lunes, junio 29, 2009

Las enfermedades y la mente

¿Podrías hablar de la conexión entre la mente y el cuerpo?

Es posible ayudar a la gente con enfermedades porque casi el setenta por ciento de las enfermedades son mentales. Puede ser que se expresen a través del cuerpo, pero su origen está en la mente. Y si puedes poner en la mente la idea de que la enfermedad ha desaparecido, que no necesitas preocuparte de ella, deja de existir, la enfermedad desaparece...

La mente tiene un tremendo poder sobre tu cuerpo. La mente dirige todo tu cuerpo. El setenta por ciento de las enfermedades pueden cambiarse cambiando la mente, porque empiezan ahí; solamente el treinta por ciento de las enfermedades empieza en el cuerpo. Te caes y tienes una fractura: evidentemente no es posible curarla a través de la hipnosis diciendo que no tienes ninguna fractura. La fractura permanecerá. La fractura ha empezado en el cuerpo y el cuerpo no puede hipnotizarse; el cuerpo tiene su propio funcionamiento. Pero si el proceso empieza en la mente y se extiende a algún punto del cuerpo, puede cambiarse fácilmente.

Las religiones lo han explotado. En la India hay gente que danza sobre brasas sin quemarse. Hay muchas religiones en la India que lo practican: lo hacen los mahometanos, lo hacen los tibetanos, lo hacen los birmanos: danzan sobre el fuego sin quemarse. Pero esa gente no es gente común, son monjes. Han sido hipnotizados durante años y en su inconsciente se ha asentado la idea de que el fuego no puede quemarles. Pero recuerda, sólo un setenta por ciento...

En América, a principios de siglo, había una secta muy prominente; creo que todavía sobrevive en algunos lugares... Era un grupo cristiano que se autodenominaba Ciencia Cristiana. Creían que todo puede curarse, que sólo hay que creer en Jesucristo.

Decían que tus enfermedades no son otra cosa que creencias: crees que tienes tuberculosis, por eso tienes tuberculosis.

El cuerpo ni cree ni deja de creer, pero la mente sí. Y la mente tiene un inmenso control sobre el cuerpo. La ciencia médica se ha dado ahora cuenta de cierto fenómeno. Es un fenómeno muy peculiar: cada país padece un cierto tipo de enfermedades; cada comunidad, cada grupo religioso, tiene tendencia a padecer un cierto tipo de enfermedades. Por ejemplo, oriente es más vulnerable a las epidemias: la peste, el cólera. Oriente es más propenso a padecer enfermedades infecciosas, porque en oriente no hay mucha individualidad, sólo existe la comunidad.

En un pueblo indio nadie existe como individuo, existe la comunidad. Cuando lo colectivo prevalece, prevalecen las enfermedades infecciosas, porque nadie tiene una aura protectora alrededor de sí mismo. Si alguien enferma, poco a poco toda la comunidad es víctima de la enfermedad. Y puede que en la misma comunidad haya algunos occidentales, pero no les afecta la infección. De hecho, tendría que suceder lo contrario, porque un hombre occidental carece de la inmunidad de un nativo; debería enfermar antes. Pero no es así. Durante el último siglo se ha estudiado el fenómeno y se ha descubierto que siempre que hay alguna enfermedad infecciosa los europeos son protegidos por alguna fuerza desconocida; las víctimas son los indios.

La mente india es una mente más colectiva, la mente europea es más egoísta y personal. Por eso en occidente prevalecen otro tipo de enfermedades. Por ejemplo el ataque al corazón. El ataque al corazón es una enfermedad individual, no es infecciosa. En oriente el ataque al corazón es poco común; sólo ocurre cuando eres occidental o has tenido una educación occidental y estás muy occidentalizado.

En oriente, el ataque al corazón, la diabetes y la presión sanguínea alta no son afecciones muy frecuentes. Son enfermedades no infecciosas. Los cristianos son más propensos a ellas. La mente occidental vive como una unidad individual. Obviamente, cuando vives como una unidad individual la comunidad no puede afectarte demasiado; estás protegido de las infecciones.

En occidente, poco a poco han desaparecido las infecciones. Pero la gente padece cada día más enfermedades personales: ataque al corazón, depresión, insomnio, presión sanguínea alta, trastornos mentales, suicidio. No se deben a una infección, su origen es la tensión, la ansiedad, la angustia...

En oriente la gente no suele estar tensa, está más relajada. No padece insomnio, no padece enfermedades del corazón. La comunidad les protege de ello, porque la comunidad no tiene corazón. Cuando vives una vida comunal no padeces enfermedades del corazón.
Es un fenómeno extraño. Ello quiere decir que la mente te predispone ante cierto tipo de enfermedades y te protege ante otras enfermedades.

Tu mente es tu mundo. Tu mente es tu salud, tu mente es tu enfermedad. Y si vives en la mente, vives en una cápsula, no puedes conocer qué es la realidad. La realidad se conoce cuando abandonas todas las clases de mente: comunal, individual, social, cultural, personal... Entonces tu mente se vuelve universal, entonces tu mente se vuelve una con la mente del universo.

Cuando no tienes una mente propia, tu consciencia se vuelve universal. Todos los problemas son psicosomáticos porque el cuerpo y la mente no son dos cosas separadas. La mente es la parte interior del cuerpo y el cuerpo es la parte exterior de la mente. Cualquier casa que afecta al cuerpo puede entrar en la mente, o viceversa: puede empezar en la mente y afectar al cuerpo. No hay una división hermética.

Así que todos los problemas tienen dos vertientes y pueden abordarse a través de la mente o a -través del cuerpo. Algunos creen que todos los problemas provienen de cuerpo: los fisiólogos, los paulovianos, los conductistas... Tratan el cuerpo, y generalmente tienen éxito en un cincuenta por ciento de los casos. Y confían que a medida que la ciencia avance solucionarán más del cincuenta por ciento. Pero no tiene nada que ver con el desarrollo de la ciencia.

El otro grupo cree que todos los problemas provienen de la mente, lo cual es tan incierto como lo anterior. La Ciencia Cristiana, los hipnoterapeutas y psicoterapeutas creen que todos los problemas provienen de la mente. Ellos también tienen éxito en un cincuenta por ciento de los casos; y también creen que tarde o temprano solucionarán más casos. Eso es una tontería, no pueden resolver más del cincuenta por ciento de los casos; ese es el límite.

Mi entendimiento es que cada trastorno tiene que abordarse desde ambas vertientes conjuntamente. Tiene que abordarse por ambas puertas; entonces el hombre podrá curarse en un cien por cien de los casos. Cuando la ciencia se perfeccione trabajará conjuntamente sobre el cuerpo y la mente.

Lo primero es el cuerpo, porque el cuerpo es el portal de la mente, el porche. Y el cuerpo puede manipularse fácilmente. Primero hay que liberar al cuerpo de todas sus estructuras acumuladas. Si has vivido durante mucho tiempo sintiéndote débil, sucede que ello se ha ido asentando en tu cuerpo, en tu propia estructura corporal. Primeramente debe aliviarse el problema en el cuerpo, y simultáneamente hay que inspirar a la mente para que pueda ir ascendiendo y pueda ir soltando todas las cargas que la mantenían decaída.

Osho
Libro de la Medicación a la Meditación

viernes, junio 26, 2009

Almas Gemelas

Y el Universo mismo, ha estado soñando este Amor desde Siempre... ...Y el Universo mismo espera a que al fin comprendamos que ya nos encontramos. .. ...No tengo dudas de este Amor...eres tú, Amor, somos tú y yo para Siempre...

Un alma gemela es tu propio espíritu identificado en otra persona. De esa forma, el mismo espíritu, la misma alma, en algún momento de su evolución y precisamente para su perfeccionamiento, decidió habitar en dos cuerpos y hacer que durante la ilusión del tiempo lineal se reencuentren porque se trata del mismo espíritu siempre.

Aquí la ayuda es plena, amorosa, total y desinteresada durante todo el tiempo que esté marcado en la evolución de ese ser.La forma para encontrar a tu alma gemela, dependerá de la propia decisión personal para irse desprendiendo de las capas de falsa identidad que les cubre (su ego) y así manifestar más su espíritu para que de esa forma, sin buscar, sino como hermosa consecuencia de vivir cada vez más momentos en contacto con su verdadero ser, se encuentren con su alma gemela.

Se debe optar por desprenderse del ego para experimentar la dicha del reencuentro, haciéndola así tremendamente atractiva. Y precisamente al mismo tiempo, esta es la razón por la que muy pocas personas han encontrado a su alma gemela: se han identificado tanto con su ego y actúan tan intensamente desde ese poder de identidad que es su ego lo que les estorba poderosamente para ver, para descubrir, para encontrarse.

Lo que no es una relación de Almas Gemelas: No es una relación romántica. Aquí no hay romance, hay algo que lo rebasa. El romanticismo suele ser exageración sentimental, generado por el ego. Cuando dos almas gemelas se encuentran, hay algo superior que las une, es sin lugar a dudas, el Amor incondicional, que ha atravesado las capas del ego y es el Único Amor Auténtico.

No es exclusiva entre hombres y mujeres. En diferentes vidas puede ser entre mismos o diferentes sexos. Dependerá de lo que deban aprender para que se decidan y sean decididas en habitar cuerpos de determinados sexos.

No es una relación que se deba buscar. De hecho no se busca, simplemente se encuentra.

No es una relación cuyos parámetros de comportamiento se puedan entender o designar por medio de los nombramientos o etiquetas sociales conocidos. En la basta sociedad común, sustentada en el ego con sus tipos de relaciones legales o formales, no existen las palabras para designar a estas relaciones.

No son amigos, no son amantes, no son concubinos, no son novios, no son matrimonio, no son pareja, son todo, Son Almas Gemelas. En Almas Gemelas no se compite nunca, por nada, ni por familias, ni por posición social, ni por estatus ni por logros.

No necesitan determinado tiempo o espacio para saber que están en contacto. Las Almas Gemelas no se ven limitadas únicamente al espacio físico o temporal para comunicarse. No es una relación que se pueda disolver. Una vez que encuentras a tu alma gemela, es indisoluble en su máximo grado, incluso luego de las pruebas de separación que en cualquier otra relación terminaría con el nexo.

Lo que es una relación de Almas Gemelas: Es una relación de dos personas donde ambas encuentran su propia alma en sí mismas y en el otro u otra al mismo tiempo. El hallazgo marca la vida como una referencia difícil de explicar a quien no la ha vivido.

