocerla? Si la reconoce, ya es algo que pertenece al pasado. De modo que la verdad no puede encontrarse buscándola; ha de venir sin ser invitada, o si uno es afortunado. 

La meditación no es una evasión de la vida, no es proceso nuestro, particular, individual, que nos pertenezca. No hay sendero que conduzca a la verdad. No existe el sendero suyo o el mío. No hay un camino cristiano hacia la verdad, ni un camino hindú tampoco. Un «camino» implica un proceso estático hacia algo que también es estático. Hay un camino desde aquí a ese pueblo próximo. El pueblo está firme allí, arraigado en los edificios, y hay una carretera hasta él. Pero la verdad no es así; es una cosa viva, algo que se mueve, y por eso no puede haber sendero que nos lleve a ella, ni suyo ni mío ni de los otros.

Esto ha de estar muy claro en nuestra mente, en nuestra comprensión, pues el hombre ha inventado tantos caminos, ha dicho que usted tiene que hacer esto o aquello para encontrar algo como los comunistas cuando afirman que el de ellos es el único camino para gobernar a la gente, es decir, tiranía, dictadura, brutalidad, asesinato.

Cuando uno ha despejado el campo, ha despejado la cubierta, puede entonces pasar a descubrir lo que la meditación es. Y no es un monopolio del Oriente. (Una de las cosas más monstruosas es decir que existen los que le enseñarán a uno a meditar; eso es evidentemente... ¡no quiero usar adjetivos!) Procedamos, pues, a descubrir por nosotros mismos no como individuos, sino como seres humanos que somos, viviendo en este mundo, con toda la extraordinaria complejidad de la sociedad moderna - tratemos de descubrir lo que es el amor. No «encontrarle», sino hallarnos en ese estado de perfección, en esa condición de la mente que no está agobiada por los celos, la desdicha, el conflicto, la lástima de sí mismo. Sólo entonces hay una posibilidad de vivir en una dimensión diferente, que es el amor. 

Y así como el amor es de importancia inmensa, también lo es la meditación. ¿Cómo vamos (hago esta pregunta, no por casualidad, sino seriamente), cómo vamos a proceder con este problema? El problema, bastante obvio, de que nuestras mentes están condicionadas, de que nuestras mentes están eternamente charlando, nunca en silencio. Tratamos de imponerle silencio, o ello ocurre de manera casual, por suerte. Para encararse a este problema, para aprender, para ver, se requiere una mente serena que no esté dividida, que no está desgarrada, atormentada. 

Si quiero ver algo con mucha claridad: el árbol o la nube, o el rostro de una persona que está junto al mí, para ver muy claramente sin distorsión alguna, es obvio que la mente no debe estar parloteando. Tiene que estar muy callada, para observar, para ver. Y el ver mismo es acción y aprendizaje. ¿Qué es entonces la meditación? ¿Es posible la meditación (utilizo la palabra con el significado que le da el diccionario, no con el sentido extraordinario que le dan los que creen saber lo que es meditación), es posible considerar, observar, comprender, aprender, ver con mucha claridad, sin ninguna distorsión, oír todo tal como es, sin interpretarlo, sin traducirlo conforme a nuestro propio prejuicio? Cuando usted escucha al pájaro una mañana, ¿es posible escuchar por ejemplo, sin que una palabra surja en su mente, escuchar con atención total, sin decir «¡Qué bella, qué agradable, qué hermosa mañana!» Todo esto significa que la mente ha de estar en silencio, y no puede estar así cuando es afectada por cualquier clase de distorsión. Por eso tenemos que comprender toda forma de conflicto entre el individuo y la sociedad, entre el individuo y el prójimo, entre él mismo y su esposa, sus hijos, su marido, etc. Toda forma de conflicto, a cualquier nivel, es un proceso de deformación. Cuando hay contradicción interna, la cual surge cuando uno quiere expresarse de varias maneras distintas y no puede, emerge entonces un conflicto, una pugna, una pena. Esto trastorna la calidad, la sutileza, la viveza de la mente. 

 La meditación es comprender la naturaleza de la vida, con su actividad dual, su conflicto: es ver su verdadero significado, su verdad, de modo que la mente se vuelva clara sin distorsión alguna, aunque haya estado condicionada durante millares de años, viviendo en conflicto, en lucha, en combate. La mente ve que la distorsión tiene que producirse cuando sigue una ideología, la idea de lo que debería ser en oposición a lo que es. De ahí viene una dualidad, un conflicto, una contradicción, y, por tanto, una mente atormentada, deformada, pervertida. Sólo hay una cosa: aquello que es, lo que es, nada más. Al interesarse uno por completo en lo que es, desecha toda forma de dualidad, y por eso no hay conflicto, no hay tortura mental. La meditación es entonces el estado de la mente que ve en realidad «lo que es», sin interpretarlo, sin traducirlo, sin desear que no existiera, sin aceptarlo. La mente puede ver esto únicamente cuando cesa el «observador». (Por favor, es importante comprender esto). Casi todos nosotros estamos amedrentados: hay miedo, y el que desea librarse del miedo es el observador. Este observador es la entidad que reconoce el temor nuevo y lo traduce en términos de los viejos temores que conoció y acumuló del pasado del cual ha escapado. Así pues, mientras existan el observador y la cosa observada tiene que haber dualidad y, por tanto, conflicto. 

