domingo, octubre 31, 2010

Cuentos de Nasrudin


LAS ARMAS DEL MULLA

Mulla Nasrudin inicio un viaje hacia tierras lejanas, motivo por el cual se consiguió una cimitarra y una lanza. En el camino, un bandido cuya única arma era un bastón, se le hecho encima y lo despojo de sus pertenencias.

Cuando llego a la ciudad mas próxima, el Mulla contó su desgracia a sus amigos, quienes le preguntaron como había sucedido que el, estando armado con una cimitarra y una lanza, no hubiera podido dominar a un ladrón armado con un modesto bastón.

El replico: El problema fue precisamente que yo tenia las dos manos ocupadas, una con la cimitarra y la otra con la lanza. ¿Como creen ustedes que hubiera podido salir airoso?

La interpretación de esta historia se vuelve evidente al conocer otra acerca del erudito ....


EL ERUDITO

Mulla Nasrudin consiguió trabajo de barquero. Cierto dia, transportando a un erudito, el hombre le pregunta:

-¿Conoce usted la gramática?
-No, en absoluto - responde Nasrudin.
- Bueno permítame decirle que ha perdido usted la mitad de su vida - replica con desdén el erudito.
Poco después, el viento comienza a soplar y la barca esta a punto de ser tragada por las olas. Justo antes de irse a pique, el Mulla pregunta a su pasajero:
- ¿Sabe usted nadar?
- ¡No! - contesta, aterrorizado, el erudito.
- Bueno, ¡permítame decirle que ha perdido usted toda su vida!

Esta segunda historia se relaciona directamente con la anterior. Nos dice: ¿De que sirve tener un conocimiento si no sabemos aplicarlo a la realidad?

En otras palabras, ¿de que sirve armarnos de un saber inútil?

Después de haber leído ambas historias, me pregunto: ¿Que se? ¿De que hablo? ¿Es necesario instruirse? Si, es importante hacerlo, pero hay que indagar de que sirve el conocimiento adquirido y saber deshacernos del que es inútil.

Por mi parte prefiero utilizar el conocimiento para desarrollar una técnica personal que conozca a fondo y se aplique a la realidad, en vez de coleccionar miles de conocimientos que no aplicare nunca.

¿De que sirven todas las teorías sobre la sexualidad, el amor, el bien, la oración, .... , si jamás la aplico?

Es como ocultarse atrás de ese saber, para no hacer nada.

martes, octubre 26, 2010

Los Vestigios Misteriosos de la Atlántida


Sin mucha prosopopeya hay que decir, que el legendario Atlas griego es copia fidedigna del heroico ATLANTEOTL maya y azteca.

Suprimida con delicado refinamiento intelectivo la desinencia "otl" de aquel luciente nombre, renglones arriba citado, resalta entonces la palabra ATLANTE.

Atlante-otl, siendo esta palabra por sus raíces explicada, sólo nos resta decir con gran énfasis que esto no es cuestión de vanas etimologías empíricas, arbitrariamente seleccionadas, ni de meras Coincidencias, como suponen siempre los ignorantes ilustrados.

Extraordinarias y legítimas concordancias lingüísticas, explicables sólo merced al tronco atlante común de los pueblos americanos y mediterráneo-semitas.

Incuestionablemente, éstos y aquellos tienen sus raíces en la Tierra encantada de OLISIS, la Atlántida sumergida ahora en el mar de las tinieblas, vaho sombrío de leyendas de horror, de naufragios pavorosos y de viajes sin retorno.

¡Mar inmenso que en Gibraltar, más allá de las Columnas de Hércules, tiendes proceloso tu onda infinita de misterios infranqueables para los navegantes!

¡La leyenda trágica llena tu espacio con el poder colectivo de las generaciones que así te han contemplado y el poeta escucha en la voz de tus olas inmensas el rumor de tus tragedias y el crujido de tus mundos sepultados!...

¡La Atlántida!, Ese vasto continente desaparecido que se tenía como un ensueño de poeta, una creación de la divina mente de Platón, y nada más, existió realmente.

"La intuición del poeta es la visión del genio", el que la niega es porque no puede ver con su poder inmenso.

"Los sabios sólo son grandes cuando llegan a ser poetas", cuando sobreponiéndose al detalle, sienten las armonías que laten en el fondo de todo lo existente y que pueden arrebatarnos a esferas superiores.

Así es como el autor de Las Metamorfosis de las Plantas pudo escribir su FAUSTO, el de la Filogenia alzar su Credo, HUMBOLDT hacer su Cosmos y Platón, el Divino, su TIMEO y su CRITIAS, como POE con su Eureka, poetas todos de la Vida Universal que no es sino el Hálito de lo oculto.

¿Ves ese mar que abarca la Tierra de polo a polo?, -le dice a Cristóbal Colón su Maestro- un tiempo fue el Jardín de las Hespérides. Aún arroja el Teide reliquias suyas, rebramando tremebundo cual monstruo que veía en campo de matanza.

Acá luchaban Titanes, allí florecían ciudades populosas... Hoy, en marmóreos palacios, congréganse las focas, y de algas se visten los prados donde pacían las ovejas.

H. P. B. en las Estancias antropológicas, números 10, 11 y 12, dice textualmente lo siguiente:

"Así, de dos en dos, en las siete zonas, la tercera raza (los lemures) dio nacimiento a la cuarta (los atlantes).” "Los Suras o Dioses (Hombres perfectos) se convirtieron en Asuras, en No Dioses (gente pecadora).” "La primera, en cada zona, era del color de la Luna; la segunda, amarilla como el oro; la tercera roja y la cuarta de color castaño que se tornó negro por el pecado." "Crecieron en orgullo los de la tercera y cuarta (subrazas atlantes) diciendo: "Somos los Reyes, somos los Dioses."

"Tomaron esposas de hermosa apariencia de la raza de los "aún sin mente" o de "cabeza estrecha", engendrando monstruos, demonios maléficos, hombres machos y hembras y también Khados con mentes pobres." "Construyeron templos para el cuerpo humano, rindiendo culto a varones y hembras. Entonces cesó de funcionar su Tercer Ojo (el Ojo de la Intuición y de la Doble Vista)."

"Fuegos internos habían destruido la Tierra de sus Padres (la Lemuria) y el agua amenazaba a la cuarta raza (la Atlántida)..." "Las primeras grandes aguas vinieron y sumergieron a las siete grandes islas... Los buenos todos fueron salvados y los malos destruidos..."

"Pocos hombres quedaron: algunos amarillos, algunos de color castaño y negro y algunos rojos. Los del color de la Luna (los TUATHA) habían desaparecido para siempre." "La quinta raza (la humanidad que actualmente puebla la faz de la Tierra, incluyendo a los mayas, incas, quichés, toltecas, nahoas, aztecas de la América pre-hispánica), gente toda producida del tronco Santo (el Pueblo elegido salvado de las aguas), quedó y fue gobernada por los primeros Reyes Divinos."

"Las Serpientes (Dragones de la Sabiduría o Rishis) volvieron a descender e hicieron las paces con los hombres de la raza quinta, a quienes educaron e instruyeron... "

…Además de tan extraordinarias similitudes, si de verdad anhelamos más evidencias, es obvio entonces que debemos apelar a la Filología. Resulta palmario y manifiesto que el Viracocha peruano es ciertamente el Viraj, Varón Divino, Kabir o Logos de los hindúes, el Inca, palabra ésta que al escribirse con las sílabas invertidas puede leerse Caín (Sacerdote-Rey).

Por eso, no son de extrañar las infinitas conexiones intrínsecas que la Doctrina y los hechos de los primeros incas guardan con toda la Iniciación oriental.

Evidentemente, el gran historiador romano César Cantú liga sabiamente a los primeros incas con los mongoles o SHAMANAS antiquísimos, lo que equivale a decir que en eso de la inopinada presentación del Manú del Norte o Manco Cápac, y de su noble compañera (Coya o laco), se dio acaso la milagrosa circunstancia que inteligentemente nos hace notar H. P. B., relativa al fenómeno teúrgico de esos Seres puros o shamanos que suelen prestar su cuerpo físico a los Genios de los mundos suprasensibles con el evidente propósito de ayudar a la humanidad; portento éste que en modo alguno debe confundirse con el mediumnismo de tipo espiritista.

El inefable Tao chino es el mismo Deus latino, el Dieu francés, el Theos griego, el Dios español y también el TEOTL Náhuatl, azteca. El Pater latino, incuestionablemente y en forma irrebatible, resulta ser el mismo Father inglés, el Vater alemán, el Fader sueco, el mismísimo Padre español y, por último, el Pa o Ba indo-americano. La dulce Mater del latín, indubitablemente es la misma Matrusa, la Mere francesa, la Mother inglesa, la noble Madre española y también la Na o Maya en maya o quechua.

Extraordinarias similitudes lingüísticas que señalan e indican algo más que mera ostentación, pavonada o boato etimológico. Al llegar a estas profundidades de la Etimología alma de la Historia y una de las más poderosas claves de la Gnosis, jamás podríamos dejar de recordar aquella famosa frase del Idioma ritual maya que a la letra dice: ¡HELI, LAMAH ZABAC TANI! Y que los cuatro evangelistas interpretan esotéricamente en cuatro formas diferentes.

En forma extraordinaria el gran Kabir pronunció tal frase en la cumbre majestuosa del Calvario. "Ahora hundirme en la pre-alba de tu Presencia" es indudablemente su sentido en idioma maya. Incuestionablemente, el gran Hierofante Jesús aprendió el Naga y el Maya en el Tibet oriental y esto está demostrado.

En el sagrado Monasterio de Lassa en el Tibet, existe todavía un libro que textualmente dice lo siguiente: "Jesús se convirtió en el más proficiente Maestro que haya estado sobre la Tierra."

Un sabio escritor ha dicho: "Está establecido históricamente que la Ciencia- Religión conocida por Cristo en Egipto, la India y el Tibet, era Maya." "Existió un profundo Ocultismo Maya, conocido sin una duda por Cristo, quien eligió sus símbolos (mayas) como sustentación de sus ideas de amor fecundante.

"Ya no puede suponerse casualidad que haya elegido a la cruz maya, a la trinidad y a los doce apóstoles, como así también, a otros muchos símbolos, para sustentar el inmenso sentido científico religioso de sus prédicas." Es ostensible que los mayas-atlantes trajeron su Religión a Meso-América. Es indubitable que ellos colonizaron al Tibet, Babilonia, Grecia, India, etc. No hay duda de que el lenguaje ritual del Kabir Jesús fue maya.

Todo esto puede explicarse integralmente merced al tronco atlante, común a los pueblos americanos y mediterráneo-semitas. Las tribus de Anahuac, como todas las otras tribus de Indo-América, vinieron de la Atlántida y jamás del Norte como suponen siempre algunos ignorantes ilustrados.

Aquellos intonsos que enfatizan la idea de que las tribus de Indo-América vinieron del Continente Asiático pasando por el famoso Estrecho de Bering, están absolutamente equivocados porque ni en Alaska ni mucho menos en el mencionado Estrecho existe el menor vestigio del paso de la Raza humana por ahí.



V.M.Samael Aun Weor
Doctrina secreta de Anáhuac

sábado, octubre 23, 2010

No pasan años, pasan cosas




El tiempo no existe. No es real. Es, simplemente, una ficción, un instrumento, un medio para orientarnos en la vida, relacionando distintos acontecimientos de nuestras existencias, de las de los demás o de la misma naturaleza.

