domingo, noviembre 28, 2010

La Vida


En el terreno de la vida práctica descubrimos siempre contrastes que asombran. Gentes adineradas con magnífica residencia y muchas amistades, a veces sufren espantosamente...

Humildes proletarios de pico y pala o personas de la clase media, suelen vivir a veces en completa felicidad.

Muchos archimillonarios sufren de impotencia sexual y ricas matronas lloran amargamente la infidelidad del marido...

Los ricos de la tierra parecen buitres entre jaulas de oro, por estos tiempos no pueden vivir sin "guarda-espaldas"...

Los hombres de estado arrastran cadenas, nunca están libres, andan por doquiera rodeados de gente armada hasta los dientes...

Estudiemos esta situación más detenidamente. Necesitamos saber que es la vida. Cada cual es Libre de opinar como quiera...

Digan lo que digan ciertamente nadie sabe nada, la vida resulta un problema que ninguno entiende...

Cuando las gentes desean contarnos gratuitamente la historia de su vida, citan acontecimientos, nombres y apellidos, fechas, etc., y sienten satisfacción al hacer sus relatos...

Esas pobres gentes ignoran que sus relatos están incompletos porque eventos, nombres y fechas, es tan sólo el aspecto externo de la película, falta el aspecto interno...

Es urgente conocer "estados de conciencia", a cada evento le corresponde tal o cual estado anímico.

Los estados son interiores y los eventos son exteriores, los acontecimientos externos no son todo...

Entiéndase por estados interiores las buenas o malas disposiciones, las preocupaciones, la depresión, la superstición, el temor, la sospecha, la misericordia, la auto-consideración, la sobre-estimación de Sí mismo; estados de sentirse feliz, estados de gozo, etc., etc., etc.

Incuestionablemente los estados interiores pueden corresponderse exactamente con los acontecimientos exteriores o ser originados por éstos, o no tener relación alguna con los mismos...

En todo caso estados y eventos son diferentes. No siempre los sucesos se corresponden exactamente con estados afines.

El estado interior de un evento agradable podría no corresponderse con el mismo.

El estado interior de un evento desagradable podría no corresponderse con el mismo.

Acontecimientos aguardados durante mucho tiempo, cuando vinieron sentimos que faltaba algo...

Ciertamente faltaba el correspondiente estado Interior que debía combinarse con el acontecimiento exterior...

Muchas veces el acontecimiento que no se esperaba viene a ser el que mejores momentos nos ha proporcionado...

SAMAEL AUN WEOR

jueves, noviembre 25, 2010

El Magnetismo Personal


Una antigua Ley oriental en forma moderna
Hace varios años, se pen­saba mucho y se aten­día mucho al asunto del magnetismo personal.

Diarios y revistas publi­caban consideraciones acerca del asunto en diversos artículos por varios autores; libros y folletos aparecían a cada rato, asegu­rando que trataban este asunto de ma­nera científica, y que daban instruc­ciones al estudiante acerca de sus leyes y principios.

Poco comprendido entonces, pues pa­recía que se refería a alguna extraña cualidad poseída por algunos pocos “escogidos,” y tenidos por misteriosos en su poderosa habilidad de inducir y atraer a otras personas que caían den­tro del radio de su fuerza sutil, el mag­netismo personal se convirtió en el in­strumento del charlatán, y en la en­vidia de todas aquellas personas que fracasaban en la lucha por la vida.

Algunos autores y conferencistas algo más avanzados afirmaban que conocían y enseñaban la manera secreta para poder usar esta avalancha de po­deres con el objeto de alcanzar prosperidad, salud y felicidad; pero pronto se supo lo poco que sabían, ya que no revelaron ningunas leyes ni principios verdaderos, y los ávidos investigadores tuvieron que dedicarse a descifrar ex­traños términos y frases, y a practicar ejercicios mentales tontos, quedando así llenos de esperanzas fallidas.

Pero a pesar de que se conocía muy poco acerca del magnetismo personal en aquellos días, sí existe semejante fuerza radiante y sutil procedente del cuerpo humano. Esta fuerza puede llamarse con propiedad “magnetismo personal,” porque el místico moderno, en su labo­ratorio científico, ha probado que existe un campo magnético que rodea su cuerpo y que existe dentro de su cuerpo y emana de él. Está en el cuerpo humano en virtud de aquella ley que se revela al examinar y estudiar cual­quier masa física que contiene cuali­dades magnéticas o sea magnetismo.

Es bien sabido y probado con experi­mentos científicos, que un ciego al caminar por la calle, o al moverse en su casa, no se atiene únicamente al tacto para guiarse cuando se aproxima a un muro o a cualquier otro obstáculo, y también se da cuenta claramente de la presencia de otra persona. Se ha demos­trado científicamente que el aura mag­nética se extiende tanto frente a nues­tros cuerpos físicos, que los ciegos, cuyos sentidos delicados están fuertemente desarrollados, pueden sentir verdadera­mente que sus auras magnéticas tocan un obstáculo mucho antes de que puedan alcanzar dicho obstáculo y tener contacto con él por sus cuerpos y senti­dos físicos.

Hay instrumentos delicados que han demostrado que el aura que emana del cuerpo humano se extiende hasta más de tres metros y que irradia cuando menos dos metros en todos sentidos.

Imaginaos ésto: de cada ser humano emanan radiaciones de cierta clase de fuerza o de energía, que se extienden, por lo menos dos metros y a veces hasta más de tres metros de distancia del cuerpo.

Lo que tenemos es: “¿Qué es esta aura, cómo se manifiesta, atrae o rechaza, y cómo puede manejársela?”. Antes de contestar a esta pregunta, es necesario conocer algo de los campos magnéticos de todas las cosas. Ante todo, tenemos el elec­trón, esa partícula invisible hasta ahora, que según la ciencia nos dice, forma el átomo, pero de la cual se sabe poco y sólo pueden suponerse muchas cosas, hasta donde hemos progre­sado. Sin embargo, el místico en su labora­torio ha ido más lejos que la ciencia exterior y sabe algunas cosas respecto al electrón.