Hay un retorcimiento de la mente, y esa es una de las condiciones más complicadas, algo que tenemos que entender. Mientras exista el «observador», tiene que existir el conflicto de la dualidad. ¿Es posible ir más allá del «observador», siendo éste toda la acumulación del pasado, el yo, el ego, el pensamiento que brota de este pasado acumulado? Bien, la meditación es la comprensión de todo el mecanismo del pensamiento. Espero que, mientras el que habla pone esto en palabras, usted lo estará escuchando y observando con mucha claridad, para ver si es posible eliminar todo conflicto, a fin de que la mente pueda estar totalmente en paz no contenta, pues el contentamiento surge sólo cuando hay descontento, que es además el proceso de la dualidad.

Cuando no hay observador, sino sólo «observar», y, por tanto, no hay conflicto, únicamente entonces puede haber completa paz, de otro modo, hay violencia, agresión, brutalidad, guerras, y todas las demás formas de comportamiento en la vida moderna. Así, pues, la meditación es el medio de comprender el pensamiento y de descubrir por uno mismo si el pensamiento puede terminar. Sólo en este caso, cuando la mente está en silencio, es que puede ver en realidad lo que es, sin ninguna distorsión, hipocresía o concepción ilusoria de sí misma.

Meditar es comprender el comportamiento de la vida, es comprender el dolor y el miedo y trascenderlos. Trascenderlos no es simplemente captar de manera intelectual o racional el significado del proceso del dolor y el temor, sino que es ir realmente más allá de ellos. Ir más allá es observar con verdadera claridad el dolor y el miedo como son. Al verlos con suma claridad, el «observador» tiene que terminar. La meditación implica seguir el camino de la vida, no escapar de ella. Evidentemente, meditar no es experimentar para tener visiones o extrañas experiencias místicas. Como saben, uno puede tomar una droga que dilata la mente, que produce ciertas reacciones químicas y la vuelve altamente sensible. En ese estado sensible usted puede ver las cosas realzadas, pero de acuerdo con sus condicionamientos.

Meditar no es repetir palabras. Ya saben, ha estado de moda últimamente que alguien le dé a uno una palabra, una palabra sánscrita; la está uno repitiendo y con ello espera lograr alguna experiencia extraordinaria lo cual es completamente absurdo. Desde luego, que si usted sigue repitiendo una serie de palabras, se embota la mente y, por tanto, se aquieta; pero eso no es meditación en absoluto. La meditación es la comprensión constante de la forma en que se vive, cada minuto, mientras la mente se mantiene extraordinariamente viva, alerta, sin estar agobiada por ningún miedo, ninguna esperanza, ninguna ideología, ninguna pena.

Uno no puede llegar muy lejos sin poner los cimientos de esta comprensión de la vida diaria, la cotidiana vida de soledad, de tedio, de trabajo agoviante, de excitación, de placeres sexuales, de las urgencias para realizar algo, para autoexpresarse; la vida diaria de conflicto entre el odio y el amor, vida en la cual uno reclama que se le ame; una vida de profunda soledad interna. Si no se comprende todo eso, sin distorsión alguna, sin volverse neurótico; si no se es completa y sumamente sensible y equilibrado; sin esa base usted no puede llegar muy lejos. Y cuando ésta se halla profundamente establecida, entonces la mente es capaz de estar en completo silencio y, por tanto, en completa paz lo cual es muy distinto a estar contento como una vaca. Sólo entonces es posible descubrir si existe algo que esté más allá de lo que la mente puede medir; si existe la realidad,

Dios, algo que el hombre ha buscado durante millones de años, algo que ha buscado mediante sus dioses y templos, sacrificándose a sí mismo, convirtiéndose en un ermitaño y creyendo en todos los absurdos y ficciones por los que ha pasado. Ustedes saben que hasta cierto punto es posible la explicación, la comunicación verbal, pero mas allá de eso no hay comunicación verbal lo cual no implica que haya alguna cosa misteriosa, metafísica ni parapsicológica.

Las palabras sólo existen para fines de comunicación, para comunicar algo que pueda expresarse en palabras o por un gesto. Pero no es posible poner en palabras lo que esta más allá de todo esto. Describirlo no llega a tener sentido alguno. Lo único que puede uno hacer es abrir la puerta, esa puerta que solo se mantiene abierta cuando existe este orden no el orden de la sociedad, que es desorden - el orden que adviene cuando usted ve realmente «lo que es», sin ninguna distorsión producida por el «observador».

Cuando no hay distorsión alguna, entonces hay orden, que en sí mismo lleva su propia disciplina, extraordinaria, sutil. Y lo único que uno puede hacer es dejar abierta esa puerta, venga o no por ella esa realidad. No puede uno invitarla.  Y, si uno es muy afortunado por alguna casualidad extraña, puede que venga y dé su bendición. Usted no puede buscarla. Después de todo, así son la belleza y el amor. No puede usted buscarlos; si los busca, llegan a ser simplemente la continuación del placer, que no es amor.

Hay una dicha que no es placer. Cuando la mente se halla en ese estado de meditación hay dicha inmensa. Entonces el vivir diario, con sus contradicciones, brutalidades y violencias, no tiene aquí lugar. Pero tiene uno que trabajar de manera muy intensa todos los días, para echar los cimientos; eso es lo único que importa, ninguna otra cosa. De ese silencio, que es la naturaleza misma de una mente meditativa, puede venir el amor y la belleza. 