Al principio es una relación donde frente a un desconocido como persona, descubres que su alma o espíritu te es perfectamente conocido. Te sientes a ti mismo en esa persona. La confianza se sucede en automático. Hay una franca e innegable sensación de ya haber conocido a esa persona, a ese perfecto desconocido. La atracción no es de cuerpos, el enamoramiento no es de la forma de ser, ambos, atracción y enamoramiento son del alma. Suele ser la única compañía que se siente como necesaria y al mismo tiempo no serlo. Esta paradoja sólo se sucede en Almas Gemelas porque uno es el otro al mismo tiempo que uno es uno mismo y así se puede necesitar y no, del otro.

Es la relación con quien se experimenta el más puro amor que rebasa toda necesidad corpórea o necesidad alguna, alcanzando y disfrutando juntos varios momentos de plenitud de vida. Nunca compiten por nada, colaboran en todo lo que puedan para ayudar al otro a crecer. Almas Gemelas siempre se están dando todo, en una entrega total, sin miedos, ni medidas, sin condiciones, y sin expectativas, para colaborar en el crecimiento del otro

No se razona, se abre la intuición y comprenden por medio de ella que todo así debía suceder. Por ello es una relación que ellos intuyen así debe ser, y que al mismo tiempo los demás no entienden. Los demás razonan, ellos intuyen.

Es una relación donde uno siente lo que siente el otro, tanto cuando comentan y comparten los hechos que les sucedieron.. . como si no.

Es una relación donde hay un profundo y sostenido interés por la vida del otro, donde llegan a descubrir que uno de sus más preciados e invaluables tesoros es la amorosa atención que se brindan constantemente.

Las facultades de telepatía, paraempatía, clariaudiencia y percepciones extrasensoriales en general, se ven francamente incrementadas en su posibilidad de suceder entre Almas Gemelas.

"Sé que me esperas en alguna parte porque mi Corazón va a tu encuentro... Sé que vienes hacia mi...Sé que nuestras almas ya están unidas...Sé que te amo desde y por siempre."

jueves, junio 25, 2009

Importancia Personal


El chamanismo mesoamericano que practicaba Don Juan Matus, recogido por Carlos Castaneda, es un sistema de prácticas que facilitan el acceso a una realidad aparte. Algunos de los elementos de esta vía del guerrero son: la figura del chamán o guía, las realidades ordinaria y aparte, el tonal y el nagual. El trabajo con el ego, los pinches tiranos, la importancia personal, la cháchara mental, el desapego. Los niveles de atención, la voluntad del guerrero, los no-haceres, la impecabilidad, el arte del acecho, la intención, el punto de encaje, el ensueño. Las emanaciones del Águila y los campos energéticos, etc. Trabajar con los pinches tiranos es el refinamiento del arte del acecho.

Los pinches tiranos son aquellas personas que nos aguijonean en nuestra importancia personal (EGO). Es un torturador, alguien que le hace la vida imposible al guerrero, también tiene el poder de acabar con él. Cualquiera puede ser un pinche tirano para nosotros. Don Juan dice que el guerrero que se encuentra con un pinche tirano es afortunado, y si no lo encuentra, tiene que ir a buscarlo.

Cada uno tiene su particular pinche tirano, bien sea persona o situación adversa contraria a la propia voluntad, especialmente aquellas en las que el ego se siente afectado y amenazado. Situaciones de maltrato, ofensa, humillación, etc.

El pinche tirano nos hace de espejo de nuestra importancia personal, podemos ver todo aquello que nos hace daño, pero no queremos desapegarnos de ello. El pinche tirano nos hace de resonador de los elementos negativos de uno mismo.

Proyectamos nuestros problemas sobre los pinches, los cuales reflejan nuestros propios conflictos. El problema está en uno, y tiene que ver con la importancia personal, cuando ésta es muy grande y no tenemos estrategias para manejar las acciones del pinche tirano, sucumbimos ante él. Pero si nos enfrentamos a los pinches tiranos desde una posición de poder, entonces templaran nuestro espíritu de guerrero, y adquirimos la sobriedad y la serenidad necesarias para enfrentarnos con el mundo de lo desconocido.

Hacer un buen uso de un pinche tirano y no morir en el intento, asegura la eliminación de la importancia personal y prepara a los guerreros a la comprensión de que la impecabilidad es lo más importante en el camino del conocimiento. Por el contrario, si la persona sucumbe ante un pinche tirano, quedará derrotada, sucediendo que, o bien se agrupa y vuelve a la pelea con más tino, o abandona el camino del guerrero y se convierte en un pinche tirano.

El defecto fatal es tomar demasiado en serio los sentimientos propios, así como las acciones de los pinches tiranos. Los guerreros tienen una buena estrategia bien pensada y están libres de su importancia personal, comprenden que la realidad no es más que una interpretación personal que hacemos de la misma.

Don Juan comenta la siguiente experiencia con un pinche tirano. Apenas tenía veinte años de edad cuando consiguió un empleo como jornalero en un molino de azúcar. Había un capataz que durante varios años le hizo la vida totalmente imposible sometiéndole a trabajos forzados y a todo tipo de vejaciones. Un buen día intentó huir, pero el capataz lo alcanzó y le pegó un tiro en el pecho, dándole por muerto. Su benefactor lo encontró y le dijo: «ese capataz es un verdadero tesoro, es algo demasiado raro para ser desperdiciado. Algún día tienes que volver a esa casa». Y así fue. Volvió al cabo de tres años, pero con una buena estrategia utilizando los cuatro atributos del ser guerrero: control y disciplina, impecabilidad, refrenamiento y la habilidad para escoger el momento oportuno. Don Juan volvió al molino sin ser reconocido por el capataz. Gracias a su estrategia, no sintió ni pizca de orgullo cuando era pisoteado en su importancia personal, afinando su espíritu y teniendo un control en cada situación. Ejerció el arte del acecho y exploró el carácter y las debilidades del capataz, pues así conocía mejor a su enemigo. Don Juan se libró de su pinche tirano haciéndole sucumbir ante las propias pasiones de éste. Había pasado seis meses en el molino y durante ese tiempo ejerció los cuatro atributos del ser guerrero, logrando el triunfo. Nunca sintió compasión por sí mismo, ni lloró de impotencia.

La importancia personal es el núcleo de todo lo que tiene valor en nosotros, siendo al mismo tiempo, el núcleo de toda nuestra podredumbre. Es el modo en que cada uno construye y maneja la realidad tratando de autoafirmarse y convencerse de que es real, cuando en realidad es una ilusión. La importancia personal es nuestro mayor enemigo, por culpa de ella consumimos gran parte de nuestras vidas sintiendo dolor por las ofensas de los demás. Es un terrible estorbo, por su culpa nos hacemos vulnerables.

Para erradicar la importancia personal de la vida de los guerreros hay que seguir las cinco estrategias para alcanzar la invulnerabilidad. Cinco estrategias o atributos fundamentales del ser guerrero para erradicar la importancia personal: control y disciplina, impecabilidad, refrenamiento, la habilidad para escoger el momento oportuno y el intento. Estos cinco elementos pertenecen al mundo privado del guerrero. Los primeros cuatro elementos pertenecen al mundo de lo conocido. El quinto elemento, el intento se reserva para la última confrontación, porque pertenece al mundo de lo desconocido. El sexto elemento es el pinche tirano y pertenece al mundo exterior del guerrero.

El control y la disciplina se logran cuando las personas comunes dan el paso para convertirse en aprendices, esto supone un cambio de ideas con respecto a sí mismos y al mundo, es entonces cuando se convierten en guerreros. Este proceso les hace capaces del máximo de disciplina y control sobre sí mismos. Ejercer el control es afinar el espíritu cuando alguien nos pisotea.

La impecabilidad es el uso adecuado de la energía. Los guerreros hacen inventarios estratégicos para enfrentarse a sus enemigos y hacen listas de sus actividades y sus intereses. Después de esto deciden cuáles pueden cambiarse considerando un mínimo de consumo de la energía y un máximo rendimiento. El inventario estratégico sólo concierne a patrones de comportamiento que no son esenciales para nuestra supervivencia y, por consiguiente, hay que eliminarlos. El refrenamiento y la habilidad para escoger el momento oportuno es esperar con paciencia, sin prisas y sin angustia el momento oportuno para «clavarle la espada» al pinche tirano. Gracias a estos atributos, los guerreros se convierten en hombres de conocimiento, aprenden a ver, haciéndose videntes.

Carlos Castaneda

Sobre El Despertar


Espiritualidad significa despertar. La mayoría de las personas están dormidas, pero no lo saben. Nacen dormidas, viven dormidas, se casan dormidas, tienen hijos dormidas, mueren dormidas, sin despertarse nunca. Nunca comprenden el encanto y la belleza de esto que llamamos la existencia humana, pero lo trágico, es que la mayoría de las personas nunca llegan a darse cuenta que todo está bien, porque están dormidas. Tienen una pesadilla.

El año pasado oí en la televisión española una historia sobre un caballero que llama a la puerta de la alcoba de su hijo y dice:

- Jaime, ¡Despierta!Jaime responde:
- No quiero levantarme, papá. El padre grita:
- Levántate, tienes que ir a la escuela.
- No quiero ir a la escuela.
- ¿Por qué no?
- Por tres motivos: el primero, porque es aburrido; el segundo, porque los niños se burlan de mí; y el tercero, porque odio la escuela.
- Bien, voy a darte tres razones por las cuales DEBES ir a la escuela - replica el padre: la primera es porque es tu deber; la segunda, porque tienes cuarenta y cinco años y la tercera, porque eres el director.

¡Despierte usted, despierte! Ya está crecido. Está demasiado grande para estar dormido. ¡Despierte! deje de jugar con sus juguetes.

La mayoría de las personas dicen que quieren abandonar el jardín de infantes, pero no les crea. ¡No les crea! Lo único que quieren es remendar sus juguetes rotos. «Devuélvame a mi esposa. Devuélvame mi empleo. Devuélvame mi dinero, Devuélvame mi fama y mi éxito». Eso es lo que quieren; quieren que les cambien sus juguetes. Eso es todo. Hasta el mejor psicólogo le dirá que la gente realmente no quiere curarse. Lo que quiere es un alivio; una cura es dolorosa.

Despertarse es desagradable, usted lo sabe. Si Usted está placentera y confortablemente acostado, es irritante que lo despierten. Esa es la razón por la que un sabio no intentará despertar a la gente. Voy a ser sabio ahora y de ninguna manera intentaré despertarlo, si usted está dormido. Realmente, no es asunto mío aunque a veces le diga: ¡Despierte!

A mí me conviene hacer lo mío, danzar mi propia danza. Si a usted le aprovecha, ¡magnífico!; si no, ¡que lástima!

Como dicen los árabes: «La Naturaleza de la lluvia es la misma, pero hace que crezcan espinas en los pantanos y flores en los jardines».

Anthony De Melo

martes, junio 23, 2009

Ítaca


Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales seres hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los Lestrigones y los Cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante tí.

Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues ¡con qué placer y alegría!
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y toda suerte de abundantes perfumes.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que tu viaje dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Konstantínos Kaváfis


!Mucha suerte en tu destino !

sábado, junio 20, 2009

El secreto de la Flor de Oro

El secreto de la Flor de Oro ("Tai Yi Jin Hua Zong Zhi",《太乙金華宗旨》), obra taoísta china sobre meditación, fue traducida por Richard Wilhelm (también traductor, en los años 20, del clásico filosófico chino el I Ching). Wilhelm, amigo de Carl Gustav Jung, era alemán, y sus traducciones del chino al alemán fueron mas tarde traducidas al inglés por Cary F. Baynes. De acuerdo a Wilhelm, Lü Dongbin fue el principal origen del material presentado en el libro. Recientemente (1991), la misma obra ha sido traducida por Thomas Cleary, un erudito sobre estudios orientales.


"Utilizando el resplandor brillante
Regresas de nuevo a la Luz
Sin dejar que nadie te dañe
A esto se llama entrar en lo eterno."

Es un manual de métodos budistas y taoístas, destinados a alcanzar la libertad mental. El origen se remonta al siglo VIII, los preceptos datan al "Huésped de la caverna", Lü Jen, nacido el 755d.C., el que remonta su origen a Guan Yin Hi, el "Maestro del desfiladero", al cual Lao Tzé habría entregado el Tao Te King. En el libro hay varios pensamientos que nacen de las enseñanzas místicas y esotéricas del Tao Te King.

A pesar de la diversidad de impresiones, interpretación y opinión expresadas por Wilhelm, Jung y Cleary, la técnica de meditación descrita en El Secreto de la Flor De oro es una técnica sencilla, silenciosa (la descripción del libro de meditación ha sido caracterizada como Zen con detalles). La técnica de meditación, enunciada en lenguaje poético, se reduce a una fórmula sobre la postura, la respiración y la contemplación. La postura principalmente se relaciona con una posición recta. La respiración es descrita detalladamente, principalmente en términos de la fisiología esotérica del camino del qi (también conocido como chi o ki), o energía vital.

El camino de la energía asociado con la respiración ha sido descrito como semejante a una rueda interna alineada verticalmente con la columna vertebral. Cuando la respiración es constante, la rueda gira hacia adelante, con la energía vital aumentando en la espalda y descendiendo en el frente. Malos hábitos de respiración (o mala postura, o incluso malos pensamientos) pueden ocasionar que la rueda no gire, o retroceda, inhibiendo la circulación de la energía vital esencial. En contemplación, se observan los pensamientos como van surgiendo y retrocediendo.

Se recomienda un mínimo de quince minutos de práctica de meditación al día. Después de cien días, habría que comenzar a conseguir un sentido para el método. La técnica de meditación es complementada con las descripciones de las afirmaciones de progreso en el curso de una práctica diaria, sugiriéndose las etapas que podrían ser alcanzadas y aquel fenómeno que puede ser aprehendido como una sensación de ligereza, como flotar hacia arriba. Tales beneficios son atribuidos a la mejora energética interna asociada con la circulación energética respiratoria, mejoras que alivian impedimentos previamente existentes. Varios dibujos retratan imágenes relevantes para la evolución personal del practicante en meditación, imágenes que pueden ser algo confusas en términos de un análisis puramente racional:

La primera de tales ilustraciones representa el primero de los cien días, o la recolección de la luz.
La segunda etapa representa una emergencia de la conciencia meditativa.
La tercera etapa representa una conciencia meditativa que existe incluso en lo mundano, en la vida cotidiana.
La cuarta etapa representa una percepción meditativa más elevada, donde todas las condiciones son reconocidas.

Entonces, condiciones variadas son retratadas como percibidas separadamente, aún cuando cada percepción separada forme parte de una conciencia total.

Taoistas chinos evaluan El secreto de la Flor de Oro

Basándose en los contenidos de este libro, taoistas chinos creen que esta obra fue escrita por Wang Chongyang, que fue estudiante de Lü Dongbin. Su enfoque se dirigió mas a las técnicas de práctica alquímica interior que a la teoría.

En la traducción de Wilhelm, su maestro chino le enseñó la siguiente explicación: el practicante verá una imagen brillante enfrente del punto medio de sus dos ojos. Esta imagen fue denominada Mandala o dkyil-vkhorin del budismo tibetano. En varias tradiciones espirituales, tales como el Tantra Mahavairocana del budismo hinduista y tibetano, Mandala es una parte clave en la práctica meditativa.

Taoistas chinos creen que esta imagen brillante tiene una estrecha relación con la Esencia Original, Flor de Oro, y Luz Original. Si el practicante ve el Mandala, significa que el o ella ve parte de la Esencia Original, y el o ella están entrando en el nivel inicial de la esencia inmortal. En la traducción de Wilhelm, describe algunas de las imagenes de Mandala.

En septiembre de 2007, cien años después de que Wilhelm conociese a su maestro chino, el 18º transmisor de la Dragon Gate Taoism, Taoist Wang Liping entrenó a ocho europeos basándose en las técnicas de El secreto de la Flor De oro. Al sexto día del curso de entrenamiento, algunas personas vieron el Mandala, y finalmente seis de ocho vieron el Mandala y dibujaron las imágenes. Los resultados fueron publicados en «Investigación Académica Contemporánea» pag. 24, enero de 2008, bajo el título «Estudio de El secreto de la Flor de Oro. Práctica alquímica interna».

miércoles, junio 17, 2009

Los Ushebtis


Con las palabras egipcias ‘shabty’, ‘ushebty’ se denomina entre los egiptólogos a las figuritas funerarias, normalmente de apariencia momiforme, que son conocidas desde la segunda mitad del Imperio Medio (Dinastía XII, hacia el 1962-1787 a. de C.), y que fueron concebidas, dentro de las creencias y prácticas funerarias de los antiguos egipcios como elementos esenciales del ajuar funerario netamente diferenciados de las estatuas que representaban al difunto en actitud viviente, y de los modelos de explotaciones provistos con servidores que eran habitualmente depositados en las tumbas durante el Imperio Antiguo y la primera mitad del Imperio Medio.

El término más antiguo conocido para designar a estas estatuillas es Sabty ‘shabty’, cuya etimología es dudosa; se ha sugerido que esta voz derivaba de la palabra , S(A)w(A)b, , SAwAb ‘Persea’, árbol sagrado de los antiguos egipcios, con cuya madera, se decía, se elaboraban estas estatuillas en su más antigua versión que también reciben en los textos el nombre de SwAbty.
Desde el Imperio Nuevo se utilizó la palabra , SAwAbty, ‘shauabty’, posiblemente derivada de la anterior, en una expresión que significaría, en tal caso, algo semejante a ‘los de madera de persea’.

Será a partir de la dinastía XXI (hacia el 1.080 a. de C.), cuando se ponga en uso el término , wSbty, ‘ushebty’, derivado del verbo wSb, ‘responder’, cuyo significado es ‘el que responde’ y que es el comúnmente utilizado para referirse a estas pequeñas imágenes de aspecto momiforme.

Aunque, a lo largo de los siglos, se mantuvo en lo esencial el significado y el uso dado a estas estatuillas, según las distintas épocas o periodos se fueron matizando diferentes conceptuaciones a propósito de estos objetos funerarios. Así, pasaron de ser simples ‘réplicas’ del difunto, durante el Imperio Medio, a ser siervos o esclavos del dueño de la tumba, durante el Imperio Nuevo y tiempos posteriores.

Antecedentes de los shabtys o ushebtys.

A) Epoca Tinita e Imperio Antiguo.

Es sabido que casi todos los reyes tinitas se hicieron enterrar habitualmente con sus servidores, los cuales eran, probablemente, sacrificados a la muerte de su soberano. Los monumentos funerarios de los monarcas tinitas existentes en Abidos y en Sakara, suelen mostrar, alrededor de la tumba real, una serie de cámaras sepulcrales subsidiarias, en principio destinadas a albergar en su interior los cuerpos de los servidores reales.

Durante el Imperio Antiguo se conservó esta costumbre en virtud de la cual los funcionarios más elevados de la corte real se hacían enterrar en los barrios de mastabas construidos a tales efectos alrededor de las pirámides.

Sabemos, además que en las cámaras sepulcrales de las tumbas de los nobles de las dinastías IV y V se solían depositar esculturas que les mostraban con el aspecto que, se supone, debieron tener durante su vida terrestre. Parece que, al final de la dinastía VI, durante el fin del Imperio Antiguo, las estatuas de madera conocidas como ‘estatuas del Ka’ sirvieron para realizar actos de culto funerario en favor del difunto, propósito que posteriormente, sería recogido en una invocación de ‘Los Textos de los Sarcófagos’ y que estaba destinada a ser hecha ‘sobre una imagen del propietario como él estaba sobre la tierra, hecha de madera de tamarisco o zízifus y colocada (en) la capilla del difunto’.

Se cree que estas estatuas representaban al dueño en su personalidad de tal, pero al mismo tiempo podían representar a una especie de sustituto suyo, igual a él pero no idéntico, que haría los trabajos precisos para conseguir la alimentación y la bebida en el Más Allá.

En las mastabas de las dinastías V y VI, el dueño de la tumba suele estar representado en los relieves de la capilla y en sus estatuas para el Ka. También se incluían en las tumbas
las imágenes de los criados, perfectamente identificados por sus nombres, que el señor había tenido a su servicio en vida.

Como es sabido, durante el Imperio Antiguo, la organización social estaba bajo el control de la administración real. Era el rey quien concedía a sus súbditos los privilegios de una tumba y quien garantizaba a través de su administración la aportación de alimentos que era imprescindible para la supervivencia del Ka del difunto en el más allá.

De este modo, cuando se produjo la crisis que hundió la organización real al final de la dinastía VI, hubo de pensarse en otra fórmula que pudiese garantizar el imprescindible aporte de alimentos para la subsistencia del difunto en su vida ultraterrena. Quizás fuera esta la razón por la cual se decidió construir maquetas y modelos de centros de explotación que mostraban a los servidores del difunto desempeñando diferentes actividades en lugares tales como las cocinas, las carnicerías o los telares de la casa de su amo. Estas maquetas se solían depositar en el interior de la cámara del sarcófago, propiamente la tumba subterránea.Casi al mismo tiempo o algo después, durante el Primer Periodo Intermedio, en Heracleópolis surgió el uso de fabricar estatuas momiformes del fallecido, llamadas saH, Sah que representaban una especie de doble del cuerpo momificado; por tanto, no se trataba de un doble o un sustituto mágico de su dueño.

B) La evolución de las creencias funerarias en el Imperio Medio como contexto del nacimiento de los Shabtys.

