domingo, diciembre 26, 2010

El valor del perdón


"El AMOR ES ETERNO PERDON"

Todo el conocimiento del mundo vale poco si nuestro rencor sigue creciendo cada vez más que el comportamiento de un desconocido nos recuerda nuestras relaciones no sanadas. ¿De qué nos sirve conocernos a nosotros mismos si no nos detiene para avivar el odio que tenemos dentro y el sentimiento de culpabilidad?

El perdón supone aceptar de verdad nuestro propio merecimiento como seres humanos, entender que los errores son oportunidades para crecer, tomar conciencia y desarrollar la compasión, y comprender que la magnitud del amor por nosotros mismos y por los demás es el pegamento que mantiene unido al universo.

El perdón es una respuesta, la respuesta implícita de nuestra existencia. El perdón es el medio para reparar lo que está roto. Coge el corazón roto y lo repara. Coge el corazón atrapado y lo libera. Coge el corazón manchado por la vergüenza y la culpa y lo devuelve a su estado inmaculado. El perdón restablece en el corazón la inocencia que conocimos en otro tiempo, una inocencia que nos permite la libertad de amar.

Cuando perdonamos y somos perdonados, siempre se transforma nuestra vida. Las dulces promesas del perdón se cumplen y se nos ofrece un nuevo comienzo con nosotros mismos y con el mundo. El concepto del perdón puede provocar dos cosas: o bien imposibilitarnos, limitando nuestra capacidad para la claridad y la alegría, o bien animarnos, ofreciéndonos una manera de dejar el pasado y ser libres para vivir con mayor paz y felicidad.

Perdonar no es justificar comportamientos negativos o improcedentes, sean propios o ajenos. El maltrato, la violencia, la agresión, la traición y la deshonestidad son solo algunos de los comportamientos que pueden ser totalmente inaceptables. El perdón solo requiere un cambio de percepción, otra manera de considerar a las personas y circunstancias que creemos que nos han causado dolor y problemas.

Como todos sabemos, la rabia y el rencor son emociones muy fuertes que desgastan nuestra energía de muchas maneras. Cuando nos quitamos las capas, probablemente se descubrirá que esa rabia en realidad es un sentimiento superficial que oculta sentimientos de dolor, angustia, frustaciones, traumas, etc. Lo que no significa que sea trivial o falso, sino en el de que hay muchos sentimientos y dinámicas por debajo de él. Cuando nos perdemos en la rabia nos volvemos sordos a nuestros sentimientos más profundos. Hemos aprendido a escuchar solo aquellos que saben gritar más fuerte.

Muchos creen que permanecer enfadados, aferrarse al rencor es sinónimo de poder, energía y dominio. Pero en realidad lo único que descubren son sentimientos de impotencia, desilusión, inseguridad, aflicción o miedo y los usan con frecuencia en sustitución de los sentimientos de verdadero poder personal.

A veces es mucho más cómodo sentir rabia que sentir el temor y la tristeza. De hecho, una razón por la que suele ser difícil perdonar es que para hacerlo se debe sacar a la luz y aceptar la verdad de lo que realmente sentimos. Esto puede ser una revelación dolorosa si hemos aprendido a convivir con la negación y la represión. Sin embargo, se debe tratar de recodar que al otro lado del dolor está el alivio y una mayor paz mental. Cuando se lleva gran parte de la vida sintiéndose víctima, puede que halle una enorme resistencia a perdonar, porque al hacerlo renuncia a una buena parte de su identidad. Perdonar no significa negar que se haya sido una víctima, quiere decir que el hecho de haberlo sido ya no domina necesariamente la identidad y la vida emocional actual.

A medida que se vaya trabajando con el perdón, es importante tomar en cuenta los pensamientos que afloran y las reacciones. Si aparece el temor, la autocrítica, las dudas hay que ser amable consigo mismo. Estos sentimientos son como una parte natural del proceso de cambio. En realidad, ser amable consigo mismo es, de por sí, un gran acto de perdón para con uno mismo.

Al margen de los pensamientos o sentimientos que surjan, afirma el compromiso de tratarse con amabilidad. Se amable con uno mismo no significa que no ponga esfuerzo y voluntad, ni que se justifiquen pensamientos o comportamientos que se consideran impropios, sino que se puede aprender sin necesidad de azotarse la dureza con uno mismo y que alimenta un ciclo contraproducente que quita poder y favorece el sentimiento de culpa, falta de respeto y autoestima por uno mismo.

El perdón es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de vida. Es algo que ofrecemos a otras personas y algo que aceptamos para nosotros. El perdón es una decisión, la de ver más allá de los límites de la personalidad de otra persona, sus miedos, idiosincrasias, neurosis y errores, la decisión de ver una esencia pura, no condicionada, por historias personales que tienen una capacidad ilimitada y siempre digna de respeto y amor.

Cada vez que se hace un cambio, debilitamos el monopolio del ego sobre nuestras percepciones y nos capacitamos para dejar marchar, liberar y olvidar el pasado. El perdón suele experimentarse como un sentimiento de dicha, paz, amor y apertura del corazón, alivio, expansión, confianza, libertad, alegría y una sensación de estar haciendo lo correcto. El perdón es una forma de vida que nos convierte gradualmente de víctima de nuestra propia circunstancia en poderosos y amorosos creadores de nuestra realidad. Supone un compromiso de experimentar cada momento algo nuevo, con claridad y sin temor. Es la desaparición de las percepciones que obstaculizan nuestra capacidad de amar.

El perdón nos enseña que podemos estar en desacuerdo con alguien sin retirarle el cariño y respeto. Nos lleva más allá de los temores y mecanismos de supervivencia propio de nuestro condicionamiento, hacia una visión valiente de la verdad que nos ofrece un nuevo campo de elección y libertad, en donde podemos descansar de nuestras luchas. Nos guía hacia donde la paz no es desconocida y nos da la posibilidad de saber cual es nuestra fortaleza.


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA

sábado, diciembre 25, 2010

Fundamentos de la teoria de la reencarnación



Nosotros nos seguimos haciendo una pregunta vieja que surge de labios nuevos: ¿qué pasa con nosotros?, ¿qué pasa con nuestra vida?; ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?...

Las distintas religiones de los distintos tiempos, han tratado de solucionar este problema. Le han dado al hombre, a través de símbolos -como bien dice el mismo Jesús en el Nuevo Testamento- una serie de verdades.

Pero es obvio de que en nuestra alienación actual y práctica, en nuestro mundo cotidiano, nuestra conciencia está adormecida para los problemas simbólicos. Tan sólo unas preguntas nos gritan desde adentro: ¿Es que se diluye todo cuando morimos? ¿Es que nuestra conciencia se pierde en la nada? ¿Es que vamos a algún lugar de prueba? ¿Es que existe un Infierno? ¿Es que existe un Cielo? ¿Es que volvemos de nuevo a este mundo?

Ante ésto, quiero tocar esta teoría sobre la posibilidad de que retornemos a este mundo. Es una posibilidad filosófica que, por cierto, no es una idea nueva.

Todas las antiguas culturas y civilizaciones, hasta donde nosotros conocemos, tuvieron a su disposición mecanismos de conocimiento que vieron esta posibilidad de la reencarnación como cosa fáctica.

Tomemos algunos ejemplos. En América, entre los Aztecas, existía la creencia de que el alma volvía de nuevo a este mundo. Decían que los hombres que morían, pero que estaban muy aferrados a la tierra, quedaban presos del encanto de la tierra.

Pero sostenían que, las almas que se habían liberado del mundo, las que ya no tenían apegos en el mundo, las que creían que había "algo más", y más lejano, iban a lo que hoy llamaríamos la fotósfera del sol, es decir, que iban a vivir en la Luz, como colibríes bajo la forma de Huitzilopochtli.

Los antiguos egipcios creían también que los hombres podían reencarnar. Todo hombre cuando moría tenía una prueba que transcurría en el "Aduat". El Aduat, suerte de purgatorio, era un lugar donde se pesaba el corazón del difunto en una balanza, y se le hacía una serie de preguntas a las que debía contestar. Aquellos que eran suficientemente sutiles podían llegar al Amen-Ti, o sea, la Tierra de Amón, el lugar mágico dónde cada uno encontraba lo que quería encontrar. El lugar maravilloso donde los lotos no se cierran jamás; donde las barcas no se hunden; donde los besos no se traicionan; donde los alimentos no se corrompen; donde las palabras no se pierden; donde todos los hombres tienen el don de lenguas y se entienden... Pero aquellos que, careciendo de esta fuerza espiritual, quedaban presos en las ansias de volver a la tierra, no podían pasar el Aduat y tenían que regresar otra vez a las experiencias terrestres.

Lo mismo nos indican los chinos, los griegos, los romanos. Incluso los primitivos cristianos, hasta el Concilio de Trento, van a tener en algunas de sus líneas de conocimiento, la afirmación de que los hombres vuelven a la tierra, e incluso de que Jesus-Cristo era una suerte de reencarnación de uno de los profetas anteriores. Vemos pues, que este argumento se pasea por toda la Historia.

