martes, noviembre 17, 2015

La oración consciente





Si al penetrar en el Santuario secreto que existe en tu íntimo y en comunión con la inteligencia Universal, mantienes deseos amables y bondadosos para con alguien, atraerás influencias y pensamientos idénticos a los que estás emitiendo.
Arnoldo Krum Heller.

Realmente es necesario aprender a orar científicamente; quien aprenda a combinar inteligentemente la Oración con la Meditación, obtendrá resultados Objetivos maravillosos.
Samael Aun Weor

Existen diferentes estados de conciencia en el ser humano, el primero es el estado más inhumano que existe, es cuando dormimos, nuestros egos o defectos deambulan en el mundo de los sueños y proyectamos todos nuestros deseos, apetencias, etc.

El Segundo Estado de Conciencia es el mal llamado estado de Vigilia, donde seguimos proyectando nuestros sueños de la misma manera que en el día no se ven las estrellas pero siguen existiendo. En estos dos estados la oración no tiene ningún resultado objetivo, mientras que uno pide algo, nuestros yoes que son miles pueden pedir exactamente lo contrario, y claro la naturaleza responde a tales fuerzas.

El tercer estado de conciencia es el que necesitamos para orar, el del recuerdo de Si, de nuestro propio ser, cuando la mente esta en silencio, cuando dejan de fluir en nosotros los pensamientos absurdos, entonces se hace presente el Intimo y estando en comunión con esa fuerza espiritual divina, es entonces cuando se opera lo que dicen las sagradas escrituras en;

Mr 11:23

De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte:
“Quítate y Arrójate al mar”., y que no dude en su corazón, sino que crea que será hecho lo que dice, le será hecho”

Mr 11:24
Por esa razón os digo, que todo por lo cual oráis y pedís, creed que lo habéis recibido y os será hecho.


Aquí tenemos esta interesante anécdota que nos hablan de la necesidad de la oración consciente.


NOSOTROS SOMOS TRES, TU ERES TRES

Cuando el barco del obispo se detuvo durante un día en una isla remota, decidió emplear la jornada del modo más provechoso posible.

Deambulaba por la playa cuando se encontró con tres pescadores que estaban reparando sus redes y que, en su elemental inglés, le explicaron cómo habían sido evangelizados siglos atrás por los misioneros. “Nosotros Ser Cristianos”, le dijeron, señalándose orgullosamente a sí mismos. El obispo quedó impresionado. Al preguntarles si conocían la oración del Señor, le respondieron que jamás la habían oído. El obispo sintió una auténtica conmoción. ¿Cómo podían llamarse cristianos si no sabían algo tan elemental como el Padre nuestro? Entonces, ¿Qué decís cuando rezáis?

Nosotros levantar los ojos al cielo. Nosotros decir: Nosotros somos tres, tú eres tres, ten piedad de nosotros. Al obispo le horrorizó el carácter primitivo y hasta herético de su oración. De manera que empleó el resto del día en enseñarles el Padrenuestro. Los pescadores tardaban en aprender, pero pusieron todo su empeño y, antes de que el obispo zarpara al día siguiente, tuvo la satisfacción de oír de sus labios toda la oración sin un solo fallo.

Meses más tarde el barco del obispo acertó a pasar por aquellas islas y, mientras el obispo paseaba por la cubierta rezando sus oraciones vespertinas, recordó con agrado que en aquella isla remota había tres hombres que, gracias a pacientes esfuerzos, podían ahora rezar como era debido. Mientras pensaba esto, sucedió que levantó los ojos y divisó un punto de luz hacia el este. La luz se acercaba al barco y, para su asombro, vio tres figuras que caminaban hacia él sobre el agua. El capitán detuvo el barco y todos los marineros se asomaron por la borda a observar aquél asombroso espectáculo.

Cuando se hallaban a una distancia desde donde podían hablar, el obispo reconoció a sus tres amigos, los pescadores. “¡Obispo!”, exclamaron, “nosotros alegrarnos de verte. Nosotros oír tu barco pasar cerca de la isla y correr a verte”.

“¿Qué deseáis?” les preguntó el obispo con cierto recelo. “Obispo”, le dijeron, nosotros tristes. Nosotros olvidar bonita oración. Nosotros decir: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino...’ después olvidar. Por favor, decirnos otra vez toda la oración.”

El sacerdote les dijo, “Volved a vuestras casas, mis buenos amigos”, y les dijo, “cuando oréis, decid: ‘Nosotros somos tres, tú eres tres, ten piedad de nosotros’.”

ANTHONY DE MELLO
El Canto del Pájaro

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