miércoles, septiembre 30, 2009

Enfermedad

Expliquemos de un modo absolutamente popular lo que es enfermedad y las causas que pueden producirla. La salud, sabemos es, en términos generales, el funcionamiento regular de todas y cada una de las partes de que se compone nuestro cuerpo. La Naturaleza nos ha dotado de órganos propios para la asimilación de los alimentos tanto sólidos, líquidos, como gaseosos. Por consiguiente, todos aquellos sabios que han comparado el cuerpo humano con un laboratorio químico, han dicho una de las grandes verdades que pueden comprender todas las inteligencias.

Ahora bien, cuando por una causa cualquiera como por ejemplo, temperatura o alimentación inapropiadas, se hace funcionar cualquiera de las partes del cuerpo con un trabajo anormal, el esfuerzo que este órgano tiene que producir para llevar adelante una tarea inusitada se traduce en cansancio, dolor u otro trastorno, que rompe la regularidad de sus actos fisiológicos acostumbrados, y esto es lo que se llama enfermedad.

En términos generales, claro es que cuando las escorias de los alimentos no se han expelido, después de haber asimilado el cuerpo lo que necesita para su vida regular, producen trastornos interiores y azolves en las vías de deshecho naturales, lo que inconcusamente, tiene que producir enfermedades.

Hace algún tiempo murió un sabio médico francés que había escrito muchas obras de medicina: al abrir su testamento para ver a quien dejaba sus manuscritos y los derechos editoriales, que podían producir grandes sumas. Se encontró la siguiente cláusula: "Quemad; de todo lo que he escrito, conservad sólo la tapa de una de mis obras y haced imprimir lo que he anotado al reversa de ella. Ávido de ver lo que allí se encontrara, se buscó la tapa y he aquí lo que decía:

''Conservad la cabeza fresca, el vientre libre, los pies calientes y huid de los medicamentos"

!Tableau¡ se dijeron los herederos; pero esta sentencia es muy sabia: el primer concepto se consigue por medio de las respiraciones ya señaladas; el segundo, se cumple procurando evitar a toda costa los azolves, o sea la aglomeración o escorias, que dejan en nuestro cuerpo la asimilación y combustión. Para expelerles hay cuatro grandes conductos de desahogo que tiene nuestro cuerpo o sean: riñones y piel para los líquidos, intestinos para los sólidos, y boca para los gaseosos.

En la mayor parte de las enfermedades se reduce esto sencillamente a ayudarles a que funcionen. Muchos que me escuchan esperarían algo más elevado, más científico, pues lo siento; si esto no es científico, sí es verdadero. Procurad seguirlo, los enfermos y obtendréis salud.

En todas partes del mundo se ha encargado para cuidar de nuestra salud a los médicos, los cuales están divididos en distintas escuelas que se combaten entre sí, y como resultado natural el apasionamiento conduce a los extremos, aceptando cada uno solamente las propias simpatías y combatiendo todo aquello que no esté de acuerdo con estas simpatías. Como no debemos confundir en general las personas con la idea, no debemos confundir los médicos con la medicina. Yo sostengo: "el médico nace, no se hace".

La medicina debe ser un sacerdocio y no un negocio; además, ella debe ser menos docta y más popular; que cada enfermo pueda conocer y juzgar cualquiera enfermedad y dirigir sólo la curación por el medio que crea más lógico. Es decir, señores, que debemos preparar a las personas para que cada uno sea un samaritano.

El estudio práctico de la medicina debe formar parte de la educación, a fin de quitarle ese aire misterioso y oculto que la hace de la exclusiva propiedad de una clase privilegiada comparable con una casta sacerdotal.

Toda práctica que no esté fundada sobre ideas accesibles al público, me parece enteramente irracional.

Es, pues, cosa necesaria que se propague, que se analice y se discuta todo cuanto hay de nuevo en el arte de curar y sobre todo, los principios higiénicos, poniéndolos al alcance de las masas populares; que se invite a todo el mundo al estudio atento de la Naturaleza; que se escuche su lenguaje, a veces tan sencillo, otras veces velado; que se acepte a esa fuente como la más idónea y rica de información, y también, hasta donde sea posible, se supriman en la educación médica popular los términos latino-griegos toda vez que hay expresiones castellanas que los pueden traducir.

Arnold Krumm-Heller
Conferencias esotéricas

viernes, septiembre 25, 2009

Siempre hacia adelante


Muchas veces nos preguntamos si no podríamos hacer como alguno de los grandes hombres de la Historia: realizar alguna cosa que produjese un cambio total y profundo en la naturaleza circundante, en la historia y en la vida.

Pero a veces, no percibimos que todos nosotros, estamos dando vueltas en la vida venciendo enemigos constantemente, enemigos que pueden ser la inercia, enemigos que pueden ser el temor, enemigos que son, en general, la adversidad; que todos nosotros, cuando aparecemos en el teatro del mundo, cuando llegamos a la vida, entramos así como a través de una pequeña puerta y uno se encuentra con una serie de rostros de personas que le rodean, a algunos los conoce y a otros no, y siente ante el mundo la curiosidad del conocimiento, y sentimos la curiosidad de saber quiénes somos. ¿No nos pasa a todos lo mismo? De golpe nos encontramos en medio de una familia, de un pueblo, de una ciudad, de un país, de un mundo y nos preguntamos ¿qué es esto que nos rodea? Y empezamos a adaptarnos y a cumplir nuestro propio rol allí donde nos encontramos.

Hubo un momento en que entramos a este teatro de la vida por una puerta... y salimos del mismo por otra puerta sin saber, muchas veces, ni por qué entramos ni por qué salimos. Cuando, por ejemplo, nos referimos a la Acro-polis, o sea, a la «Ciudad Alta»; nos referimos a ese fenómeno psicológico de tener en nuestro interior una «Ciudad Alta», una montaña, que sin embargo, por lo general, no nos atrevemos a escalar. No nos atrevemos a descubrirnos a nosotros mismos, a hablar de lo que sentimos, a escribir lo que pensamos o a vivir de la manera que tendríamos que vivir. Y damos vueltas y vueltas alrededor de nuestra montaña, como da vueltas un perro antes de acostarse. Y al fin..., la vida nos acuesta sin haber escalado nuestra montaña interior.

Es preciso que podamos retroceder dentro nuestro, tener noción de nuestra atemporalidad, hacer surgir en nosotros aquello que de grande e importante podamos tener. Todos nosotros podemos hacer surgir lo grande e importante. Un ser humano no es tal porque tenga dos ojos, cabello, brazos y piernas, sino que lo es porque tiene algo más, algo que le diferencia como ser humano: una vida interior.

Esa vida interior yace en cada uno de nosotros y está también en medio de nosotros. Esa vida interior no se puede extraer de simples maneras, sino que se la ha de extraer de profundas y fuertes maneras. El hombre tiene el tamaño de aquello que se atreve a hacer.

Lo que tenemos que hacer es tratar de ver qué parte en nosotros es capaz de levantarse, qué parte en nosotros es capaz de coger esas estrellas y traerlas a la Tierra. Yo sé que, a veces, estamos en una noche; bien es cierto que éste es un oscuro momento donde hay materialismo, sé que hay explotación, sé que hay ignorancia, sé que hay lucha, que hay violencia, que hay incomprensión para muchas cosas... Pero también sé que en la noche más oscura, si logramos prender una pequeña hoguera nos servirá para iluminarnos y entibiar nuestro cuerpo, y además, se verá desde muy lejos. Y si logramos hacer muchas hogueras en la Tierra, vamos a reproducir el fenómeno celeste de las estrellas encendidas.

Desde los más antiguos barcos hasta las más modernas aeronaves todavía se guían por las estrellas fijas. Yo creo que las humanidades también se guían por los «Hombres-Antorcha», por aquellos que saben arder.

Dentro de cada uno de nosotros puede surgir esa llama, esa fuerza. Esa fuerza hace cambiar todo el sentido de nuestra vida. Esa fuerza nos hace entender los viejos mitos y los nuevos problemas. Esa fuerza permite dirigirnos a los hombres con maneras simples, con palabras sencillas..., y ser entendidos. Esa fuerza nos permite construir, recrear, unirnos, amar... Es la Fuerza Interior, la única fuerza que vale, la única fuerza real y espiritual. Porque no es una fuerza de contemplación, sino una fuerza erecta como una lanza, una fuerza que es capaz de luchar por lo que cree, de vibrar por todo aquello que siente, como un arpa eólica que puede colgarse entre las ramas de un árbol y el solo viento la hace sonar.

Tenemos que recrear dentro de nosotros la fuerza capaz de poder vencer el destino y los astros. Hoy hablamos de astrología, hoy hablamos del destino, hoy hablamos de presión del medio, etc.; mas, si fuésemos realmente fuertes, si tuviéramos un motor propio, todas esas circunstancias serían aprovechadas y vencidas.

Que cada una de las dificultades y adversidades sean simples peldaños bajo nuestros pies. Lo que importa es lanzarse hacia adelante, tener fe en un Ideal, tener fe en sí mismo, ser nuevos, cada uno de nosotros. ¿Todos tal vez...?

Prof. Jorge A. Livraga
Conferencia - fragmentos

jueves, septiembre 24, 2009

El mundo espiritual y el físico

Hay un contacto cotidiano entre el mundo que podríamos llamar espiritual y el físico. Un contacto que es evidente pero que nuestra educación nos ha hecho muchas veces rechazar, de igual manera que en el siglo pasado se hubiese rechazado la existencia de las ondas hertzianas. Podemos poner una radio en una habitación con todas las puertas cerradas y sin embargo conectamos perfectamente y la oímos. ¿Cómo es que esa voz traspasa las paredes? Yo no puedo atravesar un muro, pero si fuese una onda hertziana podría atravesar la pared. De tal manera tenemos que ver que esos mundos que podríamos llamar de lo espiritual, de lo energético, lo material, no estarían absolutamente divididos, sino que estarían integrados, globalizados dentro de un Universo que los contiene. Y aunque no sepamos a veces exactamente lo que pasa, lo intuímos, lo sentimos, y además lo necesitamos profundamente. Porque por más heroicos que seamos es muy difícil vivir sin alguna forma de conciencia espiritual.

Todos hemos aparecido en la vida como quien aparece en el escenario de un teatro. Alguien nos empujó de golpe, no sabemos quién, y en un buen momento, cuando ya le habíamos tomado gusto a la vida, cuando creíamos haberla entendido, otra vez viene un brazo misterioso que nos saca de la escena. Esto es como un teatro donde venimos a representar algo. ¿Por qué? ¿Para qué? El viejo omnia transit es cierto, todo pasa. Y aunque a aquellos a los que nos gusta la Arqueología o tratamos desesperadamente de que nuestras piezas no se herrumbren, no se caigan, no se deshagan, sabemos que se van a deshacer inexorablente. Porque todo se va renovando. Si nos quedamos quietos en una habitación cuando entre un rayo de Sol por la ventana, vemos caer continuamente un polvo fino que va sepultándolo todo para la renovación de las cosas. Vemos cómo los edificios más antiguos se hunden en la tierra y cómo todo cambia, nada permanece.