Es tal vez en la India donde podamos captar y adquirir los conocimientos más precisos, hoy en día, sobre este tema de la Reencarnación .

Los hindúes, dentro de sus distintas religiones o sectas, han llegado a afirmar que en el mundo todas las cosas reencarnan, todas las cosas vuelven a vivir.

Contrariamente a lo que se cree, los hindúes hicieron filosofía e hicieron dialéctica antes que los griegos, y habían tratado de demostrar, no solamente mediante la fe, sino también mediante el razonamiento, de que el hombre podía volver a vivir. Decían que todas las cosas son cíclicas. Hablaban de grandes períodos de tiempo activo que llamaban Manvántaras, y de otros ciclos de sueño o Pralayas. Consideraban que esa actividad -que atribuían a la expiración y a la inspiración de Brahma, o sea, al respirar de la Deidad- existía también en todas las cosas, del mismo modo en que nosotros estamos despiertos unas horas al día y dormidos estamos otras horas.

Miles de años ha, ellos habían ya descubierto las leyes de Lavoisier: "En la Naturaleza nada se pierde, todo se transforma". Habían notado el recorrer cíclico de las Estrellas y la forma repetida en que el Sol nos alumbra cada mañana. De esto dedujeron que todas las cosas eran cíclicas; que todas las cosas eran, en parte irrepetibles, y en parte se repetían y volvían a ser.

La continuidad y la eternidad no serían para el pensamiento hindú, un estatismo o la permanencia de una cosa, sino que serían más bien el devenir contínuo de las cosas.

El concepto de "duración" y de "eternidad" no estaría en la permanencia objetiva de algo, sino en la permanencia de un cambio constante cuya finalidad es misteriosa; en la utilización de un impulso interior espiritual que mueve a todas las cosas hacia su fin ultérrimo.

Este Impulso va encadenando una secuencia de fenómenos. Los hindúes nos hablan de la Ley del Karma: la Ley de Causa y Efecto. Toda cosa, todo lo que pasa es efecto de lo que pasó antes y causa de lo que va a pasar después. Ninguna cosa, ninguna palabra, ninguna actitud, ninguna criatura, ningún mundo, ningún estado es sólo y único en el Universo, sino que es fruto de lo que pasó, y germen de lo que va a pasar.

Esta ley de acción y reacción estaba encuadrada en una direccionalidad cósmica, en una Ley; es decir que las cosas existen y se mueven por algo. Y ésta es otra pregunta que nos hacemos todos: ¿por qué pasa todo lo que pasa? Ante la incomprensión de ciertas aparentes injusticias, el hombre cae entonces en una forma de ateísmo, porque se pregunta: ¿Dios es justo? ¿Dios es bueno? Si Dios es justo y bueno, ¿por qué hay hombres que nacen en cuna de oro, mientras que otros nacen en una pocilga? ¿Qué clase de Dios injusto es el que hace nacer un niño enfermo o ciego, y en cambio le da a otros todas las posibilidades?

Esta es una vieja pregunta. De ahí que los filósofos y metafísicos hindúes creían que existía un "camino" al que llamaban Sadhana, y una Ley que llamaban Dharma. Una Ley Universal que hacía que todas las cosas fuesen a alguna parte con un fin predeterminado.

Los hindúes creían entonces en la reencarnación de las almas. Pero no en una reencarnación de manera simplista, según la cual un hombre se muere, está un tiempo en un mundo sutil, y vuelve de nuevo. Porque si fuese tan fácil, todos recordaríamos lo que fuimos de una manera clara.

Para poder entender el pensamiento hindú, hace falta recordar que ellos pensaban que el hombre no es uniforme, sino que estaba constituido por siete vehículos diferentes. Algunos de estos vehículos eran los que reencarnaban y otros no reencarnaban.

Afirman sus viejos libros que el hombre está constituido de siete envolturas en diferente estado de vibración. Partiendo de abajo hacia arriba, tendríamos en nosotros algo que es común con las piedras, que es común con todas las cosas que nos rodean: es el cuerpo físico, o Stula Sharira, aquello que tiene densidad. Más allá -y al decir más allá me refiero a otra dimensión- estaría el Prana Sharira, o sea, el cuerpo vital o de energía; lo que diferencia a un hombre vivo de un hombre muerto o que acabase de morir.

El tercer vehículo partiendo de abajo, es el Linga Sharira, que normalmente en esoterismo occidental es llamado "el doble" o el doble psíquico. Es lo que tenemos en común con los animales; mientras que el Prana Sharira es lo que tenemos en común con los vegetales, y el Stula Sharira con los minerales.

En la constitución del hombre se establece toda una relación con la constitución de la Naturaleza: la parte física con los minerales, la parte energética con los vegetales, la parte psíquico-animal con los animales: ahí radican nuestras pasiones, nuestros sueños, nuestras fantasías.

Luego existe un Kama-Manas, es decir una "mente de deseos", una mente egoísta que teme, se asusta y tiembla cuando advierte que le va a pasar algo.

Más allá de la anterior está el Manas o mente superior. Esta mente es serena, constante. Luego viene el vehículo llamado Budhi que es la intuición inteligente, sin pensamiento distorsionador; y por último, Atma, la Voluntad Pura que refleja la Deidad en el hombre.

Los cuatro primeros cuerpos o vehículos mencionados serían para los hindúes, mortales y se desintegrarían con la muerte. La muerte sería, pues, un desgaste que comienza con el nacimiento. Desde que nace hasta que muere, el hombre va muriendo poco a poco, hasta que al fin le llega el colapso final, en el que perdería la parte física, la parte energética, la parte psicológica y la parte mental-egoísta.

Mas restan tres planos de conciencia más profundos: el Manas, el Budhi y el Atma que pueden servir de escala para remontar al cielo; existiría en el hombre una parte individual, que no se puede dividir y que es la que en base a los "Skandas", o sea , las causas de acción, el Karma acumulado.

Ahora podríamos entender el porqué nacemos a veces en cuna de oro, y otras veces en establo. Porque desde el punto de vista filosófico, no siempre se aprende más cuando se nace en cuna de oro que cuando se nace en un establo.

Un hombre puede nacer de una manera u otra y siempre puede extraer una experiencia. Pero esa experiencia es limitada, porque si nace en una familia de campesinos, ese hombre tendrá la experiencia del campesino, pero le faltará la del artista, del militar, del político, del poeta.

De ahí que esa parte carente de experiencias, vuelva a la tierra a ocupar los cuerpos de los niños que nacen; vuelva por nuevas experiencias, nuevos encuentros, nuevas vibraciones biológicas.

Lo que reencarna no es todo el hombre, sino una parte, la parte superior o espiritual que generalmente, está poco desarrollada. Nuestro tiempo está dedicado a los problemas materiales y no al desarrollo del Yo Superior...

De tal suerte, las leyes que rigen el Destino, según los hindúes, hacen que solamente la parte superior sea la que reencarna. Pero de la parte superior tenemos muy poca conciencia. Ya lo dijo Platón, quién también explicó la reencarnación; él habla de las Aguas del Leteo, del río que hace que nos invada el olvido. Cuando se beben esas aguas el hombre vuelve a renacer sin recordar prácticamente nada; a veces se renace con una chispa de recuerdo, pero no con algo inteligente y ordenado.

Platón -con ese típico sarcasmo de los griegos- dice que los más apasionados se tiran a las aguas del Leteo y beben con las dos manos, quedando luego completamente dormidos; y que en cambio los prudentes son los que toman poco y luego pueden recordar algo.

En el "Mito de Er", Platón desarrolla esto y lo explica perfectamente. Recordemos cuando hace que le pregunten a Sócrates: "¿De dónde nacen los vivos?, y él conteste preguntando a su vez: ¿De dónde nacen los muertos? Los muertos nacen de los vivos, y los vivos de los muertos.

Para Platón, Sócrates y toda la línea del pensamiento filosófico griego, había también un ciclo inexorable en donde una misma humanidad iba reponiendo energías, tomando de nuevo contacto con el mundo y realizando nuevas experiencias.

¿Es esto cierto o no lo es? Eso no es fácil de contestar; simplemente exponemos esta forma de pensamiento para que cada cual tenga su propia vivencia.

Todos sabemos de que estamos en un mundo regido por la propaganda. La Filosofía precisamente, y nuestra posición acropolitana dentro de la Filosofía, propone un encuentro interior para pensar por sí mismo.

Es preferible equivocarse por sí mismos, antes de ser llevados hacia una forma de verdad que nunca comprenderemos; que nunca nos permitirá tener una individualidad desarrollada. De ahí que preguntemos sin esperar respuesta: ¿Es que volvemos a vivir? ¿Es que realmente reencarnamos?

A parte de lo que dijeron los hindúes, pensemos aplicando el sentido común, -el menos común de los sentidos-: si entrase alguien por primera vez aparentemente en el recinto donde nosotros estamos presentes, y conociese perfectamente la disposición de los muebles y lo que contienen, ¿qué diríamos? Es obvio que diríamos que antes ya estuvo alguna vez en él, porque si no, no lo sabría.

