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miércoles, diciembre 01, 2010

La Iniciación venusta


La Iniciación Venusta es una iniciación especial, sólo para quienes anhelan la verdadera navidad del corazón tranquilo. La Iniciación Venusta es para los pocos, es una gracia del Logos Solar. La Iniciación venusta es la “Navidad”, cuando el Cristo en sustancia nace en el interior del ser humano. Cristo es más que un individuo, es la unidad múltiple perfecta, una fuerza universal y cósmica que encarna en aquellos que están preparados.

La ley del Logos Solar es sacrificio por la humanidad. El se sacrifica para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia. Sólo quienes se sacrifican por la humanidad pueden encarnar al cristo. Sacrificarse por la humanidad es compartir la doctrina gnóstica de todos los tiempos, dar a otros las claves para la autorrealización y el despertar de la conciencia, entregar a todas las personas en cualquier rincón de la tierra, las armas para vencer a los defectos humanos y logra la iniciación venusta.

Sólo después de haber pasado por las cinco iniciaciones de Misterios Mayores, y como una gracia, previo sacrificio por la humanidad, puede encarnarse el Cristo en nosotros. Es necesario trabajar primero con el fuego y luego con la luz. Es indispensable trabajar primero con el tercer Logos, la fuerza sexual, a través de la suprasexualidad y luego con el segundo Logos, el Cristo.

Las cinco primeras iniciaciones de Misterios Mayores son el trabajo con el fuego después viene lo mejor, la intervención del segundo Logos, la Iniciación Venusta, previo sacrificio por la humanidad. La Iniciación Venusta tiene siete grados esotéricos. Son las siete iniciaciones de luz. Relacionadas con los siete cuerpos, pues cada uno debe recibir la fuerza Cristo. Estos siete grados están representados magistralmente en la Biblia:

Primero: Nacimiento en el pesebre del mundo. El Cristo Intimo nace siempre lleno de amor por la humanidad, en ese pesebre interior que llevamos dentro de nosotros mismos, habitado desgraciadamente por los animales de las pasiones, por el yo pluralizado.

Segundo: Bautismo del iniciado en el mundo etérico, cristificación del cuerpo vital. El bautismo en el Jordán de la existencia es indispensable, las aguas de la vida limpian, transforman, bautizan.

Tercero: La transfiguración del Señor; resplandece el Cristo Intimo en la cabeza y en el rostro sideral del cuerpo astral del iniciado, como resplandeció el rostro de Moisés en el monte Nebo. La transfiguración interpreta con suma inteligencia la Ley de Moisés, enseñando a las gentes y desplegando en su trabajo todo el celo maravilloso de un Elias.

Cuarto: Entrada a Jerusalén entre palmas y fiestas, cristificación del cuerpo mental del iniciado. El Adorable, encarnado en el iniciado, predicará en las calzadas de esta gran Jerusalén del mundo, entregando a la humanidad el mensaje de la nueva era.

Quinto: El paño sagrado de la Verónica, en el cual queda grabado el rostro del Maestro. Cristificación del alma humana o cuerpo de la voluntad consciente.

Sexto: Cristificación del alma espiritual (Buddhi); eventos cósmicos formidables en la conciencia. Búddhica que desafortunadamente no quedaron escritos en los cuatro evangelios; acontecimientos del drama cósmico íntimamente relacionados con ciertos hechos de otros planetas del sistema solar.

Séptimo: El Maestro es crucificado y entrega el espíritu al Padre, entre rayos, truenos y terremotos. En la conciencia del iniciado habrá siempre eventos cósmicos formidables y, entre rayos y grandes terremotos del alma, el Señor siempre entregará su espíritu al Padre, exclamando: "Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu", y después el cuerpo al sepulcro se repetirá la resurrección a los tres días y medio.

En rigurosa síntesis, estos son los siete grados de la Iniciación Venusta. Sobre cada uno de estos siete grados se pueden escribir enormes volúmenes. El niño se verá siempre en grandes peligros; Herodes, el mundo, los tenebrosos, querrán siempre degollarlo. La madre del Señor ha sido, es y será siempre la Divina Madre Kundalini, Buddha nace de una virgen llamada Mayadevi. El Señor vendrá a nosotros caminando sobre las olas embravecidas del mar de la vida. El Señor Intimo siempre establecerá el orden en nuestra mente y devolverá a nuestros ojos la luz perdida.

El mito solar tiene dos aspectos: el primero representa la actividad cósmica del segundo Logos, el segundo aspecto viene a resumir la vida de todo individuo sagrado que se convierte en una encarnación del Cristo Cósmico. El héroe del mito solar ha sido siempre presentado en todos los tiempos como un Hombre-Dios, y su vida se desarrolla y desenvuelve conforme a la carrera del Sol, que es el vehículo cósmico del Logos Solar. El nacimiento de Mitra se celebró siempre con grandes regocijos en el solsticio de invierno. Horus, espíritu divino, hijo de Isis y Osiris, en el viejo Egipto de los faraones, nacía también en el solsticio de invierno. Existieron 136 fechas distintas asignadas al nacimiento de Jesús. Los gnósticos iniciados resolvieron con suma sabiduría fijar la fecha de nacimiento de Jesús para el 24 de Diciembre a las doce de la noche, es decir, para los primeros minutos del 25 del mismo mes.

En otro mito solar, el Divino Salvador, el Cristo Intimo de todo individuo sagrado, nace siempre de entre el vientre de la Virgen Inmaculada, la Divina Madre Kundalini; esto nos recuerda al Niño Sol del 24 ó 25 de Diciembre, avanzando, caminando hacia el norte en instantes en que la constelación de virgo, la Virgen Inmaculada, brilla resplandeciente en el cenit. El Sol, el Cristo Cósmico, en el cosmos o en el hombre, nace de entre las entrañas de la Virgen Madre Cósmica. La muerte y resurrección del Señor, en el equinoccio de primavera, está tan ampliamente difundida como su nacimiento en el solsticio de invierno. En tal época moría Osiris en manos de Tifón, y se le representaba con los brazos extendidos como si estuviera crucificado. Por esa época se lloraba cada año la muerte de Tammuz en Babilonia, y en Siria, se lloraba por Adonis, en Grecia también. En Persia se celebraba la muerte de Mitra por la misma época del equinoccio de primavera.

V.M. Samael Aun Weor.



“Busquemos la verdad, con la confianza de un niño, y la voluntad de un iniciado”

H. P. Blavatski

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