 KRISHNAMURTI
25 de Julio de 1968


sábado, septiembre 09, 2017

¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?


El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende.  En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.

¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?
Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?
De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.  Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?
La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.

¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?
La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?
Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?
La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?
Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.

¡Qué difícil! Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.

¿Cómo prevenir la enfermedad?
Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?
Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un enfermedad mortal y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida.

Cada vez más personas sufren ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?
La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera.  La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro.

El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.

El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?
La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.

Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?
Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

Vivir el Presente.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?
Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?
Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

Usa siempre tu discernimiento,

escucha tu corazón al leer un mensaje.

Solo lee los mensajes que te hagan vibrar.

Si algún mensaje te molestara sólo deséchalo.

Sigue tu verdad interna.


Jorge Carvajal, Médico Cirujano de la Universidad de Andalucia - Eapaña, pionero de la Medicina Bioenergética en Hispanoamérica y creador de la Sintergética. Es el creador de ViaVida, sociedad destinada a la investigación, la asistencia y la docencia, que constituye la plataforma para la expansión mundial de esta nueva forma de ver la medicina.

La sanación Bioenergética, es una terapia integral, la cual tiene como finalidad la de equilibrar el estado físico, mental, emocional de la persona, estableciendo la armonía y sincronización entre el cuerpo , mente y alma.



domingo, septiembre 03, 2017

"No tengas miedo"



La felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. La felicidad es tu esencia, tu estado natural y, por ello, cuando algo se interpone, la oscurece, y sufres por miedo a perderla. Te sientes mal, porque ansías aquello que eres. Es el apego a las cosas que crees que te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir. No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aun a tu madre, porque el apego es miedo, y el miedo es un impedimento para amar.

El amor siempre es un riesgo. En cada ocasión tendremos que asumir ese riesgo y vivir la vida, vivir la pasión de amar. Nuestras experiencias pasadas y nuestras creencias, nos limitan y nos inducen el miedo a amar.

Vivir sin apego significa amar desde la libertad, no desde el miedo. Yo te amo porque lo decido, porque me da la gana, porque para mí es un inmenso placer amarte... y si me correspondes, el gozo es inmenso; pero si no, de todos modos estoy bien

El estar libre del miedo sólo es posible habiendo conocimiento propio. El conocimiento propio es el comienzo de la sabiduría, y ésta es el fin del miedo.

El responsable de tus enfados eres tú, pues aunque el otro haya provocado el conflicto, el apego y no el conflicto es lo que te hace sufrir. Es el miedo a la imagen que el otro haya podido hacer de ti, miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer que es una imagen la que dices amar, y miedo a que la imagen de ti, la que tú sueñas que él tenga de ti, se rompa. Todo miedo es un impedimento para que el amor surja. Y el miedo no es algo innato, sino aprendido.

El miedo es provocado por lo no existente. Tienes miedo porque te sientes amenazado por algo que ha registrado la memoria. Todo hecho que has vivido con angustia, por unas ideas que te metieron, queda registrado dentro de ti, y sale como alarma en cada situación que te lo recuerda.

No es la nueva situación la que te llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que te contaron o que has vivido anteriormente con una angustia que no has sabido resolver. Si despiertas a esto, y puedes observarlo claramente, recordando su origen, el miedo no se volverá a producir, porque eliminarás el recuerdo.

No tengáis miedo Con la religión nos han metido muchos miedos que están ahí y que hay que solucionar. "No tengáis miedo", dice Jesús en el Evangelio. Todo el Evangelio está lleno de estas advertencias: "No temáis..., no os preocupéis..., no os aflijáis..." pero nosotros hemos hecho una religión llena de tabúes y temores, llena de ideas falsas y de falsos ídolos.

Había una madre que no conseguía que su hijo pequeño regresara a casa antes del anochecer, después de jugar. Para asustarlo, le dijo que había unos espíritus que salían al camino tan pronto se ponía el sol. Desde aquel momento, el niño ya no volvió a retrasarse. Pero con el tiempo tenía tanto miedo a la oscuridad y a los espíritus que no había manera de que saliera de noche. Entonces su madre le dio una medalla y lo convenció de que, mientras la llevara consigo, los espíritus no se atreverían a atacarlo. El muchacho salió a la oscuridad bien asido a su medalla. Su madre había conseguido que, además del miedo que tenía a la oscuridad y a los espíritus, se le uniese el miedo a perder la medalla.

La buena religión te enseña a liberarte de los fantasmas, y la mala a fiarte de las medallas. No metamos a Dios en los fantasmas. A Dios sólo se lo puede conocer por la vida, que es su manifestación. Él está en la verdad, y de despertar a la verdad se trata.

Con miedo no tomamos decisiones, no somos creativos y sobre todo, no somos felices.  Casi todos los miedos están proyectados hacia el futuro. Nos preocupa las cosas que pueden pasar. Mejor decidir no pensar en el futuro o en pasado porque realmente solamente existe el ahora. Intenta hacer algo ahora para conseguir tu vida de sueños, no pienses en posibles escenarios de fracaso. Cuando te des cuenta que piensas en el futuro, vuelve a enfocarte en el ahora, en este momento,

 Anthony De Mello


domingo, agosto 27, 2017

Poderes psíquicos y el desarrollo del Alma


Muchas personas cuando leen las vidas de los grandes ocultistas del mundo, se sienten atraídas por los relatos de los extraños poderes que aquellos poseían. Muchos estudiantes entran en la senda del ocultismo para adquirir poderes .psíquicos  La mayor parte de ellos cree que la adquisición de esos poderes es el único objeto de los estudios de ocultismo.