Otra de las consecuencias de la crisis del poder real, al final del Imperio Antiguo, fue el gran auge que cobró el culto del dios Osiris frente al del dios solar Ra. La división del poder en estos momentos de la historia de Egipto entre estas dos divinidades resulta muy clara. El lugar del último Juicio y también el de la residencia del difunto, convertido en Ax, ‘espíritu (glorioso)’ en el sxt iArw ‘Campo de las Cañas’, antes una región solar, se transformaron en una zona de influencia osiriana, aunque se siguiera admitiendo que la vida en estos paraísos solo era posible por la gracia de Re.Así pues, a través de esta evolución de las ideas funerarias surgió la concepción de ‘Los Campos de Iaru (o Ialu)’ como lugar del reino de Osiris, donde los espíritus luminosos o Justificados gozarían de una dulce vida sin fin. No obstante, de conformidad con la tradición histórica, los difuntos no estarían libres de las obligaciones que les impondría su nuevo soberano, el dios Osiris, al igual que sobre la tierra debieron obedecer las órdenes del faraón.

En este lugar del mundo subterráneo, existía, conforme a los textos, una región llamada sxt Htpt ‘Campo de las Ofrendas’ y allí, el difunto debía trabajar en labores agrícolas y en la ejecución de trabajos hidraúlicos a requerimiento del rey de los muertos, el dios Osiris.Para tratar de paliar estas servidumbres y auxiliar al difunto en estas penosas tareas se comenzaron a incluir en la compilación de los ‘Textos de los Sarcófagos’ fórmulas para que aquél pudiera eludir tales prestaciones personales por medio de sustitutos, imágenes de madera que serían su ‘alter ego’ en el más allá, a los que los textos llamaban Shabtys.

Como se dijo más arriba, la finalidad principal de estas estatuillas era la de sustituir a su dueño en los trabajos agrícolas que éste habría de realizar en el más allá a fin de poder producir comida. Al principio estas figuras tenían la función de actuar en tal caso como si se tratasen del propio difunto, o de sus dobles. Más tarde, con el desarrollo de las ideas funerarias, estas estatuillas se concibieron como servidores dotados de distinta personalidad de la de su dueño.

En cualquier caso parece claro que en este momento, los shabtys tenían la función de ‘responder’ en nombre de su amo cuando éste fuese requerido para realizar los trabajos en el mundo de los muertos. Así pues, en un determinado punto de la evolución del pensamiento funerario en esta materia, se concibió que, por medio de estas figurillas, el propietario podría garantizarse que él mismo, su familia y sus servidores en la tierra, estarían exentos, por sustitución, de la prestación de los trabajos agrícolas y de irrigación que necesariamente habían de ser desempeñados en el reino de Osiris.

La llamada ‘fórmula shabty’ del Imperio Medio.

Las fórmulas que garantizaban este derecho, extraídas de los Textos de los Sarcófagos, parece que tenían cierto carácter de documento legal válido para preservar los beneficios adquiridos por el titular y sus familiares.

Su contenido habitual era, con algunas variantes, el siguiente:

“El Justificado N., dice:….. ¡Oh tú shabty, que has sido hecho para N, si N es llamado para sus tareas, o si un trabajo desagradable fuera impuesto a N como a (cualquier) hombre en su trabajo, dirás ‘aquí estoy yo’. Si N es llamado para vigilar a los que trabajan allí, volviendo sobre los nuevos campos para roturar la tierra, o para transportar en barco la arena del Este al Oeste, dirás ‘aquí estoy yo’. El Justificado N.”

Los Shabtys durante el Imperio Nuevo.

En los inicios del Imperio Nuevo, y como en los tiempos de la dinastía XVII y del periodo Hicso, aún se hacían los llamados ‘shabtys-bastón’. Procedentes de Dra Abu el-Naga, eran figurillas funerarias hechas en un estilo muy tosco, en madera, y con inscripciones hieráticas en tinta con la fórmula Hetep-di-nesu, combinada en ocasiones con la invocación mencionada más arriba. Otra inscripción especial de este periodo es la llamada ‘fórmula saw’. Para tal momento estas piezas del ajuar funerario se habían convertido en algo ya normal y habitual, a diferencia de la época del Imperio Medio, en la que su presencia entre los objetos funerarios no era obligada ni mucho menos constante. A partir de estos momentos, los shabtys se fueron perfeccionando paulatinamente llegando a constituir auténticos retratos del difunto.

A lo largo del Imperio Nuevo se producirá una evolución en la idea de los shabtys que llevará en sus postrimerías, a considerarlos como una especie de seres impersonales, integrantes de un ejército de esclavos por la magia, que deberán velar por la consecución de las Ofrendas funerarias para su señor, y ello, por medio de su incesante trabajo en el reino de Osiris, no solo en la tumba, sino también en otros lugares considerados sagrados.

El principal motivo para depositar estas estatuillas en escondites entre las arenas del desierto o en los santuarios, estaba relacionado con la necesidad de conseguir alimentos y provisiones en el más allá; se trataba de procurar influir en los lugares donde se suponía se podía tener fácil acceso a los Señores de la eternidad, quienes tomaban las decisiones en orden a proveer de lo necesario a los Kau de los difuntos Justificados.

Los principales lugares sagrados, residencia de los tribunales divinos durante el Imperio Nuevo, estaban localizados en Abidos, Busiris, Buto, Heliópolis, Letópolis y Ra-Setau.

Como prueba de estas prácticas se conocen ejemplares de shabtys del mismo difunto (p. ej. Ken-Amon, un alto oficial de Amen-Hotep II) enterrados en Guiza, en Abidos (junto a una estela funeraria de Hetep di Nesu) y en la Tumba tebana del difunto en cuestión.
El templo de Osiris en Abidos, lugar del mítico enterramiento de Osiris, es el área donde se han encontrado más escondites con shabtys. Allí se construyeron muchos cenotafios y, desde el Imperio Medio se depositaron gran cantidad de estelas y estatuillas con la fórmula del shabty.

martes, junio 16, 2009

Conocimientos Secretos, Textos Sagrados


CRÓNICAS DE LA TIERRA
Código Cósmico

07

La ciencia, la comprensión de las obras de los cielos y la Tierra, era posesión de los Dioses; así lo creían, inequívocamente, los pueblos de la antigüedad. Era un «secreto de los Dioses», algo que se ocultaba de la Humanidad o se revelaba, de vez en cuando y sólo parcialmente, a individuos elegidos, iniciados en los secretos divinos.

«Todo lo que sabemos nos lo enseñaron los Dioses», afirmaban los Sumerios en sus escritos; y en esto se hallan los fundamentos, a lo largo de milenios hasta nuestros tiempos, de la ciencia y la religión, de lo descubierto y de lo oculto. En primer lugar, estaban los Conocimientos Secretos; lo que fue revelado cuando se le concedió a la Humanidad el Entendimiento se convirtió en Sabiduría Sagrada, el fundamento de las civilizaciones humanas y del progreso.

En cuanto a los secretos que los Dioses habían guardado para sí mismos, ésos, al final, demostraron ser de lo más devastador para la Humanidad. Y uno debe comenzar a preguntarse si la interminable búsqueda de Lo Que Está Oculto, disfrazado a veces de misticismo, no provendrá del deseo de alcanzar lo divino, pero desde el temor de cuál es el Hado que los Dioses, en sus conclaves secretos o en sus códigos ocultos, tienen destinado para la Humanidad.

Algunos de los conocimientos que se impartieron, o pudieron impartirse, a la Humanidad cuando se le concedió la Sabiduría y el Entendimiento se pueden recoger del reto que Dios le plantea a Job respecto a lo que no sabe (pero Dios sí).

«Di si conoces la ciencia», le dice el Señor bíblico al sufriente Job:
¿Quién ha medido la Tierra, para que se conozca?
¿Quién ha extendido una cuerda sobre ella?
¿Qué forjó sus plataformas?
¿Quién ha puesto su piedra angular?
¿De dónde viene la Sabiduría, y dónde se ubica el Entendimiento?
Los mortales no conocen sus procesos,
en la Tierra de los Vivos no se encuentra. Sus caminos, de los Elohim son conocidos,
Dios conoce su lugar;
pues ve hasta los confines de la Tierra
y contempla todo lo que está bajo los Cielos.

Con estas palabras desafía el Señor bíblico a Job (en el capítulo 28) para que deje de cuestionarse sobre las razones de su Hado, o su objetivo último; pues los conocimientos del Hombre (sabiduría y entendimiento) quedan tan lejos de los de Dios, que no tiene sentido preguntar o intentar comprender la voluntad divina.

El tratamiento que se le daba en la antigüedad a la sabiduría y el entendimiento de los secretos de los cielos y la Tierra (de la ciencia) como dominio divino al cual sólo unos pocos mortales elegidos podían tener acceso, no sólo encontró su expresión en los escritos canónicos, sino también en un misticismo judío como el de la Kabbalah, según la cual la Presencia Divina, simbolizada por la Corona de Dios, descansa en los penúltimos soportes, designados sabiduría (Hojmah) y entendimiento (Binah) . Son los mismos componentes del conocimiento científico a los que fue desafiado Job.

Las referencias a Hojmah («sabiduría») en el Antiguo Testamento revelan que ésta se tenía por haber sido un regalo de Dios, puesto que fue el Señor del Universo el que poseía la sabiduría requerida para crear los cielos y la Tierra.

"Cuan grandes son tus obras, Oh Señor; con sabiduría las has forjado todas», dice el Salmo 104 cuando describe y ensalza, fase por fase, la obra del Creador. La Biblia sostiene que, cuando el Señor le concedió la sabiduría a los humanos elegidos, compartió con ellos de hecho los conocimientos secretos relativos a los cielos y la Tierra y a todo lo que está sobre la Tierra. El Libro de Job hablaba de estos conocimientos como de «secretos de sabiduría» que no se le habían revelado a él. La Revelación, el compartir con la humanidad los conocimientos secretos a través de iniciados elegidos, tuvo sus orígenes antes del Diluvio.

A Adapa, el descendiente de Enki al cual se le concedieron sabiduría y entendimiento (pero no Vida Eterna), no le mostró Anu las extensiones de los cielos simplemente como una visión abrumadora. Las referencias posdiluvianas a esto le atribuyen a él la autoría de una obra conocida como Escritos referentes al tiempo, [del] divino Anu y el divino Enlil, un tratado sobre el cálculo del tiempo y el calendario. Por otra parte, El relato de Adapa menciona específicamente que a él se le enseñaron, ya de vuelta en Eridú, las artes de la medicina y la curación. Así pues, Adapa fue un científico consumado, adepto tanto en temas celestes como terrestres; también fue ungido como el Sacerdote de Eridú, quizás el primero en combinar ciencia y religión.