¿Por qué varían las cosas, por qué cambian? No podemos quedarnos en el fenómeno en sí, sino indagar para qué todo esto, para qué esta angustia, esta destrucción. Por qué el hombre común está siempre en lo que llamaban los existencialistas de la época de Sartre ese «estado agónico». O como diría Jaspers, ese estado límite en el cual siempre tenemos la presencia de la enfermedad, de la vejez, de la muerte, rememorando a Siddarta Gautama. El hombre ha ido cambiando, ha ido mutando sus ideas, sus costumbres, pero vuelve siempre a estas viejas preguntas. Los filósofos creemos que lo que diferencia fundamentalmente al hombre del animal no es la razón, ni el aspecto, sino el hecho de que el hombre puede percibir a Dios, y puede percibir también un mundo metafísico, un mundo que no es solamente de materia, sino que está más allá de la materia. Y lo percibe con el alma y con el corazón, no solamente con el instinto. A veces me divierto viendo como mi gato de Siam persigue a los elementales, a los espíritus de la naturaleza. Él está hecho para eso, y los ve. De sus garras afiladas surgen ciertas formas que tratan de cazar a ese elemental. Él puede verlos, pero no creo que lo razone –se lo pregunté varias veces, pero nunca me contestó–.

Por eso los antiguos decían que el ser humano no estaba constituido tan sólo de materia, sino que era, digamos, una especie de envoltorio que además de la parte material tenía otras partes, partes sutiles que incluso purificaban la forma y manera del ser material. Tal vez muchos de vosotros cuando erais niños jugábais con un imán, un papel y limaduras de hierro. Si se pone un imán debajo de un papel y encima de éste limaduras de hierro, inmediatamente toman una determinada forma. Cuan-do quitamos el imán, las limaduras van a cualquier parte, están en estado caótico, se caen del papel. Si volvemos a poner el imán, las limaduras no se caen aunque volvamos a invertir el papel.

Por tanto, las limaduras no son lo que da la forma, lo que da la forma es el magnetismo, ese tipo especial de electricidad que existe entre los dos polos del imán. Tal vez hayáis opuesto dos imanes. ¡De qué manera se rechazan! Parece que hubiese algo en medio de ambos imanes. Cuando uno es pequeño pasa un dedo o un papel para ver si encuentra algo. ¿Qué es lo que ofrece tanta resistencia a que se unan? Es algo invisible, y sin embargo real, esa fuerza eléctrica, magnética. Desde este simple y burdo ejemplo tenemos la existencia de algo que no es estrictamente físico y que sin embargo es real. Por eso los antiguos decían que nuestro cuerpo está conformado en 7 planos de conciencia o 7 dimensiones o estados de vibración.

El agua, con las dos valencias de oxígeno y los dos átomos de hidrógeno, con una consistencia casi coloidal, es exactamente igual que el hielo, con sus aristas y puntas, que parece casi un metal, y que el vapor, cuya consistencia es mínima. Todo esto es uno. De la misma manera los antiguos decían que el hombre era uno. Y de ese hombre uno, la parte física es tan sólo la parte inferior. Como las limaduras de hierro hacen el reflejo de la forma del arco magnético, así también nuestra forma física, nuestra presencia física, sería nada más que la representación, la consolidación de un estado energético y quizá incluso de un estado espiritual que nos mantiene, digamos encarnados dentro de lo físico. Entre los antiguos hindúes esta parte inferior era llamada el stula-sharira. Luego estaría el prana-sharira. Este prana-sharira o doble etérico, comúnmente dicho, hace que las cosas permanezcan en determinadas formas y relaciones. Por encima estaba el linga-sharira, o sea el mundo psíquico, el mundo de las emociones. Hay una gran interrelación entre los tres mundos.

Decían los antiguos filósofos hindúes que hay otro cuerpo intermedio llamado kama-manas, o sea mente de deseos, la formada por nuestras ideas cotidianas. El antakarana es el puente o la unión con la parte superior llamada manas. Manas es el espacio donde radica el Yo. Cuando realizamos una meditación, dejamos el cuerpo, vamos más allá de la parte meramente energética, el corazón empieza a bajar sus pulsaciones, baja la tensión arterial, tranquilizamos nuestra psiquis, hacemos que nuestra mente, habitualmente un mar embravecido, se vaya tranquilizando, se vuelva un espejo. ¿Quién se mirará entonces en esa tranquilidad absoluta, quién está más allá de todo eso? ¿Quién puede decir si está tranquilo o no? Evidentemente algo que no es ese mar tranquilo, algo que está fuera de dicho mar. Es este Yo, esta parte superior que también representan con un triángulo, formado por tres elementos. Uno es esta Mente, este Yo superior que de alguna manera mantiene cierta cohesión aquí debajo. Este Yo posee algo muy misterioso que podemos llamar intuición, la posibilidad de conocer algo sin pasar por los procesos lógicos. Esto se aprecia en el Arte sobre todo. Sería ese «lugar» donde no tenemos que justificarnos ni explicar nada, porque somos como somos. Y en silencio nos arrebujamos dentro de nosotros mismos, y nos apartamos del mundo, felices o infelices, pero somos lo que Somos.

Respecto a la muerte, decían los antiguos que sobreviene poco a poco. Se van presentando algunos daños en determinadas zonas que hacen que al fin sea insostenible la posibilidad de tener un cuerpo físico. Ese cuerpo físico empieza a tener problemas de todo tipo. La parte etérica obviamente también está deteriorada. Es una especie de rueda, una cosa deteriora a la otra. Entonces se cae en lo que en Astrología se llama el cono de tinieblas, donde está el último punto de muerte. Al llegar a ese cono, cuando ya no se puede salir, todo empieza a enfermar y a destruirse según el destino de cada cual. Queda el doble, que está muy cercano a la parte física, lo que generalmente se llaman los «fantasmas», que son los que provocan ciertos fenómenos físicos, voces, lamentos, temperaturas diferentes en el aire, movimientos de algunos muebles, el encendido o apagado de luces.

Ya en época de Platón le preguntaban a Sócrates: «¿Es lícito que llamemos en las encrucijadas de los caminos a los espíritus para que nos ayuden?», y Sócrates decía: «Cuidado, generalmente los espíritus que están en las encrucijadas de los caminos no son los más altos, los más elevados, son simplemente hombres perdidos que están a su vez esperando que alguien les diga hacia dónde ir». O sea, que el contacto con este tipo de espíritus no es excesivamente bueno. Desde mi punto de vista no es bueno de ninguna manera. Lo que pasa es que tal vez sea bueno para aquel que no cree en nada, porque el hecho de ver uno de esos fenómenos parapsicológicos nos devuelve cierta raíz de Fe.

Éstos en realidad no son espíritus. Digamos que son formas de tipo espiritual incorpóreas que Helena Blavatsky –la gran Iniciada del siglo pasado– llamaba los «cascarones astrales». Poco a poco, si no son alimentados, porque pueden ser alimentados, al evocarlos, al llamarlos, al poner ofrendas, como se hacía en la Antigüedad y todavía se hace hoy en muchos pueblos de la Tierra: de leche, de miel, de perfumes, también van rompiéndose, destruyéndose. Pasar el puente ya es otra cosa. Si estamos muy aferrados a las cosas del mundo nos va a ser muy difícil, pero si no lo estamos podemos pasarlo y gozar de un largo descanso.

Según los hindúes existen dos destinos: Devakán y Kamaloca. El Kamaloca (literalmente, «lugar de los deseos») y el Devakán («lugar de los devas o ángeles»), permitirían cierta separación como entre dos formas de «cielo». Lo encontramos también en las antiguas creencias egipcias, cuando hablan del «Amenti», o sea, el cuadrado mágico en el cual las alas de Amón se sitúan en la parte iluminada del cuadrado. También lo vamos a encontrar en las creencias de la América Precolombina, cuando nos hablan de la subida y de la bajada de Quetzalcoalt, que se va a convertir en el dios Xolotl (en las tinieblas asume la forma de un perro, igual que el Anubis egipcio). O sea, que para los antiguos quedaba tan sólo la parte inmortal, imperecedera, para volver a tomar masa otra vez.

Tenemos que entender que todos somos en cierta manera espíritus incorpóreos. Somos en realidad invisibles, imponderables y solamente son visibles los reflejos del mundo material, aquí abajo. Así el efecto del imán es invisible a no ser que dispongáis las limaduras de hierro para que se vea. Nosotros también estamos polarizados, encarnados, atrapados en la parte exterior. Desde el punto de vista esotérico, filosófico, la muerte no existe, existe simplemente una forma de sueño profundo. Cuando dormimos existe un momento de sueño muy profundo donde el cuerpo está absolutamente inmóvil, según ha descubierto la Psiquiatría contemporánea. La moderna nomenclatura lo llama sueño paradójico. Ese sueño es el que nos permite soñar, vivir en otra dimensión, en otro mundo. De alguna manera, todos por la noche morimos y volvemos a resucitar por la mañana. Todo nuestro aspecto orgánico se aminora con el sueño, los latidos del corazón van siendo más lentos, los músculos estriados van aflojándose, etc.

Es lo que necesitamos para volver de nuevo a la actividad, a este gran péndulo que, como el de Foucault, sigue marcando nuestra existencia hacia un lado y hacia otro. Lo importante tal vez no sea el péndulo en sí, sino de dónde pende. No os dejéis engañar por el movimiento del péndulo de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, mirad hacia arriba. A medida que elevéis la mirada vais a ver que se mueve menos y llega un momento en que hay algo fijo, de lo cual pende todo lo que es móvil. Si podéis llegar a entender, observar, sentir eso que está fijo más allá de todo lo que es móvil, entonces seréis realmente filósofos, habréis pasado las puertas de la muerte y de la vida. Quizá no se sea más o menos feliz, pero se sabe algo que normalmente se ignora, se tiene una nueva responsabilidad y se marcha en la vida con más fuerza, con más entereza y con más esperanza e ilusión.

Prof. Jorge Ángel Livraga Rizzi
Conferencia dada en junio de 1990.

domingo, septiembre 20, 2009

La Inteligencia Emocional


El término " inteligencia emocional " se refiere a la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos. Es un termino que engloba habilidades muy distintas –aunque complementarias- a la inteligencia académica, la capacidad para aprender y conocer que exclusivamente mide el cociente intelectual.