Este punto de vista es un error. Es cierto que las almas altamente desarrolladas han manifestado poderes psíquicos. Es verdad que los poderes psíquicos están latentes en todos los seres humanos y que, eventualmente, cuando haya llegado su tiempo, se manifestarán. Pero no deben buscarse como único fin y su manifestación no debe ser precipitada prematuramente. En los estudios de ocultismo se deben tener motivos más nobles.

Los poderes psíquicos deben ir a la par con la salud física, un control emocional y mental, una voluntad firme, una naturaleza equilibrada y un sentido filosófico de la vida. De lo contrario, la posesión de los poderes psíquicos puede retardar el desarrollo del alma y precipitar a su poseedor hacia los trastornos mentales. La enfermedad psíquica es más difícil de controlar que cualquier otra enfermedad. Por lo regular hay muchos más enfermos de este tipo de lo que el público cree.

Muy superior a esos poderes psíquicos es el desarrollo del alma.

En la etapa presente de la evolución de la raza humana, el desarrollo del alma es más significativo y esencial. El mundo necesita seres humanos superiores, personalidades valerosas de mente amplia, de gran corazón, que se interesen sinceramente por el bienestar de la humanidad, que tengan una comprensión tolerante y cariñosa de las necesidades y limitaciones del hombre y que puedan dedicarse a cualquier tarea que se requiera de ellas.

Necesitamos talento y genio. Necesitamos un tipo de sociedad que aprecie y estimule los dones del alma. Necesitamos gente que verdaderamente goce con sus conocimientos y sean entusiastas en cultivarlos. En este mundo, el total de talentos reprimidos y no cultivados es aterrador.  Por lo general, no interesa cultivar dones que no van a producir dinero. A veces ni siquiera se toma la molestia de averiguar si se tiene algún don, y si se tiene, no se hace el menor esfuerzo por utilizarlo. Cuántas personas hay, por ejemplo, que tienen un buen oído musical o una bonita voz o disposición pictórica, y sin embargo consideran un absurdo el entrenamiento musical o artístico.

Estos dones literarios, artísticos y científicos, forman parte de la evolución del alma y son divinos, tanto como los poderes psíquicos. El cultivo de estos dones aumenta el refinamiento del alma y eleva las propias vibraciones hacia lo bello e inspirador. ¡Qué hermosa sería la vida si transcurriera en las galerías de arte, en las salas de concierto y en las universidades, en vez que en frente de una pantallla, por ejemplo!  Las actividades pasivas deben ser equilibradas por intereses activos. No se debe absorber constantemente; hay que buscar la expresión de la actividad creadora.

Las artes

Es absolutamente esencial para todo estudiante de misticismo, ser aficionado, y hasta estudiante formal, de cuantas artes tenga tiempo de practicar. La vida de amor y de servicio encierra tanto el estímulo de todo lo que es bello como el deber de alimentar al hambriento y vestir al desnudo. Un antiguo místico oriental dijo: “Si tienes solamente dos centavos, gasta uno en un bollo de pan y el otro en un lirio”.

Nuestra civilización occidental es todavía demasiado material, demasiado física, demasiado prosaica, a despecho de las tentativas artísticas que surgen aquí y allá. Es nuestro deber hacer el esfuerzo de levantar ese nivel, por lo menos en lo que nos concierne personalmente y en lo que podamos en nuestra esfera de influencia. En nuestra civilización actual las artes son un lujo. Dependen de la situación económica de la gente.

En un período de depresión son las primeras en sufrir. No es que los trabajos diarios no sean necesarios, ni que su experiencia no sea provechosa, pero ¿por qué obligar a muchos jóvenes bien dotados a entrar en campos ya congestionados? Nosotros no podemos ver la tragedia que nuestra ruda época inflige a millares de almas, porque, por una razón o por otra, nos hemos hecho insensibles en la lucha por la existencia.

El gran medio para contrarrestar esto es abrir nuestros corazones a las necesidades de los demás, sentir con los otros, ayudar a cambiar esas situaciones. Otras civilizaciones han utilizado los dones de sus ciudadanos y no hay razón para que nuestra época sea tan estéril a la visión espiritual.

Los grandes místicos

Los más grandes místicos del mundo han sido hombres de un desarrollo de alma maravilloso. Veamos a Sir Francis Bacon. Fue abogado, juez, poeta, dramaturgo, científico, filósofo, hombre de estado y ocultista. Le dio a la civilización inglesa su sello y su forma.

Veamos una personalidad histórica anterior, la de Leonardo da Vinci, uno de los italianos más grandes del Renacimiento. El enriqueció todos los campos a los cuales prestó atención. Cuando estudió música mejoró el instrumento. En la pintura hizo muchos experimentos de colores y barnices.  En el campo de la física y la química hizo grandes cosas. Estudió óptica, ingeniería hidráulica y anatomía. Como Goethe, todo conocimiento era su oficio. Era creador en todo. Este rico desarrollo era la flor de las semillas plantadas en encarnaciones previas; pero cada uno de nosotros debe empezar algún día.

