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domingo, abril 05, 2015

La violencia - El Diario de Krishnamurti




Brockwood Park - Octubre 10, 1973

Las lluvias llegaron y se fueron, y las enormes piedras resplandecían al sol de la mañana. Había agua en los lechos secos de los ríos y el suelo se regocijaba nueva­mente; la tierra estaba más roja y cada arbusto, cada brizna de hierba estaban más verdes, y en los árboles de raíces profundas aparecían hojas nuevas. El ganado co­menzaba a engordar y los aldeanos se veían menos escuálidos. Estos cerros son tan antiguos como la tierra, y los enormes pedruscos parecen haber sido puestos ahí con esmerado equilibrio. Hacia el este hay un cerro que tiene la configuración de una gran plataforma, sobre la cual han construido un templo cuadrado.

Los niños de la aldea caminaban varias millas para aprender a leer y escribir; había aquí una niña pequeña que se dirigía completamente sola y con el rostro radian­te, a la escuela de la aldea más próxima, llevando en una mano un libro y en la otra un poco de comida. Cuando nos cruzamos se detuvo, tímida e inquisitiva, si hubiéra­mos permanecido así por más tiempo habría llegado tarde a su escuela. Los arrozales se veían sorprendentemente verdes. Era una larga, apacible mañana.

Dos cuervos estaban riñendo en lo alto, graznando destrozándose uno a otro. En el aire no había suficiente apoyo, de manera que bajaron a tierra para seguir pe­leando. Por el suelo comenzaron a volar plumas y la lucha empezó a ponerse muy seria. De pronto, cerca de una docena de otros cuervos descendió sobre ellos y puso fin a la pelea. Después de una cantidad de grazni­dos y regaños, desaparecieron todos entre los árboles.

La violencia está en todas partes, tanto entre los alta­mente educados como entre los más primitivos, entre los intelectuales y entre los sentimentales. Ni la educación ni las religiones organizadas han sido capaces de amansar al hombre; por el contrario, han sido las responsables de las guerras, las torturas, los campos de concentración y la matanza de animales en la tierra y en el mar. Cuanto más progresa, más cruel parece volverse el hombre. La política se ha convertido en gangsterismo, un grupo contra otro grupo; el nacionalismo nos ha conducido a la guerra, hay guerras económicas, hay odios personales, hay violencia. El hombre no parece aprender nada de la experiencia y el conocimiento, y la violencia prosigue en todas sus formas. ¿Qué lugar ocupa el conocimiento en la transformación del hombre y de su sociedad?

La energía que se ha dedicado a la acumulación de co­nocimientos, no ha cambiado al hombre, no ha puesto fin a la violencia. La energía que se ha invertido en mi­llares de explicaciones de por qué el hombre es tan agre­sivo, tan brutal e insensible, no ha puesto fin a su crueldad. La energía que se ha gastado en analizar las causas de su insana destrucción, de su placer en la vio­lencia, de su sadismo, de su pendenciera actividad, en modo alguno ha hecho que el hombre sea más benévolo y considerado. A pesar de todas las palabras y los libros, de las amenazas y los castigos, el hombre continúa con su violencia.

La violencia no está sólo en el matar, en la bomba, en los cambios revolucionarios que se producen me­diante derramamientos de sangre; es más profunda y sutil. El conformismo y la imitación son indicaciones de violencia; la imposición y aceptación de la autori­dad, indican violencia; la ambición y la competencia son una expresión de esta condición agresiva, de esta crueldad, y la comparación engendra envidia con su animosidad y su odio. Donde hay conflicto, interno o externo, ahí está el terreno para la violencia. La división en todas sus formas trae consigo lucha y sufrimiento.

Todos conocemos esto; hemos leído sobre las accio­nes de la violencia, las hemos visto en nosotros mismos y alrededor de nosotros, hemos oído mucho al respecto y, no obstante, la violencia no se ha terminado. ¿Por qué? Las explicaciones acerca de las causas de una con­ducta semejante no tienen real significación. Si nos com­placemos en ellas, estamos derrochando la energía que necesitamos a fin de superar la violencia. Necesitamos de toda nuestra energía para enfrentarnos a la energía que se disipa en la violencia e ir más allá de ella.

Contro­lar la violencia es otra forma de violencia, porque el con­trolador es lo controlado. En la atención total, que es la suma íntegra de la energía, llega a su fin la violencia en todas sus formas. La atención no es una palabra, no es una formula abstracta del pensamiento, sino una acción en la vida cotidiana. La acción no es una ideología porque si la acción es el resultado de una ideología, con­duce a la violencia.

Después de las lluvias, el río pasa alrededor de cada piedra, de cada ciudad y aldea, y por contaminado que se encuentre, se purifica a sí mismo corriendo a través de valles, desfiladeros y praderas.


Jiddu Krishnamurti


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