Estos dos tipos de inteligencia, la intelectual y la emocional, expresan la actividad de dos regiones diferentes del cerebro. El intelecto se basa exclusivamente en el funcionamiento del neocórtex, la parte de formación más reciente que recubre la superficie del cerebro, mientras que los centros emocionales ocupan un lugar inferior y más antigua en el mismo. La inteligencia emocional, por último, está relacionado con el funcionamiento concertado y armónico entre los centros emocionales y los centros intelectuales.

Cada vez más todo depende del tipo de relación que mantengamos con nosotros mismos, del modo en que nos relacionemos con los demás, de nuestra capacidad de liderazgo y de nuestra habilidad para trabajar en equipo. Estos son los elementos que ya, y mucho más en el futuro van a determinar la realidad del mundo laboral. Es otra forma de ser inteligente, es lo que llamamos Inteligencia Emocional.


HABILIDADES DE INTELIGENCIA EMOCIONAL

APLICACIÓN

La inteligencia emocional determina la manera en que nos relacionamos y entendemos el mundo;tiene en cuenta las actitudes, los sentimientos y engloba habilidades como : el control de los impulsos, la autoconciencia, la automotivacion, la confianza, el entusiasmo, la empatía, y sobre todo es el recurso necesario para ofrecer nuestras mayores prestaciones profesionales.

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada,en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso,ciertamente, no resulta tan sencillo.
Aristóteles, “Etica a Nicómano”.

OBJETIVOS

1. Desarrollar la capacidad de escoger el estado de ánimo idóneo para cada acción.

2. Transmitir estados de ánimo para generar actitudes y respuestas positivas.

3. Entrenar la automotivación y la motivación de nuestros interlocutores.

4. Explorar como creamos el estress y como aprovechar esta gran fuerzaa nuestro favor.

5. Realizar un plan de aplicación en el terreno de nuestra capacidad de influencia emocional.

La Inteligencia Emocional Aplicada o Práctica, posibilita:

-Identificar debilidades y conflictos internos.
-Promover el cambio y la transformación personal.
-Generar o aumentar capacidades y competencias.
-Desarrollarse y crecer aprendiendo a lidiar las crisis.
-Complementar profesional y laboralmente los recursos humanos.
-Mayor autocontrol sobre emociones y sentimientos, al reconocerlos.
-La educación personalizada y formación integral de emprendedores.
-La instrumentación práctica de los objetivos que se proponen en administración y gestión.
-Explorar y aprovechar mejor el potencial y los recursos innatos que se tienen a disposición.
-Encontrar formas de enfrentar temores, ansiedad, ira, tristeza, soledad, culpa, vergüenza, etc.

El término " inteligencia emocional " se refiere a la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos. Es un termino que engloba habilidades muy distintas –aunque complementarias- a la inteligencia académica, la capacidad para aprender y conocer que exclusivamente mide el cociente intelectual.

Estos dos tipos de inteligencia, la intelectual y la emocional, expresan la actividad de dos regiones diferentes del cerebro. El intelecto se basa exclusivamente en el funcionamiento del neocórtex, la parte de formación más reciente que recubre la superficie del cerebro, mientras que los centros emocionales ocupan un lugar inferior y más antigua en el mismo. La inteligencia emocional, por último, está relacionado con el funcionamiento concertado y armónico entre los centros emocionales y los centros intelectuales.

Cada vez más todo depende del tipo de relación que mantengamos con nosotros mismos, del modo en que nos relacionemos con los demás, de nuestra capacidad de liderazgo y de nuestra habilidad para trabajar en equipo. Estos son los elementos que ya, y mucho más en el futuro van a determinar la realidad del mundo laboral. Es otra forma de ser inteligente, es lo que llamamos Inteligencia Emocional.

No podemos cerrar los ojos a la necesidad de desarrollar las habilidades relacionadas con esta otra inteligencia.

Daniel Goleman

viernes, septiembre 18, 2009

La Vida es Vivir

No es una cosa, es un proceso. No hay otra forma de conocer lo que es la vida más que viviendo, estando vivo, fluyendo, discurriendo con ella. Si buscas el significado de la vida en algún dogma, en una determinada filosofía, en una teología, da por seguro que te perderás lo que es la vida y su significado. La vida no te está esperando en ninguna parte; te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas, es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás. El hombre ha estado haciendo esto durante siglos. Los conceptos se han vuelto muy importantes, las explicaciones se han vuelto muy importantes y lo real ha sido olvidado por completo.

No vemos lo que de hecho ya está aquí, queremos racionalizaciones. Oí una hermosa historia. Hace unos años un americano de renombre tuvo una crisis de identidad. Buscó la ayuda de la psiquiatría, pero no resolvió nada porque no encontró a nadie que pudiera revelarle el significado de la vida, que era lo que él deseaba conocer. Poco a poco se fue enterando de la existencia de un venerable e increíblemente sabio gurú que vivía en una misteriosa y casi inaccesible región de los Himalayas. Llegó a creer que solamente ese gurú le podría revelar lo que la vida significaba y cuál debía ser su destino. De modo que vendió todas sus posesiones y empezó su búsqueda del gurú que todo lo sabía. Estuvo ocho años yendo de pueblo en pueblo por todos los Himalayas, buscándole. Y un día acertó a encontrarse con un pastor que le dijo dónde vivía el gurú y como debía llegar a ese lugar.

Tardó casi un año en encontrarle, pero lo consiguió. Se presentó a ese gurú, que desde luego era venerable y tenía más de cien años de edad. El gurú accedió a ayudarle, especialmente cuando escuchó todos los sacrificios que el hombre había realizado buscándole. «¿Qué es lo que puedo hacer por ti, hijo mío?», le preguntó el gurú. «Necesito conocer el significado de la vida», le contestó el hombre. A lo que, sin dudar un instante, replicó el gurú, «La vida», dijo, «es un río sin fin». «¿Un río sin fin?», dijo el hombre con asombro. «¿Después de recorrer todo este camino para encontrarte, todo lo que tienes que decirme es que la vida es un río sin fin?» El gurú se quedó estupefacto, anonadado. Se enfadó mucho y le dijo, «¿Quieres decir que no lo es?» Nadie puede darte el significado de tu vida. Es tu vida y el significado ha de ser también el tuyo. Los Himalayas no te servirán de ayuda. Nadie más que tú puede encontrarlo. Es tu vida y solamente es accesible a ti.
Solamente con el vivir te será revelado el misterio. Lo primero que me gustaría decirte es: no lo busques en ninguna otra parte. No lo busques en mí, no lo busques en las escrituras, no lo busques en inteligentes explicaciones; son sólo justificaciones, no explican nada. Simplemente atiborran tu mente vacía, no te hacen consciente de lo que es. Y cuanto más está la mente atiborrada de conocimiento muerto, más torpe te vuelves. El conocimiento intelectual ,adormece tu sensibilidad. Se atiborran de él, cargan con él, refuerzan su ego con él, pero no les aporta luz y no les indica el camino.

No puede hacerlo. La vida ya está burbujeando en tu interior. Solamente puedes contactar con ella allí. El templo no está en el exterior; tú eres su santuario. Por eso lo primero que has de recordar, si quieres saber lo que es la vida, es: nunca la busques en lo exterior, nunca trates de descubrirla en alguien. El significado no puede ser transferido de este modo. Los Maestros más grandes nunca han dicho nada sobre la vida, siempre te han devuelto a ti mismo. Lo segundo que has de recordar es: una vez que sepas lo que es la vida, sabrás lo que es la muerte. La muerte es parte del mismo proceso. Por lo general creemos que la muerte llega al final, por lo general creemos que la muerte se opone a la vida, por lo general creemos que la muerte es el enemigo, pero la muerte no es el enemigo. Y si consideras a la muerte como el enemigo esto simplemente demuestra que no has sido capaz de saber lo que es la vida. La muerte y la vida son dos polaridades de una misma energía, del mismo fenómeno, el flujo y el reflujo, el día y la noche, el verano y el invierno. No están separados y no son opuestos ni contrarios. Son complementarios.

La muerte no es el fin de la vida; de hecho es una culminación de una vida, la cresta de la vida, el clímax, el gran final. Y una vez conoces tu vida y su proceso, entonces comprendes lo que es la muerte. La muerte es una parte orgánica, integral de la vida y es muy amistosa con ella. Sin ella la vida no puede existir. La vida existe debido a la muerte, la muerte le da un trasfondo. La muerte es, en efecto, un proceso de renovación. Y la muerte sucede a cada instante. En el instante en que inhalas y en el instante en que exhalas, ambas se dan. Al inspirar, la vida entra; al expirar, viene la muerte. Por eso al nacer un niño lo primero que hace es inspirar; entonces la vida empieza. Y cuando un viejo muere, lo último que hace es exhalar; entonces la vida se va. El exhalar es la muerte, el inspirar es la vida. Son como las dos ruedas de una carreta. Vives tanto debido a que inspiras como a que expiras. El exhalar es parte del inhalar. No puedes inhalar si dejas de exhalar. No puedes vivir si dejas de morir. El hombre que ha comprendido lo que es su vida, permite que la muerte suceda, le da la bienvenida. Muere a cada instante y a cada instante resucita.

Su cruz y su resurrección suceden continuamente como un proceso. Muere al pasado a cada momento y nace una y otra vez al futuro. Si observas lo que es la vida podrás saber lo que es la muerte. Si comprendes lo que es la muerte, solamente entonces serás capaz de comprender lo que es la vida. Forman un organismo. Por lo general, debido al miedo, hemos creado la división. Creemos que la vida es buena y que la muerte es mala. Creemos que ha de desearse la vida y que ha de evitarse la muerte.

Creemos que, de alguna forma, hemos de protegernos contra la muerte. Esta idea absurda crea interminables desgracias en nuestras vidas, porque una persona que se protege contra la muerte se vuelve incapaz de vivir. Es la persona que teme exhalar y entonces es incapaz de inhalar y se queda embarrancada. Entonces simplemente mal vive, su vida deja de ser un fluir, su vida deja de ser un río.

