viernes, octubre 19, 2018

Nadie pierde por dar amor


Afortunadamente la neurociencia va ofreciéndonos día tras día reveladoras informaciones que nos explican por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento.

Estamos programados genéticamente para conectar entre nosotros y para construir lazos emocionales con los que sentirnos seguros, con los que edificar un proyecto. Es así como hemos sobrevivido como especie, “conectando”, de ahí que una pérdida, una separación e incluso un simple malentendido haga que salte al instante la señal de alarma en nuestro cerebro.

Ahora bien, otro aspecto complejo sobre el tema de las relaciones afectivas es el modo en el que afrontamos dicha separación, dicha ruptura. Desde un punto neurológico cabe decir que empiezan a liberarse al instante las hormonas del estrés, conformando en muchos casos lo que se conoce como “el corazón roto“. Sin embargo, desde un punto emocional y psicológico, lo que sienten muchas personas es otro tipo de realidad.

No solo se experimenta el dolor por la falta del ser amado. Se siente una pérdida de energía, de aliento vital. Es como si todo el amor dado, todas las esperanzas y afectos dedicados a esa persona se hubieran ido también, dejándo vacío, yermo, marchito…

Entonces… ¿cómo volver a amar de nuevo si lo único que habita en nuestro interior es la sombra de un mal recuerdo? Es necesario que afrontemos estos momentos de otro modo. 

Dar amor o evitar amar de nuevo

Todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados. Cuando se inicia una nueva relación nadie lo hace enviando previamente todas sus experiencias pasadas a la papelera de reciclaje. Nadie empieza de “0”. Todo está ahí, y el modo en que hayamos gestionado nuestro pasado hará que vivamos un presente afectivo y emocional con mayor madurez, con mayor plenitud.

Ahora bien, el hecho de haber vivido en piel propia una amarga traición o, sencillamente, percibir que el amor se ha apagado en el corazón de nuestra pareja cambia mucho el modo en que vemos las cosas. Dar amor con intensidad durante una época determinada, para después quedarnos vacíos y enclaustrados en la habitación de los recuerdos y las ilusiones perdidas, cambia muchas veces la arquitectura de nuestra personalidad.

 No falta quien se vuelve desconfiado, e incluso quien desarrolla poco a poco la gélida y férrea coraza del aislamiento donde interiorizar el clásico mantra de “mejor no amar para no sufrir“. Sin embargo, es necesario derribar una idea básica en estos procesos de lenta “autodestrucción”.

Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas… Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos.

Sanar el amor perdido

Según un estudio llevado a cabo en la University College London, existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar una ruptura afectiva. La respuesta emocional parece ser muy distinta. Las mujeres sienten mucho más el impacto de la separación, sin embargo es común que se repongan antes que los hombres. 

Ellos, por su parte, suelen aparentar estar bien, se visten con la máscara de la fortaleza refugiándose en sus ocupaciones y responsabilidades. Sin embargo, no siempre logran superar esa ruptura o tardan años en hacerlo. ¿La razón? El sexo femenino suele disponer de mejores habilidades para gestionar su mundo emocional. Facilitar el desahogo, buscar apoyo y afrontar lo ocurrido desde una perspectiva donde se halla el perdón y la actitud de pasar página suele hacer las cosas más fáciles. 

Sea como sea, y más allá de los géneros o del motivo que haya originado esa ruptura, quedan claras algunas cosas que es necesario inocular en nuestro corazón a modo de vacuna. Ningún fracaso emocional debe vetarnos nuestra oportunidad de ser felices de nuevo. Digamos “no” a ser esclavos del pasado y eternos cautivos del sufrimiento.

Otro aspecto que es bueno recordar es que amar no es sinónimo de sufrir. No alimentemos esperanzas o alarguemos el “chicle” de una relación que de antemano tiene fecha de caducidad. Una retirada a tiempo salva corazones y un adiós valiente cierra una puerta para abrir otra, esa donde el amor se conjuga siempre con la palabra FELICIDAD. 

 Valeria Sabater


martes, octubre 09, 2018

Valores de la espiritualidad



Hermanos y hermanas, me gustaría abordar el tema de los valores espirituales con la definición de dos valores de espiritualidad.

Para empezar, permitidme decir que como seres hu­manos nuestro objetivo básico es el de disfrutar de una vida feliz; todos queremos experimentar la felicidad. Es algo natural para nosotros buscarla. Éste es el propósito de nuestra vida. La razón de ello es bastante obvia: cuan­do perdemos la esperanza, el resultado es que nos de­primimos y hasta es posible que nos volvamos suicidas. Nuestra propia existencia está, pues, fuertemente arrai­gada en la esperanza. Si bien no existe ninguna garantía de lo que nos va a traer el futuro, porque somos capaces de continuar viviendo, tenemos esperanza. Por tanto, podemos afirmar que el propósito de nuestra vida, el ob­jetivo de nuestra vida, es la felicidad. Los seres humanos no son producto de las máquinas. Somos más que simple materia; nosotros sentimos y ex­perimentamos. Por ello, el bienestar material por sí solo no basta. Necesitamos algo más profundo, aquello que normalmente defino como afecto humano o compasión.

Con el afecto humano, o compasión, todas las ventajas materiales que tenemos a nuestra disposición pueden ser muy constructivas y producir resultados positivos. No obstante, sin él, las ventajas materiales por sí solas no conseguirán satisfacernos ni tampoco aportarnos nin­gún grado de paz mental o felicidad. De hecho, las ven­tajas materiales sin el afecto pueden incluso crear pro­blemas adicionales. En consecuencia, podemos afirmar que el afecto o compasión es la clave para la felicidad hu­mana.

EL PRIMER NIVEL DE ESPIRITUALIDAD:

LAS RELIGIONES DEL MUNDO Y SU VALOR PARA LA HUMANIDAD

El primer nivel de espiritualidad para los seres humanos de cualquier lugar del mundo es la fe en una de las mu­chas religiones que existen. En mi opinión, cada una de las principales religiones mundiales cumple una impor­tante función; pero para que éstas contribuyan eficaz­mente en beneficio de la humanidad, desde el aspecto religioso, existen dos factores importantes a tener en cuenta. El primero de ellos es que los practicantes a tí­tulo individual de todas estas religiones, es decir, noso­tros mismos, debemos practicarlas de forma sincera.

Las enseñanzas religiosas deben ser parte integral de nues­tras vidas; no han de estar desligadas de esa práctica. A veces, entramos en una iglesia o un templo y recitamos oraciones o quizá generamos algún tipo de sentimiento espiritual, pero en cuanto salimos a la calle, esta sensa­ción religiosa desaparece totalmente. Ésta no es la forma correcta de practicar. El mensaje religioso debe perma­necer con nosotros dondequiera que estemos. Las ense­ñanzas de nuestra religión tienen que estar presentes en nuestras vidas de tal forma que, cuando realmente nece­sitemos o pidamos bendiciones o fuerza interior, estas enseñanzas estén ahí incluso en esos momentos; estarán ahí cuando experimentemos dificultades porque esta­rán constantemente presentes. La religión sólo puede ser realmente eficaz cuando se ha convertido en parte integral de nuestras vidas.

Necesitamos, asimismo, experimentar con mayor pro­fundidad los significados y valores espirituales de nuestra propia tradición religiosa, necesitamos conocer estas en­señanzas no solamente a nivel intelectual, sino también a través de nuestra propia experiencia más profunda. A veces comprendemos diferentes ideas religiosas en un plano demasiado superficial o intelectual. Sin un senti­miento más profundo, la eficacia de la religión queda li­mitada. Así pues, debemos practicar de forma sincera, y la religión ha de convertirse en parte de nuestras vidas.

LA IMPORTANCIA DE UNA RELACIÓN ESTRECHA ENTRE LAS RELIGIONES

El segundo factor está más relacionado con la interac­ción entre las diferentes religiones del mundo. En la actualidad, debido al ascenso del cambio tecnológico y a la economía mundial, nos hallamos en una situación en la que jamás habíamos dependido tanto unos de otros.

Entre los diferentes países y continentes, se ha estableci­do una relación mucho más estrecha. De hecho, la su­pervivencia de una región del mundo depende de la de las otras. En consecuencia, el mundo ha establecido unos lazos mucho más estrechos, es más interdepen­diente y existe más interacción humana. En tales circunstancias, la idea de pluralismo entre las religiones mundiales es de suma importancia. En épocas pasadas, cuando se vivía en comunidades alejadas unas de otras y las religiones surgían en relativo aislamiento, la idea de que solamente existía una religión resultaba muy útil. Pero ahora la situación ha cambiado, y las circunstancias son totalmente diferentes. Aceptar el hecho de que exis­ten diferentes religiones es de esencial importancia, y para desarrollar un respeto mutuo genuino entre ellas, es imprescindible establecer un contacto cercano entre las diferentes religiones.