Es una vergüenza dejar que pasen los años, que pasen las encarnaciones absortos solamente en las necesidades del hombre físico, indiferentes a las necesidades del espíritu, sordos a las llamadas del alma. No nos contentemos con el mínimum; exijamos un maximum de cultura.

Veamos oto gran ocultista moderno Rudolph Steiner. Se dedicó a relacionar el ocultismo con el drama, la poesía, la danza y la literatura. He mencionado solamente tres personalidades de extraordinario interés, a causa de su gran desarrollo, de su riqueza en dones y de sus grandes contribuciones a la cultura y a la civilización. Estos tres grandes hombres fueron además, profundos estudiantes de ciencias ocultas. Madame Blavatsky, para nombrar una más, fue también una gran música, notable escritora, magnifica estudiante de las religiones y filosofías comparadas, y viajera infatigable.

Se puede asegurar que mientras más grande es el ocultista, más rica es su personalidad en diversos campos. Como decía el gran dramaturgo romano, Terencio: “Nada humano me es extraño”. Tal es el lema de esos grandes benefactores de la raza humana. Poseen un carácter en el cual está engranado el altruismo, para el cual la vida de amor y servicio se ha hecho habitual. Inmediatamente acuden a la mente los grandes santos y avatares de los siglos: Zoroastro, Buda, Confucio, Moisés y Jesús. Pensemos también en San Francisco de Asís y en Juana de Arco.

¿Cuáles son las cualidades que forman una personalidad espiritual? Primero que todo un sincero amor a la humanidad; no un interés pasivo que se contenta con expresarse en sentimientos elevados, sino de tipo dinámico que no se asusta de indignarse ante grandes errores, que está siempre dispuesto a tomar la causa del pobre, del caído, del perseguido, del que no tiene hogar y del oprimido.

El verdadero amante de la humanidad no prefiere la paz cuando ésta significa indiferencia a los sufrimientos de la humanidad. El principio fundamental de la filosofía mística es la unión de todas las vidas. El mundo físico es la vestidura del Dios eterno. El que ama la creación del Padre debe respetar todo lo que vive, por humilde e insignificante que sea.  El que estudia el milagro del universo debe llenarse de amor. Como nos dice Leonardo da Vinci: “El conocimiento engendra Amor”. Con el aumento del conocimiento y con amor en nuestros corazones, debemos desear la felicidad de todos.

La mayor parte de nosotros, aunque hemos sido estudiantes por muchos años, estamos muy lejos de manifestar las cualidades de nuestra alma, de nuestro genio latente, cualquiera que sea, y de llegar a la cumbre de una bella espiritualidad. Fijemos nuestra meta en estas dos fases del desarrollo. Esforcémonos en convertirnos en benefactores de la humanidad. Estudiemos las necesidades de los hombres para que podamos aprender a amarlos. O, llenando nuestro corazón de amor, dejémonos conducir por los muchos senderos de servicio tan penosamente necesitados actualmente.

Dejemos que los poderes psíquicos se desarrollen naturalmente. Esperemos el día en que estaremos listos para la guía personal que han tenido hasta los más grandes estudiantes. Que nuestro ideal sea ser libres de toda ignorancia y puntos de vista erróneos; libres de todas esas formas habituales de pensamientos parcializados, negativos, distorsionados y oscuros, libre de todo prejuicio y de todo tipo de condicionamiento mental, logremos vivir en un estado de perfecta libertad, es un estado de Amor-Compasión de conciencia clara y pura, asi ayudaremos al mundo y preparamos el camino para la iniciación y el discipulado.

Thor Kiimalehto
F.R.C.


martes, agosto 22, 2017

La Autoestima, ¿Qué es y Cómo Reforzarla?"


¿Que es la Autoestima?

"Es la distancia entre la visión que tenemos de nuestra persona y la imagen ideal que queremos alcanzar. Si hay mucha diferencia entre una cosa y otra, nuestro equilibrio se resentirá"

De ahí, por ejemplo, que actrices bellas, inteligentes y famosas no se valoren, mientras que mujeres con menos atributos y éxito profesional sepan quererse y consigan ser más felices a lo largo de toda su vida.

Rasgos que caracterizan a una persona con problemas de autoestima:

-Las personas perfeccionistas, con un alto nivel de autocrítica y autoexigencia, se enfrentan a muchos más problemas de autoestima:
-Son Inseguras, desconfían de sus facultades y les cuesta trabajo tomar decisiones, ya que siempre tienen miedo a equivocarse y a enfrentarse al fracaso.
-Tienen una imagen distorsionada de sí mismas, tanto en lo que se refiere a rasgos físicos como en lo relacionado con su carácter y valía personal.
-Necesitan aprobación de forma desesperada, así que dependen en exceso del afecto de los demás, de lo que dicen, etc. Y eso las hace vulnerable.
-Les cuesta manifestar sus sentimientos por miedo a sentirse rechazadas y, si algo funciona mal en una relación de pareja o amistad, enseguida se culpan.
-Experimentan angustia y depresión por no ser capaces de superarse y de gustarles a todos. Su idea de bienestar está ligada a lo que los demás les digan.

¿Cómo Reforzar Tu Autoestima?

-Lo fundamental que debes hacer para reforzar y/o aumentar tu autoestima es "Aprender a Quererte a ti mismo".

A continuación lgunos tips para que lo logres:

-Comienza por aceptarte tal como eres, en lugar de querer ser lo que otros quieren que tu seas.

