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viernes, abril 14, 2017

Los Archivo Akáshicos


El Archivo Akáshico es algo que nos concierne a todos y a cada uno de los que han sido. Con el Archivo Akáshico podemos viajar hacia atrás a lo largo del camino de la historia; ver todo cuanto ha sucedido, no tan sólo en este mundo, sino también en otros mundos; porque hoy los científicos han llegado a corroborar lo que los ocultistas han conocido desde siempre; que existen otros mundos ocupados por otras personas, no necesariamente humanas, pero que son, sin embargo, seres sensibles.

Antes de hablar extensamente sobre los Archivos Akáshicos debemos conocer algunas cosas sobre la naturaleza de la energía o materia. La materia, como ya hemos dicho, es indestructible, marcha desde la eternidad.  Las ondas eléctri­cas son indestructibles.   Con el tiempo, los hombres de ciencia descubrirán que el hombre posee otros sentidos y otras capacidades. Pero esto, por ahora, todavía no puede ser descubierto por los hombres de ciencia porque los procedimientos científicos van lentamente y no siempre resultan sencillos. Hemos dicho que las ondas son indestructibles.

Considere­mos el proceso de las ondas de luz. La luz nos llega de los más distantes cuerpos celestes más remotos de nosotros. Los más grandes telescopios de la Tierra van escudriñando por el espacio, en otras palabras, van captando luz de enor­mes distancias de la Tierra. Algunos de los cuerpos celestes que nos mandan luz, la emiten desde mucho antes que nuestro mundo, o que nuestro universo, gozasen de existencia. 

La luz, también se emplea como medida del tiempo o del espacio. Los astrónomos nos hablan de «años-luz», y hemos de decir, llegados a este punto, que esta luz, venida de un mundo muy distante, seguirá su viaje cuando éste en que vivimos haya cesado de existir; de manera que estamos for­mando, en nuestra percepción, un cuadro de cosas que ya no son y alguna de ellas hace largos años que ya no existen. 

Supongamos que disponemos de un telescopio de un tipo jamás imaginado con el cual podemos contemplar perfectamente la superficie de la Tierra inter­pretando los rayos que nos llegan allí ; entonces podremos ver la vida como era en el antiguo Egipto y los bárbaros del Oeste, cuyos indígenas iban cubiertos de barro, o todavía menos, mientras en la China descubriríamos una civilización perfectamente avanzada, tan distinta de la que allí reina en nuestros días.

 En el plazo de una existencia humana no se nota gran diferencia; pero, en un período de mil años, las diferencias se nos harían visibles. Ahora, en realidad, nos hallamos sobre un mundo lleno de las más notables limitaciones; ello es causa de que nos sea posible recibir impresiones únicamente dentro de una zona muy limitada de frecuencias.  

Uno de los más viejos sueños de la Humanidad ha sido el de poder disponer de «viajes a través del tiempo».  Estos sueños no pasan de ser meras concepciones fantásticas mien­tras existimos dentro de nuestra carne y sobre la Tierra; ya que la envoltura carnal nos limita de una manera triste; son nuestros cuerpos tan lamentablemente condicionados, y nues­tra necesidad de aprender sobre la Tierra, lo que nos ha im­plantado en nuestros ánimos tantas dudas e indecisiones, que antes de sentirnos convencidos necesitamos lo que llamamos «pruebas» el talento para descomponer una cosa en una serie de piezas para ver como funcionan y asegurarse de que no pueden funcionar de otro modo. 

Cuando llegaremos más allá de la Tierra y entraremos en el astral, o todavía más allá, los viajes a través del tiempo nos parecerán tan sencillos como el ir, en nuestro estado actual, al cinema o al teatro. Los Archivos Akáshicos, siguiendo adelante, son una forma de vibración, no necesariamente luminosa, porque compren­de igualmente que la luz, el sonido.

De una manera muy parecida si, sobre la Tierra, consegui­mos alguna vez moderar las ondas de los Archivos Akáshicos, seremos. capaces de presentar auténticas escenas históricas en la pantalla de la televisión. Y a los historiadores les va a dar un ataque cuando puedan ver que la historia, tal como va impresa en los libros, es falsa de pies a cabeza.