Las anotaciones Sumerias hablan de otro Elegido antediluviano que fue iniciado en los secretos divinos al ser llevado a la morada celestial de los Anunnaki. Éste venía de Sippar («Ciudad Pájaro»), dominio de Utu/Shamash, y fue probablemente un descendiente de él, un semidiós. Conocido en los textos como EN.ME.DUR.ANNA, así como EN.ME.DUR.AN.KI («Maestro de las Tablillas Divinas Concernientes a los Cielos» o «Maestro de las Tablillas Divinas del Enlace Cielo-Tierra»), también a él lo elevaron para enseñarle los conocimientos secretos.

Sus padrinos y maestros fueron los Dioses Utu/Shamash e Ishkur/Adad:
Shamash y Adad [¿lo vistieron? ¿lo ungieron?]
Shamash y Adad lo pusieron en un gran trono dorado.
Le mostraron cómo observar el aceite y el agua,
un secreto de Anu, Enlil y Ea.
Le dieron una tablilla divina,
el Kibbu, un secreto del Cielo y la Tierra.
Pusieron en su mano un instrumento de cedro,
el favorito de los grandes Dioses.
Le enseñaron a hacer cálculos con números.

Aunque en El relato de Adapa no se dice de forma explícita, parece que a Adapa se le permitió, si no fue en realidad un requerimiento, compartir parte de sus conocimientos secretos con sus semejantes humanos, porque si no, ¿para qué escribió su famoso libro? En el caso de Enmeduranki, también se le comisionó la transmisión de los secretos aprendidos, pero con la condición estricta de que se tenía que limitar al linaje de los sacerdotes, de padre a hijo, comenzando por Enmeduranki:

El sabio erudito que guarda los secretos de los grandes Dioses atará a su hijo preferido con un juramento ante Shamash y Adad. Con la Tablilla Divina, con un estilo, le instruirá en los secretos de los Dioses. La tablilla en la cual se inscribió este texto (guardada ahora en el Museo Británico) tiene una nota final:

«Así se creó el linaje de los sacerdotes, aquéllos a los que estaba permitido acercarse a Shamash y Adad».

En la Biblia se registró también la ascensión al cielo del patriarca antediluviano Henoc, el séptimo de los diez listados, igual que Enmeduranki en la Lista de los Reyes Sumerios. De esta extraordinaria experiencia, la Biblia sólo dice que, a la edad de 365 años, Henoc fue llevado a lo alto para estar con Dios.

Afortunadamente, el extrabíblico Libro de Henoc, transmitido a través de los milenios y que ha sobrevivido en dos versiones, proporciona muchos más detalles; hasta qué punto es un reflejo del original y hasta qué punto hay fantasía y especulación de la época en que se compilaron los «libros», cerca de los comienzos de la era cristiana, no podemos saberlo. Pero sus contenidos merecen un resumen, aunque no sea más que por su afinidad con el relato de Enmeduranki, y también por abreviar otro libro extrabíblico, el Libro de los Jubileos, mucho más extenso.

A partir de estas fuentes emerge que Henoc no hizo uno, sino dos viajes celestiales. En el primero, se le enseñaron los Secretos del Cielo, y se le dieron instrucciones para que impartiera estos conocimientos a sus hijos a su regreso a la Tierra. En su ascenso hacia la Morada Divina, pasó por una serie de esferas celestes. Desde el lugar del Séptimo Cielo, pudo ver la forma de los planetas; en el Octavo Cielo, pudo discernir las constelaciones. El Noveno Cielo era el «hogar de los doce signos del zodiaco». Y en el Décimo Cielo estaba el Trono Divino de Dios.

(Habría que decir aquí que la morada de Anu, según los textos Sumerios, estaba en Nibiru, al cual hemos identificado como el décimo planeta de nuestro Sistema Solar. En las creencias de la Kabbalah, el camino hacia la morada de Dios Todopoderoso llevaba a través de diez Sefirot, traducidas como «brillanteces», pero representadas realmente como diez esferas concéntricas , en las cuales la central recibe el nombre de Yessod («Fundamento»), la octava y la novena, Binah y Hojmah, y la décima, Ketter, la «Corona» del Dios Altísimo. Más allá se extiende Ein Soff, el «Infinito».) Acompañado por dos ángeles, Henoc llegó hasta su destino final, la Morada de Dios. Allí se le quitaron sus vestiduras terrestres; se le vistió con vestiduras divinas y fue ungido por los ángeles (al igual que se hizo con Adapa). Por mandato del Señor, el arcángel Pravuel sacó «los libros del depósito sagrado» y le dio un estilo de caña con el cual escribir lo que el arcángel le dictaría.

Durante treinta días y treinta noches, Pravuel dictó y Henoc escribió,

«los secretos de las obras del cielo, de la Tierra y de los mares; y de todos los elementos, sus pasos e idas, y los estruendos del trueno; y [los secretos] del Sol y la Luna, y las idas y los cambios de los planetas; las estaciones y el año y los días y las horas... y todas las cosas de los hombres, las lenguas de cada canción humana... y todas las cosas convenientes de aprender».

Según el Libro de Henoc, todos estos vastos conocimientos, «secretos de los ángeles y de Dios», se escribieron en 360 libros sagrados, que Henoc llevó con él hasta la Tierra. Reunió a sus hijos, les mostró los libros y les explicó su contenido. Aún estaba hablando e instruyéndoles cuando cayó una oscuridad repentina, y los dos ángeles que habían traído de vuelta a Henoc lo elevaron y lo devolvieron a los cielos; fue precisamente el día y la hora de su 365 cumpleaños.

La Biblia (Génesis 5,23-24) dice simplemente:

«Y todos los días de Henoc fueron trescientos y sesenta y cinco años; y Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque se lo llevaron los Elohim.»

En los tres relatos (Adapa, Enmeduranki y Henoc) se observa una destacada similitud: la de que dos seres divinos están implicados en la experiencia celestial. Adapa fue recibido ante la Puerta de Anu, y acompañado para entrar y salir, por dos jóvenes Dioses, Dumuzi y Gizidda; los padrinos/maestros de Enmeduranki fueron Shamash y Adad; y los de Henoc, dos arcángeles. Estos relatos fueron, no cabe duda, la inspiración de una representación asiría de la puerta celeste de Anu, la cual está custodiada por dos Hombres Águila. La puerta lleva el símbolo de Nibiru, el Disco Alado, y su ubicación celeste viene indicada por los símbolos celestiales de la Tierra (como el séptimo planeta), la Luna y todo el Sistema Solar .

Otro aspecto que destaca, aunque no de forma tan explícita en el caso de Henoc, es la tradición de que la concesión de la sabiduría y el entendimiento convirtió al individuo elegido no sólo en un científico, sino también en sacerdote, además de progenitor de un linaje sacerdotal. Vemos empleado este principio en el desierto del Sinaí, durante el Éxodo, cuando Yahveh, el Señor bíblico, elige a Aarón (hermano de Moisés) y a sus hijos para ser los sacerdotes del Señor (Éxodo 28,1).

Distinguidos ya por pertenecer a la tribu de Leví (tanto por parte del padre como por parte de la madre, Éxodo 2,1), Moisés y Aarón fueron iniciados en los poderes mágicos que les permitían realizar milagros, así como desencadenar las calamidades con las que se pretendió convencer al faraón para que dejara ir a los israelitas.

Aarón y sus hijos fueron más tarde santificados («subieron de categoría» hablando claro) para convertirse en sacerdotes, dotados de unas considerables dosis de sabiduría y entendimiento. El Libro del Levítico arroja luz sobre algunos de los conocimientos que se les concedieron a Aarón y a sus hijos; entre ellos se incluían los secretos del calendario (bastante complejos, dado que era un calendario solar-lunar), de las dolencias humanas y su curación, y conocimientos veterinarios.

Se incluía considerable información anatómica en los capítulos relevantes del Levítico, y no se puede descartar la posibilidad de que a los sacerdotes israelitas se les dieran lecciones «prácticas», a la vista del hecho de que los modelos de arcilla de partes anatómicas, inscritos con instrucciones médicas, eran corrientes en Babilonia ya antes de la época del Éxodo .

(La Biblia dice del rey Salomón que era «el más sabio de los hombres», que podía pronunciar un discurso sobre la biodiversidad de todas las plantas, «desde los cedros del Líbano hasta el hisopo que crece en los muros, y animales, y pájaros, y cosas que se arrastran, y peces». Y todo esto porque, además de la sabiduría y el entendimiento - inteligencia- dados por Dios, también adquirió Da’ath, conocimientos eruditos.)

El linaje sacerdotal iniciado con Aarón estaba sujeto a leyes rigurosas que imponían limitaciones maritales y de procreación. No podían mantener relaciones sexuales, y mucho menos casarse, con cualquiera; pues se requería que «la simiente sacerdotal no sea profanada», y si la simiente de alguno fuera imperfecta («tuviera una mancha», una mutación, un defecto genético) se le prohibía para todas las generaciones el realizar tareas sacerdotales, «pues Yo, Yahveh, he santificado el linaje sacerdotal» de Aarón.

Estas condiciones tan estrictas han venido intrigando a generaciones de expertos bíblicos; pero su verdadera importancia sólo se hizo evidente con el advenimiento de las investigaciones sobre el ADN . En enero de 1997, en la revista Nature, un grupo internacional de científicos dieron cuenta de la existencia de un «gen sacerdotal» entre los judíos cuyo linaje se podía remontar hasta Aarón. Las inalterables tradiciones judías exigen que determinados rituales y bendiciones pronunciadas durante los servicios del Sabbath y de las grandes festividades sean realizados únicamente por un cohén.

Este término, que significa «sacerdote», se utilizó por vez primera en la Biblia para designar a Aarón y a sus hijos. Desde entonces, esta designación ha ido pasando de padres a hijos a través de las generaciones, y la única manera de convertirse en un Cohén es siendo hijo de uno de ellos. Este estatus privilegiado se ha identificado muchas veces con la utilización de «Cohén» como apellido (transmutado en Kahn, Kahane, Kuhn) o como adjetivo añadido tras el nombre de pila, Ha-Cohen, «el sacerdote».

Fue este aspecto de la naturaleza patrilineal de la tradición judía cohén la que intrigó a un equipo de investigación de Israel, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos. Centrándose en el cromosoma masculino (Y), que pasa de padre a hijo, pusieron a prueba a centenares de «Cohens» en diferentes países y descubrieron que, en general, tenían dos «señales» únicas en el cromosoma. Éste demostró ser el caso tanto para los judíos askenazíes (de Europa del Este) como para los sefardíes (Oriente Próximo/África), que se diversificaron tras la destrucción del Templo de Jerusalén en el 70 d.C, indicando la antigüedad de las señales genéticas.

