martes, agosto 22, 2017

La Autoestima, ¿Qué es y Cómo Reforzarla?"


¿Que es la Autoestima?

"Es la distancia entre la visión que tenemos de nuestra persona y la imagen ideal que queremos alcanzar. Si hay mucha diferencia entre una cosa y otra, nuestro equilibrio se resentirá"

De ahí, por ejemplo, que actrices bellas, inteligentes y famosas no se valoren, mientras que mujeres con menos atributos y éxito profesional sepan quererse y consigan ser más felices a lo largo de toda su vida.

Rasgos que caracterizan a una persona con problemas de autoestima:

-Las personas perfeccionistas, con un alto nivel de autocrítica y autoexigencia, se enfrentan a muchos más problemas de autoestima:

-Son Inseguras, desconfían de sus facultades y les cuesta trabajo tomar decisiones, ya que siempre tienen miedo a equivocarse y a enfrentarse al fracaso.

-Tienen una imagen distorsionada de sí mismas, tanto en lo que se refiere a rasgos físicos como en lo relacionado con su carácter y valía personal.

-Necesitan aprobación de forma desesperada, así que dependen en exceso del afecto de los demás, de lo que dicen, etc. Y eso las hace vulnerable.

-Les cuesta manifestar sus sentimientos por miedo a sentirse rechazadas y, si algo funciona mal en una relación de pareja o amistad, enseguida se culpan.

-Experimentan angustia y depresión por no ser capaces de superarse y de gustarles a todos. Su idea de bienestar está ligada a lo que los demás les digan.

¿Cómo Reforzar Tu Autoestima?

-Lo fundamental que debes hacer para reforzar y/o aumentar tu autoestima es "Aprender a Quererte a ti mismo".

A continuación lgunos tips para que lo logres:

-Comienza por aceptarte tal como eres, en lugar de querer ser lo que otros quieren que tu seas.

-Identifica cuales son tus creencias y quien te las inculcó. Esta será la base para tu autoconocimiento, basado en esto podrás realizar la reingeniería de tu vida. Haz un listado de todas tus creencias y desecha aquellas que te frenen.

-Cambia tu punto de referencia sobre los hechos de tu pasado.Muchas veces vivimos atormentándonos con hechos del pasado que nos causaron algún dolor. Cambiando tu punto de referencia, cambiará tu punto de vista. Si eres capaz de cambiar tu punto de vista, no podrás cambiar tu pasado, pero si la interpretación que tienes de él.

-Cultiva tus Fortalezas, en vez de concentrarte en tus debilidades y te sorprenderá el poder que tienes para crear tu realidad.La mejor manera de liberarte de tus defectos es aumentar tus cualidades, ya que los defectos se diluirán en ella.

-Está atento al lenguaje que empleas, siempre utiliza habla en positivo, reafirmando las fortalezas que ya tienes e incorporando a tu personalidad atributos que desees tener.

-Libérate de rencores. El rencor es una carga muy pesada, que te hace infeliz y te impide avanzar, por lo que desde hoy en adelante hazte la firme meta de perdonar y olvidar todas las ofensas que has recibido.

-Aprende a decir SI, cuando quieras decir Si y NO cuando quieras decir NO. Ya que cada vez que dices Si cuando quieres decir No, muere una parte de ti.

-Cultiva el habito de tener confianza en ti mismo, ten confianza en tus propias opiniones, hazlo de una forma positiva y realista, sin creerte lo mejor, pero pudiendo serlo.

-Haz cosas que no se te den bien, pero que te diviertan. Para romper los esquemas de conducta perfeccionista, ayuda realizar tareas en las que no importa el resultado. Dedicarse, por ejemplo, a cantar o dibujar acaba con la ansiedad y la necesidad de hacerlo todo bien.

-Cultiva tu sentido del humor, y no le des importancia a las cosas que no las tienen. No todo el mundo está pendiente de ti y, la mayoría de las veces, aquello que nos parece importante no tiene relevancia para el resto. Reírse de las cosas es muy saludable.

-No te evalúes por una actuación determinada. Es importante saber separar los hechos del valor que tenemos como seres humanos. Cualquiera tiene derecho a equivocarse. Por ejemplo, hacer el ridículo en una fiesta no tiene nada que ver con nuestra valía personal.

-No huyas de las responsabilidades, acéptalas como un reto. Toma decisiones como un ejercicio de entrenamiento y, si algo sale mal, ten el coraje de volver a intentarlo. Nadie esta libre de equivocarse y, si se cierra una puerta, se abrirá otra.

-Prémiate por tus logros, márcate pequeños objetivos y hazte un regalo por haberlos conseguido. Esta técnica te enseñará a valorar tus triunfos y a alegrarte por ellos.

-Ejercita y cuida tu cuerpo, adopta hábitos saludables, practica tu deporte favorito o simplemente realiza una caminata diaria. Parte de la filosofía de tener una mente sana es tener un cuerpo sano.

Cuadernos ManualPractico.com


sábado, agosto 19, 2017

Vencer el Destino con la Fuerza Interior


Muchas veces nos preguntamos si no podríamos hacer como alguno de los grandes hombres de la Historia: realizar alguna cosa que produjese un cambio total y profundo en la naturaleza circundante, en la historia y en la vida. Pero a veces, no percibimos que todos nosotros, estamos dando vueltas en la vida venciendo enemigos constantemente, enemigos que pueden ser la inercia, enemigos que pueden ser el temor, enemigos que son, en general, la adversidad; que todos nosotros enfrentamos cuando aparecemos en el teatro del mundo, cuando llegamos a la vida, entramos así como a través de una pequeña puerta y uno se encuentra con una serie de rostros de personas que le rodean, a algunos los conoce y a otros no, y siente ante el mundo la curiosidad del conocimiento, y sentimos la curiosidad de saber quiénes somos.

¿No nos pasa a todos lo mismo? De golpe nos encontramos en medio de una familia, de un pueblo, de una ciudad, de un país, de un mundo y nos preguntamos ¿qué es esto que nos rodea? Y empezamos a adaptarnos y a cumplir nuestro propio rol allí donde nos encontramos. Hubo un momento en que entramos a este teatro de la vida por una puerta... y salimos del mismo por otra puerta sin saber, muchas veces, ni por qué entramos ni por qué salimos.

Cuando, por ejemplo, nos referimos a la Acro-polis, o sea, a la «Ciudad Alta»; nos referimos a ese fenómeno psicológico de tener en nuestro interior una «Ciudad Alta», una montaña, que sin embargo, por lo general, no nos atrevemos a escalar. No nos atrevemos a descubrirnos a nosotros mismos, a hablar de lo que sentimos, a escribir lo que pensamos o a vivir de la manera que tendríamos que vivir. Y damos vueltas y vueltas alrededor de nuestra montaña, como da vueltas un perro antes de acostarse. Y al fin..., la vida nos acuesta sin haber escalado nuestra montaña interior.

