viernes, abril 09, 2010

La conciencia

La inteligencia es una cualidad que tanto la expresa el abogado como el ama de casa, el albañil como la doctora o el mecánico como la dependienta, es la cualidad de mezclar los justos ingredientes en el momento adecuado y mediante la intuición del resultado final pero sin llegar a verlo nunca, porque si se encuentra en una constante creación no tiene la atención en lo creado. Blavatsky en el mismo texto anterior pg. 199 dice: “Al analizar el estudiante su naturaleza debe advertir si está bien desarrollada su inteligencia observando si le resulta repugnante todo lo que se le presente a la luz del intelecto pues, de ser así, es seguro que su aspecto emocional prevalece contra el intelectual, ya que el equilibrio nunca se resiente ante la clara luz de la inteligencia ni ante la fuerza impulsora de la impelente emoción. Ha de advertir la acción en contra del frío examen intelectual y la simpatía hacia la emoción.”

Luego la inteligencia no depende de la posición social ni del rol, de la categoría profesional ni de la clase de estudios, sino de la intención. Y la intención solo puede circular en una de dos direcciones: o hacia sí mismo y le convierte en puro egoísmo materializándose cada vez más, o hacia todo lo que le rodea y se convierte en luz, espiritualizándose cada vez más. En el caso egoísta se hace más denso cada vez y sus cuerpos físico, astral y mental, se llenan de materiales más pesados hasta que sus órganos físicos están abarrotados por tener dificultad de eliminar lo que atrae hacia sí. En el caso de que circule hacia el exterior impulsado por el aspecto altruista se modela con materiales más livianos y sutiles pasando de encarnación en encarnación por estructuras más espirituales cada vez, más gaseosas y menos minerales, para que la frecuencia vibratoria aumente, y esa frecuencia no es otra cosa sino la capacidad de atraer para repeler de inmediato sin retener nada para sí. Ello es la radiación espiritual.

La característica del hombre que lo diferencia del animal es el proceso de la individualización lo llevamos practicando desde la Raza Lemur, el progreso es siempre ascendente y a mayor sutilidad empleando cada vez materiales de mejor calidad. Pero esos materiales habrá que crearlos y para ello deberá el hombre iniciar el proceso de su conciencia personal y llegar a la individualidad humana, como decía Rudolf Steiner.

Este proceso se realiza a través de la energía del centro cardíaco con el órgano del corazón, y el corazón trabaja con el cerebro, no con la emoción. La emoción no puede desarrollar la inteligencia, el cerebro si. Debemos atrevernos a entrar ya en la consideración de cómo actúa la conciencia para producir formas mentales, emocionales o físicas, penetrando en sus más recónditos lugares hasta llegar a los primigenios, a las causas.

En primer lugar tendremos que delimitar el campo de actuación de la actividad de la conciencia y la Dra. Annie Besant, en su “Estudio sobre la conciencia” pg. 11 dice así: “En un sistema solar existe materia en siete planos, los tres primeros, físico, astral y mental, sirven para el normal curso evolutivo de la humanidad. Los dos siguientes, el búdico y el átmico, corresponden a la sabiduría y poder y son de naturaleza espiritual … Estos cinco planos forman el campo evolutivo de la conciencia, hasta que lo humano se expande hacia lo divino”. En esos cinco planos pues, consideramos nuestra actividad inteligente entre la vida y la forma.

De la misma manera que la Dra. Besant nos descubre la limitación de la actividad de nuestra conciencia a los cinco primeros planos comenzando desde el físico, A. A. Bailey en su “Fuego Cósmico” pg. 912 también delimita esta actividad enumerando tres leyes que la rigen: “La Ley de Economía rige la polaridad negativa, la de Síntesis la positiva y la de Atracción es el contacto entre ambas al fundirse … produciendo la autoconciencia a través de la comprensión … manifestándose como magnetismo … La Ley de Economía es la del electrón negativo, la de Síntesis es la del núcleo central y la de Atracción es el aspecto “alma”, Hijo o relación entre las anteriores… el primer efecto que produce la Atracción es la asociación, … el segundo es la construcción de formas alrededor de un núcleo central”.

