domingo, febrero 27, 2011

La necesidad de dar y recibir

Recibir es lo mismo que dar, porque dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo. Y si detenemos el flujo desde alguno de los dos polos, obstaculizamos la inteligencia de la naturaleza.

El flujo de la vida no es otra cosa que la interacción armoniosa de todos los elementos y las fuerzas que estructuran el campo de la existencia. Y esta interacción opera a través de la ley del dar. Puesto que nuestro cuerpo, nuestra mente y el universo mantienen un intercambio constante y dinámico, frenar la circulación de la energía es como frenar el flujo sanguíneo. Cuando la sangre deja de circular, comienza a coagularse y a estancarse. Por ello, debemos dar y recibir para mantener circulando permanentemente la riqueza y la afluencia – o cualquier cosa que deseemos en la vida.

La palabra “afluencia” viene de la raíz latina affluére (es decir, “fluir hacia”), y significa “fluir en abundancia”. El dinero realmente es un símbolo de la energía vital que intercambiamos y de la energía vital que utilizamos como consecuencia del servicio que le prestamos al universo. Al dinero, también se le llama moneda “corriente”, nombre que refleja igualmente la naturaleza fluida de la energía. La palabra “corriente” viene del latín currére que significa “correr” o “fluir”.

Por lo tanto, si impedimos la circulación del dinero -si nuestra única intención es acapararlo y aferrarnos a él-, impediremos también, que éste vuelva a circular en nuestra vida, puesto que el dinero es energía vital. Para que esa energía fluya constantemente hacia nosotros, debemos mantenerla en circulación. Al igual que un río, el dinero debe mantenerse en movimiento o, de lo contrario, comienza a estancarse, a obstruir, a sofocar y a estrangular su propia fuerza vital. La circulación lo mantiene vivo y vital.

Toda relación es una relación de dar y recibir. El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar. Lo que sube debe bajar; lo que se va debe volver. En realidad, recibir es lo mismo que dar, porque dar y recibir son aspectos diferentes del flujo de la energía en el universo. Y si detenemos el flujo desde alguno de los dos polos, obstaculizamos la inteligencia de la naturaleza.

En toda semilla está la promesa de miles de bosques. Pero la semilla no debe ser acaparada; ella debe dar su inteligencia al suelo fértil. A través de su acción de dar, su energía invisible fluye para convertirse en una manifestación material.

Cuanto más demos, más recibiremos, porque mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra vida. En realidad, todo lo que tiene valor en la vida se multiplica únicamente cuando es dado. Lo que no se multiplica a través del dar, ni vale la pena darse, ni vale la pena recibirse. Si al dar sentimos que hemos perdido algo, el regalo no ha sido dado en realidad, y entonces no generará abundancia. Cuando damos a regañadientes, no hay energía detrás de nuestro acto de dar.

La Magia de la Intención

Al dar y al recibir, lo más importante es la intención. La intención debe ser siempre crear felicidad para quien da y para quien recibe, porque la felicidad sostiene y sustenta la vida y, por lo tanto, genera abundancia. La retribución es directamente proporcional a lo que se da, cuando el acto es incondicional y sale del corazón. Por eso, el acto de dar debe ser alegre; la actitud mental debe ser tal que se sienta alegría en el acto mismo de dar. De esa manera, la energía que hay en el acto de dar aumenta muchas veces más.

En realidad, practicar la ley del dar es muy sencillo: si deseamos alegría, demos alegría a otros; si deseamos amor, aprendamos a dar amor; si deseamos atención y aprecio, aprendamos a prestar atención y a apreciar a los demás; si deseamos riqueza material, ayudemos a otros a conseguir esa riqueza. Es decir, la manera más fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que ellos desean. Este principio funciona igualmente bien para las personas, las empresas, las sociedades y las naciones. Si deseamos recibir el beneficio de todas las cosas buenas de la vida, aprendamos a desearle en silencio a todo el mundo las cosas buenas de la vida.

Incluso, la sola idea de dar, el simple deseo o una sencilla oración tienen el poder de afectar a los demás. Esto se debe a que nuestro cuerpo, reducido a su estado esencial, es un haz individual de energía e información en medio de un universo de energía e información. Somos haces individuales de conciencia en medio de un universo consciente. La palabra “conciencia” implica mucho más que energía e información -implica una energía y una información que viven en forma de pensamiento. Por lo tanto, somos haces de pensamiento en medio de un universo pensante. Y el pensamiento tiene el poder de transformar.

La vida es la danza eterna de la conciencia, que se manifiesta como un intercambio dinámico de impulsos de inteligencia entre el microcosmos y el macrocosmos, entre el cuerpo humano y el cuerpo universal, entre la mente humana y la mente cósmica.

Cuando aprendemos a dar aquello que buscamos, activamos esa danza y su coreografía con un movimiento exquisito, enérgico y vital, que constituye el palpitar eterno de la vida.


Dar en la Vida Diaria

La mejor manera de poner a funcionar la ley del dar -de iniciar todo el proceso de circulación- es tomando la decisión de que cada vez que entremos en contacto con una persona, le daremos algo. No es necesario que sean cosas materiales; podría ser una flor, un cumplido o una oración. En realidad, las formas más poderosas de dar no son materiales. Obsequios como interesarse, prestar atención, dar afecto, aprecio y amor son algunos de los más preciados que se pueden dar, y no cuestan nada. Cuando nos encontremos con alguien, enviémosle en silencio un buen deseo por su felicidad, alegría y bienestar. Esta forma de generosidad silenciosa es muy poderosa.

Una de las cosas que me enseñaron cuando era niño, y que también les he enseñado a mis hijos, es nunca visitar a alguien sin llevarle algo; no visitemos nunca a nadie sin llevarle un regalo. Sin embargo, uno podría preguntarse: “¿Cómo puedo hacerles regalos a los demás si ahora ni siquiera tengo suficiente para mí?” Podemos regalar una flor, una sola flor. Podemos llevar una nota o una tarjeta que exprese algo sobre nuestros sentimientos hacia la persona a quien visitamos. Podemos llevar un elogio. Podemos llevar una oración.

Tomemos la decisión de dar en todo lugar a donde vayamos, y a quien quiera que veamos. Mientras estemos dando, estaremos recibiendo. Cuanto más demos, más confianza tendremos en los efectos milagrosos de esta ley. Y a medida que recibamos más, también aumentará nuestra capacidad de dar.

Nuestra verdadera naturaleza es de prosperidad y abundancia; somos naturalmente prósperos, porque la naturaleza satisface todas las necesidades y deseos. No nos falta nada, porque nuestra naturaleza esencial es la potencialidad pura, las posibilidades infinitas. Por consiguiente, debemos saber que ya somos intrínsecamente ricos, independiente de cuánto dinero tengamos, porque la fuente de toda riqueza es el campo de la potencialidad pura, es la conciencia que sabe cómo satisfacer cada necesidad, incluidos la alegría, el amor, la risa, la paz, la armonía y el conocimiento. Si vamos en pos de estas cosas primero -no solamente para nosotros mismos, sino para los demás-, todo el resto nos llegará espontáneamente.