Es preciso que podamos retroceder dentro nuestro, tener noción de nuestra atemporalidad, hacer surgir en nosotros aquello que de grande e importante podamos tener. Todos nosotros podemos hacer surgir lo grande e importante. Un ser humano no es tal porque tenga dos ojos, cabello, brazos y piernas, sino que lo es porque tiene algo más, algo que le diferencia como ser humano: una vida interior.   Esa vida interior yace en cada uno de nosotros y está también en medio de nosotros. 

Esa vida interior no se puede extraer de simples maneras, sino que se la ha de extraer de profundas y fuertes maneras. El hombre tiene el tamaño de aquello que se atreve a hacer.  Lo que tenemos que hacer es tratar de ver qué parte en nosotros es capaz de levantarse, qué parte en nosotros es capaz de coger esas estrellas y traerlas a la Tierra. Yo sé que, a veces, estamos en una noche; bien es cierto que éste es un oscuro momento donde hay materialismo, sé que hay explotación, sé que hay ignorancia, sé que hay lucha, que hay violencia, que hay incomprensión para muchas cosas... Pero también sé que en la noche más oscura, si logramos prender una pequeña hoguera nos servirá para iluminarnos y entibiar nuestro cuerpo, y además, se verá desde muy lejos. Y si logramos hacer muchas hogueras en la Tierra, vamos a reproducir el fenómeno celeste de las estrellas encendidas.

Desde los más antiguos barcos hasta las más modernas aeronaves todavía se guían por las estrellas fijas. Yo creo que las humanidades también se guían por los «Hombres-Antorcha», por aquellos que saben arder.

Dentro de cada uno de nosotros puede surgir esa llama, esa fuerza. Esa fuerza hace cambiar todo el sentido de nuestra vida. Esa fuerza nos hace entender los viejos mitos y los nuevos problemas. Esa fuerza permite dirigirnos a los hombres con maneras simples, con palabras sencillas..., y ser entendidos. Esa fuerza nos permite construir, recrear, unirnos, amar... Es la Fuerza Interior, la única fuerza que vale, la única fuerza real y espiritual. Porque no es una fuerza de contemplación, sino una fuerza erecta como una lanza, una fuerza que es capaz de luchar por lo que cree, de vibrar por todo aquello que siente, como un arpa eólica que puede colgarse entre las ramas de un árbol y el solo viento la hace sonar.

Tenemos que recrear dentro de nosotros la fuerza capaz de poder vencer el destino y los astros. Hoy hablamos de astrología, hoy hablamos del destino, hoy hablamos de presión del medio, etc.; mas, si fuésemos realmente fuertes, si tuviéramos un motor propio, todas esas circunstancias serían aprovechadas y vencidas.

Que cada una de las dificultades y adversidades sean simples peldaños bajo nuestros pies. Lo que importa es lanzarse hacia adelante, tener fe en un Ideal, tener fe en sí mismo, ser nuevos, cada uno de nosotros. ¿Todos tal vez...?

Prof. Jorge A. Livraga
Conferencia - fragmentos


sábado, agosto 12, 2017

El corazón dormido. Cuándo y cómo expresar las emociones


“Mira dentro del corazón y dime: ¿cuánto tiempo llevas ausente?”
 (Miguel Mochales, Maestro Zen)

Se puede estar ausente de muchas maneras: dormidos en vida, arrastrando el corazón vacío como una carga, pensando continuamente en el pasado o en el futuro, inundados de nostalgia o saturados de estrés...  Despertar el corazón es hacerlo presente.

Y presente es presente; así de simple. En latín, prae-esse, “estar delante”; en griego, parousía, “estar al lado de”. Para los primeros cristianos, la “parusía” era “el advenimiento” o la segunda llegada de Cristo; la traducción exacta, sin embargo, sería “el acercamiento” o “estar con” de una manera única, irrepetible y transformadora. Y esto es lo que propongo: una verdadera “parusía” del corazón. Vamos a simplificar desmenuzando lo complejo hasta hacerlo sencillo, obvio y de sentido común.

Hijos de nuestro tiempo andamos cargados de pasado e ignorantes y temerosos del futuro: mucho “coco” y ruido mental, por un lado, y extrema emocionalidad descontrolada, por otro. Demasiados cálculos para las decisiones más nimias por un exceso de información, y pasiones desatadas en los campos de fútbol o en las manifestaciones políticas xenófobas... Una auténtica esquizofrenia individual y colectiva. 

No es de extrañar que el corazón lata a veces a cien, tenga arritmias, se pare repentinamente. A veces suena como un tambor, en ocasiones como una batucada y lo peor es cuando no se lo oye nada y ni siquiera encontramos su latido. “Paro cardiaco”, dicen los médicos al certificar una defunción o paro “cardiorrespiratorio”. Si el corazón no suministra oxígeno al cerebro a través de la sangre, este deja de funcionar. Hace cincuenta años se cambió el criterio de muerte clínica. Ya no es cuando el corazón deja de latir, sino cuando el cerebro deja de emitir señales eléctricas: encefalograma plano. De nuevo, el triunfo del cerebro sobre el corazón. Un corazón aún caliente se puede trasplantar, cuando la “autoridad médica” certifica que el cerebro “ha muerto”. 

Sin embargo, la matemática e investigadora de la conciencia Annie Marquier descubrió hace años algo sorprendente: el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado, con más de 40.000 neuronas y una compleja red de neurotransmisores. Ello implica que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción con independencia del cerebro, porque posee su propia memoria y capacidad de percepción. De hecho, el corazón envía más información al cerebro de la que recibe de él y determina en gran medida nuestra forma de percibir el mundo. Al ser su campo electromagnético 5.000 veces más intenso que el del cerebro, afecta sensiblemente nuestro entorno inmediato.

En este punto es donde entran las emociones; según de qué emoción se trate y de la intensidad con que la sintamos, su campo vibratorio puede hacer que el corazón pase de la armonía al caos en unos segundos. Mientras tanto, las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardíaco, generando un torbellino de pensamientos y todo tipo de nocivos síntomas psicosomáticos. Cuando estos se cronifican, se producen los síndromes que llamamos enfermedades físicas o trastornos mentales. 

Habrá que prestarle otro tipo de atención al corazón y nutrirlo, más allá de controlar la hipertensión, la obesidad y el colesterol; más allá de hacer ejercicio diario y de reducir el sobrepeso y el tabaquismo. No solo de sangre vive el corazón, sino de todos los cariños, caricias y mimos que salen de nuestra voluntad de Ser. No dejemos que nuestro corazón siga viviendo entre corchetes, en “stand by” o, lo que es peor aún, en “off”, pues necesita de diástoles y sístoles existenciales. 

Hemos de dar tiempo al corazón para que pueda reposarse y sonreír. Al final, como dice en su muro de Facebook Karina López, “cuando te duela el corazón, trata de disfrutarlo, pues no hay tantas cosas que lo estrujen; si te duele de verdad, es porque valió la pena; abrázate al dolor ya que, cuando menos te lo esperas, el tiempo te enseña a volar de nuevo”. Así se fortalece el músculo cardíaco y, con él, todo el pecho, sede de los valores personales, la esperanza y la visión de futuro. 