Digamos, pues, que un electrón es la par­tícula más pequeña que entra en la forma­ción de la materia; hallamos que en el electrón funcionan fuerzas duales, y que estas fuerzas son positivas y negativas, lo mismo que en toda célula creadora. Las vibraciones que emanan de cualquier masa de materia trasmiten la calidad de la radiación, de acuerdo con la natu­raleza de la fuerza predominante den­tro de la masa. Así, sea cual fuere la calidad despedida por la masa, ya sea positiva o negativa, esa calidad se llama “polaridad.”

Ahora bien, cualquier masa de materia irradia una positiva o negativa, y por consiguiente, una u otra de las dos polaridades. Las vibraciones que emanan de la materia son positivas o negativas y están regidas en su polaridad por la índole o calidad predominante de las fuerzas que yacen en los electrones combinados, que son los que forman los átomos de cualquier masa de materia. Así vemos que las fuerzas positivas o negativas que están en los electrones no son iguales, sino que una u otra predomina y determina la polaridad.

Y así, las vibraciones que emanan de cualquier forma de materia, tie­nen una influencia magnética sobre toda otra forma de materia, y será atraída o rechazada por otra ma­teria, de acuerdo con la ley de las polari­dades: lo positivo atrae a lo negativo y re­chaza a lo positivo, y viceversa.

En el imán de herradura, o en otro imán permanente, ha­llamos también un buen ejemplo de la fuerza atractiva, o magnetismo, que emana de las vibra­ciones de un trozo de hierro. Extendiéndose hasta corta distancia en torno a esos imanes, existe ese campo o aura en que ocurre la atracción magnética.

Probablemente habéis hecho experimentos con imanes y habéis visto cómo el imán atrae la aguja o cual­quier otro trozo de acero, y lo hace saltar y unirse a uno de los polos del imán, tan pronto como el imán está lo suficientemente cerca para atraer la aguja con su aura magnética; tan pronto como la aguja entra en esta zona o campo de atracción, no puede resistir la fuerza e inmediatamente se ve atraída por el polo del imán y permanece allí hasta que se la arranca.

Ahora bien, el magnetismo que emana del cuerpo humano es verda­deramente magnético, en el mismo sentido en que es magnetismo el del imán ordinario, pero el término “magne­tismo,” aplicado al cuerpo humano, se usa en relación con fuerzas o energías físicas que están dentro del cuerpo, que son duales en su naturaleza, y que con­sisten de dos calidades opuestas de ener­gía, o de vitalismo, fundidas por su atracción mutua. Esta energía o vita­lismo o magnetismo, rodea el cuerpo humano, porque emana de las dos ener­gías opuestas que existen en el cuerpo humano, y de ellas deriva su esencia. La fuerza vital, es decir, la fuerza de la vida, está asociada y controlada por la mente del alma del hombre, se funde con las energías físicas, materiales, cor­porales, para crear esta aura magnética, y esta aura es de polaridad positiva o negativa, según la naturaleza de la pola­ridad predominante en su constitución. Por eso, se dice que una persona es posi­tiva o negativa.

Bajo ciertas condiciones, el aura puede verse a la simple vista. Quienes la ven con más facilidad son clarivi­dentes, pero bajo ciertas condiciones físicas, por causas naturales o científi­cas, casi todo el mundo puede ver el aura humana. Por esto, el “magnetismo personal” ya no es una fuerza mis­teriosa e invisible, la cosa intangible de hace varios años, porque ahora puede verse, medirse, sentirse, reflejarse, pe­sarse, neutralizarse, aumentarse, disminuirse, y modificarse de muchas otras maneras, ya mecánicamente, ya por medio del empleo de la voluntad humana.

Voluntad y Vibraciones

Y es aquí donde hallamos el gran secreto que tantos investigadores y pre­ceptores no pudieron descubrir en los primeros días de la historia del “mag­netismo personal.” Y es que la VOLUNTAD HUMANA, esa fuerza ex­traña, directriz, determinante, siempre a la disposición del intelecto humano, PUEDE VERDADERAMENTE Y NO TEORICAMENTE, MANEJAR Y AFECTAR LAS VIBRACIONES RA­DIANTES LLAMADAS MAGNE­TISMO PERSONAL.

¿Qué es, pues, ese magnetismo per­sonal? Tiene que estar directamente asociado o bajo la dirección de la mente o el intelecto. Tiene también que estar asociado a la energía del cuerpo hu­mano, porque hallamos que las radia­ciones magnéticas del cuerpo humano (el aura) quedan afectadas por la ín­dole o por la fuerza de la energía vital del cuerpo, y fluctúa y vacila en la misma proporción en que lo hace la vitalidad del cuerpo.

Dicho de una manera sencilla, tene­mos que acudir a la mente, que es un atributo del alma, para hallar el secreto y la clave del magnetismo personal, porque la mente y la fuerza vital están relacionadas, y la vida está bajo el con­trol directo de la mente, por lo que atañe a la “vida” y no al cuerpo.

¿Cómo se ve el aura de una persona, en condiciones apropiadas? El aura IRRADIA y se manifiesta en vibra­ciones de color. Si pudierais ver las emanaciones de las vibraciones que constituyen el aura que rodea el cuerpo humano, veríais varios colores, de di­ferentes clases y matices, cada uno de los cuales significa cierto estado físico o mental, expresado interiormente y re­flejado hacia afuera, y este reflejo ex­terioriza las vibraciones, forma el aura, y esta aura es realmente la expresión externa de la personalidad del alma, tal como está desarrollada.

Y ahí lo tenéis: una personalidad magnética, o sea magnetismo personal.

Examinemos y analicemos la per­sonalidad magnética, para llegar a al­guna conclusión con respecto a las cuali­dades, condiciones, o naturaleza de ella. Si podemos notar cualquier diferencia, al observar o analizar, hagámoslo así y analicémosla cuidadosamente.