La Tierra gira en torno al sol. Y, al conjunto de acontecimientos cíclicos y, por tanto, fijos, que tienen lugar desde que una revolución comienza hasta que termina, lo llamamos año. Y, como durante ese proceso el sol sale y se pone por nuestro horizonte trescientas sesenta y cinco veces, hemos llamado día a lo que sucede entre cada dos de esos fenómenos sucesivos. Y luego hemos dividido el día en veinticuatro horas, aunque podíamos haberlo dividido también en catorce o en treintaisiete. Y a cada parte la llamamos hora. Y la hora la hemos, convencionalmente siempre, subdividido en sesenta minutos y a cada uno de éstos en sesenta segundos… Pero todo es pura convención, lo mismo que cuando trazamos una frontera y decimos que en la línea que la representa comienza un país y termina otro. Porque esa ficción nuestra nunca la aceptan ni la respetan los vientos ni la lluvia ni la flora ni la fauna, sencillamente porque es algo artificial, una simple ideación, sin existencia real fuera de nuestras mentes, aunque la plasmemos en los mapas. Lo que sí existe, lo que sí se da y es inevitable, sin embargo, es la sucesión de hechos, así como su gestación, nacimiento y desarrollo. Y la influencia que sobre todos nosotros ejercen.

Pensemos sino un poco: ¿Es realmente el paso de lo que llamamos cincuenta o sesenta o setenta años lo que nos hace cambiar de aspecto, envejecer, aproximarnos inexorablemente al fin de nuestra vida física? ¿O lo que nos hace avanzar en ella, en ese proceso de enfermos terminales en que todos estamos incursos desde el momento de nacer, son las agresiones de que vamos siendo víctimas? ¿Qué tiene, en realidad, el tiempo que nos pueda perjudicar?

Lo que verdaderamente nos hace cambiar y decaer, como hemos dicho, son los acontecimientos, las vicisitudes de la vida, las variaciones a que la naturaleza nos somete, las influencias de las vibraciones y radiaciones que por todas partes nos acometen, las emociones, las pasiones, los sentimientos, los pensamientos, las ideas, los razonamientos, las enfermedades… Eso sí que nos envejece, eso sí que modifica, aparentemente para mal, nuestras estructuras externas e internas. Eso sí que surte efecto, un efecto fatal e inevitable, que nos va conduciendo a la consunción, a la cristalización, a la disfunción y a la inmovilidad física que llamamos muerte. Lo mismo que no son los años los que erosionan los montes ni los que socavan las rocas, sino el viento y el agua y el calor y el frío. Pero nunca el paso del tiempo, porque el tiempo no pasa, ni siquiera es.

Son, pues, las primaveras y los veranos y los otoños y los inviernos sucesivos los que nos van continuamente obligando a adaptarnos a ellos con los consiguientes desgastes y cansancios y heridas y cicatrices de todo tipo. Son el calor y el frío sucediéndose sin interrupción, miles de veces, los que nos resquebrajan por dentro y por fuera. Son los disgustos, los problemas, los sinsabores, los fracasos o los éxitos, las ilusiones y los sueños, las amistades y las diferencias, las fidelidades y las deslealtades, y el valor que vamos dando a todo ello en cada momento, los que nos van madurando hacia la influencia final que producirá el último estertor de nuestro cuerpo.

Una desgracia familiar, la muerte de un ser querido, por ejemplo, que puede suceder en minutos, puede también envejecernos lo que, sin ese suceso extraordinario, envejeceríamos en lo que hemos dado en llamar veinte años, o sean, los sucesos normales que pueden acaecernos en una vida sin demasiados altibajos durante lo que hemos convenido llamar ese período. Pero no los veinte años en sí.

Si nos fuera posible hacernos inmunes a las inclemencias meteorológicas, a las múltiples enfermedades que nos acosan, a las agresiones físicas, psíquicas y emocionales a que nos someten los demás e, incluso, nosotros mismos; si las vibraciones estelares no nos pudiesen alcanzar o, alcanzándonos, no nos afectaran, por muchos años y por muchos siglos que transcurrieran, no envejeceríamos… Los animales, que no conocen nuestras ficciones, también envejecen y llegan a la muerte sin tener la menor noción de los que es un año ni un mes ni siquiera una hora.

Pero si pudiésemos ser inatacables por todos esos enemigos, lo que ocurriría es que tampoco aprenderíamos nada y, por tanto, no evolucionaríamos. Conviene, pues, que tengamos claro que el tiempo no nos afecta, ya que no existe, pero nos afectan, y mucho, las cosas que nos suceden. Y sólo ellas. Por tanto, no debemos temer el paso del tiempo. No debemos asustarnos ante algo inexistente. Lo que hemos de evitar son los acontecimientos que nos hagan vibrar intensamente. Por eso lo que se nos recomienda por nuestra filosofía es mantenernos tranquilos y equilibrados en toda situación. Es decir, comportarnos ante los sucesos que a otros les pueden trastornar o afectar, como si no fuesen con nosotros, gracias a un discernimiento bien desarrollado.

Por supuesto, el efecto de los sucesos o procesos inevitables de la naturaleza no podremos obviarlo, porque así está dispuesto en los planes del Creador. Pero lo otro sí, lo que ordinariamente ponemos de nuestra propia cosecha: el atacar nuestro cuerpo con vicios o hábitos o comportamientos agresivos; el estar nerviosos y estresados y asustados; el temer al futuro, faltos de confianza en nuestra fuerzas y de fe en la ayuda divina; el afectarnos por cuanto sucede en nuestro entorno; el vivir una vida de negatividad y de egoísmo, que nos enfrenta a todos; el dejar de ejercer el amor y la entrega y la sinceridad y la confianza y el sacrificio y la caridad y el servicio altruísta y la oración… eso sí que nos afecta y nos envejece por dentro y por fuera.

La eterna juventud, pues, no existe ni existirá mientras dispongamos de cuerpo físico. Pero sí existe una juventud prolongada o,por lo menos un espíritu joven prolongado. Y ésa debe ser nuestra consecución, pero no como objetivo, como una meta a alcanzar, sino como un subproducto inevitable de una vida sana física, mental,emocional y espiritualmente. Es decir, una existencia ajustada lo más posible a las exigencias de las leyes naturales, a las Enseñanzas de nuestra filosofía.

Francisco-Manuel Nácher

miércoles, octubre 20, 2010

“La música de las esferas”



Queridos amigos: Nos parece oportuno tratar hoy la modalidad operacional del Universo, o modus operandi” del Cosmos. En la prensa de estos días apareció, como nota sensacional, y comprobando lo que la Filosofía Rosacruz informa, que la sonda espacial “Viajero II”, que está surcando el espacio, habiendo traspasado Júpiter y en viaje a Saturno trasmitió, para sorpresa de todos los científicos que acompañan este viaje, música espacial. Así informó la prensa (Voyager II, Jet Propulsion Laboratory de Pasadena. El Día, 27 – 8 – 81).

Desde tiempos remotos los iniciados conocen esta verdad. Fue Pitágoras uno de los que más habló al respecto, asegurando que el sistema solar, del cual formamos parte, emergió del Caos. Se llama Caos en el lenguaje esotérico el estado inicial existente; no tiene el sentido que le damos generalmente. De acuerdo a la acepción popular caos es desorden; en el sentido cósmico no es así. Caos es el estado inicial, el estado primero, donde existen las circunstancias de in-proceso, de in-dinamización; el espacio vacío, el caos es puesto en movimiento por un Creador. Y Pitágoras dice que nuestro sistema solar partió del Caos, pero por medio de melodías musicales y armonías espaciales fue tomando forma. Y esto es lo que queremos explicar y desenvolver en el día de hoy.

La nota universal de realización es una nota de armonía, que se repite en todo lo que existe, en todas partes. No hay forma viva o inanimada que no tenga su nota clave. Recuerden que ya la Biblia relata que estando los israelitas combatiendo alrededor de las murallas de Jericó, una nota prolongada de un cuerno de carnero, una nota muy aguda, hizo que las murallas de Jericó se derrumbaran, ¿Qué había pasado? Se había tocado la nota clave, suficientemente demorada y fuerte, y la muralla, que era aparentemente inexpugnable, se derrumbó.

Un nieto del famoso Félix Mendelsohn, el gran músico, se fue interesando en todo lo que era música y sonido, hasta conseguir comprobar que todos los cuerpos tenían su nota clave. De la misma manera que tocando la nota particular con suma suavidad y armonía se consigue armonizar, también tiene el otro aspecto negativo citado. Pero está confirmando la regla de que todas las formas están acompañadas de una nota musical correspondiente.

Entonces, vamos a destacar el hecho sobresaliente de que todos los planetas, al estar en permanente movimiento, producen su nota particular. Nuestro sistema solar también; ya se ocuparon, en la antigua mitología griega, de calificar nuestro sistema solar como “las siete cuerdas de Apolo”. Los signos zodiacales eran la caja de armonía que servía para que esta nota sonara, o sea, que todo del sistema tiene su nota y en particular cada planeta también la tiene Y ahora vamos a determinar por qué nos debe interesar a todos este tema. Siendo una regla general que los planetas, al girar, está produciendo su nota, su nota de armonía, su posición y ángulo se combinan con los signos zodiacales que corresponden a la trayectoria de nuestro sistema solar, produciendo un efecto sobre nosotros. Están armonizando y emitiendo notas permanentemente para todo lo existente, en especial para los seres humanos; es decir, que estamos recibiendo permanentemente esas influencias que influyen en nuestro destino.

Además, cuando en lo remotos tiempos de un principio de la formación de lo que después sería nuestro sistema solar, las Jerarquías Creadoras que intervinieron, fueron emitiendo su propia nota, para producir en los seres humanos los vehículos correspondientes, que armonizaran con las regiones que estaban siendo construidas, para base del desenvolvimiento humano. Vean qué relación extraordinaria existe: la música de las esferas escuchada por esta sonda espacial está relacionada con las notas del destino y progreso humanos. Estas, por ser notas suficientemente elevadas, el oído humano, en su mayoría, no puede percibir, por ahora. Pero ciertos oídos de músicos muy cultivados, que fueron grandes maestros, llegaron a percibir esta música; recibían sonatas y sinfonías enteras, que después escribían y las daban para el público preparado, culto.

No todos armonizan con la música superior; hay quien prefiere cierta música estridente, música “que parte los nervios”. Esta produce efecto contrario: mientras una música construye, la otra destruye. Lamentamos mucho expresarnos así; parecería que queremos destruir algo que se acepta en el momento; pero es nuestra obligación ubicar cada hecho y separar lo que sirve de lo que no sirve, de acuerdo a nuestra capacidad o a nuestro entendimiento.

La música superior, la música que celebrizó a Juan Sebastian Bach, a un Beethoven, a un Wagner, a un Mozart, a un Tchaikowski o a un Stravinski, son músicas que se tornaron lásicas, porque al igual de los buenos libros, tienen su contenido permanente y útil. Fueron inspiraciones traídas; no son músicas de la tierra, y es nuestro propósito destacarlo.

Uds. recordarán – traemos al recuerdo de cada uno – que los mundos y regiones que circundan la Tierra tienen sus cualidades propias. El mundo de deseos tiene la condición especial de ser el mundo del color, en donde los pintores, en los estados post-mortem, se embelesan con los colores extraordinarios del mundo de deseos superior y ahí mejoran sus capacidades, estudiando un colorido que no se encuentra en la Tierra. De inmediato, en el mundo del pensamiento concreto, que es nuestro verdadero hogar, es también el mundo del sonido y de la armonía, el mundo de la música, en donde los grandes maestros se preparan para producir después sus extraordinarias músicas, cuando están en la Tierra.