Desde esta nueva perspectiva, las emociones no tienen nada que ver con el sentimentalismo ñoño. Tampoco son siempre las pasiones que nos arrastran hasta perder nuestro propio centro y convertirnos en marionetas de los acontecimientos y de la conducta de los demás. Las emociones son facultades innatas para percibir peligros o amenazas (miedo), pérdidas temporales o definitivas (tristeza), mentiras, injusticias o manipulaciones (rabia), la propia dimensión transformadora al servicio del amor (amor propio), y para crear un espacio de entrega en la seguridad de poder ser uno mismo (amor) o captar y transmitir el fluir de la vida en una actitud de agradecimiento (alegría).

Cuando estamos atentos al cuerpo y no solo a la cabeza, estas seis emociones básicas se manifiestan primero a través de sensaciones corporales localizadas. Si estamos conectados, el mero hecho de darnos cuenta nos lleva a una acción inmediata. Por ello, no existen realmente emociones negativas y emociones positivas. Pero sí emociones desconectadas de su causa y emociones disfuncionales por exceso o por defecto de acción. Emociones que no cumplen la función de detectar acontecimientos y actuar en consecuencia. 

Ejemplos: en presencia de una amenaza real, el miedo nos hace segregar suficiente adrenalina para huir o enfrentarnos a él. Si nos quedamos pensando, como los conejos de la fábula, que discutían si eran ladridos de galgos o de podencos los que se oían en la lejanía, seremos zampados por ellos. O lo que es lo mismo, sufriremos pérdidas. La mayoría de las personas tienen miedo de acontecimientos futuros que pueden o no producirse o de sucesos pasados que tal vez nunca se repitan. Salen del presente y caen en la desconfianza, la resignación o actitudes paranoides. 

Ante pérdidas reales, la rabia no sirve para nada. Lo funcional es hacer el duelo y buscar fríamente soluciones que puedan sustituir o compensar la pérdida. No mostrar la justa cólera ante una injusticia, una manipulación o una mentira acaba formando un nudo de impotencia en el estómago. Sobrepasarse reactivamente tampoco nos deja en paz, además de provocar consecuencias indeseadas. 
En el caso del autoestima o amor propio, quien no aprecia sus propias cualidades y su potencial, siempre estará envidiando las de los demás.

Con una baja autoestima corporal, emocional o mental, será difícil poder amar y recibir amor: crear un espacio de seguridad absoluta para poder desnudar hasta la médula el alma, permitiendo que el otro lo haga. Y sin este verdadero amor, que no tiene nada que ver con la posesión de una pareja o de unos hijos, es difícil fluir en la alegría y agradecer todos los regalos que cada día recibimos de ella. Cuando no nos necesitan, hay que saber apartarse y soltar, pues quien ama no sabe que ama. Es puro amor que desborda. 

Como ha dejado escrito, antes de morir tras un largo y profundo proceso de transformación interior, Antonio Pacheco, que fue terapeuta transpersonal, primer fundador de la Editorial La Llave y director de Hermes, Instituto de Educación Integral y Terapia Integrativa;

“Cuando el miedo se apodera del amor y la razón se adueña de la vida, mi corazón se apaga, se entristece y sangra de dolor” 
(“De la unidad al amor”, Ed. Hermes, Vitoria, enero de 2016). 

 “Ahora sé y tengo la certeza de que el camino del corazón es entrega sin condiciones, sin reglas, sin planes, sin caminos marcados, escuchando sus dictados, que laten al ritmo de la compasión” 
(“De la separación a la unidad. Un guión universal”, Ed. Hermes, Vitoria, octubre de 2015). 

 Alfonso Colodrón 
Terapeuta Transpersonal y Gestalt
www.milterapias.com


lunes, agosto 07, 2017

Cómo fomentar las coincidencias


Ya sabemos que la atención que prestamos a las coincidencias atrae más coincidencias y que la intención revela su significado. De este modo, las coincidencias se convierten en pistas que nos indican la voluntad del Universo y nos permiten su sincronicidad y aprovechar las infinitas oportunidades de la vida. Sin embargo, con todos esos billones de fragmentos de información que nos están llegando en todo momento, ¿cómo sabemos a qué prestar atención?, ¿cómo evitamos estar buscándole significados a cada tasa de té, a cada comercial de televisión, a cada mirada de un desconocido en la calle? A la vez ¿cómo evitamos pasar por alto información valiosa?


Estas preguntas no tienen una respuesta fácil. Parte de aprender a vivir el sincrodestino consiste en aprender a ser instrumentos sensibles en nuestro entorno. Cierra los ojos un momento. Trata de percibir todo lo que hay en el ambiente. ¿Qué sonidos escuchas? ¿Qué estás oliendo, sintiendo o saboreando en este preciso instante? Pon tu atención en cada uno de tus sentidos individualmente y toma plena conciencia de ellos.

Si no has practicado este ejercicio antes, es probable que hayas pasado por alto algunos de estos estímulos, no porque sean débiles, sino porque estamos tan acostumbrados a ellos que ya no les prestamos atención. Por ejemplo, ¿qué sentiste?, ¿cuál era la temperatura? ¿Había brisa o el aire estaba quieto?, ¿qué partes de tu cuerpo estaban en contacto con la silla en la que estás sentado? ¿Notaste la presión en la parte posterior de tus muslos, en la parte baja de la espalda? ¿Qué me dices de los sonidos? La mayoría podemos distinguir fácilmente el ladrido lejano de un perro o el ruido de niños que juegan en la habitación contigua, pero ¿qué hay de los sonidos más sutiles? ¿Escuchaste el ruido del calentador o del aire acondicionado?, ¿percibiste tu respiración o los gruñidos de tu estómago?, ¿qué me dices del barullo del tráfico?.

Las personas sensibles a los acontecimientos y estímulos de su entorno son sensibles a las coincidencias que les envía el Universo. Las pistas no siempre vendrán a través del correo o de la pantalla de la televisión (aunque a veces lo harán). Pueden ser tan sutiles como el olor del humo de una pipa que entra por una ventana abierta y que te recuerda a tu padre, lo que a su vez te recuerda un libro que le gustaba, y que, por alguna razón, llega a desempeñar un papel importante en tu vida, en ese momento.

Por lo menos una vez al día, concéntrate durante uno o dos minutos en alguno de tus cinco sentidos: vista, oído, gusto, tacto u olfato, y permítete apreciar tantos aspectos de este sentido como sea posible. Aunque al principio te cueste trabajo, pronto lo harás con toda naturalidad. Clausura los otros sentidos si te distraen demasiado. Por ejemplo, prueba distintos alimentos mientras te tapas la nariz y cierras los ojos; concéntrate en la textura de la comida, sin distraerte con su aspecto u olor.

Naturalmente, tu atención se verá atraída por los estímulos más poderosos e inusuales; estos son los que debes observar con detenimiento. Mientras más inverosímil sea la coincidencia, más vigorosa será la pista. Si estás considerando casarte y tomas conciencia de los anuncios de los anillos de compromiso, ésa es una coincidencia menor, pues dichos anuncios abundan. Sin embargo, si estás ponderando pedirle matrimonio a Joanna y en ese momento pasa sobre tu cabeza un letrero que dice: «Joanna, ¿quieres casarte conmigo?», la situación es totalmente inaudita y constituye un mensaje muy poderoso sobre el camino que el Universo tiene planeado para ti.