«La explicación más simple y directa es que estos hombres tienen el cromosoma Y de Aarón», explicó el doctor Karl Skorecki, del Instituto de Tecnología de Israel, en Haifa.

Los relatos de aquellos que fueron iniciados en los conocimientos secretos afirman que la información se escribió en «libros». Indudablemente, no se trata de lo que ahora llamamos «libros», un buen montón de páginas escritas y encuadernadas. Hay muchos textos que se han descubierto en las cuevas cercanas al mar Muerto, en Israel, y que son conocidos como los manuscritos del mar Muerto. Estos textos están inscritos sobre hojas de pergamino (hechas en su mayor parte de piel de cabra) cosidas y enrolladas, del mismo modo que están inscritos y enrollados hasta el día de hoy los Rollos de la Ley (los cinco primeros libros de la Biblia hebrea).

Los profetas bíblicos (especialmente Ezequiel) destacaron los pergaminos como parte de los mensajes dados por la divinidad. Los antiguos textos egipcios se escribieron en papiros, hojas hechas a partir de una especie de juncos que crecen en el río Nilo. Y los textos más antiguos conocidos, los de Sumer, se inscribieron sobre tablillas de arcilla; utilizando un estilo de caña, el escriba hacía marcas sobre un trozo de arcilla húmeda que, después de secarse, se convertía en una dura tablilla inscrita.

¿En qué forma se escribieron los «libros» de Adapa, Enmeduranki y Henoc (¡360 de ellos este último!)? Teniendo en cuenta que se les atribuye una época anterior al Diluvio (miles de años antes incluso de la civilización Sumeria), probablemente ninguno de ellos se escribiera en las formas posdiluvianas, aunque el rey asirio Assurbanipal alardeaba de que podía leer «escritos de antes del Diluvio». Dado que, en cada uno de estos casos, lo que se escribió fue dictado por el Señor divino, sería lógico preguntarse si lo escrito fue hecho en lo que algunos textos Sumerios y acadios llaman Kitab Ilani, «escrito de los Dioses».

Se pueden encontrar referencias a estos escritos de los propios Anunnaki, por ejemplo, en inscripciones que tratan de la reconstrucción de templos en ruinas, en los cuales se afirmaba que la reconstrucción seguía «los dibujos de antaño y los escritos del Cielo Superior». Los Sumerios citaban a una Diosa, Nisaba (a veces llamada Nidaba), como patrona de los escribas, además de ser la que conservaba los registros de los Dioses; su símbolo era el Estilo Sagrado.

Una de las referencias a escritos de los Dioses en tiempos primitivos se encontró en un texto hitita apodado por los expertos como El Canto de Ullikummis. Escrito sobre tablillas de arcilla que se descubrieron en la antigua capital hitita de Hattusa (cerca de la actual población de Boghaskoy, en el centro de Turquía), es el desconcertante relato de «un vigoroso Dios hecho de piedra diorita», que un antiguo Dios, al cual los hititas llamaban Kumarbis, había forjado con el fin de desafiar a otros Dioses. Éstos, incapaces de soportar el desafío de Ullikummis o de responder a él, se apresuraron a ir a la morada de Enki en el Mundo Inferior para obtener las ocultas «tablillas antiguas con las palabras del hado». Pero, después de abrir el «antiguo almacén», y tras quitar los «sellos de antaño» con los cuales se habían asegurado las tablillas, se descubrió que el escrito estaba en «las palabras de antaño», precisando de los Dioses de Antaño para comprenderlas.

En Egipto, fue a Thot a quien se veneró como el Escriba Divino. Fue él quien, tras el Consejo de los Dioses decidió reconocer a Horus como heredero legítimo e inscribió el Decreto de los Dioses en una tablilla de metal, que sería alojada después en la «Cámara de Registros divina». Además de los registros de uso divino, los egipcios también le acreditaban a Thot el haber escrito libros de guía para los mortales. Sostenían que El Libro de los Muertos lo había «escrito Thot con sus propios dedos» como una guía para el Viaje a la Otra Vida. En una obra más corta, que los egipcios llamaban El Libro de los Alientos, aparecía también la afirmación de que fue Thot quien «había escrito este libro con sus propios dedos».

Y en los Relatos de los Magos, al cual ya hemos hecho referencia, se dice que aquel rey y aquella reina a los que Thot había castigado manteniéndolos vivos pero inanimados custodiaban, en una cámara subterránea, «el libro que el Dios Thot había escrito con su propia mano», y en el cual se revelaban conocimientos secretos concernientes al Sistema Solar, la astronomía y el calendario. Cuando el buscador de tales «libros antiguos de escritos sagrados» entraba en la cámara subterránea, veía que el libro «desprendía una luz, como si el Sol brillara allí».

¿Qué eran esos «libros» divinos y que clase de escritos había en ellos?

El nombre-epíteto de Enmeduranna, «Maestro de las Tablillas Divinas Concernientes al Cielo», llama la atención sobre el término ME de su nombre, traducido aquí como «Tablillas Divinas». Ciertamente, nadie puede estar seguro de qué eran los ME, si eran tablillas o era algo más bien parecido a los discos o los chips de memoria de un ordenador. Eran objetos lo suficientemente pequeños como para llevarlos en una mano, pues se dice que Inanna/Ishtar, con la intención de elevar a su ciudad, Uruk, al rango de capital, obtuvo con estratagemas de Enki montones de ME en los que se hallaban codificados los secretos del Señorío Supremo, la Realeza, el Sacerdocio y otros aspectos de una civilización elevada.

Y recordemos también que el malvado Zu robó en el Duranki de Enlil las Tablillas de los Destinos y los ME en donde estaban codificadas las Fórmulas Divinas. Quizá podamos hacernos una idea de lo que podían ser si nos imaginamos una tecnología unos milenios más avanzada.

Dejando a un lado la cuestión de los escritos y del manejo de datos de los Dioses para sus propios propósitos, el tema de qué lengua y qué sistema de escritura se utilizaban cuando se dictaban los conocimientos secretos a los terrestres para uso de terrestres se convierte en un asunto de gran importancia en lo tocante a la Biblia, y específicamente en lo referente a los acontecimientos del Monte Sinaí. Hay ciertos paralelismos entre el relato de Henoc, que permanece en la morada celestial «treinta días y treinta noches» escribiendo al dictado, y el relato bíblico de Moisés, que asciende hasta el Señor Dios en la cima del Monte Sinaí,


«permaneció allí con Yahveh cuarenta días y cuarenta noches -no comió pan, ni bebió agua- y escribió sobre las tablillas las palabras de la Alianza y los Diez Mandamientos», mientras Dios le dictaba.
(Éxodo 34,28)

Sin embargo, éste era el segundo juego de tablillas, que reemplazaba al primer juego que Moisés estrelló contra el suelo, iracundo, cuando bajó del Monte Sinaí en una ocasión previa. La Biblia proporciona detalles mayores (e increíbles) referentes al primer caso de escritos sagrados; después, la Biblia afirma explícitamente, ¡el mismo Dios hizo la inscripción!

El relato comienza en el capítulo 24 del libro del Éxodo, cuando Moisés, Aarón y dos de sus hijos, y setenta de los Ancianos de Israel, fueron invitados a aproximarse al Monte Sinaí, en cuyo pico el Señor había aterrizado en su Kabod.

Allí, los dignatarios pudieron atisbar la presencia divina a través de una espesa nube, que resplandecía como un «fuego devorador». Después, únicamente Moisés fue llamado a la cima de la montaña, para recibir la Torah (las «Enseñanzas») y los Mandamientos que el Señor Dios había escrito ya:

Y Yahveh dijo a Moisés: Ven hasta mí sobre el Monte y permanece allí, y te daré las tablillas de piedra, las Enseñanzas y los Mandamientos que Yo he escrito, para que puedas enseñarles. Éxodo 24,12

«Y Moisés entró en mitad de la nube, y ascendió al Monte; y permaneció allí cuarenta días y cuarenta noches».

Después, Yahveh le dio a Moisés, cuando hubo terminado de hablar con él, las dos Tablillas del Testimonio, tablillas de piedra, inscritas con el dedo de Elohim. Éxodo 31,17

En Éxodo 32,16-17, se proporciona información adicional, ciertamente sorprendente, respecto a las tablillas y al modo en que fueron inscritas. Aquí se describen los acontecimientos que tuvieron lugar cuando Moisés estaba bajando del monte, tras una larga e inexplicable (para el pueblo) ausencia:

Y Moisés volvió a bajar del Monte, y las dos Tablillas del Testimonio en su mano, tablillas inscritas en ambos lados, inscritas por un lado y por el otro. Y las tablillas eran obra de los Elohim, y lo escrito era escritura de Elohim, y estaba grabado en las tablillas .

¡Dos tablillas hechas de piedra, realizadas a mano por la divinidad. Inscritas por delante y por detrás con la «escritura de los Elohim», que debe significar tanto lengua como escritura; y grabada en la piedra por el mismo Dios!

Y todo eso en una lengua y una escritura que Moisés podía leer y comprender, pues él les había enseñado todo eso a los israelitas...

Como sabemos por el resto de este registro bíblico, Moisés estrelló las dos tablillas al llegar al campamento y ver que, en su ausencia, el pueblo había hecho un becerro de oro para adorarlo, imitando las costumbres egipcias. Cuando pasó la crisis, Yahveh le dijo a Moisés:

Talla tú mismo dos tablillas de piedra como las dos primeras, y Yo escribiré sobre esas tablillas las palabras que había en las primeras tablillas que tú has roto.
Éxodo 34,1

Y Moisés hizo esto y subió de nuevo al monte. Una vez allí, Yahveh bajó hacia él, y Moisés se postró y repitió sus súplicas de perdón. En respuesta, el Señor Dios le dictó mandamientos adicionales, diciendo:

«Escribe estas palabras, pues según ellas haré una Alianza contigo y con el pueblo de Israel.»

Y Moisés permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches, anotando en las tablillas «las palabras de la Alianza y los Diez Mandamientos» (Éxodo 35,27-28).

Esta vez, Moisés estaba escribiendo al dictado. Desde el principio, no sólo se tuvieron por escritos sagrados las secciones del Éxodo, el Levítico y el Deuteronomio donde se registran las Enseñanzas y los Mandamientos, sino la totalidad de los cinco primeros libros de la Biblia hebrea (los tres libros de arriba más el Génesis y Números). Reunidos bajo el término general de Torah, también se les conoce como Los Cinco Libros de Moisés, debido a la tradición que dice que el propio Moisés los escribió o fue su autor a través de la revelación divina.