Entonces, ¿qué estamos procurando explicarles? Que hay una armonía general, que está en todas partes, construyendo y ayudando a que se cumpla un cierto destino en la Tierra. Se está trabajando permanentemente para ese fin. Lo demás es tarea nuestra. La tarea que estamos enfrentando, es tener cada día un entendimiento y una capacidad mayor. Con los temas estamos llevándoles – de propósito – a pensar en una realidad de superación espiritual permanente, para que la vida de cada uno se desenvuelva dentro de esta medida. Es decir: vamos a actuar, dando cumplimiento a todos nuestros deberes y necesidades del mundo, pero como una oportunidad de perfeccionamiento, en un conjunto, caracterizado de separación, para obligarnos a una labor individual y a un desenvolvimiento personal.

Pero con un objetivo final, no apenas de las cosas del momento que nos circundan, sino como una posibilidad de desenvolver cualidades mejores, que después se aplicarán justamente en esas regiones superiores, donde está nuestra verdadera patria de origen y de destino, en donde se hace el proceso asimilativo. También a través de notas musicales que ya jamás dejarán a los seres humanos, se asimila la quintaesencia de los valores realizados en cada existencia; a través de notas musicales armoniosas, en los mundos superiores, se realiza la impregnación de las cualidades cultivadas, para producir un crecimiento mayor en cada uno.

Las etapas de los mundos superiores difieren de la etapa terrena, pero ambas se complementan, para que sea alcanzado, algún día, la meta de perfección. Cuando estamos aquí, en la etapa física, en actividades permanentes, en trabajos ineludibles, el mundo físico nos exige a todos nuestra cuota de trabajo y de actividad; en donde constantemente las circunstancias nos prueban, nos experimentan. Nosotros no necesitamos recurrir al conocimiento que nos instruye, para saber que grandes jerarquías amparan y guían al ser humano. Lo comprobamos con los hechos de todos los momentos; hacemos nuestros programas y los vamos realizando con el mayor empeño y, sin embargo, ellos se van desenvolviendo independiente de nuestro propósito. Se van cumpliendo ciertas leyes de progreso que nos van exigiendo, nos aplauden en ciertas circunstancias, favoreciéndonos; proyectamos tal o cual hecho y lo conseguimos realizar en forma completa, satisfactoria. Eso nos produce alegría y bienestar. Pero parecería que la perfecta armonía no existe y tiene que haber la nota disonante. Nosotros lo comprobamos en nuestro desenvolvimiento de todas las horas, cuando ciertos hechos, a pesar de nuestra cuidadosa atención, no se desenvuelven como queremos. Es la advertencia sabia; es la sugestión que nos hacen los planos superiores para que pongamos un mayor cuidado, una mayor capacidad. Todo esto se transforma en una magnífica experiencia propia nuestra. Todavía, no son valores permanentes; son nada más que de las circunstancias.

Cuando llega el proceso post-mortem hay una etapa, como saben, de revisación. Lo que queremos agregar es que en el mundo de deseos superior, en el mundo de pensamiento concreto,se asimila la quintaesencia, el extracto de lo que hemos acumulado con esfuerzo en la Tierra; la experiencia se asimila y se amalgama, se transforma en una cualidad individual, queda definitivamente arraigado en cada uno a través de las notas constructivas de los mundos superiores.

Amigos, lo que estamos procurando hablar es que estamos rodeados de un ambiente de armonía musical, que está trabajando para nuestro progreso. Cuando se proyecta regresar a la Tierra, alguien que tenga afinidad para las altas matemáticas va a tener el enorme cuidado de construir los tres canales semicirculares que existen en nuestro oído, marcando diferentes medidas del espacio; el matemático tiene que tener enorme cuidado con esa formación, porque como el matemático va a tener que estudiar medidas del espacio, le va a ser fundamental la construcción especial de su oído. Aunque este detalle o particularidad no siempre pueda ser comprendida, quizás otra explicación y otra comparación pueda ayudar mejor.

El que verdaderamente se va a especializar en el cultivo de su oído, que va a procurar producir una música superior, es el que más necesita de esa construcción especial de esos canales, y todavía del desenvolvimiento de unas famosas fibras de Corti – en cada oído hay alrededor de diez mil – y el que no se cultiva puede conseguir de cada una de esas fibras de Corti que vibre o capte tres a diez gradaciones de tono; pero el músico especializado llega a conseguir desenvolver, para cada fibra de Corti, 25 posibilidades diferentes de gradaciones, de grados de tonalidad. Eso distingue a un músico de los que no se han cuidado de ese desenvolvimiento.

No es un hecho casual. Es consecuencia del cultivo. El propio pintor que se cultivó en el mundo de deseos superior, en el estado post-mortem, viene a la Tierra, pinta y ve tonalidades de colores que en general no los ve el profano. Es consecuencia del perfeccionamiento.

Toda especialidad desarrolla en todas las profesiones y de acuerdo a lo que se realice, o en todas las actividades y de acuerdo a lo que se practique se alcanza una especialidad. No se sorprendan. Todos tenemos costumbre, o de alguna vez, de concurrir a una casa bancaria, un banco; los cajeros, manejan los billetes como todos, pero con una celeridad mayor que los demás; además, por el tacto, están distinguiendo el billete legal del billete ilegal. Es la condición que ellos adquieren con el trabajo permanente; la especialidad les da un tacto especial, que los demás no tienen: es la condición derivada del ejercitamiento. Esta condición se traslada a todas las actividades.

Recapitulando nuestro tema, estamos hablando de la armonía de las esferas con motivo de esa sonda espacial – Voyager II – que pasando Júpiter, como dijimos, y en viaje a Saturno, llegaron a captar los científicos de la Tierra una música sorprendente, espacial: comprobación de afirmaciones de los célebres Maestros Iniciados que siempre proclamaron que toda la construcción universal se realiza a través de la música armoniosa que construye, de esta forma, todos los cuerpos; hasta los propios cuerpos humanos tienen su propia nota armonizada con las regiones que circundan la Tierra, que trabajan, éstas, para posibilitar la vida y el desenvolvimiento humano.

Nuestro desenvolvimiento también está condicionado a la especialidad. En la etapa material alcanzamos un cierto ejercitamiento como el caso de un cajero de una casa bancaria. Y en lo espiritual acontece exactamente lo mismo. Podemos tener mucha práctica en las cosas de la tierra, pero las cosas espirituales exigen otro ejercitamiento igual. No se lo escondemos.

A veces aseguramos rotundamente: es mejor no saber nada del conocimiento espiritual que saber un poco. ¿Por qué? dirán. Porque la condición de los seres de la Tierra, terrenales, es sacar conclusiones inmediatas; y un poco de conocimiento no descubre un plan divino, ni nuestro origen inmortal. Un poco de conocimiento da una idea muy limitada y las conclusiones pueden ser totalmente precipitadas y equivocadas. En la práctica ¿quieren una prueba?

Entren a un laboratorio de experimentación, un laboratorio químico, con materiales diversos, entre ellos hasta posibles inflamables; atrévanse a hacer experimentación con un poco de conocimiento y verán cuántas cosas graves pueden suceder. A un laboratorio de experimentación se puede entrar como aprendiz, pero siguiendo órdenes, no experimentando por nuestra propia cuenta, porque podemos tener consecuencias graves.

En estos momentos de inquietudes generalizadas, en estos momentos en que sabemos que existen tantos hechos graves en todas partes, sentimos que aprendices de explosivos están pagando dolorosamente con la vida su gravísimo error, es decir, las cosas de importancia tienen que dominarse. El camino espiritual es lo más importante que existe.

Todos nuestros afanes por los demás hechos de la tierra tienen también importancia; la razón fundamental es que estamos aquí; pero, ¿qué es lo que se espera de nosotros? ¿qué es lo que tenemos que construir? Realmente, esta es una enseñanza que lleva un cierto tiempo completar. Hablamos con una cierta lentitud porque quisiéramos hacerles sentir la belleza de estar actuando; la oportunidad espléndida que tenemos. Pero, al mismo tiempo , paralelamente, queremos hacerles sentir toda la responsabilidad que hay detrás; todo lo que requiere una existencia, todo lo que se trabaja para nuestro progreso y lo que tenemos que responder a ese progreso para que no haya defraudación, no solamente quienes trabajan por nosotros, sino también por nosotros mismos. Porque ¿qué sucede cuando se hace una plantación en un terreno inadecuado y se experimenta sembrar de forma también no perfecta? ¿qué sucede? Se fracasa.

Se hicieron cálculos de alcanzar una cierta cosecha, un cierto beneficio, y después es una desilusión, toda la cosecha perdida por no haber tomado las medidas necesarias. Nosotros, y particularmente cada uno, estamos haciendo nuestra siembra. ¡ Que importante es que la podamos hacer con gran conciencia y profundidad y cosechar algún día inmensas felicidades, porque lo hemos hecho con armonía y sabiduría; porque hemos sabido trabajar de forma constructiva!

Nos parece que fue Carlyle que llegó a afirmar: “la música es el lenguaje de los ángeles”. Los ángeles se manifiestan a través de la armonía, a través de un canto celestial. ¿Por qué nosotros no desarraigamos nuestras inquietudes y nuestras penas y empezamos a ver una realidad universal? Es evidente a nuestro alrededor. Todo funciona; apenas falta nuestro caso personal,particular; estamos ubicados en un medio ambiente, la Tierra; la naturaleza produce todo a nuestro alrededor, condiciones perfectas de vida. Nuestro desenvolvimiento apenas precisa un cierto cuidado y ajuste. Esa e la finalidad del tema espiritual: llevarnos a realizar con un cierto cuidado, para que tengamos un éxito mayor y completo.

Nuestra preocupación al armar las palabras que les estamos trasmitiendo, es asegurarles: hay una melodía musical universal, la que construye el universo, con la que trabajan las Jerarquías Creadoras. ¿Por qué no imitamos esta ley general, creando en nosotros mismos esa armonía, esa belleza, que apenas tenemos que desenvolverla en nuestro interior? Belleza y armonía que atraiga al conjunto, que armonice con el medio y con todos en general. Porque la ley continúa universal; lo que armoniza atrae, lo que desarmoniza destruye.

Cuando Uds. quieran comprender la ley universal, analicen la ley personal: es exactamente la misma. Lo curioso es que en la sabiduría creadora no se crean leyes para lo grande y leyes particulares para lo pequeño. Es ciertamente la misma ley.

¿Quieren trasladar la armonía para dentro de Vds. mismos? Cuando tienen una sonrisa de los labios para afuera y dentro tienen un trastorno, una desarmonía, una angustia, una melancolía, una tristeza, están como púas rechazando al medio ambiente. El medio ambiente lo siente: ¿Se dan cuenta para qué es el tema espiritual? Para llamarles la atención sobre ciertas particularidades, puedan meditarlas y sacar provecho por Vds. mismos. Estamos apenas emitiendo sugerencias, para que comiencen una vida más completa. Ya que todo el Universo es armonía, consigan esa armonía dentro de cada uno; porque tienen un principio que nadie les puede negar: el principio universal que existe en cada uno, la eternidad que es cada uno, la individualidad que es cada uno, la chispa divina que está manifestándose a través del trabajo en la Tierra.