El Aura del Niño

La primera observación que hacemos es en el niño. ¿Por qué los niños son tan maravillosamente atractivos para toda persona? ¿Qué cualidades y ex­presiones hallamos en el niño? Al atender a estas preguntas hallamos: a, sencillez; b, inocencia; c, pureza de mente; d, sinceridad; e, entusiasmo; f, confianza; g, fe absoluta; h, aprecio; i, imaginación; j, falta de duda; k, ale­gría de vivir; 1, vitalidad; m, facilidad para perdonar; n, amor por todas las cosas.

Por lo tanto, si la mente afecta o maneja directamente la fuerza vital y el aura magnética, ¿Cuál suponéis que será la naturaleza de la expresión de un niño que posee las cualidades arriba mencionadas? y casi todo niño entre los dos y los seis años de edad posee todas ellas. ¿No véis, pues, la causa de la atrac­ción de todo el mundo por la personali­dad del niño?

Hallamos aquí ciertos estados de CONCIENCIA que producen efectos definidos, por lo que respecta a las auras. Esto es así porque el niño todavía no ha tenido los suficientes contactos con el mundo para que se modi­fique su consideración acerca de la vida y las cosas, en general. A medida que el niño crece, tiene más y más contacto con la vida del mundo y con sus condi­ciones, de manera que se va acostum­brando a los convencionalismos, opi­niones, etc.

Estas cosas afectan la conciencia sen­cilla del niño y la van cambiando; la duda se infiltra, las preocupaciones comienzan a hacerse sentir; se producen temores ante ciertas personas y cosas, y en vista de todo esto el niño empieza a no expresar la sencillez de su mente, puesto que es influenciado y afectado por el medio ambiente.

Vamos a referirnos a otro tipo. Hay muchas personas de bellas facciones, cuya personalidad o magnetismo es limitado, o escaso por decirlo así. D. W. Griffith, el director de cine, dijo que la manera como él escogía a las personas para los papeles principales de sus pelí­culas, era buscando una especie de luz interior en el candidato. Con esto, quería decir que él buscaba cierta expresión o manifestación de la personali­dad, que indicaba que, por medio de la experiencia, el desarrollo y el progreso, una personalidad verdadera del alma se estaba expresando ante él; a esto llamaba él luz interior, y en esto con­sistía su prueba principal para resolver si el candidato podía o no desempeñar su papel.

Consideremos ahora dos tipos diferentes de personalidad. En el primero diremos que la persona posee gran ener­gía, y esto significa salud, fortaleza, poder, entusiasmo, actividad y amor por la vida. Sólo desea la felicidad en esta vida y trata de hacer todo lo que le lleve a una existencia de continua fe­licidad.

Por medio de los pensamien­tos apropiados, él aumenta su grado de magnetismo en polaridad positiva, y así irradia una aura positiva poderosa. Si esa persona estuviera a cuatro o cinco metros de nosotros, nos sentiríamos in­conscientemente impulsados a voltear­nos hacia él y mirarlo. Su aura radian­te magnética, o las vibraciones de su alma, nos atraerían fuertemente.

Qui­zás nos diríamos mentalmente que estábamos en presencia de alguien que es “grande”.

Por otra parte, consideremos a un hombre débil, física y mentalmente; no tanto como para que sea un defectuoso mental, sino lo suficiente para que carezca de ambición, de entusiasmo, de actividad, de salud, de fuerza, y de deseo de convertirse en el tipo más alto de hombre. Nos hallaríamos así en pre­sencia de un hombre que pasa inadvertido; de un hombre cuya aura seria muy débil y no se extendería más de unos pocos centímetros de su cuerpo.

Este hombre pensaría poco, tendría ideas de odio y de venganza contra aquellos que le impiden realizar sus deseos, o que se oponen a sus propó­sitos; sería un hombre atado por las cadenas de la hipocresía, un hombre difícil de convenir en que esta equivo­cado, aunque se le presentara la prueba más positiva de ello. Ese hombre irra­diaría una aura de polaridad negativa, tan débil, que seria casi absolutamente neutral. Esta persona tendría muy pocos amigos verdaderos, si acaso tu­viere alguno, y sería una carga para su propia familia.

Si observáis la diferencia entre estos dos tipos, hallaréis el secreto, el secreto del estado de conciencia que nos hace poseer magnetismo personal, que hemos estado buscando siempre.

Recordad que es el alma y la mente, y la conciencia del hombre, la que en DEFINITIVA determina la cualidad de su aura y de su atracción magnética. Si desde la infancia se permitiera a toda alma expresar la per­fección en todo pensamiento y en toda actividad, entonces cada uno de noso­tros estaría expresando la forma más alta posible de atracción magnética. ¿Por que? Porque EL HOMBRE ES COMO UN SOL, y el hombre, natural­mente, debería vivir con perfección, debería ser un fuego viviente, o una fuerza como de luz de sol y de amor.

¿Por qué, pues, no es el hombre magnético? Simplemente, porque el hom­bre, por regla general, esta mucho más abajo del nivel normal en que debería estar. Su vida y su pensamiento y su expresión son ANORMALES. Porque le faltan esos elementos vitales del alma, y de la conciencia, que hacen una vida perfecta e irradian las actividades del amor y de la felicidad.

Donde falta el amor en el corazón de un ser humano, toda fuerza vital falta también, de la misma manera que una planta no existe donde no tiene la nutrición de la fuerza amorosa de los rayos del sol.

El alma del hombre DESEA ex­presar sus cualidades divinas en la tierra y estas cualidades pueden resu­mirse en una sola palabra: AMOR. El amor pleno del alma, que exhibe toda su belleza, perfección. Sabiduría y gloria, hace del hombre lo que Dios dis­puso que fuera: una imagen de EL mismo.

El hombre, con su comprensión finita, objetiva, limitada, ha dividido la cualidad del Amor Divino, en pala­bras, ideas y fantasías, pero con todo eso, la Divinidad del Amor permanece sin cambio y se expresará cuando el hombre permita que su yo objetivo se haga a un lado para que así no inter­fiera con la expresión divina. Lo que el hombre llama amabilidad, paciencia, sinceridad, verdad, humildad, bondad, simpatía, comprensión, aprecio, reconocimiento y perdón, no son sino fases de una sola y misma cosa llamada Amor Divino.

