viernes, octubre 13, 2017

Suplica para escuchar la voz interior- Exaltación mística


¡Habla! Santo Silencio de mi vida, oquedad recóndita de mi espíritu, donde una nota mística pugna por dar el brote de aquella Melodía que presiento...

¡Habla! Dulce Nota, en el santo silencio de mi Silencio Santo, en la santa oquedad de mi callado espíritu. Allá en las profundidades de la Thule lejana que mora en mí, para que yo te escuche y oiga tu voz, tu sonido, tu melodía y sienta el gozo inefable de sentirme infinito...

¡Habla! Santo Espíritu, Divinidad oculta, Mágico Loto que te abres en mitad de tu existencia, para sentir el dulce Shámadi, el divino transporte de aquellos que han vivido en olor de Santidad...

¡Habla! Porque advierto y veo más allá, de no sé qué caminos, como una vida extraña... ¿Es acaso mi misma vida? Tal vez. Pero, ¿qué fui? Sin embargo, sé que es mi vida. Y fui en ella, pequeño o grande, mísero ignorante o genio inmortal, mendigo o potentado... Yo no sé. Sólo observo, tras esa ruta clara, una gran inmensidad, un gran pueblo, un gran río y un algo infinito y eterno. ¡Un algo infinito y eterno donde yo he vivido!... Y quiero recordar y es tan grande, tan máximo el recuerdo, que tiemblo de emoción.

¡Habla! Porque yo soy pecador... Verás. Yo soy pecador, porque hay una causa en mi, genésica, sexual, primitiva, que me impulsa, me arrastra... Se me ofrece la dádiva y como Eva, ante la Manzana Simbólica, claudico. Pero dentro de esta claudicación, en esta claudicación misma, para consumarla, mis ojos lloran lágrimas amargas. No quiero y quiero a la vez. Puede más en esta lucha el Voló animal... Pero he de sahumar mi triste claudicación, mi pobre flaqueza, con todo el sentimentalismo de mi alma. ¿Demonio? Sí. Y mientras lo soy, beso las manos del Ángel que me cobija con sus alas bienhechoras.

¡Habla! Porque yo noto que en mi mente va un algo extraño. Yo no sé definir... Dos alas de luz de Luna, se tienden a la diestra y a la siniestra. Una Estrella pentagonal, surge en el instante y un claro azul inmaculado la rodea. Brilla un momento, se concreta en toda su magnitud y luego se desdibuja... ¿Es mi forma de pensamiento? ¿Es un mensaje que alguien me envía? ¿Es que mi mente tiene esa forma gráfica, matemática, numérica de condensarse? Yo no sé, no sé definir...

¡Habla! Porque los que me ven, los que me escuchan, no sienten como yo y se tornan incomprensivos... No saben cómo es y a cuánto alcanza este sentimentalismo mío, habitual, que abre hondos surcos en mi alma y mi propia alma trata de abrirlos en la de los demás... Pero los demás tienen otra nota vibratoria distinta y no comprenden. Creen que es un síntoma morboso, como el de la Neurastenia, y esperan que cualquier día, yo mismo, ponga a mi vida el trágico epilogo de Werther. No. ¡Pobres de ellos'. Se equivocan. Ignoran que quien así piensa y quien así siente, acepta con santa unción su propio sufrimiento y sabe resistir y afrontar la vida, que es más héroe aquel que la sufre con todas sus amarguras que el que le pone un prematuro epílogo.

¡Habla! Porque mi vida necesita de tu Voz Santa preludiada en el Santo Silencio de mi mismo. Porque yo ansío y preciso, súbito ya como un relámpago, algo en mí que sea Cumbre, que traiga Cima, que sea como un Himalaya gigantesco coronado de nieve...Pero algo, en fin, donde ascender, donde alzarme, donde subir para sentirme inmenso y percibir ese gozo inefable de palparme infinito...Donde mi propia voz hable un idioma trascendente que entiendan todas las edades y donde mis ojos no sepan de los tres enigmas del tiempo. Que Pasado, Presente y Porvenir sean una sola cifra y un solo instante del Todo, para vivir en el instante supremo de ese instante...

¡Habla! Porque mi vida — yo no sé qué es de mi vida — tiene para mí una extraña visión. Se me aparece en símbolo y es un dedo mágico, invisible, quien me señala el emblema. .. Mira, alguien me dice: Tu vida es eso. Y una Rosa magna, esplendente, de cinco pétalos gigantes, se abre ante mí y sus bellos matices —que no son de este mundo— me fascinan, me hielan. Tras de esos cinco pétalos, otros cinco y otros cinco y tantos otros después... y noto que mi cuerpo se adormece, que mi vida se va, que cesa, que se acaba... Me siento morir y resbalo lentamente a lo infinito cuando aún es prematuro el viaje. En mitad de la Rosa, un dibujo en zigzag. ¿Es Kundalini? ¿Es la princesa dormida bajo la caricia del Loto? ¿Es la Sierpe de fuego, la Llama serpentina que ha de surgir en mitad de la Rosa?

¡Habla! Voz diáfana, que escucho en mi silencio. Sé pródiga y no cauta. Es tanto lo que sufrí que ya merezco tu dulce melodía. Háblame con claridad precisa, con clara y precisa claridad, y dame tu Mantram sonoro, tu nota nítida, pura, para que yo pueda despertar en mi alma el Sancta Sanctorum divino que, dentro de mi Arca yace esperando la palabra poderosa que rompa el hermetismo de su prieta cerradura...

¡Habla! Porque....

Rosa Esotérica
Arnoldo Krum Heller

SATYÂT NÂSTI PARO DHARMAH.

"NO HAY RELIGIÓN MÁS ELEVADA QUE LA VERDAD"

Helena Petronila Blavatski. Doctrina Secreta


lunes, octubre 09, 2017

La vida puede tener un cambio positivo


Sin importar de dónde vengamos ni lo humildes que fueran nuestros orígenes, podemos mejorar nuestra vida hasta cambiarla totalmente. 

