domingo, marzo 26, 2017

Al niño no le se debe “meter” miedo


«¿Usted le tiene miedo a algo?»

¿Ha escuchado esto?

“No me gusta (!) pegarle ni regañarlo fuerte... yo lo hago obedecer por el miedo...”.

“El niño le debe tener miedo a algo”. Esto lo piensan algunas padres. Y los que no lo piensan, actúan: “A los niños desobedientes se los lleva el diablo”... “A los niños que se quedan en la calle hasta tarde les sale una bruja”... “Ahí viene el chucho y se lo va a llevar, por portarse mal”.

¡El miedo! El miedo es el compañero inseparable de la infancia y de la... neurosis. Al niño le “meten” miedo; lo coge solo y lo elabora por imitación usando su fantasía (de muy poca fuerza lógica).

Es propio del miedo, como emoción, el desorganizar y debilitar la mente; y, como sentimiento, el inhibir y crear timidez. Es el medio usual de controlar la conducta ajena: la adulta y la infantil. Pero es un medio dañino. Perjudica los nervios y engendra neurosis. Los niños no deberían sentir miedo.

Algunos adultos pueblan de miedos las cabezas de los pequeños. Y emplean para esto, distintas palabras y hasta acciones ingeniosas. El más corriente es el amedrentamiento verbal (“viene el coco”, “te coge el policía, o el enano, o el brujo”). En ocasiones le «objetiviza», y aparece de noche «el personaje especifico de su imaginacion. Errores en la Crianza de los Niños los fantasmas», para lo que (bromeando y en serio) usan, algunos adultos ignorantes, sábanas, calabazas y otros objetos «terrorífi cos». Y hasta han creado “la noche de las brujas”.

Más lento y muy efectivo es el amedrentamiento por el “método” de los cuentos, en los que intervienen el impecable castigo de Dios o de algún poder horrible, el infierno y otros “recursos”...La familia mal llevada facilita el “aprendizaje” del miedo. Parece que el niño presiente que su hogar y él están en peligro. También atemorizan las conversaciones referentes a aparecidos, espíritus que salen y muertos que resucitan. Y las buenas películas de terror. En síntesis: el miedo ronda al niño continuamente.

Los padres y el medio familiar casi siempre logran su propósito. Aquella linda criatura que nació con sus nervios equilibrados, al poco tiempo es un nervioso. Y sepa que no en todos los casos el miedo trae consigo la obediencia.  Pero a muchos pequeños los “prepara” para adoptar cualquier absurdo contra natura... Este funesto efecto —muerte de la resistencia biológica del niño ante el abuso— suele ir acompañado del acondicionamiento terrorífico a un objeto, situación o animal determinado: fobia a la rana, la lagartija, la araña, la oscuridad, la soledad...

La ciencia dice: “no le meta miedo al niño”. El adulto cómodo e ignorante usa el miedo para “rendir” la actividad, la energía del niño. Los padres que amedrenta a su hijos no saben lo que hacen. Por supuesto, algunos hombres se libran de los miedos contraídos en la infancia: luchan y triunfan. Pero la mayoría queda en mayor o menor grado psíquicamente perjudicado... Y este peligro no lo puede correr tranquilo ningún padre amante y un poco responsable.

No le meta miedo a su hijo, no deje que nadie lo amedrente. Edúquelo por la vía de la clara razón no de la torpe emoción. El miedo paraliza, limita, acobarda, es un enemigo de una vida plena y una mente sana.

Alfonso Bernal Del Riesgo
Errores en la Crianza de los Niños

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