¿Cómo explicar la facilidad de algunos niños que, por ejemplo, han manejado instrumentos musicales, a los cuatro o cinco años de edad; o la facilidad de algunos escultores que esculpen naturalmente sin enseñanza previa?

Hay teorías modernas que intentan explicar esto con la argumentación de un inconsciente colectivo, de que a través de la ascendencia fisiológica nos llegarían potencias anteriores. Pero obviamente esto es menos científico que pensar que el hombre tiene esa posibilidad porque ya la tuvo otra vez. Por ejemplo, si alguien, como pasó en Italia con un campesino, comienza a hablar griego perfectamente, es porque recuerda algo. Y si además se refiere a hechos históricos concretos que nunca ha presenciado, es porque recuerda algo.

En todos nosotros existe como una pre-experiencia individual, que a veces se manifiesta como una sensación difusa, imprecisa. Simpatías, antipatías, angustias y sobrecogimientos que no tienen explicación lógica...

Así, si no es cierto, es por lo menos posible que hayamos vivido otra vez. Y, ¿dónde pudimos haber vivido? ¿En otro mundo o en este?

Si estamos preparados para sobrevivir en este mundo, es que podemos volver a vivir en este mundo.

Se dice que lo que anula la teoría de la reencarnación es el crecimiento demográfico. Porque si en la antigüedad se calculaba una población mundial menor a 50 millones de personas, y hoy hay 4000 millones de personas, ¿qué ocurre? Es que hay una fábrica de almas? Esta es una buena pregunta. Pero nos responden los mismos antiguos el número de almas es fijo. Este número fijo de almas, al haber una gran población física en la tierra, tiene poco período celeste, por lo que las almas son más "materiales", y tiende a propagarse el materialismo en el mundo. Cosa que coincidiría con lo que está pasando hoy, en que los niños ya no guardan la inocencia de otros tiempos.

¿Será cierto lo que decían los antiguos hindúes, de que cuando hay grandes masas de población, las almas reencarnan muy seguidamente, teniendo poco tiempo para lavarse, purificarse?

¿Y que cuando en el mundo hay poca población, las almas tienen una larga vida celeste, y entonces es cuando nacen los grandes místicos, los grandes filósofos; y los niños hasta una edad avanzada siguen creyendo en cuentos de hadas y de gnomos?

Esta simple concepción metafísica cambia todos nuestros conceptos: los conceptos científicos, económicos, políticos, sociales, de relación de los pueblos; y nos torna mejores, más generosos. Entendemos que el mendigo que vemos en la esquina de una calle, está pasando una experiencia que nosotros a lo mejor ya hemos pasado, o pasaremos; y que tenemos que ayudarle, pero no ayudarle porque queda bien, sino porque es nuestro hermano y compañero de ruta. Porque todos juntos estamos viviendo un camino difícil, espinoso, con subidas y bajadas. Y en este camino tenemos que permanecer todos con esa conciencia de unidad.

Todas estas cosas han estado en el seno de todas las religiones; no están en oposición con ninguna religion, puesto que fueron enseñadas de alguna manera por todos los Maestros.

Jesús mismo dijo: "Es necesario renacer". Lo que se puede interpretar de varias y profundas maneras.

Estas cosas existen aún en la mente de cualquiera que tenga un sentido científico de la vida, o un sentido positivo. Porque lo que acabamos de expresar es científico y es posible desde el punto de vista positivo.

Es necesario hacer una reflexión sobre estas consideraciones que nos atañen a todos; sobre el saber si vamos a volver a vivir.

Yo creo que no volvemos a vivir. Yo creo que continuamos viviendo. Creo que decir, "volvemos a vivir", sería como pensar que morimos en algún instante. Yo no creo en la muerte. La muerte no existe; es un fantasma inventado para asustarnos. Nada muere. Todo se transforma. Todo cambia.

Con la misma Ley que transforma la Naturaleza, Dios, o como se quiera llamar, es lo que nos va a llevar en la Vida y en la Muerte. ¿Cuánto nos costó nacer? Tanto como nos costó nacer, nos costará morir.

Jorge Angel Livraga

viernes, diciembre 24, 2010

PAX TECUM


La frase que encabeza este escrito era empleada con mucho amor por los primeros seguidores a principios del Cristianismo. Esta sencilla frase “Pax Tecum” (LA PAZ SEA CONTIGO) lleva a la mente la idea del fundamental deseo de todos los humanos de “estar en paz consigo mismo”; Tener paz interior, es estar en armonía.

Si preguntamos a nuestros amigos, compañeros, hermanos o familiares, cuál es la meta de su vida, la mayoría nos respondería que es el de estar en paz, en otras palabras, sentirse bien. Suena tan sencilla esta meta común: “Estar en Paz”; Sin embargo, nos encontramos constantemente ante conflictos que nos alejan de ella. Vivimos en un mundo de continua lucha ¿por qué? En la mayoría de los casos, pensamos que se debe a que generalmente esperamos que esa paz, esa armonía tan deseada, venga a nosotros; dicho en otras palabras, esperamos que las cosas externas estén en paz con nosotros, en vez de nosotros adaptarnos y armonizarnos con el mundo exterior. Así, surgen los conflictos, pues diferentes personas tienen conceptos distintos de lo que es la armonía, el bienestar interior y, para sentirse bien, tratan de lograr las cosas materiales que ambicionan, algunos subyugando a quienes no están de acuerdo con sus conceptos o con su autoridad. De allí que a través de la historia, hemos estado en constantes guerras, litigios, separaciones y las grandes mayorías se alejan de su deseada meta.

Sócrates, el famoso filósofo de Atenas, al orar decía: “Concédeme la belleza interior, y que todas las cosas externas que me rodean estén en paz con aquellas internas”. Si meditamos sobre su oración, veremos que para obtener la armonía debemos tener paz interior, lograr primero la paz con nosotros mismos. Sólo así podremos irradiar la esencia del amor cósmico que llevamos dentro; sólo así comprenderemos cómo los elementos del mundo externo luchan incesantemente para obtener un balance armonioso.

¿Cómo se puede obtener ese entonamiento del ser con la armonía cósmica? Algunos piensan que se obtiene adquiriendo riquezas materiales, poder y limitando el derecho de quienes dependen de ellos; pero, estas cosas sólo hacen surgir la desarmonía en el ambiente en que se desarrollan: en su hogar, en la sociedad y en el mundo. No hay nada malo en la acumulación de cosas materiales si para obtenerlas no sacrificamos a otros y si compartimos los dones que se nos conceden. Nunca obtendremos la armonía completa en un ambiente en que estemos rodeados de dolor y miseria, pues nuestro interior jamás podrá vibrar armónicamente con ese doloroso panorama exterior.

Entonémonos con la Armonía Cósmica liberándonos de aquellas imperfecciones que nos alejan de nuestra meta. Sólo así podremos gozar del infinito poder que reside en nuestro ser, ese segmento del Amor Universal.

Rúben A. Dalby
F. R. C.

jueves, diciembre 23, 2010

Navidad del Corazón


Los Gnósticos afirmamos que sólo existe una sola gran Religión, y ésta es la VERDAD. Creemos firmemente que sólo aquel que vivencia la Verdad es profundamente Religioso.

La verdad quiere conocerse a sí misma en cada hombre. Jesús de Nazareth es un cuerpo viviente de la VERDAD. Jesús Encarnó la VERDAD. Quien Encarne la VERDAD se hace libre. Aquellos que Encarnaron la Verdad fundaron las Grandes Religiones y las Grandes Escuelas de Misterios.

Buda, Hermes, Krishna, Quetzalcoatl, etc., etc., encarnaron la Verdad, y todo aquel que Disuelva el YO y levante las columnas del Templo sobre la Piedra viva, encarna la Verdad. No hay Religión más elevada que la Verdad.

Debemos distinguir entre las formas Religiosas y los principios Religiosos. Es necesario saber que los Principios son Fórmulas cósmicas vivientes. Las formas Religiosas son los distintos sistemas de enseñar esos Principios. La Gran Religión Cósmica Universal Infinita asume distintas formas, según las necesidades de cada raza y de cada época.


EL CRISTO INTERNO

Todo aquel que Encarna al Buddha es un Buddha. Toda Buddha que renuncia a la felicidad del Nirvana por Amor a la Humanidad puede alcanzar la Iniciación Venusta. Quienes logran llegar a esta Iniciación, Encarnan al Cristo interno. Esa es la Navidad del Corazón. Inútilmente habrá nacido Cristo en Belem si no nace en nuestro corazón también. Necesitamos celebrar la Navidad del Corazón y esto sólo es posible encarnando a nuestro Resplandeciente Dragón de Sabiduría, el Cristo Intimo.

El siempre se encarna en sus Buddhas de Perfección para salvar el mundo. Él viene siempre al Pesebre del Mundo para luchar por la Redención de todos los seres humanos. El no es un Individuo Humano ni Divino. Él es el Verbo, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, la Unidad Múltiple Perfecta.

Es urgente que el Verbo se haga carne en nosotros y esto sólo es posible Encarnando al Cristo Intimo.