 Algunas de mis ideas

o Somos responsables en un ciento por ciento de todas nuestras experiencias.
o Todo lo que pensamos va creando nuestro futuro.
o El momento del poder es siempre el presente.
o Todos sufrimos de odio hacia nosotros mismos y de culpa.
o En nuestros peores momentos, pensamos: "Yo no sirvo...".
o No es más que una idea, y una idea se puede cambiar.
o El resentimiento, la crítica y la culpa son las reacciones más dañinas.
o Liberar el resentimiento llega incluso a disolver al cáncer.
o Cuando nos amamos realmente a nosotros mismos, todo nos funciona en la vida.
o Debemos dejar en paz el pasado y perdonar a todos.
o Debemos estar dispuestos a empezar a amarnos.
o Aprobarse y aceptarse a sí mismo en el ahora es la clave para hacer cambios positivos.
o Genealmente nosotros somos los creadores de todo lo que llamamos "enfermedad" en nuestro cuerpo.

Aseguro que la vida cambia siempre. No hay comienzo ni hay final; sólo un reciclar constante de la sustancia y las experiencias. La vida jamás se atasca, ni se inmoviliza ni se amarga, pues cada momento es siempre nuevo y fresco. Soy uno con el mismo Poder que me ha creado, y que me ha dado el poder de crear mis propias circunstancias.  Me regocija el conocimiento de que tengo poder para usar mi mente tal como yo decida. Cada momento de la vida es un comienzo nuevo que nosaparta de lo viejo y este momento es un nuevo comienzo para mí, aquí y ahora  

Lo que creo 

"Los portales que llevan a la sabiduría y al conocimiento están siempre abiertos." 

La vida es realmente muy simple: Recibimos lo que hemos dado. Lo que pensamos de nosotros mismos llega a ser verdad para nosotros. Creo que todos, y me incluyo, somos responsables en un ciento por ciento de todo lo que nos sucede en la vida, lo mejor y lo peor. Cada cosa que pensamos está creando nuestro futuro. Cada uno de nosotros crea sus experiencias con lo que piensa y lo que siente. Las cosas que pensamos y las palabras que decimos crean nuestras experiencias.

Nosotros creamos las situaciones, y después renunciamos a nuestro poder, culpando a otra persona de nuestra frustración.  Nadie, ni ningún lugar ni cosa, tiene poder alguno sobre nosotros, porque en nuestra mente los únicos que pensamos somos "nosotros", los que creamos nuestras experiencias, nuestra realidad y todo lo que hay en ella. Cuando creamos paz, armonía y equilibrio en nuestra mente, los encontramos en nuestra vida. 

¿En cuál de estos dos enunciados se reconoce usted? "Todos están contra mí." "La gente es siempre amable." Cada una de estas creencias creará experiencias muy diferentes. Lo que creemos de nosotros mismos y de la vida llega a ser nuestra verdad. El Universo nos apoya totalmente en todo lo que decidimos pensar y creer. Dicho de otra manera, nuestra mente subconsciente acepta cualquier cosa que decidamos creer. Ambas expresiones significan que lo que creo respecto a mí mismo y a la vida llega a ser verdad para mí. 

Lo que usted decide pensar de usted mismo y de la vida llega a ser verdad para usted. Y ambos tenemos opciones ilimitadas respecto de lo que podemos pensar. Cuando lo sabemos, lo sensato es optar por "La gente es siempre amable", y no por "Todos están contra mí". El poder universal jamás nos juzga ni nos critica. Se limita a aceptarnos por lo que valemos, y a reflejar nuestras creencias en nuestra vida. 

Si quiero creer que la vida es solitaria y que nadie me ama, entonces eso será lo que encuentre en mi mundo. Sin embargo, si estoy dispuesta a renunciar a esa creencia y a decirme que el amor está en todas partes, y que soy capaz de amar y digna de amor, y me adhiero a esa nueva afirmación y la repito frecuentemente, ésa llegará a ser mi verdad. En mi vida aparecerán personas capaces de amar, las que ya forman parte de ella me demostrarán más amor, y yo descubriré lo fácil que me resulta expresar mi amor a los demás. 

La mayoría de nosotros tenemos ideas absurdas de quiénes somos, y muchas, muchas reglas rígidas sobre cómo se ha de vivir la vida. No digo esto para condenarnos, ya que todos nosotros estamos haciendo lo mejor que podemos hacer en este momento. Si supiéramos más, si tuviéramos más entendimiento y fuéramos más conscientes, haríamos las cosas de otra manera. Les ruego que no se menosprecien por estar donde están. El hecho mismo de  que hayan encontrado esta lectura y me hayan descubierto significa que están preparados para introducir en su vida un cambio positivo. 

 Cuando somos muy pequeños aprendemos a sentirnos con nosotros mismos y con la vida según las reacciones de los adultos que nos rodean. Es así como aprendemos lo que ahora pensamos de nosotros y de nuestro mundo. Es decir, que si ha vivido usted con personas muy desdichadas y asustadas, culpables o coléricas, habrá aprendido muchas cosas negativas sobre usted y sobre su mundo. —Nunca hago nada bien... es por mi culpa... si me enfado soy una mala persona... Esta clase de creencias generan una vida de frustración. Cuando crecemos, tenemos tendencia a recrear el ambiente emocional de nuestro hogar de la infancia. Es algo que no está ni bien ni mal; simplemente, se trata de lo que por dentro sabemos que es un "hogar". 

También tendemos a recrear la relación que tuvimos con nuestra madre o con nuestro padre, o la que ellos tenían entre sí. Piense con cuánta frecuencia ha tenido una amante o un jefe que era "el retrato" de su madre o de su padre. Nos tratamos a nosotros mismos tal como nos trataban nuestros padres. Nos regañamos y nos castigamos de la misma manera. Si escucha, casi podrá oír las palabras. Además nos amamos y nos animamos de la misma forma, si cuando éramos pequeños nos amaban y nos animaban. —Tú nunca haces nada bien, es por culpa tuya... ¿Cuántas veces se lo ha dicho usted a sí misma? —Eres maravillosa, te amo... ¿Cuántas veces se dice usted estas palabras? 