-Identifica cuales son tus creencias y quien te las inculcó. Esta será la base para tu autoconocimiento, basado en esto podrás realizar la reingeniería de tu vida. Haz un listado de todas tus creencias y desecha aquellas que te frenen.

-Cambia tu punto de referencia sobre los hechos de tu pasado.Muchas veces vivimos atormentándonos con hechos del pasado que nos causaron algún dolor. Cambiando tu punto de referencia, cambiará tu punto de vista. Si eres capaz de cambiar tu punto de vista, no podrás cambiar tu pasado, pero si la interpretación que tienes de él.

-Cultiva tus Fortalezas, en vez de concentrarte en tus debilidades y te sorprenderá el poder que tienes para crear tu realidad.La mejor manera de liberarte de tus defectos es aumentar tus cualidades, ya que los defectos se diluirán en ella.

-Está atento al lenguaje que empleas, siempre utiliza habla en positivo, reafirmando las fortalezas que ya tienes e incorporando a tu personalidad atributos que desees tener.

-Libérate de rencores. El rencor es una carga muy pesada, que te hace infeliz y te impide avanzar, por lo que desde hoy en adelante hazte la firme meta de perdonar y olvidar todas las ofensas que has recibido.

-Aprende a decir SI, cuando quieras decir Si y NO cuando quieras decir NO. Ya que cada vez que dices Si cuando quieres decir No, muere una parte de ti.

-Cultiva el habito de tener confianza en ti mismo, ten confianza en tus propias opiniones, hazlo de una forma positiva y realista, sin creerte lo mejor, pero pudiendo serlo.

-Haz cosas que no se te den bien, pero que te diviertan. Para romper los esquemas de conducta perfeccionista, ayuda realizar tareas en las que no importa el resultado. Dedicarse, por ejemplo, a cantar o dibujar acaba con la ansiedad y la necesidad de hacerlo todo bien.

-Cultiva tu sentido del humor, y no le des importancia a las cosas que no las tienen. No todo el mundo está pendiente de ti y, la mayoría de las veces, aquello que nos parece importante no tiene relevancia para el resto. Reírse de las cosas es muy saludable.

-No te evalúes por una actuación determinada. Es importante saber separar los hechos del valor que tenemos como seres humanos. Cualquiera tiene derecho a equivocarse. Por ejemplo, hacer el ridículo en una fiesta no tiene nada que ver con nuestra valía personal.

-No huyas de las responsabilidades, acéptalas como un reto. Toma decisiones como un ejercicio de entrenamiento y, si algo sale mal, ten el coraje de volver a intentarlo. Nadie esta libre de equivocarse y, si se cierra una puerta, se abrirá otra.

-Prémiate por tus logros, márcate pequeños objetivos y hazte un regalo por haberlos conseguido. Esta técnica te enseñará a valorar tus triunfos y a alegrarte por ellos.

-Ejercita y cuida tu cuerpo, adopta hábitos saludables, practica tu deporte favorito o simplemente realiza una caminata diaria. Parte de la filosofía de tener una mente sana es tener un cuerpo sano.

Cuadernos ManualPractico.com


sábado, agosto 19, 2017

Vencer el Destino con la Fuerza Interior


Muchas veces nos preguntamos si no podríamos hacer como alguno de los grandes hombres de la Historia: realizar alguna cosa que produjese un cambio total y profundo en la naturaleza circundante, en la historia y en la vida. Pero a veces, no percibimos que todos nosotros, estamos dando vueltas en la vida venciendo enemigos constantemente, enemigos que pueden ser la inercia, enemigos que pueden ser el temor, enemigos que son, en general, la adversidad; que todos nosotros enfrentamos cuando aparecemos en el teatro del mundo, cuando llegamos a la vida, entramos así como a través de una pequeña puerta y uno se encuentra con una serie de rostros de personas que le rodean, a algunos los conoce y a otros no, y siente ante el mundo la curiosidad del conocimiento, y sentimos la curiosidad de saber quiénes somos.

¿No nos pasa a todos lo mismo? De golpe nos encontramos en medio de una familia, de un pueblo, de una ciudad, de un país, de un mundo y nos preguntamos ¿qué es esto que nos rodea? Y empezamos a adaptarnos y a cumplir nuestro propio rol allí donde nos encontramos. Hubo un momento en que entramos a este teatro de la vida por una puerta... y salimos del mismo por otra puerta sin saber, muchas veces, ni por qué entramos ni por qué salimos.

Cuando, por ejemplo, nos referimos a la Acro-polis, o sea, a la «Ciudad Alta»; nos referimos a ese fenómeno psicológico de tener en nuestro interior una «Ciudad Alta», una montaña, que sin embargo, por lo general, no nos atrevemos a escalar. No nos atrevemos a descubrirnos a nosotros mismos, a hablar de lo que sentimos, a escribir lo que pensamos o a vivir de la manera que tendríamos que vivir. Y damos vueltas y vueltas alrededor de nuestra montaña, como da vueltas un perro antes de acostarse. Y al fin..., la vida nos acuesta sin haber escalado nuestra montaña interior.