Entre los Egipcios el Cristo es Osiris y todos aquellos que lo Encarnaban se consideraban Osirificados. Hermes fue un Osirificado. Entre los Griegos Cristo es Zeus. En el culto de Zoroastro, Cristo es Ahura Mazda. Entre los Tibetanos Cristo es Yama-Raja. En el México Azteca Cristo es Quetzalcoatl, etc.

En todas las Teogonías Religiosas Cristo nace en un pesebre humilde. En todas las Teogonías Cristo es siempre hijo de una Virgen y el resultado de una Inmaculada Concepción del Espíritu Santo.

Realmente Cristo es Hijo de una Madre Divina, virgen y siempre Virgen en el Parto, antes del Parto y después del Parto. La Madre Divina tiene al Niño en sus brazos. Ella es el Kundalini, la serpiente Ígnea de nuestros Mágicos poderes. Cristo sin la serpiente no puede hacer nada. La Serpiente de Fuego es la Virgen Madre.

Pablo De Tarso aconseja formar a Cristo en nosotros, esto sólo es posible cuando hemos logrado el pleno desarrollo del Kundalini. Cristo no podría encarnar en nosotros mientras no hayamos logrado el pleno y total desarrollo del Kundalini.

Es urgente recorrer el camino de Pedro trabajando con la Piedra Filosofal; {el sexo} Es necesario llegar al camino de Juan {el verbo}. En el camino de Pedro trabajamos muy intensamente en la Fragua Encendida de Vulcano. En el camino de Juan, el Verbo debe realizarse en nosotros a través de las Iniciaciones Cósmicas. El camino de Pedro y el camino de Juan están separados por un abismo. Alguien debe caer en el abismo para que el Drama de la Iniciación Cósmica se inicie en nosotros. Ese que cae es Judas, el Yo, el mi Mismo, el Ego Reencarnante que vende al Cristo por Treinta monedas de Plata.

Se hace necesario que Judas el Yo, el mi Mismo, muera. Esa es la Ley. Es indispensable que el Discípulo Gnóstico tienda un puente entre el camino de Pedro y el camino de Juan. Dicho puente es la Muerte. Ya hemos hablado claro, ya hemos dicho que sin la muerte del YO (Judas) es imposible la Regeneración. Pedro murió como el señor Jesús, pero crucificado con la cabeza para abajo. Pedro con su muerte nos muestra el camino de la Piedra, el trabajo con la Piedra Filosofal (el sexo). Jesús llama a Pedro Cephas, que declarado quiere decir Piedra. Juan apoyó tranquilo su cabeza en el corazón de Jesús. El Verbo se alimenta de Amor. El Verbo está en el Cristo y el Cristo está en el Verbo que nosotros debemos hacer carne a través de sucesivas Iniciaciones.

Os deseo Felices Pascuas; que la Estrella de Belén resplandezca en vuestro camino; que Vuestro Padre que está en Secreto, y que Vuestra Divina y Adorable Madre Kundalini os Bendigan.

Vuestro propio Ser

SAMAEL AUN WEOR

domingo, diciembre 19, 2010

La palabra “Dios” y su perdido significado


La palabra “Dios” ha perdido completamente su significado, a través de miles de años de mal uso. La utilizo a veces, muy escasamente. Por “mal uso”, me refiero a que personas que nunca han tenido siquiera un atisbo del ámbito de lo sagrado, de la infinita inmensidad existente detrás de esa palabra, la utilizan con gran convicción, como si supieran de lo que hablan. O bien, argumentan en su contra, como si supieran qué es lo que están negando. Este mal uso origina creencias, afirmaciones e ilusiones egóticas absurdas, como “Mi Dios o nuestro Dios es el único dios verdadero, y el tuyo es falso”, o la famosa frase de Nietzche: “Dios ha muerto”.

La palabra Dios se ha transformado en un concepto cerrado. Apenas la palabra es pronunciada, se forma una imagen mental -quizás ya no de un anciano de barba blanca-, pero sigue siendo una representación mental de alguien o algo fuera de ti; y, sí, casi inevitablemente un algo o alguien masculino.

Ni “Dios” ni el “Ser” ni ninguna otra palabra pueden definir o explicar la inefable realidad que se halla detrás de la palabra, de modo que la única pregunta importante es si la palabra es una ayuda o un obstáculo en cuanto a permitirte experimentar Aquello a lo cual apunta. ¿Apunta acaso más allá de sí misma, hacia esa realidad trascendente, o se presta muy fácilmente a transformarse en nada más que una idea, una creencia en tu cabeza, un ídolo mental?

La palabra “Ser” no explica nada, pero tampoco la palabra “Dios”. “Ser”, sin embargo, tiene la ventaja de ser un concepto abierto: no reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental de él. Nadie puede adjudicarse la posesión exclusiva del Ser. Es tu esencia misma, y te es accesible de inmediato como la sensación de tu propia presencia, la sensación de “Yo soy” previa a “Yo soy esto o lo otro”. Así que sólo hay un pequeño paso entre la palabra “Ser” y experimentar el Ser.

El Ser es la Vida Única eterna y omnipresente que se encuentra más allá de las innumerables formas de vida que se hallan sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo se halla más allá sino en la profundidad de cada forma, como su esencia más interna, invisible e indestructible. Esto significa que eso está a tu alcance ahora, como tu naturaleza más verdadera, tu yo más profundo. Pero no intentes comprenderla con la mente. No trates de comprenderla. Sólo puedes conocerla cuando la mente está quieta. Cuando estás presente, cuando tu atención se halla en forma total e intensa en el Ahora, podrás sentir al Ser, pero nunca podrá ser comprendido con la mente. Tomar nuevamente consciencia del Ser y vivir en ese estado de “consciencia sentida” es la iluminación.

Eckhart Tolle

sábado, diciembre 18, 2010

Ascensión al cielo


El tratamiento que se le daba en la antigüedad a la sabiduría y el entendimiento de los secretos de los cielos y la Tierra (de la ciencia) como dominio divino al cual sólo unos pocos mortales elegidos podían tener acceso, no sólo encontró su expresión en los escritos canónicos, sino también en un misticismo judío como el de la Kabbalah, según la cual la Presencia Divina, simbolizada por la Corona de Dios, descansa en los penúltimos soportes, designados sabiduría (Hojmah) y entendimiento (Binah) . Son los mismos componentes del conocimiento científico a los que fue desafiado Job.

Las referencias a Hojmah («sabiduría») en el Antiguo Testamento revelan que ésta se tenía por haber sido un regalo de Dios, puesto que fue el Señor del Universo el que poseía la sabiduría requerida para crear los cielos y la Tierra.

"Cuan grandes son tus obras, Oh Señor; con sabiduría las has forjado todas», dice el Salmo 104 cuando describe y ensalza, fase por fase, la obra del Creador. La Biblia sostiene que, cuando el Señor le concedió la sabiduría a los humanos elegidos, compartió con ellos de hecho los conocimientos secretos relativos a los cielos y la Tierra y a todo lo que está sobre la Tierra. El Libro de Job hablaba de estos conocimientos como de «secretos de sabiduría» que no se le habían revelado a él. La Revelación, el compartir con la humanidad los conocimientos secretos a través de iniciados elegidos, tuvo sus orígenes antes del Diluvio.

A Adapa, el descendiente de Enki al cual se le concedieron sabiduría y entendimiento (pero no Vida Eterna), no le mostró Anu las extensiones de los cielos simplemente como una visión abrumadora. Las referencias posdiluvianas a esto le atribuyen a él la autoría de una obra conocida como Escritos referentes al tiempo, [del] divino Anu y el divino Enlil, un tratado sobre el cálculo del tiempo y el calendario. Por otra parte, El relato de Adapa menciona específicamente que a él se le enseñaron, ya de vuelta en Eridú, las artes de la medicina y la curación. Así pues, Adapa fue un científico consumado, adepto tanto en temas celestes como terrestres; también fue ungido como el Sacerdote de Eridú, quizás el primero en combinar ciencia y religión.

Las anotaciones Sumerias hablan de otro Elegido antediluviano que fue iniciado en los secretos divinos al ser llevado a la morada celestial de los Anunnaki. Éste venía de Sippar («Ciudad Pájaro»), dominio de Utu/Shamash, y fue probablemente un descendiente de él, un semidiós. Conocido en los textos como EN.ME.DUR.ANNA, así como EN.ME.DUR.AN.KI («Maestro de las Tablillas Divinas Concernientes a los Cielos» o «Maestro de las Tablillas Divinas del Enlace Cielo-Tierra»), también a él lo elevaron para enseñarle los conocimientos secretos.

Sus padrinos y maestros fueron los Dioses Utu/Shamash e Ishkur/Adad:
Shamash y Adad [¿lo vistieron? ¿lo ungieron?]
Shamash y Adad lo pusieron en un gran trono dorado.
Le mostraron cómo observar el aceite y el agua,
un secreto de Anu, Enlil y Ea.
Le dieron una tablilla divina,
el Kibbu, un secreto del Cielo y la Tierra.
Pusieron en su mano un instrumento de cedro,
el favorito de los grandes Dioses.
Le enseñaron a hacer cálculos con números.