Sin embargo, yo no echaría la culpa a nuestros padres. Somos todos víctimas de víctimas, y ellos no podían de ninguna manera enseñarnos algo que no sabían. Si su madre no sabía amarse a sí misma, ni su padre tampoco, era imposible que le enseñaran a usted a amarse a sí mismo; estaban haciendo todo lo que podían con lo que les habían enseñado de pequeños. Si quiere usted entender mejor a sus padres, hágales hablar de su propia niñez; y si los escucha con compasión, aprenderá de dónde provienen sus miedos y sus rigideces. 

Hemos venido aquí para aprender una lección determinada que nos hará avanzar por el sendero de nuestra evolución espiritual. La pauta que traemos a esta vida es para trabajar con ella. Después, cuando hemos crecido, es común que les apuntemos con un dedo acusador, clamando: "Mira lo que me hiciste". Pero en realidad, fueron escogidos porque eran perfectos para el trabajo de superación que queríamos hacer.

De muy pequeños aprendemos nuestros sistemas de creencias, y después vamos por la vida creándonos experiencias que armonicen con nuestras creencias. Evoque su propia vida y fíjese con cuánta frecuencia ha pasado por la misma experiencia. Pues bien, yo creo que usted se la creó una y otra vez porque reflejaba alguna creencia que tenía sobre sí mismo. 

En realidad, no importa durante cuánto tiempo hemos tenido un problema, ni lo grande que sea, ni hasta qué punto pone en peligro nuestra vida. El momento del poder es siempre el presente.  Todos los acontecimientos que hasta el momento le han sucedido en su vida han sido creados por los pensamientos y las creencias que tenía en el pasado. Fueron creados por las cosas que pensó y las palabras que dijo ayer, la semana pasada, el mes pasado, el año anterior, hace diez, veinte, treinta, cuarenta o más años, según la edad que tenga. Sin embargo, eso es su pasado; está hecho y acabado.

Lo que importa en este momento es lo que usted decida pensar y decir ahora mismo, porque esas ideas y esas palabras han de crear su futuro. Su momento de poder es este presente en que usted está formando las experiencias de mañana, de la próxima semana, del próximo mes o del año que viene.

Tal vez tenga conciencia de lo que está pensando en este momento. ¿Es un pensamiento positivo o negativo? ¿Quiere que ese pensamiento esté determinando su futuro? Pregúnteselo, Lo único con que tenemos que vérnoslas es siempre una idea, y una idea se puede cambiar. Sea cual fuere el problema, nuestras experiencias no son más que efectos externos de nuestros pensamientos. Incluso el odio hacia sí mismo no es más que odiar la idea que uno tiene de sí mismo. Una idea que le dice: "Soy una mala persona". Esa idea genera un sentimiento, y uno acepta el sentimiento. Sin embargo, si no tenemos la idea, no tendremos tampoco el sentimiento. Y las ideas se pueden cambiar. 

Cambie de idea, y el sentimiento se irá. Una vez descubierto el origen de muchas de nuestras creencias, no debemos tomar esta información como excusa para inmovilizarnos en nuestro dolor. Tampoco importa durante cuánto tiempo hayamos seguido una pauta negativa. El momento de poder es el presente. ¡Qué maravilla es comprenderlo así! ¡Podemos empezar a ser libres en este mismo momento!

Aprobarse y aceptarse a sí mismo en el ahora es el primer paso hacia un cambio positivo en todos los ámbitos de la vida. El amor a nosotros mismos, tal como yo lo veo, comienza por no criticarnos jamás. La crítica nos inmoviliza en la pauta misma que estamos intentando cambiar; entendernos comprendernos y ser amables con nosotros mismos nos ayuda a salir de ella. Recuerde los años que se ha pasado criticándose sin resultado alguno.  Haga la experiencia: apruébese, y vea qué es lo que sucede.

Repita la afirmación.

"Los portales que llevan a la sabiduría y al conocimiento están siempre abiertos."

Louise Hay
Usted puede sanar su vida 
Capítulo 1

sábado, octubre 07, 2017

¿Podemos creer en presagios y que el futuro ya está escrito?


Probablemente, la adivinación sea una de las artes más admiradas del esoterismo, quizá, por su capacidad para conocer de antemano los hechos que habrán de suceder, dado que sus visiones nos permiten poder cambiar el destino. Desde el punto de vista del Ocultismo, la adivinación es posible, gracias a la correspondencia entre el plano celestial y el plano terrenal. El adivino, profeta o mensajero sería, en este sentido, alguien capaz de actuar como nexo entre uno y otro mundo, entre una y otra realidad.

Derivado del latín praesagium, esta palabra se refiere al conocimiento de las cosas futuras mediante señales o fenómenos visibles, o invisibles para las personas normales, pero siempre perceptibles y significativas para el que haya desarrollado el don de la profecía. Esta dádiva divina, o simplemente parapsicológica, acompaña la Historia de la Humanidad desde siempre.

El hombre, temeroso de los infortunios y sediento de felicidad, ha recurrido a los adivinos, los magos, los astrólogos, los "mediums", para desvelar en algo su futuro individual y colectivo. Aún en los finales del siglo XX, y a pesar del general escepticismo, los presagios y profecías siguen teniendo un enorme peso psicológico.

El enigmático sabio francés al que conocemos como "Nostradamus" vivió entre los años 1503 y 1566. Su Centurie Astrologiche y otros escritos, algunos de los cuales hoy se consideran apócrifos, proyectan un conjunto de acontecimientos futuros a través de unos 550 años después de su muerte. Es tan oscura su versión, que los diferentes estudiosos no se han puesto de acuerdo prácticamente sobre nada de lo que dice; y así, unos lo tienen por un verdadero vidente que señala hechos inexorables, y otros, por un alucinado que hace juegos de palabras que, según se miren, pueden relacionarse con una persona u otra, de diferentes épocas. Pero, por lo general, si tomamos sus palabras literalmente y no las oscurecemos aún más con nuestros comentarios, se advierten una serie de descripciones verdaderamente proféticas, aunque de manera puntual y escasa.

