domingo, mayo 31, 2009

Nushu

Lenguaje sólo para mujeres

La muerte de la anciana de 98 años Yang Huanyi, en la provincia de china de Hunan, el 23 de septiembre de 2004, habría pasado desapercibida para el mundo si no fuese por el hecho que de que la mujer, viuda de un granjero, era la última persona del planeta que hablaba la curiosa lengua nushu, hablada en Hunan exclusivamente por mujeres.

Yang, la última hablante de nushu, fue una de las principales representantes de China en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995 y aprovechó esa ocasión para entregar a los estudiosos gran parte de las cartas, poemas y artículos que había escrito en ese lenguaje, que fueron recopilados por la prestigiosa Universidad de Qinghua en un libro publicado este año.

A diferencia del chino escrito, el cual es logográfico (cada carácter representa una palabra o parte de una palabra), el Nü Shu es fonético, con aproximadamente 2000 caracteres que representan una sílaba en los lenguajes locales yao y yi. Esto es aproximadamente la mitad requerida para representar todas las silabas, incluyendo las distinciones tonales; evidentemente, se usan dígrafos para ayudar a la lectura. Muchos caracteres Nü Shu se derivan de otros procedentes del Chino estándar, aunque otros aparecen como derivaciones más o menos personalizadas. La escritura se realiza de arriba a abajo y de derecha a izquierda.

Según se cree, el código secreto desaparecido con la anciana china habría sido creado hacia el siglo III de nuestra era y trasmitido desde entonces de generación en generación sólo a las mujeres. El nushu, que fue descubierto en 1998 por una profesora china, era el único lenguaje del mundo hablado exclusivamente por mujeres y casi no ha quedado documentación escrita, puesto que desde muy antiguo era costumbre quemar o enterrar con los muertos los manuscritos en nushu.

¿Cómo surgió esta lengua? Hace 1.700 años, las mujeres chinas estaban privadas de una educación formal y vivían encerradas en las casas de sus padres o de sus maridos, sometidas a la autoridad masculina, sin posibilidades de aprender a leer y escribir el idioma de los hombres. Fue así como aquellas campesinas analfabetas inventaron un idioma propio, que está considerado por los lingüistas como un sistema de comunicación único porque no tiene ningún paralelo hablado. Nushu en chino quiere decir escritura de mujeres. Además de literatura y folclore, las inscripciones en esta lengua pueden verse en diarios y abanicos donde se han encontrado reflexiones íntimas, consejos, correspondencia, así como descripciones de bombardeos y guerras.

Con el paso de los años se fue perdiendo esta especie de código secreto femenino hasta desaparecer por completo con la muerte de la señora Yang, por lo que el gobierno chino se está esforzando ahora por recoger y recopilar los escritos, a fin de poder conservarlo como parte valiosa de la rica herencia cultural china.

Uno de los documentos recuperados dice: "Los hombres se atreven a salir de casa para enfrentarse al mundo exterior, pero las mujeres no son menos valientes al crear un lenguaje que ellos no pueden entender". Otro señala: "Debemos establecer relaciones de hermanas desde la juventud y comunicarnos a través de la escritura secreta".

El idioma mandarín, como fundamento institucional de la cultura, incorporaba su estructura autoritaria, jerárquica y solemne, mientras que el nushu era para las mujeres la lengua de la vida cotidiana, de las emociones, de la espontaneidad, del mundo natural, de los sueños y de los deseos.

Por esa razón, en nushu las mujeres solían escribir las "Cartas del tercer día", unos folletos escritos sobre tela en los que trasmitían a sus hijas consejos sobre el matrimonio. Las "Cartas del tercer día", que contenían también canciones compuestas en nushu que expresaban sueños, esperanzas y sentimientos de las mujeres, eran enviadas a las novias el tercer déa después de la boda.