Éste es el segundo factor que hará que las religiones mundiales sean efectivas a la hora de ejercer un efecto benéfico para toda la humanidad. Cuando estaba en el Tíbet, no tenía ningún contacto con personas de otras religiones, por ello mi actitud ha­cia ellas no era muy positiva. Pero una vez tuve la opor­tunidad de conocer a personas de otras creencias y aprender a partir del contacto personal y la experiencia, mi actitud hacia las demás religiones cambió. Me di cuenta de lo útiles que son para la humanidad, y del po­tencial que cada una de ellas tiene para contribuir a un mundo mejor. A lo largo de varios siglos, las religiones han aportado elementos maravillosos para una evolu­ción mejor de los seres humanos e incluso hoy en día existe gran número de seguidores del cristianismo, del islam, del judaísmo, del budismo, etcétera. Millones de personas se están beneficiando de todas estas religiones. Para dar un ejemplo del valor que tiene conocer a personas de diferentes creencias, mis encuentros con el fallecido Thomas Merton hicieron que me diera cuenta de lo maravilloso y valioso que era como persona.

En otra ocasión, tuve la oportunidad de conocer a un mon­je católico en Montserrat, uno de los famosos monaste­rios de España. Me habían dicho que este monje había vivido durante varios años como ermitaño en una colina justo detrás de la abadía. Cuando visité el monasterio, descendió de su ermita expresamente para conocerme. Dio la casualidad de que su inglés era aún peor que el mío y esto me animó más para hablar con él. Nos que­damos frente a frente y le pregunté: «En todos estos años, ¿qué has estado haciendo en esa colina?». Me miró y contestó: «Meditación en la compasión, en el amor». Cuando pronunció estas pocas palabras comprendí el mensaje a través de sus ojos. Desarrollé, verdaderamen­te, una sincera admiración hacia aquella persona y hacia otros como él. Este tipo de experiencias me ha ayudado a confirmar en mi mente que todas las religiones mun­diales poseen el potencial para generar bondad en las personas, independientemente de sus diferencias en fi­losofía y doctrina. Cada tradición religiosa tiene su pro­pio mensaje maravilloso que transmitir.

Por ejemplo, desde el punto de vista del budismo, el concepto de un creador es ilógico; debido a la manera en que el budismo analiza la causalidad, resulta un con­cepto difícil de comprender para los budistas. No obstante, no cabe ahora profundizar en cuestiones filosófi­cas. El punto importante aquí es que para las personas que siguen enseñanzas en las que la creencia básica resi­de en un creador, este enfoque resulta muy eficaz.

Según esas tradiciones, el ser humano es creado por Dios. Ade­más, por lo que recientemente he aprendido de mis ami­gos cristianos, no aceptan la teoría del renacimiento, por lo cual tampoco aceptan las vidas pasadas o futuras. Aceptan solamente esta vida. Sin embargo, sostienen que esta misma vida está creada por Dios, por el creador, y esta idea genera en ellos un sentimiento de intimidad con él. Su enseñanza más importante es que, dado que nosotros estamos aquí por voluntad de Dios, nuestro fu­turo depende del creador, y debido a que éste está con­siderado como sagrado y supremo, nosotros debemos amarlo.

Lo que se observa de esta enseñanza es que nosotros deberíamos amar a nuestros semejantes, los seres huma­nos; éste es el mensaje esencial. El razonamiento es que si nosotros amamos a Dios, debemos amar a nuestros se­mejantes, los seres humanos, porque ellos, como noso­tros, fueron creados por aquél. Su futuro, así como el nuestro, depende del creador; así pues, su situación es como la nuestra. En consecuencia, resultaría cuestiona­ble la fe de las personas que dicen: «Amad a Dios», pero que no muestran un amor sincero hacia sus iguales, los humanos. La persona que cree en Dios y en el amor ha­cia él debe manifestar la sinceridad de su amor a través del amor dirigido hacia sus semejantes.

Este tipo de en­foque es muy poderoso, ¿no os parece?. Si examinamos de esta manera cada religión desde di­ferentes ángulos, no simplemente a partir de nuestra propia postura filosófica, sino teniendo en cuenta dife­rentes puntos de vista, no cabe duda de que todas las principales religiones tienen el potencial de hacer mejor al ser humano. Esto es evidente: un contacto estrecho con personas de otras creencias hace posible desarrollar una actitud mental amplia y respeto mutuo con relación a otras religiones.

El acercamiento a diferentes creencias me ayuda a aprender nuevas ideas, nuevas prácticas, y nuevos métodos o técnicas que yo puedo incorporar en mi propia práctica. De forma similar, algunos de mis her­manos y hermanas cristianos han adoptado ciertos mé­todos budistas como, por ejemplo, la práctica de la con­centración mental en un solo punto, así como técnicas que ayudan a desarrollar la tolerancia, la compasión y el amor. Resulta de gran beneficio que practicantes de di­ferentes religiones se reúnan para este tipo de intercam­bios. Además de desarrollar la armonía entre ellos, tam­bién pueden obtenerse otros resultados benéficos.

Los políticos y los líderes nacionales hablan con fre­cuencia de la «convivencia» y el «acercamiento». ¿Por qué no puede ser así también entre las personas religio­sas? Creo que ha llegado la hora. En Asís, en 1987, por ejemplo, líderes y representantes de diferentes religio­nes mundiales se reunieron para orar juntos, aunque no estoy seguro de que la palabra «oración» sea el término adecuado para describir de forma exacta la práctica de todas estas religiones. En cualquier caso, lo importante es que representantes de distintas religiones se reúnan en un mismo lugar y recen, cada uno de acuerdo con su propia fe. Esto ya está sucediendo y, en mi opinión, algo muy positivo se está generando. No obstante, todavía necesitamos poner más esfuerzo en desarrollar la armo­nía y la proximidad entre las diferentes regiones del mundo, ya que sin tal esfuerzo continuaremos experi­mentando los numerosos problemas que dividen a la hu­manidad.

Si la religión fuera el único remedio para disminuir el conflicto humano y si este mismo remedio se convirtiera en una fuente más de conflicto, sería algo desastroso. En la actualidad, así como en el pasado, surgen conflictos en nombre de la religión debido a diferencias religiosas, y en mi opinión esto es muy, muy triste. Pero como ya he mencionado anteriormente, si pensamos con una mente más amplia y profunda, nos daremos cuenta de que la si­tuación en el pasado era totalmente distinta a la de hoy. Ya no vivimos de una manera aislada sino interdepen­diente. Por tanto, en la actualidad es muy importante darse cuenta de que una relación estrecha entre las di­ferentes religiones es algo fundamental; sólo así los dife­rentes grupos religiosos tendrán la posibilidad de trabajar juntos de forma más íntima y hacer un esfuerzo común en beneficio de toda la humanidad. Sinceridad y fe en la práctica religiosa por un lado, y tolerancia religiosa y cooperación por el otro, comprenden el primer nivel del valor de la práctica espiritual para la humanidad.

EL SEGUNDO NIVEL DE ESPIRITUALIDAD: LA COMPASIÓN COMO RELIGIÓN UNIVERSAL

El segundo nivel de espiritualidad es más importante que el primero porque sin importar lo maravillosa que pueda ser una religión, las personas que la aceptan si­guen siendo un número muy limitado. La mayoría de los cinco o seis mil millones de seres humanos que hay en nuestro planeta, probablemente no practican ningún tipo de religión. De acuerdo con la formación que han recibido por parte de su familia, quizá se identifiquen como pertenecientes a uno u otro grupo religioso: «Yo soy hindú», «Yo soy budista», «Yo soy cristiano», pero en profundidad, la mayoría de estas personas no son nece­sariamente practicantes de ninguna fe religiosa. Esto es así y está bien; el hecho de que una persona adopte o no una religión es un derecho individual de cada uno. To­dos los grandes maestros de la Antigüedad, tales como Buda, Mahavira, Jesucristo y Mahoma, nunca lograron crear una conciencia espiritual en toda la humanidad, en todos los seres humanos. En realidad, nadie puede hacer tal cosa.

Si estas personas no creyentes se llaman a sí mismas ateas no importa. De hecho, según algunos eruditos occidentales, los budistas también son ateos, dado que no aceptan el concepto de un creador. Por ello, a veces, añado una palabra más al describir a los no creyentes y es la palabra «extremista»; los llamo no cre­yentes «extremistas». Estas personas no son solamente no creyentes sino que son extremistas en su visión al sostener que la espiritualidad no tiene ningún valor. Si embargo, debemos recordar que ellas también forman parte de la humanidad y que, como todos los seres hu­manos, tienen el deseo de ser felices, de vivir una vida fe­liz y en paz. Éste es el punto importante. Por mi parte creo que no hay nada malo en continuar siendo no creyente, pero mientras seamos parte de la hu­manidad, mientras seamos seres humanos, tenemos ne­cesidad del afecto humano, de la compasión humana.

Ésta es, en realidad, la enseñanza fundamental de todas las tradiciones religiosas: el punto esencial es la compa­sión o el afecto humano. Sin éste, incluso las creencias religiosas pueden resultar destructivas. Por tanto, la esen­cia en la religión incluso es la bondad de corazón. Desde mi punto de vista, el afecto humano o la compasión es la religión universal. Sea uno creyente o no, todos necesi­tamos afecto humano y compasión, porque nos da fuer­za interna, esperanza y paz mental. Resulta, pues, algo in­dispensable para todos.

