domingo, noviembre 27, 2011

Vivir desde el corazón




Una de las mejores maneras para vivir desde el corazón es pasar de la condena a la compasión. El acto mismo de desarrollar un poco de conciencia acerca de ser una persona más amante te abre el corazón de una manera muy bella. Presta más atención al la forma como tratas a los demás. Pasa más tiempo reparando en sus fortalezas y no tanto en sus debilidades.

Recuerda que en tu lecho de muerte nunca te arrepentirás por haber amado o por haber confiado y derramado amor incondicional. Al final de tu vida puede que descubras que eso fue lo mejor y más satisfactorio que hiciste. Si el amor y la bondad que entregas se tornan más deliberados y más intencionales vas a fortalecer tu corazón.

Estar alerta y consciente no sólo ocurre en la cabeza, sirve para crear un puente hacia el corazón. Para construir cierta conciencia acerca de ser una persona que ama más, una de las cosas que ayuda más es meditar en ser la persona amante que quieres ser. La meditación no es más que el uso de la mente y la imaginación para crear una mejor vida interior. Consiste en visualizar cómo te gustaría ser en determinadas circunstancias.

La meditación es una visualización gloriosa, concentración mental con un sesgo de desarrollo personal. Si la haces regularmente, abrirás nuevos senderos en tu cerebro y suavizarás el corazón. Y empezarás a acceder al amor que hay en ti, porque tu meta es ser más amoroso en el mundo. A medida que te relajas te irás abriendo a sugerencias. Entonces puedes empezar a re-escribir tu manera de conducirte en la vida y crear un patrón del ser humano más amoroso que quieres ser. En ese estado es casi como si fueras un arquitecto que crea su plano ideal. Y en cuanto has dibujado el plano en el lienzo de tu imaginación, el mundo exterior podrá reflejarlo según tu designio personal.

Puedes avanzar enormemente en el trabajo con tu corazón si ayudas a otros desinteresadamente. El mejor modo de reducir tu sufrimiento personal es reducir el sufrimiento de otros. Mientras más ayudas genuinamente a otros, mejor latirá tu corazón a un ritmo nuevo. Mientras más des a otros con la sincera intención de elevar su vida a un nivel superior, más te recompensará el mundo mejorándote a ti. No es tan difícil, sólo requiere comprensión y entrega. Dar a la espera de recompensa no es verdaderamente dar.

Cada vez que haces algo bueno a otra persona no sólo mejoras su vida, también mejoras tu propia valía. Mientras más sirves a otros, mejor te sentirás contigo mismo. Mejorará tu autoestima y te sentirás mejor como ser humano. Y en un nivel profundo, algo empezará a cambiar y a crecer: el respeto de ti mismo, la cantidad de amor que tienes por ti mismo. La felicidad proviene de dedicar la vida a ayudar a otros. La mano que da es la mano que recoge y el dar origina el proceso de recibir.

Hacer actos de bondad cada día parece una estrategia muy sencilla y, sin embargo, es una de las cosas que todos olvidamos. El mejor modo como he crecido en un lugar donde puedo manifestar amor sin límites por los demás, es creciendo en un lugar donde pueda mostrar amor sin límites por mí mismo.

No puedo dar amor a otro si no siento amor verdadero por mí mismo. El amor a uno mismo es el combustible que impulsa el cambio personal y te ayuda a convertirte en una persona que ama a los demás.

Nos tomamos demasiado en serio. Estamos tan absortos en nosotros mismos que nos creemos el centro del universo. Nos engañamos creyendo que nuestros problemas son los mayores y los únicos del mundo. Caminamos por este planeta muy poco tiempo, sin embargo nos tomamos tan en serio. Tenemos que desarrollar una mejor valoración de los dones en nuestra vida. Y si sabemos apreciar lo bueno que hay en nuestra vida, eso bueno va a crecer. Si aprecias el amanecer, se convertirá en una parte más valiosa de tu vida y le concederás más valor. Si aprecias a tus amigos, aumentará el valor de su amistad y valdrá más para ti. Si aprecias tu buena salud, resultará más valiosa en tu vida y la considerarás más importante. Mientras más te concentras en lo que es bueno en tu vida, más cosas buenas pareces atraer.