El ya desaparecido idioma de las mujeres contaba con unas 2.000 palabras, se escribía en columnas verticales, de izquierda a derecha y muchos de sus caracteres se inspiraron en los chinos, pero eran más estilizados, graciosos y personalizados. El lenguaje, que también se habló en otras zonas del sur de China, es una evolución de sistemas de escritura de hace más de 3 mil años utilizados por la civilización Yin, en la cuenca del río Yangtsé.

La extinción del nushu es apenas una pequeña parte de una tragedia mayor: la mitad de las lenguas que son habladas hoy se extinguirán antes del fin del siglo XXI; cada dos semanas muere una lengua en el mundo.

jueves, mayo 28, 2009

Oración Devocional Tibetana


Del loto floreciente de la devoción


álzate en el centro de mi corazón


¡Oh Maestro compasivo, mi único refugio!


Estoy acosado por acciones pasadas y emociones turbulentas.


Para protegerme de mi desgracia,


quédate sobre mi coronilla como una diadema,


el mandala de gran dicha


que aviva toda mi atención y conciencia


¡te lo ruego!


Sogyal Rimpoché
El libro tibetano de la vida y de la muerte

Adam Weishaupt

Profesor de Derecho Canónico de la Universidad de Ingolstad, célebre por haber fundado la orden de "Los Perfectibilistas" mejor conocida como los Illuminati.

Nació en Ingolstadt, (Baviera) el 6 de febrero de 1748. George Weishaupt, su padre, fue catedrático de Instituciones Imperiales y de Derecho Penal, y sus antepasados tenían raíces judías. Estudió en una escuela jesuita y después se matriculó en la Facultad de Derecho. Gracias a su inteligencia se convirtió en profesor titular a los 25 años. A los 27 era catedrático de Derecho Canónico de la Universidad de Ingolstad, siendo el primer laico en ostentar este cargo.

Sus inquietudes ideológicas le llevaron a ingresar en la masonería, saliendo poco después, decepcionado con lo que consideraba simples reuniones sociales. Decidió fundar su propia orden en 1776, basándose en lo que había visto en los jesuitas y la masonería, llamándola primero como "Los Perfectibilistas" y más tarde como "Los Iluminados de Baviera" (Illuminati), que es como conocemos a la orden hoy en día, dándose el sobrenombre de Spartacus.

Decepcionado con los pocos miembros con los que contaba su orden, pidióayuda a uno de sus adeptos, el barón protestante Adolph Franz Friedrich, Ludwig von Knigge, el cual dio un gran impulso a la sociedad, llegando a crearse logias en Alemania, Francia, Austria, Italia, Suiza y Rusia.

El 22 de junio de 1784, las autoridades políticas y religiosas de Baviera, dieron orden de perseguir a los miembros de la masonería y los Illuminati. Desbaratada su sociedad, Weishaupt hubo de exiliarse a Gotha, en Sajonia, falleciendo el 18 de noviembre de 1830, renegando siempre de su fe católica.

Alumbrados


Los alumbrados fueron un movimiento religioso español del siglo XVI en forma de secta mística, que fue perseguida por considerarse herética y relacionada con el protestantismo. Tuvo su origen en pequeñas ciudades del centro de Castilla alrededor de 1511, si bien adquiere carta de naturaleza a partir del Edicto de Toledo de 1525.

Los alumbrados pueden englobarse dentro de una corriente mística similar desarrollada en Europa en los siglos XVI y XVII, denominada iluminismo que no debe ser confundida con los iluministas bávaros (o illuminati), ni, evidentemente, con la Ilustración. Es muy habitual utilizar el nombre de iluminista como sinónimo de alumbrado. También se utilizó en la época el nombre de dejado.

Los alumbrados creían en el contacto directo con Dios a través del Espíritu Santo mediante visiones y experiencias místicas, lo cual llevó a la Inquisición Española a promulgar al menos tres edictos en su contra. Algunos místicos como Teresa de Ávila fueron inicialmente sospechosos de pertenecer a los alumbrados.