Examinemos, por ejemplo, la utilidad de un corazón bondadoso en la vida cotidiana. Si nos sentimos de buen humor cuando nos levantamos por la mañana, si hay en nosotros un sentimiento de bondad, automáticamente nuestra puerta interna se abre a ese día. Incluso en el caso de que nos encontrásemos a una persona desagra­dable, no experimentaríamos demasiada alteración y quizá incluso conseguiríamos decirle algo agradable. Po­dríamos charlar con esa persona poco amistosa y tal vez incluso mantener una conversación profunda. Sin em­bargo, en un día en el que nuestro estado de ánimo es menos positivo y nos sentimos irritados, de forma auto­mática se cierra nuestra puerta interna.

En consecuen­cia, incluso si nos encontramos con nuestro mejor ami­go o amiga nos sentimos incómodos y tensos. Estos ejemplos muestran cómo nuestra actitud interior marca una gran diferencia en nuestras experiencias diarias. Así pues, para crear una atmósfera agradable, placentera, dentro de nosotros mismos, de nuestras familias o nues­tro entorno, debemos darnos cuenta de que el origen úl­timo de esa atmósfera placentera reside dentro de cada uno: un corazón bondadoso, compasión humana, amor. El hecho de crear una atmósfera positiva y amistosa nos ayuda automáticamente a disminuir el miedo y la in­seguridad. De esta manera podemos, con mayor facili­dad, hacer nuevos amigos y provocar más sonrisas.

Des­pués de todo, somos animales sociales. Sin la amistad con otros seres humanos, sin la sonrisa humana, nuestra vida se convierte en desdicha. La sensación de soledad se hace insoportable. Se trata de una ley de la naturaleza; en otras palabras, según las leyes naturales, dependemos unos de otros para vivir. Si bajo ciertas circunstancias, de­bido a que algo no funciona en nosotros, nuestra actitud hacia nuestros semejantes, de quienes dependemos, se vuelve hostil, ¿cómo podemos esperar alcanzar la paz mental o disfrutar de una vida feliz? De acuerdo con la naturaleza básica humana, o ley natural, el afecto -la compasión- es la clave para la felicidad.

Según la medicina contemporánea, un estado mental positivo, o paz mental, resulta también beneficioso para nuestra salud física. Si estamos constantemente alterados acabamos dañando nuestra propia salud. Por tanto, in­cluso en el aspecto de la salud, la calma mental y la se­renidad son muy importantes. Esto demuestra cómo el cuerpo físico de por sí aprecia y responde a la calidez hu­mana, a la paz mental.

LA NATURALEZA HUMANA FUNDAMENTAL

Si observamos la naturaleza humana fundamental, ve­mos que nuestra naturaleza no es de carácter agresivo sino dócil. Por ejemplo, si examinamos diferentes ani­males, nos damos cuenta de que los más pacíficos tienen una estructura corporal en concordancia con su natura­leza; de forma similar, la estructura física de los animales de presa también se ha desarrollado de acuerdo con lo que son. Comparemos el tigre y el ciervo: existen gran­des diferencias en sus estructuras físicas. Cuando com­paramos nuestro propio cuerpo con el de ellos, vemos que nosotros nos parecemos más a los ciervos y a los co­nejos que a los tigres.

Incluso nuestros dientes son más parecidos a los de ellos, ¿no es así? No son como los de un tigre. Nuestras uñas son otro buen ejemplo, pues ni tan siquiera puedo cazar a un ratón sólo con mis uñas de humano. Por supuesto, debido a la inteligencia humana, somos capaces de inventar y utilizar diferentes herra­mientas y métodos para hacer cosas que sin ellos nos se­ría difícil realizar. Así, como podemos ver, debido a nues­tra condición física pertenecemos a la categoría de animales dóciles. Considero pues que ésta es la natura­leza humana fundamental tal como enseña nuestra es­tructura física básica.

LA COMPASIÓN Y LA RESOLUCIÓN DE LOS CONFLICTOS

Dada nuestra situación global actual, la cooperación es esencial, en particular en campos como la economía y la educación. En la actualidad, el concepto de que las dife­rencias son importantes prácticamente ha desaparecido, como queda reflejado en el movimiento por una Europa occidental unida. Este movimiento es, en mi opinión, realmente valioso y muy oportuno. No obstante, el esfuerzo por crear este estrecho vínculo entre las diferen­tes naciones no surgió debido a la compasión o la fe re­ligiosa, sino más bien por necesidad.

Existe en el mundo una tendencia creciente hacia la conciencia global. En tales circunstancias, una relación estrecha con los demás se ha convertido en un elemento ligado a nuestra propia supervivencia. El concepto de la responsabilidad univer­sal, basada en la compasión y el sentimiento de herman­dad, es hoy fundamental. El mundo está lleno de con­flictos -por ideologías, por religión e incluso conflictos dentro de las familias- basados en el hecho de que una persona quiere una cosa mientras otra desea algo distin­to. Si examinamos el origen de todos estos conflictos, descubrimos que hay varias, existen muchas causas dife­rentes, incluso dentro de nosotros mismos.

No obstante tenemos, a la vez, el potencial y la habili­dad para unirnos en armonía. Todas estas otras cosas son relativas. Aunque existan muchos puntos que originan conflicto, existen al mismo tiempo muchas posibilidades de generar unión y armonía. Ha llegado el momento de poner mayor énfasis en la unión. Aquí, una vez más, debe haber afecto humano. Por ejemplo, quizá uno ten­ga una opinión religiosa o ideológica diferente a la de otra persona.

Si respetamos sus derechos y mostramos de forma sincera una actitud compasiva hacia ella, en­tonces no importa si su idea se adapta a la nuestra; esto sería algo secundario. Mientras la otra persona crea en ello y se beneficie de tal punto de vista, está en su pleno derecho. Por tanto, debemos sentir respeto y aceptar el hecho de que existen diferentes puntos de vista. Lo mis­mo sucede en el campo de la economía: nuestros com­petidores también deben obtener algún tipo de bene­ficio, porque ellos asimismo han de sobrevivir. En mi opinión, cuando tenemos una percepción más amplia basada en la compasión las cosas empiezan a ser mucho más fáciles. Una vez más, la compasión es el factor clave.

CONCLUSIÓN: EL SIGNIFICADO DE LA COMPASIÓN

He hablado extensamente acerca de la compasión sin explicar su verdadero significado. Me gustaría ahondar en el sentido de la compasión, que a menudo suele en­tenderse erróneamente. La genuina compasión está ba­sada no en nuestras propias proyecciones y expectativas sino en los derechos del otro. Independientemente de si la otra persona es un amigo íntimo o un enemigo, el he­cho de que desee la paz y la felicidad y quiera superar el sufrimiento ha de servirnos de base para desarrollar un genuino interés por su problema. Ésta es la compasión auténtica.

Normalmente, cuando nos interesamos por un amigo íntimo, llamamos a esto compasión. Esto no es compasión, es apego. Incluso en el matrimonio, aquellos que perduran a lo largo del tiempo lo hacen no debido al apego -aunque generalmente está presente-, sino por­que también existe compasión. Los matrimonios que duran sólo poco tiempo experimentan falta de compa­sión; existe solamente apego emocional basado en pro­yecciones y expectativas. Cuando el único punto de unión entre amigos íntimos es el apego, incluso un pe­queño detalle puede hacer cambiar nuestras proyeccio­nes. Tan pronto como cambian nuestras proyecciones, desaparece el apego, porque estaba basado únicamente en aquéllas

Es posible tener compasión sin apego y, de forma si­milar, sentir enfado sin odio. Por consiguiente, necesitamos hacer una distinción clara entre la compasión y el apego, y entre el enfado y el odio. Esta claridad de con­ceptos es útil en nuestra vida diaria y en nuestros esfuer­zos hacia la paz mundial. Considero que éstos son los va­lores espirituales fundamentales para la felicidad de todos los seres humanos, independientemente de si uno es creyente o no.

TENZIN GYATSO
S.S. Dalai Lama

Las leyes de la vida
La dimension Espiritual


martes, octubre 02, 2018

El mejor estado de la vida no es estar enamorados, es estar tranquilos


Con el tiempo, solemos descubrir que el mejor estado de la vida no es estar enamorados, sino estar tranquilos. Solo cuando una persona logra hallar ese equilibrio interior donde nada sobra y nada falta, es cuando se siente más plena que nunca. El amor puede aparecer entonces si así lo quiere, aunque no es una necesidad obligada.

Resulta curioso como la mayoría de las personas seguimos teniendo como principal objetivo hallar a nuestra pareja perfecta. Cada vez disponemos de más aplicaciones en nuestros dispositivos móviles para facilitarnos esas búsquedas. Tampoco faltan los clásicos programas de televisión en horario de máxima audiencia orientados para el mismo fin. Buscamos y buscamos en este vasto océano sin haber hecho antes un viaje imprescindible: el del autoconocimiento.

