viernes, enero 01, 2010

Verdadera Espiritualidad

Para emplear la metáfora, se han planeado edificios suntuosos para luego vivir en chabolas ruinosas. Desde el nacimiento de la filosofía, frente al análisis intelectual que ha dominado en occidente, ha habido sin embargo un hilo conductor que ha desarrollado la vía intuitiva y experimental del conocimiento. Omraam M Aivanhov retoma esta tradición que tiene sus orígenes en Hermes Trismegisto, la orden de Melquisedec y que enlaza con la visión apocalíptica de unos Nuevos Tiempos, propia del esoterismo hindú -tras el Kali Yuga y su nuevo avatar, Kalki- y en la que el arcángel S Miguel, según la tradición cristiana en este caso, desarrollará un papel protagónico.

Algunos ejemplos concretos pueden permitirnos aclarar la diferencia entre la filosofía iniciática y la cultura académica oficial. Por ejemplo, en la obra Alcibíades, de Platón, Sócrates afirma algunas cosas muy importantes sobre el famoso axioma del Conócete a ti mismo, escrita sobre una columna del templo de Delfos:

1. Sólo quién se conoce a si mismo es justo y templado.
2. Para conocernos tenemos que fijarnos en lo divino que está dentro de nosotros.
3. sólo quién se conoce a si mismo es justo y templado y puede por tanto gobernar la Ciudad.

Sócrates, en dicho diálogo con Alcibíades, afirma una cosa extraordinaria: ¡para gobernar bien una colectividad hace falta conocerse a si mismo, es decir, conocer el lado divino que está en cada uno de nosotros!

El académico, con respecto de esta importante afirmación, quitará lo esencial en cuánto que se limitará a hacer análisis exegéticos, etimológicas, comparaciones con otros autores o filosofías... no comprenderá con el alma y con el espíritu o bien, a diferencia del que busca la comprensión iniciática, no tratará de experimentar y averiguar en sus mismos sentimientos, pensamientos y comportamientos, el conocimiento de lo divino al que Platón alude. En este sentido Aivanhov observa, tomemos un fruto, una naranja, por ejemplo: una cosa es medir sus dimensiones, el peso, estudiar los colores, y otra cosa muy distinta es degustarla, comerla, saborearla, sentir la energía que nos transmite.

El conocimiento exterior, intelectual, se para en el estudio exterior de la naranja pero no llega nunca a saber como es efectivamente la naranja, porque se olvida de comerla. Imaginaros a un hombre que se encuentra dentro de una esfera y otro en su exterior. El que se encuentra en el interior, naturalmente la verá cóncava, mientras que contrariamente quien está en el exterior, la verá convexa.

Los dos discutirán y se pelearán sin ponerse de acuerdo. Ahora interpretamos esta imagen. Supongamos que el que está dentro de la esfera es el corazón; él observa la vida desde dentro, subjetivamente o bien mediante la emoción, el sentimiento o la sensación. El que está en el exterior es el intelecto, quien observa desde fuera las cosas objetivamente y racionalmente. Por eso entre el corazón y el intelecto, como entre la religión y la ciencia siguen perpetuándose discusiones interminables y seculares. ¿Quién dice lo auténtico? Ambos, pero cada uno al cincuenta por ciento. Si ahora un tercer observador llegara y dijera: La esfera es tanto cóncava como convexa, los dos primeros, en este punto, se preocuparían y lo considerarían un insensato.

En realidad, este último es un sabio que contempla la verdad en su entereza. Representa la intuición que tiene la capacidad de reunir pensamiento y sentimiento para ver al mismo tiempo las cosas del interior y del exterior. Por conocer la verdadera realidad de las cosas, es al mismo tiempo objetiva y subjetiva, al mismo tiempo interior y externo (Mikhael, en Pensamientos Cotidianos).

También el hombre de la calle, inducido por la cultura oficial a vivir separado del justo Si Superior, no supondrá normal conocer y vivir lo divino y jamás creerá normal que el hombre político tenga que llevar, de manera preventiva, un recorrido espiritual en el sentido indicado por Platón. Sin embargo, Platón está en los programas educativos y, pese a la distancia de siglos, es objeto de estudio y admiración. Si esto apenas es entendido, qué sucederá con otras tantas ideas fundamentales... sobre el amor y la sexualidad, sobre el alma y la reencarnación.