Cómo Aplicar la Ley del Dar

Pondré a funcionar la ley del dar comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1. Llevaré un regalo a cualquier lugar a donde vaya y para cualquier persona con quien me encuentre. Ese regalo puede ser un elogio, una flor o una oración. Hoy les daré algo a todas las personas con quienes me encuentre, para iniciar así el proceso de poner en circulación la alegría, la riqueza y la prosperidad en mi vida y en la de los demás.

2. Hoy recibiré con gratitud todos los regalos que la vida me dé. Recibiré los obsequios de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros, los aguaceros de primavera o las primeras nevadas del invierno. También estaré abierto a recibir de los demás, ya sea un regalo material, un elogio o una oración.

3. Me comprometeré a mantener en circulación la abundancia, dando y recibiendo los dones más preciados de la vida: cariño, afecto, aprecio y amor. Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé en silencio felicidad, alegría y bienestar.

Deepak Chopra
Las siete leyes espirituales del éxito

jueves, febrero 24, 2011

El Esoterismo

El Esoterismo es una ciencia, porque estudia sistemáticamente las leyes del universo con una metodología propia, y con sus conclusiones largamente testadas y comprobadas por generaciones incontables de Maestros de Conocimiento Sagrado, en un linaje que se pierde en la noche de los tiempos, desde los primitivos Instructores Divinos de la Humanidad (de los que hablan las tradiciones de los diferentes pueblos) y más allá… Naturalmente, es una ciencia integral, tanto porque considera y describe los diferentes planos del gran Cosmos –y no solo del Plano Físico- como porque todas las manifestaciones de la Vida omnipresente son objeto de su conocimiento. Es la ciencia de los secretos de la Naturaleza física, psíquica, mental y espiritual.

Las siguientes palabras de Helena Blavatsky ayudan a aclarar mejor los fundamentos de la Ciencia Esotérica:

“La Doctrina Secreta es la sabiduría acumulada de los siglos, es su cosmogonía; por sí sola, es el más acabado y prodigioso de los sistemas, aunque velado (como se encuentra en el exoterismo de los Puranas ). Mas tal es el poder misterioso del simbolismo oculto, que los hechos que ocuparon la atención de innumerables generaciones de videntes y profetas iniciados, para coordinarlos, clasificarlos y explicarlos, durante las asombrosas series de progreso evolutivo, están todos registrados en algunas pocas páginas de signos geométricos de símbolos.

La visión centelleante de aquellos Iniciados llegó hasta la propia esencia de la materia, describió y escrutó el alma de las cosas, allí donde un observador común y profundo, por más agudo que fuese, no habría percibido sino la textura externa de la forma (…). Es inútil decir que tal sistema no es fruto de la imaginación o de la fantasía de uno o mas individuos aislados; que se constituye de los anales ininterrumpidos de millones de generaciones de videntes , cuyas cuidadosas experiencias han recorrido para verificar y comprobar las tradiciones, transmitidas oralmente de una a otra raza primitiva, acerca de las enseñanzas de Seres Superiores y Excelsos que velaron la infancia de la Humanidad.

Durante muchos siglos, los “Hombres Sabios” de la Quinta Raza, pertenecientes al grupo superviviente que escapó del ultimo cataclismo y de las convulsiones de los continentes, pasaron la vida aprendiendo y no enseñando. ¿Cómo lo hacían? Examinando, realizando pruebas y verificando, en cada uno de los departamentos de la Naturaleza, las tradiciones antiguas, por medio de visiones independientes de los grandes Adeptos, esto es, de los hombres que desenvolvieron y perfeccionaron, en el más alto grado posible, sus organismos físico, mental, psíquico y espiritual. Lo que un Adepto veía solo era aceptado después de ser confrontado y comprobado con las visiones de otros Adeptos, obtenidas en condiciones tales que les confiriesen una evidencia independientes-, y por siglos de experiencias-“5

Obviamente, lo que es expuesto públicamente deja de ser oculto o esotérico, siéndolo solo relativamente para aquellos que, por falta de sutiliza necesaria, nunca penetraron en el alma del sistema. En cualquier épocas lo que se puede (o no, conforme a las circunstancias) presentar son las enseñanzas constantes de los Misterios Menores, que son “semi-ocultos”, “semi-desvelados”.

En cuanto a los misterios Mayores, permanecerán siempre en los dominios de las esferas más internas.

Lo que no es Esoterismo

Cuando se tiene alguna noción de lo que es la Sabiduría Esotérica, de cómo es de vasta, seria y profunda –y, además de todo eso, verdaderamente preciosa y sagrada-, es imposible dejar de sentirse afligido y pesaroso -y tantas veces avergonzado- al verificar con cuantas cosas se la confunde. Sobretodo en estos días, en que de todo se hace negocio y sensacionalismo, con tanta ligereza y superficialidad, con tanto impudor y atrevimiento, que hace doler el alma l que se ve en mercados y ferias de lo oculto, en periódicos y revistas de “buena fortuna”, en programas televisivos y anuncios publicitarios. Videntes, cartomanes, lectores del subconsciente… regresiones, reiki y chakraterapia con halagos sensuales… “seres de las Pléyades”, de “Orión” y de “Galaxias distintas” diciendo infantilidades… cristales que curan todo y canalizan energías cósmicas, prácticas que “realizan” ascensiones inmediatas, adivinos que identifican almas gemelas y hermanos cósmicos… colgantes y pinks de espiritualidad… Por favor, dejemos a cada uno la libertad de decir lo que quiera, pero téngase en cuenta que la Sagrada Ciencia Espiritual (el Esoterismo) nada tiene realmente que ver con todo eso.

En un sentido algo diferente, es nuestro deben llamar la atención en la diferencia entre la Ciencia Esotérica y el Espiritismo. Mucha gente, que no conoce cabalmente (por opción o por desinterés –ambas legitimas-) lo que es realmente el esoterismo, tiende a identificarlo o confundirlo con el Espiritismo. Es verdad que existen algunos puntos del contacto; mas también la Ciencia Oculta tiene puntos de contacto, por ejemplo, con cualquier otra ciencia o filosofía de tenor religioso, y ello no justifica la confusión o identificación. La enseñanza ocultista reconoce el interés de muchos fenómenos hacia los cuales el movimiento espiritista llamó la atención, considerándolos justificadores de una investigación seria (que comience, con rigor mas sin prejuicios, por desenmascarar fraudes, charlatanismos e ilusiones primarias); en cambio el Esoterismo da, en la mayor parte de los casos, una explicación diferente de las afirmaciones espiritistas. Hay datos y enfoques a ponderar que la casi totalidad de los espiritistas ignoran . Por otro lado, tocando un aspecto muy importante, el Ocultismo desaconseja vívamente las prácticas mediúmnicas, que tienden a acentuar desequilibrios pisco-fisiológicos y a colocar al ser humano en una posición de receptividad negativa (pasiva) con respecto a fuerzas que lo controlan y dominan –y que tan frecuentemente lo destruyen, a veces después de haber, con más o menos ingenuidad, propagado muchas ilusiones a su regreso. No se discuten las intenciones (que las hay, presumiblemente muy buenas, en el Espiritismo); mas constituye una temeridad incentivar a los incautos a envolverse con prácticas y con fuerzas donde es fácil entrar, mas de donde es tremendamente penoso salir, casi siempre con muchas secuelas.

¿Pocos, aunque buenos?