Por tanto, los rollos de la Torah que se sacan de su arca en las sinagogas y se leen en el Sabbath y en las Grandes Festividades deben ser copiados (por escribas especiales) con toda precisión, del modo en que se han transmitido a lo largo de los siglos: libro por libro, capítulo por capítulo, versículo a versículo, palabra por palabra, letra por letra.

Un error en una sola letra descalifica la totalidad del rollo y sus cinco libros. Mientras que los sabios judíos y los expertos bíblicos han venido estudiando esta precisión de letra por letra a lo largo de los siglos (mucho antes que el interés posterior en los «códigos secretos» de la Torah), se ha ignorado por completo un aspecto aún más intrigante de tan largo y extenso dictado y de la exigida precisión del letra-por-letra: Y es que el método de escritura que se utilizó en el Monte Sinaí no pudo haber sido el de la lenta escritura cuneiforme de Mesopotamia, que normalmente utilizaba el estilo sobre la arcilla húmeda, ni tampoco la monumental escritura jeroglífico pictórica de Egipto. ¡El volumen, la rapidez y la precisión letra-por-letra requerían de una escritura alfabética!

El problema es que, en la época del Éxodo, hacia el 1450 a.C, no existía en ninguna parte del mundo antiguo una escritura alfabética.

El concepto del alfabeto es la obra de un genio; y fuera quien fuera ese genio, lo basó en los fundamentos existentes. La escritura jeroglífica egipcia pasó de las imágenes-signos que representaban objetos a los signos que significaban silabas o, incluso, consonantes; pero seguía siendo un complejo sistema de escritura de innumerables imágenes-signos . La escritura Sumeria pasó de sus originales pictografías a marcas cuneiformes , y los signos adquirieron un sonido silábico; pero para formar a partir de ellos un vocabulario hacían falta cientos de signos diferentes. El genio combinó la facilidad cuneiforme con los avances egipcios hacia las consonantes, ¡y lo consiguió con sólo veintidós signos!

Comenzando con esto, el ingenioso inventor se preguntó a sí mismo, así como a su discípulo: ¿cuál es la palabra para lo que tú ves? La respuesta, en la lengua de los semitas israelitas, fue Aluf. Estupendo, dijo el inventor: Vamos a llamarle a este símbolo Alef, y pronúncialo simplemente como «A». Después, dibujó la pictografía de casa. ¿Cómo llamas a esto?, preguntó, y el discípulo contestó: Bayit. Estupendo, dijo el inventor, de ahora en adelante le llamaremos a este signo «Beth», y pronúncialo simplemente como «B».

No podemos dar fe de que tal conversación tuviera lugar en la realidad, pero estamos seguros de que éste fue el proceso de creación y de invención del Alfa-Bet-o. La tercera letra, Gimel (pronunciada «G») era la imagen de un camello (Gamal en hebreo); la siguiente, Daleth, la «D», representaba Deleth, «puerta» (sobre sus bisagras); y así hasta las veintidós letras del alfabeto semita , todas las cuales sirven como consonantes y tres de las cuales pueden desdoblarse como vocales.

¿Quién fue el ingenioso innovador?

Si tenemos que aceptar la opinión de los eruditos, fue algún trabajador manual, un esclavo de las minas de turquesa egipcias del Sinaí occidental, cerca del mar Rojo, porque fue allí donde Sir Flinders Petrie encontró, en 1905, unos signos tallados en las paredes que, una década más tarde, Sir Alan Gardiner descifraría como «acrofónicos» -deletreado L-B-A-L-T; significaba Dedicado «A la Señora» (supuestamente la Diosa Hathor)- ¡pero en semita, no en egipcio!

Escritos similares posteriores descubiertos en esa región no dejan lugar a dudas de que el alfabeto se originó allí; desde aquí se difundió hasta Canaán y, luego, hasta Fenicia (donde hubo un intento por expresar esta ingeniosa idea con signos cuneiformes , pero no duró mucho).

Bellamente ejecutada, la «escritura sinaítica» original sirvió como escritura del Templo en Jerusalén y como escritura real de los reyes de Judea hasta que fue sustituida, durante la época del Segundo Templo, por una escritura cuadrada que se tomó prestada de los árameos, la escritura utilizada en los manuscritos del mar Muerto, la que ha llegado hasta los tiempos modernos.

Nadie se ha sentido cómodo con la atribución de la revolucionaria innovación, a finales de la Edad del Bronce, a un esclavo de las minas de turquesa. Hacían falta conocimientos prominentes de habla, escritura y lingüística, además de unos destacados sabiduría y entendimiento, que difícilmente habría podido poseer un simple esclavo.

Y, además, ¿cuál podría haber sido el propósito para inventar una nueva escritura cuando, en las mismas regiones mineras, monumentos y muros estaban llenos de inscripciones jeroglíficas egipcias ? ¿Cómo pudo una oscura innovación en una región prohibida difundirse hasta Canaán y más allá, y sustituir allí un método de escritura que ya existía y que había servido bien durante más de dos milenios? Esto no tiene sentido; pero, a falta de otra solución, se mantiene la teoría.

Pero, si hemos imaginado bien la conversación que llevó a este alfabeto, entonces fue a Moisés a quien se le dio la primera lección. Fue en el Sinaí; él estaba allí justo en aquellos tiempos; se dedicó a hacer amplio uso de la escritura; y tuvo al maestro supremo: el mismo Dios. Pocos se han dado cuenta de que en los relatos bíblicos del Éxodo se encuentra el hecho de que Moisés fue instruido por Yahveh para plasmar cosas por escrito antes incluso de su ascenso al Monte Sinaí para recibir las tablillas. La primera vez fue después de la guerra con los amalecitas, una tribu que, en lugar de comportarse como aliada, traicionó a los israelitas y los atacó. Dios dijo que esta traición debería ser recordada por todas las generaciones futuras:

«Y Yahveh dijo a Moisés: Escribe esto en un libro, como recordatorio» (Éxodo 17,14).

La segunda mención de un libro de escritos ocurre en el Éxodo 24,4 y 24,7, donde se dice que después de que el Señor Dios, hablando con una voz atronadora desde la cima del monte, hiciera una relación de las condiciones para una Alianza imperecedera entre Él y los Hijos de Israel,
«Moisés escribió todas las palabras de Yahveh, y construyó un altar a los pies del Monte, y erigió doce pilares de piedra, según el número de las tribus de Israel».

Y después,
«tomó el libro de la alianza y leyó de él al pueblo para que escuchara».

Así pues, lo de dictar y lo de escribir comenzó antes de los ascensos de Moisés a la cima de la montaña y de la escritura de las dos series de tablillas. Pero hay que mirar a los primeros capítulos del Éxodo para averiguar cuándo y dónde pudo tener lugar la innovación alfabética, la lengua y la escritura empleada en las comunicaciones del Señor con Moisés.

En esos capítulos leemos que Moisés, adoptado como hijo por la hija del faraón, huyó para salvar la vida después de matar a un oficial egipcio. Su destino fue la península del Sinaí, donde terminó viviendo con el sumo sacerdote de los madianitas (y casándose con su hija). Y un día, apacentando los rebaños, se introdujo en el desierto, donde estaba «el Monte de los Elohim», y allí le llamó Dios, a través de la zarza ardiente, y le dio la misión de llevar a su pueblo, los Hijos de Israel, fuera de Egipto.

Moisés volvió a Egipto tras la muerte del faraón que le había sentenciado (Tutmosis III , según nuestros cálculos), en 1450 a.C., y forcejeó con el siguiente faraón (Amenofis II en nuestra opinión) durante siete años, hasta que se les permitió el Éxodo. Habiendo empezado a oír del Señor Dios ya en el desierto, y después durante los siete años, hubo pues tiempo de sobra para innovar y dominar una nueva forma de escribir, una forma más simple y mucho más rápida que las de los grandes imperios de la época (el mesopotámico, el egipcio y el hitita).

La Biblia habla de las extensas comunicaciones entre Yahveh y Moisés y Aarón desde el momento en que Moisés fue llamado a la zarza ardiente en adelante. Lo que no dice es si los mensajes divinos, que a veces suponían detalladas instrucciones, iban también por escrito; pero podría ser significativo que los «magos» de la corte del Faraón pensaran que habían sido instrucciones escritas:

«Y los magos del faraón le dijeron a éste: Esto es el dedo de Dios»
(Éxodo 8,15).

«El dedo de Dios», habrá que recordarlo, era el término utilizado en los textos egipcios concernientes al Dios Thot, para indicar algo escrito por el mismo Dios.

Si todo esto lleva a la sugerencia de que la escritura alfabética comenzó en la península del Sinaí, no debería de sorprender que los arqueólogos hayan llegado a las mismas conclusiones, pero sin ser capaces de explicar cómo pudo originarse en el desierto una innovación tan grande e ingeniosa. ¿Tuvo lugar en realidad la conversación que hemos imaginado, o fue el propio Moisés quien inventó el alfabeto? Después de todo, él estaba en la península del Sinaí en la misma época, tenía la elevada educación de la corte egipcia (donde se mantenía correspondencia tanto con los mesopotámicos como con los hititas), y no cabe duda de que aprendió la lengua semita de los madianitas (si no la conocía ya por sus hermanos israelitas de Egipto).

Lo vería Moisés, en sus andanzas por el desierto del Sinaí, a los esclavos semitas (israelitas que por entonces estaban esclavizados en Egipto) grabar toscamente en las paredes de las minas su idea de una nueva forma de escribir? A uno le habría gustado ser capaz de atribuir la brillante innovación a Moisés, a él solo; hubiera sido gratificante acreditar al líder bíblico del Éxodo, el único que había conversado con Dios cara a cara según la Biblia, con la invención del alfabeto y la revolución cultural que desencadenó.

Pero las repetidas referencias a la Escritura Divina, en la que Dios mismo escribe, y Moisés sólo toma al dictado, sugieren que el sistema de lenguaje y escritura alfabética era uno de «los secretos de los Dioses». De hecho, la Biblia le atribuye al mismo Yahveh la invención/innovación de otras lenguas y escrituras en una ocasión anterior, con posterioridad al incidente de la Torre de Babel.

De un modo u otro, creemos que Moisés fue el iniciado a través del cual se le reveló a la Humanidad la innovación. Y, por tanto, no nos equivocaríamos al llamarlo El Alfabeto Mosaico. Pero hay más con respecto al primer alfabeto como «secreto de los Dioses». En nuestra opinión, se basaba en los conocimientos más sofisticados y elevados: los del código genético.

Cuando los griegos adoptaron el alfabeto mosaico mil años más tarde (inviniéndolo como en la imagen de un espejo, Fig. 55), vieron la necesidad de añadir más letras con el fin de adaptarlo a sus necesidades de pronunciación. De hecho, dentro de los confines de las veintidós letras del alfabeto mosaico-semita, algunas se pueden pronunciar como «suaves» (V, J, S, Th) o fuertes (B, K, SH, T); y otras letras podían desdoblarse como vocales.