El hecho de no haber realizado esta necesitada peregrinación por nuestro interior ahondando en vacíos y necesidades, hace que a veces acabemos eligiendo compañeros de viaje poco acertados. Relaciones efímeras que quedan inscritas en la soledad de nuestras almohadas, tan llenas ya de sueños rotos y lágrimas sofocadas. Tanto es así que son muchas las personas que pasan gran parte de su ciclo vital saltando de piedra en piedra, de corazón en corazón, almacenando decepciones, amarguras y tristes desencantos.

En medio de este escenario, tal y como dijo Graham Greene en su novela “El final del romance” solo tenemos dos opciones: mirar hacia atrás o mirar hacia delante. Si lo hacemos de la mano de la experiencia y la sabiduría tomaremos el camino correcto: el del interior. Ahí donde poner en orden el laberinto de nuestras emociones para encontrar el preciado equilibrio.

El mejor estado de la vida es estar tranquilos

La tranquilidad no es ni mucho menos ausencia de emociones. Tampoco implica renuncia alguna al amor o a esa pasión que nos dignifica, esa que nos da alas y también raíces. La persona tranquila no evita ninguna de estas dimensiones, pero las ve desde esa perspectiva donde uno sabe muy bien dónde están los límites, dónde esa templanza que como un faro en la noche alumbra nuestra paz interior.

Vivimos en una cultura de masas donde se nos insta a buscar pareja como si de este modo pudiéramos alcanzár por fin la ansiada autorrealización. Frases como “cuando tenga novia asentará la cabeza” o “todas tus penas se aliviarán cuando encuentres a tu hombre ideal”, no hacen más que anular de forma constante nuestra identidad para erigir una idealización absolutista y errónea del amor.

El mejor estado del ser humano no es pues amar hasta quedar anulado. No es darlo todo hasta que nuestros derechos vitales queden difuminados solo por ese miedo insondable a estar solos. El mejor estado es estar tranquilos, con una adecuada armonía interior donde no quede espacio para los vacíos, para los apegos desesperados o las idealizaciones imposibles. Porque el amor, por mucho que nos digan, no siempre lo justifica todo. No si implica abandonarnos a nosotros mismos.

Claves para hallar el equilibrio interno 

Lo creamos o no, a lo largo de nuestro ciclo vital siempre va a llegar este momento. Ese instante en que nos digamos a nosotros mismos “deseo calma, quiero encontrar mi equilibrio interior” para estar tranquilos. Es un modo excepcional de favorecer nuestro crecimiento personal y para lograrlo, nada mejor que promover estos cambios.

Lo primero que haremos es aprender a discriminar qué relaciones de las que contamos en este presente, no nos son satisfactorias. Nadie podrá hallar esa ansiada tranquilidad si cuenta con un vínculo dañino entre esos lazos familiares, de amistad o de trabajo. El segundo paso es tomar una decisión esencial: dejar de ser víctimas. En cierto modo, todos lo somos en algún aspecto: víctimas de esos lazos dañinos antes referenciados, víctimas de nuestras inseguridades, de nuestras obsesiones o limitaciones. Hemos de ser capaces de reprogramar actitudes para alimentar el coraje suficiente como para derribar todas estas alambradas.

Una vez conseguidos los dos pasos anteriores, es necesario llegar a un tercer y maravilloso escalón. Debemos tener un propósito, una determinación clara y definida: ser felices. Hemos de cultivar esa felicidad sencilla en la que uno, por fín, se siente bien por como es, por lo que tiene y por lo que ha logrado. Esa complacencia nutrida por las raíces del amor propio nos aportará sin duda un gran equilibrio.

Las personas en cuyo corazón respira el equilibrio y en cuya mente habita la tranquilidad, no ven el amor como una necesidad o como un anhelo desesperado. El amor no es algo que llega para rescatarlas, porque la persona tranquila ya no necesita ser salvada. El amor es un tesoro precioso que uno encuentra y que decide, por propia libertad y voluntad, cuidarlo como la dimensión más hermosa del ser humano.

Valeria Sabater
Psicóloga y escritora



domingo, septiembre 23, 2018

Es tan simple ser feliz y tan difícil ser simple…


A veces nos conformamos con aquello que no nos hace feliz: por costumbre, por indecisión, por miedo. Se nos olvida, quizá, que ser feliz puede ser muy fácil, lo complicado es saber dilucidar qué es lo importante, lo más nutritivo y mágico para nosotros y entonces luchar por ello.

Tal y como suele decir esa expresión popular:“es tan sencillo ser feliz pero tan difícil ser sencillo…” Pocas frases pueden encerrar una verdad tan evidente. A la mayoría nos han educado en la idea de que debemos conseguir determinadas cosas para definirnos. Estudiamos y obtenemos títulos para tener un trabajo. Tenemos un trabajo para alcanzar un supuesto bienestar y conseguimos una serie de recursos, materiales, bienes y establecemos una serie de relaciones sociales y afectivas que, supuestamente deberían colmarnos de felicidad. Sin embargo, esta fórmula no siempre es correcta, los factores no armonizan con el producto.

¿Es quizá la felicidad un fraude? En absoluto. El engaño auténtico es el modo en que nos han hecho creer que podemos alcanzarla. Porque quien se empeñe en buscar ese estado de gracia fracasará una y otra vez.  La búsqueda de la felicidad nunca termina bien por una razón muy sencilla: es un estado del ser. No se busca, se crea, no se encuentra, se trabaja. Y aún más, hay algo que no podemos descuidar: no ha todo el mundo le sirven las mismas estrategias. Cada uno de nosotros debemos llevar a cabo esa labor a nuestra manera.

Ser feliz sería, siguiendo la concepción budista, estar despierto, descubrir los venenos de nuestra mente, los condicionamientos y también los recursos, las posibilidades. Ser feliz significa abrazar nuestra vulnerable condición de seres humanos con alegría. Y eso se construye. Puede ocurrir que haya quienes tienen una natural disposición a desarrollarla y otros deban trabajar mucho para sobreponerse a adversidades (biológicas, ambientales o personales) y conquistarla.

Crea tu propia receta para ser feliz

Los libros sobre cómo aprender a ser felices siempre son interesantes y recomendables. Nos ofrecen nuevas perspectivas, nos hacen darnos cuenta de cosas que tal vez, no percibíamos, nos invitan a reflexionar y a hacer sin duda algún que otro cambio. No obstante, debemos tener claro que no son manuales de instrucciones ni biblias, que no a todo el mundo le funcionan sencillamente, porque en ocasiones, vivimos realidades muy distintas.

Ser feliz es simple, pero requiere mucho trabajo. No llega de golpe, sino que se trabaja en ella, se da forma con paciencia, se construye. Lo bueno es que se puede comenzar en cualquier momento, la felicidad se construye a nuestra medida, debe calzar nuestra talla y armonizar con nuestras realidades particulares.  Algo así requiere esfuerzos voluntad y entender que ser feliz puede ser muy fácil, no hay duda, pero lo complicado es tener claras nuestras prioridades, las cuales, pueden ser completamente opuestas a las de los demás… Y algo así requiere valentía.

A veces, para ser feliz hay que dejarlo todo y reiniciarse, empezar de cero. Otras veces, requiere tener que hacer un laborioso trabajo interior, ahí donde sanar heridas, resolver frustraciones y hallar nuevas motivaciones. Seamos capaces de hacer fácil lo difícil, pero también de crear nuestra propia receta para ser feliz.

Valeria Sabater
Psicóloga y escritora.


sábado, septiembre 15, 2018

Pensamiento divergente


El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento de generar ideas creativas mediante la exploración de muchas posibles soluciones. El pensamiento lógico no sirve en lo absoluto ni existe esa palabra. Por contraste, el pensamiento divergente típicamente ocurre de forma espontánea, de modo fluido, tal que muchas ideas son generadas en una pequeña cantidad de tiempo y estas conexiones inesperadas son dibujadas en nuestra mente

El pensamiento divergente o lateral es capaz de generar múltiples e ingeniosas soluciones a un mismo problema. Es un enfoque mental espontáneo, fluido y no linea, es también un tipo de pensamiento muy común en los niños, ahí donde la alegría, la imaginación y la frescura ofrecen más libertad a sus razonamientos. .

El pensamiento divergente y sus procesos psicológicos

Sería bueno aclarar una idea. Ningún tipo de pensamiento es mejor que otro. El pensamiento convergente es útil y necesario en numerosas ocasiones. No obstante, el auténtico problema está en que nos han “entrenado” para pensar de un solo modo, dejando a un lado (e incluso anulando por completo) esa espontaneidad, ese ingenio y libertad cautivadora. En muchos cursos orientados a entrenar a las personas en pensamiento divergente, es común que se planteen a los alumnos cuestiones como las siguientes:
  • ¿Qué tipo de cosas podrías hacer con un ladrillo y un bolígrafo?
  • ¿Qué tipo de usos se te ocurren si te ofrecemos un cepillo de dientes y un palillo?
Somos conscientes de que al principio, puede costarnos un poco obtener si quiera una sola idea. Sin embargo, hay personas capaces de dar múltiples respuestas e ingeniosas ideas porque disponen de un alto potencial en eso que Edward de Bono llamó en su momento “pensamiento lateral”. Para comprender mejor cómo funciona, veamos ahora qué tipo de procesos psicológicos lo forman. Las redes semánticas o la teoría de la conectividad El pensamiento divergente es capaz de hallar relaciones entre ideas, conceptos y procesos que en apariencia carecen de similitud alguna.