Vivir en un estado constante e interminable de gratitud hará que la experiencia de vivir resulte más valiosa y digna de vivirse. Cambiará tu manera de ver el mundo, gozarás mucho más con los pequeños placeres de la vida y podrás saborear las pequeñas bendiciones que cada día trae consigo. Debes practicar la gratitud más a menudo. Hacerlo es otra manera de abrir el corazón y amar la vida. Practicar diariamente la gratitud es lo mismo que practicar el amor todos los días.

Robin Sharma


lunes, noviembre 14, 2011

Archivo Akáshico


El Archivo Akáshico es algo que nos concierne a todos y a cada uno de los que han sido.

Con el Archivo Akáshico podemos viajar hacia atrás a lo largo del camino de la historia; ver todo cuanto ha sucedido, no tan sólo en este mundo, sino también en otros mundos; porque hoy los científicos han llegado a corroborar lo que los ocultistas han conocido desde siempre; que existen otros mundos ocupados por otras personas, no necesariamente humanas, pero que son, sin embargo, seres sensibles.

Antes de hablar extensamente sobre los Archivos Akáshicos debemos conocer algunas cosas sobre la naturaleza de la energía o materia. La materia, como ya hemos dicho, es indestructible, marcha desde la eternidad.

Las ondas eléctri­cas son indestructibles.

Los científicos han hallado reciente­mente que, si una corriente es inducida en un rollo de alambre de cobre, la temperatura del cual se ha reducido previamente hasta lo más cerca posible del cero absoluto, la corriente inducida sigue siempre avanzando sin disminuir nunca.

Todos sabemos que, a temperaturas normales, la co­rriente no tarda en disminuir y en extinguirse, debido a las varias resistencias. Así, la ciencia ha descubierto un nuevo recurso; ha encontrado que si un hilo conductor de cobre puede experimentar una suficiente reducción de su tempera­tura, una corriente eléctrica inducida continúa circulando por él y permanece constante sin necesidad de que ninguna fuente exterior tenga que alimentarla.

Con el tiempo, los hombres de ciencia descubrirán que el hombre posee otros sentidos y otras capacidades. Pero esto, por ahora, todavía no puede ser descubierto por los hombres de ciencia porque los procedimientos científicos van lentamente y no siempre resultan sencillos. Hemos dicho que las ondas son indestructibles.

Considere­mos el proceso de las ondas de luz. La luz nos llega de los más distantes cuerpos celestes más remotos de nosotros. Los más grandes telescopios de la Tierra van escudriñando por el espacio, en otras palabras, van captando luz de enor­mes distancias de la Tierra. Algunos de los cuerpos celestes que nos mandan luz, la emiten desde mucho antes que nuestro mundo, o que nuestro universo, gozasen de existencia.

La luz es una cosa extremadamente veloz; tanto, que apenas podemos imaginarlo, debido a que estamos dentro de cuerpos humanos y extremadamente entorpecidos por toda suerte de limitaciones físicas. Lo que consideramos «rápido» aquí en el suelo, tiene una diferente significación en un plano diferente de existencia.

A modo de ilustración, diremos que un ci­clo de existencia, para el ser humano, son setenta y dos mil años. Durante este ciclo una persona existe, repetidamente en distintos mundos, dentro de distintos cuerpos. Setenta y dos mil años, pues, es la duración de nuestro «período escolar». Cuando nos referimos a la «luz», en vez de la radio o de ondas eléctricas u otras, es debido a que la luz puede ser observada directamente, sin necesidad de equipos generali­zados, y la radio, no. Podemos ver la luz del Sol y de la Luna, y si disponemos de un buen telescopio o de unos potentes gemelos, podemos percibir la luz de estrellas muy distantes, que iniciaron su presencia mucho antes de que la Tierra fuese ni tan siquiera una nube de hidrógeno flotando en el es­pacio.

La luz, también se emplea como medida del tiempo o del espacio. Los astrónomos nos hablan de «años-luz», y hemos de decir, llegados a este punto, que esta luz, venida de un mundo muy distante, seguirá su viaje cuando éste en que vivimos haya cesado de existir; de manera que estamos for­mando, en nuestra percepción, un cuadro de cosas que ya no son y alguna de ellas hace largos años que ya no existen. Si alguien encuentra estas cosas difíciles de entender, con­sidere lo que sigue: tenemos una estrella situada en las mayores distancias del espacio. Durante años, centurias, el astro nos ha ido enviando ondas de luz a la Tierra.