Cuando surja una coincidencia, no la ignores. Pregúntate: «¿Cuál es el mensaje? ¿Qué significa esto?» No tienes que salir a buscar las respuestas. Formula la pregunta y las respuestas surgirán. Pueden llegar como la comprensión repentina de algo, como una experiencia creativa espontánea o como algo muy diferente. Tal vez conocerás a una persona que esté relacionada de algún modo con la coincidencia. Una conversación, una relación, un encuentro casual, una situación o un suceso te dará inmediatamente una pista sobre su significado. «¡Ah, se trataba de esto!»

Recuerda cómo la discusión final que tuve con el endocrinólogo le dio significado al anuncio del Boston Globe que había estado viendo, y que hasta ese entonces ignoraba. La clave está en prestar atención y preguntar.  Otra cosa que puedes hacer para fomentar las coincidencias es llevar un diario de las coincidencias de tu vida. Después de años de tomar notas, las clasifico en pequeñas, medianas, bomba y doble bomba. Tú puedes hacerlo como se te haga más fácil. Para algunos, lo más sencillo es llevar un registro diario y subrayar o señalar palabras, frases o nombres de cosas que se manifiestan como coincidencias. Otros llevan un diario especial de coincidencias; utilizan una nueva página para cada coincidencia significativa, y apuntan en esa página otras conexiones con ese suceso.

A las personas que quieran ahondar con mayor profundidad en las coincidencias, les recomiendo la recapitulación. Ésta es una manera de tomar la posición de observador de tu vida y tus sueños, de modo que las conexiones, temas, imágenes y coincidencias se hagan más claras. Como nuestra conexión con el alma universal es mucho más evidente cuando soñamos, este proceso nos permite acceder a un nivel de coincidencias totalmente nuevo.

Cuando vayas a la cama por la noche y antes de dormir, siéntate unos minutos e imagina que estás viendo en la pantalla de tu conciencia todo lo que ocurrió durante el día. Observa tu día como si fuera una película. Mírate despertando en la mañana, cepillándote los dientes, desayunando, conduciendo al trabajo, arreglando tus asuntos, regresando a casa, cenando; todo lo que haya ocurrido en el día hasta el momento de ir a la cama. No tienes que analizar, evaluar o juzgar lo que ves; sólo ve la película. Apréciala completa. Incluso es posible que repares en cosas que no te parecieron importantes en su momento. Tal vez notes que el color del cabello de la mujer que estaba detrás del mostrador de la farmacia era el mismo que tenía tu madre cuando eras niño. O tal vez prestes especial atención al chiquillo que lloraba mientras su madre lo arrastraba por el pasillo del supermercado. Es sorprendente la cantidad de cosas que puedes ver en la película de tu día, que tal vez no notaste conscientemente durante el día.

Mientras ves cómo pasa tu día en la película, aprovecha la oportunidad de observarte objetivamente. Tal vez te veas haciendo algo que te enorgullece en especial; a veces te verás haciendo cosas vergonzosas. Te repito: el objetivo no es evaluar, sino obtener un poco de información sobre el comportamiento del protagonista, de ese personaje que eres tú.

Cuando hayas concluido la recapitulación, que puede durar sólo cinco minutos o hasta media hora, di estas palabras para ti: «Todo lo que he observado, esta película de un día de mi vida, está guardada en un lugar seguro. Puedo evocar esas imágenes en la pantalla de mi conciencia, pero tan pronto como las dejo ir, desaparecen. La película ha terminado». Luego, cuando vayas a dormir, afirma: «Así como he recapitulado el día, doy instrucciones a mi alma, a mi espíritu y a mi subconsciente para que observen mis sueños». Al principio tal vez no notes cambios, pero si practicas cada noche durante algunas semanas, empezarás a tener una experiencia muy nítida de que el sueño es el escenario y de que tú eres la persona que está observando todo. Cuando despiertes en la mañana, recapitula la noche tal como recapitulaste el día al anochecer.

Una vez que seas capaz de recordar la película de tus sueños, anota algunas de las escenas más memorables. Inclúyelas en tu diario. Apunta especialmente las coincidencias. La inteligencia no circunscrita nos proporciona claves en el sueño tal y como lo hace en la vigilia. Durante el día conozco personas, tengo interacciones, me encuentro en situaciones, circunstancias, sucesos, relaciones; por la noche también experimento estas situaciones. La diferencia es que en el día parece haber una explicación lógica, racional, de lo que ocurre. Nuestros sueños no sólo son proyecciones de nuestra conciencia; son, de hecho, la interpretación que hacemos de las trayectorias de nuestra vida. Los mecanismos del sueño y de lo que nos pasa en lo que llamamos realidad, son las mismas proyecciones del alma. Sólo somos observadores. Así pues, empezamos gradualmente a notar correlaciones, imágenes que se repiten tanto en los sueños como en la realidad cotidiana; más coincidencias nos ofrecen más pistas para guiar nuestro comportamiento; empezamos a isfrutar más oportunidades; tenemos más «buena suerte».

Estas pistas señalan la dirección que debemos dar a nuestra vida. A través del proceso de recapitulación reparamos en los patrones recurrentes y empezamos a desentrañar el misterio de la vida. Este proceso es especialmente útil para liberarse de hábitos destructivos. La vida tiene ciertos temas que interpreta. A veces, esos temas actúan a nuestro favor pero también en contra, especialmente si repetimos los mismos patrones o temas una y otra vez con la idea de obtener un resultado distinto. Por ejemplo, muchas personas que se divorcian vuelven a enamorarse, pero terminan en un tipo de relación exactamente igual a la que tuvieron antes. Repiten el mismo trauma, reviven la misma angustia y luego preguntan: «¿Por qué me sucede lo mismo?» El proceso de recapitulación puede ayudarnos a observar estos patrones y una vez que los hemos discernido podemos tomar decisiones más conscientes. La revisión diaria de nuestro día no es algo en absoluto necesario, pero nos ayuda a comprender y a atraer coincidencias a la superficie.

Procura mantenerte sensible, observa las coincidencias en tu vida diurna y en tus sueños, y presta especial atención a lo que traspase el límite de probabilidades, esto es, la posibilidad estadística de que un acontecimiento ocurra en el espacio-tiempo. Todos necesitamos planear las cosas hasta cierto punto, elaborar suposiciones sobre mañana aunque de hecho no sepamos qué va a pasar. Cualquier cosa que perturbe nuestros planes o nos desvíe de la trayectoria que creemos llevar, puede ofrecernos información valiosa. Incluso la ausencia de sucesos que esperas puede ser una pista que te indique la intención del Universo.

Quienes tienen dificultades para salir de la cama en las mañanas para ir a un trabajo que odian, los que no son capaces de comprometerse con sus actividades profesionales, aquellos que se sienten emocionalmente «muertos» después de un día en la oficina, necesitan prestar atención a esos sentimientos. Son señales importantes de que debe haber una forma de obtener más satisfacción de la vida. Tal vez un milagro está esperando a la vuelta de la esquina. Nunca lo sabrás mientras no formules una intención, seas sensible a las pistas que te ofrece el Universo, sigas la cadena de las coincidencias y ayudes a crear el destino que tanto deseas.