Si realmente deseas vivir has de estar dispuesto a morir. ¿Quién en ti teme a la muerte? ¿Teme la vida a la muerte? No es posible. ¿Cómo puede la vida sentirse asustada por su proceso integral? En ti hay algo más que está asustado. El ego es el que teme en ti. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la muerte sí son opuestos. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la vida sí son opuestos. El ego está en contra de los dos, de la vida y de la muerte. El ego teme el vivir y el ego teme el morir. Teme vivir porque a cada paso, al esforzarse en pos de la vida, hace que la muerte se acerque. Si vives, te estás acercando a la muerte. El ego teme morir, de ahí que también tema vivir. El ego simplemente mal vive. Hay mucha gente que ni está viva, ni está muerta. Esto es lo peor. Un hombre que está vivo plenamente también está lleno de muerte. Ese es el significado de Jesús en la cruz. Jesús acarreando con su propia cruz no ha sido plenamente comprendido. Y les dice a sus discípulos, «Tendréis que llevar vuestra propia cruz». El significado de Jesús llevando su cruz es muy simple, no es nada más que esto: todo el mundo a de acarrear continuamente con su muerte, todo el mundo ha de morir a cada momento, todo el mundo ha de estar en la cruz porque éste es el único modo de vivir plenamente, totalmente.

Siempre que te encuentres con un momento de total vitalidad, de repente también verás ahí a la muerte. Sucede en el amor. En el amor, la vida alcanza un clímax, de ahí que la gente tema al amor. Me siento asombrado continuamente por la gente que viene a mí y que me dice que teme al amor. ¿De dónde proviene este temor al amor? Se debe a que cuando realmente amas a alguien tu ego empieza a desaparecer y a fundirse. No puedes amar con el ego, el ego se convierte en la barrera. Y cuando quieres destruir la barrera, el ego te dice, «Esto se convertirá en una muerte, ¡cuidado!» La muerte del ego no es tu muerte.

La muerte del ego es en realidad tu posibilidad de vida. El ego es simplemente una cáscara sin vida a tu alrededor. Tiene que ser hecha pedazos y tirada. Surge de forma natural, del mismo modo que cuando un transeúnte pasa, el polvo se deposita sobre sus ropas, sobre su cuerpo y ha de darse un baño para limpiarse de ese polvo. Al movernos en el tiempo, el polvo de las experiencias, del conocimiento, de la vida vivida, del pasado, se acumula. Ese polvo se convierte en tu ego. Al acumularse, se convierte en una cáscara que ha de ser rota y tirada. Uno se ha de bañar continuamente, cada día, de hecho, a cada instante, de forma que esta cáscara nunca se convierta en una prisión.

El ego teme al amor porque en el amor la vida alcanza una culminación. Pero siempre que hay una culminación de la vida también hay una culminación de la muerte. Van de la mano. En el amor mueres y renaces. Lo mismo sucede cuando meditas o rezas o cuando acudes a un Maestro y te entregas. El ego crea toda suerte de dificultades, de justificaciones, para que no te entregues. «Piénsatelo, medítalo, sé inteligente».

Cuando acudes a un Maestro, el ego sospecha, se llena de dudas, crea ansiedad porque de nuevo estás volviendo a la vida, estás volviendo a una llama donde la muerte va a estar tan viva como la vida. Recuerda que la muerte y la vida se alimentan mutuamente, nunca están separados. Si estás un poco, mínimamente vivo, en el mínimo, entonces verás a la vida y a la muerte como dos cosas separadas. Cuanto más te acerques a la cima, más se irán aproximando. En el ápice, se encuentran y se funden en uno solo. En el amor, en la meditación, en la confianza, en la oración, siempre que la vida es algo total, la muerte está allí. Sin muerte, la vida no puede ser total. Pero el ego siempre está pensando en divisiones, en dualidades. Lo divide todo.

La Existencia es indivisible, no puede ser dividida. Eras un niño, luego te hiciste mayor. ¿Puedes delimitar cuándo te hiciste mayor? ¿Puedes señalar el lugar en el tiempo cuándo de repente dejaste de ser un niño y te volviste un joven? Un día te vuelves viejo. ¿Puedes indicar cuándo te vuelves viejo? Los procesos no pueden ser delimitados. Sucede exactamente lo mismo cuando naces. ¿Puedes señalar cuándo naciste? ¿Cuándo comienza realmente la vida? ¿Comienza cuando el niño empieza a respirar, cuando el doctor da unos azotes al niño y el niño empieza a respirar? ¿Es entonces cuando nace la vida? ¿O es cuando el niño entra en el útero, cuando la madre se queda embarazada, cuando el niño es concebido? ¿Empieza entonces la vida? ¿O incluso antes que esto? ¿Cuándo comienza exactamente la vida? Es un proceso que no tiene ni fin ni comienzo.

Nunca empieza. ¿Cuándo está muerta una persona? ¿Muere cuando deja de respirar? Muchos yoguis han demostrado científicamente que pueden dejar de respirar y seguir vivos y luego regresar. De modo que el dejar de respirar no puede ser el final. ¿Dónde acaba la vida? Nunca acaba en parte alguna, nunca empieza en ninguna parte. Estamos sumergidos en la eternidad. Hemos estado aquí desde el mismo comienzo, si es que hubo alguna vez un comienzo, y vamos a seguir aquí hasta el final, si es que va a haber un final. De hecho no puede haber un principio ni puede haber un final. Somos vida, aun cuando la forma cambie, los cuerpos cambien, la mente cambie. Lo que llamamos vida es solamente la identificación con un determinado cuerpo, con una determinada mente, con una determinada actitud, y lo que llamamos muerte no es más que el salirse de esa forma, de ese cuerpo, de esa idea. Cambias de casa. Si te identificas demasiado con una casa entonces el cambiar de casa será algo muy doloroso. Creerás que te mueres porque la casa antigua era lo que tú eras; esa era tu identidad. Pero esto no sucede porque sabes que solamente estás cambiando de casa, que tú sigues siendo el mismo. Aquellos que han mirado en su propio interior, aquellos que han descubierto quién son, llegan a descubrir un proceso eterno, sin fin.

La vida es un proceso sin tiempo, más allá del tiempo. La muerte forma parte de él. La muerte es un revivir continuo, una ayuda para que la vida resucite una y otra vez, una ayuda para que la vida se libre de las viejas formas, para librarse de los edificios desvencijados, para librarse de las anticuadas estructuras de modo que seas capaz de fluir y puedas de nuevo volverte fresco y joven y seas otra vez virgen.

HALLAR LA VERDAD QUE EMANA DE TU ALMA

Quien te haya dicho que busques la Verdad, debió decirte también que no debes buscarla fuera de ti. La Verdad no se halla en el cielo. Las encarnaciones divinas dijeron todas que el cielo estaba aquí mismo. Cuando fuiste creado, se te doto de conciencia. Aquello que te comunica directamente con El Creador. Quiero enseñarte a que escuches su voz, no mis palabras ni las de ningún humano, sino La Voz que yace contigo desde hace siglos.

No me importa si eres judío, cristiano, musulmán, hindú, mahometano, porque no creo en tu religión ni en tu nacionalidad ni en tu color ni tu raza como determinante para que puedas evolucionar. Para mi Tu Eres, y eso es lo que importa.

Respeto toda creencia, y extraigo lo que los seres divinos han vertido en sus enseñanzas, y a ellos me encomiendo eternamente para realizar este trabajo. Por eso, si crees que buscas sinceramente la Verdad, y no te asusta cuan largo y esforzado sea el camino, comunícate, y permíteme ayudarte, pues así se hizo conmigo cuando me hallaba en las sombras. No soy tu salvador, no soy profeta, no soy maestro. Soy solo un hombre que intenta mostrar los pasos que conducen a la luz. Solo sirvo a Dios, y no reconozco autoridad por encima de EL y sus enviados divinos. Si consideras que puedo serte útil, ÚSAME, pues para eso se me ha hecho.


NO BUSQUES MAS LA VERDAD FUERA; PUES TE HA SIDO DADA DESDE EL COMIENZO: BUSCA AYUDA PARA EXTRAERLA DE TU ALMA Y QUE INUNDE TU CONCIENCIA; LIBERÁNDOLA DE LA INCESANTE CADENA DE PENSAMIENTOS QUE TE ATORMENTAN. DISCIERNE LO REAL DE LO IRREAL

Osho

jueves, septiembre 17, 2009

La naturaleza de la Sabiduría.

Minerva. En la mitologia romana la diosa de la sabiduría

¿Qué es la Sabiduría?

Sabiduría es una cualidad del sujeto puro y yace en el modo en que éste ve y responde. Ésta cambia constantemente, no en su propia naturaleza que es potencialidad pura, sino en su acción debido a su infinita flexibilidad e inagotable iniciativa. La Sabiduría, como el artículo lo indica, es definitiva, como una verdad ya existente; es objetiva en el sentido de que está allí, esperando a ser percibida y comprendida. Podríamos decir que es la sabiduría de Dios; Dios como el sujeto último desconocido más allá de toda idea, porque cada idea es una creación y, por lo tanto, un objeto. Podríamos denominarla también la sabiduría o conocimiento del Yo Uno que yace en él, o la sabiduría o conocimiento perteneciente a ese Yo, que puede ser alcanzada.


La sabiduría de Dios está en Su naturaleza, y caracteriza sus métodos o acción. La naturaleza del Yo uno y de cada Yo –teniendo ambos la misma cualidad, son en esencia lo mismo– es una naturaleza distinta de cuanto puede ser objeto de pensamiento. La palabra Yo tiene la connotación de una identidad, pero se refiere a una naturaleza en la cual no hay identificación con nada que se presente como un objeto o un registro del pasado. Es un centro de acción y conocimiento, no involucrado con lo pasado.

Sabiduría y conocimiento no son lo mismo, pero conocerse a sí mismo tal como uno es, es ser sabio. En un tiempo, todo conocimiento era dividido en para (superior o supremo) y apara (inferior). El conocimiento de todos los objetos, artes y ciencias es el inferior. El conocimiento de aquello por lo cual todo lo demás es conocido, es el superior; es el conocimiento de la naturaleza del sujeto, de Dios, o el Yo uno como se presenta en el individuo, siendo ambos idénticos en esencia. El conocimiento del Yo es sabiduría, ya que el Yo contiene la esencia de todo lo conocido o por conocer.

Conocemos todo lo que conocemos siempre dentro de nosotros, porque el conocimiento es un fenómeno subjetivo. En lo más profundo de nuestro ser somos uno, indivisos. En nosotros está el conocimiento de todo aquello con lo que nos hemos puesto en contacto, pero la esencia de ese conocimiento que sólo es asimilable por la más profunda naturaleza del Yo, se fusiona en su unidad. Lo que está fundido en la unidad es la verdad reducida a un punto. Todas las expresiones de esa verdad están en armonía, unas con otras. Por lo tanto, si los más bellos y verdaderos pensamientos presentes en todas las mentes se reunieran en cualquier momento, formarían una perfecta y maravillosa unidad.