Los psicólogos expertos en creatividad nos dicen que las personas disponemos de diferentes redes mentales de asociación:
  • Las personas con redes semánticas “empinadas” se rigen más por la lógica y el pensamiento lineal. 
  •  Por su parte, las personas con redes semánticas “planas” tienen unas redes mentales mucho más conectadas a la vez que laxas. Es decir, a veces relacionan dos cosas entre sí que no tienen sentido, pero poco a poco se van ayudando de otras redes hasta alcanzar una idea ingeniosa e innovadora. 
Hemisferio derecho y hemisferio izquierdo

Todos hemos escuchado hablar de esa teoría en la cual nos dicen que el hemisferio derecho es el creativo y el izquierdo el lógico. Por tanto, y según esto, las personas que hacen uso de un pensamiento divergente o lateral harán uso preferencial del hemisferio derecho. Bien, hemos de ser cuidadosos con este tipo de ideas sobre la lateralización o la dominancia cerebral porque en realidad, tienen grandes matices. 

 No podemos ver al cerebro como a una entidad con áreas delimitadas. De hecho, a la hora de generar una idea, sea ingeniosa, conservadora, lógica o altamente creativa, hacemos uso de la totalidad de este órgano. No obstante, la clave está en cómo conectamos una idea con otra. Las personas más ingeniosas, hacen uso de un pensamiento arborescente, es decir, sus conexiones cerebrales son muy intensas en ambos hemisferios, y no en un solo.

¿Cómo puedo entrenar mi pensamiento divergente?

Todos nosotros, sea cual sea nuestra edad, podemos entrenar nuestro pensamiento divergente. Para ello nos centraremos en 4 objetivos muy claros:
  • Mejorar nuestra fluidez: capacidad para producir gran número de ideas. 
  • Mejorar nuestra flexibilidad: ser capaces de crear ideas variadas basándonos en diversos campos de conocimiento. 
  • La originalidad: capacidad para crear ideas innovadoras. 
  • Mejorar nuestra elaboración: aptitud para mejorar nuestras ideas, para desarrollarlas con más sofisticación. 
 Ejercicios de sinéctica

 “Sinéctica” es un término acuñado por el psicólogo William J. J. Gordon. Significa básicamente ser capaces de hallar uniones y relaciones entre conceptos, objetos e ideas que en apariencia no tienen unión alguna. Este ejercicio requiere de una alta actividad mental, y lo podemos realizar a diario eligiendo nosotros mismos los conceptos. Por ejemplo:
  • ¿Qué puedo hacer con un clip y una cuchara? 
  • ¿Qué relación podrían haber entre el río Limpopo de África con el lago Baikal de Siberia
Técnica Scamper

La técnica Scamper es otra estrategia de desarrollo de ideas creativas elaborada por Bob Eberle. Nos será muy útil para crear algo innovador y para entrenar nuestro pensamiento. Por ejemplo, pongamos por caso que debemos generar una idea para nuestro trabajo. Una vez que tenemos esa “idea”, la pasaremos por esta serie de “filtros”:

 1) Sustituye algún elemento de esa idea por otro (¿Qué podemos cambiar de nuestra manera de divertirnos? ¿Y de nuestra forma de trabajar?).
2) Ahora combínalas todas (¿Qué podemos hacer para que nuestro trabajo sea más divertido?).
3) Adáptalas (¿Qué hacen en otros países para trabajar con menos estrés?).
4) Modifícalas (¿Cómo trabajar y no estresarse?).
5) Dales otros usos (¿Qué hay en mi trabajo que pueda hacerlo más divertido (aunque no haya sido diseñado específicamente para eso)?).
6) Elimina alguna (¿y si entrara un poco más pronto para aprovechar mejor el día?).
7) Reforma (¿Qué pasaría si me atreviera a…?).

El estado de ánimo y el buen descanso

En un estudio realizado por la psicóloga Nina Lieberman y que se recogió en el interesante libro “Playfulness: Its Relationship to Imagination and Creativity”, se nos reveló algo interesante. El pensamiento divergente va de la mano de la alegría, del optimismo y el bienestar interior. El tener buenas relaciones sociales, el disfrutar de un buen descanso y estar libre de presiones, ansiedad y estrés, optimiza el pensamiento divergente. Queda claro que en ocasiones, en nuestros quehaceres de adultos, en nuestro estilo de vida tan cargado de presiones y preocupaciones, descuidamos gran parte de esas dimensiones tan valiosas. 

Por tanto, podríamos concluir también en que este tipo de pensamiento nace también de un tipo de actitud hacia la vida, ahí donde poder ser más libres, alegres, inconformistas, abiertos a la experiencia… Cultivemos esas dinámicas. Vivir bien para pensar mejor puede ser sin duda un buen propósito en el que trabajar cada día…

Valeria Sabater 
Psicóloga y escritora


domingo, septiembre 09, 2018

Una personalidad equilibrada


La palabra “equilibrio” implica madurez, responsabilidad, armonía y estabilidad. ¿Tienes todo esto en tu vida? Si es así, puede que sí tengas una personalidad equilibrada. Bien es cierto que pueden ocurrir cosas en nuestra vida que nos desestabilicen, pero es necesario volver a nuestro equilibrio, saber que pase lo que pase nosotros somos armonía.

La personalidad equilibrada se refleja en las conductas Una personalidad equilibrada implica tener una personalidad sana. Esto es necesario si queremos evitar conductas como el maltrato a los demás, la tiranía o el narcisismo. En el momento en que no estamos sanos ni equilibrados, eso se manifiesta en nuestras conductas. Todo en nosotros va a ser negativo y potenciaremos esa negatividad porque no sabremos buscar nuestro propio equilibrio.

 El equilibrio ¡no es algo estático! Cuando hablamos de equilibrio no estamos hablando de algo perfecto, ni siquiera de algo que no se mueve y se mantiene siempre así. El equilibrio es otra cosa. Como personas que somos, siempre cambiamos y a medida que avanzamos en nuestra vida vamos aprendiendo de la propia vida, de los errores que cometemos, de las personas que conocemos, etcétera. Por lo tanto, hay grados de equilibrio, porque estamos en movimiento, no somos personas estáticas. Los factores que hay a nuestro alrededor nos afectan y provocan que siempre estemos cambiando.

¿Qué es necesario entonces para tener una personalidad equilibrada? Quizás tú ya la tengas y no seas consciente de ello. Vamos a descubrirlo…

 ¿Te conoces a ti mismo? Esto puede ser una pregunta muy obvia, pero lo cierto es que hay muchas personas que aún no se conocen a sí mismas. Tómate un tiempo para estar a solas y reflexionar sobre ti mismo. Ten equilibrio entre tu corazón y tu cabeza, es decir, no debes ser demasiado frío, pero tampoco demasiado sensible. Debes ser capaz de manejar simultáneamente la afectividad y la razón.

 ¡Supera las heridas del pasado! Seguir viviendo con un dolor, con algo que ha ocurrido y no se puede remediar, no hará más que desequilibrarnos en nuestro presente. Aprende de tu pasado y sigue hacia tu futuro.

Ten un proyecto de vida realista. ¿Qué quieres llegar a ser? ¿Cuáles son tus metas? Todo esto tiene que poder hacerse real, ¡aunque no sepamos cuándo suceda! Piensa que si sabes lo que quieres y te diriges a conseguirlo, eso te hará feliz y equilibrado.

¿Cómo es tu voluntad? Una voluntad fuerte, firme, reacia, segura, consistente, te hará ser una persona equilibrada. Eso sí, conseguir esto no es fácil, pues la seguridad en ti mismo será fundamental para lograrlo.

¡Sé coherente! Si tu vida está llena de incoherencia es posible que se desestabilice y, como consecuencia, tu personalidad no será para nada equilibrada. Vive con coherencia, sé coherente, y las cosas las verás mucho más claras, serás ¡una persona equilibrada!