Aunque en El relato de Adapa no se dice de forma explícita, parece que a Adapa se le permitió, si no fue en realidad un requerimiento, compartir parte de sus conocimientos secretos con sus semejantes humanos, porque si no, ¿para qué escribió su famoso libro? En el caso de Enmeduranki, también se le comisionó la transmisión de los secretos aprendidos, pero con la condición estricta de que se tenía que limitar al linaje de los sacerdotes, de padre a hijo, comenzando por Enmeduranki:

El sabio erudito que guarda los secretos de los grandes Dioses atará a su hijo preferido con un juramento ante Shamash y Adad. Con la Tablilla Divina, con un estilo, le instruirá en los secretos de los Dioses. La tablilla en la cual se inscribió este texto (guardada ahora en el Museo Británico) tiene una nota final:

«Así se creó el linaje de los sacerdotes, aquéllos a los que estaba permitido acercarse a Shamash y Adad».

En la Biblia se registró también la ascensión al cielo del patriarca antediluviano Henoc, el séptimo de los diez listados, igual que Enmeduranki en la Lista de los Reyes Sumerios. De esta extraordinaria experiencia, la Biblia sólo dice que, a la edad de 365 años, Henoc fue llevado a lo alto para estar con Dios.

Afortunadamente, el extrabíblico Libro de Henoc, transmitido a través de los milenios y que ha sobrevivido en dos versiones, proporciona muchos más detalles; hasta qué punto es un reflejo del original y hasta qué punto hay fantasía y especulación de la época en que se compilaron los «libros», cerca de los comienzos de la era cristiana, no podemos saberlo. Pero sus contenidos merecen un resumen, aunque no sea más que por su afinidad con el relato de Enmeduranki, y también por abreviar otro libro extrabíblico, el Libro de los Jubileos, mucho más extenso.

A partir de estas fuentes emerge que Henoc no hizo uno, sino dos viajes celestiales. En el primero, se le enseñaron los Secretos del Cielo, y se le dieron instrucciones para que impartiera estos conocimientos a sus hijos a su regreso a la Tierra. En su ascenso hacia la Morada Divina, pasó por una serie de esferas celestes. Desde el lugar del Séptimo Cielo, pudo ver la forma de los planetas; en el Octavo Cielo, pudo discernir las constelaciones. El Noveno Cielo era el «hogar de los doce signos del zodiaco». Y en el Décimo Cielo estaba el Trono Divino de Dios.

(Habría que decir aquí que la morada de Anu, según los textos Sumerios, estaba en Nibiru, al cual hemos identificado como el décimo planeta de nuestro Sistema Solar. En las creencias de la Kabbalah, el camino hacia la morada de Dios Todopoderoso llevaba a través de diez Sefirot, traducidas como «brillanteces», pero representadas realmente como diez esferas concéntricas , en las cuales la central recibe el nombre de Yessod («Fundamento»), la octava y la novena, Binah y Hojmah, y la décima, Ketter, la «Corona» del Dios Altísimo. Más allá se extiende Ein Soff, el «Infinito».) Acompañado por dos ángeles, Henoc llegó hasta su destino final, la Morada de Dios. Allí se le quitaron sus vestiduras terrestres; se le vistió con vestiduras divinas y fue ungido por los ángeles (al igual que se hizo con Adapa). Por mandato del Señor, el arcángel Pravuel sacó «los libros del depósito sagrado» y le dio un estilo de caña con el cual escribir lo que el arcángel le dictaría.

Durante treinta días y treinta noches, Pravuel dictó y Henoc escribió,

«los secretos de las obras del cielo, de la Tierra y de los mares; y de todos los elementos, sus pasos e idas, y los estruendos del trueno; y [los secretos] del Sol y la Luna, y las idas y los cambios de los planetas; las estaciones y el año y los días y las horas... y todas las cosas de los hombres, las lenguas de cada canción humana... y todas las cosas convenientes de aprender».

Según el Libro de Henoc, todos estos vastos conocimientos, «secretos de los ángeles y de Dios», se escribieron en 360 libros sagrados, que Henoc llevó con él hasta la Tierra. Reunió a sus hijos, les mostró los libros y les explicó su contenido. Aún estaba hablando e instruyéndoles cuando cayó una oscuridad repentina, y los dos ángeles que habían traído de vuelta a Henoc lo elevaron y lo devolvieron a los cielos; fue precisamente el día y la hora de su 365 cumpleaños.

La Biblia (Génesis 5,23-24) dice simplemente:

«Y todos los días de Henoc fueron trescientos y sesenta y cinco años; y Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque se lo llevaron los Elohim.»

En los tres relatos (Adapa, Enmeduranki y Henoc) se observa una destacada similitud: la de que dos seres divinos están implicados en la experiencia celestial. Adapa fue recibido ante la Puerta de Anu, y acompañado para entrar y salir, por dos jóvenes Dioses, Dumuzi y Gizidda; los padrinos/maestros de Enmeduranki fueron Shamash y Adad; y los de Henoc, dos arcángeles. Estos relatos fueron, no cabe duda, la inspiración de una representación asiría de la puerta celeste de Anu, la cual está custodiada por dos Hombres Águila. La puerta lleva el símbolo de Nibiru, el Disco Alado, y su ubicación celeste viene indicada por los símbolos celestiales de la Tierra (como el séptimo planeta), la Luna y todo el Sistema Solar .

Zecharia Sirchin

martes, diciembre 14, 2010

La Esencia


Lo que hace bello y adorable a todo niño recién nacido es su Esencia; ésta constituye en sí misma su verdadera realidad...

El normal crecimiento de la Esencia en toda criatura, ciertamente es muy residual, incipiente...

El cuerpo humano crece y se desarrolla de acuerdo con las leyes biológicas de la especie, sin embargo tales posibilidades resultan por sí mismas muy limitadas para la Esencia...

Incuestionablemente la Esencia sólo puede crecer por sí misma sin ayuda, en pequeñísimo grado...

Hablando francamente y sin ambages diremos que el crecimiento espontáneo y natural de la Esencia, sólo es posible durante los primeros tres, cuatro y cinco años de edad, es decir, en la primera etapa de la vida...

La gente piensa que el crecimiento y desarrollo de la Esencia se realiza siempre en forma continua, de acuerdo con la mecánica de la evolución, más el Gnosticismo Universal enseña claramente que esto no ocurre así...

Con el fin de que la Esencia crezca más, algo muy especial debe suceder, algo nuevo hay que realizar.

Quiero referirme en forma enfática al trabajo sobre sí mismo. El desarrollo de la Esencia únicamente es posible a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios...

Es necesario comprender que estos trabajos no se refieren a cuestiones de profesión, bancos, carpintería, albañilería, arreglo de líneas férreas o asuntos de oficina...

Este trabajo es para toda persona que ha desarrollado la personalidad; se trata de algo Psicológico...

Todos nosotros sabemos que tenemos dentro de sí mismos eso que se llama EGO, YO, MI MISMO, SÍ MISMO...

Desgraciadamente la Esencia se encuentra embotellada, enfrascada, entre el EGO y esto es lamentable.

Disolver el YO Psicológico, desintegrar sus elementos indeseables, es urgente, inaplazable, impostergable... así es el sentido del trabajo sobre sí mismo.

Nunca podríamos libertar la Esencia sin desintegrar previamente el YO Psicológico...

En la Esencia está la Religión, el BUDDHA, la Sabiduría, las partículas de dolor de nuestro Padre que esta en los Cielos y todos los datos que necesitamos para la AUTO-REALIZACIÓN INTIMA DEL SER.

Nadie podría aniquilar el YO Psicológico sin eliminar previamente los elementos inhumanos que llevamos dentro...

Necesitamos reducir a cenizas la crueldad monstruosa de estos tiempos: la envidia que desgraciadamente ha venido a convertirse en el resorte secreto de la acción; la codicia insoportable que ha vuelto la vida tan amarga; la asqueante maledicencia; la calumnia que tantas tragedias origina; las borracheras; la inmunda lujuria que huele tan feo; etc., etc., etc.

A medida que todas esas abominaciones se van reduciendo a polvareda cósmica, la Esencia además de emanciparse, crecerá y se desarrollará armoniosamente...

Incuestionablemente cuando el YO Psicológico ha muerto, resplandece en nosotros la Esencia...

La Esencia libre nos confiere belleza intima; de tal belleza emanan la felicidad perfecta y el verdadero Amor...

La Esencia posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes naturales...

Cuando "Morimos en Sí Mismos", cuando disolvemos el YO Psicológico, gozamos de los preciosos sentidos y poderes de la Esencia...

SAMAEL AUN WEOR

sábado, diciembre 11, 2010

De Jesús a Cristo

"Debe haber aparecido un ser humano que internamente poseyera lo que uno de los senderos de misterios permitía que el alma experimentara directamente, esto es, la esencia espiritual del mundo exterior, el espíritu del universo."