Por supuesto, la vida puede ser difícil y todos tenemos tareas, responsabilidades y obligaciones cotidianas que pueden llegar a abrumarnos. Las coincidencias pueden volar hacia ti desde todas direcciones o pueden aparentar haberse secado por completo. ¿Cómo encontrar el camino en un mundo tan complejo? Tómate cinco minutos todos los días y simplemente permanece sentado en silencio. Durante esos momentos, plantéale estas preguntas a tu atención y a tu corazón: «¿Quién soy? ¿Qué quiero para mi vida? ¿Qué quiero de mi vida hoy?» Entonces relájate y deja que el flujo de tu conciencia, esa suave voz interior, las conteste. Luego, después de cinco minutos, escríbelas. Haz esto todos los días y te sorprenderá cómo las situaciones, circunstancias, acontecimientos y personas se organizarán en función de las respuestas. Éste es el comienzo del sincrodestino.

La primera vez puede resultar difícil contestar estas preguntas. Muchos no estamos acostumbrados a pensar en términos de nuestras necesidades y deseos, y si lo hacemos, no creemos poder satisfacerlos. Si no has definido la meta de tu vida por ti mismo, ¿qué estás haciendo entonces? Sería maravilloso si el Universo pudiera mostrarnos una gran pista, o si prefieres, una brújula gigante qué nos señalara la dirección que debemos tomar.

El hecho es que la brújula está ahí. Para encontrarla sólo necesitas buscar en tu interior el deseo más puro de tu alma, el sueño que tiene para tu vida. Siéntate en silencio. Una vez que revelas ese deseo y comprendes su naturaleza esencial, cuentas con un punto de referencia constante que puedes expresar en forma de símbolos arquetípicos.

Deepak Chopra

SINCRO-DESTINO
La Promesa del Potencial Ilimitado

jueves, agosto 03, 2017

Aprender a ser exitoso con La ley del Triunfo


El éxito en todo negocio o empresa es consecuencia siempre de la acción de La ley del Triunfo, no viene nunca por casualidad. La fortuna o la suerte de cada uno no es nunca obra de la casualidad tampoco. Somos el producto de una combinación determinada por la acción de ciertas leyes . Así podemos conociendo y aprovechando el conocimiento de estas leyes, hacer de nosotros mismos todo aquello que querramos.

La inteligencia del hombre es como un imán que tiene el poder de atraer hacia si, los elementos espirituales y el de arrojarlos fuera de si otra vez. Según la clase de elementos espirituales de que este cargado , el imán -nuestra mente- o según la clase de los que reciba con mayor frecuencia, tal será también la clase de los que atraiga hacia si.

Un pensamiento atrae siempre otro pensamiento o idea de su misma clase. Mantengamos fija en nuestra mente una idea cualquiera , por ejemplo, la de la fuerza o la salud y atraeremos cada vez en mayor numero hacia nosotros elementos-ideas de salud y de fuerza. Mantengamos mucho tiempo en la mente la idea de energía, de avance, de actividad y nos enriquecemos de elementos que nos darán energía y nos impulsara a avanzar. una idea o pensamiento, bueno o malo, es una cosa, una construcción formada por elementos invisibles.

Cada una de las ideas de nuestra mente ejerce inmediatamente su acción.  Pero si hemos formulado nuestro pensamiento por medio de palabras pronunciadas en alta voz en el retiro y la quietud de nuestro cuarto accionara con mayor fuerza sobre los demás hombres que solo lo hemos pensado.

Si dos personas, cordial y amablemente hablan juntas, con un propósito común, de alguna meta o empresa importante lanzaran fuera de si un volumen mayor de fuerzas de lo que hubieran hecho cada una por separado, fuerzas que ejercerán su influencia sobre otras personas con relación al asunto de que se trata. Pero si nuestro dilago de la forma contraria es con riñas y enfados perjudica todo lo que se intente.

Nuestros pensamientos afectan nuestra fortuna, en bien o en mal, y siempre que hablamos con otros damos origen a una fuerza mas o menos grande, capaz de darnos o de quitarnos salud, buenos amigos y hasta dinero. Al fijar, en todo plan o intento de negocio, la idea de éxito generaremos una energía espiritual que ayudara en todo.

Pensar con persistencia en un propósito creara un poder que obrara también aun estando dormidos, inspirándonos nuevos planes y nuevos caminos para llevar adelante nuestros objetivos . La simpatía es una fuerza. La bondad de una persona es una sustancia activa, real, viviente. La idea del bien hacia los demás es el mas fuerte de los invisibles elementos y puede, por tanto, vencer y dedestruir la acción de la idea de maldad, que es la mas débil, poniéndonos así fuera del alcance de sus maléficos efectos.

El pensamiento procedente de algún centro de turbulencia o de desorden forma una onda o corriente de su propia sustancia. si estamos irritados, aunque sea por una simple tontería, colocamos a nuestra mente en la disposición de un imán que atrae toda clase de dañosas corrientes espirituales . Para aliviarnos lo que hacemos es dirigir la actividad de nuestra inteligencia hacia un mas agradable orden de pensamientos. No debemos olvidar que aquellos que realizamos en espíritu es una realidad y aquello que con mayor fuerza anhelamos espiritualmente lo convertimos en realidad. 

Al presentarse ante nosotros una dificultad cualquiera, no hemos de hacer mas que dirigir la mente, como si fuese un imán, hacia una nueva dirección de donde recibir nuevas formas, nuevas ideas y nuevos planes con que vencer esa dificultad. al lamentarnos de un agravio que se nos ha hecho, ya sea mentalmente o hablando de ello con otras personas, gastamos la misma fuerza que podría servirnos para arrojar de nosotros el recuerdo de la cosa o situacion que lo ha causado

Si deseamos o pedimos la sabiduría para conocer lo que ha de hacernos siempre felices, en virtud de la misma ley nos atraemos la capacidad de ver lo que realmente es mejor para nosotros o nos conviene mas. deseemos con persistencia la posesión de una mente clara y ese don nos será concedido

Prentice Mulford (1834-1891)
Nuestras Fuerzas Mentales



sábado, julio 29, 2017

“También esto pasará”



Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

Me estoy fabricando un precioso anillo. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa inscrito alrededor. Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar una frase tan pequeña que contuviera un mensaje poderosamente sabio. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que decidió preguntarle. Y éste le dijo:

No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Esto me lo dió un gran sabio que pasó por el reino hace años: el anciano se lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas! – le dijo – mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación -

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida, y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro camino… De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso, simplemente decía: “También esto pasará”.

Mientras leía “TAMBIÉN ESTO PASARÁ” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… Y el Rey mandó grabar en el anillo de oro, el sabio mensaje.

El anciano estaba a su lado y le dijo:
- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir?–preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
- Escucha, –dijo el anciano– este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey miró anillo y leyó el mensaje: “También esto pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, habían desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje.