Aunque con tristeza, hemos de reconocer que son relativamente pocas las personas interesadas en un estudio serio, y sin motivaciones egoístas, del Esoterismo; y que aún cuando ese animo existe, no siempre las capacidades de entendimiento ya despertadas son suficientes para una comprensión razonable de muchos de sus principios, en especial, claro está, de los más complejos y que exigen mayor rigor.

Por ello, no se justifica ni tiene nada que ver con los aires de superioridad que, a veces, se ven en mohosos círculos esotérico-iniciaticos, donde una seudo-élite, juzgándose detentadora de grandes conocimientos o de altísimos secretos (tantas veces ridículos, al punto de que la única justificación de secreto sería lo de no reparar que no hay ningún secreto), de grandes carismas y/o tradiciones (que en la practica no tienen ninguna expresión en cualquier actividad útil y realizada con un nivel destacado) proclama y repite la vieja frase “somos pocos, mas buenos”. Pocos, generalmente, son; en cuanto a buenos… que lo digan los resultados.

El estudiante de ocultismo digno de ese nombre, es modesto en sus maneras, sobre todo al hablar de si mismo; nos gusta de adulaciones, no escenifica poses de grandes secretos que no tiene, no se deja embaucar por la vanidad de su pertenencia a una supuesta élite; no hace teatralizaciones, no cae en pseudo-fraternidad ni en una estéril verborrea emocional que tantas veces se ve por el mundo diciendo “da espiritualidad”, a veces con lengua afilada descontrolada.

De manera que, en el ámbito del Esoterismo, en este mundo que estamos, solo hay dos caminos posibles: o un estudio muy exigente, con fuerte énfasis en puntos tan amplios y elevados (por ejemplo, los grandes fundamentos cosmogónicos y antropogenéticos) que poco o nada pueden tener que ver con las cuestiones donde luego se manifiesta el interés y el egoísmo personal, o la realización de obras de calidad, que sean una fuente de inspiración y de progreso para un elevado numero de seres humanos. Si los dos caminos se pueden unir, mucho mejor aún…

Resumen

“Hay una ciencia de la vida interior que (no ignorando el mundo externo, sigue el hilo del origen de todas las cosas en una extensión incomparablemente mayor y que, por tanto, proyecta una luz mucho más amplia y clara sobre el Misterio de la Vida y del Ser. Esa ciencia es el Esoterismo. Ansiamos el día en que en esa Ciencia Universal se subsuman todas las ciencias menores o separadas; el día en que en esa Sabiduría sin Edad se reconozcan todas las religiones y filosofías que de ese tronco común proceden; el día en que en esa fuente inagotable de inspiración, de analogías y correspondencias, se asienten todas las artes.

El Esoterismo –la Sabiduría Eterna- no es, pues, el dominio de todas las supersticiones en que muchos creen y algunos (demasiados) consienten; no trata de cuestiones como “pasar o no debajo de una escalera”, de brujerías, de ropas y gestos vistosos o pases y modos bizarros; no radica en pobres temáticas como “tener suerte en la vida”; Es la más completa ciencia de la Vida –en sus diversas vertientes, canales y expresiones- y predominantemente en el actual ciclo evolutivo, la ciencia del alma de todas las cosas” .

José Manuel Anacleto
Presidente del Centro Lusitano de Unificación Cultural.


-La Doctrina Secreta, Vol. 1, de Helena BLavatsky. Editorial Sirio, Málaga 2000
-Introduction to the Science of Religion”, Max Muller.
-Cartas de los Mahatmas A. P. Sinnett Editorial Teosófica, Barcelona 1994
-Vedas–las escrituras de los hindús

domingo, febrero 20, 2011

Los límites del mundo


Nos llama profundamente la atención seguir en un moderno atlas los recorridos de las gestas de Alejandro Magno, a la par que se lee el relato y su detalles. Siempre se dijo que conquistó las dos terceras partes del mundo conocido en su época, pero resulta más sorprendente aún ver en un mapa actual hasta dónde llegó en apenas ocho años, a caballo, seguido de 50.000 hombres, que fueron asentándose en aquellas tierras lejanas.

Los relatos homéricos de "La Ilíada" sobre Troya y las aventuras de Aquiles, Ajax o Agamenón, y tantos otros libros, como "La India" de Ctesias, la "Anábasis" o "Expedición de los diez mil" de Jenofonte, alentaron la curiosidad y el afán de aventura del mundo helénico. Alejandro fundó ciudades tan lejanas y desconocidas como Alejandría de Aria o Alejandría del Cáucaso, que corresponden a las actuales Herat o Kabul, en los recientes escenarios de las batallas de Afganistán. Hoy sabemos las dificultades que tiene recorrer esas tierras con cárcavas y secas, rodeadas de picachos nevados de gran altitud.

La vieja ciudad helénica de Maracanda, en la linde con las tribus escitas, es hoy conocida como Samarcanda, en el corazón de Uzbekistán. Los pies de Alejandro hollaron también la meseta del Pamir, en la actual Tayikistán y en China; se adentraron en las cordilleras del Paropámiso (el Cáucaso persa), llegando al actual Pakistán y los montes del Hindu-Kush; llegaron a ciudades fronterizas hindúes como la actual Lahore, a los afluentes más alejados del río Indo, como el Stanley, a Cachemira y a las estribaciones himaláyicas del Tíbet. Las fronteras del Oriente desconocido fueron alejándose cada vez más con el paso de los siglos, a medida que las guerras, los intrépidos jinetes-correo o, simplemente, las caravanas de camelleros en busca de sedas y especias fueron expandiéndose como una mancha de aceite.

Cuando Pitágoras, en el siglo VI a. C., cita la constelación de la Cruz del Sur, aquella cruz perfecta que marca la dirección del sur y que tan solo puede verse desde el hemisferio austral, denota que ya era conocida en su tiempo y que tal vez él mismo la había visto. Siempre hemos pensado, y así lo han dicho respetables científicos, que los griegos creían en un mundo plano, limitado por altas montañas y un océano que todo lo circundaba. Sin embargo, ciertos conocimientos en la Antigüedad no eran de dominio público. Para algunos sabios como Anaximandro (618-545 a. C.) era una evidencia que el mundo era redondo, y él mismo afirmaba que bastaba para ello observar desde la costa cómo se alejaban los barcos en el horizonte del mar, viendo desaparecer primero la quilla y, posteriormente, el velamen.

El mundo helénico tenía por Occidente otro límite infranqueable: las columnas de Hércules, en el sur de Iberia. Este fue durante siglos el último confín para los marinos desde la Antigüedad remota. En parte, porque los cartagineses bloquearon su paso a partir de la segunda mitad del siglo VI a. C., tras las luchas con Roma, aunque, por otro lado, la tradición, apoyada en innumerables pruebas escritas, presenta otra versión. Cuenta dicha tradición que, tras el hundimiento del archipiélago atlante, las aguas plagadas de lodazales del Mar de los Sargazos y el miedo ancestral a un recuerdo que quedó impreso en la conciencia de todos los pueblos de las costas atlánticas, hicieron que nadie se atreviese a ir más allá del resguardo y protección de las costas de Hesperia. Las huellas del cataclismo quedaron fijadas en innumerables mitos sobre un diluvio universal, más cercanos a la realidad que a la leyenda.