Como tienen un principio divino inmutable y eterno, tienen derecho a esa armonía. Las circunstancias externas son de prueba, nada más. Las pruebas de la Tierra son del momento, no son permanentes, les dejarán y disfrutarán de inmensas alegrías cuando miren para atrás,y justifiquen el por qué tuvieron que pasarlas.

La sonda espacial nos viene a confirmar que todo es música constructiva; entonces vamos adaptando, o a poner en funcionamiento esa música dentro de nosotros mismos. Comencemos por escucharla externamente. Tenemos deberes y no podemos estar escuchando música permanentemente; pero hay momentos en que sí, que tenemos libertad en nuestro hogar; en momentos libres y de tranquilidad escuchemos música, pero música que hemos tratado de señalar o especificar: es la música creadora de los grandes músicos. En todos los tiempos emitieron sinfonías que se tornaron clásicas por ese motivo: que construyen.

Y hay más. Si nuestra tarea en el momento no nos permite poner atención en la música que se emite a nuestro alrededor, no importa. La buena música construye su nota armónica en el medio ambiente y dentro de nosotros mismos, la escuchemos o no. Esa es la condición. La música de por sí es una nota constructiva que no depende de nuestra atención: construye, la atendamos o no. Naturalmente, que si la atendemos y formamos unión el resultado es mayor.

Ahora corresponde decir: la otra música del momento que conocemos, música fuerte, música con carácter violento, música que repite ciertas notas persistentemente como si fuera un repiquetear, como si quisiera perforar o quisiera destruir, queremos advertir que no hay nada que perjudique tanto al sistema nervioso como ese tipo de música. En contraste, cuando asistiendo a una obra musical de valor clásico, los espectadores quedan extasiados en sus asientos, escuchándola, armonizados, prueba el efecto que produjo, unificados con la música, sienten una construcción apacible en su interior. Es para la que queremos llamar la atención. Por eso la música de ciertos músicos famosos, que perduran en el tiempo, siempre es útil escuchar, porque armonizan nuestros vehículos espirituales, ayudándonos en lo personal.

"La música es un factor en el mundo y una modalidad operacional en el Universo"

Roberto Ruggiero

domingo, octubre 17, 2010

El Caduceo


En muchas ocasiones los textos nos parecen oscuros y complicados es porque a menudo no tenemos el bagaje intelectual y simbólico necesario para acercamos a ellos porque carecemos también de la luz interior imprescindible para iluminarlos y porque nos falta la simplicidad de espíritu que permite que su luz penetre en nosotros.

Los símbolos utilizados por los antiguos alquimistas son algo así como variaciones sobre un mismo tema. Pertenecen a lo que Guénon llamaba "símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada", una ciencia distinta de la que se imparte en nuestras aulas.

El Caduceo, por ejemplo, que es el atributo hermético por excelencia, la vara de Hermes entrelazada con dos serpientes, nos evoca al mismo tiempo un simbolismo tan arquetípico como es el de la vara (recordemos la vara de Moisés -Ex. XVII, 5 y 6-, el bordón del peregrino de Santiago, o si queremos, los bastos de la baraja española), Y el del número tres (las dos serpientes y la vara), que como vimos se aplicaba a Hermes-Mercurio, el tres veces grande, y vuelve a aludir a la Gran Obra.

Una de las múltiples explicaciones que se han dado del símbolo del Caduceo es la que afirma que Mercurio hizo que se enroscaran en él dos serpientes que luchaban entre ellas. Se trata de nuevo de los dos principios, del Cielo y de la Tierra, de lo fijo y de lo volátil, y la vara no hace sino disolver lo fijo y fijar lo volátil uniéndolos.

Caduceus, de kerykeion, procede del verbo kerykeio, publicar, anunciar. Por otra parte, en astrología, Mercurio es el regente del signo de Géminis, el tercer signo zodiacal compuesto por dos hermanos gemelos (vemos de nuevo aquí al dos y al tres), signo al que pertenecen la palabra hablada y escrita, las publicaciones, etc...

Para los alquimistas el papel anunciador del Caduceo se debe a su asociación con la Estrella, otro de los símbolos mas importantes de su acervo. La Estrella resulta de la conjunción de los triángulos del Agua y del Fuego (otro modo de hablar del cielo y de la Tierra o del Arriba y del Abajo), que muchos autores relacionan con la Estrella de los Reyes Magos,10 que les anunció y condujo hasta el nacimiento de Cristo, símbolo para ellos de la Piedra, el Lapis Philosophorum.11

También se ha relacionado al Caduceo con el Gallo, que nos anuncia el día, animal que los galos consagraban precisamente a Mercurio.

Si recordamos que en la antigüedad esta ave se inmolaba a Príapo y a Esculapio para obtener la curación de los enfermos, práctica que aún en nuestros días se realiza en ciertos ritos brasileños y haitianos, no nos extrañará que el caduceo sea el símbolo de médicos y farmacéuticos en varios países europeos.

Las correspondencias simbólicas entre el Caduceo y las tres columnas del árbol cabalístico ya han sido señaladas por diversos autores. Las columnas de Rigor y Misericordia corresponden a las dos serpientes. Son lo que se conoce en los Midrashim como "la buena inclinación" y la "mala inclinación" o si lo preferimos, "las buenas costumbres" y "las malas costumbres" de la simbólica franc-masónica, que no es en modo alguno opuesta a la alquímica.

La Columna central, llamada "de justicia" corresponde exactamente a la vara del Caduceo, que es la de la Libertad, una vez trascendidas las 'buenas' y las 'malas' inclinaciones. Es la vara que separa y que une (solve et coagula).

JULIO PERADEJORDI

viernes, octubre 15, 2010

El milagro de Lázaro


Entre los milagros atribuidos a Jesús, hay que conceder una importancia particular, al de la resurrección de Lázaro. Todo concurre a dar en el hecho referido aquí por el evangelista un lugar preeminente en el Nuevo Testamento. Recordemos que este relato no se encuentra nada más que en el Evangelio de Juan, es decir, del evangelista que, por sus palabras de introducción, exige una interpretación precisa de todas sus confidencias.

Juan comienza por estas frases: « En el principio era el Verbo, y el Verbo esta en Dios, y el Verbo era Dios... Por Él fueron hechas todas las cosas. Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad; y nosotros hemos visto su gloria, una gloria tal como la del Hijo único enviado por el Padre.»

El que pone semejantes palabras al comienzo de su relato indica, por decirlo así, que todo el relato debe interpretarse en un sentido particularmente profundo. No puede atenerse uno aquí a los razonamientos que no pasan de la superficie de las cosas. ¿Qué es, pues, lo que el Apóstol Juan ha querido decir con sus palabras de introducción? Dice, claramente, que habla de algo eterno, de algo que era desde el comienzo. Cuenta los hechos, pero no debe tomarse por hechos que se dirige a la vista y al oído, y sobre los que trabaja el espíritu lógico. El Verbo que obra en el Espíritu de los mundos, se oculta bajo los hechos. Esos hechos son para él los vehículos donde expresa un sentido superior. Puede, pues, suponerse que bajo el hecho de un hombre resucitado entre los muertos, hecho que propone a los ojos, a los oídos de la inteligencia lógica las más grandes dificultades, ocultase un sentido mas profundo.

Aquellos sepulcros eran espaciosas habitaciones talladas en la roca, en las que se entraba por una abertura cuadrada que cerraba una enorme baldosa. Marta y María acudieron delante de Jesús, y sin dejarle entrar en Betania, le condujeron a la gruta. La emoción que Jesús sintió al lado del sepulcro de su amigo que creía muerto (Juan, XI-35) pudo ser considerada por los concurrentes, como esa turbación, ese estremecimiento (Juan, XI-33-38) que acompañaba a los milagros; la opinión popular se empeñaba en que la virtud divina fuese en el hombre como un principio epiléptico y convulsivo. Jesús, siempre en la hipótesis anunciada mas arriba, deseó ver aún una vez mas al que había amado, y habiendo sido separada la piedra, Lázaro salió envuelto en sus vendas y cubierta la cabeza en un sudario. Esa aparición debió mirarse, naturalmente, por todos como una resurrección. La fe no conoce otra ley que el interés de aquello que cree positivo».

Es menester admitir, en efecto, que Jesús hizo en Betania algo de excepcional importancia para justificar palabras como éstas: «Entonces los pontífices y fariseos juntaron consejo, y dijeron, ¿qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros.» (Juan, XI-47.)

Hay que reconocer que todo este relato del evangelio de Juan esta envuelto en un velo de misterio. Un solo detalle lo probara.

Si el relato ha de tomarse a la letra, ¿qué sentido habrá de darse a estas palabras: «su enfermedad no es mortal, sino una enfermedad para la gloria de Dios, a fin de que su hijo sea honrado?» y qué de estas otras: «Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que crea en mí vivirá hasta que deba morir» (Juan, XI-4 a 25). Sería trivial creer que Jesús quiso decir: Lázaro no cayó enfermo sino para dar a Jesús ocasión de mostrar su arte.

Otra trivialidad sería atribuir a Jesús la idea de que la fe en él hacía literalmente resucitar a los muertos. ¿Qué habría de extraordinario en un hombre resucitado entre los muertos, y qué después de la resurrección y lo mismo que antes? ¿Qué sentido habría de darse a la vida de un hombre tal por estas palabras: «Yo soy la resurrección y la vida?» La vida y el sentido entran en las palabras de Jesús, si las tomamos desde luego simbólicamente, y luego de una cierta manera literal, como están escritas en el texto. ¿Jesús no dice que personifica la resurrección ocurrida a Lázaro, y que es la vida misma que vive Lázaro? Tómese a la letra lo que es Jesús en el evangelio de Juan.

Es el Verbo hecho carne. Es el Eterno que ha existido desde el comienzo. Si es verdaderamente la resurrección, entonces es la vida eterna primordial que ha sido despertada en Lázaro. Se trata aquí, pues, de una evocación del Verbo eterno, y ese Verbo es la Vida a la que Lázaro ha sido despertado.

Tratase aquí de una enfermedad que no lleva a la muerte sino «a la gloria de Dios». Si el Verbo eterno ha resucitado en Lázaro, entonces todo ese acontecimiento manifiesta la gloria de Dios.

Pues por todo ese proceso, Lázaro ha venido a ser otro. Antes de eso, el Verbo, el Espíritu, no vivía en él; ahora ese Espíritu vive en él. Este espíritu ha sido engendrado en su alma. Seguramente todo nacimiento va acompañado de una enfermedad; pero esa enfermedad no lleva a la muerte, sino a una vida nueva.

¿Dónde se encuentra la tumba de donde ha nacido el Verbo? Para contestar a esta pregunta basta con pensar que Platón llama al cuerpo del hombre «una tumba del alma). Y basta con recordar que Platón habla también de una especie de resurrección cuando alude al despertar de la vida espiritual en el cuerpo. Lo que Platón llama el alma espiritual, Juan lo designa por el Logos, el Verbo ó la Palabra. Platón hubiera podido decir: El que se espiritualiza, ha resucitado algo divino en la tumba de su cuerpo. Y para Juan la vida de Jesús es esa resurrección. Nada de sorprendente tiene, pues, que haga decir a Jesús: “Yo soy la resurrección”.