Estas ondas luminosas pueden tardar mil, diez mil, cien mil, o un millón de años en llegar a la Tierra, porque una determinada estrella, la fuente de esta luz, es extremadamente lejana. Un día determinado la estrella entra en colisión con otra; puede producirse un gran estallido de luz, o ésta puede ser extin­guida. Para nuestro propósito, supongamos que se ha pro­ducido una extinción total. Siendo así, la luz dejará de llegar, en adelante, a nosotros. Pero durante un millar, o diez millares o un millón, su luz nos va llegando, porque emplea todo ese tiempo para cubrir la distancia que hay entre aquella fuente de luz y nuestro planeta.

De este modo, nosotros podemos ver la luz cuando su fuente ya ha cesado de existir. Permítasenos opinar algo que es del todo imposible mientras estamos en nuestro cuerpo físico, pero que es sencillo y común cuando estamos fuera del cuerpo. Afirmemos, además, que nosotros podemos viajar más rápidos que el pensamiento.

Necesitamos que sea así, ya que nuestro pensamiento posee una velocidad definida, como cualquier doctor puede expli­carnos. Conocemos hoy la velocidad con que una persona reacciona en una situación determinada. La velocidad o la lentitud a que podrá poner los frenos, a qué velocidad podrá mover el volante. Son conocidas las velocidades de todos nues­tros reflejos, de los pies a la cabeza. Nosotros, para el propósito de nuestro análisis, necesitamos viajar instantáneamente. Ima­ginemos que podemos llegarnos en un instante a un planeta que está recibiendo luz emitida por la Tierra tres mil años atrás.

Supongamos que disponemos de un telescopio de un tipo jamás imaginado con el cual podemos contemplar perfectamente la superficie de la Tierra inter­pretando los rayos que nos llegan allí ; entonces podremos ver la vida como era en el antiguo Egipto y los bárbaros del Oeste, cuyos indígenas iban cubiertos de barro, o todavía menos, mientras en la China descubriríamos una civilización perfectamente avanzada, tan distinta de la que allí reina en nuestros días.

Si nos fuese posible, en aquel mismo instante, desplazarnos a menor distancia, veríamos imágenes completamente dis­tintas. Supongamos un planeta cuya distancia de la Tierra nos permitiese ver lo que ocurría mil años atrás con respecto de la Tierra. Veríamos un mundo del año mil (de nuestra Era). Una alta civilización en la India, mientras el Cristia­nismo iba extendiéndose por el mundo occidental; y tal vez algunas invasiones en Sudamérica. El mundo también pre­sentarla algunas diferencias, comparado con el actual, porque la línea de la costa es continuamente variable; la tierra surge de las aguas, las costas sufren erosión.

En el plazo de una existencia humana no se nota gran diferencia; pero, en un período de mil años, las diferencias se nos harían visibles. Ahora, en realidad, nos hallamos sobre un mundo lleno de las más notables limitaciones; ello es causa de que nos sea posible recibir impresiones únicamente dentro de una zona muy limitada de frecuencias.

Si podemos darnos cuenta de algunas de nuestras aptitudes «extracorporales» por com­pleto, como pueden ser dentro del mundo astral, nos será posible ver las cosas bajo una luz diferente; podremos darnos cuenta de cómo toda materia es indestructible; todo experi­mento que hemos realizado en el mundo, continúa irradiando hacia el exterior, bajo la forma de unas ondas. Con habili­dades especializadas, podemos interceptar aquellas ondas; de una manera muy parecida a la de cómo podemos interceptar las ondas de luz.

Un ejemplo muy sencillo puede propor­cionárnoslo una lámpara proyectora de vistas; se introduce la placa por un lado, actuando en una habitación a oscuras, y, habiendo puesto una pantalla, preferentemente de color blan­co, enfrente de la lente del proyector a la distancia oportuna, y enfocamos la luz de dicha pantalla, con lo que veremos una imagen. Pero si, en lugar de la pantalla, proyectamos esa imagen sobre la ventana y las tinieblas exteriores, divi­saremos sólo un rayo de luz, sin imagen alguna. De ello se sigue que la luz tiene que ser interceptada, reflejada sobre algo, para ser plenamente percibida y apreciada.

Si tomamos un proyector, en una noche clara y despejada, y lo enfocamos al espacio, veremos sólo un pálido rastro luminoso; pero basta con que el proyector enfoque una nube o cualquier avión de paso, para que nos demos cuenta de que existe la fuente luminosa.