Tan solo algunas islas, llamadas por ello Afortunadas, quedaron como mudo testigo de una época ancestral que quedó sepultada bajo el mar, según Platón hace ya 11.600 años. La mítica acepción del Jardín de las Hespérides, tal como se conocía al vergel atlante, quedó asociada con el nombre de Iberia cuando esta pasó a ser el límite natural del mundo conocido, el mundo del ocaso, donde cada día se guarecía el sol y donde vagaban las almas de los desencarnados. Cuentan que incluso Julio César, en sus guerras de conquista en el noroeste de Hispania, sentía tal temor y reverencia por las tierras del Finisterre hispano, el fin del mundo conocido y seguro, que estando tan solo a unos días de marcha, declinó llegar a las costas gallegas. Habría que citar también aquí ciertos textos cuyo contenido parece ficción, y que una vez desvelados acaso encierren más de una pequeña joya de conocimiento oculto. Como ejemplo, el relato de La Odisea, del que ciertos investigadores señalan que, siguiendo los vientos y las jornadas de viaje que allí se citan, se narra un viaje de carácter "iniciático" al corazón del océano, donde se hallaba la Atlántida.

De aquellos lejanos archipiélagos y de los posteriores asentamientos en los finisterres de las costas occidentales de Europa, provenían durante siglos las oleadas de los pueblos de piel rojiza que, de un modo vago, se citan siempre en los textos como "los pueblos del mar". Fundaron colonias estables aun antes de que el continente europeo tuviera la forma definida que reconocemos en los mapas, y de sus asentamientos surgieron pueblos navegantes como los fenicios, con técnicas, conocimientos y construcciones que, en teoría, surgen de repente. Pero los viajes de intrépidos y valerosos marinos fueron dando claridad al panorama de la geografía terrestre, alejando sombras, ambigüedades y miedos, convirtiendo el conocimiento oculto de los Iniciados en una urgente posibilidad de comercio, de aventura y de expansión humana. Sorprende pensar que ya en el año 3000 a. C., tribus árabes del país de Punt, en el estrecho de Abisinia, se asentaran en las costas hindúes.

Los marinos egipcios, apenas acostumbrados a cortos trayectos fluviales, con sus barcas alargadas, surcaron 1500 años a. C. el mar Rojo llegando al país de Punt, bajo el mando de Pa-Nehesi. en el reinado de Hatsepshut. Con las crecidas del Nilo, y ayudado de la construcción de portentosos canales, uno de los brazos del Nilo desembocaba directamente en el mar Rojo, y sus barcos, de 22 metros de eslora, trajeron marfil, madera de incienso, especias y pieles exóticas.

Pero los egipcios, pueblo que vivió casi de espaldas al mar, dejaron su lugar a otras gentes que lo tenían como algo propio. Tal vez por ello, el faraón Nekao, a inicios del siglo VI a. C., formó una escuadra mercenaria de marinos fenicios para ir más allá del Mediterráneo y bordear África. Los marineros debían rodear el continente y volver a Egipto. Cuentan las crónicas que viajaron durante tres años hasta cruzar el cerco cartaginés de las columnas de Herakles, y continuaron la navegación teniendo el sol a su derecha, con largas estadías de descanso para sembrar la tierra y poder alimentarse por sí mismos.

En cambio, cretenses, troyanos, micenos y aqueos vivieron teniendo el mar como escenario y, sin embargo, pasaron fugazmente. El tiempo devoró sus hazañas hasta que fueron rescatadas por arqueólogos como Schliemann, que apostaron por la veracidad de los supuestos "cuentos". Las colonias griegas como Mileto dominaron el mar Negro y fundaron poderosas colonias en el Mediterráneo occidental: Mainake (Málaga), Massalia (Marsella), Hemeroscopión (Denia, Diana), que pronto dieron renombre a sus progenitores. Los fenicios de Tiro, Sidón y Biblos, hechos ya a la diáspora, conformaron otras tantas colonias en Malta, en Sicilia y en el norte de África (Cirene y Tinis, donde fundaron la destacada Cartago, con su bello y singular puerto circular), y Gades (Cádiz) y Lixus más allá de las columnas, bajo los vientos favorables del dios Melkart.

A partir de aquí muchos fueron los viajes que ensancharon la geografía del mundo, haciendo retroceder los límites de lo desconocido. La figura del rostro de la madre Gea dejó de ser un secreto celosamente guardado por iniciados como Homero, Solón o Platón, que debían hablar con sigilo y con un doble sentido insertado en las narraciones, para iluminar el corazón de las gentes en noches pasadas junto al fuego, con relatos inimaginables que rozaban las sienes con fantasía. Una flota massaliota en el siglo VI a. C. realizó un periplo a las umbrías tierras del norte, que citan Eutymenes y, posteriormente, Eforo de Cumas. Aquel maravilloso suceso fue, dos siglos después, la base del relato que hace Avieno en su "Ora Marítima", en el que se describen las costas desde Massalia a Tartessos, y desde allí a Albión (Inglaterra), y la ruta del ámbar, en el mar boreal.

La relevante Tartessos, la que fuera destruida por Cartago o tal vez sepultada, como dicen las leyendas, cual perla perdida en la desembocadura del Guadalquivir que volviera al regazo azulado del mar, con el correr del tiempo llegó a confundirse en los sueños de los hombres con la perdida Atlántida. También Piteas, griego de Massalia, en el siglo IV a. C., se adentró en el mar y describió las costas atlánticas con tal detalle que denota haber llegado ciertamente hasta Morbihan y las islas Casitérides (Islas Británicas), donde habitaban entonces los oestrymnios, citando Hibernia (Irlanda) y Albión, y llegando incluso a la isla de Thule. Con respecto a esta mítica isla, los historiadores dudan si se refiere a Islandia o Noruega, aunque tal vez podía ser la antigua capital groenlandesa, que aún conserva dicho nombre. Un marino púnico, Hannon, en el año 500 a. C., acompañado de 30.000 hombres y mujeres, inició un viaje bordeando las costas de África, para fomentar, como era propio del carácter fenicio-cartaginés, nuevas colonias y agencias comerciales. A su regreso, los cuernos de elefante, las plumas de pavo real, el oro de las riberas de los ríos Senegal y Muni (Río de Oro) y las pieles de leopardos y otros felinos fueron pruebas fehacientes de la existencia de países remotos.

El Mediterráneo fue el escenario, en los siguientes siglos, de luchas entre Cartago y Roma, que apagaron el afán por la búsqueda de las riberas del mundo conocido. Cuando la pax romana se desmembró, en el siglo IV d. C., dio paso al poder de la Roma oriental: Bizancio. Pero los pueblos llegados de la bruma de las estepas al calor de la riqueza, los vándalos, los hunos, los visigodos, los persas, los otomanos, ocuparon el viejo Imperio y las costas del mar interior. Más tarde, desde el siglo VIII d. C. los marinos normandos con sus drakars y los daneses de Jutlandia extendieron sus aventuras y su poder en la Europa norte por Escandinavia, Islandia, Irlanda e Inglaterra, en luchas con los sajones y los francos y descendiendo, incluso, hasta España y el Mediterráneo occidental. También los suecos abrieron rutas a través del Báltico, por los ríos de la estepa rusa hacia Bizancio, y desde allí, prosperó el comercio con India y China. Pese a no poder orientarse bien por las estrellas ni disponer de brújulas, sino de unas extrañas piedras (probablemente, una turmalina que cambiaba de color ante la luz solar, aunque el sol se escondiera generalmente tras las nubes), en el año 982 d. C. Erik el Rojo descubrió con sus vikingos la helada isla de Groenlandia. Diez años más tarde, su hijo Leif, navegando hacia el oeste, descubrió Terranova, y descendiendo en latitud llegó a la desembocadura de un gran río (el San Lorenzo), y lejos ya de los hielos, contempló una tierra fértil en que eran abundantes las uvas salvajes, y la llamó Vinland.

