sábado, septiembre 23, 2017

Ser religioso implica no inteferir en la vida de nadie


Mantén la atención con respecto a tu propia persona, no con respecto a otros. Lo que otros hacen no es asunto tuyo. Ésta tendría que ser una de las actitudes básicas: no pensar en lo que el otro está haciendo. Esa es su vida. Si él decide vivir así, eso es asunto suyo. ¿Quién eres tú para tener siquiera una opinión al respecto? Incluso tener una opinión significa que estás listo para interferir, que ya has interferido.

Una persona religiosa es aquella que trata de vivir su vida de la mejor forma, de la forma más completa que le es posible, de la forma más atenta que le es posible; lo intenta. Además, no interfiere  o entromete en la vida de otros, ni siquiera con una opinión.

No desperdicies tu energía observando a los demás; ¡es una pura pérdida de tiempo! , Y además a quienquiera que observes se sentirá ofendido, porque a nadie le gusta que le observen, todo el mundo quiere tener su vida privada. Buenos o malos, estúpidos o sabios, todos quieren tener su vida privada. ¿Y quién eres tú para interferir? . Así que no mires a través de las cerraduras de los demás. Es su vida.

Hay que acabar con este constante deseo de juzgar a los demás. No ayuda a los demás y te hace daño a ti, solamente te hace daño a ti. ¿Por qué tienes que preocuparte? . No tiene nada que ver contigo. Si se quiere quedar en lo de siempre y continuar por la misma ruta, en la misma rutina, es su gusto. Es su vida y tienen todo el derecho a vivirla a su manera...

¿Lo has visto, lo has observado? Si pasas delante de alguien y tienes cierta opinión sobre él, tu cara cambia, tus ojos cambian, tu actitud, tu forma de caminar. Si eres criticón, todo tu ser empieza a irradiar crítica, disgusto. Tú estás interfiriendo. Ser verdaderamente religioso implica no interferir. Otorga libertad a las personas; la libertad es su derecho de nacimiento.

Sucedió una vez que me alojé en casa de uno de mis profesores, de mis maestros. Aunque yo era un estudiante y él mi profesor, había de su parte mucho respeto por mí. Él era un hombre religioso, especial, pero era un bebedor, y cuando estuve en su casa, le dio mucho miedo beber en mi presencia. ¿Qué iba a pensar yo? Yo le observaba, sentía un desasosiego, así que al día siguiente le dije:
-Hay algo en su mente. Si no se relaja me marcharé inmediatamente me iré a un hotel; no me alojaré aquí. Hay algo en su mente. Siento que usted no está relajado; mi presencia está creando algún problema.
-Ya que has planteado el problema –me dijo él-, me gustaría contártelo. Nunca te he dicho que bebo muchísimo, pero siempre bebo en casa y me voy a dormir. Ahora que te alojas aquí no quiero beber en tu presencia, y por eso ha surgido el problema. No puedo pasar sin beber, pero no me puedo imaginar bebiendo delante de ti.
-Me eché a reír. -Qué tontería –le contesté-. ¿Qué tengo yo que ver con ello? ¿No me obligaría a beber?
-No, jamás.
-Entonces, asunto concluido; el problema está resuelto. Usted bebe y yo le haré compañía. Yo no beberé pero puedo tomar otra cosa, Coca Cola o Fanta. Le haré compañía, usted beba. Le puedo llenar el vaso, puedo ayudarle.  Él no lo podía creer, pensó que yo estaba bromeando, pero cuando por la noche llené su vaso, él empezó a llorar.
-Nunca llegué a pensar que tú no tendrías un juicio sobre esto. Además, yo te he estado observando –dijo-, y tú no tienes ninguna opinión sobre mi forma de beber, sobre mi conducta, sobre lo que estoy haciendo.
-Tener un juicio sobre usted es simplemente una tontería –contesté-. No es algo muy significativo que no tenga un juicio sobre usted. En primer lugar, ¿por qué tendría que tenerlo? ¿Quién soy yo para tenerlo? Su vida le pertenece. Si quiere beber, beba.

Tener un juicio sobre otra persona significa que, profundamente, de alguna manera, quiero manipularla. Tener un juicio sobre otro significa que, de una manera u otra, tengo un deseo profundo de tener poder sobre la gente. Eso es lo que define a un político. Una persona religiosa no tendría que interferri en la vida de nadie".

Hay una gran diferencia, y extraordinariamente significativa, en­tre intentar cambiar al otro y ayudarle. Cuando ayudas a alguien le ayudas a ser él mismo; cuando intentas cambiar a alguien, in­tentas cambiarlo de acuerdo con tus ideas. No te interesa la per­sona; tú tienes cierta ideología, una idea fija, un ideal, e intentas cambiar a la persona de acuerdo con ese ideal. Lo más importante es el ideal, el ser humano en sí no te importa nada. En realidad, es violento intentar cambiar al otro de acuerdo con algún ideal. Es una agresión, un intento de destruir al otro. No es amor ni es compasión.

La compasión siempre le permite al otro ser él mismo. La compasión no tiene ideología, la compa­sión es una atmósfera. No te da una dirección, solo te proporcio­na energía. Entonces te desarrollas. Entonces tu semilla tiene que brotar según su propia naturaleza. No hay nadie que te im­ponga nada. Cuando digo: «Ayuda a los demás», quiero decir que les ayu­des a ser ellos mismos. Cuando digo que el mundo no es religio­so debido a la existencia de tantos predicadores, quiero decir que hay demasiada gente que intenta cambiar, convertir y transfor-. mar a los demás según su propia ideología.

Sólo debes tener en cuenta una cosa: ser tan consciente como te sea posible, ¡porque eso te permitirá bailar correctamente, en el lugar correcto, con la gente correcta! Tu consciencia no va a dejarte invadir el terreno de nadie.  Olvídate del control, de todos los permisos y de todos los límites. La vida es muy breve, no la estropees controlando, limitando, asumiendo comportamientos y modales, y toda esa infinidad de bobadas.

El verdadero pecado es Interferir en la vida de alguien, en mi opinión, el único pecado que existe, y la única virtud es no interferir. Permite a la gente que sea quien es, y tú debes ser quien eres, esa es tu libertad. Para mí esa es la verdadera religiosidad

Osho
El sendero del Tao


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