El Yo en su pureza puede considerarse como un punto sin dimensión porque tiene una naturaleza separada de cuanto existe. Pero en su aspecto conciencia es una extensión, un círculo sin circunferencia que todo lo abarca. Dado que esta conciencia es sensibilidad en sí misma, la más sensible de todas las cosas sensibles, puede contener un registro de cuanto abarca. Cualquier rayo (o emanación de luz) que haga impacto sobre ésta le trae su propio mensaje, el cual queda grabado en su cinta imborrable. Y, posiblemente, emanando de cada cosa hay rayos que atraviesan el cosmos; no todos a un nivel perceptible. La posibilidad de todo conocimiento está presente en el Yo, porque éste puede despertar el conocimiento del alma, la naturaleza más profunda de cada cosa y de todo.

La sabiduría de Dios se expresa en todo, sea grande o pequeño. Él o Aquello está presente en todo: su naturaleza todo lo penetra; su propósito e inteligencia todo lo gobierna.

La Teosofía puede ser definida como la Sabiduría que está en todas las cosas, individual y colectivamente. Podemos no ser capaces de percibirla, pero está ahí.

Estamos abiertos a esa sabiduría sólo cuando nuestro corazón es puro. La palabra corazón generalmente se usa para denotar la naturaleza de nuestros sentimientos.

Cuándo éste es puro, es decir, cuando ha recobrado su naturaleza original y es capaz de funcionar con ella, el corazón responde con gran belleza y profundidad. Ve y ama aquella belleza que constituye el alma de cada cosa.

Todas las cosas están evolucionando en este universo en evolución. En cada uno existe un diseño que va saliendo a la luz, que está creciendo, desde nuestro punto de vista. Pero también existe todo un andamiaje que confunde el plan; no en la mente del Arquitecto, sino en la nuestra, que vemos el edificio desde afuera. Sin embargo, en algunas cosas, la construcción ha alcanzado cierto estado de perfección. Cosas como, por ejemplo, un loto, una rosa, o cualquier forma viviente bella nos ofrece una apertura hacia la mente del Diseñador. Desde el punto de vista teosófico, todas las cosas están vivas, aunque existen diferentes grados de vida y acción.

Sabiduría no es conocimiento, ya que nuestro conocimiento es sólo de las formas. Sabiduría es el conocimiento de aquello que es contenido por la forma y que existe para expresarse. Tendemos a juzgar el significado de toda forma o cosa, según la utilidad que tenga para nosotros. Pero esa es una visión extremadamente limitada, antropocéntrica e individualista. Cada cosa en la naturaleza tiene un significado en sí misma, contenido en su propia existencia y funcionamiento. De ahí, el mandamiento de no matar, tanto como sea posible. En cada cosa existe una cualidad innata que está en proceso de manifestación, buscando expresarse a sí misma.

Esa cualidad o naturaleza innata de las cosas está en su vida o alma, que la sostiene, no en el material del cual se compone, sino en la vida interna de la forma que la integra y la utiliza. Vemos la diferencia en el caso del cuerpo humano, aunque aquí a esa vida interna la llamaríamos el alma. La palabra vida nos transmite una impresión de energía, salud, acción, expansión, belleza de forma y movimiento; la palabra alma tiene una connotación más sutil, de amor, de respuesta profunda, percepción, belleza en el corazón y en la naturaleza. Pero la vida y el alma no están separadas. Son equivalentes a la energía del violinista y la melodía que él produce.

La forma, podemos suponer, se corresponde aproximadamente con el alma. La forma es lo que es, o lo que está en vías de convertirse en lo que será (es decir, en proceso evolutivo) debido a la naturaleza de su alma.

La sabiduría de Dios, cuya naturaleza está en el alma, fluye hacia la forma a través de la vida que ésta manifiesta; el diseño de la forma, sus procesos, toda su naturaleza, e incluso lo que ella simboliza, expresan algo de la naturaleza de esa sabiduría. Podríamos incluir la sugerencia simbólica porque cada fenómeno natural es un símbolo o signo en la Naturaleza, que refleja una idea interna o arquetípica.

El propósito de la existencia de una cosa puede ser, por supuesto, el servicio que ésta ofrece, su parte en el proceso evolutivo, su acción sobre todas las otras cosas. Ya que todo lo que existe representa cierto flujo de fuerzas, se supone que cada cosa ayude a todas las demás, directa o indirectamente. Esto se desprende de la verdad de que todas las cosas están relacionadas.

Pero cada cosa individual existe también por sí misma como una expresión de la vida del Dios dentro de sí, llevando a cabo en su misma existencia parte del diseño universal. El fin más elevado es siempre una finalidad en sí misma. La existencia tiene su finalidad en la eternidad, si no es en el tiempo.

Vemos esta verdad ilustrada en un objeto de belleza. Éste existe como una revelación de su belleza, completa en sí misma. El más elevado fin para cuanto existe es ser lo que se supone que sea; no necesita ninguna otra justificación para su existencia. La belleza última de algo incluye el modo en que ésta actúa sobre todo lo demás; en un ser humano, es la acción que ayuda al bien último de todo ser. En la expresión más elevada de la belleza, es decir, cuando la revelación es perfecta, yace la más elevada trascendencia, desde todo punto de vista.

Sin duda, la Sabiduría supone el conocimiento del significado de las cosas; el significado a un nivel de existencia que incluye la cosa y su significado inherente. El verdadero significado de algo se encuentra en la manifestación de su finalidad ultérrima. El más profundo y verdadero propósito es aquel que está presente de principio a fin, y que sólo al final se revela por completo.

Existe un propósito en cada cosa, un propósito en la totalidad y en el proceso universal. Todos los propósitos secundarios aparecen desde el propósito original, el cual puede ser descrito como la realización de la Voluntad una o la Vida una presente en todo. Cuando se comprende que este propósito es el propio, ya que es innato tanto en uno como en los demás, entonces hay sabiduría. La realización yace siempre en la acción; la acción, sea correcta o errónea, conforme o no a esa voluntad, es una revelación de la naturaleza actuante. Un conocimiento de esta naturaleza es el auto-conocimiento. Llegamos a conocernos a nosotros mismos sólo cuando somos conscientes de cómo pensamos, sentimos, y actuamos.

Naturaleza y acción son correlativas a cada etapa, y en última instancia, cuando hay una condición de unidad en uno mismo, son sinónimas. La acción es siempre un fluir de energía. Si éste no existe o si la acción toma una dirección errónea, significa que la naturaleza que rodea al Yo no es su verdadera naturaleza; su expansión; es una naturaleza tomada de aquello con lo que está en contacto. El Yo, en su estado absoluto, es un centro de energía cuya naturaleza puede ser conocida sólo a través de su acción, y este conocimiento es posible sólo para un rayo de su propia Inteligencia. Por lo tanto, auto-conocimiento es, en última instancia, auto-realización.

La Sabiduría no es una cuestión de estudio, sino de vida y acción. Hablamos de la Sabiduría pero ésta es de poco valor en nuestras vidas, excepto en la medida en que su cualidad sea evocada en nosotros. La Sabiduría no es conocimiento, pero yace en el uso que hacemos del conocimiento. Ésta aparece cuando el conocimiento es guiado por el amor. Porque amar es una forma de conocimiento; el amante tiene un conocimiento de su amada, divino en esencia, el cual es un estado de plenitud, una finalidad en sí misma. Estar enamorado de una persona es reaccionar completa y directamente a él o ella, sin el efecto oscurecedor de un yo que interpone una barrera. Usar el conocimiento con bondad es hacerlo brillar con un valor atemporal, reflejando una cualidad de Eternidad en el tiempo.

Todos pensamos que sabemos cuando en realidad no es así, o cuando conocemos pero parcialmente. El primer paso para zafarnos de las cadenas de esta ignorancia primaria es tornarnos consciente de ella. Mientras más sabemos, más nos damos cuenta de lo poco que sabemos. Mientras más amplia es la circunferencia de lo conocido, más puntos de contacto existen con lo no conocido. Quien es sabio es humilde. No es posible que alguno de nosotros posea todo el conocimiento; siempre habrá en nuestro conocimiento lagunas que pueden presentar una dificultad para el pensamiento. Uno puede llevar encima una vasta carga de conocimiento y, sin embargo, ser básicamente un tonto. Por otro lado, es posible ser muy sabio aun con poco conocimiento. Un alma profundamente madura en sabiduría que toma el cuerpo de un niño al nacer, puede ser sabia incluso en su adolescencia. Ella obtendrá sabiduría de cada indicio, de cada pequeño fenómeno y situación. Todo lo que venga a su conocimiento tendrá la cualidad de un conocimiento previo en esencia.

La Sabiduría yace menos en lo que aprendemos y más en nuestras reacciones a ese aprendizaje; menos en la cantidad y más en la calidad de nuestro conocimiento; menos en la acumulación de hechos y nomenclatura y más en el conocimiento de los principios; menos en la posesión de ideas y más en el correcto empleo de ellas; en una palabra, menos en todo lo que reunimos y que debe ser desechado, y más en lo que asimilamos en la textura de ese Ser que es un reflejo inmortal del Espíritu universal.

La Sabiduría de Dios, el Espíritu universal, es un atributo de Su naturaleza. Éste es el principio de la Sabiduría en su más elevado sentido, o la Sabiduría en abstracto, con una potencialidad infinita de manifestarse en toda forma posible y en cada nivel.

La naturaleza del no-Yo, cuando se reordena con Sabiduría, se asimila al Yo. El orden es la primera ley de los cielos, un orden divino que, cuando es traído a la existencia, reúne el cielo y la tierra.

Cuando pensamos en la sabiduría que encontramos manifiesta en la Naturaleza, pensamos en un activo principio creador u ordenador. Este principio es femenino cuando se refleja en la madre o en el aspecto forma, y construye o modela un orden que será apropiado para la cualidad en manifestación. Cada forma que tiene un sentido posee un cierto orden de partes o elementos, y un orden en su funcionamiento, en el tiempo y el espacio. Tal orden en su belleza puede representarse como una curva perfecta, una curva que difiere de otra, siguiendo su propia ley.


Ley y orden están, por lo tanto, eternamente conectados. La ley del Ser Divino que se manifiesta en sus expresiones genera el Orden Divino, de un modo tal, que en el pensamiento Budista, la Ley toma el lugar del Ser. Nosotros pensamos en el Ser como una Individualidad. Cuando la Individualidad es perfecta, la lógica de su formación es completa y es la manifestación de una Ley. Descubrir la ley de nuestro propio ser, y vivir de acuerdo con ella, es verdadera sabiduría.

Como ocurre con Dios, así mismo ocurre con el hombre. A medida que el hombre crea a semejanza de aquél Ser que él es en la eternidad (siendo la creación posible sólo a través de una energía que es parte de su ser), desenvuelve su sabiduría. Hay belleza en la ley, y esta belleza se ve cuando la ley se manifiesta a sí misma.

