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sábado, julio 30, 2016

Terapia Musical



Se sabe de los efectos curativos de la música. En la actualidad la música se usa con bases científicas para obtener cambios físicos, de conducta y emocionales, tanto en niños como en adultos y personas de la tercera edad para mejorar síntomas y secuelas de algunos padecimientos y para mejorar la calidad de vida de todas las personas. 

Podríamos mencionar la musicoterapia, definida como “el uso de la música para mejorar el funcionamiento físico, psicológico, intelectual o social de personas que tienen problemas de salud o educativos“ ( Bruscia, KE. Defining Music Therapy, NH: Barcelona Publishers, 1998).

 La musicoterapia además de tratar diferentes problemas físicos, emocionales, intelectuales o sociales, también se usa con personas que no están enfermas o que no tienen algún problema, para mejorar el bienestar personal, para desarrollar la creatividad, mejorar el aprendizaje, mejorar las relaciones interpersonales y para el manejo del estrés.

Es claramente evidente que la Nueva Era está produciendo una nueva ciencia de curación; de todos modos, podemos decir que es nueva. Aunque sus elementos básicos son más antiguos que Pitágoras, nuestra era está redescubriéndolos de una manera únicamente suya. Esta nueva versión es, y sin embargo no es, la ciencia musical de los Misterios. La evolución recapitula espiralmente; y, en cada arco ascendente del espiral, el antiguo conocimiento reaparece en una forma más avanzada.

El famoso médico griego Hipócrates administraba tratamientos musicales a sus pacientes hacia el año 400 A.C.; no obstante este tipo de tratamiento no se originó con él, sino simplemente encontró en él un exponente de primer orden. Con el crecimiento materialista de la civilización occidental, los mayores dogmas de la antigua terapia musical han sido olvidados o deliberadamente descartados.

Las guerras han sido descritas como “operaciones para la catarata espiritual”. A pesar de su horror y fealdad – o mejor dicho, a causa de ellos – el hombre se vuelve hacia adentro para consolarse y fortalecerse. El busca consuelo en las cosas bellas y verdaderas pues éstas son del alma. Así, durante el curso de la última guerra ambos prácticamente ortodoxos y heterodoxos usaron la música más y más para ministerios de curación.

Los miembros de la fraternidad médica están empezando a reconocer a la terapia musical como una rama científica de práctica curativa. Incluso algunos han admitido que la terapia musical puede tener grandes posibilidades. Esto apunta a notables avances en las técnicas de la Nueva Era que sin duda han sido aceleradas por la urgente necesidad del mundo de grandes medidas terapéuticas.

Hablando ante una convención de la Asociación Nacional de Maestros de Música, el Dr. Ira Altschuler, del Hospital Estatal Eloise de Michigan, dijo que eventualmente un terapista musical compondrá prescripciones según la manera de un farmacéutico, y que todas las prescripciones musicales deberían ser escritas por personas que tengan un claro conocimiento y comprensión del mecanismo emocional y mental del hombre. Más adelante declararía que consideraba a la neurosis como el gran flagelo de la Segunda Guerra Mundial, denunciando que dos tercios de las licencias del ejército fueron debido a esta enfermedad.


En un artículo intitulado La Música es Medicina, Doren Antrim escribe: “Se ha encontrado que las vibraciones musicales producen su impacto sobre todo el cuerpo, siendo recogidas por los nervios, la columna espinal y aun por los huesos. Esto explica porqué las personas sordas pueden reaccionar a la música. También se ha demostrado”, el continúa, “que la música afecta al pulso, la respiración y la presión sanguínea; pero sus efectos más profundos, y aquellos de los cuales se deriva la mayoría de sus propiedades curativas, son mentales y emocionales. Y puesto que la disposición emocional de cada persona es diferente, la terapia musical debe necesariamente ser un asunto de prescripción individual”.


A propósito de lo anterior, este extracto es de un artículo aparecido en la prensa hace algún tiempo: “¿No le gustaría surtir la prescripción del doctor en la tienda de música más que en la farmacia…una sinfonía o sonata para su sinusitis, algo de Debussy para la sensación de debilidad, Bach para el dolor en su espalda, y Mozart para las paperas y el sarampión?

Siempre se ha supuesto que la música podría mezclarse con la medicina, pero sólo recientemente se ha hecho algún intento organizado a gran escala para determinar justo la dosis apropiada”.

CANCIÓN DE LOS RITMOS PLANETARIOS

“El Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Así el inspirado Apóstol Juan entonaba su inmortal Canción de los Ritmos Planetarios. Desde el más diminuto átomo a la estrella más grande, cada manifestación es un eco de ese Verbo creativo, y cada célula del organismo humano vibra al ritmo de este canto universal. Es la ley fundamental de la salud, y por ella fue hecho el hombre “a la imagen y semejanza de Dios”. Había él continuado para vivir en armonía con ella, la enfermedad y las malformaciones corporales habrían sido desconocidas para él.

En el cuerpo etéreo se centran las fuerzas que animan el vehículo físico del hombre, así la enfermedad se evidencia en el etéreo antes de que se manifieste en el físico. El etéreo, compuesto de sustancias más finas y más tenues que el físico, está correspondientemente más sujeto a las influencias vibratorias. Es sobre el anterior que la armonía y el ritmo tienen el más potente efecto. La buena música reajusta su estructura molecular según el plan divino original, el arquetipo, y refina y acentúa sus corrientes vibratorias. Todas las formas de belleza y armonía aumentan este proceso regenerador.

ORIGEN Y EXPANSIÓN DE LA TERAPIA MUSICAL

La fuerte tendencia moderna hacia el tratamiento musical de muchas formas de enfermedad, en especial dolencias mentales y nerviosas, no es realmente nueva. Tiene un precedente de muchas centurias. Por ejemplo, documentos egipcios desenterrados en Kahum mencionan el uso de tratamientos musicales allá por el 2500 A.C. Tales, seis centurias antes de Cristo, habla de curar la peste con canciones. Felipe V de España hallaba que cuatro canciones cantadas a él cada tarde aliviaban su apatía mental.

La Nueva Era en desarrollo está recapturando las ciencias largamente olvidadas, la terapia musical entre ellas. En 400 A.C. Hipócrates, el “padre de la medicina”, llevaba a sus pacientes mentales a escuchar música en el Templo de Esculapio, el Dios de la Salud. Homero escribió que la música causaba una cesación de la hemorragia de Ulises. El toque de la flauta era recomendado por los griegos primitivos como remedio para la ciática.

Durante su Era Dorada, Grecia fue el hogar del arte y la belleza. Mucha de su sabiduría será traída a la luz en la Era Acuariana, cuando habrá un renacimiento del arte y la belleza en un nivel todavía más elevado. Una vez más los caminos del artista y del curandero se están juntando. Ser bello es ser sano, y ser sano es estar en armonía con la naturaleza. Como Keats, un inspirado poeta, canta:

La musicoterapia les permite a las personas:
• Explorar sus sentimientos
• Hacer cambios positivos en su estado de ánimo y en su estado emocional
• Desarrollar un sentido de control de sus vidas a través de experiencias de éxito
• Aprender o poner en práctica habilidades para resolver problemas y conflictos
• Mejorar las habilidades de socialización.

Belleza es verdad, verdad es belleza – que es todo
lo que sabes en la tierra, y todo lo que necesitas saber

Corinne Heline

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