Pero éste Saber ha sido expresado por otros grandes personajes de la humanidad. Se ha alimentado sin embargo un tipo de conocimiento exterior, intelectual, bien entendido, algo necesario y natural pero no exhaustivo. Una relación recurrente entre la filosofía occidental y aquella oriental, con respecto a lo afirmado, es que con cierto esquematismo se podría observar que en nuestra historia de la filosofía no se encuentran más que ocasionalmente pensadores dispuestos a traducir en la práctica sus principios. Para usar una metáfora, se planean edificios suntuosos para luego vivir en chabolas ruinosas.

La filosofía hindú, al revés, exhibe una perfecta correspondencia entre la teoría y la regla, es decir, entre el conocimiento y la acción. Su objetivo primario es la realización de Si Mismo. Parece paradójico, efectivamente, que se consideren sabios, artistas, genios.. y mientras tanto no ahonden en la vida interior aquellos valores mismos de los que son portadores. El alma y el espíritu, elementos esenciales de nuestro Ser, no son tocados ni influenciados por las culturas académicas, mientras que si son puestos en el centro por la filosofía iniciática. Esta separación entre conocimiento intelectual de un lado y la conducta de vida misma, del alma, del propio espíritu del otro, ha engendrado grandes sufrimientos en el individuo. Incluso ha caracterizado negativa y desaforadamente, en occidente, la comprensión de las Verdades de los Evangelios, contraponiendo la Iglesia de Juan a la de Pedro.

A causa de esta actitud el hombre ha desarrollado un cambio desarmónico, desarrollando lo intelectual en detrimento de los recursos internos ligados al alma y al espíritu, encontrándose vulnerable respecto de las dificultades de la vida y sus aspectos efímerosi e ilusorios. Él siempre conoce mejor bajo el perfil exterior la realidad objetiva, la tierra exterior y cada vez menos la tierra interior, respecto de la que debería ser simbólicamente el Rey. Este intelectualismo puede concernir obviamente también en la misma filosofía iniciática si se olvida que el esoterismo es ante todo un modo de vivir, una educación de la mirada que permite de divisar la presencia inefable de lo Sagrado en el momento (M Mirabail, en Diccionario del Esoterismo).

Aivanhov recuerda, a tal efecto, que los actos de la vida cotidiana son lo primero en el camino de perfeccionamiento individual, la base de la verdadera espiritualidad. Ciencias tales como la alquimia, la magia, la astrología o la cábala, en la medida que penetran en los grandes misterios de la creación, pueden ayudarnos a avanzar más rápidamente en el amino evolutivo. Pero estas ciencias son de difícil aprovechamiento si no son aplicables en el hombre, en sus actividades cotidianas. En efecto, en la comida encontramos la alquimia, en la respiración la astrología, en la palabra y en el gesto la magia y en el pensamiento la Cábala. No hace falta estudiar la Ciencia esotérica separándola de la vida. Aprendiendo a comer, respirar, actuar, hablar, pensar obtendremos las bases de estas cuatro ciencias fundamentales.

Para demasiadas personas la espiritualidad consiste en leer libros de esoterismo. No comprenden mucho de ello, ¿por qué no se liberan de las teorías -y de teorías innecesarias e incluso hasta contradictorias- en las que no se encuentran? Pero qué importa. Siguen llenándose de tales lecturas. ¿Cuándo comprenderán que la espiritualidad consiste en elegir un método, en estudiarlo bien y en llevarlo a la práctica? Ya que la única cosa que cuenta realmente es la vida, la vida divina que el hombre tiene que vivir. Ella le aportará todos los conocimientos del cielo y de la tierra. Quien se conforma con leer libros, gasta su tiempo; aunque sea capaz de exponer perfectamente su contenido, los demás sentirán perfectamente que tras la exposición está el vacío, ya que no transmite amor, ninguna luz, ninguna comprensión profunda. Los conocimientos son una práctica inútil si no son vivificados por el amor y la luz. El amor y la luz no se consiguen leyendo, sino aplicando cada día las reglas de la Ciencia iniciática.

Extraido de Espinoso.org
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