No puede dudarse que el episodio de Betania es una resurrección en el sentido espiritual. Basta para caracterizar su aventura con las palabras de los que fueron iniciados en los misterios, y el sentido descúbrese inmediatamente. ¿Qué dice Plutarco del fin de los misterios? Que debían servir para reparar el alma de la vida corporal y unirse a los Dioses. He aquí cómo Schelling escribe las sensaciones de un iniciado: «El iniciado debía convertirse por iniciación en un miembro de la cadena mágica, en un kabiro[1], siendo recibido en un organismo indestructible, y como dicen las antiguas inscripciones, siendo un asociado del ejército de los Dioses superiores.» (Schelling, Filosofía de la Revelación). No se puede designar de una manera mas significativa el entusiasmo que se producía en la vida de un hombre que había recibido la iniciación, que por estas palabras de Adesio a su discípulo el Emperador Constantino: «Cuando tomes parte en los misterios, te avergonzaras de haber nacido como un hombre.»

Cuando el alma se penetre de tales sentimientos, el suceso de Betania aparece bajo su verdadera luz. Entonces el relato de Juan hacenos vivir algo de particular. Entrevé el alma una certidumbre que ninguna interpretación lógica ni ninguna explicación racional pueden dar. Un misterio en el verdadero sentido de la palabra esta ante nuestros ojos. El Verbo eterno ha entrado en Lázaro. Ha venido a ser, para hablar el lenguaje de los misterios, un verdadero iniciado; y el suceso que se nos ha referido es un fenómeno de iniciación. Representémonos toda la escena como una iniciación: Jesús ama a Lázaro. Pero no es una amistad en el sentido ordinario de la palabra; eso sería contrario al sentido del Evangelio de Juan, donde Jesús es el Verbo. Jesús ha amado a Lázaro porque le ha juzgado dispuesto ya para revelar el Verbo en él.

Había relaciones entre Jesús y la familia de Betania. Eso quiere decir que Jesús había preparado todo en esa familia para el acto final del drama: la resurrección de Lázaro. Este es el discípulo de Jesús. Es un discípulo tal, que Jesús puede tener la certeza de que la resurrección se cumplirá en él. El último acto de la resurrección consistía en una acción simbólica. El hombre no debía de comprender la frase: « ¡levántate y anda!»; debía cumplirla por un acto. Debía dejar su parte terrestre, aquélla de la que el hombre superior en el sentido de los misterios debía avergonzarse. El hombre terrestre debía morir. Su cuerpo estaba sumergido durante tres días en un sueño letárgico.

Atendiendo a la prodigiosa transformación vital que se efectuaba en él, ese acto no puede designarse de otro m0do que como simbólico-real. Pero ese proceso era un acontecimiento que partía la vida del consagrado a los misterios en dos partes. El que no conoce por experiencia personal el contenido superior de semejantes actos, no puede comprenderlos. No se le puede dar sino una idea aproximada por comparaciones.

Resumamos, por ejemplo, en algunas palabras la sustancia de la tragedia de Shakspeare, Hamlet. El que comprende ese resumen puede decir, en cierto modo, que conoce a Hamlet, según la lógica lo conoce en efecto; ¿pero cuan otro conocimiento no poseerá el que ha visto la tragedia shakesperiana desarrollándose ante sus ojos con toda su riqueza? Ese habrá vivido la esencia de ella, que habrá pasado por su corazón, y ninguna descripción sería bastante para reemplazar en él la sensación vivísima que contiene un infinito. Para él la idea ha venido a ser un suceso artístico, una experiencia del alma. Lo que en el caso de una representación dramática, se efectúa en la imaginación del espectador, efectúase en el hombre, en un plano superior de la conciencia, por el hecho mágico y significativo de la resurrección, es el coronamiento de la iniciación. En él, el hombre ve simbólicamente lo que adquiere espiritualmente. El cuerpo terrestre ha sido verdaderamente el de un muerto durante tres días. Del seno de la muerte surgirá la vida nueva. El alma inmortal ha sobrepujado a la muerte. Sale de ella con la conciencia de su inmortalidad, porque la ha vencido.

Eso es lo que ocurre a Lázaro. Jesús le había preparado para la resurrección. La enfermedad de que se trata en el Evangelio de Juan es, a la vez, simbólica y real. Es una prueba de la iniciación que debe conducir al iniciado, tras un sueño de tres días, a una vida verdaderamente nueva.

Lázaro estaba preparado para cumplir esa metamorfosis en él. Llevaba la túnica de lino de los consagrados a los misterios. Cae también en una letargia que es un símbolo de la muerte; y se le cierra también en una cripta. Cuando Jesús llegó no habían transcurrido los tres días. «Quitaron, pues, la piedra del lugar donde estaba echado el muerto. Y, Jesús, levantando los ojos al cielo dijo: “Padre mío, te doy las gracias por lo que me has ayudado”. (Juan, XI-41.) El Padre escuchó a Jesús, porque Lázaro llegó al acto final del gran drama del conocimiento. Reconoció cómo se llega a la resurrección. Acababa de efectuarse una iniciación en los misterios. La iniciación, tal como se había concebido en la antigüedad, acababa de efectuarse a la luz del día. Jesús había sido el iniciador de ella. Y así es como siempre se representaba la unión con lo Divino.

Las palabras de Jesús que siguen a ese acto son significativas: “Sabía bien que me oirías siempre: pero digo esto a causa de este pueblo que me rodea, a fin de que crea que me has enviado”. En el fondo, este suceso no era para Jesús un fin, sino el medio. Le provocó a fin de que los que no creían en la resurrección sino bajo una forma exterior, creyesen bajo su palabra.

Para él lo principal es la resurrección del alma, de la que es un símbolo la del cuerpo. Puede concluirse que creía en otro género de resurrección, y que esa resurrección era precisamente la suya. Ahora bien, la resurrección del Cristo debía producir un efecto sobre toda la humanidad. Debía ser, en cierto modo para todos los hombres, lo que la resurrección de los misterios era para los iniciados. Lázaro, el resucitado, debía ser el testimonio consciente del gran suceso histórico de la resurrección del Cristo.

En Jesucristo la tradición inmemorial ha venido a ser una persona. Y el evangelista del espíritu ha dicho así muy bien: «En él el Verbo se hizo carne.» Tiene el derecho de ver en Jesús un misterio corporizado. Es menester leer con esta idea los hechos, que son aquí espirituales. Si un sacerdote del antiguo cielo hubiera escrito este evangelio, su relato hubiera tomado la forma de un rito tradicional. Para Juan ese rito vino a ser una persona. Se convirtió en «la Vida de Jesús».

Un gran sabio moderno, Burkhardt, ha dicho en su libro sobre la época de Constantino: «Jamás se hará luz sobre los misterios antiguos». Y es que Burkhardt no ha podido encontrar el camino que lleva a esa luz. Léase el evangelio de Juan como el cumplimiento a la vez simbólico y personal en la vida de un hombre, y en un momento capital de la historia del gran drama del conocimiento que los antiguos representaban en sus templos, y la mirada se hundía en el curso del misterio universal a través del misterio cristiano.

En el grito de Jesús: « ¡Lázaro, sal!» puede reconocerse la voz de los sacerdotes iniciadores del Egipto, llamando a la vida todos los días a sus discípulos, acostados en la tumba y sumidos en el sueño letárgico donde estaban sumidos para morir para las cosas terrestres, y percibir el mundo divino en el transporte del éxtasis. Jesús había divulgado así el secreto de los misterios. Compréndese, pues, que los judíos pudieran dejar impune un acto semejante, que los griegos hubieran podido no castigar a Esquilo si realmente había traicionado los secretos de Eleusis.

Pero Jesús no concedía ninguna importancia a los procedimientos exteriores de la iniciación. «Sabía bien que me oirías siempre; pero digo esto a causa de este pueblo que me rodea, a fin de que crea que me has enviado. » En los misterios provocavase la convicción de la inmortalidad del alma por sabios y secretos procedimientos. La antigüedad ha dicho así por boca de sus poetas: «Dichosos los iniciados porque han visto.» Jesús quiso dar la felicidad a todos; por eso hubo de decir: «Dichosos los que no han visto y sin embargo han creído.»

Rudolf Steiner

Extraído de la revista “Sophia”, Noviembre 1908.
[1] Llamabanse kabiros a los iniciados de Samotracia

domingo, octubre 10, 2010

Vive para ti mismo y vivirás para todos los demás


"La situación es muy absurda. Los padres se siguen sacrificando por ti; el padre, la madre se sacrifican por ti. Ellos dicen: “Me estoy sacrificando por mis hijos”. Naturalmente se desquitan al decir esto porque mientras la madre se sacrifica por el hijo, ella está destruyendo su propia vida. Ella se desquitará. Lo dirá una y otra vez, lo dejará bien claro una y otra vez: “Me he sacrificado por ti. Conócelo bien, recuérdalo bien, que he sacrificado mi vida, mi juventud, todo, por ti”. Ella tratará además de persuadirte: “Haz lo mismo por tus hijos”. Entonces tú te sacrificas por tus hijos y luego les persuades para que hagan lo mismo con sus hijos… En consecuencia nadie vive jamás.

Una generación se sacrifica por la otra, y si no te sacrificas, entonces no eres respetado. Nadie te respeta, entonces eres un criminal. Si no te sacrificas por otros, entonces te dicen: “¿Qué estás haciendo? No eres una buena persona, eres inmoral. El sacrificio es bueno. Vivir para uno mismo es egoísmo”. Mira simplemente lo que esta gente ha estado diciendo: ser feliz es egoísta, sacrificarse es bueno. Pero al sacrificarte serás infeliz, y una persona infeliz crea infelicidad a su alrededor, y una persona infeliz se desquitará; nunca podrá olvidar, su vida ha sido destruida. Nos dicen que la mujer se tiene que sacrificar por el marido y que el marido se tiene que sacrificar por la mujer ¿Para qué? Ambos se sacrifican, por tanto, ambos pierden vida.

Yo enseño una vocación pura por uno mismo. Nunca te sacrifiques por nadie. Vive tu vida auténticamente y así nunca tendrás la necesidad de desquitarte ni sentirás rencor alguno contra nadie. Y una persona que no siente rencor contra nadie es una persona amorosa, compasiva, cordial, dadivosa. Y una persona que no siente rencor contra nadie –ni contra sus hijos, ni contra su marido, ni contra su esposa- es tremendamente hermosa. Crea un ambiente de felicidad alrededor de ella. Quienquiera que entre en contacto con ella comparte su felicidad.

Ocúpate de ti mismo.

Mira simplemente a los árboles. No hay un árbol que esté tratando de sacrificarse por otro árbol; consecuentemente, tienen verdor. Si empiezan a sacrificarse, ningún árbol tendrá verdor, ningún árbol florecerá jamás. Mira las estrellas. Se ocupan de sí mismas: brillan para sí mismas, no se sacrifican. De otra manera la existencia se volvería fea y oscura. El ocuparse de uno mismo es natural. Y ese “sí mismo” que estoy enseñando es lo que define el Tao: tu naturaleza. Escúchala, síguela. Tu naturaleza te está diciendo: “Se feliz”...

Vive para ti mismo y vivirás para todos los demás, pero éste no es un sacrificio. Vive para ti mismo. Se real, auténticamente dedicado a ti mismo; ese es el proceder de la naturaleza. Cuida de tu felicidad, de tu descanso, de tu vida, y te sorprenderás de que cuando te sientes feliz ayudas a otros a sentirse felices, porque entiendes, poco a poco, que si los otros se sientes felices tú te sentirás más feliz. La felicidad sólo puede existir en un océano de felicidad. No puede existir sola".