¿Sería posible que uno cam­biara su polaridad negativa en una posi­tiva para adquirir así un magnetismo personal fuerte y atractivo? ¡Sí sin duda!. Para esto no es necesario más que polarizarnos junto con las fuerzas positivas, elevando nuestra conciencia gracias a los pensamientos de amor y a todo lo que contiene e implica esta palabra: vivir en paz con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, hacer todo lo que nos sea posible para ser de valor en el mundo, tratar de estar por encima de todas las peque­ñeces, tales como el odio, los celos, la vanidad, el orgullo, y dejar que el autor divino que está en nosotros se exprese exteriormente.

Es lo más fácil del mundo hacer esto, si hacemos un esfuerzo consciente, y continuamos haciéndolo, a pesar de los primeros fra­casos. Todos estamos esclavizados por los pensamientos erróneos, tenemos que romper las cadenas que nos atan, cam­biando el proceso de nuestros pensamientos y elevando nuestras ideas hacia cosas ideales más altas.

Así, si deseamos vivir una vida ra­diante, llena de vitalidad (actividad, ale­gría y amor), debemos primero suprimir de nuestra conciencia toda clase de pensamientos destructivos y permitir que nuestra alma, nuestro verdadero yo, exprese su perfección y refleje su poder y su fortaleza magnética. En­tonces, los demás reconocerán y apre­ciaran nuestras personas, porque nos habremos convertido en una fuerza en el mundo, para el mejoramiento de toda la humanidad y la gloria de Dios. Es bien sabido de todos los místicos que Dios ha dado al hombre toda la fortaleza y el poder que lo ayu­dan a progresar hacia las rosas más altas.

Ciertamente que esto es verdad, y toda persona del mundo que está en posesión de una habilidad mental ordi­naria, puede dotarse de una personali­dad radiante, magnética.

Cada uno de vosotros tiene el poder de hacer esto, pero es necesario que hagáis el esfuerzo necesario para lograrlo.

Así como el dinámico eléctrico es capaz de producir la fuerza que crea la luz y la energía, pero no puede hacerlo mientras no haya recibido la fuerza motora que lo ponga en movimiento, así vosotros, también, poseéis la habilidad de elevaros y de convertiros en lo que queráis, pero no antes de que pongáis a funcionar vues­tro poder motor, y de que hagáis todo esfuerzo consciente para perseverar.

El creador no desea y no puede ayudar a ninguno que no haga un esfuerzo cons­ciente para ayudarse a sí mismo. Pero cuando hacéis ese esfuerzo y estáis haciendo lo más que podéis (y recordad que “lo más” es más de lo que siempre habéis hecho hasta ahora) entonces recibiréis ayuda para continuar en este camino, porque con el esfuerzo v con la continuidad del esfuerzo que hacéis, vuestra alma gradualmente se irá liber­tando de las ataduras que ahora la sujetan a falsos conceptos y comenzará a expresarse libre y perfectamente, obteniendo de la fuente infinita del poder, todo lo que necesita y requiere para continuar, para producir y crear el poder que necesitáis.

Ojalá que hagáis el esfuerzo y cosechéis la recompensa del Amor Divino, que lleva al alma la Paz Profunda.

Por Royle Thurston, F.R.C.
(Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C.)

“El Rosacruz”
Septiembre de 1947

sábado, noviembre 20, 2010

Rebeldía Psicológica



No está de más recordar a nuestros lectores, que existe un punto matemático dentro de nosotros mismos...

Incuestionablemente tal punto, jamás se encuentra en el pasado, ni tampoco en el futuro...

Quien quiera descubrir ese punto misterioso, debe buscarlo aquí y ahora, dentro de sí mismo, exactamente en este instante, ni un segundo adelante, ni un segundo atrás...

Los dos palos Vertical y Horizontal de la Santa Cruz, se encuentran, en este punto...
Nos hallamos pues de instante en instante ante dos Caminos: el Horizontal y el Vertical...

Es ostensible que el Horizontal es muy "cursi", por él andan "Vicente y toda la gente", "Villegas y todo el que llega", "Don Raimundo y todo el mundo"...

Es evidente que el Vertical es diferente; es el camino los rebeldes inteligentes, el de los Revolucionarios...

Cuando uno se acuerda de sí mismo, cuando trabaja sobre sí mismo, cuando no se identifica con todos los problemas y penas de la vida, de hecho va por la Senda Vertical...

Ciertamente jamás resulta tarea fácil eliminar las emociones negativas; perder toda identificación con nuestro propio tren de vida; problemas de toda índole, negocios, deudas, pago de letras, hipotecas, teléfono, agua, luz, etc., etc., etc.

Los desocupados, aquellos que por tal o cual motivo han perdido el empleo, el trabajo, evidentemente sufren por falta de dinero y olvidar su caso, no preocuparse, ni identificarse con su propio problema, resulta de hecho espantosamente difícil.

Quienes sufren, quienes lloran, aquellos que han sido víctimas de alguna traición, de un mal pago en la vida, de una Ingratitud, de una calumnia o de algún fraude, realmente se olvidan de sí mismos, de su real Ser íntimo, se identifican completamente con su tragedia moral...

El trabajo sobre sí mismo es la característica fundamental del Camino Vertical. Nadie podría hollar la Senda de la Gran Rebeldía, si jamás trabajase sobre sí mismo...

El trabajo al que nos estamos refiriendo es de tipo Psicológico; se ocupa de cierta transformación del momento presente en que nos encontramos. Necesitamos aprender a vivir de instante en instante...

Por ejemplo, una persona que se encuentra desesperada por algún problema sentimental, económico o político obviamente se ha olvidado de sí misma...

Tal persona si se detiene un instante, si observa la situación y trata de recordarse a sí mismo y luego se esfuerza en comprender el sentido de su actitud...

Si reflexiona un poco, si piensa en que todo pasa; en que la vida es ilusoria, fugaz y en que la muerte reduce a cenizas todas las vanidades del mundo...

Si comprende que su problema en el fondo no es más que una "llamarada de petate", un fuego fatuo que pronto se apaga, verá de pronto con sorpresa que todo ha cambiado...