De hecho, si reflexionamos sobre esta limitación a veintidós (ni una más, ni una menos), no podremos evitar recordar las constricciones aplicadas al número sagrado doce (que exigía el añadido o la reducción del número de deidades con el fin de mantener el «Círculo Olímpico» exactamente en doce).

¿Se aplicó este principio oculto -inspirado divinamente- a la restricción del alfabeto original a veintidós letras?

Este número debería de resultarnos familiar en nuestros días, en nuestra época. ¡Es el número de los cromosomas humanos cuando fue creado El Adán, antes de la segunda manipulación genética que le añadió los cromosomas sexuales «Y» y «X»!

¿Acaso el Todopoderoso, que le reveló a Moisés el secreto del alfabeto, utilizó el código genético como código secreto del alfabeto? La respuesta parece ser que Sí. Si esta conclusión parece extravagante, echémosle un vistazo a la afirmación del Señor en Isaías 45,11:

«Soy Yo el que creó las Letras... Soy Yo el que hizo la Tierra y creó al Adán sobre ella», así dice Yahveh, el Santo de Israel.

Quienquiera que estuviera implicado en la creación del Hombre, estuvo implicado también en la creación de las letras que componen el alfabeto. Los sistemas informáticos de hoy en día construyen palabras y números de sólo dos «letras», un sistema Sí-No de unos y ceros junto con un flujo de electrones On-Off (y de ahí llamado binario). Pero la atención ya ha cambiado al código genético de cuatro letras y a la velocidad, mucho mayor, con la cual tienen lugar las transacciones dentro de la célula viva.

Conceptualmente, el actual lenguaje informático, que se expresa en una secuencia tal como 0100110011110011000010100 etc. (y en innumerables variaciones que utilizan el «0» y el «1») se puede considerar como el lenguaje genético de un fragmento de AD N expresado como los nucleótidos CGTAGAATTCTGCGAACCTT y así sucesivamente, en una cadena de letras de ADN (que se disponen siempre en «palabras» de tres letras) unidas como pares-base en los cuales la A se une con la T, la C con la G. El problema consiste en cómo crear y leer los chips de ordenador que no están cubiertos con electrones «0» y «1», sino con bits de material genético. Desde 1991, gracias a los avances hechos en diversas instituciones académicas, así como en empresas comerciales involucradas en tratamientos genéticos, se ha conseguido crear chips de silicona cubiertos de nucleótidos.

Comparando la velocidad y las capacidades de la Informática del ADN , como se le llama a la nueva ciencia, «la capacidad de almacenamiento de información del ADN es gigantesca», afirmaba una investigación publicada en la revista Science (octubre 1997).

En la naturaleza, la información genética codificada en el ADN la decodifica, a la velocidad del rayo, un mensajero llamado ARN, que transcribe y recombina las «letras» del ADN en «palabras» de tres letras. Se ha demostrado que estos agrupamientos de tres letras se hallan en el centro de todas las formas de vida sobre la Tierra, dado que deletrean química y biológicamente los veintidós aminoácidos cuyas cadenas forman las proteínas de las cuales consta toda la vida en la Tierra (y, probablemente, en cualquier parte del cosmos).

La Figura 56 ilustra esquemáticamente, y de un modo simplificado, cómo se decodifica una secuencia de AD N y se recombina en los aminoácidos Propralina («Pro»), Serina («Ser»), etc., por medio del código de palabras de tres letras para construir una proteína.

La rica y precisa lengua hebrea se basa en palabras «raíz» a partir de las cuales derivan verbos, sustantivos, adverbios, adjetivos, pronombres, tiempos, conjugaciones y todas las demás variantes gramaticales. Por motivos que nadie ha sido capaz de explicar, estas palabras raíz se componen de tres letras. Parece que todo parte del acadio, la lengua madre de todas las lenguas semitas, que estaba formada por sílabas, a veces sólo una, a veces dos, tres o más.

¿Podría ser que el motivo de las palabras raíz hebreas de tres letras se halle en la lengua-ADN de tres letras, la verdadera fuente, como hemos concluido, del mismo alfabeto? Si es así, las palabras raíz de tres letras corroborarían esta conclusión.

«La vida y la muerte están en la lengua», afirma la Biblia en Proverbios 18,21.

Esta afirmación se ha tratado de forma alegórica. Quizá sea hora de tomarla literalmente: la lengua de la Biblia hebrea y el código genético de la vida (y la muerte) del ADN no son sino las dos caras de una misma moneda.

Los misterios codificados en su interior son más vastos de lo que uno podría imaginar; entre otros sorprendentes descubrimientos, se incluyen los secretos de la curación.

ZECHARIA SIRCHIN

domingo, junio 14, 2009

Las palabras - Vibraciones Poderosas

La ciencia ha descubierto que el sonido viaja a través del aire desde el punto donde emana, a la asombrosa velocidad de 331 metros (1083 pies) por segundo, actuando sobre las estructuras moleculares existentes en la atmósfera, alterando sus frecuencias vibratorias en un modelo en onda, después de lo cual es recibido por los órganos auditivos de una persona y es interpretado por la mente consciente. ¡Esta es en realidad una verdadera proeza¡

Sin embargo, las palabras habladas que son llevadas como ondas sonoras hacia otra persona poseen un poder aún más asombroso. Una vez que son interpretadas por la mente de la persona receptora -con mayor velocidad que la del sonido- esas palabras son transmitidas al corazón y al alma. Y, ¡cuanto poder pueden tener esas palabras¡Las palabras pueden sosegar una mente preocupada: ofrecen guía e iluminación; ayudan a compartir ideas y conocimiento; animan y vivifican.

Por otra parte, las palabras pueden causar confusión y discordia. Pueden herir el amor propio, degradar y desestabilizar al ser interno. En suma, las palabras habladas en forma consciente pueden crear una polaridad ya sea positiva o negativa no sólo en los demás, sino también en nosotros mismos.

En el mundo actual, es fácil quedar atrapado en las vibraciones confusas y perplejas de nuestra tumultuosa época. A menudo se interrumpe nuestra paz interior y es muy dificil lograr equilibrio emocional. Todos nosotros, en un momento u otro, nos hemos sentido irritados por las condiciones externas y hemos hablado en forma brusca y airada a otras personas. En la mayoría de los casos esta es una reacción del momento, puesto que esas palabras airadas son expresadas en forma espontánea, sin pensar, y no son necesariamente un reflejo de la forma de hablar de la persona, sino de su conflicto interno al intentar conservar la paz y la armonía.

Pero, ¿y qué de las palabras que expresamos premeditadas y conscientemente? ¿Son sopesadas con cuidado teniendo en cuenta los sentimientos de otras personas? ¿Son iluminadoras y compasivas, o ignorantes y egoistas? ¿Crean armonía o discordia? ¿Son palabras de verdadera comprensión o son el producto del chismorreo y de la critica?La murmuración, aún la "inocente" y "bien intencionada", es por lo general el resultado de ignorar la verdad sobre determinada situación, y usualmente injustificada. Se edifica sobre juicios erróneos, por la intervención de desconfianzas y suposiciones, y muy rara vez da como resultado la creación de una polaridad positiva.

Así como los átomos contenidos en el aire chocan y aceleran la vibración es una onda de sonidos, así también las palabras intrigosas se expanden en proporción, siguen su curso y, ¿con qué finalidad? cuando las palabras son tergiversadas y los pensamientos mal interpretados, la privacidad se ve invadida, se pierde la confianza, la fe es traicionada y se rompe la amistad.Cuando las personas objeto de las intrigas escuchan las palabras que se dicen de ellas -y siempre llegan a sus oidos, porque así como rebota el eco una onda sonido, así rebotan las palabras intrigantes- se desarrollan sentimientos de autodegradación , cólera y desconfianza, mientras la confusión y la desarmonía reinan supremas. Si las palabras que hablamos producen tales efectos, ¿somos en realidad dignos maestros de la iluminación?

La Crítica Negativa

Por la misma razón, las palabras de crítica producen efectos negativos similares, pero de una manera más directa y compleja. Las palabras de censura que van dirigidas a una persona o a un grupo de personas, especialmente cuando son pronunciadas de manera consciente y acerba, no son sólo producto de la ignorancia y de un juicio erróneo sino, por lo general, representan más al punto de vista del propio ser interno de quien las profiere, que de aquél a quien se dirige. El Cretiqueo tiene con frecuencia una naturaleza dual, pues refleja autorectitud o desprecio de sí mismo. No sólo crean desarmonía en los demás, sino también en nuestro propio ser.

La crítica constructiva puede producir algunas veces efecto positivo, pero cuando no es solicitada causa cierto grado de confusión interna. Pero, ¿cuál es la causa de que una persona crítique a otros? Es muy posible que a esa persona se le hayan dirigido alguna vez palabras de crítica que le produjeron un efecto adverso; tal vez fueron palabras que se repitieron una y otra vez, por lo cual quedaron cruelmente implantadas en su propia mente, corazón y alma.... un ciclo de palabras que con el tiempo perpetúan pensamientos y acciones negativos.

Si hemos de crear una polaridad positiva con las palabras que dirigimos a los demás, debemos cuestionar nuestro propio ser interno. cuando una persona desea hacer un examen de conciencia y viene a nosotros en busca de consejo, o cuando nosotros queremos hacernos un examen de coenciencia y solicitamos el consejo de otro, ¿son las palabras que se dicen beneficiosas y edificantes, o egoístas y carentes de comprensión? ¿mantenemos en secreto la lucha interna de la otra persona, o violamos su confianza repetiendo su problema a otros por exaltarnos?El alma interna que brilla en la luz de la fuerza vital de todos nosotros, es perfecta. Cuando hablamos a otra Ama-Personalidad, ¿aumentan nuestras palabras la luz interior de esa persona, o intenta extinguirla? ¿Reconocemos la perfección en todos los seres y en nosotros mismos, o albergamos pensamientos y generamos palabras con los cuales una persona puede sentirse perturbada, perder el equilibrio y el orden perfecto, y fomentan una polaridad negativa?

Las palabras que pronunciamos transmiten una vibración mucho más poderosa de lo que pensamos, porque implantan imágenes en la mente; forman ideas o pensamientos que general acción y afectan el desarrollo. Puesto que todos nos aferramos por una existencia positiva de paz interna y externa, es indudable que nuestras palabras tienen que generar, de una manera positiva, atributos tales como confianza en sí mismo, paz mental, total armonía y equilibrio en todos los aspectos de nuestro ser. Entonces estableceremos una polaridad positiva no sólo en los demás, sino en nosotros mismos y en el Cósmico.

Mark Martin
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