Osho
El sendero del Tao

jueves, octubre 07, 2010

Somos un espejo

Tus pensamientos te están creando a ti y a tu vida. Crean tu infierno, crean tu cielo. Crean tu desgracia y tu alegría, …
Osho


Había una vez un sabio que vivía en un pueblo y a quien muchos iban a ver en busca de consejo e información.

Cierto día, un recién llegado fue a ver al sabio y le dijo: ¿Qué clase de gente vive aquí?

Pero el sabio respondió con otra pregunta:

¿Qué clase de gente es la que vive en el pueblo de donde vienes?

El recién llegado replicó: ¡Oh!, son unos miserables, hostiles, mezquinos, sin sentimiento de solidaridad. ¡Es muy difícil convivir con ellos!

Bien –dijo el sabio-, esa misma clase de gente encontrarás aquí.

El poco tiempo, otro visitante llegó al pueblo y le hizo al sabio la misma pregunta:

¿Qué clase de gente vive aquí?

El anciano replicó preguntando: ¿Cómo era la gente del lugar donde vienes?

Oh –el segundo forastero respondió -, eran personas espléndidas, bondadosas, buenos amigos. Llenos de bondad. Siento haberlos dejado.

Entonces –dijo el sabio- esa misma clase de gente encontrarás aquí.

Henry Thomas Hamblin (1873-1958)
El poder del pensamiento

"Vigila tus pensamientos, se convierten en actos, vigila tus actos, se convierten en hábitos,vigila tus hábitos, se convierten en tu caracter, vigila tu caracter se convierte en tu destino"

Hermes

miércoles, octubre 06, 2010

El propósito de la Vida

El propósito de la vida es servir a los demás y cuanto más difícil sea tu labor, mayor es el reto y mayor la oportunidad de vivir una vida plena.

Dalai Lama


Una gran pregunta subyace en nuestra vidas, ya sea que nos la formulemos o no de manera consciente: ¿Cuál es el propósito de la existencia? Yo me he hecho esa pregunta y me gustaría compartir con ustedes mis pensamientos al respecto con la esperanza de que les resulten de utilidad práctica y directa.

Considero que el propósito de la vida es ser felices. Desde el momento en que nacemos, todos los seres deseamos ser felices y no queremos sufrir. Ni los condicionamientos sociales, ni la ideología, ni la educación modifican esto. Desde lo más hondo de nuestro ser queremos encontrar la satisfacción. Ignoro si el universo con sus incontables galaxias, estrellas y planetas, tiene o no un significado más profundo pero, por lo menos, es claro que los seres humanos que habitamos esta tierra nos enfrentamos a la tarea de construir una vida feliz. En consecuencia, es importante descubrir qué es lo que trae los mayores niveles de felicidad.

Cómo lograr la felicidad

En principio, es posible dividir toda clase de felicidad y de sufrimiento en dos categorías principales: mental y física. En ambos casos, la mente ejerce una gran influencia en nosotros. A no ser que estemos gravemente enfermos o carezcamos de las necesidades básicas, nuestra condición física juega un rol secundario en nuestra vida. Si el cuerpo está satisfecho, virtualmente lo ignoramos. Sin embargo, la mente registra todos los eventos sin importar cuán pequeños sean. Es por eso que debemos dedicar nuestros mayores esfuerzos para conseguir la paz mental.

Con base en mi propia experiencia, he encontrado que el más alto grado de tranquilidad interior proviene del desarrollo del amor y la compasión. Cuanto más nos ocupemos de la felicidad de los otros, mayor será nuestro sentimiento de bienestar. Cultivar un corazón cálido por los demás, automáticamente hace que la mente se sienta tranquila, ayuda a remover cualquier miedo o inseguridad que podamos tener y nos da la fuerza para enfrentarnos con cualquier obstáculo que encontremos. La compasión es la mayor fuente de éxito en la vida.

Mientras vivamos en este mundo encontraremos problemas. Si en esos momentos perdemos las esperanzas y nos desanimamos, nuestra capacidad de enfrentar las dificultades se verá altamente disminuida. De otro lado, si recordamos que no somos los únicos que tenemos que soportar el sufrimiento sino que todos los seres humanos sufren de una u otra manera, esta perspectiva más realista hará mayor nuestra determinación y capacidad para superar los problemas. Con esta actitud, podremos ver cualquier obstáculo como una oportunidad valiosa para mejorar nuestra mente.

De esta forma, podremos luchar para ser gradualmente más compasivos, esto es, podremos desarrollar una empatía genuina por el sufrimiento de los otros y la voluntad para ayudarlos a remover su dolor. Como resultado, nuestra propia serenidad y fuerza interior crecerán.

Nuestra necesidad de amor

En última instancia, la razón por la cual el amor y la compasión traen la mayor felicidad a nuestra vida es porque los apreciamos por encima de todas las cosas. La necesidad de amor subyace en el fundamento mismo de la existencia humana. Es el resultado de la interdependencia que compartimos todos. Sin importar cuán capaz o inteligente sea una persona, si se la deja sola, no sobrevivirá. Sin importar cuán vigorosos o independientes lleguemos a sentirnos durante los años más prósperos de nuestra vida, cuando estamos enfermos o somos muy jóvenes o muy viejos, tenemos que depender del apoyo de los otros.

La interdependencia es una ley fundamental de la naturaleza. No sólo las formas superiores de vida sino también los insectos más pequeños son seres sociales que, sin religión, leyes o educación, sobreviven debido a la cooperación basada en un reconocimiento innato de su interconexión. Incluso los niveles más sutiles de los fenómenos materiales son gobernados por la interdependencia. Todos los fenómenos, desde el planeta que habitamos hasta los océanos, las nubes, los bosques y las flores que nos rodean, surgen dependiendo de patrones sutiles de energía. Si no hay una interacción adecuada, se disuelven y decaen.

Es debido a que nuestra vida es tan dependiente de la ayuda de otros que la necesidad de amor subyace en el fundamento mismo de nuestra existencia. Por lo tanto, necesitamos tener un sentido genuino de responsabilidad y una preocupación sincera por el bienestar de los demás.

Tenemos que considerar lo que nosotros, seres humanos, realmente somos. No somos objetos hechos por máquinas. Si fuéramos entes meramente mecánicos, entonces las máquinas mismas podrían aliviar nuestro sufrimiento y suplir nuestras necesidades. Sin embargo, puesto que no somos solamente creaturas materiales, es un error poner nuestras esperanzas de ser felices en los desarrollos externos. En lugar de esto, debemos considerar nuestro origen y nuestra naturaleza para descubrir lo que necesitamos.

Dejando de lado la compleja cuestión de la creación y la evolución de nuestro universo, podemos ponernos de acuerdo en que cada uno de nosotros es el producto de sus padres. En términos generales, nuestra concepción tuvo lugar en el contexto del deseo sexual pero también de la decisión de nuestros padres de tener un hijo. Dicha decisión se fundamenta en la responsabilidad y en el altruismo, el compromiso compasivo de los padres de cuidar al niño hasta que éste pueda cuidarse por sí mismo. Por eso, desde el momento mismo de nuestra concepción, el amor de nuestros padres está directamente relacionado con nuestra creación. Por lo demás, en los primeros estadios de nuestro crecimiento, dependemos absolutamente de nuestra madre. De acuerdo con ciertos científicos, el estado mental de una mujer embarazada, de calma o de agitación, tiene un efecto físico directo en la creatura que va a nacer.

Las expresiones de amor también son muy importantes en el momento del nacimiento. Dado que la primera cosa que hacemos es succionar leche del pecho de nuestra madre, naturalmente nos sentimos cercanos a ella y ella debe sentir amor por nosotros para poder alimentarnos adecuadamente. Si la madre siente rabia o resentimiento, es posible que su leche no fluya libremente.

Luego viene el periodo crítico de desarrollo cerebral desde el momento del nacimiento hasta la edad de tres o cuatro años. Durante este periodo, el contacto físico amoroso es el factor más importante para el crecimiento normal del niño. Si el niño no se carga, se abraza o se ama, su desarrollo se verá limitado y su cerebro no madurará apropiadamente.

Puesto que un niño no puede sobrevivir sin el cuidado de otros, el amor es el alimento más importante. La felicidad de la niñez, la victoria sobre muchos de los miedos infantiles y el desrrollo saludable de la confianza en sí mismo dependen directamente del amor.

Actualmente, muchos niños crecen en hogares infelices. Si no reciben un afecto adecuado, en su vida posterior no van a amar a sus padres y, con bastante frecuencia, les resultará difícil amar a otros. Eso es muy triste.

En la medida en que los niños crecen e ingresan al colegio, sus maestros deben suplir su necesidad de apoyo. Si un maestro no sólo imparte educación académica sino que asume la responsabilidad de preparar a los estudiantes para la vida, sus pupilos sentirán confianza y respeto y lo que se les enseñe les dejará una huella indeleble en sus mentes. De otro lado, las materias que enseña un maestro que no muestra una preocupación por el bienestar real de sus estudiantes serán sólo asuntos temporales que no se retendrán por largo tiempo.

En forma similar, si estamos enfermos y nos está tratando un médico cuyo calor humano es evidente, nos sentimos a gusto y el deseo del doctor de dar el mayor cuidado es en sí mismo curativo, sin que importen demasiado sus capacidades técnicas. Por el contrario, si el doctor que nos está atendiendo carece de sentimiento humano y exhibe una expresión de pocos amigos, impaciencia o descuido, nos sentimos ansiosos, incluso si es el doctor más cualificado, si la enfermedad ha sido correctamente diagnosticada y se ha prescrito la medicina adecuada. Indudablemente, los sentimientos del paciente afectan su recuperación.

Incluso cuando tenemos conversaciones comunes en nuestra vida diaria, si alguien habla con sentimiento humano disfrutamos escucharlo y respondemos en consecuencia. Toda la conversación se vuelve interesante, sin importar cuán insignificante sea el tópico que se esté tratando. Por el contrario, si una persona habla fría o bruscamente, nos sentimos incómodos y queremos cortar rápidamente la interacción. Tanto en los eventos más importantes como en los menos significativos, el afecto y el respeto de los otros son vitales para nuestra felicidad.

Recientemente me reuní con un grupo de científicos estadounidenses que afirmaban que en su país la tasa de enfermedades mentales era muy alta (cerca del 12% de la población). Durante nuestra discusión se hizo evidente que la causa principal de la depresión no es la carencia de bienes materiales sino la deprivación afectiva.

Ahora bien, algo claro se desprende de lo que he discutido hasta aquí: ya sea que estemos o no concientes de ello, desde el día en que nacemos, la necesidad de afecto humano está en nuestra propia sangre. Incluso si el afecto proviene de un animal o de alguien a quien normalmente consideraríamos un enemigo, los niños y los adultos naturalmente gravitamos hacia dicho afecto.

Considero que nadie nace libre de la necesidad de amor. Esto demuestra que aunque algunas escuelas de pensamiento moderno tratan de demostrarlo, los seres humanos no pueden definirse como únicamente materiales. Ningún objeto material, sin importar cuán bello o valioso sea, puede hacernos sentir amados, puesto que nuestra identidad más profunda y nuestro real carácter yacen en la naturaleza subjetiva de la mente.