Transformar reacciones mecánicas es posible mediante la confrontación lógica y la Auto- Reflexión Intima del Ser...

Es evidente que las gentes reaccionan mecánicamente ante las diversas circunstancias de la vida...

¡Pobres gentes!, Suelen siempre convertirse en víctimas. Cuando alguien les adula sonríen; cuando les humillan, sufren. Insultan si se les insulta; hieren si se les hiere; nunca son libres; sus semejantes tienen poder para llevarles de la alegría a la tristeza, de la esperanza a la desesperación.

Cada persona de esas que van por el Camino Horizontal, se parece a un instrumento musical, donde cada uno de sus semejantes toca lo que le viene en gana...

Quien aprende a transformar las relaciones mecánicas, de hecho se mete por el "Camino Vertical".

Esto representa un cambio fundamental en el "Nivel de Ser" resultado extraordinario de la "Rebeldía Psicológica.

SAMAEL AUN WEOR
Psicología Revolucionaria

jueves, noviembre 18, 2010

El tesoro esta dentro de ti

Nadie sabe quién es Dios, y lo dice santo Tomás de Aquino: “Como es imposible saber la naturaleza de Dios, es imposible hablar de Dios”. No es posible comprender a Dios, porque escapa a todo razonamiento.

Me preguntan si lo que yo explico es la teología de la liberación y yo contesto que lo que yo explico es la liberación de toda teología. Yo estoy de acuerdo con la liberación, pero no con la palabra teología , para hablar de la liberación. Para liberarte, lo que necesitas es darte cuenta de tu programación y de las premisas falsas en que apoyas tus acciones.

Te enfadas. ¿Por qué te enfadas? Porque eres exigente. ¿Eres capaz de dejar esas exigencias y darte cuenta de todo esto? El conflicto viene de las insatisfacciones e intolerancias que tienes contigo mismo. Si no te aceptas a ti mismo, ¿cómo vas a tolerar a los demás? Andarás exigiéndote a ti y a los demás continuamente, y siempre insatisfecho. Si no cambias, ¡ay de ti y de los que te rodean!, pues te convertirás en un fariseo intolerante. El secreto de la liberación te llegará cuando te hartes de sufrir. Necesitas encontrar el tesoro escondido que sólo está dentro de ti.

Al hombre sabio es imposible hacerlo esclavo. La verdadera libertad está por encima de las leyes, de las razas, de políticas, de fronteras y de idiomas. Recordad aquellas palabras que dijo un sabio griego cuando iban a venderlo como esclavo: "Aquí está un maestro, ¿hay algún esclavo que desee comprarme?"

Gandhi decía que la libertad de la patria le importaba un bledo, porque lo importante era la libertad del hombre. Tenía una visión clarísima de las prioridades: primero el Creador y descubrir ese tesoro que está dentro del hombre. Decía: "Tengo para mí que el fin de la vida es la visión de Dios, y he de conseguirlo, si es preciso, sacrificándolo todo: familia, patria y hasta la vida."

Tienes que cuestionarlo todo. Cuidado con aceptar las cosas que digo sin analizarlas sinceramente, desde tu centro que no te puede engañar. No hay que tragar nada -sólo conseguirás una nueva programación encima de la que tienes-, sino cuestionarlo, analizando esto y lo opuesto. Hacerlo supone apertura. Hay que ser receptivo sin ser crédulo.

En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y
conocerás el universo y a los Dioses

Oraculo de Delfos

martes, noviembre 16, 2010

Sincronicidad


"Sin salir por la puerta
se puede conocer el mundo.
Sin mirar por la ventana
se puede conocer el camino del cielo.
Cuanto más lejos se va,
tanto menos se aprende.
Por eso el sabio
sabe sin desplazarse.
Entiende sin ver.
Realiza sin hacer."

(Lao Tsé)

Sincronicidad es un término acuñado por el psiquiatra suizo C. G. Jung, quien lo concibió para describir la singular ocurrencia de dos o más acontecimientos de igual o similar significación, sin conexión causal posible. Este principio incluye necesariamente a un sujeto que perciba y experimente en forma consciente el significado común entre un hecho del mundo interno y uno o más del mundo subjetivo. La sincronicidad se distingue así del mero sincronismo – ocurrencia simultánea de dos sucesos cualesquiera - y se opone abiertamente al principio causal predominante en la cultura occidental, dominada por el cientificismo: la ley de causa y efecto, o de acción y reacción.

Un ejemplo simple de sincronicidad sería el recordar repentinamente a un compañero de colegio del que no se ha sabido nada desde entonces; encontrarlo casualmente en la calle a las pocas horas o días, y simultáneamente leer en el diario una información referida a la profesora que enseñaba en ese curso. Si la persona vive esos tres eventos en compañía de un amigo, para éste la secuencia no significará más que hechos aislados; pero para el protagonista, todos ellos están eslabonados en relación a un tiempo específico de su pasado. El puede ver la conexión existente y otorgarle un significado. Los componentes objetivos y el subjetivo no poseen una causa común, no es posible deducir o demostrar científicamente qué genera el fenómeno. Y es que la ciencia ha avanzado en mediciones cada vez más minuciosas y microscópicas de la realidad, pero al llegar al terreno de lo subjetivo se ha encontrado en la imposibilidad de medir, reproducir, predecir o manipular las variables.

En la época en que Jung describió la sincronicidad, ésta aparecía como antónimo de la causalidad imperante, lo que no significa que esto haya sido siempre así. De hecho, en la antigüedad este término no habría sido necesario, como no lo sería el de ecología en el lenguaje de una tribu indígena del Mato Grosso. Cuando el conocimiento no estaba dividido en ciencia y humanismo, cuando el sabio se ocupaba tanto de lo terreno como de lo divino - lo primero como expresión de lo segundo - nada podía ser considerado como acausal. El estudio de la causa primera tenía el mismo sentido que el de sus consecuencias en la materia y los seres vivos, ya fuera que a aquella causa se la llamara Dios, Naturaleza o Sol. Y no nos referimos aquí a la actitud de ignorancia o inercia mental que adjudica a un ser omnipotente todo aquello que no entiende, sino a la comprensión del universo como un todo inseparable, como una gran armonía interdependiente.

