sábado, junio 03, 2017

La actitud Mental determina nuestro Bienestar


La experiencia del día a día nos de­muestra que el estado mental desempeña un papel muy importante en la experiencia cotidiana y el bienestar fí­sico y mental. Si una persona tiene una mente calmada y estable, esto influye sobre su actitud y su comportamien­to en relación con otras personas. En otras palabras, si al­guien es capaz de mantener un estado mental tranquilo, apacible y relajado, el entorno o las condiciones exter­nas sólo podrán afectarlo de una manera muy limitada.

Pero a quien viva en un estado mental de inquietud le re­sultará extremadamente difícil estar tranquilo o alegre incluso cuando se encuentre rodeado de las máximas co­modidades y los mejores amigos. Esto indica que nuestra actitud mental es un factor esencial a la hora de deter­minar nuestra experiencia de la alegría y la felicidad y, en consecuencia, nuestra buena salud.

Podemos decir que hay dos razones por las que es importante entender la naturaleza de la men­te. En primer lugar, porque hay una conexión muy ínti­ma entre la mente y el karma. En segundo lugar, porque nuestro estado mental desempeña un papel crucial en nuestra experiencia de la felicidad y el sufrimiento. Si la mente es tan importante, ¿qué es la mente, y cuál es su naturaleza?

Según los tantras, la naturaleza fundamental de la mente es esencialmente pura. Esta naturaleza impoluta es llamada técnicamente «luz clara». Las distintas emo­ciones aflictivas, como el deseo, el odio y los celos, son producto del condicionamiento. No son cualidades in­trínsecas de la mente, porque ésta puede ser limpiada de ellas.

Cuando esta naturaleza de luz clara de la mente queda velada, o no puede expresar su auténtica esencia debido al condicionamiento de las emociones y los pen­samientos aflictivos, se dice que la persona está atrapada en el ciclo de la existencia, el samsara. Pero cuando, apli­cando las técnicas y prácticas de meditación adecuadas, el individuo experimente de forma plena esta naturale­za de luz clara de la mente libre de la influencia y el con­dicionamiento de los estados aflictivos, habrá dado el primer paso por el camino de la iluminación y la verda­dera liberación.

Por ello, y desde el punto de vista budista, tanto las ataduras como la verdadera libertad dependen de los distintos estados de esta mente de luz clara, y el estado resultante que intentan alcanzar quienes meditan a tra­vés de la aplicación de las distintas técnicas meditativas es uno en el que esta naturaleza fundamental de la men­te se manifiesta en todo su potencial positivo, la ilumi­nación, o el estado de despertar que llamamos budidad.

En consecuencia, la comprensión de la luz clara de la mente es esencial en el contexto de la labor espiritual. En general, la mente puede ser definida como una entidad que tiene la naturaleza de la mera experien­cia, es decir, «claridad y conocimiento».

Es importante entender que cuando habla­mos de la mente, estamos hablando de una red alta­mente compleja de distintos acontecimientos y estados mentales. Las propiedades introspectivas de la mente, por ejemplo, nos permiten observar qué pensamientos se hallan presentes en ella en un momento dado, qué objetos contiene, qué clase de intenciones albergamos, etcétera.En un estado meditativo, por ejemplo, cuando cultivamos una sola orientación de la mente, aplicamos constantemente la facultad introspectiva de analizar si la atención mental está totalmente concentrada en el obje­to, si hay alguna laxitud presente y si nos hemos distraí­do. En esta situación estamos aplicando varios factores mentales, y no es como si una sola mente se examinase a sí misma. De hecho, lo que hacemos es aplicar varios ti­pos de factores mentales para examinarla.

La pregunta de si un solo estado mental puede ob­servarse y examinarse a sí mismo o no, ha sido muy importante y difícil de responder para la ciencia budista de la mente. Algunos pensadores budistas han mantenido que existe una facultad de la mente llamada «autocon­ciencia». Podría decirse que se trata de una facultad aperceptiva de la mente capaz de observarse a sí misma. De todas formas el tema ha sido muy debatido.

Quienes mantienen que existe tal facultad aperceptiva distinguen dos aspectos dentro del acontecimiento mental, o cog­nitivo. Uno de ellos es externo y está orientado hacia el objeto, en el sentido de que existe una dualidad de suje­to y objeto; mientras que el otro es de naturaleza intros­pectiva, y es dicha naturaleza la que permite que la men­te se observe a sí misma. La existencia de esta facultad aperceptiva de autoconocerse ha sido muy discutida, es­pecialmente por la escuela de pensamiento filosófico bu­dista de la Prasangika.

En nuestras experiencias cotidianas podemos obser­var que, especialmente al nivel más tosco, nuestra men­te está interrelacionada con los estados fisiológicos del cuerpo y depende de ellos. Al igual que nuestro estado mental, deprimido o alegre, afecta a nuestra salud física, nuestro estado físico también afecta a nuestra mente.

La literatura tántrica menciona varios centros de energía presentes en el cuerpo que creo pueden tener una cierta conexión con lo que algu­nos neurobiólogos llaman el segundo cerebro, el sistema inmunitario. Estos centros de energía desempeñan un papel esencial a la hora de incrementar o reducir los dis­tintos estados emocionales existentes en la mente.

La re­lación íntima entre la mente y el cuerpo, y la existencia de esos centros fisiológicos especiales en nuestro cuerpo, es lo que permite que los ejercicios físicos del yoga y la aplicación de técnicas especiales de meditación dirigidas a entrenar la mente puedan tener efectos positivos sobre la salud. Se ha demostrado, por ejemplo, que, aplicando las técnicas meditativas adecuadas, podemos controlar nuestra respiración y aumentar o disminuir nuestra tem­peratura corporal.Además, y de la misma manera en que podemos apli­car distintas técnicas meditativas durante el estado de vigilia, también, basándonos en el entendimiento de la sutil relación entre la mente y el cuerpo, podemos practicar distintos tipos de meditación mientras nos encon­tramos en los estados oníricos.

 La implicación del po­tencial de tales prácticas es que, a cierto nivel, es posible separar los niveles toscos de la conciencia de los crasos estados físicos y acceder a un nivel más sutil de la mente y el cuerpo. En otras palabras, podemos separar la men­te de la burda envoltura del cuerpo físico. Somos capa­ces, por ejemplo, de separar la mente del cuerpo duran­te el sueño y hacer algún trabajo extra que no podemos realizar con el cuerpo mundano.

Esto indica que existe un estrecho vínculo entre el cuerpo y la mente, y que pueden ser complementarios. Teniendo en cuenta todo esto, me alegro de que algu­nos científicos estén empezando a investigar la rela­ción mente/cuerpo y sus implicaciones para la com­prensión de la naturaleza del bienestar mental y físico. Mi viejo amigo el doctor Herbert Benson, mé­dico y profesor de medicina en la facultad de Medicina de Harvard, por ejemplo, ya lleva años experimentando con meditadores budistas tibetanos. Investigaciones similares están siendo llevadas a cabo en otros países. A juzgar por lo que hemos descubierto hasta el momen­to, creo que todavía queda mucho por hacer en el fu­turo.

A medida que los conocimientos que obtenemos de tales investigaciones vayan acumulándose, estoy seguro de que nuestra comprensión de la mente y el cuerpo, así como de la salud mental y física, se verá considerable­mente enriquecida. Ciertos estudiosos contemporáneos consideran que el budismo no es una religión sino una ciencia de la mente, y parece haber cierto fundamento para tal afirmación.

S.S. Dalai Lama
La dimensión Espiritual



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