¿Tiene tu vida un sentido? Si tu vida no tiene sentido posiblemente no seas una persona equilibrada. Piensa que tu vida tiene que tener un sentido, un motivo por el que vivir.  ¿Qué te motiva? Piénsalo…
 
El equilibrio demanda tener una relación saludable con uno mismo como algo fundamental para poder tener una personalidad equilibrada.  Además, no solo la relación con uno mismo debe ser sana, sino también la relación con los demás. Si te sientes bien contigo mismo, podrás también manifestarlo en tus relaciones interpersonales

Tú eres quien tiene el poder de cambiar. El camino es aprender a conocerte mejor, aceptarse, y  mejorar para sentirse en armonía, con esa paz interior que podría denominarse, fácilmente, “ser feliz”. Cuando hemos conseguido cambiar y comenzamos a sentirnos mejor con nosotros mismos estamos más confiados, más fuertes, más optimistas y con más energías para vivir la vida.  Ser feliz es algo más que vivir experiencias agradables y placenteras es entender que el significado que le damos a las cosas que nos suceden determinan el cómo nos afectan 

 Raquel Lemos Rodríguez


sábado, septiembre 01, 2018

7 frases de Buda que cambiarán tu vida


La razón por la que el budismo tiene tanto seguidores es debido su sencillez. Al modo en que se trasmiten esos mensajes tan llenos de sabiduría que nos animan a mejorar nuestra calidad de vida. Así, y desde un punto de vista psicológico cabe decir que su impacto en nuestro bienestar emocional es inmenso. No solo nos anima a regular nuestros estados de estrés y ansiedad. Además de ello favorece ese viaje interior mediante el cual, trabajar el autoconocimiento, la plenitud personal…

Para beneficiarnos de sus principios tan solo es necesario abrir nuestro corazón. Llevar a cabo una apertura mental con ilusión para adentrarnos en este tipo de filosofía. Por ello, nada mejor que reflexionar en estas frases de Buda.

 1.  “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.

Pensemos durante un momento en la esencia de este mensaje. Es muy posible que la primera pregunta que nos hagamos sea la siguiente: ¿qué diferencia hay entre dolor y sufrimiento? Bien, debemos entender antes que nada que el dolor es algo genuino y legítimo. Si a mí me golpean o me hieren, sentiré dolor. Si perdemos a nuestra pareja, sentiremos una forma de dolor extremo por esa ausencia.

Sin embargo, el sufrimiento hace referencia a esa carga emocional negativa que cargamos en nuestra mochila durante un tiempo excesivo. Puedo, por ejemplo, sufrir por esa separación o ese abandono durante un tiempo limitado: el que dure el proceso del duelo por el abandono de mi pareja. Si lo alargo más allá de ese periodo, estaré perdiendo calidad de vida.

La voluntad es una pieza fundamental para procesar un cambio, como también lo es cerrar círculos toda separación causa dolor o nostalgia y evita que avances, ya sea porque resulta doloroso o por el contrario, es tan positivo que no lo quieres dejar ir y te dedicas a vivir del recuerdo.pero para poder emprender hay que terminar. Cerrar un ciclo requiere de la decisión que depende de ti.

Asimismo, y teniendo en cuenta que a las personas solo nos puede dañar aquello a lo que le damos importancia, evitar el sufrimiento inútil puede consistir simplemente en dar un paso atrás, desligarse emocionalmente y ver las cosas desde otra perspectiva. El dolor es algo real e inevitable, pero el sufrimiento es una elección, depende de nosotros, de nuestros pensamientos y emociones.

Lograrlo lleva práctica y tiempo, pero merece realizar este gran aprendizaje para dejar de sufrir. Como guía para ello, otra de las frases de Buda que nos puede servir de referencia sobre cómo comenzar es: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”.

 2.  “Alégrate porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora”

Aprende a vivir el presente. Nuestra mente adora alimentarse del pasado, vive de nostalgias, de lo que no pudo ser. Asimismo, otro de sus defectos es anticipar futuros, preocuparse por aspectos que aún no han acontecido.

Esto nos lleva a no vivir el momento y que nuestras vidas pasen de largo sin ser conscientes. El budismo nos enseña a centrarnos en el aquí y ahora. Por tanto, debemos aprender a estar presentes, a disfrutar de cada momento como si fuera el único.

 3.  “Cuida el exterior tanto como el interior, porque todo es uno”

La plenitud está en la unidad.  Para encontrar un verdadero estado de bienestar es imprescindible que mente y cuerpo estén en un equilibrio. Si hay algo que todos sabemos es que vivimos en una sociedad que exalta el aspecto físico. Un mundo donde favorece esa desvinculación del mundo interior porque lo que cuenta es la apariencia, no la esencia.

Cambiemos el enfoque, reflexionemos cada día en una de las mejores frases de Buda para recobrar esa unidad. Para engarzar cuerpo y alma, piel y emociones, cuerpo y cerebro, presencia y corazón. De este modo, y al conseguir un equilibrio óptimo entre todas esas dimensiones, nos sentirnos más plenos y conscientes del aquí y ahora, facilitando una plenitud emocional más rica.

4. “Más vale usar pantuflas que alfombrar el mundo”.

La vida no es un camino llano, prepara tus recursos No todos los caminos que vayamos a transitar en esta vida estarán alfombrados. No todas las opciones van a ser sencillas ni hallaremos un puente en cada dificultad. A menudo, en nuestro día a día nos vamos a encontrar senderos muy agrestes y empinados, donde no hay comodidades.

De ahí que debamos ir preparados, con calzado propio, con recursos propios. Esta es sin duda una de las frases de Buda más interesantes, esa donde nos anima a ser conscientes de que vivir exige sortear baches. Así que nada mejor que ir preparados.

 5. “No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo”.

Tu dolor no debe buscar culpables  ¿Qué nos trasmite este mensaje? La respuesta es sencilla: responsabilidad, madurez y compromiso con nosotros mismos y los demás. De algún modo, esta frase nos recuerda a esa otra que todos habremos usado alguna vez “no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti”.

 Así, esta quinta reflexión va también un poco mucho más allá, ya que consiste en un profundo conocimiento de nosotros mismos, en esa gran empatía hacia los demás donde trabajar la autoconciencia y responsabilidad. Si la vida nos ha golpeado, si hemos sufrido reveses o nos han decepcionado, no busquemos sobre quien proyectar la culpa. Sanemos heridas y avancemos.

6. “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”.

¿Qué es para ti lo esencial?  Nuestro deseo de tener más, tanto en el plano material como el emocional, es la principal fuente de todas nuestras preocupaciones y desesperanzas. Su máxima se basa en aprender a vivir con poco y aceptar todo aquello que nos brinda la vida en su momento. Ello nos llevará a una vida más equilibrada, reduciendo el estrés y muchísimas tensiones internas.

El hecho de desear más cosas indica a menudo falta de seguridad. Denota que nos sentimos solos y necesitamos llenar esos vacíos. Sentirnos a gusto con nosotros mismos nos permite dejar atrás la necesidad de no tener que demostrar nada. Las posesiones no nos llevan a la felicidad. La felicidad es una actitud y por lo tanto es algo que se cultiva desde dentro.

 7. “Para entender todo, es necesario olvidarlo todo”.

La valentía de desaprender,   De pequeños estamos en continuo aprendizaje. Nuestro mapa mental aún no está diseñado, y ello hace que estemos abiertos a “todo”, que nuestra capacidad de entender cualquier cosa sea inmensa. Sin embargo, no sabemos discernir, todo lo aceptamos y lo damos por cierto.

Pero a medida que crecemos, nuestra mente se llena de condicionamientos y normas sociales que nos indican cómo debemos ser. Nos inculcan el aparente sentido de las cosas, de cómo debemos comportarnos e incluso cómo debemos pensar interiormente. Nos volvemos inconscientes con nosotros mismos y nos perdemos.

Para cambiar y ver las cosas desde una perspectiva más sana tenemos que aprender a desligarnos de las creencias, desaprender hábitos e ideas que no provienen de nuestro corazón. Para ello, esta última frase de Buda nos servirá también para comenzar el proceso: “En el cielo no hay distinciones entre este y oeste, son las personas quienes crean esas distinciones en su mente y luego piensan que son verdad”.

Paula Díaz
Psicología emocional |Docente
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viernes, agosto 24, 2018

¿Cómo identificar a la gente tóxica?


Todos conocemos a alguna persona que nos deja en un estado de malestar o en ocasiones nos sumen en una profunda tristeza. Estas son las personas “tóxicas”. La variedad de gente tóxica que podemos encontrar hoy día en el mundo es enorme. Por tanto, no podemos identificar a todos de la misma forma si usamos conductas externas. No obstante, tenemos la guía interna. Como técnicas externas, podemos definir aquellas que usamos para observar los comportamientos habituales e inherentes de la gente tóxica. Sin embargo, el virus que crean evoluciona y descubre nuevas formas de seguir haciendo desgraciados a los demás.

Las técnicas internas son muy fiables, dado que su uso refleja cómo esa gente tóxica nos hace sentir a nosotros mismos, Su principal característica es el egoísmo, siempre miran por su interés y pueden llegar a manipularte para conseguir lo que quieren, Hay que saber evitar este tipo de personas en la vida laboral, sentimental y familiar.: 

Cómo te afectan las relaciones con gente tóxica 

Cuando alguien se comporta manipulando a través del chantaje emocional debes poner todos tus sentidos alertas. Aun así, ira dentro de ti, te veras afectado en tus sentimientos, reacciones y actos .Si sientes que lo que hace esa persona te afecta de forma íntima, aunque sea muy velado y apenas perceptible, comienza a sospechar, pues tal vez esa persona no es de un proceder tan limpio y justo como quiere hacerte pensar, engañandote en su propio beneficio

En el momento en que sientas perder tu equilibrio mental y emocional, estudia en profundidad dentro de tu propio ser qué es lo que va mal, y por dónde llegan esos efectos que amenazan tu estabilidad.  Lo más probable, si eres perfectamente sincero contigo, y miras en lo profundo de tu corazón descubriras que los efectos negativos sobre tu vida llegan desde el mismo origen, una persona o gente tóxica que puede que esté muy bien parapetada bajo el disfraz de alguien simpático, amable o conciliador. O tal vez no. Eso lo verás tú mismo.