Toda la historia de la Iglesia de Roma, y otras formas del Cristianismo, están llenas de citas de presagios, y que no pocos papas - como Silvestre II y Gregorio VII - dedicaron sus horas con admirable tesón a las Llamadas Ciencias Ocultas. Una sutil diferencia entre las "profeciu", que vendrían de Dios, y los "presagios", que serían inspirados por el diablo, los salvó a ellos y a otros muchos sacerdotes de las hogueras de la Inquisición.

La misma Biblia clasifica nueve formas de adivinación:

1) Meonen, como la nombra Moisés: es la astrología judiciaria o apotelesmática; ésta se practicaba por la inspección y observación de todos los astros y fenómenos de las nubes.
2) Menaschech, es decir, la augural, según la Vulgata y casi todos los intérpretes.
3) Mescasheph, esto es, los maleficios con prácticas o ceremonias ocultas y perniciosas, como indican la Vulgata y los Setenta.
4) Ithoberon, o lo que es lo mismo: los encantadores.
5) Los Oráculos, porque interrogaban a los espíritus Pythones.
6) Indeoni, el sortilegio y la magia.
7) Necromancia, o la evocación e interrogación que se hacía a los difuntos.
8) Rhabdomancia, por las varillas, de la cual habla Oseas, profeta menor.
9) Hepatoscopia, por la inspección o examen del hígado.

El fenómeno de una creencia muy extendida sobre estos asuntos se ha dado en las más altas culturas, desde la egipcia a la china y desde los etruscos a los mayas. Todos creían tener la posibilidad de conocer el futuro, y era tan firme esta creencia que, durante todo el Imperio Romano, más allá de su fragmentación en el Imperio de Occidente y el de Oriente, y aún en el Imperio Bizantino, estaba prohibido bajo pena de muerte hacer adivinaciones sobre el futuro de los emperadores.

Herodoto, el llamado "Padre de la Historia", narra infinidad de casos, como el de aquel rey de Oriente que, habiéndole predicho los adivinos que moriría a causa de una carreta, prohibió que en su territorio circulase ninguna; murió en una revuelta de palacio, clavado en su trono por una espada... que llevaba en su empuñadura la figura de una carreta. Estos y otros muchos ejemplos nos llevan a la reflexión que encabeza este artículo: ¿podemos creer en los presagios? ¿Es que el futuro ya está escrito y es inexorable? Y si así fuese, ¿qué verdad habría en el libre albedrío y en la libertad del hombre?

Trataremos de contestar estas preguntas desde el punto de vista filosófico.

Tanto las más antiguas enseñanzas como los actuales descubrimientos y teorías sobre la constitución del Universo nos señalan la existencia de una fuerza metafísica -equiparable a nuestro concepto de voluntad - que rige de manera inteligente todos los fenómenos y les da unas determinadas características a través de las leyes naturales, de manera que se hace evidente una finalidad que rebasa las propias estructuras mecánicas del Cosmos. Existe un camino para todas las cosas y un orden o disciplina preestablecida, pensada, que excluye toda posibilidad de casualidad y la reemplaza por la causalidad o relación armónica entre las causas y los efectos, que a su vez son causas de otros efectos posteriores.

Los grandes avances técnicos de nuestra civilización no se lograron contrariando estas leyes naturales, sino obedeciéndolas y utilizando los elementos según sus características naturales. Es bueno que dejemos esto bien claro. Un avión no levanta a cientos de personas a miles de metros de altura en contra de las leyes físicas de la Naturaleza, sino obedeciéndolas dócilmente y combinándolas entre sí de una manera predeterminada. Los inventores no "inventan" nada; simplemente descubren y aprovechan lo que antes era desconocido, pero no inexistente. Lo único nuevo puede ser la combinación de elementos que ya pre-existían en la Naturaleza de manera inteligente, a los que se les da una finalidad que llamamos "invento".

La energía existía en el átomo desde el principio de los tiempos; los hombres, con sus investigaciones, aprendieron a liberarla -cosa que, por otra parte, ya se daba en la Naturaleza, sólo que con ritmos distintos, semejantes o iguales, en algún lugar y tiempo de la manifestación universal-. Es el entender y aplicar esta relación espacio-tiempo lo que permite al hombre la posibilidad de dirigir, según la propia senda natural, los fenómenos.

Estas observaciones nos ofrecen una doble posibilidad: la de un ordenamiento cósmico, y la capacidad humana de descubrir las leyes que lo rigen, sirviéndose de ellas en virtud de una voluntad propia que, ultérrimamente, es un aspecto de la voluntad cósmica; pues nada sale de la nada.  El concepto de creación ha sido otra vez concienciado como una revelación.

La constatación de un Universo armónico y en marcha nos da la percepción de un plan universal que tiene, por fuerza, que abarcar todo plan particular.   De esto podríamos deducir lo que los filósofos hindúes llamaron, hace miles de años, Sadhana, el sentido de la vida; y un Dharma, que es la ley que la rige; y el Karma, el conjunto de acciones y reacciones que en su seno se producen.

¿Cómo podríamos, entonces, mover un solo hilo de nuestro destino? Concibiendo lo que Platón llamaba obediencia a la naturaleza de las leyes universales, descubrimos que en esa obediencia también está implícita cierta libertad que ejercitaría en el hombre su capacidad de discernimiento y búsqueda de la verdad. La contradicción aparente entre obediencia y libertad, desde el punto de vista lógico, es una falacia; es decir: algo que tiene aspecto de realidad pero que no es real. El error se debe a que tendemos a trabajar con valores absolutos que no son sino relatividades, por firmes que parezcan en determinado momento.

Todos nuestros conceptos de grande y pequeño, nuevo y viejo, cercano y lejano, son meras ilusiones nacidas de nuestro egocentrismo, ya que damos valor a las cosas según nuestro tamaño físico, la duración de nuestra vida o el lugar en el que estamos. Y puesto que es evidente un camino en la marcha de todos los acontecimientos - cosa que legitimaría los presagios-, no podemos descartar que el hombre sabio, con sus previsiones, pueda, sin contrariar el flujo de la vida, sino navegando hábilmente en él, dar ciertas bordadas que, a menos que alguna fuerza superior desconocida o imprevista las altere, lo conducirán a una u otra orilla del río.