Uno de los más viejos sueños de la Humanidad ha sido el de poder disponer de «viajes a través del tiempo».

Estos sueños no pasan de ser meras concepciones fantásticas mien­tras existimos dentro de nuestra carne y sobre la Tierra; ya que la envoltura carnal nos limita de una manera triste; son nuestros cuerpos tan lamentablemente condicionados, y nues­tra necesidad de aprender sobre la Tierra, lo que nos ha im­plantado en nuestros ánimos tantas dudas e indecisiones, que antes de sentirnos convencidos necesitamos lo que llamamos «pruebas» el talento para descomponer una cosa en una serie de piezas para ver como funcionan y asegurarse de que no pueden funcionar de otro modo.

Cuando llegaremos más allá de la Tierra y entraremos en el astral, o todavía más allá, los viajes a través del tiempo nos parecerán tan sencillos como el ir, en nuestro estado actual, al cinema o al teatro. Los Archivos Akáshicos, siguiendo adelante, son una forma de vibración, no necesariamente luminosa, porque compren­de igualmente que la luz, el sonido.

Esta forma de vibra­ción no tiene sobre la Tierra término alguno que la describa. Lo más próximo a ella son los ondas de la radio. Constan­temente nos llegan de todas partes del mundo; cada una nos trae diferentes programas, lenguas distintas, músicas diversas, diferentes tiempos. Es posible que algunas ondas nos lleguen y nos traigan programas que, para nosotros, pertenezcan al mañana de su punto de partida.

Todas estas ondas nos van llegando continuamente; pero no nos damos cuenta de ellas hasta que disponemos de algún artificio mecánico, que llama. mos aparato de radio, que pueda recibir las ondas y dete­nerlas para que sean audibles y comprensibles por nosotros. Entonces, por medio de un aparato eléctrico o mecánico, retardamos la frecuencia de las ondas de la radio y las con­vertimos en ondas sonoras.

De una manera muy parecida si, sobre la Tierra, consegui­mos alguna vez moderar las ondas de los Archivos Akáshicos, seremos. capaces de presentar auténticas escenas históricas en la pantalla de la televisión. Y a los historiadores les va a dar un ataque cuando puedan ver que la historia, tal como va impresa en los libros, es falsa de pies a cabeza.

Los Archivos Akáshicos se forman de las vibraciones indestructibles que constituyen la suma total de los conocimientos humanos, que emana del mundo en muy parecida forma de la que se difunden los programas de la radio. Todo cuanto ha sucedido en este mundo, todavía existe en forma de vibra­ciones.

Cuando nosotros salimos de nuestro cuerpo, no nece­sitamos ningún recurso especial para entender estas ondas; no empleamos artificio alguno para hacerlas más lentas; en saliendo de nuestro cuerpo, nuestro «receptor de ondas» se halla acelerado de una manera tal que, con práctica y entre­namiento, podemos ser receptivos de lo que llamamos Archi­vos Akáshicos.

Volvamos al problema de cómo superar la velocidad de la luz. Será más fácil, si olvidamos la luz por un momento, y tratamos, en su lugar, del sonido, porque éste es más lento y no nos precisan distancias tan considerables para calcular los resultados. Supongamos que estamos en un espacio abierto y de pronto escuchamos un avión a reacción a gran velo­cidad. Escuchamos el sonido, pero es inútil mirar hacia el punto de donde parece partir el sonido, ya que el reactor corre más que el sonido, y siendo así, el avión adelanta mucho a su propio sonido. El primer aviso que durante la segunda Guerra Mundial se tenía de la llegada de un pro­yectil-cohete, era el de la explosión y de la caída de los bloques de piedra, con los chillidos de los lesionados. Luego, cuando la polvareda empezaba a disiparse, llegaba el ruido del cohete por el espacio, aproximándose.

Esta alucinante experiencia se debía al hecho de que el cohete llevaba una velocidad mucho mayor que la del sonido que producía. Por eso, el cohete llevaba a cabo su trabajo destructor antes de que le anunciase su propio ruido por el espacio. Una persona puede hallarse situada sobre una colina, mirando un cañón que dispara, situado en la cumbre de otra colina. Dicha persona no podrá jamás percibir el ruido del proyectil cuando pasa exactamente por encima de su persona; el so­nido le llegará poco después, cuando el proyectil llega pri­mero y el sonido después, cuando el proyectil se va perdiendo en la distancia. Nadie ha muerto de ninguna bala que haya escuchado; porque primero llega el proyectil que su sonido. Por esto es tan asombroso en las guerras, contemplar a los hombres agachando la cabeza ante el sonido de una granada «que ya ha pasado».