La ciencia espiritual contempla así a Jesucristo como el que poseía inherentemente aquellos poderes fortalecidos del alma anteriormente adquiridos por discípulos de uno de los senderos de los misterios. Con estos poderes del alma, él podía poner dentro de sí aquella parte del cosmos que los discípulos del otro camino de misterios habían recibido una vez. Desde el punto de vista de la ciencia espiritual podemos decir que lo que los discípulos de los antiguos misterios una vez buscaron a través de una conexión externa con la Divinidad vino a la expresión de forma inmediata y como hecho histórico en Jesucristo. ¿Cuándo sucedió esto? Sucedió en aquella edad cuando las fuerzas que ya estaban agotadas en la humanidad como un todo estaban también agotadas en la vida del ser humano individual. En su trigésimo año Jesús alcanzó la edad que la humanidad como un todo había alcanzado entonces. Fue en este año cuando recibió a Cristo.

Recibió al espíritu del cosmos en su alma completamente desarrollada, internamente fortalecida. En el punto de inflexión de la evolución humana descubrimos que un hombre ha acogido en su alma la esencia divino-espiritual del universo. Lo que se perseguía en los antiguos misterios se ha convertido ahora en un suceso histórico.Procedamos, teniendo en mente las indicaciones de los Evangelios relativas a la vida de Jesucristo desde el Bautismo en el Jordán hasta Su resurrección. La ciencia espiritual nos permite decir que en este período entró algo completamente nuevo en la evolución de la humanidad.

En el pasado, el hombre establecía un contacto real con la esencia divina sólo mediante los misterios. Lo que era así experimentado en los misterios salía al mundo como revelaciones, para ser aceptadas con la fe. En el suceso que estamos considerando ahora, el contacto con la esencia divino-espiritual del cosmos sucedió de tal forma que dentro del hombre Jesús, entró Cristo en la corriente vital terrestre durante un período de tres años. Entonces, en el Misterio del Gólgota, una fuerza que anteriormente vivía fuera de la tierra se vertió dentro del mundo. Todas las experiencias por las que pasó Cristo mientras vivió en el cuerpo de Jesús provocaron la existencia de este poder en el mundo terreno, en la parte terrena del cosmos. Desde entonces este poder ha vivido en la misma atmósfera en que viven nuestras almas. Podemos calificar uno de los dos tipos de iniciación como sub-terrenal y designar a la otra, en la que el hombre acogía el espíritu del cosmos, como supra-terrenal. En cualquier caso, el hombre tuvo que abandonar su esencia humana para hacer contacto con la esencia divina. El Misterio del Gólgota, sin embargo, concierne no sólo al ser humano individual sino también a la historia completa del hombre sobre la tierra. A través de este suceso la humanidad recibió algo completamente nuevo.

Con el Bautismo en el río Jordán algo anteriormente experimentado por todo discípulo de los misterios entró en un único ser humano, y desde este único ser humano algo fluyó a la atmósfera espiritual de la tierra, permitiendo que toda alma que hiciera lo mismo viviera y se sumergiera en ello. Este nuevo impulso entró en la esfera terrestre a través de la muerte y resurrección de Cristo. Desde el Misterio del Gólgota el hombre vive en un entorno espiritual, un entorno que ha sido Cristificado porque ha absorbido el impulso de Cristo. Desde el tiempo en que la evolución humana entró en su descenso, el alma humana puede revivirse a sí misma; puede establecer una conexión con Cristo. El hombre puede crecer más allá de las fuerzas de la muerte que lleva dentro de sí. La fuente espiritual del origen del hombre ya no puede encontrarse en el antiguo sendero; debe ser encontrada en el nuevo, buscando una conexión con Cristo dentro de la atmósfera espiritual de la tierra.

Alguien que ha pasado a través de cierto desarrollo del alma y alcanzado la visión espiritual puede de ese modo investigar muchos misterios del mundo, misterios que residen en los fundamentos del universo, aún incluso con esta visión, es posible que no pueda aprender todavía nada del impulso de Cristo y del Ser de Cristo. Si establecemos una conexión con Cristo mientras estamos en el cuerpo físico, no obstante, antes de alcanzar la visión espiritual, si esta conexión se establece a través del sentimiento, entonces esta experiencia de Cristo que hemos obtenido mientras estábamos en el cuerpo permanece con nosotros como un recuerdo cuando entramos en el mundo espiritual. Percibimos que incluso mientras vivíamos en el cuerpo teníamos una conexión con el mundo espiritual.

La humanidad, que a diferencia del ser humano individual no posee un cuerpo, habría perdido su conexión con el mundo divino-espiritual si no hubiera sido por un Ser supraterrenal, un Ser que descendió a la tierra desde el cosmos y vertió su esencia en la evolución de la tierra. Este acto permitió al hombre recuperar su conexión con el mundo espiritual.Con respecto a la experiencia de Cristo en particular, la ciencia espiritual señala el hecho significativo de que en los antiguos misterios el hombre podía encontrar una conexión con la esencia divina sólo al salir de su propio ser. Para experimentar la esencia divina él tenía que abandonar su humanidad, convertirse en algo que ya no era humano. Después del punto de inflexión de la evolución humana, sin embargo, surgió la maravillosa y significativa posibilidad de que el hombre no necesitara ya salir de sí mismo en una dirección u otra. De hecho, el hombre carecía de fuerza para hacerlo. Ni pudo en su juventud anticipar un momento en que esto sería posible ya que la humanidad había alcanzado ya una determinada edad.

Desde el Misterio del Gólgota hasta la actualidad la cualidad que cada alma humana necesita ahora, la cualidad que en épocas pasadas podía ser encontrada sólo fuera de la humanidad, debe ser encontrada en la humanidad misma, dentro de la evolución de la tierra. Esta cualidad más profunda y significativa es "el amor". El hombre en su desarrollo no debe seguir ya el camino de fortalecer su alma en uno de los caminos de misterios que conduce al egoísmo, porque desde el Misterio del Gólgota es esencial que el hombre adquiera la capacidad de trascender el egoísmo, de conquistar el egoísmo y el orgullo. Habiendo hecho esto, puede experimentar el yo superior -El Real Ser gnóstico-dentro de él. Debe seguirse ahora un sendero de desarrollo que no nos conduce al egoísmo y el orgullo sino que permanece dentro del elemento del amor. Esta verdad reside en el fundamento de las significativas palabras de San Pablo “No yo, sino Cristo en mí”.

Sólo tras el Misterio del Gólgota se hizo posible experimentar objetivamente a Cristo como ese elemento que permite al hombre unirse con la esencia divina. Un discípulo de los antiguos misterios puede en verdad haber anticipado las palabras de San Pablo, pero no pudo haber experimentado su realización. Los discípulos de los misterios y sus seguidores podían decir, “Fuera de mi propio ser hay un dios que vierte su esencia en mi interior”. O también podían decir, “Cuando fortalezco mi ser interno, aprendo a conocer a Dios en las profundidades de mi propia alma”. Hoy, sin embargo, todo ser humano puede decir, “El amor que pasa a otras almas y a otros seres no puede encontrarse fuera de mi propio ser; sólo puede encontrarse continuando a lo largo de los senderos de mi propia alma”.

Cuando nos sumergimos amorosamente en otros seres, nuestras almas permanecen inalteradas; el hombre sigue siendo hombre incluso cuando va más allá de sí mismo y descubre a Cristo en su interior. Que Él pueda ser así encontrado fue hecho posible por el Misterio del Gólgota. El alma permanece dentro de la esfera humana cuando alcanza aquella experiencia expresada por San Pablo, “No yo, sino Cristo en mí”. Tenemos entonces la experiencia mística de sentir que una esencia humana superior vive en nosotros, una esencia que nos envuelve en el mismo elemento que lleva el alma de vida en vida, de encarnación en encarnación. Esta es la experiencia mística de Cristo, que sólo podemos tener a través de un entrenamiento en el amor.

La ciencia espiritual muestra cómo se hizo posible que el ser humano tuviera esta experiencia interior, mística, de Cristo. A modo de comparación, encontramos en la filosofía occidental el pensamiento expresado de que si no tuviéramos ojos no veríamos colores. Nuestros ojos deben estar formados de tal manera que puedan percibir colores; debe haber una predisposición interna a los colores en nuestros ojos, por así decirlo. Si no tuviéramos ojos, el mundo sería incoloro y oscuro para nosotros. El mismo razonamiento se aplica a los demás sentidos. Ellos deben estar predispuestos también para la percepción del mundo externo. A partir de este argumento Schopenhauer y otros filósofos han concluido que el mundo externo es un mundo de nuestras propias representaciones. Goethe ha acuñado el hermoso lema, “Si el ojo no fuera como el sol, nunca podría percibir el sol”. Podríamos decir además, “El alma humana nunca podría comprender a Cristo si no fuera capaz de transformarse de tal forma que pudiera experimentar internamente las palabras No yo, sino Cristo en mí.”Goethe tenía algo más en mente cuando expresó la verdad de que si el ojo no fuera como el sol no podría ver el sol, es decir, que nuestros ojos no podrían existir si no hubiera habido luz para formarlos a partir del ser humano sin vista.