Lo que convierte en inexorables a los verdaderos presagios es nuestra propia falta de conocimiento, el programa inmovilista que nos hacemos de nuestra propia vida y, lo que es más importante, nuestra incapacidad de reacción ante los imprevistos.

Así, nos es imposible variar las cosas que ya están planeadas por el destino y determinadas por nuestro karma individual; pero sí podemos encarar las nuevas circunstancias con mayor o menor habilidad, en la búsqueda de una felicidad básica que nos corresponde a todos.

Sí... podemos creer en los presagios, pero también tenemos que creer en nosotros mismos y en la Gracia del Creador, que sabe, mejor que nadie, qué es lo que realmente conviene a nuestra alma y al destino del mundo.  Desechemos el miedo. Como diría el emperador-filósofo Marco Aurelio:

¿Qué le puede pasar al hombre que no sea propio del hombre?

Jorge Angel Livraga


sábado, septiembre 30, 2017

¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor?


El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora.

El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama.

Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor. pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme.

El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad. Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego. Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.

¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?

Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa o el principe de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres.  Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer.

El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti. La clave entonces es amarse a sí mismo. Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.

Osho


sábado, septiembre 23, 2017

Ser religioso implica no inteferir en la vida de nadie


Mantén la atención con respecto a tu propia persona, no con respecto a otros. Lo que otros hacen no es asunto tuyo. Ésta tendría que ser una de las actitudes básicas: no pensar en lo que el otro está haciendo. Esa es su vida. Si él decide vivir así, eso es asunto suyo. ¿Quién eres tú para tener siquiera una opinión al respecto? Incluso tener una opinión significa que estás listo para interferir, que ya has interferido.

Una persona religiosa es aquella que trata de vivir su vida de la mejor forma, de la forma más completa que le es posible, de la forma más atenta que le es posible; lo intenta. Además, no interfiere  o entromete en la vida de otros, ni siquiera con una opinión.

No desperdicies tu energía observando a los demás; ¡es una pura pérdida de tiempo! , Y además a quienquiera que observes se sentirá ofendido, porque a nadie le gusta que le observen, todo el mundo quiere tener su vida privada. Buenos o malos, estúpidos o sabios, todos quieren tener su vida privada. ¿Y quién eres tú para interferir? . Así que no mires a través de las cerraduras de los demás. Es su vida.

Hay que acabar con este constante deseo de juzgar a los demás. No ayuda a los demás y te hace daño a ti, solamente te hace daño a ti. ¿Por qué tienes que preocuparte? . No tiene nada que ver contigo. Si se quiere quedar en lo de siempre y continuar por la misma ruta, en la misma rutina, es su gusto. Es su vida y tienen todo el derecho a vivirla a su manera...

¿Lo has visto, lo has observado? Si pasas delante de alguien y tienes cierta opinión sobre él, tu cara cambia, tus ojos cambian, tu actitud, tu forma de caminar. Si eres criticón, todo tu ser empieza a irradiar crítica, disgusto. Tú estás interfiriendo. Ser verdaderamente religioso implica no interferir. Otorga libertad a las personas; la libertad es su derecho de nacimiento.

Sucedió una vez que me alojé en casa de uno de mis profesores, de mis maestros. Aunque yo era un estudiante y él mi profesor, había de su parte mucho respeto por mí. Él era un hombre religioso, especial, pero era un bebedor, y cuando estuve en su casa, le dio mucho miedo beber en mi presencia. ¿Qué iba a pensar yo? Yo le observaba, sentía un desasosiego, así que al día siguiente le dije:
-Hay algo en su mente. Si no se relaja me marcharé inmediatamente me iré a un hotel; no me alojaré aquí. Hay algo en su mente. Siento que usted no está relajado; mi presencia está creando algún problema.
-Ya que has planteado el problema –me dijo él-, me gustaría contártelo. Nunca te he dicho que bebo muchísimo, pero siempre bebo en casa y me voy a dormir. Ahora que te alojas aquí no quiero beber en tu presencia, y por eso ha surgido el problema. No puedo pasar sin beber, pero no me puedo imaginar bebiendo delante de ti.
-Me eché a reír. -Qué tontería –le contesté-. ¿Qué tengo yo que ver con ello? ¿No me obligaría a beber?
-No, jamás.
-Entonces, asunto concluido; el problema está resuelto. Usted bebe y yo le haré compañía. Yo no beberé pero puedo tomar otra cosa, Coca Cola o Fanta. Le haré compañía, usted beba. Le puedo llenar el vaso, puedo ayudarle.  Él no lo podía creer, pensó que yo estaba bromeando, pero cuando por la noche llené su vaso, él empezó a llorar.
-Nunca llegué a pensar que tú no tendrías un juicio sobre esto. Además, yo te he estado observando –dijo-, y tú no tienes ninguna opinión sobre mi forma de beber, sobre mi conducta, sobre lo que estoy haciendo.
-Tener un juicio sobre usted es simplemente una tontería –contesté-. No es algo muy significativo que no tenga un juicio sobre usted. En primer lugar, ¿por qué tendría que tenerlo? ¿Quién soy yo para tenerlo? Su vida le pertenece. Si quiere beber, beba.

Tener un juicio sobre otra persona significa que, profundamente, de alguna manera, quiero manipularla. Tener un juicio sobre otro significa que, de una manera u otra, tengo un deseo profundo de tener poder sobre la gente. Eso es lo que define a un político. Una persona religiosa no tendría que interferri en la vida de nadie".

Hay una gran diferencia, y extraordinariamente significativa, en­tre intentar cambiar al otro y ayudarle. Cuando ayudas a alguien le ayudas a ser él mismo; cuando intentas cambiar a alguien, in­tentas cambiarlo de acuerdo con tus ideas. No te interesa la per­sona; tú tienes cierta ideología, una idea fija, un ideal, e intentas cambiar a la persona de acuerdo con ese ideal. Lo más importante es el ideal, el ser humano en sí no te importa nada. En realidad, es violento intentar cambiar al otro de acuerdo con algún ideal. Es una agresión, un intento de destruir al otro. No es amor ni es compasión.