En realidad, si han escuchado el ruido, quiere decir que el proyectil ya ha pasado de largo.

El sonido es lento, en comparación con la luz o la mirada. Puestos de pie en la cumbre de esta colina podemos ver un cañón cuando lo disparan; primero percibiremos una llamarada en su boca, y mucho más tarde — depende de la distancia a la que estemos de la pieza de artillería —, nos llega el ruido de la granada, pasando por encima de nuestra cabeza. Podemos distinguir, a lo lejos, un hombre derribando un árbol; el hombre estará a una cierta distancia de nosotros; veremos el hacha golpeando el tronco, y un momento más tarde percibiremos el ruido de la herramienta. Es ésta una experiencia que casi todos habremos tenido

Los Archivos Akáshicos contienen el testimonio de todo cuanto ha sucedido en el mundo.

Los diversos mundos tienen, cada cual, sus Archivos Akáshicos, del mismo modo que cada país posee sus propios programas de radio. Todos aquellos que poseen conocimientos suficientes, pueden sin­cronizar con el Archivo Akáshico de cada mundo; no tan sólo del suyo propio, y se pueden enterar de los acontecimien­tos históricos y de las falsificaciones contenidas en los libros de la historia. Pero, en los Archivos Akáshicos, hay algo más que un recurso para satisfacer la propia y vana curio­sidad. Podemos consultarlos y ver cómo fracasaron nuestros planes personales. Cuando morimos para este mundo, vamos a otro plano de existencia, dentro de la cual todos tienen que verse cara a cara con las propias obras; lo que hicimos y lo que dejamos de hacer, debiendo hacerlo.

Veremos el conjunto de nuestras vidas, con la velocidad del pensamiento.

Lo ve­remos a través de los Archivos Akáshicos, y no sólo desde el momento que lleváramos las cosas a la práctica, sino desde aquellos momentos antes de nacer, en los cuales planeamos cómo y dónde habríamos nacido. Entonces, con estos cono­cimientos y habiendo visto nuestros errores, planearemos otra vez y volveremos a intentar otra existencia, exactamente como un niño, en la escuela, viendo sus equivocaciones en las respuestas escritas

Lobsang Rampa

sábado, noviembre 05, 2011

Las palabras y su poder

El poder de la palabra hablada


La ciencia ha descubierto que el sonido viaja a través del aire desde el punto donde emana, a la asombrosa velocidad de 331 metros (1083 pies) por segundo, actuando sobre las estructuras moleculares existentes en la atmósfera, alterando sus frecuencias vibratorias en un modelo en onda, después de lo cual es recibido por los órganos auditivos de una persona y es interpretado por la mente consciente. ¡Esta es en realidad una verdadera proeza¡

Sin embargo, las palabras habladas que son llevadas como ondas sonoras hacia otra persona poseen un poder aún más asombroso. Una vez que son interpretadas por la mente de la persona receptora -con mayor velocidad que la del sonido- esas palabras son transmitidas al corazón y al alma. Y, ¡cuanto poder pueden tener esas palabras¡

Las palabras pueden sosegar una mente preocupada: ofrecen guía e iluminación; ayudan a compartir ideas y conocimiento; animan y vivifican.

Por otra parte, las palabras pueden causar confusión y discordia. Pueden herir el amor propio, degradar y desestabilizar al ser interno. En suma, las palabras habladas en forma consciente pueden crear una polaridad ya sea positiva o negativa no sólo en los demás, sino también en nosotros mismos.

Las palabras - Vibraciones Poderosas

En el mundo actual, es fácil quedar atrapado en las vibraciones confusas y perplejas de nuestra tumultuosa época. A menudo se interrumpe nuestra paz interior y es muy dificil lograr equilibrio emocional. Todos nosotros, en un momento u otro, nos hemos sentido irritados por las condiciones externas y hemos hablado en forma brusca y airada a otras personas. En la mayoría de los casos esta es una reacción del momento, puesto que esas palabras airadas son expresadas en forma espontánea, sin pensar, y no son necesariamente un reflejo de la forma de hablar de la persona, sino de su conflicto interno al intentar conservar la paz y la armonía.