La Ley de Economía es la que rige el reino dévico o angélico, constituye la energía de la materia en los tres planos de manifestación, el físico, astral y el mental. Es la ley de la medida. Es la electricidad de polaridad negativa, la misma que se manifiesta al frotar un vidrio con un paño de seda, el vidrio transmite electrones a la seda que quedará cargada con esa electricidad negativa, y que es la misma que la angélica, mientras que el vidrio se queda cargado con una electricidad de polaridad positiva que es la misma que la energía de la Ley de Síntesis, la de las mónadas humanas que se expresan a través de la personalidad y cuando ello ocurre, cuando es el espíritu humano el que dirige a la personalidad y no los impulsos de la materia, es entonces cuando lo positivo hace contacto con lo negativo, el hombre y el ángel dialogan, y se hace la luz.

Luego no tenemos tan alejadas las polaridades eléctricas ni son términos tan misteriosos ni incomprensibles, sino que son reales y perceptibles a poco que intentemos comprenderlos mediante la atención en lo misterioso y no en lo cotidiano y común. El misterio es individual y nadie si no es el propio individuo puede descubrirlo, mientras que lo cotidiano y común es para todos igual, por lo tanto puede ser dirigido y controlado. La gloria del descubrimiento es un derecho de cada cual, mientras que el impulso de lo socializado es para todos lo mismo anulando ese derecho a descubrir.

Esta luz, el alma, es la energía de la Ley de Atracción que se manifiesta como la fuerza del magnetismo. Si hacemos pasar una corriente eléctrica a través de una barra de hierro dulce, el primer efecto que se produce es una asociación u organización, pues las cargas eléctricas positivas se unen en uno de los extremos de la barra y las negativas en el otro, aparece el imán, cuyo poder es el magnético, atrae y repele. La Ley de Atracción es ese magnetismo que produce la electricidad de la voluntad al pasar sobre la personalidad que, como materia que es (como el hierro dulce), queda imantada. Su luz es la radiación espiritual, es su servicio a la humanidad.

Ya vamos perfilando la forma que construye la conciencia: primero asocia las cargas positivas en un extremo (es la parte espiritual), y las negativas en el otro (son la parte de la personalidad o material), siendo el extremo positivo el núcleo como parte interior y el negativo es la periferia o exterior, siendo la Ley de Síntesis la que presta su fuerza para asociar las cargas positivas y la Ley de Economía para las negativas. Cuando ello ocurre y por contacto entre ambas partes positiva y negativa, se manifiesta la Ley de Atracción con su poder magnético, que atrae y repele al mismo tiempo. La conciencia es ese poder magnético regido por la Ley de Atracción y se percibe como luz en cada uno de los cinco planos en los que se desarrolla. Y a esta conciencia en el reino humano le llamamos autoconciencia.

La autoconciencia, utilizando la analogía, supone incorporar al subconsciente humano el cuerpo físico con su correcto actuar, el cuerpo astral con su correcto sentir y el mental con su correcto pensar. De la misma manera que se hace la digestión de forma automática o late el corazón para oxigenar a las células del cuerpo, el cuerpo astral deberá proporcionar correctos sentimientos y el mental correctos pensamientos. Cuando los tres cuerpos funcionen como lo hace el estómago o el corazón, la humanidad será autoconsciente liberando a todos los devas elementales de la tierra, del aire, del agua y del fuego que podrán estructurar en los cuerpos de los reinos animal, vegetal y mineral mediante las directrices de un reino superior a ellos, el humano. Tal es arriba como abajo, por lo que la analogía podrá aplicarse hacia arriba y hacia abajo.

Eloy Millet Monzó
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