Desarrollar compasión

Algunos de mis amigos me han dicho que aunque al amor y la compasión son maravillosos y buenos, realmente no son muy relevantes. Nuestro mundo, afirman ellos, no es un lugar en el que dichas creencias tengan mucha influencia o poder. Sostienen que la ira y el odio son una parte tan predominante de la naturaleza humana que la humanidad siempre estará sometida a ellos. No comparto este punto de vista.

Los seres humanos hemos existido en nuestra forma presente por más de cien mil años. Creo que si durante este tiempo la mente humana hubiera estado dominada principalmente por la ira y el odio, nuestra población total habría disminuido. No obstante, a pesar de todas nuestras guerras, encontramos que actualmente nuestra población es mayor que antes. Esto indica claramente que el amor y la compasión prevalecen en el mundo. Esta es la razón por la cual los hechos desagradable son «noticia». Las acciones compasivas son una parte tan importante de nuestra vida diaria que se dan por sentadas y, por lo tanto, en su mayoría se ignoran.

Hasta ahora he discutido los beneficios mentales de la compasión. Sin embargo, ésta también contribuye al bienestar físico. De acuerdo con mi propia experiencia, la estabilidad mental y el bienestar físico se relacionan directamente. Sin lugar a dudas, la ira y la agitación nos hacen más susceptibles a las enfermedades. Si la mente está tranquila y ocupada en pensamientos positivos, el cuerpo no se convertirá en presa fácil de las enfermedades.

Sin embargo, es cierto que todos poseemos una capacidad innata de centrarnos en nosotros mismos que, por supuesto, nos impide amar a otros. En este punto podemos preguntarnos lo siguiente: si deseamos obtener la felicidad que sólo proporciona una mente calmada y si dicha paz mental sólo la da una actitud compasiva, ¿cómo desarrollar este tipo de actitud? Obviamente, no es suficiente con pensar en lo linda que es la compasión. Necesitamos hacer un esfuerzo concertado para desarrollarla. Debemos utilizar todos los sucesos de nuestra cotidianidad para transformar nuestros pensamientos y nuestro comportamiento.

Primero que todo, debemos aclarar qué quiere decir compasión. Muchas formas de sentimiento compasivo se mezclan con el deseo y el apego. Por ejemplo, el amor que los padres sienten por sus hijos con frecuencia se asocia con sus propias necesidades emocionales y, en esa medida, no es del todo compasivo. De nuevo, en el matrimonio, el amor entre esposo y esposa, particularmente al comienzo cuando ninguno conoce al otro completamente, depende más del apego que del amor genuino. Nuestro deseo puede ser tan fuerte que la persona a quien amamos nos parece buena cuando, en efecto, él o ella es muy negativo(a). Además, tendemos a sobredimensionar las cualidades positivas y, por eso, cuando la actitud de nuestra pareja cambia, nos sentimos desilusionados y nuestra actitud también se transforma. Esto nos indica que el amor, en muchos casos, proviene de motivaciones estrictamente personales y no de una preocupación genuina por el otro.

La compasión verdadera no es una respuesta emocional sino un compromiso firme fundado en la razón. Por lo tanto, una actitud verdaderamente compasiva hacia los otros no se modifica incluso si éstos se comportan negativamente. Por supuesto, desarrollar este tipo de compasión no es nada fácil. Para comenzar, consideremos los siguientes hechos:

Sin importar que una persona sea bella y cariñosa o fea y disociadora, en última instancia es un ser humano como nosotros mismos. Al igual que cualquiera de nosotros, desea obtener la felicidad y no desea sufrir. Por lo demás, su derecho a ser feliz y a vencer el sufrimiento es tan legítimo como el nuestro. Ahora bien, cuando reconocemos que todos los seres son iguales en su deseo de ser felices y en su derecho a serlo, automáticamente sentimos empatía y cercanía hacia ellos. Al acostumbrar a nuestra mente a este sentido de altruismo universal, desarrollamos un sentido de responsabilidad por los otros: el deseo de ayudarlos a que superen sus problemas activamente. Este deseo no es selectivo, se aplica a todos por igual. En tanto seres humanos que, como nosotros, experimentan placer y dolor, no hay razón lógica para discriminar entre unos y otros o para alterar nuestra preocupación por ellos si se comportan en forma negativa.

Quiero enfatizar que si tenemos el tiempo y la paciencia suficientes, podremos desarrollar este tipo de compasión. Por supuesto, nuestra capacidad de centrarnos en nosotros mismos, nuestro apego característico al sentimiento de un «yo» autoexistente e independiente, es lo que, fundamentalmente, inhibe nuestra compasión. Ciertamente, la verdadera compasión sólo puede experimentarse cuando se elimina este tipo de aferramiento al yo. Sin embargo, esto no significa que no podamos comenzar a intentarlo ahora.

Cómo empezar

Debemos comenzar deshaciéndonos de los obstáculos más grandes: la ira y el odio. Como todos sabemos, la ira y el odio son dos emociones muy poderosas que si no se controlan pueden tomarse nuestra mente, invadirnos por completo. No obstante, es posible controlarlas.

Teniendo en cuenta lo anterior, para comenzar sería bueno indagar si la ira tiene o no valor. Algunas veces, cuando nos sentimos desanimados a causa de una situación difícil, aparentemente la ira resulta útil en tanto nos proporciona energía, confianza y determinación.

Empero, en este punto debemos examinar cuidadosamente nuestro estado mental. Aunque es cierto que la ira da más energía, si exploramos la naturaleza de esa energía, nos damos cuenta de que es ciega: nunca estamos seguros de si sus efectos van a ser negativos o positivos. Esto sucede porque la ira eclipsa la mejor parte de nuestro cerebro: su racionalidad. Por eso, la energía de la ira casi nunca es confiable. Puede causar una gran cantidad de comportamientos destructivos o desafortunados. Por lo demás, si la ira llega al extremo, nos convertimos en especies de locos que actúan de formas que no sólo son dañinas para nosotros mismos sino para los demás.

No obstante, es posible desarrollar una energía igualmente poderosa con la cual manejar las situaciones difíciles. Esta energía controlada proviene no sólo de una actitud más compasiva sino de la razón y la paciencia, los dos antídotos más poderosos contra la rabia. Desafortunadamente, algunas personas confunden estas cualidades con debilidad. Por mi parte, creo lo contrario, es decir, que estas dos cualidades son signos reales de fortaleza interior. Por naturaleza, la compasión es suave y pacífica, pero también muy poderosa. Inseguros e inestables son quienes pierden fácilmente la paciencia. Desde mi punto de vista, el surgimiento de la ira es un signo directo de debilidad.

Entonces, cuando nos encontremos con un problema, lo primero que tenemos que hacer es ser humildes, mantener una actitud sincera y esperar que el resultado sea justo. Por supuesto, otros pueden querer aprovecharse de nosotros y si nuestra actitud de permanecer desapegados sólo provoca que nos sigan agrediendo injustamente, debemos adoptar una postura fuerte. Sin embargo, debemos hacerlo con compasión y si nos resulta necesario expresar nuestros puntos de vista y tomar medidas fuertes, debemos hacerlo sin rabia y sin mala intención.

Es importante que nos demos cuenta de que aunque nuestros opositores aparentemente nos están haciendo daño, a la postre, su actitud destructiva sólo los perjudicará a ellos mismos. Con el fin de controlar nuestros impulsos egoístas de venganza, debemos recordar nuestro deseo de practicar la compasión y asumir la responsabilidad para ayudar a los otros con el fin de que no sufran las consecuencias de sus propios actos.

De esta forma, en la medida en que escojamos cuidadosamente las acciones que llevemos a cabo, éstas serán más efectivas, más adecuadas y más poderosas. La retaliación con base en la energía ciega de la ira, rara vez da en el blanco.

Amigos y enemigos

Debo enfatizar nuevamente que con sólo pensar en que la compasión, la razón y la paciencia son buenas no es suficiente para desarrollarlas. Debemos esperar los momentos difíciles y, entonces, intentar ponerlas en práctica.

¿Y quién crea las oportunidades? Por supuesto no son nuestros amigos sino nuestros enemigos. Ellos son quienes más problemas nos dan. Por eso, si realmente queremos aprender, debemos considerar a nuestros enemigos como nuestros mejores maestros.

Para quienes apreciamos la compasión y el amor, es esencial la práctica de la tolerancia y, para poder practicar la tolerancia, tenemos que contar con nuestros enemigos. En este sentido, debemos sentir gratitud hacia ellos, ya que son los que más contribuyen a que obtengamos la paz mental. Con frecuencia, tanto en la vida pública como en la privada, cuando las circunstancias cambian, los enemigos se convierten en amigos.

La ira y el odio siempre son dañinos y a no ser que entrenemos nuestra mente y trabajemos duro para reducir su influencia negativa, seguirán molestándonos y haciendo difícil que obtengamos la paz mental. La ira y el odio son nuestros reales enemigos. Esas son las fuerzas que necesitamos confrontar y derrotar, no los «enemigos» temporales que intermitentemente aparecen en nuestra vida.

Por supuesto, es natural y correcto que deseemos tener amigos. A menudo afirmo, en broma, que si queremos ser egoístas, tenemos que ser muy altruistas. Para lograr tener muchos amigos, es necesario preocuparnos por los otros, por su bienestar, ayudarlos, servirles, conseguir más sonrisas. ¿El resultado? ¡Cuando necesitamos ayuda, encontramos miles de personas que quieren ayudarnos! Si, de otro lado, somos negligentes en relación con la felicidad de los demás, en el largo plazo resultaremos derrotados. ¿Es la amistad el resultado de las batallas y las peleas, de la ira, de la envidia y de la competitividad? No creo. Sólo el afecto nos trae amigos genuinos.

En la sociedad materialista de hoy, si tenemos poder y dinero, aparentemente tenemos muchos amigos. Sin embargo, no son amigos de nosotros. Son amigos del dinero y el poder. Cuando perdemos la fortuna y la influencia, nos resulta muy difícil seguirle la pista a estas personas.

El problema reside en que cuando las cosas del mundo marchan bien para nosotros, creemos que podemos manejarlo todo y que no necesitamos amigos. Sin embargo, en la medida en que nuestro estatus y nuestra salud declinan, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos. Ese es el momento en nos enteramos de quién es realmente útil y quién es completamente inútil. En ese sentido, con el fin de prepararnos para ese momento, con el fin de hacer amigos genuinos que nos ayuden cuando lo necesitemos, debemos cultivar el altruismo.

Aunque algunas veces la gente se ríe cuando se lo digo, yo siempre quiero tener más amigos. Me encantan las sonrisas. Debido a esto, tengo el problema de saber cómo hacer más amigos y cómo conseguir, en particular, sonrisas genuinas. Hay muchos tipos de sonrisas: sarcásticas, artificiales y diplomáticas. Muchas sonrisas no producen un sentimiento de satisfacción y algunas veces pueden ocasionar sospechas y miedo. Sin embargo, una sonrisa genuina nos da un sentimiento de frescura ya que es una característica especial de los seres humanos. Si este es el tipo de sonrisas que queremos, nosotros mismos debemos crear las condiciones para que se dé.

La Compasión y el Mundo

Como conclusión, me gustaría extender mis pensamientos más allá del tópico de este escrito breve y señalar algo mucho más amplio: la felicidad individual puede contribuir en forma profunda y efectiva al mejoramiento general de nuestra comunidad humana.