Es preciso que podamos retroceder dentro nuestro, tener noción de nuestra atemporalidad, hacer surgir en nosotros aquello que de grande e importante podamos tener. Todos nosotros podemos hacer surgir lo grande e importante. Un ser humano no es tal porque tenga dos ojos, cabello, brazos y piernas, sino que lo es porque tiene algo más, algo que le diferencia como ser humano: una vida interior.   Esa vida interior yace en cada uno de nosotros y está también en medio de nosotros. 

Esa vida interior no se puede extraer de simples maneras, sino que se la ha de extraer de profundas y fuertes maneras. El hombre tiene el tamaño de aquello que se atreve a hacer.  Lo que tenemos que hacer es tratar de ver qué parte en nosotros es capaz de levantarse, qué parte en nosotros es capaz de coger esas estrellas y traerlas a la Tierra. Yo sé que, a veces, estamos en una noche; bien es cierto que éste es un oscuro momento donde hay materialismo, sé que hay explotación, sé que hay ignorancia, sé que hay lucha, que hay violencia, que hay incomprensión para muchas cosas... Pero también sé que en la noche más oscura, si logramos prender una pequeña hoguera nos servirá para iluminarnos y entibiar nuestro cuerpo, y además, se verá desde muy lejos. Y si logramos hacer muchas hogueras en la Tierra, vamos a reproducir el fenómeno celeste de las estrellas encendidas.

Desde los más antiguos barcos hasta las más modernas aeronaves todavía se guían por las estrellas fijas. Yo creo que las humanidades también se guían por los «Hombres-Antorcha», por aquellos que saben arder.

Dentro de cada uno de nosotros puede surgir esa llama, esa fuerza. Esa fuerza hace cambiar todo el sentido de nuestra vida. Esa fuerza nos hace entender los viejos mitos y los nuevos problemas. Esa fuerza permite dirigirnos a los hombres con maneras simples, con palabras sencillas..., y ser entendidos. Esa fuerza nos permite construir, recrear, unirnos, amar... Es la Fuerza Interior, la única fuerza que vale, la única fuerza real y espiritual. Porque no es una fuerza de contemplación, sino una fuerza erecta como una lanza, una fuerza que es capaz de luchar por lo que cree, de vibrar por todo aquello que siente, como un arpa eólica que puede colgarse entre las ramas de un árbol y el solo viento la hace sonar.

Tenemos que recrear dentro de nosotros la fuerza capaz de poder vencer el destino y los astros. Hoy hablamos de astrología, hoy hablamos del destino, hoy hablamos de presión del medio, etc.; mas, si fuésemos realmente fuertes, si tuviéramos un motor propio, todas esas circunstancias serían aprovechadas y vencidas.

Que cada una de las dificultades y adversidades sean simples peldaños bajo nuestros pies. Lo que importa es lanzarse hacia adelante, tener fe en un Ideal, tener fe en sí mismo, ser nuevos, cada uno de nosotros. ¿Todos tal vez...?

Prof. Jorge A. Livraga
Conferencia - fragmentos


sábado, agosto 12, 2017

El corazón dormido. Cuándo y cómo expresar las emociones


“Mira dentro del corazón y dime: ¿cuánto tiempo llevas ausente?”
 (Miguel Mochales, Maestro Zen)

Se puede estar ausente de muchas maneras: dormidos en vida, arrastrando el corazón vacío como una carga, pensando continuamente en el pasado o en el futuro, inundados de nostalgia o saturados de estrés...  Despertar el corazón es hacerlo presente.

Y presente es presente; así de simple. En latín, prae-esse, “estar delante”; en griego, parousía, “estar al lado de”. Para los primeros cristianos, la “parusía” era “el advenimiento” o la segunda llegada de Cristo; la traducción exacta, sin embargo, sería “el acercamiento” o “estar con” de una manera única, irrepetible y transformadora. Y esto es lo que propongo: una verdadera “parusía” del corazón. Vamos a simplificar desmenuzando lo complejo hasta hacerlo sencillo, obvio y de sentido común.

Hijos de nuestro tiempo andamos cargados de pasado e ignorantes y temerosos del futuro: mucho “coco” y ruido mental, por un lado, y extrema emocionalidad descontrolada, por otro. Demasiados cálculos para las decisiones más nimias por un exceso de información, y pasiones desatadas en los campos de fútbol o en las manifestaciones políticas xenófobas... Una auténtica esquizofrenia individual y colectiva. 

No es de extrañar que el corazón lata a veces a cien, tenga arritmias, se pare repentinamente. A veces suena como un tambor, en ocasiones como una batucada y lo peor es cuando no se lo oye nada y ni siquiera encontramos su latido. “Paro cardiaco”, dicen los médicos al certificar una defunción o paro “cardiorrespiratorio”. Si el corazón no suministra oxígeno al cerebro a través de la sangre, este deja de funcionar. Hace cincuenta años se cambió el criterio de muerte clínica. Ya no es cuando el corazón deja de latir, sino cuando el cerebro deja de emitir señales eléctricas: encefalograma plano. De nuevo, el triunfo del cerebro sobre el corazón. Un corazón aún caliente se puede trasplantar, cuando la “autoridad médica” certifica que el cerebro “ha muerto”. 

Sin embargo, la matemática e investigadora de la conciencia Annie Marquier descubrió hace años algo sorprendente: el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado, con más de 40.000 neuronas y una compleja red de neurotransmisores. Ello implica que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción con independencia del cerebro, porque posee su propia memoria y capacidad de percepción. De hecho, el corazón envía más información al cerebro de la que recibe de él y determina en gran medida nuestra forma de percibir el mundo. Al ser su campo electromagnético 5.000 veces más intenso que el del cerebro, afecta sensiblemente nuestro entorno inmediato.