El primer pensamiento es tan cierto como el segundo. No podría haber percepción sin ojos, y tampoco ojos sin luz.Similarmente, puede decirse que si el alma no experimentara internamente a Cristo, si no se identificara con el poder de Cristo, Cristo sería inexistente para el alma. ¿Cómo puede el alma humana percibir a Cristo a menos que se identifique con Él? Y el pensamiento contrario es igual de cierto, es decir, el hombre puede experimentar a Cristo dentro de sí mismo sólo porque en un determinado momento de la historia el impulso de Cristo entró en la evolución de la humanidad. Sin el Cristo histórico no habría Cristo místico. La afirmación de que el alma humana podría experimentar a Cristo incluso si Cristo nunca hubiera entrado en la evolución de la humanidad es una mera abstracción. Antes del Misterio del Gólgota era imposible tener una experiencia mística de Cristo. Cualquier otro argumento está basado en un malentendido. Igual que sería imposible para nosotros tener la experiencia mística de Cristo sin el Cristo histórico, incluso aunque el Cristo histórico puede ser descubierto sólo por aquellos que han experimentado al Cristo místico.

A través de la ciencia espiritual somos conducidos así a una visión de Cristo no basada en los Evangelios. A través de la ciencia espiritual podemos percibir que en el curso de la historia Cristo entró en la evolución de la humanidad, y sabemos que Él tuvo que vivir una vez en un ser humano de tal forma que Él pudiera encontrar un camino que condujera a través de un ser humano hasta la atmósfera espiritual de la tierra. La investigación espiritual nos conduce así a Cristo, y a través de Cristo al Jesús histórico. Lo hace en un momento en que la investigación externa, basada en documentos externos, cuestiona tan a menudo la existencia histórica de Jesús. Los pensamientos que he presentado aquí pueden por supuesto encontrar oposición, pero puede comprenderlo completamente si alguien dice que mis afirmaciones les parecen un sueño fantasioso.

A partir de la contemplación espiritual de la evolución completa de la humanidad podemos, a través de la ciencia espiritual, llegar a un reconocimiento de Cristo, y a través de la propia naturaleza de Cristo podemos reconocer que Él una vez debió haber vivido en un cuerpo humano. La investigación científico-espiritual necesariamente conduce al Jesús histórico. Ciertamente, es posible indicar con precisión matemática cuándo Cristo debe haber vivido en el hombre Jesús, en el Jesús histórico. Igual que es posible comprender las fuerzas mecánicas exteriores a través de las matemáticas, así también es posible comprender a Jesús contemplando la historia con una visión espiritual que incluye a Cristo. Aquel Ser que vivió en Jesús desde los treinta hasta los treinta y tres años dio el impulso que la humanidad necesitaba para su desarrollo en un momento en que sus fuerzas de juventud comenzaban a declinar.Recapitulando, puedo decir que una nueva comprensión de Cristo es hoy una necesidad. La ciencia espiritual no solo trata de conducirnos a Cristo; debe hacerlo.

RUDOLF STEINER
Conferencia impartida en Hamburgo,
15 de noviembre de 1913.

jueves, diciembre 09, 2010

Simbolismo gnostico de la Navidad


Este es un evento maravilloso sobre el cual hay que meditar profundamente, ya que es cada vez menos comprendido, con el materialismo actual, la navidad se ha convertido en una fiesta sin trascendencia.

El sol físico no es más que una representación del Sol Espiritual, del Cristo Sol. Cuando los antiguos adoraban al sol, cuando le rendían culto, no se dirigían propiamente al sol físico, si no al Sol de la Media Noche, al Cristo Sol.

Incuestionablemente es el Cristo Sol quien debe guiarnos en los mundos superiores de conciencia cósmica. Todo místico que aprende a trabajar fuera del vehículo físico a voluntad, es guiado por el Sol de la Media Noche, por el Cristo Sol. Es él quien guía al iniciado, quien lo orienta, quien indica lo que debemos y lo que no debemos hacer. Estoy hablando, en el sentido esotérico más profundo.

Así como el sol físico avanza hacia el norte para dar vida a toda la creación, así también el Sol de la Media Noche (el sol espiritual, el Cristo Sol) nos da vida si aprendemos a cumplir sus mandamientos. En las Sagradas Escrituras, obviamente se habla del acontecimiento solar y esto hay que saberlo leer entre líneas.

Cada año en el Macrocosmos, se vive todo el drama del Cristo Sol. Reflexionemos en todo esto. Conviene estudiar lo que es ciertamente el drama del Cristo Cósmico; es necesario que nazca también en nosotros el Cristo Sol.

En las sagradas escrituras se habla claramente de BELEM y de un establo donde el cristo nace. Ese establo está dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Precisamente en ese establo interior moran los animales del deseo, todos esos yoes pasionarios que cargamos en nuestra psiquis.

Belem es un nombre esotérico. En los tiempos en que Jesús vino al mundo, la aldea de Belem no existía. De manera que eso es completamente simbólico. Bel es una raíz caldea que significa TORRE DE FUEGO.

Cuando el iniciado trabaja con el fuego sagrado, cuando elimina de su naturaleza íntima los agregados psíquicos o defectos psicológicos, indubitablemente ha de pasar por la INICIACIÓN VENUSTA.

El descenso del Cristo al corazón del hombre es un acontecimiento cósmico y humano de gran trascendencia que corresponde, en verdad, con la INICIACIÓN VENUSTA.

Desafortunadamente no se ha entendido lo que es el cristo. Muchos suponen que el Cristo fue exclusivamente Jesús de Nazareth, pero están equivocados. Jesús de Nazareth como hombre (o mejor dicho, Jeshua Ben Pandirá como hombre), recibió la iniciación Venusta, encarnó al Cristo, pero no solo él ha recibido tal Iniciación. Hermes Trimegistro, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, También encarnó al Cristo. Juan el Bautista, a quien muchos consideraban como el CHRISTUS, como el UNGIDO, También encarnó ese Principio Crístico Universal.

Debemos entender que el Cristo no es un sujeto, no es una persona. El cristo está más allá de la Personalidad, del YO y de la Individualidad. El cristo en esoterismo auténtico, es el LOGOS SOLAR, representado por el Sol físico. Ahora comprenderemos por que los Incas, los Nahuatl, los Egipcios, etc. Rendían culto al Cristo Sol (no se trata de una adoración al Sol físico, sino a lo que se oculta detrás de ese simbolismo). Obviamente se adoraba al LOGOS SOLAR, al segundo Logos.

Inútilmente habría nacido Jesús en Belem, si no naciera también en nuestro corazón. Inútilmente habría muerto y resucitado allá, en la Tierra Santa, si no muere y resucita también en nosotros (esa es la naturaleza del SALVADOR-SALVANDUS).

El Cristo íntimo debe salvarnos, pero salvarnos desde adentro.

Quienes aguardan la venida de un Jesús de Nazareth para un futuro cercano, están equivocados. El Cristo debe venir ahora, desde adentro. La segunda venida del Señor es desde adentro, desde el fondo mismo de la Conciencia.

Sólo el Cristo íntimo puede darnos vida y vida en abundancia, debemos pensar en el Cristo Interior.

Todo el simbolismo relacionado con el nacimiento de Jesús, es alquimista y Cabalista. Se dice que tres Reyes Magos vinieron a adorarle, guiados por una estrella. ¿Cuál es esa estrella y quiénes eran esos Reyes Magos? Yo les digo a ustedes que esa estrella no es otra que la del SELLO DE SALOMÓN, la estrella de seis puntas, símbolo del Logos Solar.

En cuanto a los tres Reyes Magos, éstos no existieron como personas; son únicamente, el símbolo de los colores de la Gran Obra, es decir de la Piedra Filosofal.

“Mucho se ha hablado sobre el Cristo histórico, mucho se ha hablado sobre Jesús de Nazareth como gran mensajero, pero ha llegado el momento de pensar en el Cristo Intimo”.

“El Cristo es una realidad de instante en instante, de momento en momento. El Cristo Intimo es lo que cuenta. El puede transformarnos totalmente, él adviene a nosotros cuando el Ego muere”.

“El momento ha llegado, en que la humanidad aprenda a comprender a fondo el Esoterismo Crístico, Solar. El instante ha llegado en que busquemos al Cristo dentro de nosotros mismos, aquí y ahora”.

SAMAEL AUN WEOR

domingo, diciembre 05, 2010

Baja Autoestima: Cómo mejorarla


Cuando hablamos de autoestima nos referimos a la valoración afectiva que hacemos de nosotros mismos. Podemos considerar que somos personas valiosas, inteligentes y con muchas cosas que aportar o por el contrario, puede que consideremos que no valemos para nada, que no nos merecemos nada e incluso podemos pensar que nadie nos querría si realmente nos conociera. En este último caso, tendremos una baja autoestima que va a condicionar de forma muy importante nuestro día a día.