En 1532 se realiza el proceso a Vergara, Tovar, Eguía, María de Cazalla y Castillo. María de Cazalla, procesada por alumbrada, en su defensa alegó que en Guadalajara alumbrada se aplicaba a toda persona recogida y devota. Los alumbrados se reunían en conventículos en pequeñas localidades del centro de Castilla, como Pastrana o Escalona, leían e interpretaban personalmente la Biblia y preferían la oración mental a la vocal, como hicieron posteriormente los quietistas.

Pedro Ruiz de Alcara, Isabel de la Cruz y Bedoya formaron el núcleo de Escalona de 1511, que algunos han considerado como un precedente del pensamiento de Juan de Valdés al proclamar el “amor de Dios” no como idea mística, sino como certeza absoluta de que Dios guía a la mente humana para poder leer la Escrituras con entera libertad. En este fragmento de la acusación inquisitorial contra los de Escalona se les compara con otras herejías medievales, como los husitas, y se manifiestan sus doctrinas:

"...se resucitan eregias porque aquel ynterior dexamiento aquella suspensión occiosa de pensamiento aquel no hazer mas de dexarse a que Dios obre y no ellos herror fue de Ioannes hus y de Ioannes flirseso por Leuterio seguido que niegan el libre alvedrio para obrar puniendo la perfeezion en padezer y aquella perfeczion falsa que dogmatizan... de los bigardos y biguinos emano pues propone con ellos que los perfectos no son obligados a ayunar, a orar, ni a humana obediencia subjetos, ni a preceptos de yglesia obligados porque ubi pus dñi ibi libertas (ubi opus domini ibi libertas) y a la adoración y herimiento de pechos que niegan claro es se de los mismos y si el zelo del santo officio no lo ataja es cierto llegara a yntroducir la abominable caridad que almerico y fray alonso de meya dogmatizaron. Lo tercero es sy bien es el cevo del anzuelo en los hereticos mayor cevo es el mayor bien todos los ereges antepasados pretendían la evangelica verdad o bondad y esto el que mas lo pretendía el Leuterio perfido que pretende evangelica libertad"...

El informe del prior de los dominicos de Lucena a la Inquisiclón de Córdoba, en 1585, recoge la pretensión de los alumbrados de comulgar sin confesar, porque creían que gente justificada y confirmada en el bien no pueden ya pecar Hernando Álvarez y Cristóbal Chamizo fueron unos clérigos de Llerena acusados de extender por Extremadura a finales del XVI y principios del XVII unas extravagantes prácticas y opiniones teológicas, que se consideraron equivalentes a las de los alumbrados por la Inquisición:

Al menosprecio de los preceptos divinos y a la profanación de los lugares más sagrados, unían una disolución carnal inconcebible, y las penitencias que en el confesionario propinaban, eran ayuntamientos sexuales de las confesadas con ellos mismos, enseñándoles que el Mesías había de nacer del comercio de una doncella con alguno de los confesores alumbrados.

martes, mayo 26, 2009

La geomancia

Los pueblos antiguos compartían un sentimiento de aprecio y armonía con respecto al mundo que les rodeaba. Vivir en armonía con el entorno significaba estar sintonizados con las energías que fluyen del universo y construían viviendas que no deteriorasen el entorno, ni obstaculizasen el flujo de energía de la tierra. La geomancia es una antigua práctica que se ha dado en todas las culturas tradicionales, en los cinco continentes, y que reúne aspectos de ciencia y arte, en el estudio de las interacciones entre el ser humano y la tierra.

La geomancia significa literalmente «adivinación por la tierra». Según la definición que dieron los misioneros victorianos, que estuvieron en China, es el estudio que tiene que ver con la orientación de los lugares y las relaciones entre ellos, con factores topográficos y astronómicos; un estudio que permite al hombre vivir en armonía con la tierra, mediante la comprensión de las sutiles influencias de cada aspecto del paisaje y del lugar en sí.