La compasión siempre le permite al otro ser él mismo. La compasión no tiene ideología, la compa­sión es una atmósfera. No te da una dirección, solo te proporcio­na energía. Entonces te desarrollas. Entonces tu semilla tiene que brotar según su propia naturaleza. No hay nadie que te im­ponga nada. Cuando digo: «Ayuda a los demás», quiero decir que les ayu­des a ser ellos mismos. Cuando digo que el mundo no es religio­so debido a la existencia de tantos predicadores, quiero decir que hay demasiada gente que intenta cambiar, convertir y transfor-. mar a los demás según su propia ideología.

Sólo debes tener en cuenta una cosa: ser tan consciente como te sea posible, ¡porque eso te permitirá bailar correctamente, en el lugar correcto, con la gente correcta! Tu consciencia no va a dejarte invadir el terreno de nadie.  Olvídate del control, de todos los permisos y de todos los límites. La vida es muy breve, no la estropees controlando, limitando, asumiendo comportamientos y modales, y toda esa infinidad de bobadas.

El verdadero pecado es Interferir en la vida de alguien, en mi opinión, el único pecado que existe, y la única virtud es no interferir. Permite a la gente que sea quien es, y tú debes ser quien eres, esa es tu libertad. Para mí esa es la verdadera religiosidad

Osho
El sendero del Tao


domingo, septiembre 17, 2017

La meditación es comprender la naturaleza de la vida


Para la mayoría de nosotros, la palabra «meditación» tiene muy poco sentido. En Oriente se ha establecido firmemente que la «meditación» envuelve ciertas maneras de pensar, de concentrarse, la repetición de palabras y el acto de seguir sistemas, todo lo cual niega la libertad y la vivacidad de la mente.

La meditación no es una desviación o un entretenimiento; es parte de toda nuestra vida. Es tan fundamentalmente importante y esencial como el amor y la belleza. Si no hay meditación, entonces no sabe uno cómo amar, no sabe lo que es la belleza. Y, haga uno lo que quiera (puede uno indagar, ir de una religión, de un libro, de una actividad a otra, tratando siempre de descubrir lo que es la verdad), nunca descubrirá nada, porque la «búsqueda» de la verdad implica que una mente puede hallarla y que tiene la capacidad de decir «esa es la verdad». Pero, ¿sabe uno lo que es la Verdad? ¿Puede reconocerla? Si la reconoce, ya es algo que pertenece al pasado. De modo que la verdad no puede encontrarse buscándola; ha de venir sin ser invitada, o si uno es afortunado. 

La meditación no es una evasión de la vida, no es proceso nuestro, particular, individual, que nos pertenezca. No hay sendero que conduzca a la verdad. No existe el sendero suyo o el mío. No hay un camino cristiano hacia la verdad, ni un camino hindú tampoco. Un «camino» implica un proceso estático hacia algo que también es estático. Hay un camino desde aquí a ese pueblo próximo. El pueblo está firme allí, arraigado en los edificios, y hay una carretera hasta él. Pero la verdad no es así; es una cosa viva, algo que se mueve, y por eso no puede haber sendero que nos lleve a ella, ni suyo ni mío ni de los otros.

Esto ha de estar muy claro en nuestra mente, en nuestra comprensión, pues el hombre ha inventado tantos caminos, ha dicho que usted tiene que hacer esto o aquello para encontrar algo como los comunistas cuando afirman que el de ellos es el único camino para gobernar a la gente, es decir, tiranía, dictadura, brutalidad, asesinato.

Cuando uno ha despejado el campo, ha despejado la cubierta, puede entonces pasar a descubrir lo que la meditación es. Y no es un monopolio del Oriente. (Una de las cosas más monstruosas es decir que existen los que le enseñarán a uno a meditar; eso es evidentemente... ¡no quiero usar adjetivos!) Procedamos, pues, a descubrir por nosotros mismos no como individuos, sino como seres humanos que somos, viviendo en este mundo, con toda la extraordinaria complejidad de la sociedad moderna - tratemos de descubrir lo que es el amor. No «encontrarle», sino hallarnos en ese estado de perfección, en esa condición de la mente que no está agobiada por los celos, la desdicha, el conflicto, la lástima de sí mismo. Sólo entonces hay una posibilidad de vivir en una dimensión diferente, que es el amor. 

Y así como el amor es de importancia inmensa, también lo es la meditación. ¿Cómo vamos (hago esta pregunta, no por casualidad, sino seriamente), cómo vamos a proceder con este problema? El problema, bastante obvio, de que nuestras mentes están condicionadas, de que nuestras mentes están eternamente charlando, nunca en silencio. Tratamos de imponerle silencio, o ello ocurre de manera casual, por suerte. Para encararse a este problema, para aprender, para ver, se requiere una mente serena que no esté dividida, que no está desgarrada, atormentada. 

Si quiero ver algo con mucha claridad: el árbol o la nube, o el rostro de una persona que está junto al mí, para ver muy claramente sin distorsión alguna, es obvio que la mente no debe estar parloteando. Tiene que estar muy callada, para observar, para ver. Y el ver mismo es acción y aprendizaje. ¿Qué es entonces la meditación? ¿Es posible la meditación (utilizo la palabra con el significado que le da el diccionario, no con el sentido extraordinario que le dan los que creen saber lo que es meditación), es posible considerar, observar, comprender, aprender, ver con mucha claridad, sin ninguna distorsión, oír todo tal como es, sin interpretarlo, sin traducirlo conforme a nuestro propio prejuicio? Cuando usted escucha al pájaro una mañana, ¿es posible escuchar por ejemplo, sin que una palabra surja en su mente, escuchar con atención total, sin decir «¡Qué bella, qué agradable, qué hermosa mañana!» Todo esto significa que la mente ha de estar en silencio, y no puede estar así cuando es afectada por cualquier clase de distorsión. Por eso tenemos que comprender toda forma de conflicto entre el individuo y la sociedad, entre el individuo y el prójimo, entre él mismo y su esposa, sus hijos, su marido, etc. Toda forma de conflicto, a cualquier nivel, es un proceso de deformación. Cuando hay contradicción interna, la cual surge cuando uno quiere expresarse de varias maneras distintas y no puede, emerge entonces un conflicto, una pugna, una pena. Esto trastorna la calidad, la sutileza, la viveza de la mente. 