Entonces el anciano le dijo:
- Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas... "También esto pasará"

¿Qué hay en estas palabras tan sencillas que las hace tan poderosas? A primera vista parecería que sirvieran para darnos consuelo en situaciones difíciles y que también podrían privarnos de los goces de la vida. "No seas demasiado feliz, porque esa felicidad no durará". Eso parecerían decir en una situación percibida como buena.

La historia del anillo apunta hacia la realidad de la temporalidad que, una vez que la reconocemos, nos lleva al desapego. No resistirnos, no juzgar y no apegarnos son los tres secretos de la verdadera libertad y de una vida iluminada. La inscripción del anillo no nos dice que no disfrutemos las cosas buenas de la vida, y tampoco es un consuelo para los momentos de sufrimiento. Tiene un propósito más profundo: ayudarnos a tomar consciencia de lo efímero de todas las situaciones, lo cual se debe a la transitoriedad de todas las formas, buenas o malas.

Cuando tomamos consciencia de esa transitoriedad, nuestro apego disminuye y dejamos de identificarnos hasta cierto punto con ellas. El desapego no implica que no podamos disfrutar de las cosas buenas que el mundo nos ofrece. En realidad nos ayuda a disfrutarlas todavía más. Una vez que reconocemos y aceptamos que todas las cosas son transitorias y que el cambio es inexorable, podemos disfrutar los placeres del mundo sin temor a la pérdida y sin angustia frente al futuro. Cuando nos desapegamos, podemos ver las cosas desde un punto de vista más elevado en lugar de quedar atrapados por los acontecimientos de la vida.

Somos como el astronauta que ve el planeta Tierra rodeado por el espacio infinito y reconoce una verdad paradójica: que la Tierra es preciosa pero insignificante al mismo tiempo. El hecho de reconocer que “Esto también pasará” trae consigo el desapego, y éste a su vez nos abre una nueva dimensión en la vida: el espacio interior. Cuando vivimos en el desapego, sin juzgar y sin resistirnos, logramos acceso a esa dimensión. Cuando dejamos por completo de estar identificados con las formas, la consciencia, lo que somos, se libera de su prisión en la forma. Esa liberación es el surgimiento del espacio interior. Se presenta como una quietud, una paz sutil en el fondo de nuestro ser, hasta en presencia de algo aparentemente malo. “Esto también pasará”. Entonces, súbitamente, hay un espacio alrededor del suceso.

También hay espacio alrededor de los altibajos emocionales, incluso alrededor del sufrimiento. Y por encima de todo, hay espacio entre los pensamientos. Y desde ese espacio emana una paz que "no es de este mundo", porque este mundo es forma y la paz es espacio. Es la paz de Dios.Entonces podremos disfrutar y honrar las cosas de este mundo sin atribuirles la importancia y el peso que no tienen. Podremos participar en la danza de la creación y llevar una vida activa sin apegarnos a los resultados y sin imponer exigencias exageradas al mundo: lléname, hazme feliz, hazme sentir seguro, dime quién soy. El mundo no puede darnos esas cosas, y cuando nos despojamos de esas expectativas desaparece todo el sufrimiento creado por nosotros mismos.

Todo ese sufrimiento se debe a que le hemos dado un valor exagerado a la forma y al hecho de no tener consciencia de la dimensión del espacio interior. Cuando esa dimensión se manifiesta en nuestra vida podemos disfrutar las cosas, las experiencias y los placeres de los sentidos sin perdernos en ellos, sin apegarnos a ellos, es decir, sin volvernos adictos al mundo.“Esto también pasará” es la frase que nos muestra la realidad. Al señalar la temporalidad de todas las formas, señala, por lo tanto, hacia lo eterno. Solamente lo eterno de nosotros puede reconocer la temporalidad de lo temporal.

Cuando se pierde la dimensión del espacio o cuando no la reconocemos, las cosas del mundo adquieren una importancia absoluta, una seriedad y un peso que realmente no tienen. Cuando no vemos el mundo desde la perspectiva de lo sin forma, se convierte en un lugar amenazador y, en última instancia, en un lugar de desesperación. El profeta del Antiguo Testamento debió sentirlo así cuando escribió, "se cansarán de hablar y no podrán decir más, pero no se sacia el ojo de ver ni el oído de oír…”La consciencia del objeto y la consciencia del espacio.

La vida de la mayoría de las personas está atestada de cosas: cosas materiales, cosas por hacer, cosas en qué pensar. Es una vida parecida a la historia de la humanidad, la cual Winston Churchill definió diciendo, "una maldita cosa tras otra". Sus mentes están atestadas de pensamientos, que se suceden uno tras otro sin parar. Esa es la dimensión de la consciencia del objeto, la cual constituye la realidad predominante de muchas personas y es la causante de tanto desequilibrio.

A fin de que la cordura reine nuevamente en nuestro planeta, debemos equilibrar la consciencia del objeto con la consciencia del espacio. El surgimiento de la consciencia del espacio es la etapa siguiente en la evolución de la humanidad.Tener consciencia del espacio significa que, además de tener consciencia de las cosas (que siempre se reducen a las percepciones sensoriales, las emociones y los pensamientos) hay un estado de alerta subyacente. Ese estado de alerta implica que no solamente somos conscientes de las cosas (los objetos) sino también del hecho de ser conscientes. Es eso que percibimos como una quietud despierta en el fondo mientras las cosas suceden en primer plano. Es una dimensión que está presente en todos nosotros, pero que pasa inadvertida para la mayoría de las personas.

Algunas veces la señalo cuando pregunto, "¿Puede sentir su propia Presencia?"La consciencia del espacio representa no solamente la liberación del ego, sino también del materialismo y la materialidad. Es la dimensión espiritual, la única capaz de imprimir trascendencia y un verdadero significado a este mundo.La razón verdadera por la cual nos molestamos ante una situación, una persona o un suceso no está en la persona, la situación o el suceso, sino en haber perdido la perspectiva que solamente el espacio nos puede proporcionar. Quedamos atrapados en la consciencia del objeto y perdemos de vista el espacio interior atemporal de la consciencia misma.

Cuando utilizamos como guía la frase “esto también pasará”, recuperamos la consciencia de esa dimensión interior.Otra frase que nos señala la verdad interior es la siguiente:

"NUNCA ESTOY DISGUSTADO POR LA RAZON QUE CREO".

Eckhart Tolle


sábado, julio 22, 2017

Un acercamiento espiritual al éxito y a la abundancia


Actuamos siempre desde la personalidad porque es lo que conocemos. Porque no estamos entrenados para actuar desde el Ser. Creemos que somos un cuerpo, una mente, un intelecto y unas emociones. Hasta que tenemos acceso, por medio de la experiencia, a quienes realmente somos: consciencia pura ilimitada, un campo de infinitas posibilidades. Venimos de ese campo y venimos a expresarlo. Ese es el propósito final de la vida de todos. Cuando el propósito para el que fuimos creados no se realiza viene a nuestra vidas tanta enfermedad, tanta infelicidad, tanto dolor, vienen porque nos hemos olvidado de quiénes somos y de dónde venimos.