La sabiduría yace en la integridad del pensamiento, cuando ésta es una integración natural. Es el florecimiento de la cualidad de la esencia de Vida que subyace, revelando Su profundo significado. Es la unidad y belleza del todo reflejada en la parte. Es un movimiento de vida que la muestra en su excepcionalidad y gracia innata. Es una cualidad de pensamiento libre de toda mancha terrenal, formada por una entonación directa desde el cielo. Es un rayo divino que penetra el corazón y la mente, y los unifica. Es el aliento de Dios, cuyo calor es vida, y su luz es amor y belleza. Es una expresión del Yo en el cual no existe fuerza opuesta.

En el mundo, a menudo se cree que la sabiduría yace en la precaución. Esta noción surge del instinto de conservación. Puede que la sabiduría también se encuentre en no tomar en cuenta la prudencia. En realidad, ésta yace en la acción segura que se eleva por sobre los opuestos. Es sabio aquél que por un perfecto vivir ha hallado ese instinto de rectitud que lo guiará tanto en el pensamiento como en la acción; ese centro de equilibrio que está siempre por encima de su punto de contacto con las circunstancias. Él es un hombre en quien la Naturaleza derrama la riqueza de todos sus instintos.

N. Sri. Ram

Publicado por The Theosophical Publishing House
Adyar, India, 1954.

sábado, septiembre 12, 2009

La búsqueda del espíritu detrás de las formas


Mientras estáis en la tierra, os veis obligados a vivir en el mundo de las formas. Así, por ejemplo, debéis conservar la forma de vuestro cuerpo, y hasta cuidarlo: es preciso mantenerlo saludable, estético, expresivo… Pero, ¿hasta cuándo? Hasta el momento en que os vayáis al otro mundo.

En todos los ámbitos, y hasta en el de la religión, llega fatalmente el momento en que se debe abandonar una forma como un vestido usado. Se puede, pues, conservar una forma mientras sea útil, necesaria, indispensable, pero cuando está caduca, comienza otra fase y es preciso reemplazarla, o por lo menos ir más lejos en la comprensión de esta forma.

Porque está claro que ritos como el bautismo, el matrimonio, la misa, la comunión, están basados en grandes leyes, en conocimientos mágicos. Y esto es cierto sobre todo en lo que concierne a la misa, que es pura magia blanca. Incluso puede decirse que si la Iglesia se ha mantenido hasta hoy, se debe a la misa. Lástima que muchos sacerdotes desconozcan el alcance de lo que hacen. Si lo conociesen, la misa habría ejercido una mayor influencia.

La mayoría de los cristianos no han comprendido todavía la verdadera religión de Cristo. Van a la iglesia, encienden velas, se santiguan con agua bendita, comulgan, pero no han comprendido que mientras estas prácticas no se correspondan con el estado interior apropiado, son gestos vacíos y huecos. Todo esto no es más que superstición: se cuenta con esto, se cree en aquello; pero la creencia y la fe son dos cosas diferentes, e imaginándose tener fe, la mayoría se contenta con creencias. Sí, porque se apegan demasiado a la forma, sin ser conscientes de que inclusolas oraciones pueden ser más que formas.

Si leéis el Antiguo Testamento veréis, por ejemplo, que el profeta Eliseo había ordenado a Naaman sumergirse siete veces en el Jordán para curarse de la lepra. También en el Jordán Jesús fue bautizado por san Juan Bautista. El bautismo, las abluciones son de una gran eficacia, ciertamente, pero esta eficacia depende también de la elevación espiritual del que os bautiza o del que os pide que os sumerjáis en el agua.

Lo mismo ocurre con los talismanes. El poder de un talismán depende de la persona que lo ha preparado. Si ésta es una persona débil e ignorante este talismán no actuará, porque no ha podido recibir una gran energía. Un objeto sólo se convierte en un talismán si ha sido penetrado por la energía «Telesma ». Gracias a esta energía Telesma, «la fuerza fuerte de todas las fuerzas », como la llama Hermes Trismegisto en la Tabla de Esmeralda, el talismán tiene poderes. De lo contrario, el objeto está ahí, pero al estar la energía Telesma ausente, no se trata de un verdadero talismán.

El agua es un elemento muy propicio para la purificación porque en ella habitan y trabajan determinados seres invisibles, y cuando el hombre se sumerge en ella, estos seres son capaces de desembarazarle de ciertas capas fluidas impuras. Está bien sumergirse en el agua, pero lo esencial es ser consciente de su poder; si el agua está bendecida, magnetizada, si un Iniciado la ha consagrado pronunciando fórmulas, entonces sí que es eficaz.

Pero aún en este caso, su poder no dura por toda la eternidad. La purificación sólo es verdaderamente duradera cuando la persona que ha sido purificada, exorcizada, logra mantener este estado con sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos. Entonces sí, la purificación puede ser definitiva; pero sólo con esta condición. En la vida espiritual, ningún medio externo puede obrar de forma duradera si el hombre no vive una vida pura y sensata.

Omraam Mikhael Aïvanhov

viernes, septiembre 11, 2009

Vida Teosófica

Para comprender las profundidades ocultas en el aspecto místico de la Teosofía necesitamos introducir la Teosofía en nuestra vida diaria. Tenemos la tendencia a ser criaturas de tiempo lineal y de espacio tridimensional, pero estas limitaciones deben superarse antes de que podamos empezar a apreciar la sublime Verdad Eterna que estamos buscando. Como nuestro difunto Presidente, Sri Ram dijo :

Vive en el eterno ahora, como pájaro al que no le preocupa el mañana. Libérate de las cadenas nacidas de recuerdos desgraciados, lo mismo que de las esperanzas de satisfacciones preconcebidas, libérate de todo aquello que es producto del aspecto mecánico de la mente.

Esto no significa dejar de pensar- sino que significa pensamiento profundo que busca intensamente la motivación de nuestra vida y su misterio. La sabiduría profunda que descubre la Eternidad en medio del Tiempo señala al verdadero teósofo.

Como también dijo Sri Ram :

La forma perfecta o cáliz que es nuestra individualidad eterna está oculta a nuestra visión imperfecta por el velo del tiempo tejido en el telar de oro de Dios.

La Teosofía mística, pues, es real y verdadera Teosofía; aquello que trata de las verdades eternas, así como de sus imágenes temporales,; y como tal, es una Verdad intelectualmente incomprensible pero más real que cualquier experiencia nuestra de cada día. ¡El misticismo es la Realidad!.

Al abordar el trabajo de nuestra vida diaria deberíamos actuar, vivir y amar con esta Verdad mística interna irradiando a través de cada acción, e inspirándonos para reflexionar sobre el misterio de la vida.

Haciéndose eco de la eterna verdad de la Teosofía, Krishnamurti habla de la Realidad última y de su experiencia :

Hay una montaña, mucho más allá de las llanuras y de las colinas,

cuya gran cima domina la oscuridad del valle y de los mares abiertos.

Ninguna nube ni espesa niebla ocultan nunca su serena apariencia.

Está por encima de las sombras del día y de la noche.

Desde la vasta planicie ningún hombre puede avistarla.

Algunos la han visto, pero pocos son los que han llegado hasta sus pies.

Uno en muchos miles de años hace acopio de fuerza y gana esa morada de eternidad.

Hablo de aquella cima de la montaña serena, infinita, más allá del pensamiento.

Estallo en gozo.

Norman S. Hankin

The Theosophist, agosto 1989

miércoles, septiembre 09, 2009

La Amistad


Un hombre joven pidió. Háblanos de la Amistad:

Y él dijo:
Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.
El es el campo que sembráis con amor y cosecháis con agradecimiento.
Y él vuestra mesa y vuestro hogar.
Porque vosotros os precipitáis hacia él
con vuestro hambre y lo buscáis sedientos de paz.
Cuando vuestro amigo os hable con sinceridad,
no temáis vuestro propio “no”, ni detengáis el “si”.
Y cuando él permanezca en silencio,
que vuestro corazón no cese de oír su corazón;
Porque cuando hay amistad, todos los pensamientos,
todos los deseos, todas las esperanzas nacen
y se comparten en espontánea alegría.
Cuando os separéis de un amigo, no sufráis;
Porque lo que más amáis en él se volverá nítido en su ausencia,
como la montaña es más clara desde el llano para el montañés.
Y no permitáis más propósito en la amistad que la consolidación del espíritu.
Porque el amor que no busca más que la dilucidación de su propio misterio,
no es amor sino una red que lanzada sólo recoge lo inútil.
Que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo
Si él ha de conocer el menguante de vuestra marea,
que también conozca su creciente.
Porque ¿qué amigo es el que buscáis para matar las horas?
Buscadlo siempre para vivir las horas.
Porque él existe para colmar vuestra necesidad, no vuestro vacío
Y permitid que haya risa y placeres compartidos en la dulzura de la amistad.
Porque en el rocío de las pequeñas cosas
el corazón encuentra su alborada y se refresca.


Khalil Gibran
de "El Profeta"

El Diario de Krishnamurti


Brockwood Park - Octubre 10, 1973

Las lluvias llegaron y se fueron, y las enormes piedras resplandecían al sol de la mañana. Había agua en los lechos secos de los ríos y el suelo se regocijaba nueva­mente; la tierra estaba más roja y cada arbusto, cada brizna de hierba estaban más verdes, y en los árboles de raíces profundas aparecían hojas nuevas. El ganado co­menzaba a engordar y los aldeanos se veían menos escuálidos. Estos cerros son tan antiguos como la tierra, y los enormes pedruscos parecen haber sido puestos ahí con esmerado equilibrio. Hacia el este hay un cerro que tiene la configuración de una gran plataforma, sobre la cual han construido un templo cuadrado.

Los niños de la aldea caminaban varias millas para aprender a leer y escribir; había aquí una niña pequeña que se dirigía completamente sola y con el rostro radian­te, a la escuela de la aldea más próxima, llevando en una mano un libro y en la otra un poco de comida. Cuando nos cruzamos se detuvo, tímida e inquisitiva, si hubiéra­mos permanecido así por más tiempo habría llegado tarde a su escuela. Los arrozales se veían sorprendentemente verdes. Era una larga, apacible mañana.
Dos cuervos estaban riñendo en lo alto, graznando destrozándose uno a otro. En el aire no había suficiente apoyo, de manera que bajaron a tierra para seguir pe­leando. Por el suelo comenzaron a volar plumas y la lucha empezó a ponerse muy seria. De pronto, cerca de una docena de otros cuervos descendió sobre ellos y puso fin a la pelea. Después de una cantidad de grazni­dos y regaños, desaparecieron todos entre los árboles.