En el siglo XIII comenzará la época de los grandes navegantes ibéricos, iniciada con la Corona de Aragón, que se anexionó la mayoría de las islas y costas mediterráneas llegando a Anatolia, en pugna con el poder comercial de Venecia, que recogió el testigo en el siglo XV. Fueron sus avezados continuadores en ese siglo tanto los castellanos como los portuenses de Portugal. El Imperio turco, que se anexionó Bizancio, llegando al Mar Negro, al Danubio y a las puertas de Italia, cerraba las rutas terrestres hacia Asia, al tiempo que los árabes impedían las rutas del océano Índico. Había que buscar otras formas de llegar a la India y Cipango (China).Los portugueses bordearon África llegando a las costas hindúes, Ceylán y Malasia, y dominaron las islas atlánticas y el Brasil de la mano de Vasco de Gama, Pérez de Covilha, Almeida y Albuquerque, etc.

Colón insistió infructuosamente ante la corte del rey portugués Juan II. Eran su aval los textos antiguos de Plutarco, Pausanias, Estrabón, y los relatos de Marco Polo y de un marino náufrago que recogió en su casa, que afirmaba haber sido empujado por la mar hacia el oeste regresando sano y salvo. Pero se dice también que contaba con los textos templarios de la época, que aseguraban que existía una probada ruta oceánica. Un puñado de conjeturas, intuiciones, relatos extraños, y la confianza puesta en antiguos textos. Recibido finalmente en la corte castellana, Colón y los hermanos Pinzón descubrirán oficialmente el continente americano para los Reyes Católicos, a bordo de tres carabelas armadas con noventa marinos. Pero es en 1521 cuando Magallanes, un marinero portugués, que no fue escuchado por su propio rey, recala en la corte del emperador Carlos V y acaba dando la vuelta al mundo y demostrando su redondez. Con trescientos ochenta marinos, algunos de ellos expresidiarios, en cinco carabelas se hacen a la mar. Como marino portugués, tuvo que soportar junto a él a un veedor (el que ve o revisa las acciones de los otros) en nombre del rey. También sufrió revueltas de algunas carabelas, los fríos australes, la desesperanza, las insidias y la difamación, que llevaron a destituciones, ajusticiamiento y muerte de algunos de sus mandos. Magallanes contaba también con un extraño mapa mundi dibujado por un cartógrafo, Schöner, que 35 años antes ya dibujó un paso al sur de América, luego conocido como "Estrecho de Magallanes". ¿Cómo podía conocerlo?

Un enigmático mapa atribuido a un marino turco, Piri Reis, que se suele datar como del siglo XV o XVI y que parece ser realmente egipcio, ya reflejaba las costas del Brasil y, con todo detalle, los hielos del continente antártico. ¿Son parte de ese desconocido conocimiento iniciático que de tanto en tanto aflora? ¿Fruto de una vieja herencia de desconocidos y esforzados marinos de las riberas atlánticas? ¿Juegos del destino, de la estrella que guía a los grandes personajes, que les lleva siempre a buscar nuevos horizontes vedados? Muchos de aquellos nuevos horizontes y sus productos, como las tierras del ámbar, las estepas umbrías donde vivían los apreciados caballos escitas, las espadas de los bretones, la púrpura de las islas Allizut (Canarias), los árboles de incienso de Punt o las minas de Tarssis, se perdieron siglos después en el olvido, tal como pasan las estaciones, en una felina continuidad que devora la conciencia de los hombres.

Decía Estrabón hablando de una civilización perdida en los recodos del tiempo, Tartessos, que ya tenía "anales escritos y poemas, incluso leyes en verso desde hace seis mil años". Cuenta la leyenda que las famosas minas de Tarssis fueron fundadas por un nieto de Noé, e incluso ya son citadas en los antiguos textos bíblicos y datadas ya entonces con una antigüedad de 3000 años, pero el olvido de la memoria histórica nos hace creer que detrás de los mitos y de los extraños mapas y relatos tan solo hay la fantasía de unos seres que nunca existieron.

¿Nos mirarán, tal vez, estas figuras silentes, desde su olvido, con sus ojos atónitos? Hoy nosotros lo tenemos todo, sabemos dónde acaba la tierra y dormimos tranquilos, como si ya comprendiéramos el destino del hombre. Tal vez ese destino sea proyectarse hacia delante, y por eso hay olvido, y por eso hay misterios y tierras que descubrir. Tal vez de niños nos acunaron con cuentos junto al fuego. Acaso donde los héroes, más allá de las zarzas y los bosques tenebrosos, o apostados en la proa de sus barcos, con escudos ornados con bellas serpientes enroscadas, conservaban la mirada hacia delante.

Ramón Sanchis
Revista Esfinge. Año 2002.

lunes, febrero 14, 2011

¿Podemos creer en los presagios?


Derivado del latín praesagium, esta palabra se refiere al conocimiento de las cosas futuras mediante señales o fenómenos visibles, o invisibles para las personas normales, pero siempre perceptibles y significativas para el que haya desarrollado el don de la profecía. Esta dádiva divina, o simplemente parapsicológica, acompaña la Historia de la Humanidad desde siempre.

El hombre, temeroso de los infortunios y sediento de felicidad, ha recurrido a los adivinos, los magos, los astrólogos, los "mediums", para desvelar en algo su futuro individual y colectivo.

Aún en los finales del siglo XX, y a pesar del general escepticismo, los presagios y profecías siguen teniendo un enorme peso psicológico.

En mi último viaje a Francia, hace pocos meses pude constatar de qué manera preocupaba la visita del Papa a la ciudad de Lyon. La causa es una profecía de Nostradamus que dice: "El pontífice romano acérquese a la ciudad que riegan dos ríos. Tu sangre será allí escupida. La tuya y de los tuyos, cuando florezca la rosa". Se da el caso de que la ciudad de Lyon está bañada por dos ríos, el Ródano y el Saona, y que en esta ciudad abundan las rosas. No faltó el que relacionase la mención de la flor, con la que enarbola el símbolo del Partido Socialista.

En los momentos en que escribo, finales del mes de septiembre, el séptimo sucesor del santo cura de la localidad de Ars ha manifestado que la profecía ya se ha cumplido y que Juan Pablo II no corre mayor peligro que el del terrorismo que asola Francia. El padre Thevenard se refiere a Pío VI, muerto de una infección pulmonar que le hacía esputar sangre, en 1799, en Valence, localidad cercana a Lyon y bañada por los dos ríos, y en una casona que tenía un famoso jardín de rosas.