Los Archivos Akáshicos se forman de las vibraciones indestructibles que constituyen la suma total de los conocimientos humanos, que emana del mundo en muy parecida forma de la que se difunden los programas de la radio. Todo cuanto ha sucedido en este mundo, todavía existe en forma de vibra­ciones.  Cuando nosotros salimos de nuestro cuerpo, no nece­sitamos ningún recurso especial para entender estas ondas; no empleamos artificio alguno para hacerlas más lentas; en saliendo de nuestro cuerpo, nuestro «receptor de ondas» se halla acelerado de una manera tal que, con práctica y entre­namiento, podemos ser receptivos de lo que llamamos Archi­vos Akáshicos.

Volvamos al problema de cómo superar la velocidad de la luz. Será más fácil, si olvidamos la luz por un momento, y tratamos, en su lugar, del sonido, porque éste es más lento y no nos precisan distancias tan considerables para calcular los resultados. Supongamos que estamos en un espacio abierto y de pronto escuchamos un avión a reacción a gran velo­cidad. Escuchamos el sonido, pero es inútil mirar hacia el punto de donde parece partir el sonido, ya que el reactor corre más que el sonido, y siendo así, el avión adelanta mucho a su propio sonido. 

El primer aviso que durante la segunda Guerra Mundial se tenía de la llegada de un pro­yectil-cohete, era el de la explosión y de la caída de los bloques de piedra, con los chillidos de los lesionados. Luego, cuando la polvareda empezaba a disiparse, llegaba el ruido del cohete por el espacio, aproximándose.  Esta alucinante experiencia se debía al hecho de que el cohete llevaba una velocidad mucho mayor que la del sonido que producía. Por eso, el cohete llevaba a cabo su trabajo destructor antes de que le anunciase su propio ruido por el espacio. 

Una persona puede hallarse situada sobre una colina, mirando un cañón que dispara, situado en la cumbre de otra colina. Dicha persona no podrá jamás percibir el ruido del proyectil cuando pasa exactamente por encima de su persona; el so­nido le llegará poco después, cuando el proyectil llega pri­mero y el sonido después, cuando el proyectil se va perdiendo en la distancia. Nadie ha muerto de ninguna bala que haya escuchado; porque primero llega el proyectil que su sonido. Por esto es tan asombroso en las guerras, contemplar a los hombres agachando la cabeza ante el sonido de una granada «que ya ha pasado». En realidad, si han escuchado el ruido, quiere decir que el proyectil ya ha pasado de largo.

El sonido es lento, en comparación con la luz o la mirada. Puestos de pie en la cumbre de esta colina podemos ver un cañón cuando lo disparan; primero percibiremos una llamarada en su boca, y mucho más tarde — depende de la distancia a la que estemos de la pieza de artillería —, nos llega el ruido de la granada, pasando por encima de nuestra cabeza. Podemos distinguir, a lo lejos, un hombre derribando un árbol; el hombre estará a una cierta distancia de nosotros; veremos el hacha golpeando el tronco, y un momento más tarde percibiremos el ruido de la herramienta. Es ésta una experiencia que casi todos habremos tenido

Los Archivos Akáshicos contienen el testimonio de todo cuanto ha sucedido en el mundo.

Los diversos mundos tienen, cada cual, sus Archivos Akáshicos, del mismo modo que cada país posee sus propios programas de radio. Todos aquellos que poseen conocimientos suficientes, pueden sin­cronizar con el Archivo Akáshico de cada mundo; no tan sólo del suyo propio, y se pueden enterar de los acontecimien­tos históricos y de las falsificaciones contenidas en los libros de la historia. Pero, en los Archivos Akáshicos, hay algo más que un recurso para satisfacer la propia y vana curio­sidad. Podemos consultarlos y ver cómo fracasaron nuestros planes personales. Cuando morimos para este mundo, vamos a otro plano de existencia, dentro de la cual todos tienen que verse cara a cara con las propias obras; lo que hicimos y lo que dejamos de hacer, debiendo hacerlo.

Veremos el conjunto de nuestras vidas, con la velocidad del pensamiento.

Lo ve­remos a través de los Archivos Akáshicos, y no sólo desde el momento que lleváramos las cosas a la práctica, sino desde aquellos momentos antes de nacer, en los cuales planeamos cómo y dónde habríamos nacido. Entonces, con estos cono­cimientos y habiendo visto nuestros errores, planearemos otra vez y volveremos a intentar otra existencia, exactamente como un niño, en la escuela, viendo sus equivocaciones en las respuestas escritas

Lobsang Rampa

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