La Geomancia es una verdadera ciencia cosmologica basada en la observacion de los astros y en la deteccion de las corrientes de energia vital existentes bajo la tierra. Fue usada en sus origenes para el emplazamiento, la orientacion y los planos de construccion de las ciudades, fortificaciones y demas edificios, para crear asi condiciones de vida que permitieran al hombre vivir en armonia con el cielo y la tierra. El conocimiento de estas influencias celestes y terrestres, que por supuesto son una expresion de concepcion metafisica del Universo inherente a la sabiduria de los antiguos, fue por mucho tiempo privilegio de las clases sacerdotales y de los iniciados.

La claridad del cielo en los paises de los pueblos de la antigüedad permitia a los observadores estudiar con facilidad y sin instrumentos el movimiento, ubicacion y fenomenos celestes.De esta forma, de los mas ricos a los mas humildes tenian por costumbre, antes de tomar una decision importante, consultar al Cielo y a la Tierra con la intencion de poder obtener imagenes o señales de la voluntad divina.Mediante ritos que aun hoy dia siguen siendo un secreto, se generaba con una varilla o el dedo indice sobre el suelo, especialmente sobre arena, una cierta cantidad de trazos correspondientes al numero y a la situacion de las estrellas, que, reducidos del excedente de paridad e imparidad, formaban figuras geometricas de las cuales se podian extraer predicciones, consejo y guia.

La Geomancia era denominada la "Ciencia de las Arenas". Al llegar a Occidente, donde no se permitian las observaciones del cielo, se conservaron las dieciseis figuras geomanticas pero el metodo transmitido por los antiguos basado en una ciencia de observacion, se convirtio en una ciencia de adivinacion de esencia intima y oculta cuyo fundamento es el alma, nuestro Sol Microcosmico.

Con un conjunto de dieciseis claves o figuras basadas en la polaridad y expandiendose en el cuaternario polarizado, las figuras simbolizarian la transformacion continua de los modos fundamentales de donde proceden los acontecimientos y los fenomenos.Dieciseis es el unico numero entero que responde a la ecuacion Xy= Yx/24= 42= 16. De esta manera, la Geomancia nos ofrece 65.536 temas posibles.

En sus principios, un estudio Geomantico comenzaba por un dibujo sobre la arena, pero por ser un medio inestable, podia en algunos casos ser reproducido o hasta trazado directamente sobre papiros. La importancia de la tierra en el ritual Geomantico operatorio permite suponer que para los orientales la Geomancia expresaba indiscutiblemente el oraculo de los espiritus de la Tierra o de los genios subterraneos. De esta forma, segun la tradicion oriental, la Geomancia se practica todavia sobre arena o arcilla roja que se vuelca sobre una bandeja llamada Almadel o Armadel, consagrada para su uso magico adivinatorio y grabada con palabras magicas y con sellos y pentaculos protectores. Ademas de la utilizacion de otros objetos igualmente consagrados, como pueden ser la Vara, Daga, Copa, Pentaculo (los mismos que representan las armas menores del trabajo magico), candelabros, cirios, sahumadores, Tunica, joyas, y hasta un espejo, que segun algunos son indispensables para la Geomancia Ritual.

En principio muchos afirman que debe oficiarse un sabado a la medianoche, hora en que la Tierra domina, estando el magnetismo solar en su punto mas bajo. El Sol pasa en ese momento el cuarto sector astrologico propicio a la revelacion de los misterios.Aun hoy dia, algunos Geomantes tradicionalistas operan sobre una piel de Tigre o de Vaca con el fin de aislarse de la Tierra ordinaria, que es impura. En Africa, donde la Geomancia es el arte adivinatorio esencial, utilizan tambien el Armadel ornamentado con ideogramas y sustituyen la arena por granos o guijarros. Una campanilla rematada por un Genio Protector marcara el instante decisivo de la consulta del «Fa» que acompaña al hombre durante su vida y lo guia al mas alla.En Europa, los geomantes de la Edad Media conocian el Armadel y lo utilizaban, si bien la mayoria lo reemplazaba por el papel, la tinta y la pluma, prefiriendose la de cuervo a cualquier otra para trazar las lineas, y utilizando la pluma de oca para el dibujo de los Pentaculos.