El enigmático sabio francés al que conocemos como "Nostradamus" vivió entre los años 1503 y 1566. Su Centurie Astrologiche y otros escritos, algunos de los cuales hoy se consideran apócrifos, proyectan un conjunto de acontecimientos futuros a través de unos 550 años después de su muerte. Es tan oscura su versión, que los diferentes estudiosos no se han puesto de acuerdo prácticamente sobre nada de lo que dice; y así, unos lo tienen por un verdadero vidente que señala hechos inexorables, y otros, por un alucinado que hace juegos de palabras que, según se miren, pueden relacionarse con una persona u otra, de diferentes épocas. Pero, por lo general, si tomamos sus palabras literalmente y no las oscurecemos aún más con nuestros comentarios, se advierten una serie de descripciones verdaderamente proféticas, aunque de manera puntual y escasa.

Para los que se asombren de que un sacerdote cristiano y católico haga referencias a estas cosas como si creyese en ellas, quiero recordar que toda la historia de la Iglesia de Roma, y otras formas del Cristianismo, están llenas de citas de presagios, y que no pocos papas - como Silvestre II y Gregorio VII - dedicaron sus horas con admirable tesón a las Llamadas Ciencias Ocultas. Una sutil diferencia entre las "profeciu", que vendrían de Dios, y los "presagios", que serían inspirados por el diablo, los salvó a ellos y a otros muchos sacerdotes de las hogueras de la Inquisición.

La misma Biblia clasifica nueve formas de adivinación:

1) Meonen, como la nombra Moisés: es la astrología judiciaria o apotelesmática; ésta se practicaba por la inspección y observación de todos los astros y fenómenos de las nubes.

2) Menaschech, es decir, la augural, según la Vulgata y casi todos los intérpretes.

3) Mescasheph, esto es, los maleficios con prácticas o ceremonias ocultas y perniciosas, como indican la Vulgata y los Setenta.

4) Ithoberon, o lo que es lo mismo: los encantadores.

5) Los Oráculos, porque interrogaban a los espíritus Pythones.

6) Indeoni, el sortilegio y la magia.

7) Necromancia, o la evocación e interrogación que se hacía a los difuntos.

8) Rhabdomancia, por las varillas, de la cual habla Oseas, profeta menor.

9) Hepatoscopia, por la inspección o examen del hígado.

El fenómeno de una creencia muy extendida sobre estos asuntos se ha dado en las más altas culturas, desde la egipcia a la china y desde los etruscos a los mayas. Todos creían tener la posibilidad de conocer el futuro, y era tan firme esta creencia que, durante todo el Imperio Romano, más allá de su fragmentación en el Imperio de Occidente y el de Oriente, y aún en el Imperio Bizantino, estaba prohibido bajo pena de muerte hacer adivinaciones sobre el futuro de los emperadores.

Herodoto, el llamado "Padre de la Historia", narra infinidad de casos, como el de aquel rey de Oriente que, habiéndole predicho los adivinos que moriría a causa de una carreta, prohibió que en su territorio circulase ninguna; murió en una revuelta de palacio, clavado en su trono por una espada... que llevaba en su empuñadura la figura de una carreta.

Estos y otros muchos ejemplos nos llevan a la reflexión que encabeza este artículo: ¿podemos creer en los presagios?

¿Es que el futuro ya está escrito y es inexorable? Y si así fuese, ¿qué verdad habría en el libre albedrío y en la libertad del hombre?

Trataremos de contestar estas preguntas desde el punto de vista filosófico.

Tanto las más antiguas enseñanzas como los actuales descubrimientos y teorías sobre la constitución del Universo nos señalan la existencia de una fuerza metafísica -equiparable a nuestro concepto de voluntad - que rige de manera inteligente todos los fenómenos y les da unas determinadas características a través de las leyes naturales, de manera que se hace evidente una finalidad que rebasa las propias estructuras mecánicas del Cosmos. Existe un camino para todas las cosas y un orden o disciplina preestablecida, pensada, que excluye toda posibilidad de casualidad y la reemplaza por la causalidad o relación armónica entre las causas y los efectos, que a su vez son causas de otros efectos posteriores.

Los grandes avances técnicos de nuestra civilización no se lograron contrariando estas leyes naturales, sino obedeciéndolas y utilizando los elementos según sus características naturales. Es bueno que dejemos esto bien claro. Un avión no levanta a cientos de personas a miles de metros de altura en contra de las leyes físicas de la Naturaleza, sino obedeciéndolas dócilmente y combinándolas entre sí de una manera predeterminada. Los inventores no "inventan" nada; simplemente descubren y aprovechan lo que antes era desconocido, pero no inexistente. Lo único nuevo puede ser la combinación de elementos que ya pre-existían en la Naturaleza de manera inteligente, a los que se les da una finalidad que llamamos "invento".

La energía existía en el átomo desde el principio de los tiempos; los hombres, con sus investigaciones, aprendieron a liberarla -cosa que, por otra parte, ya se daba en la Naturaleza, sólo que con ritmos distintos, semejantes o iguales, en algún lugar y tiempo de la manifestación universal-. Es el entender y aplicar esta relación espacio-tiempo lo que permite al hombre la posibilidad de dirigir, según la propia senda natural, los fenómenos.

Estas observaciones nos ofrecen una doble posibilidad: la de un ordenamiento cósmico, y la capacidad humana de descubrir las leyes que lo rigen, sirviéndose de ellas en virtud de una voluntad propia que, ultérrimamente, es un aspecto de la voluntad cósmica; pues nada sale de la nada.

El concepto de creación ha sido otra vez concienciado como una revelación.

La constatación de un Universo armónico y en marcha nos da la percepción de un plan universal que tiene, por fuerza, que abarcar todo plan particular.

De esto podríamos deducir lo que los filósofos hindúes llamaron, hace miles de años, Sadhana, el sentido de la vida; y un Dharma, que es la ley que la rige; y el Karma, el conjunto de acciones y reacciones que en su seno se producen.

¿Cómo podríamos, entonces, mover un solo hilo de nuestro destino? Concibiendo lo que Platón llamaba obediencia a la naturaleza de las leyes universales, descubrimos que en esa obediencia también está implícita cierta libertad que ejercitaría en el hombre su capacidad de discernimiento y búsqueda de la verdad. La contradicción aparente entre obediencia y libertad, desde el punto de vista lógico, es una falacia; es decir: algo que tiene aspecto de realidad pero que no es real. El error se debe a que tendemos a trabajar con valores absolutos que no son sino relatividades, por firmes que parezcan en determinado momento. Todos nuestros conceptos de grande y pequeño, nuevo y viejo, cercano y lejano, son meras ilusiones nacidas de nuestro egocentrismo, ya que damos valor a las cosas según nuestro tamaño físico, la duración de nuestra vida o el lugar en el que estamos.

Y puesto que es evidente un camino en la marcha de todos los acontecimientos - cosa que legitimaría los presagios-, no podemos descartar que el hombre sabio, con sus previsiones, pueda, sin contrariar el flujo de la vida, sino navegando hábilmente en él, dar ciertas bordadas que, a menos que alguna fuerza superior desconocida o imprevista las altere, lo conducirán a una u otra orilla del río.

Lo que convierte en inexorables a los verdaderos presagios es nuestra propia falta de conocimiento, el programa inmovilista que nos hacemos de nuestra propia vida y, lo que es más importante, nuestra incapacidad de reacción ante los imprevistos.