La violencia está en todas partes, tanto entre los alta­mente educados como entre los más primitivos, entre los intelectuales y entre los sentimentales. Ni la educación ni las religiones organizadas han sido capaces de amansar al hombre; por el contrario, han sido las responsables de las guerras, las torturas, los campos de concentración y la matanza de animales en la tierra y en el mar. Cuanto más progresa, más cruel parece volverse el hombre. La política se ha convertido en gangsterismo, un grupo contra otro grupo; el nacionalismo nos ha conducido a la guerra, hay guerras económicas, hay odios personales, hay violencia. El hombre no parece aprender nada de la experiencia y el conocimiento, y la violencia prosigue en todas sus formas. ¿Qué lugar ocupa el conocimiento en la transformación del hombre y de su sociedad?

La energía que se ha dedicado a la acumulación de co­nocimientos, no ha cambiado al hombre, no ha puesto fin a la violencia. La energía que se ha invertido en mi­llares de explicaciones de por qué el hombre es tan agre­sivo, tan brutal e insensible, no ha puesto fin a su crueldad. La energía que se ha gastado en analizar las causas de su insana destrucción, de su placer en la vio­lencia, de su sadismo, de su pendenciera actividad, en modo alguno ha hecho que el hombre sea más benévolo y considerado. A pesar de todas las palabras y los libros, de las amenazas y los castigos, el hombre continúa con su violencia.

La violencia no está sólo en el matar, en la bomba, en los cambios revolucionarios que se producen me­diante derramamientos de sangre; es más profunda y sutil. El conformismo y la imitación son indicaciones de violencia; la imposición y aceptación de la autori­dad, indican violencia; la ambición y la competencia son una expresión de esta condición agresiva, de esta crueldad, y la comparación engendra envidia con su animosidad y su odio. Donde hay conflicto, interno o externo, ahí está el terreno para la violencia. La división en todas sus formas trae consigo lucha y sufrimiento.

Todos conocemos esto; hemos leído sobre las accio­nes de la violencia, las hemos visto en nosotros mismos y alrededor de nosotros, hemos oído mucho al respecto y, no obstante, la violencia no se ha terminado. ¿Por qué? Las explicaciones acerca de las causas de una con­ducta semejante no tienen real significación. Si nos com­placemos en ellas, estamos derrochando la energía que necesitamos a fin de superar la violencia. Necesitamos de toda nuestra energía para enfrentarnos a la energía que se disipa en la violencia e ir más allá de ella.

Contro­lar la violencia es otra forma de violencia, porque el con­trolador es lo controlado. En la atención total, que es la suma íntegra de la energía, llega a su fin la violencia en todas sus formas. La atención no es una palabra, no es una formula abstracta del pensamiento, sino una acción en la vida cotidiana. La acción no es una ideología porque si la acción es el resultado de una ideología, con­duce a la violencia.

Después de las lluvias, el río pasa alrededor de cada piedra, de cada ciudad y aldea, y por contaminado que se encuentre, se purifica a sí mismo corriendo a través de valles, desfiladeros y praderas.

Jiddu Krishnamurti

jueves, septiembre 03, 2009

Ética


Cómo construir confianza y amor propio

Los fundamentos de la ética

El hombre ha visto desde hace mucho tiempo que la ética es un tema desconcertante. En las últimas décadas se ha hecho todavía más desconcertante. ¿Cómo sabe una persona si lo que está haciendo es correcto o incorrecto?

Cuando ve que hombres deshonestos tienen el poder, los criminales son liberados y los valores tradicionales se echan a un lado, quizá sienta que debería tomar el camino de salida más fácil. "Los demás defraudan en sus impuestos, ¿porqué no debería hacerlo yo?" "Otros niños roban en las tiendas", "¿Qué mal hacen?".

Pero, a pesar de cualquier otra cosa, una persona tiene que vivir consigo misma. Con tantas presiones que empujan y tiran de la persona, ¿cómo puede estar segura de que sus elecciones sean lo mejor para sí misma, para su familia y para cada aspecto de su vida y su futuro? . L. Ronald Hubbard llevó a cabo un descubrimiento admirable en el campo de la ética que incluía no sólo la simplificación y la codificación del tema, sino el desarrollo de una tecnología funcional que puede aplicarse a nuestras vidas diarias, una tecnología que produce mayor felicidad, prosperidad y supervivencia.

Estos fundamentos, tomados del cuerpo de la obra del Sr. Hubbard, cuando se combinan con el capítulo previo, "La integridad y la honestidad", que aporta aún más información sobre el tema, no presentan la totalidad de la tecnología de ética disponible en Cienciología. Sin embargo, proporcionan un medio exacto para que un individuo, paso a paso, eleve su nivel de ética, aumente su potencial de supervivencia en cualquier área de su vida y ayude a los demás a hacer lo mismo. Así, pues, la tecnología de ética es la herramienta clave que necesita para tener éxito en todos los aspectos de la existencia.


LOS FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA

Durante siglos, el hombre ha batallado con los temas de lo que es correcto o incorrecto, la ética y la justicia. El diccionario define ética como "el estudio del carácter general de las normas de conducta y de las elecciones morales concretas que el individuo hace en su relación con los demás". El mismo diccionario define justicia como "conformidad con lo correcto moralmente, o con la razón, verdad o hecho comprobado", o "la administración de la ley". Como se puede ver, estos términos se han vuelto confusos.

Desde tiempos inmemoriales todas las filosofías se han ocupado de estos temas y nunca los han resuelto. El hecho de que se hayan resuelto en Cienciología es un gran avance. La solución se encuentra, en primer lugar, en su separación. A partir de ahí, se podía llegar hasta una tecnología práctica para cada uno de ellos.

La ética consiste simplemente en las medidas que el individuo toma consigo mismo. Es algo personal. Cuando uno es ético o "tiene su ética 'dentro'", es por su propia determinación y lo hace él mismo. La justicia son las medidas que el grupo toma con el individuo cuando el individuo no las toma por sí mismo.

Historia.

Estos temas son realmente la base de toda filosofía. Pero en cualquier estudio de la historia de la filosofía, está claro que han dejado perplejos a los filósofos durante mucho tiempo. Los antiguos discípulos griegos de Pitágoras (filósofo griego del siglo VI a.c.) intentaron aplicar sus teorías matemáticas al tema de la conducta y la ética humanas.

Poco después, Sócrates (filósofo y maestro griego, 470-399 a.c.) abordó el tema. Demostró que todos los que afirmaban mostrar a la gente cómo vivir eran incapaces de defender sus puntos de vista o de siquiera definir los términos que usaban. Mantenía que debemos saber lo que son el coraje, la justicia, la ley y el gobierno, antes de que podamos ser valientes, buenos ciudadanos o gobernantes justos o buenos. Esto estaba bien, pero luego se negó a dar definiciones. Decía que todo pecado era ignorancia, pero no tomó las medidas necesarias para librar al hombre de su ignorancia.

El discípulo de Sócrates, Platón (filósofo griego, ¿427?-347 a.c.) siguió las teorías de su maestro, pero insistía en que estas definiciones sólo podían hacerse mediante la razón pura. Esto significaba que uno tendría que aislarse de la vida en algún retiro y descubrirlo todo, lo cual no es muy útil para el hombre de la calle.

Aristóteles (filósofo griego 384-322 a.c.) también se ocupó de la ética. Explicó el comportamiento no ético diciendo que el deseo del hombre llegó a anular su racionalidad. Esta cadena continuó durante siglos y siglos. Filósofo tras filósofo intentó resolver los temas de la ética y la justicia. Desafortunadamente, hasta ahora no ha habido una solución funcional, como lo demuestra el decadente nivel ético de la sociedad.

Vemos, así, que el avance que se ha hecho en este tema en los últimos treinta años aproximadamente, no es pequeño. Hemos definido los términos, cosa que Sócrates no hizo, y tenemos una tecnología funcional que puede servir de ayuda a cualquiera para salir del fango. Se han encontrado y se han hecho asequibles, para uso de todos, las leyes naturales que hay tras este tema.


Ética.

La ética es tan innata al individuo, que cuando ésta se desvía él siempre tratará de vencer su falta de ética. En el momento en que aparece en él un punto débil en cuanto a su ética, lo sabe.
En ese momento comienza a intentar volverse ético, y en la medida en que pueda contemplar conceptos de supervivencia a largo plazo puede tener éxito, aunque carezca de la tecnología de ética.

No obstante, demasiado a menudo, el individuo se pone a sí mismo en una situación fuera de ética, y si no tiene tecnología con que resolverlo de forma analítica (racional), su "solución" es creer o pretender que se le hizo algo que provocó o justificó su acción no ética; y en ese punto comienza su declive. Cuando eso ocurre, realmente nadie le hunde más que él mismo.
Y una vez en declive, sin la tecnología básica de ética, no tiene modo de volver a ascender: se derrumba directa y deliberadamente.

Y aunque tenga muchísimas complejidades en su vida, y haya otras personas acabando con él, todo comienza con su desconocimiento de la tecnología de ética. La ética es básicamente uno de los instrumentos primarios que utiliza para desenterrarse.


La naturaleza básica del hombre.

No importa lo criminal que una persona sea, de un modo u otro intentará volverse ética.

La persona que carece de la tecnología de ética es incapaz de ser ética y reprimirse de realizar acciones que van contra la supervivencia: así, se hunde a sí misma. Y no llegará a reanimarse a menos que adquiera la tecnología básica de ética y la aplique a sí misma y a los demás.

Al principio puede que la encuentre un poco desagradable, pero cuando se está muriendo de malaria, normalmente uno no se queja del sabor de la quinina; puede que no le guste, pero sin duda se la toma.


Justicia.

Cuando el individuo fracasa en volverse ético por sí mismo, el grupo toma medidas contra él, y a esto se le llama justicia. Al hombre no se le puede confiar la justicia. La verdad es que al hombre realmente no se le puede confiar el "castigo". Con éste, no busca realmente la disciplina, sino que siembra la injusticia.

Dramatiza su incapacidad de volverse ético intentando conseguir que lo hagan los demás; examine lo que irrisoriamente pasa por "justicia" en nuestra sociedad actual. Muchos gobiernos son tan susceptibles acerca de su divina rectitud en asuntos judiciales, que apenas abre uno la boca, cuando estallan con violencia incontrolada.

En muchos lugares, caer en manos de la policía es en sí una catástrofe, aun cuando uno sea simplemente el demandante (el que promueve el proceso judicial), por no hablar del acusado. Así, los disturbios sociales están al máximo en esos lugares. Cuando no se conoce la tecnología de ética, la justicia se convierte en un fin en sí misma. Y eso degenera en sadismo, una crueldad perversa.