Así, la sabiduría antigua, especialmente oriental, se empeñaba en comprender como afectaba el quiebre de una armonía particular a otro sistema o al conjunto, por sobre la disección de problemas aislados y su intento de resolución - in vitro – desconectados de sus relaciones naturales.

Si el mundo surgía y era sostenido a partir de un Gran Aliento fundamental, éste podría ser conocido y comprendido a través del estudio del mundo, porque estaría tan presente en lo grande como en lo pequeño, tan reflejado en los astros como en las hormigas. Nada quedaría fuera de lo que es, como nada podría estar fuera de la eternidad. Esta cosmovisión estaba naturalmente impregnada de la búsqueda trascendente de las grandes interrogantes inherentes al ser humano. Estando en el mundo, parece razonable buscar la trascendencia a través de él en un ascenso progresivamente integrador que minimice los riesgos de producir místicos desarraigados o científicos desalmados. En la antigüedad sólo merecía ser llamado sabio aquel que había sabido recorrer ambos caminos y al que, luego de una larga trayectoria en la que había comprendido suficientemente al mundo, le era posible comenzar a recibir algún conocimiento de Dios.

Aun en pueblos primitivos, en el sentido de escaso o nulo conocimiento teórico o abstracto, las personas más respetadas o veneradas de la comunidad las constituían, y constituyen, aquéllas capaces de interpretar el todo por sobre los hechos particulares, y con ello indicar las acciones necesarias para restituir la armonía perdida en cada caso. El examen de la mayoría de los métodos adivinatorios, o premonitorios, ya sea lectura de huesos calcinados o conchas de tortuga, I Ching, Tarot, etc., revela un factor común: todos ellos expresan un "momentum" global, por ello es factible de ser «leído» o interpretado por alguien que percibe su significado. Queremos decir: por alguien capaz de aprehender el Gran Aliento que en ese instante impregna todas las cosas, incluidos los objetos adivinatorios, condición "sine qua non" para que en éstos se manifieste una realidad que los trasciende.

Todo acto adivinatorio es sincronístico, ya que no puede ser demostrada una causa que condicione el acierto de la premonición. La función primordial del oráculo es revelar la correspondencia entre lo interno y lo externo de un momento dado, en un paralelismo acausal. Refiriéndose al I Ching, dice Jung: « ... quienquiera que lo haya inventado, estaba convencido de que el hexagrama obtenido en un momento determinado coincidía con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal. Para él, el hexagrama era el exponente del momento en el que se lo extraía, por cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación esencial que prevalecía en el momento en el que se originaba.»

Desgraciadamente, esta arcana concepción unificadora, sintético-intuitiva, predominante en el Este, comenzó a escindirse, en forma casi paralela al incremento de la civilización occidental. Recordemos que China tenía ya milenios de cultura cuando Europa recién estaba dejando la vida nómada. La principal causa de este cisma fueron las características inherentes al hombre occidental: razonador, inquisitivo, analítico, en suma, fragmentador del mundo. Para conocer, él separa, divide, clasifica, versus el oriental, que integra, sintetiza, recibe al mundo.

Estas peculiaridades fueron relegando cada área de conocimiento a un compartimiento separado y cada vez más infranqueable: ciencias naturales, teología, música, etc.. La fisura inicial se convirtió en grieta, y ésta en caminos francamente irreconciliables, hasta casi nuestros días: ciencia y religión; verdades que exigían ser demostrables para existir "versus" verdades de las que sería blasfemia pedir demostración, y que debían ser aceptadas mediante un acto de fe. Si para los científicos todo tenía que tener una causa conocida que produjera el efecto en estudio, Dios - o la causa primera incognoscible - quedaba instantáneamente excluido. Para los religiosos, en cambio, el testeo o manipulación de la obra de Dios era aberrante, y sólo cabía admirarla.

En una época de apogeo científico y tecnológico, sin embargo, el Dr. Jung describió un orden acausal de acontecimientos, una categoría de eventos sin conexión posible y sin predictibilidad alguna, debido a que uno de sus componentes era subjetivo y la subjetividad no se podía manipular certeramente. De la causalidad lineal, producida necesariamente en una sucesión temporal, dio un salto conceptual a la sincronicidad atemporal, en la que la conexión factual se produce sólo en la consciencia del que lo vivencia, y no en el tiempo entre A y B. La mirada causal es retro o prospectiva, tendiendo a fijar sus elementos en el tiempo, mientras la sincronicidad sólo puede suceder en el ahora transformándolo creativamente en una nueva comprensión.

Para Jung, la conexión causa-efecto es sólo estadística y como tal, relativa, y, sin embargo, ha sido el método empleado para comprender y establecer sobre la base de leyes todo el comportamiento físico, químico y biológico en la naturaleza. Este sistema deja fuera de la norma a todo lo individual, lo excepcional, lo único. Más aún - precisa Jung - el científico preformula preguntas a la naturaleza a través de experimentos prejuiciados, con lo que obtiene respuestas parciales que luego son presentadas como generalizaciones. Reflexión compartida por el científico contemporáneo , Dr. Humberto Maturana: « ... las explicaciones científicas no contienen los rasgos del fenómeno por explicar, sino que éstos resultan de los procesos que ellos implican. Por esta razón, las explicaciones científicas son proposiciones mecanicistas, y como tales, consisten en proposiciones de sistemas determinados por su estructura.»

En esto radica la distorsión. La ciencia - como otras áreas del conocimiento - en su empeño por conocer el mundo, ha elaborado leyes, ha construido abstracciones cada vez más complejas sobre la base de hipótesis, modelos y experimentaciones estadísticamente satisfactorias. 0, según Ken Wilber, ha realizado distinciones de distinciones de distinciones. El problema surge cuando se da por supuesto que esas meta- meta-demarcaciones son la realidad.