Pero, ¿y qué de las palabras que expresamos premeditadas y conscientemente? ¿Son sopesadas con cuidado teniendo en cuenta los sentimientos de otras personas? ¿Son iluminadoras y compasivas, o ignorantes y egoistas? ¿Crean armonía o discordia? ¿Son palabras de verdadera comprensión o son el producto del chismorreo y de la critica?

La murmuración, aún la "inocente" y "bien intencionada", es por lo general el resultado de ignorar la verdad sobre determinada situación, y usualmente injustificada. Se edifica sobre juicios erróneos, por la intervención de desconfianzas y suposiciones, y muy rara vez da como resultado la creación de una polaridad positiva.

Así como los átomos contenidos en el aire chocan y aceleran la vibración es una onda de sonidos, así también las palabras intrigosas se expanden en proporción, siguen su curso y, ¿con qué finalidad? cuando las palabras son tergiversadas y los pensamientos mal interpretados, la privacidad se ve invadida, se pierde la confianza, la fe es traicionada y se rompe la amistad.

Cuando las personas objeto de las intrigas escuchan las palabras que se dicen de ellas -y siempre llegan a sus oidos, porque así como rebota el eco una onda sonido, así rebotan las palabras intrigantes- se desarrollan sentimientos de autodegradación , cólera y desconfianza, mientras la confusión y la desarmonía reinan supremas. Si las palabras que hablamos producen tales efectos, ¿somos en realidad dignos maestros de la iluminación?

La Crítica Negativa

Por la misma razón, las palabras de crítica producen efectos negativos similares, pero de una manera más directa y compleja. Las palabras de censura que van dirigidas a una persona o a un grupo de personas, especialmente cuando son pronunciadas de manera consciente y acerba, no son sólo producto de la ignorancia y de un juicio erróneo sino, por lo general, representan más al punto de vista del propio ser interno de quien las profiere, que de aquél a quien se dirige. El Cretiqueo tiene con frecuencia una naturaleza dual, pues refleja autorectitud o desprecio de sí mismo. No sólo crean desarmonía en los demás, sino también en nuestro propio ser. La crítica constructiva puede producir algunas veces efecto positivo, pero cuando no es solicitada causa cierto grado de confusión interna. Pero, ¿cuál es la causa de que una persona crítique a otros? Es muy posible que a esa persona se le hayan dirigido alguna vez palabras de crítica que le produjeron un efecto adverso; tal vez fueron palabras que se repitieron una y otra vez, por lo cual quedaron cruelmente implantadas en su propia mente, corazón y alma.... un ciclo de palabras que con el tiempo perpetúan pensamientos y acciones negativos.

Si hemos de crear una polaridad positiva con las palabras que dirigimos a los demás, debemos cuestionar nuestro propio ser interno. cuando una persona desea hacer un examen de conciencia y viene a nosotros en busca de consejo, o cuando nosotros queremos hacernos un examen de coenciencia y solicitamos el consejo de otro, ¿son las palabras que se dicen beneficiosas y edificantes, o egoístas y carentes de comprensión? ¿mantenemos en secreto la lucha interna de la otra persona, o violamos su confianza repetiendo su problema a otros por exaltarnos?

El alma interna que brilla en la luz de la fuerza vital de todos nosotros, es perfecta. Cuando hablamos a otra Ama-Personalidad, ¿aumentan nuestras palabras la luz interior de esa persona, o intenta extinguirla? ¿Reconocemos la perfección en todos los seres y en nosotros mismos, o albergamos pensamientos y generamos palabras con los cuales una persona puede sentirse perturbada, perder el equilibrio y el orden perfecto, y fomentan una polaridad negativa?

Las palabras que pronunciamos transmiten una vibración mucho más poderosa de lo que pensamos, porque implantan imágenes en la mente; forman ideas o pensamientos que general acción y afectan el desarrollo. Puesto que todos nos aferramos por una existencia positiva de paz interna y externa, es indudable que nuestras palabras tienen que generar, de una manera positiva, atributos tales como confianza en sí mismo, paz mental, total armonía y equilibrio en todos los aspectos de nuestro ser. Entonces estableceremos una polaridad positiva no sólo en los demás, sino en nosotros mismos y en el Cósmico.

Mark Martin
FRC Revista Rosacruz


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