sábado, mayo 23, 2009

Desatar al hombre, desenrollar al ángel


Hombre alado acompañado por dos perros. Escuela Moqol, Indía 1585 d.C

El arriba citado proverbio jasídico se basa en la premisa que sostiene que toda educación verdadera es y debe ser liberadora. En principio porque la misma Torá o enseñanza contiene —ábaco de infinitas combinaciones— la capacidad de orientar al ser humano adulto e integrado psicológicamente hacia la resolución de su enigma más caro: el de su constante aproximación, por su imagen y semejanza, al Creador o, si se prefiere, a la Creación entera. El drama espiritual del hombre, dicen los maestros jasídicos, es el de producir opacidad tras opacidad: racial, familiar, territorial, mental. Opacidad que los kabalistas denominan klipots o cortezas que necesitan rasgarse, abrirse de manera constante y esforzada si el fruto alguna vez va a comerse o el fino grano ha de romper la cutícula para dejarse trabajar por la tierra, el agua, el aire y el fuego.

La producción de opacidad o separación no es sólo biológica o, para el caso, metabólica. Lo vivo, sabemos, es complejo, y al estar sujeto a la fatiga de sus materiales, anquilosa y cristaliza. La mente se nos torna artrítica antes de tiempo y en consecuencia el pensamiento pierde elasticidad. De manera que el combate que se nos plantea es, con frecuencia, el de deshacer los mismos nudos que nos hemos hecho para «acordarnos» de lo que debíamos hacer. Los preconceptos y los prejuicios son lo contrario de la vida anímica y espiritual, que vive de su despierta curiosidad y capacidad de cambio. Estar hecho un «nudo», diría Abulafia de Zaragoza en el siglo XIII, es estar «adherido» a cosas que han dejado de ser; es estar sujeto a una ya muerta imagen de nosotros mismos o bien a ciertas concepciones que los demás tienen de nosotros.

El nudo o kesher es vivido entonces como un impedimento, semejante al que aludimos al decir «tengo un nudo en el estómago». Pero aflojarse o desatarse no es sencillo ni tampoco consiste en berrear o gritar, descargas en todo caso pasajeras. En cierto modo no vale la pena desatar al ser humano si no desarrollamos, luego, su ángel, su angelos, palabra que en griego significa mensajero y que pasará a formar parte de Evangelio. De hecho, un ángel es aquel que tiene algo que decir, que tiene una «buena nueva» que comunicar. Por ejemplo: un ángel anunció a María su próxima concepción o a Mahoma su misión. Pero los ángeles no dicen lo que quieren; ni siquiera, como los profetas y poetas, lo que las distintas modalidades de su inspiración les dictan. Un ángel es por completo transpersonal, ingrávido, ubicuo, viajero, alado y la mayoría de las veces innombrable. Constancia de ello da la respuesta del ángel a Jacob en la escena de su lucha con él, cuando le dice: «¿Por qué preguntas mi nombre?» No se supone que el ángel tenga familia, aunque sí jerarquía, es decir nivel de desarrollo, más o menos altura en relación a la fuente de luz de la que procede.

Si nos detuviéramos a considerar la iconografía medieval o renacentista de lo angélico nos toparíamos con esos putti que reproducen, punto por punto, al viejo niño Eros de la mitología clásica, lo cual lo relaciona por un lado con las alianzas de amor y por la otra con su notable ubicuidad. Hasta su dorado resplandor coincide. La expresión desenrollar, por otra parte, supone también un código previo. Como la escritura genética del ADN, el ángel está escrito en nuestras células y es casi siempre nuclear y fosfórico, enzimático y transmisor. Por tanto, cuando un ser humano no transmite vida, calor, energía, claro optimismo vital, es porque su ángel está aún más enrollado que los nudos que atan a su hombre correspondiente.