Por una parte, es falso el no considerar todos los casos individualmente, y por otra parte produce un distanciamiento enorme, con su consiguiente deformación, de la naturaleza misma de las cosas, la que es no fragmentaria. Al decir de los neurolingüistas, «el mapa no es el territorio».

La sincronicidad es por esencia incluyente, al no establecer distinciones de tiempo, espacio, ni categorías, y no imponer condiciones a su ocurrencia. Hipótesis nada descabellada si consideramos a la sincronicidad como un puente tendido entre el saber absoluto y la realidad externa, constituyendo un acontecimiento esencialmente creativo.

Acumulados estadísticamente, la distribución de sucesos sincronísticos se verifica en grupos aperiódicos, o de otro modo no serían aleatorios. En todos los casos la causalidad no ha podido ser encontrada o demostrada. Si pudiéramos conocer y establecer la existencia de la causa primera, del Gran Aliento al que hacíamos mención, desaparecería naturalmente la oposición entre causalidad y acausalidad al comprobarse el orden superior al que todos los fenómenos estarían subordinados. Así, el aparente antagonismo entre la distribución seriada, lineal, de los acontecimientos causales, y la distribución aperiódica y atemporal de las «conexiones transversales significativas» - como llamaba también Jung a la sincronicidad - quedaría abolida, siendo ambas expresiones diversas, parciales, y, por lo tanto, complementarias del Todo.

Pablo Cáceres

jueves, noviembre 11, 2010

La salud y las Emociones


¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?

El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende.

En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.

¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?

Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional.

Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?

De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.

Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?

La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.


¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?

La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?

Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?

La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?

Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.

¡Qué difícil! Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.

¿Cómo prevenir la enfermedad?

Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?

Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un enfermedad mortal y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida. Cada vez más personas sufren ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?

La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera.

La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro.

El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.

El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?

La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.

Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?

Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

Vivir el Presente.

¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?

Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?

Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor?

El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora.

El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama.

Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor. pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme. El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad. Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego. Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.



¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?

Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti. La clave entonces es amarse a sí mismo. Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.


Usa siempre tu discernimiento,

escucha tu corazón al leer un mensaje.

Solo lee los mensajes que te hagan vibrar.

Si algún mensaje te molestara sólo deséchalo.

Sigue tu verdad interna.



Jorge Carvajal, Médico Cirujano de la UNIVERSIDAD DE ANDALUCÍA - ESPAÑA, pionero de la Medicina Bioenergética en Hispanoamérica y creador de la Sintergética. Es el creador de ViaVida, sociedad destinada a la investigación, la asistencia y la docencia, que constituye la plataforma para la expansión mundial de esta nueva forma de ver la medicina.

lunes, noviembre 08, 2010

¿Por qué juzgamos a los demas?


Hay una tendencia general, de todos, a juzgar equivocadamente a todos, y eso es lamentable. Pero, ¿por qué todos juzgan a todos, y equivocadamente? ¿Cuál es el motivo? Sencillamente uno, y muy fácil de comprender: sucede que cada cual proyecta sus defectos psicológicos sobre los demás, cada cuál ve en el prójimo sus propios defectos. Los defectos que a otros endilgamos, los tenemos muy sobrados en nosotros; juzgamos a otros como nosotros somos.

¿Han oído ustedes hablar de la ANTIPATÍA MECÁNICA? Que de pronto alguien siente antipatía por alguien, sin haber motivo alguno, y entonces decimos: «ésta persona me cayó gorda», frase muy típica que usamos. Pero ¿por qué, si nunca la hemos visto, si hasta ahora nos la acaban de presentar? ¿Qué sucedió, por qué nos ha «caído tan gorda» esa persona, si ni la conocemos? Pues que le vimos la apariencia: es alta o es baja, es gorda o delgada, tiene la nariz aguileña o la tiene achatada, y ¿ese es motivo ya, como para decir que «nos cayó gorda»? ¿Qué ha sucedido?

Sencillamente hemos proyectado, sobre nuestra víctima, nuestros mismísimos defectos psicológicos. Posiblemente hemos visto, en esa persona, el defecto más grave que tenemos y a nadie le gusta verse así, dijéramos, tan escarnecido. La cruda realidad de los hechos es que tal persona se ha convertido en el espejo donde nosotros nos vemos a sí mismos, tal cual somos.

Si estamos alertas y vigilantes, si no nos identificamos con el evento, con la persona aquélla que «nos cae tan gorda», si en vez de estarla criticando nos auto-criticamos, nos auto-observamos para ver que es lo que está pasando, descubriremos que un defecto nuestro (nacido de ayer, o de antier, o de quien sabe que tiempo atrás, de otras existencias), se ha reflejado en aquella persona y por eso «nos cae tan gorda».

He ahí lo que es la antipatía mecánica: absurda en un ciento por ciento. Nosotros necesitamos aprender a vivir políticamente. El ser humano, ante todo, es un ente político, un «animal político», y el mismo hombre es un «hombre político». Si uno no sabe vivir políticamente, se crea problemas en la vida.

Uno tiene que aprender a vivir políticamente, y en vez de sentir antipatías mecánicas, vale la pena que nos investiguemos a sí mismos. Sí, en verdad que proyectamos nuestros propios defectos psicológicos sobre los demás. ¿Por qué juzgamos equivocadamente al prójimo?, ¿Porqué todos tenemos tendencia a ver, en el prójimo toda clase de defectos? Sencillamente porque proyectamos en el prójimo nuestros propios defectos, los juzgamos equivocadamente; suponemos que fulano es «así» o «asao», y resulta que ni es «así ni es «asao»: es completamente diferente, y nuestro juicio resulta equivocado, falso; vemos los hechos ajenos y tenemos la intensa tendencia a interpretarlos erróneamente, nunca somos capaces de ver los hechos ajenos con ecuanimidad, con serenidad; siempre los calificamos erróneamente.

Recuerden ustedes que hay mucha virtud en los malvados y que hay mucha maldad en los virtuosos. Los defectos que cargamos en nuestro interior, nos vuelven injustos para con el prójimo. Nosotros nos amargamos (a sí mismos) la vida con nuestros defectos, y lo más grave: se la amargamos a los demás.