Así, nos es imposible variar las cosas que ya están planeadas por el destino y determinadas por nuestro karma individual; pero sí podemos encarar las nuevas circunstancias con mayor o menor habilidad, en la búsqueda de una felicidad básica que nos corresponde a todos.

Sí... podemos creer en los presagios, pero también tenemos que creer en nosotros mismos y en la Gracia del Creador, que sabe, mejor que nadie, qué es lo que realmente conviene a nuestra alma y al destino del mundo.

Desechemos el miedo. Como diría el emperador-filósofo Marco Aurelio: ¿Qué le puede pasar al hombre que no sea propio del hombre?

Jorge Angel Livraga
Nueva-Acropolis Argentina

miércoles, febrero 09, 2011

Existencia de los ángeles

La existencia de los ángeles algunas veces cuestionada, otras puesta en duda o reactualizada, aparece una y otra vez en el arte, la música, la literatura, los amuletos y, en general, en diversos contextos populares religiosos o profanos. ¿Cómo surgen los ángeles en nuestro mundo?Algunos estudiosos del tema - y otros no tanto- señalan diferentes orígenes que van desde teorías históricas-científicas a peregrinas explicaciones basadas en una casuística sospechosa y en mecanismos de nuestra propia mente.

Como viajeros sutiles ellos no dejan huellas sino indicios de su presencia entre nosotros. Malcolm Godwin, en su obra "Angeles, una Especie en Peligro de Extinción", se aboca al estudio del Angellus Occidentalis presente en las cuatro religiones monoteístas: Zoroastrismo, Judaísmo, Cristianismo e Islamismo. Estas religiones comparten un enfoque tripartita del universo que lo divide en Cielo, Tierra e Infierno con su población pertinente a cada uno formada por ángeles, humanos y demonios.

Primero examina todas las posibles informaciones sobre el fenómeno "ángeles" constituyendo una verdadera antología cronológica y luego presenta una serie de casos clásicos de encuentros y especulaciones sobre la naturaleza angélica.Godwin busca información bíblica y comprueba que prácticamente todas las fuentes disponibles sobre este tema provienen de "afuera" de las escrituras y cánones ortodoxos de las cuatro religiones, es decir, de textos declarados heréticos, seudoepigráficos o apócrifos. Efectivamente, a lo largo de la historia , todas las religiones, ya sean primitivas o desarrolladas, han sostenido la creencia en seres, poderes y principios espirituales que actúan como mediadores entre el reino único y trascendental de lo sagrado y el mundo profano y dual del espacio y el tiempo. Sin embargo, a través de la revisión de esta cuantiosa información, atisbamos la complejidad de un fenómeno en el cual "la realidad, el mito, la fantasía, la leyenda, los sueños y las visiones sobrenaturales, aparecen irremisiblemente enmarañados".

En la construcción de su inventario angélico, Godwin descubre que la apariencia corpórea de los mensajeros alados de Dios es una creación esencialmente judía resultado de un "extraordinario entrecruzamiento original de seres sobrenaturales egipcios, sumerios, babilónicos y persas". Es decir, desde el punto de vista histórico, constituyen un saber que abarca un período de más de cuatro mil años o incluso más.

La jerarquía angélica ortodoxa establece nueve órdenes celestiales dispuestas en tres tríadas que giran en torno a un centro divino definido como una emanación de pensamiento puro de la vibración más elevada que va cambiando de frecuencia a medida que se aleja del centro. Cuando las vibraciones disminuyen su velocidad se convierten en luz; cuando esta luz disminuye su intensidad alejándose más de la fuente, comienza a condensarse en materia. De toda esta jerarquía, el orden más cercano a la especie humana son los ángeles y algunos arcángeles.Interesante resulta la investigación sobre los relatos referidos a los ángeles caídos.

En un principio, los hebreos atribuían todo al Dios único que, del mismo modo que la divinidad india Shiva, encerró la creatividad y la destrucción. Así, el Mal significaba el aspecto oculto de Dios, la parte de Dios en la sombra capaz de comunicarse con los mortales, ya que la parte resplandeciente era demasiado intensa. A partir del siglo II a. C. los hebreos separaron ambos principios. Así quedó compilado en el Nuevo Testamento y el principio del Mal evolucionó hacia la idea del diablo.

Otra versión refiere que Dios creó un número de inteligencias angélicas iguales y libres, las que, gracias a su libre albedrío, decidieron abandonar la unidad divina cayendo en diferentes regiones. Los más cercanos al origen son los ángeles. Los más lejanos adoptaron cuerpo humano y los aún más alejados se convirtieron en demonios. Este relato supone o lleva implícita la reconversión para pasar nuevamente de un estado a otro.

Un tercer relato plantea que un número de Vigilantes o Hijos de Dios (ángeles gigantes) descendieron para ayudar y educar a los hombres y terminaron seducidos por las mujeres, engendrando monstruos que fueron aniquilados y sus progenitores desterrados. Una variante de este relato lo constituye la creación de Lilith, la primera esposa de Adán, quien dedicada a la lujuria se transforma en la gran ramera y junto a sus hijas, las Lilim, representa la tentación de la carne.

Finalmente, otras versiones dan cuenta del pecado del orgullo, la soberbia y/o desobediencia de Lucifer, de una guerra entre diferentes facciones angélicas, con una victoria a favor del bien y la expulsión del cielo de los pecadores. Atrapados en el Infierno, se dedican a tentar y corromper al mundo y a los mortales.Tanto las imágenes de los ángeles de la Luz como las de los ángeles de las Tinieblas han surgido dentro de un contexto histórico y se han ido forjando a lo largo de miles de años, siendo registradas en variados documentos, pergaminos y libros. Sin duda, la fuente más antigua que cita Godwin es el libro de las tres crónicas del patriarca hebreo Henoch que data del siglo II a. C., pero que constituye una recopilación de material que se cree puede tener hasta ocho mil años de antigüedad.

Los Visitantes de "Otros Mundos"Contrariamente a la cantidad de información acumulada sobre el saber angélico, hay pocos relatos de testimonios de encuentros directos con ángeles y siempre cubiertos por la nebulosa de la duda. Al menos, demasiado relacionados con individuos interesados en creer este fenómeno de modo que se podría producir una alteración de la propia percepción. Si los ángeles son seres inmateriales y espirituales ¿cómo es que pueden materializarse, hacerse visibles y adoptar una forma humana?.Por otra parte, resulta difícil determinar cuando las imágenes o visiones de ángeles corresponden a estereotipos "creados' que acaparan la imaginación colectiva.

Ejemplo de esto es el Malleus Maleficarum, el infame Manual de Inquisidores para la caza de brujas que desató una verdadera histeria demoníaca. Entonces, ¿en qué medida las imágenes y visiones se basan en representaciones visuales y literarias del pasado?Asimismo, es posible que la descripción de una experiencia de este tipo esté limitada por el lenguaje y por el observador. Al utilizar comparaciones, metáforas, símbolos y analogías se abre la posibilidad a la especulación y al sensacionalismo.Con todas estas consideraciones presentes, Godwin revisa algunas especulaciones sobre qué y quién pueden ser los ángeles y por qué persisten en nuestro subconsciente colectivo. Los textos antiguos básicos son las descripciones de los profetas Exequiel, Elías, Enoch e Isaías quienes coincidentemente se refieren a seres altos, luminosos, resplandecientes y "alados" que se desplazan por el cielo. La presencia de seres legendarios, sobrenaturales o extraterrestres cuya idea básica al comunicarse con los humanos corrientes es la de ayudarlos en su evolución, ha sugerido diversas interpretaciones y teorías explicativas.