 La meditación es comprender la naturaleza de la vida, con su actividad dual, su conflicto: es ver su verdadero significado, su verdad, de modo que la mente se vuelva clara sin distorsión alguna, aunque haya estado condicionada durante millares de años, viviendo en conflicto, en lucha, en combate. La mente ve que la distorsión tiene que producirse cuando sigue una ideología, la idea de lo que debería ser en oposición a lo que es. De ahí viene una dualidad, un conflicto, una contradicción, y, por tanto, una mente atormentada, deformada, pervertida. Sólo hay una cosa: aquello que es, lo que es, nada más. Al interesarse uno por completo en lo que es, desecha toda forma de dualidad, y por eso no hay conflicto, no hay tortura mental. La meditación es entonces el estado de la mente que ve en realidad «lo que es», sin interpretarlo, sin traducirlo, sin desear que no existiera, sin aceptarlo. La mente puede ver esto únicamente cuando cesa el «observador». (Por favor, es importante comprender esto). Casi todos nosotros estamos amedrentados: hay miedo, y el que desea librarse del miedo es el observador. Este observador es la entidad que reconoce el temor nuevo y lo traduce en términos de los viejos temores que conoció y acumuló del pasado del cual ha escapado. Así pues, mientras existan el observador y la cosa observada tiene que haber dualidad y, por tanto, conflicto. 

Hay un retorcimiento de la mente, y esa es una de las condiciones más complicadas, algo que tenemos que entender. Mientras exista el «observador», tiene que existir el conflicto de la dualidad. ¿Es posible ir más allá del «observador», siendo éste toda la acumulación del pasado, el yo, el ego, el pensamiento que brota de este pasado acumulado? Bien, la meditación es la comprensión de todo el mecanismo del pensamiento. Espero que, mientras el que habla pone esto en palabras, usted lo estará escuchando y observando con mucha claridad, para ver si es posible eliminar todo conflicto, a fin de que la mente pueda estar totalmente en paz no contenta, pues el contentamiento surge sólo cuando hay descontento, que es además el proceso de la dualidad.

Cuando no hay observador, sino sólo «observar», y, por tanto, no hay conflicto, únicamente entonces puede haber completa paz, de otro modo, hay violencia, agresión, brutalidad, guerras, y todas las demás formas de comportamiento en la vida moderna. Así, pues, la meditación es el medio de comprender el pensamiento y de descubrir por uno mismo si el pensamiento puede terminar. Sólo en este caso, cuando la mente está en silencio, es que puede ver en realidad lo que es, sin ninguna distorsión, hipocresía o concepción ilusoria de sí misma.

Meditar es comprender el comportamiento de la vida, es comprender el dolor y el miedo y trascenderlos. Trascenderlos no es simplemente captar de manera intelectual o racional el significado del proceso del dolor y el temor, sino que es ir realmente más allá de ellos. Ir más allá es observar con verdadera claridad el dolor y el miedo como son. Al verlos con suma claridad, el «observador» tiene que terminar. La meditación implica seguir el camino de la vida, no escapar de ella. Evidentemente, meditar no es experimentar para tener visiones o extrañas experiencias místicas. Como saben, uno puede tomar una droga que dilata la mente, que produce ciertas reacciones químicas y la vuelve altamente sensible. En ese estado sensible usted puede ver las cosas realzadas, pero de acuerdo con sus condicionamientos.

Meditar no es repetir palabras. Ya saben, ha estado de moda últimamente que alguien le dé a uno una palabra, una palabra sánscrita; la está uno repitiendo y con ello espera lograr alguna experiencia extraordinaria lo cual es completamente absurdo. Desde luego, que si usted sigue repitiendo una serie de palabras, se embota la mente y, por tanto, se aquieta; pero eso no es meditación en absoluto. La meditación es la comprensión constante de la forma en que se vive, cada minuto, mientras la mente se mantiene extraordinariamente viva, alerta, sin estar agobiada por ningún miedo, ninguna esperanza, ninguna ideología, ninguna pena.

Uno no puede llegar muy lejos sin poner los cimientos de esta comprensión de la vida diaria, la cotidiana vida de soledad, de tedio, de trabajo agoviante, de excitación, de placeres sexuales, de las urgencias para realizar algo, para autoexpresarse; la vida diaria de conflicto entre el odio y el amor, vida en la cual uno reclama que se le ame; una vida de profunda soledad interna. Si no se comprende todo eso, sin distorsión alguna, sin volverse neurótico; si no se es completa y sumamente sensible y equilibrado; sin esa base usted no puede llegar muy lejos. Y cuando ésta se halla profundamente establecida, entonces la mente es capaz de estar en completo silencio y, por tanto, en completa paz lo cual es muy distinto a estar contento como una vaca. Sólo entonces es posible descubrir si existe algo que esté más allá de lo que la mente puede medir; si existe la realidad,

Dios, algo que el hombre ha buscado durante millones de años, algo que ha buscado mediante sus dioses y templos, sacrificándose a sí mismo, convirtiéndose en un ermitaño y creyendo en todos los absurdos y ficciones por los que ha pasado. Ustedes saben que hasta cierto punto es posible la explicación, la comunicación verbal, pero mas allá de eso no hay comunicación verbal lo cual no implica que haya alguna cosa misteriosa, metafísica ni parapsicológica.

Las palabras sólo existen para fines de comunicación, para comunicar algo que pueda expresarse en palabras o por un gesto. Pero no es posible poner en palabras lo que esta más allá de todo esto. Describirlo no llega a tener sentido alguno. Lo único que puede uno hacer es abrir la puerta, esa puerta que solo se mantiene abierta cuando existe este orden no el orden de la sociedad, que es desorden - el orden que adviene cuando usted ve realmente «lo que es», sin ninguna distorsión producida por el «observador».