Puesto que todos compartimos la misma necesidad de amor, es posible sentir que cualquier persona que conozcamos, sin importar cuáles sean las circunstancias, es un hermano o una hermana. Hay que ignorar la novedad de su rostro o las diferencias en la forma de vestirse o de comportarse. No existen divisiones significativas entre nosotros y los demás. Centrarnos en las diferencias externas es estúpido, ya que nuestra naturaleza básica es idéntica.

En última instancia, la humanidad es una y este pequeño planeta es nuestro único hogar. Si queremos proteger nuestro hogar, necesitamos experimentar un vívido sentimiento de altruismo universal. Sólo este sentimiento puede hacer que desaparezcan las motivaciones egoístas que hacen que las personas se engañen unas a otras. Si poseemos un corazón sincero y abierto, naturalmente nos autovaloraremos y sentiremos confianza en nosotros mismos. Como consecuencia de lo anterior, ya no sentiremos miedo.

Considero que en todos los niveles de la sociedad, familiares, tribales, nacionales e internacionales, la clave para un mundo más feliz y exitoso es el desarrollo de la compasión. No tenemos que volvernos religiosos ni creer en una ideología. Lo único que necesitamos es desarrollar nuestras cualidades humanas innatas.

Yo intento tratar a todas las personas que conozco como si fueran viejos amigos. Esto me proporciona un sentimiento de felicidad genuina. Es la práctica de la compasión.

Tenzin Gyatso
S.S. XIV Dalai Lama

lunes, octubre 04, 2010

Los efectos ocultos de nuestras emociones



LA FUNCIÓN DEL DESEO

Aquellos que están familiarizados con el estudio de este asunto conocen los desastrosos efectos que produce sobre el cuerpo físico un agudo ataque de miedo o de ansiedad. Sabemos cómo estas emociones alteran la digestión, interfieren los cambios metabólicos y la eliminación de los detritus y, en resumen, trastornan todo el sistema, con el Resultado de que en algunos casos la persona se ve forzada a guardar cama durante un tiempo más o menos largo, que depende de la importancia del ataque y de la fuerza resistiva de su constitución. Pero hay un efecto oculto que es igualmente serio o más aún y que generalmente no es comprendido y puede, por lo tanto, ser de un beneficio considerable el examinar este efecto oculto de equilibrio y pasión, ira y amor, pesimismo y optimismo.

Por el estudio del Concepto Rosacruz del Cosmos sabemos que nuestro cuerpo de deseos fue generado en el Período Lunar. Si el lector desea obtener una imagen mental de la forma que entonces tenían las cosas, no tiene sino estudiar la configuración del feto que encontrará ilustrado en cualquier libro de anatomía. En él hay tres partes principales: la "placenta", que está llena de sangre de la madre; el "cordón umbilical", que lleva este torrente vital, y el "feto" que está nutrido desde el estado embrionario hasta la madurez por aquella corriente.

Imagínese ahora en tal lejano período al firmamento como una inmensa placenta de la cual pendían millares de millones de cordones umbilicales, cada uno con su apéndice fetal. Por todo el conjunto de la familia humana, entonces en formación, circulaba la sola esencia universal del deseo y emoción, generando en todos los impulsos necesarios para la acción que ahora se manifiestan en las múltiples fases del trabajo humano, aquellos cordones umbilicales y apéndices fetales estaban formados de una materia de deseos húmeda por las emociones de los "Ángeles lunares", mientras que las ígneas corrientes de deseos que se esforzaban en imbuir la vida latente en la humanidad, entonces formándose, eran generadas por los ígneos "Espíritus marcianos" de Lucifer. El color de la lenta vibración primera que éstos pusieron en movimiento en aquella materia de deseos emocional fue el rojo.

A la vez que aquella tintura de disturbio (pues eso es realmente esta corriente constante, esta eterna intranquilidad que es la que nos impulsa a los hombres sin pausa ni reposo) se hallaba circulando en nuestro interior, el planeta sobre el cual nos hallábamos también circunda al Sol, que no hay que confundirle con el actual dador de luz, sino una pasada encarnación de la sustancia que compone nuestro actual sistema solar, y nosotros en cambio circundábamos al planeta sobre el cual morábamos desde la luz a las tinieblas, y desde el calor al frío.

De este modo se nos manipulaba desde fuera y desde dentro en un esfuerzo para excitar nuestra durmiente conciencia. Hubo, naturalmente, un despertar, pues aunque ninguno de los parcialmente separados espíritus sumidos en un saco fetal individual podía sentir aquellos impactos, a pesar de ser muy fuertes, las sensaciones acumuladas de millares de millones de semejantes espíritus se sentían como un sonido en el Universo -"un grito cósmico, la primea nota de la armonía de las esferas"- que pulsaba una cuerda sola. Sin embargo, fue lo suficiente expresiva y de adecuada manera determinó los anhelos latentes y las aspiraciones de la incipiente raza humana de aquellos lejanos días.

Esta naturaleza de deseos ha evolucionado desde entonces; habiéndose hecho susceptible de numerosas combinaciones el ígneo marciano substrato de pasión y las ácueas bases lunares de emoción. Al igual que el pensamiento surca el cerebro en repliegues y la cara en líneas, así también las pasiones, deseos y emociones han cambiado la movible materia de deseos en líneas curvas, espirales, remansos, remolinos y vorágines que parece un torrente montañoso en el momento en que se halla en la mayor agitación, siendo muy raro que se halle en un descanso relativo. La materia de deseos, en sucesivos períodos de su evolución, se ha vuelto responsoria y simpática a una después de otra de las siete vibraciones planetarias emanadas del Sol, Venus, Mercurio, Luna, Saturno, Júpiter y Marte. Cada individual cuerpo de deseos durante este tiempo ha sido tejido bajo un dibujo único y como la lanzadera del hado vuela de allá para acá incesantemente sobre el telar del destino, este modelo se ha agrandado, embellecido y hermoseado aunque nosotros no podamos percibirlo. Así como el tapicero realiza su trabajo en el reverso del tapiz, así nosotros estamos tejiendo sin comprender realmente el designio final, ni ver la sublime belleza del mismo, debido a que aún se encuentra en el lado contrario de nosotros la faz oculta de la naturaleza.

Pero con objeto de que podamos comprenderlo mejor, tomemos algunos de estos hilos de pasión y emoción y veamos el efecto que tienen en esa forma, en esa imagen que Dios, el Maestro Tapicero, desea convertirnos. Los mitos antiguos proyectan un destello luminoso sobre los problemas del alma y nosotros podemos, con provecho, considerar en este orden una cierta parte de la leyenda masónica.

Los masones son una sociedad de constructores -"tektons" en griego- aquella sociedad en realidad a la que pertenecieron José y Jesús, pues a éstos se les llama en la Biblia griega "tektons" -constructores- y no carpinteros como se les dice en la traducción ortodoxa. Los masones bajo Salomón fueron los constructores de ese templo místico proyectado por Dios, el gran "Archetekton" o maestro constructor, y construido sin sonar de martillo, respecto a lo cual Mansón habla en su maravilloso trabajo "El Sirviente en la Casa". Éste nos dice allí que "no hay necesidad de pilares de piedra o madera" porque tal templo "es una cosa que vive". "Cuando se entra en él se oye un sonido; sonido como de canto de poderosa antífona, esto es, "si se tiene oídos"; y si se tiene ojos, se verá realmente el templo, un misterio de espejismo de contornos y sombras, elevándose desde el piso a la cúpula. Continúa aún la edificación; algunas veces el trabajo se efectúa en tinieblas internas, y otras veces en cegadora luz."

Todo masón místico sincero sabe lo que este templo es y se esfuerza en construirlo. La leyenda masónica antigua nos dice que cuando Hiram Abiff, el maestro de obras encargado de la construcción del templo de Salomón, un edificio de Dios construido sin sonar de martillos, estaba llevando a cabo los preparativos para ejecutar su obra maestra, el "mar fundido" y había reunido materiales de todos los lugares de la Tierra y puestos en un "horno encendido" porque era un descendiente de Caín, "un hijo del fuego", quien también a su vez fue un hijo de Lucifer, el espíritu del fuego. Hiram se proponía hacer una aleación de claridad cristalina capaz de reflejar toda la sabiduría del mundo. Pero, según dice la historia, hubo entre los trabajadores ciertos traidores –espías de los Hijos de Seth- quienes por medio de Adán y Eva, eran descendientes del dios lunar "Jehová", quienes tenían afinidad por el agua" y quienes odiaban al fuego. Estos traidores echaron agua en el molde en el cual se iba a fundir el "mar fundido", "la Piedra Filosofal". En el choque del fuego con el agua se produjo una gran explosión. Hiram Abiff, el maestro constructor, siendo incapaz de mezclar los elementos en lucha, vio con indecible horror la destructora erupción de su intentada obra maestra. Mientras se hallaba observando la batalla de los espíritus del agua y del fuego, Tubal Caín, su antecesor, apareció y le invitó a que se arrojara en la rugiente masa. Entonces fue llevado al centro de la Tierra donde vio a su primer progenitor, Caín, quien le dio "una palabra nueva y un martillo nuevo" lo cual le capacitaría, una vez que se hiciera proficiente en su uso, para mezclar los antagónicos elementos y extraer de ellos la Piedra Filosofal, la adquisición mayor que es posible conseguir para la humanidad.

Hay en esta simbólica historia más sabiduría que se puede encerrar en grandes volúmenes acerca del desarrollo del alma. Si el lector lee entre líneas y medita sobre las diferentes expresiones simbólicas, ganará mucho más de lo que es posible decir, puesto que la verdadera sabiduría se genera siempre interiormente y la misión de los libros es solamente para dar un indicio. Desde aquellos días lejanos los ángeles lunares han estado encargados del ácueo y húmedo cuerpo vital compuesto de los cuatro éteres, que se conciernen a la propagación y sustentación de las especies, mientras que los espíritus de Lucifer se hallan especialmente encargados de los secos e ígneos vehículos de deseos.

La función del cuerpo vital es la de construir y sustentar el cuerpo denso, mientras que la del cuerpo de deseos envuelve la destrucción de los tejidos. Así, pues, hay una constate guerra en acción entre los cuerpos de deseos y vitales, y es esta guerra en el cielo lo que origina nuestra conciencia física en la Tierra de nosotros. Durante muchas existencias en épocas sin cuento, hemos actuado en distintos climas y lugares, y de cada vida hemos extraído una cierta cantidad de experiencia, acopiada y almacenada como fuerza vibratoria en los átomos simiente de nuestros diversos vehículos.

Por consiguiente, todos y cada uno de nosotros somos constructores y edificamos el templo del espíritu inmortal sin ruido de martillos; cada uno de nosotros es un Hiram Abiff, que se halla reuniendo material para el desarrollo del alma y arrojándolo en el horno de la experiencia de su vida, para allí manipularlo mediante el fuego de la pasión y del deseo. Todo ello está, lenta pero seguramente fundiéndose, la escoria se está purificando en cada existencia purgatorial y la quintaesencia del desarrollo del alma se está extractando como consecuencia de nuestras numerosas vidas. Cada uno de nosotros se está preparando por este proceso para la iniciación -aprestándonos ya lo sepamos nosotros o no- aprendiendo a mezclar las ígneas pasiones con las suaves y gentiles emociones. El martillo nuevo o mazo con el cual el maestro de los trabajadores rige a sus subordinados es ahora una cruz de dolor y la nueva palabra es el dominio propio.

Max Heindel
El Velo del Destino
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