En este punto es donde entran las emociones; según de qué emoción se trate y de la intensidad con que la sintamos, su campo vibratorio puede hacer que el corazón pase de la armonía al caos en unos segundos. Mientras tanto, las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardíaco, generando un torbellino de pensamientos y todo tipo de nocivos síntomas psicosomáticos. Cuando estos se cronifican, se producen los síndromes que llamamos enfermedades físicas o trastornos mentales. 

Habrá que prestarle otro tipo de atención al corazón y nutrirlo, más allá de controlar la hipertensión, la obesidad y el colesterol; más allá de hacer ejercicio diario y de reducir el sobrepeso y el tabaquismo. No solo de sangre vive el corazón, sino de todos los cariños, caricias y mimos que salen de nuestra voluntad de Ser. No dejemos que nuestro corazón siga viviendo entre corchetes, en “stand by” o, lo que es peor aún, en “off”, pues necesita de diástoles y sístoles existenciales. 

Hemos de dar tiempo al corazón para que pueda reposarse y sonreír. Al final, como dice en su muro de Facebook Karina López, “cuando te duela el corazón, trata de disfrutarlo, pues no hay tantas cosas que lo estrujen; si te duele de verdad, es porque valió la pena; abrázate al dolor ya que, cuando menos te lo esperas, el tiempo te enseña a volar de nuevo”. Así se fortalece el músculo cardíaco y, con él, todo el pecho, sede de los valores personales, la esperanza y la visión de futuro. 

Desde esta nueva perspectiva, las emociones no tienen nada que ver con el sentimentalismo ñoño. Tampoco son siempre las pasiones que nos arrastran hasta perder nuestro propio centro y convertirnos en marionetas de los acontecimientos y de la conducta de los demás. Las emociones son facultades innatas para percibir peligros o amenazas (miedo), pérdidas temporales o definitivas (tristeza), mentiras, injusticias o manipulaciones (rabia), la propia dimensión transformadora al servicio del amor (amor propio), y para crear un espacio de entrega en la seguridad de poder ser uno mismo (amor) o captar y transmitir el fluir de la vida en una actitud de agradecimiento (alegría).

Cuando estamos atentos al cuerpo y no solo a la cabeza, estas seis emociones básicas se manifiestan primero a través de sensaciones corporales localizadas. Si estamos conectados, el mero hecho de darnos cuenta nos lleva a una acción inmediata. Por ello, no existen realmente emociones negativas y emociones positivas. Pero sí emociones desconectadas de su causa y emociones disfuncionales por exceso o por defecto de acción. Emociones que no cumplen la función de detectar acontecimientos y actuar en consecuencia. 

Ejemplos: en presencia de una amenaza real, el miedo nos hace segregar suficiente adrenalina para huir o enfrentarnos a él. Si nos quedamos pensando, como los conejos de la fábula, que discutían si eran ladridos de galgos o de podencos los que se oían en la lejanía, seremos zampados por ellos. O lo que es lo mismo, sufriremos pérdidas. La mayoría de las personas tienen miedo de acontecimientos futuros que pueden o no producirse o de sucesos pasados que tal vez nunca se repitan. Salen del presente y caen en la desconfianza, la resignación o actitudes paranoides. 

Ante pérdidas reales, la rabia no sirve para nada. Lo funcional es hacer el duelo y buscar fríamente soluciones que puedan sustituir o compensar la pérdida. No mostrar la justa cólera ante una injusticia, una manipulación o una mentira acaba formando un nudo de impotencia en el estómago. Sobrepasarse reactivamente tampoco nos deja en paz, además de provocar consecuencias indeseadas. 
En el caso del autoestima o amor propio, quien no aprecia sus propias cualidades y su potencial, siempre estará envidiando las de los demás.

Con una baja autoestima corporal, emocional o mental, será difícil poder amar y recibir amor: crear un espacio de seguridad absoluta para poder desnudar hasta la médula el alma, permitiendo que el otro lo haga. Y sin este verdadero amor, que no tiene nada que ver con la posesión de una pareja o de unos hijos, es difícil fluir en la alegría y agradecer todos los regalos que cada día recibimos de ella. Cuando no nos necesitan, hay que saber apartarse y soltar, pues quien ama no sabe que ama. Es puro amor que desborda. 

Como ha dejado escrito, antes de morir tras un largo y profundo proceso de transformación interior, Antonio Pacheco, que fue terapeuta transpersonal, primer fundador de la Editorial La Llave y director de Hermes, Instituto de Educación Integral y Terapia Integrativa;

“Cuando el miedo se apodera del amor y la razón se adueña de la vida, mi corazón se apaga, se entristece y sangra de dolor” 
(“De la unidad al amor”, Ed. Hermes, Vitoria, enero de 2016). 

 “Ahora sé y tengo la certeza de que el camino del corazón es entrega sin condiciones, sin reglas, sin planes, sin caminos marcados, escuchando sus dictados, que laten al ritmo de la compasión” 
(“De la separación a la unidad. Un guión universal”, Ed. Hermes, Vitoria, octubre de 2015). 

 Alfonso Colodrón 
Terapeuta Transpersonal y Gestalt
www.milterapias.com


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