Cuando no hay distorsión alguna, entonces hay orden, que en sí mismo lleva su propia disciplina, extraordinaria, sutil. Y lo único que uno puede hacer es dejar abierta esa puerta, venga o no por ella esa realidad. No puede uno invitarla.  Y, si uno es muy afortunado por alguna casualidad extraña, puede que venga y dé su bendición. Usted no puede buscarla. Después de todo, así son la belleza y el amor. No puede usted buscarlos; si los busca, llegan a ser simplemente la continuación del placer, que no es amor.

Hay una dicha que no es placer. Cuando la mente se halla en ese estado de meditación hay dicha inmensa. Entonces el vivir diario, con sus contradicciones, brutalidades y violencias, no tiene aquí lugar. Pero tiene uno que trabajar de manera muy intensa todos los días, para echar los cimientos; eso es lo único que importa, ninguna otra cosa. De ese silencio, que es la naturaleza misma de una mente meditativa, puede venir el amor y la belleza. 

 KRISHNAMURTI
25 de Julio de 1968


sábado, septiembre 09, 2017

¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?


El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende.  En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.

¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?
Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?
De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.  Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?
La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.

¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?
La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?
Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?
La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?
Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.

¡Qué difícil! Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.

¿Cómo prevenir la enfermedad?
Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?
Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un enfermedad mortal y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida.

Cada vez más personas sufren ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?
La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera.  La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro.

El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.

El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?
La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.

Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?
Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

Vivir el Presente.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?
Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?
Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

Usa siempre tu discernimiento,

escucha tu corazón al leer un mensaje.

Solo lee los mensajes que te hagan vibrar.

Si algún mensaje te molestara sólo deséchalo.

Sigue tu verdad interna.


Jorge Carvajal, Médico Cirujano de la Universidad de Andalucia - Eapaña, pionero de la Medicina Bioenergética en Hispanoamérica y creador de la Sintergética. Es el creador de ViaVida, sociedad destinada a la investigación, la asistencia y la docencia, que constituye la plataforma para la expansión mundial de esta nueva forma de ver la medicina.

La sanación Bioenergética, es una terapia integral, la cual tiene como finalidad la de equilibrar el estado físico, mental, emocional de la persona, estableciendo la armonía y sincronización entre el cuerpo , mente y alma.



domingo, septiembre 03, 2017

"No tengas miedo"



La felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. La felicidad es tu esencia, tu estado natural y, por ello, cuando algo se interpone, la oscurece, y sufres por miedo a perderla. Te sientes mal, porque ansías aquello que eres. Es el apego a las cosas que crees que te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir. No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aun a tu madre, porque el apego es miedo, y el miedo es un impedimento para amar.

El amor siempre es un riesgo. En cada ocasión tendremos que asumir ese riesgo y vivir la vida, vivir la pasión de amar. Nuestras experiencias pasadas y nuestras creencias, nos limitan y nos inducen el miedo a amar.

Vivir sin apego significa amar desde la libertad, no desde el miedo. Yo te amo porque lo decido, porque me da la gana, porque para mí es un inmenso placer amarte... y si me correspondes, el gozo es inmenso; pero si no, de todos modos estoy bien

El estar libre del miedo sólo es posible habiendo conocimiento propio. El conocimiento propio es el comienzo de la sabiduría, y ésta es el fin del miedo.

El responsable de tus enfados eres tú, pues aunque el otro haya provocado el conflicto, el apego y no el conflicto es lo que te hace sufrir. Es el miedo a la imagen que el otro haya podido hacer de ti, miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer que es una imagen la que dices amar, y miedo a que la imagen de ti, la que tú sueñas que él tenga de ti, se rompa. Todo miedo es un impedimento para que el amor surja. Y el miedo no es algo innato, sino aprendido.

El miedo es provocado por lo no existente. Tienes miedo porque te sientes amenazado por algo que ha registrado la memoria. Todo hecho que has vivido con angustia, por unas ideas que te metieron, queda registrado dentro de ti, y sale como alarma en cada situación que te lo recuerda.

No es la nueva situación la que te llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que te contaron o que has vivido anteriormente con una angustia que no has sabido resolver. Si despiertas a esto, y puedes observarlo claramente, recordando su origen, el miedo no se volverá a producir, porque eliminarás el recuerdo.

No tengáis miedo Con la religión nos han metido muchos miedos que están ahí y que hay que solucionar. "No tengáis miedo", dice Jesús en el Evangelio. Todo el Evangelio está lleno de estas advertencias: "No temáis..., no os preocupéis..., no os aflijáis..." pero nosotros hemos hecho una religión llena de tabúes y temores, llena de ideas falsas y de falsos ídolos.

Había una madre que no conseguía que su hijo pequeño regresara a casa antes del anochecer, después de jugar. Para asustarlo, le dijo que había unos espíritus que salían al camino tan pronto se ponía el sol. Desde aquel momento, el niño ya no volvió a retrasarse. Pero con el tiempo tenía tanto miedo a la oscuridad y a los espíritus que no había manera de que saliera de noche. Entonces su madre le dio una medalla y lo convenció de que, mientras la llevara consigo, los espíritus no se atreverían a atacarlo. El muchacho salió a la oscuridad bien asido a su medalla. Su madre había conseguido que, además del miedo que tenía a la oscuridad y a los espíritus, se le uniese el miedo a perder la medalla.

La buena religión te enseña a liberarte de los fantasmas, y la mala a fiarte de las medallas. No metamos a Dios en los fantasmas. A Dios sólo se lo puede conocer por la vida, que es su manifestación. Él está en la verdad, y de despertar a la verdad se trata.

Con miedo no tomamos decisiones, no somos creativos y sobre todo, no somos felices.  Casi todos los miedos están proyectados hacia el futuro. Nos preocupa las cosas que pueden pasar. Mejor decidir no pensar en el futuro o en pasado porque realmente solamente existe el ahora. Intenta hacer algo ahora para conseguir tu vida de sueños, no pienses en posibles escenarios de fracaso. Cuando te des cuenta que piensas en el futuro, vuelve a enfocarte en el ahora, en este momento,

 Anthony De Mello


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