Existe un hermoso proverbio sufí complementario de lo que estamos diciendo y, hasta cierto punto, clave para comprender nuestro planteo. Dice así: «Por más que los nudos se sucedan y varíen, la cuerda es una.» ¡Y qué es, en definitiva, un nudo sino la provisoria flebitis de la soga! El hecho de que la cuerda sea una nos está indicando que el nudo está por encima de la verdadera estructura, como la superficie del ego lo está de la profundidad del verdadero yo. Así, pues, en la tarea de deshacer los nudos y habilitar los caminos de las energías incitamos al ángel a que despierte y nos diga su mensaje.

Un poeta escribió que las alas de los ángeles tienen el color del arco iris porque «aquellos que conocen los secretos y ritmos de la luz están al tanto de sus variaciones y matices». Si así fuera, lo angélico desenrollado es doblemente consciente de lo múltiple del color —los nudos— y lo único de la luz —o sea la cuerda. Los que estén familiarizados con la tradición católica recordarán que San Pablo menciona en 1 Corintios 47 la teoría —ya vieja en su época— de los dos Adanes, el terrestre y el celestial, en ese orden de aparición. Teoría que alude al antiguo concepto gnóstico del antropon foteinos u hombre luz al que viste una envoltura carnal o, mejor aún, quien es una suerte de negativo fotográfico que debe experimentar la revelación —generalmente en un cuarto oscuro o en una noche cerrada— para convertirse, por fin, en un positivo de sí mismo. El ser humano es una fotografía de Dios, su verdadera imagen; una fotografía, es decir alguien-que-está-escrito-con-luz. Con luz y no solamente con sombra.

Un detalle que merece recordarse es que los ángeles descienden para hablar con nuestra especie. Proceden de arriba a abajo y no al revés. En tal caso, y en lo que a nosotros respecta, convertirse en ángel es ascender hacia un grado cada vez mayor de tolerancia y transparencia (a menos que se sea de la hueste de Abadán, el ángel exterminador) para poder ver las cosas como desde un avión: más pequeñas de lo que en realidad nos parecen. En lo que atañe a la ubicuidad de lo angélico, ésta consiste en la facultad de estar presente —nos aclara el diccionario— en varios sitios a la vez. Es decir en no estar sujetos a una sola realidad ni sentirnos prisioneros de nuestro espacio o nuestro tiempo.

En la India clásica tal predisposición o capacidad —lograda a fuerza de disciplina y vocación dévica— lleva el nombre sánscrito de siddhi o poderes. Esto es, el don o talento para situarnos en una zona más profunda de la existencia. Es verdad que también se puede vivir sin desarrollar o desenrollar al ángel, pero ciertamente es duro y triste vivir atado, anudado o prisionero de fantasmas o concepciones letales. Los ángeles rehuyen la masa y si acaso están juntos lo están para cantar a coro tal y como se los ve en las ilustraciones que Gustave Doré hizo para la Divina comedia del Dante. Los individuos, en el crecimiento y la expansión de su alma, no tienen excusa posible. Inversamente, de la masa o la horda se puede decir que es irresponsable, presa de la manía o la locura histórica, ya que se rige por la ley de la gravedad que impide a los seres y las cosas volar con espontaneidad, pues está fatalmente determinada a devenir escoria y materia densa, en tanto que el individuo, un solo individuo puede —para bien o para mal— dinamizar homeopáticamente a la masa hasta abismos terroríficos o cúspides de ensueño.
Hablando en términos junguianos podríamos decir que el ángel es el principio individualizador del hombre, su meta final, su milagrosa unicidad. Cuando, tras cierto grado de devoción y esfuerzo, comprendemos el dictum sufí a propósito de la cuerda única, comenzamos a convertirnos en verdaderos tejedores de nuestro destino, en seres que reconocen, como decía Henry Miller, que el ángel es nuestra watermark o marca de agua, y que no somos más que una delgada hoja de papel en la que la vida escribe su partitura de astros y partículas.