La Ley natural es el proceso por el cual lo oculto se revela. Todo lo que vemos viene de lo desconocido, todo lo que percibimos viene de algo que no sabemos que existe hasta que lo hacemos consciente. La Ley es el proceso por el cual la Divinidad, el campo cuántico, lo inmanifiesto, o como se quiera llamar, se pone en movimiento y se expresa. Estamos desalineados con las Leyes del universo. No las hemos estudiado, no las hemos entendido o no las hemos experimentado conscientemente. Estamos desconectados del universo.

El universo funciona sin esfuerzo, sin fricción, naturalmente y produce todo lo que está a nuestra vista y todo lo que está fuera de ella. Es una organización absolutamente perfecta y consigue todo lo que desea. Podemos ser parte del éxito del Universo y tener la capacidad de cumplir nuestros deseos espontáneamente y sin esfuerzo encontrando el camino de regreso a la inociencia. Louise Hay nos dice "toda experiencia es un éxito, independientemente de su resultado".

La primera ley espiritual del éxito es la ley de la potencialidad pura o de conciencia pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. La Ley de Potencialidad Pura Puede llamarse de muchas maneras, pero en realidad es lo que somos realmente.  La conciencia pura es nuestra esencia espiritual. Siendo infinita e ilimitada, también es felicidad pura. Otros atributos de la conciencia son el conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial; una naturaleza de potencialidad pura.

Cuando descubrimos nuestra naturaleza esencial y sabemos quién somos realmente, ese solo conocimiento encierra la capacidad de convertir en realidad todos nuestros sueños, porque somos la posibilidad eterna, el potencial inconmensurable de todo lo que fue, es y será. La ley de la potencialidad pura también podría denominarse ley de la unidad. 

Vivir de acuerdo con nuestro Ser, en una constante auto-referencia, significa que nuestro punto interno de referencia es nuestro propio espíritu, y no los objetos de nuestra experiencia. Lo contrario de la auto-referencia es la referencia al objeto. Cuando vivimos según la referencia al objeto, estamos siempre influidos por las cosas que están fuera de nosotros; entre ellas están las situaciones en las que nos involucramos, nuestras circunstancias, y las personas y las cosas que nos rodean. Cuando vivimos según la referencia al objeto, buscamos constantemente la aprobación de los demás. Nuestros pensamientos y comportamientos esperan constantemente una respuesta. Nuestra vida, por tanto, se basa en el temor.

 Cuando vivimos según la referencia al objeto, el punto de referencia interno es el ego. Sin embargo, el ego no es lo que realmente somos. El ego es nuestra autoimagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. A la máscara social le gusta la aprobación; quiere controlar, y se apoya en el poder porque vive en el temor. Nuestro verdadero ser, es nuestro espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es inmune a la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a nadie. Y, sin embargo, es humilde y no se siente superior a nadie, porque es consciente de que todos los demás son el mismo uno, el mismo espíritu con distintos disfraces humanos.

Ésa es la diferencia esencial entre la referencia al objeto y la auto-referencia. En la auto-referencia, experimentamos nuestro verdadero ser, el cual no le teme a los desafíos, respeta a todo el mundo y no se siente inferior a nadie. Por tanto, el poder del uno es el verdadero poder. El poder basado en la referencia al objeto, en cambio, es falso. Siendo un poder que se basa en el ego. Si se tiene cierto título - si es el presidente del país o el presidente de la junta directiva de una corporación - o si tiene muchísimo dinero, el poder de que disfruta está ligado al título, al cargo o al dinero. El poder basado en el ego dura solamente lo que duran esas cosas. Apenas desaparezcan el título, el cargo y el dinero, desaparecerá el poder.

Por otra parte, el poder del ser es permanente porque se basa en el conocimiento del uno mismo, y este poder tiene ciertas características: Atrae la gente hacia nosotros y también atrae las cosas que deseamos. Él magnetiza a las personas, las situaciones y las circunstancias en apoyo de nuestros deseos.  Esto es lo que se conoce también como apoyo de las leyes de la naturaleza. Es el apoyo de la divinidad; es el apoyo que se deriva de estar en un estado de gracia. Este poder es tal que disfrutamos de un vínculo con la gente y la gente disfruta de un vínculo con nosotros. Es el poder de establecer lazos - lazos que emanan del verdadero amor.

¿Cómo podemos aplicar la ley de la potencialidad pura, el campo de todas las posibilidades, en nuestra vida? Si queremos disfrutar de los beneficios del campo de la potencialidad pura, si queremos utilizar plenamente la creatividad inherente a la conciencia pura, debemos tener acceso a ella. Una manera de tener acceso al campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica diaria del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar. Pasar algún tiempo en contacto con la naturaleza también nos brinda acceso a las cualidades inherentes al campo: creatividad infinita, libertad y felicidad.

Practicar el silencio significa comprometernos a destinar cierta cantidad de tiempo sencillamente a ser. Tener la experiencia del silencio significa renunciar periódicamente a la actividad de hablar. También significa renunciar periódicamente a actividades tales como ver televisión, escuchar radio, o leer. Si nunca nos damos la oportunidad de experimentar el silencio, esto crea una turbulencia en nuestro diálogo interno. Destinemos un corto tiempo de vez en cuando a experimentar el silencio. O sencillamente comprometámonos a hacer silencio durante un determinado tiempo todos los días. Podrían ser dos horas, o si eso nos parece mucho, hagámoslo durante una hora. Y de vez en cuando dediquemos un período largo a experimentar el silencio, por ejemplo todo el día, o dos días, o hasta una semana.

Otra manera de entrar en el campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar. Juzgar es evaluar constantemente las cosas para clasificarlas como correctas o incorrectas, buenas o malas. Cuando estamos constantemente evaluando, clasificando, rotulando y analizando, creamos mucha turbulencia en nuestro diálogo interno. Esa turbulencia frena la energía que fluye entre nosotros y el campo de la puraza de nuestro Ser.

Literalmente, comprimimos el espacio entre un pensamiento y otro. Ese espacio es nuestra conexión con la potencialidad pura. Es el estado de conciencia pura, el espacio silencioso entre los pensamientos, la quietud interior que nos conecta con el poder verdadero. Y cuando comprimimos el espacio, reducimos nuestra conciencia y nos alejamos de nuestro Ser Espiritual . Conectandonos con lo profundo de nosotros mismos hacemos real la conexión con el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.

La practica de la Ley de Potencialidad Pura;

Estando en contacto íntimo con la naturaleza  y siendo testigo silencioso de la inteligencia que reside en cada cosa viviente. en la puesta del sol o sencillamente al oler el aroma de una flor y estando en comunión con la naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la vida y el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita. Se comienza el día con esta declaración, "Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra"; y a través del día me recordaré del no juzgar.