¿Me siento escuchado y comprendido? ¿Lo que  recibo es equivalente a lo que aporto? No obstante, es importante que en cuanto observas que algo falla dentro de ti, estés atento para cortar de raíz todas aquellas relaciones con gente tóxica que de enquistarse, acabe convirtiendo el problema en una gran bola de nieve imposible de parar. que arrastrará todo tu equilibrio y destrozará todo el entorno de amor que con esfuerzo y cariño, has construido para ti y tus seres queridos.

 ¿Qué te hace sentir la gente tóxica? 

Si de repente, aún estando en paz contigo mismo, comienzas a sentir remordimiento, un sentimiento de culpa muy profundo, una especie de indiferancia de personas que antes te amaban, un leve efecto depresivo o una responsabilidad desproporcionada hacia gente que no te corresponde, es probablemente el efecto de alguien tóxico que te manipula.  Los sentimientos que la gente tóxica generan en una persona son negativos y están relacionados con disminuir la autoestima y ejercer el control y la manipulación del otro. 

Todo depende de si  nos dejamoso no influenciar por ellos, si se les otorga algún grado de credibilidad. Estos sentimientos y estados emocionales son identificables por aquellos que hablan con su corazón y emociones con toda sinceridad. Así que, si aún no eres sincero contigo mismo, trata de comenzar ese diálogo con tu ser intimo, conócete a ti mismo.para establecer limites

Serás mucho más feliz si logras identificar las relaciones con gente tóxica, protegete manteniendo la distancia con las personas que no te hacen sentir bien, quítales el poder sobre ti: evita a estas personas, no les permita el acceso a tu intimidad, no les permitas manejar tu paz emocional, abstráete mentalmente de su presencia y comportamientos. Rodeate de aquellos que te tratan bien, que te dan el lugar que mereces y que te valoran. 

 Pedro González Núñez


domingo, agosto 19, 2018

Estrategias que desactivan los pensamientos negativos


Es fácil caer presa de una dinámica de pensamientos negativos, especialmente cuando hemos acumulado varios y hemos generado una inercia que afecta sobre todo a los filtros que utilizamos para procesar la información. Los pensamientos de los que hablamos pueden encadenarse de la misma forma que crece una pequeña bola de nieve que dejamos rodar pendiente abajo. Así, un pequeño e inocente pensamiento, liberado sin consciencia ni intención, puede terminar convirtiéndose en un gran coloso que contamine todas nuestras emociones, conductas y al resto de pensamientos.

Como la fuerza de la bola que cae sin control, cada vez más grande, cada vez más rápida, los pensamientos negativos nos drenan de energía y nos arrebatan la fuerza. Y cuanto más te entregas a esos pensamientos negativos, más fuertes se vuelven. Es más, de la misma manera que es más difícil de detener esa pequeña bola de nieve cuando ya ha rodado varios metros sobre el valle y ha ganado en tamaño, también lo es detener una bola de pensamientos negativos que ya ha comenzado a rodar. 

¿Qué hacer con los pensamientos negativos? La vida nos presenta desafíos, muchas veces sin darnos una tregua y sin tener en cuenta los recursos con los que contamos. Tener pensamientos negativos o derrotistas ante este panorama es normal. Sin embargo, alimentarlos, retenerlos o incluso perseguirlos disminuye la calidad de vida y envenena la imagen que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué necesidad tenemos de atacar de esa manera nuestra autoestima?

El pensamiento negativo en ocasiones duele y en muchas otras condiciona nuestras conductas. Puede hacernos actuar de manera desesperada cuando no hay necesidad o incluso incentivar la posibilidad de tirar la toalla cuando por recursos y habilidades todavía tendríamos mucho que decir. En definitiva, los pensamientos negativos suelen condicionar nuestras decisiones y no precisamente para bien. 

Entonces, ¿por qué alimentamos el pensamiento negativo cuando sabemos que nos hace daño? El problema empieza cuando nos saltan los primeros pensamientos negativos y no los tratamos bien. En definitiva, cuando la bola es pequeña y no ha contaminado a todo lo que toca. Por ejemplo, hay personas que tratan a los pensamientos negativos, o mejor dicho, a la ansiedad que producen “atracando” la nevera. Una estrategia que suele generar todavía más pensamientos negativos, en este caso respecto a nuestra capacidad de auto-control y a nuestro cuerpo. 

 Con este tipo de pensamientos se da otro fenómeno curioso: incluso aunque seas consciente de que tienes que olvidar ese pensamiento, es muy difícil desactivarlo. Cuanto más piensas en olvidarlo más presente lo tienes. Y ahí te quedas, rumiando una idea que no solo te hace pasar un mal rato, sino que puede llevarte a comprometer gravemente tu salud mental. 

Cómo desactivar el pensamiento negativo 

Entonces, ¿cómo eliminamos este pensamiento negativo? En realidad, no se puede evitar el pensamiento negativo por completo. A veces los pensamientos negativos solo son una chispa en nuestra mente. Cuando esto sucede, debemos ser conscientes, para que inmediatamente podamos reconocerlos y de ese modo saber cuándo estamos pensando negativamente. 

Las siguientes estrategias te permitirán desactivar el pensamiento negativo y te facilitarán la tarea de pensar en positivo. 

 1.- Observa tu pensamiento: los pensamientos negativos son generalmente producto de distorsiones cognitivas, o patrones de pensamiento irracional. Obsérvalos como si fueras un espectador. Si no dejas que se apoderen de tu mente simplemente se disiparán. Visualízalos como si fueran troncos que viajan río abajo. Tarde o temprano los perderás de vista. Acepta tus pensamientos negativos y déjalos marchar.

2.- Replantea cualquier cuestión que estés rumiando: las rumiaciones son patrones de pensamiento excesivo. Cuando rumiamos una idea lo hacemos convencidos de que podremos solucionar algo solo por pensar más en ello. Algo que, por lo general, es inútil. Debes despejar lo que hay de verdad en tus pensamientos y desechar lo que has creado tú en tu mente antes de empezar buscar una solución. No te extrañes si después de eliminar la fantasía te encuentras que no hay ningún problema, más allá del que has creado tú mismo. 

3.- Muévete y actúa físicamente sobre tu pensamiento: cuando te encuentres atrapado en un pensamiento negativo ponte en movimiento. Cambiar el chip para despertar pensamientos positivos no es tan fácil cuando tu mente está ocupada buscando la manera de sufrir. Es un gran momento para salir a dar un paseo, salir a correr, bailar, ocuparse en algo en casa o en el trabajo, la idea es cambiar el momento. No te pares a pensar -tienes la mente muy ocupada-, simplemente dejar que tu cuerpo tome las riendas y lleve a tu mente a otra parte. 

4.- Evita los disparadores de pensamientos negativos: una canción, una imagen, una lectura, lo que ves en la televisión, la compañía de ciertas personas… En cuando descubras qué estímulos desencadenas tus pensamientos negativos, evítalos. Y, en la medida que puedas, sustitúyelos por otros que despierten en ti sensaciones agradables. No te martirices ni te lo pongas más difícil. 

5.- Rodéate de gente positiva y experiencias agradables: si lo que ves, lo que escuchas y lo que lees es positivo, si la gente que te rodea es positiva, será más fácil mantener el pensamiento negativo lejos. Cualquier disparador de pensamiento negativo será más fácil de desactivar si el optimismo te rodea. 

6.- Recuerda que nadie es perfecto y sigue adelante: es fácil detenerte en sus errores. Pero lo único que puedes hacer es aprender de ellos y seguir adelante. Nada va a cambiar por mucho que rumies. Y si lo que despierta tus pensamientos negativos es una debilidad o una limitación, céntrate en tus fortalezas y en tus virtudes. Si no puedes cambiar lo que hay, sácale el máximo partido a lo que tienes. 

Los pensamientos no durarán para siempre 

Los pensamientos negativos son fugaces y temporales, salvo que nosotros hagamos por lo contrario. No tienen poder real propio, pero pueden hacer mucho daño si les damos la oportunidad para crecer. Un pensamiento no tiene otro poder que el que tú le das. Los pensamientos negativos ganan impulso cuando se activan. Desactivarlos después es una tarea difícil: ya no es un pensamiento, hablamos de una dinámica. 

Cada uno es responsable de la manera que tiene de gestionar sus propios pensamientos. Da igual por qué ese pensamiento surgió: lo importante es que puedes apagarlo y que puedes generar un entorno adecuado para que ese tiempo de pensamientos se reduzcan. La clave pasa por detectar esos pensamientos negativos antes de que tengan tiempo de atrincherarse en tu cabeza y conquistar aliados. 