Samael Aun Weor

jueves, noviembre 04, 2010

El miedo se aprende

La felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. La felicidad es tu esencia, tu estado natural y, por ello, cuando algo se interpone, la oscurece, y sufres por miedo a perderla. Te sientes mal, porque ansías aquello que eres. Es el apego a las cosas que crees que te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir. No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aun a tu madre, porque el apego es miedo, y el miedo es un impedimento para amar.

El responsable de tus enfados eres tú, pues aunque el otro haya provocado el conflicto, el apego y no el conflicto es lo que te hace sufrir. Es el miedo a la imagen que el otro haya podido hacer de ti, miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer que es una imagen la que dices amar, y miedo a que la imagen de ti, la que tú sueñas que él tenga de ti, se rompa. Todo miedo es un impedimento para que el amor surja. Y el miedo no es algo innato, sino aprendido.

El miedo es provocado por lo no existente. Tienes miedo porque te sientes amenazado por algo que ha registrado la memoria. Todo hecho que has vivido con angustia, por unas ideas que te metieron, queda registrado dentro de ti, y sale como alarma en cada situación que te lo recuerda.

No es la nueva situación la que te llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que te contaron o que has vivido anteriormente con una angustia que no has sabido resolver. Si despiertas a esto, y puedes observarlo claramente, recordando su origen, el miedo no se volverá a producir, porque eliminarás el recuerdo.

No tengáis miedo Con la religión nos han metido muchos miedos que están ahí y que hay que solucionar. "No tengáis miedo", dice Jesús en el Evangelio. Todo el Evangelio está lleno de estas advertencias: "No temáis..., no os preocupéis..., no os aflijáis..." pero nosotros hemos hecho una religión llena de tabúes y temores, llena de ideas falsas y de falsos ídolos.

Había una madre que no conseguía que su hijo pequeño regresara a casa antes del anochecer, después de jugar. Para asustarlo, le dijo que había unos espíritus que salían al camino tan pronto se ponía el sol. Desde aquel momento, el niño ya no volvió a retrasarse. Pero cuando creció tenía tanto miedo a la oscuridad y a los espíritus que no había manera de que saliera de noche. Entonces su madre le dio una medalla y lo convenció de que, mientras la llevara consigo, los espíritus no se atreverían a atacarlo. El muchacho salió a la oscuridad bien asido a su medalla. Su madre había conseguido que, además del miedo que tenía a la oscuridad y a los espíritus, se le uniese el miedo a perder la medalla.

La buena religión te enseña a liberarte de los fantasmas, y la mala a fiarte de las medallas. No metamos a Dios en los fantasmas. A Dios sólo se lo puede conocer por la vida, que es su manifestación. Él está en la verdad, y de despertar a la verdad se trata.

Anthony De Mello

lunes, noviembre 01, 2010

Los apegos


Nos han enseñado a estructurar la vida como si las circunstancias fueran permanentes, como si la existencia ideal consistiera en amarrarse a una experiencia estática, donde la realidad fuera inmutable. Aprendimos a buscar estabilidad para hallar felicidad. Y esta creencia nos ha llevado a apreciar más la rigidez de la muerte que la fluidez del movimiento de la vida. La tendencia marcada a querer repetir lo conocido es hoy el obstáculo más grande que tiene un hombre para alcanzar su apertura de conciencia, y representa una fórmula muy eficaz para producir estancamiento.

La vida marca ciclos de aprendizaje. Cuando uno de ellos se completa y todo se derrumba, debemos tener la sabiduría de seguir adelante sin mirar atrás. La experiencia bien vivida entrega para liberarse: dejamos ir nuestra infancia y la relación de dependencia con los padres; la adolescencia y el despertar de la primavera. Muchas veces quedan atrás también las relaciones de pareja, porque el compañero muere o se divorcia. Los hijos se van del hogar y dejan un vacío. Para todos nosotros hay tiempos de abundancia y de escasez; de alborotada juventud y de soledad en la vejez. Estos cambios son etapas que debemos recorrer inexorablemente, porque toda semilla debe nacer, crecer, florecer y dar su fruto.

En la naturaleza solo el hombre no acepta bien el cambio y la separación. Parece no saber que para poder avanzar es preciso soltar. Por eso cuando la realidad cambia, el ser que no es capaz de vaciarse de lo viejo se queda rezagado. Nadie nos enseña que hay un trabajo conciente que hacer, para liberarse de las ataduras del pasado y deshacerse del exceso de equipaje antes de continuar la marcha. Un ciclo de vida concluye y la realidad cambia, pero la mayoría de los individuos se quedan atorados en la añoranza de recuerdos que les condena a una vida sin propósito, porque están ciegos para disfrutar del regalo de un nuevo amanecer.

Cuando existe una dicotomía entre lo que es y lo que uno desearía que fuera, se crean estados de angustia, insatisfacción, dolor, miedo y resentimientos que deben ser sanados. El individuo, que vive fragmentado, debe volver a la unidad y esta solo se alcanza sabiendo cuál es la enseñanza evolutiva escondida tras cada ciclo de experiencias. Cuando lo conocido se derrumba y el horizonte cambia, es importante preguntarnos ¿qué debo aprender ahora? ¿cuál es la razón para que el universo me haya colocado en esta situación?

Para disolver apegos es necesario un cierre. Lo que quedó atrás no debe ser alimentado con la energía del pensamiento por más tiempo. No es posible avanzar por el camino con la mirada fija en el espejo retrovisor. Cuando hay obsesión con imágenes repetitivas, que vienen del pasado, es señal de que todavía queda algo pendiente por disolver y transformar. Entonces, con la ceremonia del perdón sanamos viejas heridas, aquellas que solo con el roce del recuerdo sangran nuevamente. También podemos trabajar en la aceptación de la desaparición de un ser querido. O reconsiderar nuestras quejas, que seguramente se reducen a que alguien cercano a nuestro corazón no cumplió bien con el rol que le asignamos, nuestra es la tarea de aceptar que cada ser nace con el derecho y la libertad de ser él mismo.

Hortensia Galvis Ramírez
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