Una de ellas sugiere que la humanidad ha pasado por estados de alto y desigual desarrollo evolutivo y tecnológico y que alguna catástrofe las hizo desaparecer (hundimiento de la Atlántida y Lemuria, por ejemplo) debiendo el hombre reiniciar todo nuevamente. A pesar de ello, conserva el remanente de recuerdos arcaicos en imágenes simbólicas muchas de las cuales podrían aparecer en sueños, visiones oníricas o estados de éxtasis.Actualmente, una hipótesis bastante difundida es la que asimila estas experiencias con el fenómeno OVNI, en consideración a similitudes que son evidentes. Tanto los extraterrestres como los ángeles son seres de "otros mundos" que están en una fase de desarrollo indiscutiblemente superior (moral, espiritual y tecnológicamente). Ambos son portadores de un "mensaje" y al comunicarse utilizan "nuestro " lenguaje. Son seres luminosos que transmiten bondad y armonía pacífica y se transportan a través del espacio. Ambas son experiencias que siguen llenándonos de dudas e interrogantes.

Siguiendo la idea que "Uno crea lo que piensa", Godwin ensancha el terreno de la especulación al plano de la perspectiva individual del observador y su posibilidad de acceder a "otros mundos" o niveles de consciencia. En este aspecto, da cuenta del fenómeno psiquiátrico de la personalidad múltiple, luego, revisa algunas experiencias con alucinógenos, especialmente la del doctor John Lilly en su libro "El centro del Ciclón", y así mismo, vivencias fuera del cuerpo, los llamados viajes astrales, en la documentación aportada por Robert Monroe en "Out of de Body". Todo esto manifiesta que, desde el punto de vista psicológico, el ser humano incluye insospechadas dimensiones del inconsciente y la mente no racional.

Según Godwin, los seres humanos modernos hemos perdido la capacidad de responder directamente a lo sobrenatural. La pérdida de lo misterioso se compensa a través de arquetipos que aparecen en sueños simbólicos que intentan la realización del Yo Superior. Por ello se destaca como característica relevante en los ángeles y en los seres más evolucionados, el vuelo. El vuelo visionario, el vuelo chamánico, el vuelo del alma para abandonar las limitaciones del cuerpo.Al examinar la experiencia mística de visiones de ángeles, el autor intuye que los humanos podemos transformarnos en ángeles mediante la oración o meditación, ya que ello constituye un estadio en el desarrollo de la consciencia. Cuando nos unimos a esa esencia del Yo Superior en la vibración del Amor, alcanzamos lo que los místicos orientales llaman Iluminación. Esta experiencia de la unión mística con lo divino corresponde a la apertura del "tercer ojo", a esa consciencia elevada que ha superado las limitaciones propias del cuerpo físico.

Este vuelo de libertad o liberación se transforma en un desafío para el ser humano atrapado por las fuerzas que lo tensionan entre el principio del bien y del mal dentro de los límites de un cuerpo donde se libra esta lucha constante y "nadie puede escapar a la responsabilidad que esto conlleva".Después de revisar la historia, la tradición y la experiencia, llegamos al centro del misterio, a la experiencia mística genuina de cada persona.

"La significación oculta de los ángeles sigue siendo que constituye una parte inseparable de cada uno de nosotros. Nosotros somos Uno; el ángel es uno de nuestros aspectos internos más mágicos; el ángel es parte integral de nosotros mismos... Quienquiera que desee ver un ángel no debe buscarlo fuera: residen en el interior; mientras los seres humanos busquen su propia totalidad y globalidad, la especie angélica no estará en peligro de extinción".


Ana María Moreira F.
Apócrifo. El Libro de Henoch. Solar Godwin, Malcolm.
Angeles. una Especie en Extinción.

martes, febrero 01, 2011

Nunca tengas miedo de cometer errores


Nunca tengas miedo de cometer errores, simplemente recuerda que no hay necesidad de cometer el mismo error dos veces.

"El sufrimiento es un reto; cuando sufres eres retado, cuando hay un problema eres retado. Cuando afrontas el problema, sólo entonces creces. Cuanto más inseguro, más crecimiento; cuanto más seguridad, menos crecimiento. Si todo es seguro a tu alrededor, ya estás en tu tumba, ya no estás vivo. La vida existe en el peligro, la posibilidad de vida existe siempre cuando te sales del camino. Pero quien se sale del camino puede regresar; quien fracasa puede tener éxito.

Napoleón fue vencido. Escribió en su diario una frase muy bella -a veces los locos también hacen hermosas observaciones- él dijo: "Sólo un combate se ha perdido, sólo una batalla se ha perdido -no la guerra". Pero si quieres ganar la guerra, tendrás que perder muchas batallas. Si tienes miedo de perder una batalla, nunca entrarás en la guerra, entonces no hay posibilidad.

Cada vez que fracasas en algo, no es el último fracaso, puedes trascenderlo. La próxima vez no tienes necesidad de repetirlo, la próxima vez no tienes necesidad de cometer el mismo error y la misma falla, y la próxima vez no hay necesidad de entrar al sufrimiento. Un hombre que es sabio sufre tanto como un hombre que no es sabio, pero de un modo distinto cada vez. Un hombre sabio comete tantos errores -aun más que un hombre estúpido- pero nunca comete el mismo error dos veces. Esa es la única diferencia: la cantidad puede ser más, pero la calidad es diferente. Un idiota puede no cometer muchos errores, puede no cometer ningún error en absoluto, porque nunca va a hacer nada. Cometes un error sólo cuando haces algo.

Puedes perderte si buscas y exploras. Si caminas por la vía, si simplemente estás sentado en casa ¿cómo puedes perderte? Si no haces nada nunca cometerás un error, serás un hombre sin errores, pero nunca avanzarás, y poco a poco, simplemente te podrirás, vegetarás y morirás. Nunca tengas miedo de cometer errores, simplemente recuerda que no hay necesidad de cometer el mismo error dos veces. ¿Por qué cometes el mismo error dos veces? Porque la primera vez que lo cometiste, no aprendiste nada de él, por eso es que tienes que repetirlo una vez y otra vez y otra vez...

Sólo una persona que ha crecido va más allá de este mundo. Aquellos que no han crecido. Ellos tienen que caer al hoyo de nuevo, tienen que aprender. Y todo aprendizaje se hace de una forma dura, no hay caminos cortos. Y esa forma dura es el sufrimiento. No te protejas contra el sufrimiento; más bien al contrario, entra al sufrimiento tanto como te sea posible. Toma el reto, ¡confróntalo! Crecerás a través de él. Trata de trascenderlo, anda más allá. No tengas miedo -una vez que te ha dado miedo, ya estás muriendo. Por eso es que Jesús dice: "Bienaventurado es el hombre que ha sufrido, él ha encontrado la vida". Y uno que sufre se vuelve más alerta, y estar alerta es la llave al templo de la vida. Cuanto más alerta, más consciente..."

Osho
La semilla de mostaza
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