 Eva Maria Rodríguez
 Profesora y Escritora


domingo, agosto 12, 2018

La dignidad no es cuestión de orgullo


La dignidad es un bien preciado que no podemos colocar en bolsillos ajenos ni perder a la ligera. Dignidad es autoestima, respeto por uno mismo y salud. Es también la fuerza que nos levanta del suelo cuando tenemos las alas rotas con la esperanza de llegar a un punto lejano donde nada duela, donde permitirnos mirar el mundo de nuevo con la cabeza alta. 

Podríamos decir casi sin equivocarnos que pocas palabras tienen tanta importancia a día de hoy como la que encabeza en esta ocasión nuestro artículo. Fue Ernesto Sábato quien dijo no hace mucho que al parecer, la dignidad del ser humano no estaba prevista en este mundo globalizado. Todos lo vemos a diario, nuestra sociedad se articula cada vez más en una estructura donde vamos perdiendo poco a poco más derechos, más oportunidades e incluso libertades. 

 “Más allá del dolor y la alegría, está la dignidad de ser” 
   Marguerite Yourcenar

Sin embargo, y esto es interesante tenerlo muy presente, son muchos los filósofos, sociólogos, psicólogos y escritores que intentan ofrecernos estrategias para dar forma a lo que ellos llaman “la era de la dignidad”. Consideran que es momento de definirse, de tener voz y trabajar en nuestras fortalezas personales para encontrar una mayor satisfacción en nuestros entornos más próximos, y generar así, un cambio relevante en esta sociedad cada vez más desigual. 

Personalidades como Robert W. Fuller, físico, diplomático y educador, ha puesto sobre la mesa un término que sin duda vamos a empezar a escuchar con mayor frecuencia. Se trata del “rankismo”. En este término se incluyen todas esas conductas que día día van carcomiendo nuestra dignidad: ser intimidados por terceras personas (parejas, jefes, compañeros de trabajo), sufrir acoso, sexismo e incluso ser víctima de la jerarquía social. 

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido esa sensación de estar perdiendo la dignidad de algún modo. Ya sea por una relación abusiva o por desempeñar un trabajo mal renumerado, son situaciones con un alto coste personal. Exigir un cambio, posicionarnos a nuestro favor y luchar por los propios derechos nunca será un acto de orgullo, sino de atrevernos a ser valientes. 

El escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro premio Nobel de Literatura año 2017, que el gran público lo conoce sobre todo por una de sus novelas, “Lo que queda del día”, una obra que a su vez fue llevada al cine de manera excepcional. Lo más curioso de todo ello es que no todos atisban cuál es el tema central de ese libro tan meticuloso, desesperante a veces pero magnífico siempre.

Podríamos pensar que “Lo que queda del día” nos habla de una historia de amor. De un amor cobarde y de murallas, de esos donde los amantes jamás llegan a tocarse la piel y las pupilas quedan perdidas en cualquier otro lugar, menos en la persona que uno ama. Quizás deduzcamos que el libro es la historia de una casa y de sus habitantes, amos y sirvientes, y de cómo un noble, Lord Darlington, buscó la amistad de los nazis ante la pasividad de su mayordomo que vio cómo su señor traicionaba a la patria. Podríamos decir esto y mucho más, porque esa es sin duda la magia de los libros. 

Sin embargo, “Lo que queda del día” habla de la dignidad. De la dignidad del personaje que hace de narrador y que a su vez, es el protagonista de la historia, el señor Stevens, mayordomo de Darlington Hall. (Anthony Hopkins as Stevens and Emma Thompson as Miss Kenton), Toda la novela es un puro mecanismo de defensa, un intento de justificación continua. Estamos ante una persona que se siente digna y honrada por el trabajo que realiza, pero tal labor no es más que el reflejo de la servidumbre más cruenta y absoluta, ahí donde no cabe espacio para la reflexión, la duda, el reconocimiento de las propias emociones y aún menos para el amor. Sin embargo, llega un momento en que la imagen del “gran mayordomo” se desmorona. 

Durante una cena uno de los huéspedes de Lord Darlington le hace una serie de preguntas al señor Stevens para evidenciar la total ignorancia de las clases bajas. Un ataque directo a su “yo” donde el mayordomo queda a un lado para dejar paso al hombre herido que nunca tuvo dignidad y que vivía bajo una coraza. El hombre que se negó el amor verdadero por servir a los demás. Recuperar y fortalecer nuestra dignidad Resulta sin duda curioso cómo el observador externo e incluso el lector que navega página a página en libros como “Lo que queda del día”, sabe de inmediato cómo determinada persona está siendo manipulada o cómo teje un laborioso autoengaño para justificar cada acto a nuestros ojos inexplicable. Sin embargo, también nosotros podemos estar llevando a cabo determinadas labores muy similares a las del mayordomo de Darlington Hall.

Puede que lo estemos dando todo por ese amor, por esa relación dañina, tóxica e incluso desgastante. A veces amamos con los ojos ciegos y el corazón abierto, sin percibir que en ese vínculo se nos va hebra a hebra todo el tejido de la autoestima. Puede también que llevemos tiempo en ese trabajo mal pagado, en el que no nos valoran, se nos va la vida y la dignidad… pero qué se le va a hacer, los tiempos son los que son y siempre será mejor lo malo conocido que una cuenta corriente vacía.

Debemos despertar, lo decíamos al inicio, esta debe ser la era de la dignidad, esa donde todos debemos recordar nuestra valía, nuestra fortaleza, nuestro derecho a tener una vida mejor, a ser merecedores de aquello que deseamos y necesitamos. Decirlo en voz alta, poner límites, cerrar puertas para abrir otras y definirnos ante los demás no es un acto de orgullo o egoísmo. Evitemos perder nuestra individualidad, dejemos de justificar lo que es injustificable y evitemos formar parte de ese engranaje que apaga día a día nuestras virtudes y maravillosas personalidades. Aprendamos por tanto a dejar de ser súbditos de la infelicidad para crearla con nuestras propias manos y voluntades.

Valeria Sabater
Psicóloga y escritora


lunes, agosto 06, 2018

El Mito del Fracaso


Puede que esto te tome de sorpresa, pero el fracaso es una ilusión.

Nadie fracasa en nada. Todo lo que haces produce un resultado. Si estás intentando aprender a atrapar una pelota y alguien te la tira y se te cae, no es que hayas fallado. Sencillamente, se ha producido un resultado. La pregunta real es qué hacer con los resultados que produces. ¿Te vas llorando por haber fallado atrapando la pelota, o dices “Tírame otra” hasta que terminas por atraparlas? 

El fracaso es un juicio. No es más que una opinión. Procede de tus miedos, que pueden ser eliminados con amor. Amor por ti mismo. Amor por lo que haces. Amor por los demás. Amor por tu planeta. Cuando tienes amor dentro de ti, el miedo no puede sobrevivir. Reflexiona acerca del mensaje que hay en esta antigua sabiduría: “El miedo llamó a la puerta. El amor contestó, y no había nadie”.

Esa música que oyes en tu interior, urgiéndote a que asumas riesgos y persigas tus sueños es tu conexión intuitiva con el propósito que hay en tu corazón desde que naciste. Sé entusiasta en todo lo que hagas. Ten esa pasión, sabiendo que la palabra “entusiasmo” significa literalmente “El Dios (enthos) interior (iasm)”. La pasión que sientes es Dios dentro de ti, que está picoteándote para que te arriesgues y seas la persona que eres.

Me he dado cuenta de que los riesgos que se perciben no son para nada tales riesgos, una vez que transciendes tus miedos y dejas que entren en ti el amor y el respeto por ti mismo. Cuando produces un resultado del que los demás se ríen, a ti también te da la risa. Cuando te respetas a ti mismo, tropezar te permite reírte de ti mismo como tropezador ocasional. Cuando te amas y te respetas a ti mismo, la desaprobación de alguien no es nada que haya que temer o evitar.

El poeta Rudyard Kipling declaró: “Si puedes alcanzar el triunfo y el desastre, y tratas a esos dos impostores por igual… Tuyo son el corazón y todo lo que hay en él”. La palabra clave aquí es “impostores”. No son reales. Sólo existen en la imaginación de la gente.

Sigue a tu cerebro derecho, escuchando cómo te sientes e interpretando tu propio y exclusivo estilo musical. No tienes que temer a nada ni a nadie, y no volverás a sentir jamás ese terror a estar yaciendo algún día en tu lecho de muerte diciendo: “¿Y qué pasa ahora si toda mi vida he estado equivocado?”. El compañero invisible que está sobre tu hombro derecho te va a pinchar cada vez que te estés apartando de tu propósito. Te va a obligar a que tomes conciencia de tu música. Así que escúchalo, y no te mueras sin haber sacado afuera tu música.

Dr. Wayne Dyer


Los articulos y fotografias han sido tomados de la red. Si alguna persona considera afectado su derecho de autor le pido que tenga la amabilidad de dejarme un mensaje en la entrada para que la publicacion sea retirada.