Deepak Chopra
Las 7 Leyes Espirituales del Éxito



lunes, julio 17, 2017

La palabra “Dios” ha perdido su significado


La palabra “Dios” ha perdido completamente su significado, a través de miles de años de mal uso. Por “mal uso”, me refiero a que personas que nunca han tenido siquiera un atisbo del ámbito de lo sagrado, de la infinita inmensidad existente detrás de esa palabra, la utilizan con gran convicción, como si supieran de lo que hablan. O bien, argumentan en su contra, como si supieran qué es lo que están negando. Este mal uso origina creencias, afirmaciones e ilusiones egóticas absurdas, como “Mi Dios o nuestro Dios es el único dios verdadero, y el tuyo es falso”, o la famosa frase de Nietzche: “Dios ha muerto”.

La palabra Dios se ha transformado en un concepto cerrado. Apenas la palabra es pronunciada, se forma una imagen mental -quizás ya no de un anciano de barba blanca-, pero sigue siendo una representación mental de alguien o algo fuera de ti; y, sí, casi inevitablemente un algo o alguien masculino.

Ni “Dios” ni el “Ser” ni ninguna otra palabra pueden definir o explicar la inefable realidad que se halla detrás de la palabra, de modo que la única pregunta importante es si la palabra es una ayuda o un obstáculo en cuanto a permitirte experimentar Aquello a lo cual apunta. ¿Apunta acaso más allá de sí misma, hacia esa realidad trascendente, o se presta muy fácilmente a transformarse en nada más que una idea, una creencia en tu cabeza, un ídolo mental?

La palabra “Ser” no explica nada, pero tampoco la palabra “Dios”. “Ser”, sin embargo, tiene la ventaja de ser un concepto abierto: no reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental de él. Nadie puede adjudicarse la posesión exclusiva del Ser. Es tu esencia misma, y te es accesible de inmediato como la sensación de tu propia presencia, la sensación de “Yo soy” previa a “Yo soy esto o lo otro”. Así que sólo hay un pequeño paso entre la palabra “Ser” y experimentar el Ser.
El Ser es la Vida Única eterna y omnipresente que se encuentra más allá de las innumerables formas de vida que se hallan sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo se halla más allá sino en la profundidad de cada forma, como su esencia más interna, invisible e indestructible.

Esto significa que eso está a tu alcance ahora, como tu naturaleza más verdadera, en lo más profundo de tu Ser. Pero no intentes comprenderla con la mente. No trates de comprenderla. Sólo puedes conocerla cuando la mente está quieta. Cuando estás presente, cuando tu atención se halla en forma total e intensa en el Ahora, podrás sentir al Ser, pero nunca podrá ser comprendido con la mente.

Tomar nuevamente consciencia del Ser y vivir en ese estado de “consciencia sentida” es la iluminación.

Eckhart Tolle


lunes, julio 10, 2017

Como cambiar nuestra vida? Viviendo desde el corazón



Una de las mejores maneras para vivir desde el corazón es pasar de la condena a la compasión. El acto mismo de desarrollar un poco de conciencia acerca de ser una persona con mas amor  te abre el corazón de una manera muy bella. Presta más atención al la forma como tratas a los demás. Pasa más tiempo reparando en sus fortalezas y no tanto en sus debilidades.

Recuerda que en tu lecho de muerte nunca te arrepentirás por haber amado o por haber confiado y derramado amor incondicional. Al final de tu vida puede que descubras que eso fue lo mejor y más satisfactorio que hiciste. Si el amor y la bondad que entregas se tornan más deliberados y más intencionales vas a fortalecer tu corazón.

Estar alerta y consciente no sólo ocurre en la cabeza, sirve para crear un puente hacia el corazón. Para construir cierta conciencia acerca de ser una persona que ama más, una de las cosas que ayuda más es meditar en ser la persona amante que quieres ser. La meditación no es más que el uso de la mente y la imaginación para crear una mejor vida interior. Consiste en visualizar cómo te gustaría ser en determinadas circunstancias.

La meditación es una visualización gloriosa, concentración mental con un sesgo de desarrollo personal. Si la haces regularmente, abrirás nuevos senderos en tu cerebro y suavizarás el corazón. Y empezarás a acceder al amor que hay en ti, porque tu meta es ser más amoroso en el mundo. A medida que te relajas te irás abriendo a sugerencias. Entonces puedes empezar a re-escribir tu manera de conducirte en la vida y crear un patrón del ser humano más amoroso que quieres ser. En ese estado es casi como si fueras un arquitecto que crea su plano ideal. Y en cuanto has dibujado el plano en el lienzo de tu imaginación, el mundo exterior podrá reflejarlo según tu designio personal.

Puedes avanzar enormemente en el trabajo con tu corazón si ayudas a otros desinteresadamente. El mejor modo de reducir tu sufrimiento personal es reducir el sufrimiento de otros. Mientras más ayudas genuinamente a otros, mejor latirá tu corazón a un ritmo nuevo. Mientras más des a otros con la sincera intención de elevar su vida a un nivel superior, más te recompensará el mundo mejorándote a ti. No es tan difícil, sólo requiere comprensión y entrega. Dar a la espera de recompensa no es verdaderamente dar.

Cada vez que haces algo bueno a otra persona no sólo mejoras su vida, también mejoras tu propia valía. Mientras más sirves a otros, mejor te sentirás contigo mismo. Mejorará tu autoestima y te sentirás mejor como ser humano. Y en un nivel profundo, algo empezará a cambiar y a crecer: el respeto de ti mismo, la cantidad de amor que tienes por ti mismo.

La felicidad proviene de dedicar la vida a ayudar a otros. La mano que da es la mano que recoge y el dar origina el proceso de recibir.

Hacer actos de bondad cada día parece una estrategia muy sencilla y, sin embargo, es una de las cosas que todos olvidamos. El mejor modo como he crecido en un lugar donde puedo manifestar amor sin límites por los demás, es creciendo en un lugar donde pueda mostrar amor sin límites por mí mismo.

No puedo dar amor a otro si no siento amor verdadero por mí mismo. El amor a uno mismo es el combustible que impulsa el cambio personal y te ayuda a convertirte en una persona que ama a los demás.

Nos tomamos demasiado en serio. Estamos tan absortos en nosotros mismos que nos creemos el centro del universo. Nos engañamos creyendo que nuestros problemas son los mayores y los únicos del mundo. Caminamos por este planeta muy poco tiempo, sin embargo nos tomamos tan en serio.

Tenemos que desarrollar una mejor valoración de los dones en nuestra vida. Y si sabemos apreciar lo bueno que hay en nuestra vida, eso bueno va a crecer. Si aprecias el amanecer, se convertirá en una parte más valiosa de tu vida y le concederás más valor. Si aprecias a tus amigos, aumentará el valor de su amistad y valdrá más para ti. Si aprecias tu buena salud, resultará más valiosa en tu vida y la considerarás más importante. Mientras más te concentras en lo que es bueno en tu vida, más cosas buenas pareces atraer.

Vivir en un estado constante e interminable de gratitud hará que la experiencia de vivir resulte más valiosa y digna de vivirse. Cambiará tu manera de ver el mundo, gozarás mucho más con los pequeños placeres de la vida y podrás saborear las pequeñas bendiciones que cada día trae consigo.

Debes practicar la gratitud más a menudo. Hacerlo es otra manera de abrir el corazón y amar la vida. Practicar diariamente la gratitud es lo mismo que practicar el amor todos los días.

Robin Sharma
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