Los gobiernos, puesto que no comprenden la ética, tienen "comisiones de ética", pero todas ellas se expresan en el marco de la justicia. Incluso violan la etimología de la palabra ética . Continuamente introducen justicia en la ética con las comisiones éticas de Medicina, comisiones éticas de Psicología, Comisiones Parlamentarias, etc. Todas ellas basadas en la justicia porque no saben realmente lo que es la ética. Lo llaman ética, pero entablan procesos judiciales y castigan a las personas, y hacen que les sea más difícil volverse éticas.

La justicia adecuada es algo con lo que se cuenta, y tiene un uso claro. Cuando no hay disciplina, todo el grupo se derrumba. Se ha observado continuamente que el fracaso de un grupo comenzó con la falta o pérdida de disciplina. Sin ella, el grupo y sus miembros mueren. Pero usted debe comprender la ética y la justicia. Al individuo se le puede confiar la ética, y cuando se le enseña a poner en práctica la ética para sí mismo, la justicia ya no resulta el tema tan absolutamente importante que se le ha hecho ser.

L. RONALD HUBBARD

miércoles, septiembre 02, 2009

El nacimiento del ego



EL SENDERO DEL MAGO
Tercera Parte


Segundo Paso

“El siguiente paso”, prosiguió Merlín, “anuncia la entrada en escena del ego, el sentido del ‘yo’. Para que haya un ‘yo’ también debe existir un ‘tú’ o un ‘aquello’. El nacimiento del ego es el nacimiento de la dualidad.

Marca el principio de los contrarios y, por lo tanto, de la oposición. Aunque cada nuevo paso de la alquimia hace tambalear al anterior y pone el mundo al revés, esta revolución es quizás la más espantosa. ¡Han dejado de ser dioses!

“Imaginen un ser que se siente omnipotente en su mundo. A donde quiera que mira encuentra el reflejo de sí mismo. De pronto, comienza a ver a las personas y a las cosas como creaciones separadas. Ninguno de ustedes recuerda este suceso aterrador porque ocurrió en la primera infancia. Sin embargo, fue un cambio estremecedor, casi como un nuevo nacimiento. Eran felices como dioses y nacieron a la mortalidad”.

“También fue un nacimiento al dolor”, dijo Percival. “¿Era absolutamente necesario este paso?”
“Ah, claro que sí. Ya les dije, las semillas y las tendencias. Cuando la curiosidad del bebé lo lleva a fijar su atención afuera de sí mismo, ¿qué es lo que ve? Primero, el rostro de su madre. De acuerdo con el plan de la naturaleza, el bebé responde automáticamente a su madre como a una fuente de amor y alimento. Pero es una fuente externa a sí mismo.

He ahí la trampa, porque por perfecto que sea el amor materno, no es amor propio y, durante muchos años; ustedes suspirarán por la pérdida del amor perfecto, sólo para darse cuenta de que el objeto de su nostalgia es el amor por ustedes mismos antes de que los demás aparecieran en escena.

“Al principio, no había separación. Cuando el bebé tocaba el seño de la madre, o su cuna, o la pared, sentía que todas esas cosas eran una sola sensación continua sin divisiones. Sin embargo, al poco tiempo todos los bebés se dan cuenta de que hay algo más aparte de ellos mismos: el mundo exterior.

El ego dice: ‘este soy yo, ése no soy yo’. Y gradualmente comienza a identificar algunas cosas con su ‘yo’ — su mamá, sus juguetes, su hambre, su dolor, su cama. Tan pronto como emergen las preferencias se perfila todo un mundo que no es “él” , no es su mama, no son sus juguetes, y así sucesivamente.

“No puede recordar ese nacimiento, como tú lo llamas”, dijo Percival. “Pero si lo que dices es cierto, entonces fue en ese momento cuando comenzó la búsqueda del Grial. ¿Dónde más podría comenzar sino en la separación?”

“Si. Mientras ustedes los mortales se sentían divinos, no había necesidad de salir a recuperar la bendición de Dios”, coincidió Merlín. “Pero en la separación comenzaron a buscarse a sí mismos en los objetos y los sucesos. Perdieron la capacidad de verse a sí mismos como la fuente verdadera de todo lo que es. Para el bebé no era equivocado sentirse la fuente de la vida. Pero a medida que comienza a explorar el mundo exterior y a fascinarse por sus objetos, liga su felicidad a ellos. Esto es lo que denominamos referencia al objeto, la cual reemplaza la autorreferencia presente en el bebé”.

“¿Y este paso no se pierde también a medida que el niño continúa avanzando?”, preguntó Galahad. “Nada se pierde nunca. El nacimiento del ego dio lugar a aspectos que todavía pueden percibir en ustedes mismos: el temor al abandono, la necesidad de aprobación, la necesidad de poseer, la angustia ante la separación, la preocupación por sí mismos, la autocompasión.

Desarrollaron adicción por el mundo y continúan siendo adictos, porque ya no pudieron sentir la plenitud de la misma manera simple como la siente un bebé. Pero no se desesperen, porque bajo esos cambios había una fuerza más profunda en funcionamiento”.

DEEPAK CHOPRA

La sombra oscura del ego


En tanto eres incapaz de acceder al poder del Ahora, cada dolor emocional que experimentas deja detrás de sí un residuo de dolor que vive en ti. Se mezcla con el dolor del pasado, el cual ya esta allí, y se instala en tu mente y en tu cuerpo. Esto, por supuesto, incluye el dolor que sufriste en tu niñez, causado por la inconciencia del mundo dentro del cual naciste.

El dolor acumulado es un campo energético negativo que ocupa tu cuerpo y tu mente. Si lo piensas como una entidad invisible con su propio derecho a existir, te estás acercando bastante a la realidad. Es el cuerpo del dolor emocional. Tiene dos formas de ser: dormido y activo. Un cuerpo-dolor puede permanecer dormido un 90% del tiempo. Sin embargo, en una persona profundamente infeliz, puede estar activo en un 100% del tiempo. Algunas personas viven casi enteramente a través de su cuerpo-dolor, mientras que otras tal vez lo experimenten solamente en ciertas situaciones, tales como en vínculos íntimos, o situaciones ligadas con pérdidas pasadas o abandonos, heridas físicas o emocionales, etc. Cualquier cosa puede dispararlo, particularmente si resuena con un patrón de dolor de tu pasado. Cuando está listo para despertarse de su estado de sueño, incluso un pensamiento o un inocente comentario hecho por alguien cercano a ti puede activarlo.

Algunos cuerpos-dolor son tremendamente desagradables pero relativamente inofensivos, por ejemplo, como un niño que no para de lloriquear. Otros son monstruos viciosos y destructivos, verdaderos demonios. Algunos son físicamente violentos, muchos otros son emocionalmente violentos. Algunos atacarán a personas cercanas o de tu entorno, mientras que otros te atacarán a ti, su huésped. Los pensamientos y los sentimientos que tienes acerca de tu vida se vuelven entonces profundamente negativos y autodestructivos. Las enfermedades y los accidentes muy a menudo son creados de ésta forma. Algunos cuerpos-dolor llevan a sus huéspedes al suicidio.

… Mantente atento a cualquier signo de infelicidad en ti mismo, en la forma que sea – podría ser el cuerpo-dolor que se está despertando. Esto puede tomar la forma de irritación, impaciencia, un estado de animo sombrío, un deseo de lastimar, furia, queja, depresión, una necesidad de tener un drama en tu vínculo, y así. Agárralo en el momento en que se despierta de su estado de sueño.

El cuerpo-dolor quiere sobrevivir, tal como cualquier otra entidad que existe, y sólo puede sobrevivir si consigue que tú, inconscientemente, te identifiques con él. Entonces él puede levantarse, conquistarte, “convertirse en ti”, y vivir a través de ti. Él necesita conseguir su “comida” a través de ti. Él se alimentará de cualquier experiencia que resuene con su propia energía, cualquier cosa que cree un poco más de dolor en la forma que sea: furia, destructividad, odio, duelo, drama emocional, violencia e incluso enfermedad. De modo que el cuerpo-dolor, cuando te ha conquistado, creará una situación en tu vida que refleja de vuelta su propia frecuencia de energía para alimentarse de ella. El dolor sólo puede alimentarse de dolor. El dolor no puede alimentarse de dicha. Le resulta bastante indigesta.

Una vez que el cuerpo-dolor te ha conquistado, tú quieres más dolor. Te conviertes en una víctima o en un perpetrador. Quieres provocar dolor o quieres sufrir el dolor, o ambos. En realidad no hay mucha diferencia entre los dos. Tú no estás conciente de esto, por supuesto, y clamarás vehementemente que no deseas el dolor. Pero mira de cerca y encontrarás que tu pensamiento y tu actitud están diseñados para mantener el dolor, para ti y para otros. Si estuvieras verdaderamente conciente de ello, el patrón se disolvería, porque desear más dolor es locura, y nadie puede estar loco concientemente.

El cuerpo-dolor, el cual es la sombra oscura proyectada por el ego, en realidad le tiene miedo a la luz de tu conciencia. Tiene miedo de que lo descubran. Su supervivencia depende de tu identificación inconsciente con él, así como de tu miedo inconsciente a enfrentar el viejo dolor que vive en ti. Pero si no lo enfrentas, si no traes la luz de tu conciencia hacia el dolor, serás forzado a vivirlo una y otra y otra vez. El cuerpo-dolor puede parecerte como un monstruo peligroso al que no puedes soportar mirar directamente, pero te aseguro que es un fantasma insustancial que no puede permanecer frente al poder de tu presencia.

Algunas enseñanzas espirituales declaran que todo dolor es en última instancia una ilusión, y eso es cierto. La pregunta es: ¿Es eso cierto para ti? Una mera creencia no lo convierte en realidad. ¿Quieres experimentar dolor por el resto de tu vida y seguir diciendo que es una ilusión? ¿Eso te libera del dolor? Lo que nos ocupa en este caso es, cómo puedes hacer para darte cuenta y realizar esta verdad – o sea, hacerla real en tu propia experiencia.

Así que el cuerpo-dolor no quiere que tú lo observes directamente y lo veas tal cual es. El momento en que lo observes, siente su campo energético dentro de ti, y lleva tu atención hacia eso, entonces la identificación se rompe. Una dimensión de conciencia superior ha entrado. Yo la llamo presencia. Ahora tú eres el testigo o el observador del cuerpo-dolor. Esto significa que ya no puede usarte simulando ser tú, y ya no puede alimentarse a través de ti. Has encontrado tu mayor fuente de fuerza interior. Has accedido al poder del Ahora.

Eckhart Tolle
El Poder del Ahora
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