La autoestima va a funcionar en nuestra vida diaria como un filtro de lo que nos sucede, es como si la autoestima fueran unas gafas de sol que llevamos siempre puestas. Si nuestra autoestima es baja o negativa entonces nuestras gafas son negras y todo lo que nos sucede lo vemos de ese color. Veamos un ejemplo, supongamos una estudiante, María, que acaba de conocer que ha suspendido un examen importante, si María tiene una autoestima alta es posible que piense: "Este profesor es un desastre, seguro que ni se ha leído el examen", o también puede pensar, "Vaya, parece que no estudié lo suficiente en la próxima apruebo". Sin embargo, si por el contrario María tiene una baja valoración de sí misma lo más probable es que piense: "Debo ser tonta, no lo voy a conseguir nunca, no valgo para estudiar". Es fácil ver la diferencia, cuando María se pone sus gafas negras (baja autoestima) va a interpretar todo lo que le ocurra como la prueba de que realmente no sirve, no tiene valía. Esto va a provocar sentimientos de tristeza, que en el peor de los casos puede llevarnos a una importante depresión.

¿Cómo puedo mejorar la Autoestima?

Lo primero que tenemos que saber es que la autoestima no es algo con lo que se nace, sino que nosotros mismos la hemos ido construyendo. Por esto mismo, es importante que sepamos que la autoestima va a cambiar a lo largo de nuestras vidas y nosotros, con nuestro trabajo, también la podemos modificar.

El requisito para mejorar nuestra autoestima es dejar de criticarnos a nosotros mismos. Es importante que identifiquemos los pensamientos del tipo: "soy inútil, "soy feo", "todo lo hago mal", "me doy asco", "si la gente me conociera de verdad, no me querría", etc. Cada vez que pensamos así, estamos maltratando duramente a nuestra autoestima. Cuando “pillemos” un pensamiento de este tipo tenemos que tratar de valorar de una forma más positiva la situación y cambiar este pensamiento por uno más racional, menos radical. Un ejemplo:

Sofía acaba de entregar un proyecto a su jefe después de dos meses trabajando en él, y éste, lo hojea por encima y le dice que tiene que cambiar un par de cosas y que se lo entregue al día siguiente. Entonces Sofía piensa: "si es que todo lo hago mal, dos meses y mi trabajo no sirve, no sé ni cómo me mantienen trabajando aquí..."


Aquí Sofía podría valorar otras posibilidades, como por ejemplo: "Genial, con lo exigente que es mi jefe solo me ha pedido dos cambios tontos, eso es que le ha gustado". O otra posibilidad: "vaya, se me había olvidado ponerlo así, bueno, será un cambio rápido y mañana lo tengo listo."

En fin, según la situación y la persona caben muchas posibilidades, pero estas no dejan de ser reales, sino que son más racionales. Si ponemos esto en práctica de forma intencional, con el tiempo será automático y nuestra alta autoestima nos ayudará a ser más positivos y, como no, más felices.

Guia de Psicología

miércoles, diciembre 01, 2010

La Iniciación venusta


La Iniciación Venusta es una iniciación especial, sólo para quienes anhelan la verdadera navidad del corazón tranquilo. La Iniciación Venusta es para los pocos, es una gracia del Logos Solar. La Iniciación venusta es la “Navidad”, cuando el Cristo en sustancia nace en el interior del ser humano. Cristo es más que un individuo, es la unidad múltiple perfecta, una fuerza universal y cósmica que encarna en aquellos que están preparados.

La ley del Logos Solar es sacrificio por la humanidad. El se sacrifica para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia. Sólo quienes se sacrifican por la humanidad pueden encarnar al cristo. Sacrificarse por la humanidad es compartir la doctrina gnóstica de todos los tiempos, dar a otros las claves para la autorrealización y el despertar de la conciencia, entregar a todas las personas en cualquier rincón de la tierra, las armas para vencer a los defectos humanos y logra la iniciación venusta.

Sólo después de haber pasado por las cinco iniciaciones de Misterios Mayores, y como una gracia, previo sacrificio por la humanidad, puede encarnarse el Cristo en nosotros. Es necesario trabajar primero con el fuego y luego con la luz. Es indispensable trabajar primero con el tercer Logos, la fuerza sexual, a través de la suprasexualidad y luego con el segundo Logos, el Cristo.

Las cinco primeras iniciaciones de Misterios Mayores son el trabajo con el fuego después viene lo mejor, la intervención del segundo Logos, la Iniciación Venusta, previo sacrificio por la humanidad. La Iniciación Venusta tiene siete grados esotéricos. Son las siete iniciaciones de luz. Relacionadas con los siete cuerpos, pues cada uno debe recibir la fuerza Cristo. Estos siete grados están representados magistralmente en la Biblia:

Primero: Nacimiento en el pesebre del mundo. El Cristo Intimo nace siempre lleno de amor por la humanidad, en ese pesebre interior que llevamos dentro de nosotros mismos, habitado desgraciadamente por los animales de las pasiones, por el yo pluralizado.

Segundo: Bautismo del iniciado en el mundo etérico, cristificación del cuerpo vital. El bautismo en el Jordán de la existencia es indispensable, las aguas de la vida limpian, transforman, bautizan.

Tercero: La transfiguración del Señor; resplandece el Cristo Intimo en la cabeza y en el rostro sideral del cuerpo astral del iniciado, como resplandeció el rostro de Moisés en el monte Nebo. La transfiguración interpreta con suma inteligencia la Ley de Moisés, enseñando a las gentes y desplegando en su trabajo todo el celo maravilloso de un Elias.

Cuarto: Entrada a Jerusalén entre palmas y fiestas, cristificación del cuerpo mental del iniciado. El Adorable, encarnado en el iniciado, predicará en las calzadas de esta gran Jerusalén del mundo, entregando a la humanidad el mensaje de la nueva era.

Quinto: El paño sagrado de la Verónica, en el cual queda grabado el rostro del Maestro. Cristificación del alma humana o cuerpo de la voluntad consciente.

Sexto: Cristificación del alma espiritual (Buddhi); eventos cósmicos formidables en la conciencia. Búddhica que desafortunadamente no quedaron escritos en los cuatro evangelios; acontecimientos del drama cósmico íntimamente relacionados con ciertos hechos de otros planetas del sistema solar.

Séptimo: El Maestro es crucificado y entrega el espíritu al Padre, entre rayos, truenos y terremotos. En la conciencia del iniciado habrá siempre eventos cósmicos formidables y, entre rayos y grandes terremotos del alma, el Señor siempre entregará su espíritu al Padre, exclamando: "Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu", y después el cuerpo al sepulcro se repetirá la resurrección a los tres días y medio.

En rigurosa síntesis, estos son los siete grados de la Iniciación Venusta. Sobre cada uno de estos siete grados se pueden escribir enormes volúmenes. El niño se verá siempre en grandes peligros; Herodes, el mundo, los tenebrosos, querrán siempre degollarlo. La madre del Señor ha sido, es y será siempre la Divina Madre Kundalini, Buddha nace de una virgen llamada Mayadevi. El Señor vendrá a nosotros caminando sobre las olas embravecidas del mar de la vida. El Señor Intimo siempre establecerá el orden en nuestra mente y devolverá a nuestros ojos la luz perdida.

El mito solar tiene dos aspectos: el primero representa la actividad cósmica del segundo Logos, el segundo aspecto viene a resumir la vida de todo individuo sagrado que se convierte en una encarnación del Cristo Cósmico. El héroe del mito solar ha sido siempre presentado en todos los tiempos como un Hombre-Dios, y su vida se desarrolla y desenvuelve conforme a la carrera del Sol, que es el vehículo cósmico del Logos Solar. El nacimiento de Mitra se celebró siempre con grandes regocijos en el solsticio de invierno. Horus, espíritu divino, hijo de Isis y Osiris, en el viejo Egipto de los faraones, nacía también en el solsticio de invierno. Existieron 136 fechas distintas asignadas al nacimiento de Jesús. Los gnósticos iniciados resolvieron con suma sabiduría fijar la fecha de nacimiento de Jesús para el 24 de Diciembre a las doce de la noche, es decir, para los primeros minutos del 25 del mismo mes.

En otro mito solar, el Divino Salvador, el Cristo Intimo de todo individuo sagrado, nace siempre de entre el vientre de la Virgen Inmaculada, la Divina Madre Kundalini; esto nos recuerda al Niño Sol del 24 ó 25 de Diciembre, avanzando, caminando hacia el norte en instantes en que la constelación de virgo, la Virgen Inmaculada, brilla resplandeciente en el cenit. El Sol, el Cristo Cósmico, en el cosmos o en el hombre, nace de entre las entrañas de la Virgen Madre Cósmica. La muerte y resurrección del Señor, en el equinoccio de primavera, está tan ampliamente difundida como su nacimiento en el solsticio de invierno. En tal época moría Osiris en manos de Tifón, y se le representaba con los brazos extendidos como si estuviera crucificado. Por esa época se lloraba cada año la muerte de Tammuz en Babilonia, y en Siria, se lloraba por Adonis, en Grecia también. En Persia se celebraba la muerte de Mitra por la misma época del equinoccio de primavera.

V.M. Samael Aun Weor.



“Busquemos la verdad, con la confianza de un niño, y la voluntad de un iniciado”

H. P. Blavatski

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