Una historia narrada por Hāfez, el poeta persa, cuenta que habiendo hecho Dios una criatura semejante a sí mismo en barro intentó insuflarle alma, pero como ésta se resistía a entrar en el cuerpo del primer Adán, se movía de aquí para allá, era ubicua, saltarina, oscilante y afecta al aire libre, volátil e inquieta, no quiso entrar en esa prisión de arcilla. El Creador mandó llamar entonces a sus ángeles músicos para que tocaran la mejor de sus melodías y al oírla, fascinada, el alma entró en éxtasis, deteniéndose entre la perplejidad de su goce y la contención de su soplo. Como observara que su atención, su capacidad de resonancia no era lo bastante buena para captar la belleza de aquella música celestial, se introdujo en el hombre de barro creado por el Hacedor para servirse él como de una concha acústica. Y hasta el día de hoy, nos cuenta Hāfez, se cree que cada vez que el ser humano escucha el canto de los ángeles, lee poesía o descifra un símbolo, su alma se halla a gusto en su cuerpo, cuando la verdad es que el alma misma es esa melodía y creó los distintos órganos del cuerpo para poder ser oída. Hecha de música, el alma humana apela, de este modo, al corazón, al hígado, a los pulmones y a la tráquea, a la columna vertebral y a los pies, al cuello y a los ojos para conocerse a sí misma. Si ocurre que tales instrumentos, vivos y misteriosos, están afinados, la armonía se llama salud, y si sucede que los descuidamos la enfermedad que les sobreviene se llama ruido, olvido y muerte.

«Un cuerpo sano —dicen los chinos— no siente nada»; nada, agregaríamos, que no sea el sutil, maravilloso milagro de existir como un fruto más en el vasto Árbol Cósmico. Encarnado luz en ecuaciones de suspiros. Segregando símbolos, puentes entre el Ser y la Nada.

Mario Satz

jueves, mayo 21, 2009

El arte de la paz


El arte de la paz comienza contigo. Trabaja sobre ti mismo y con la tarea que te ha sido asignada en el Arte de la Paz. Todos tenemos un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser entrenado de cierta manera, un sendero conveniente para seguir. Estás aquí con el sólo propósito de darte cuenta de tu divinidad interior y manifestar tu iluminación innata. Alimenta la paz en tu propia vida y luego aplica el arte a todo lo que encuentres.

No son necesarios edificios, dinero, poder o prestigio para practicar el Arte de la Paz. El cielo está exactamente allí donde te hallas y ese es el lugar para entrenarse. Todas las cosas, materiales y espirituales, surgen de una misma fuente y están relacionadas como si formaran una familia. El pasado, el presente y el futuro están contenidos en la fuerza de la vida. El universo emergió y se desarrollo desde una fuente única, y nosotros evolucionamos a través del proceso óptimo de unificación y armonización.

El Arte de la Paz es la medicina para un mundo enfermo. En el mundo existen el mal y el desorden porque la gente ha olvidado que todas las cosas emanan de una sola fuente. Regresa a esa fuente y deja atrás todo pensamiento autocentrado, todo deseo mezquino y toda ira. Aquellos que poseídos por la nada poseen todo.

Si no te has unido
A la verdadera vacuidad,
Nunca comprenderás
El Arte de la Paz

El Arte de la Paz funciona en todas partes en la tierra, desde la vastedad del espacio hasta la más pequeña planta o el más pequeño animal. La fuerza de la vida lo penetra todo y su fortaleza es ilimitada. El Arte de la Paz nos permite percibir y recurrir a esa enorme reserva de energía universal.

Ocho fuerzas sostienen la creación:
Movimiento y quietud,
Solidificación y fluidez,
Extensión y contracción,
Unificación y división.

La vida es crecimiento. Si detenemos el crecimiento, técnica y espiritualmente, somos tan útiles como cadáveres. Arte de la Paz es la celebración del enlace del cielo, la tierra y la humanidad. Es todo lo verdadero, lo bueno y bello. Una y otra vez será necesario que te retires entre montañas profundas y valles ocultos para restablecer tu lazo con la fuente de vida. Inspira y déjate elevar a los confines del universo; espira y deja al cosmos regresar dentro de ti. Luego aspira toda la fecundidad y vitalidad de la tierra. Por último, combina el aliento del cielo y el aliento de la tierra con el tuyo propio, transformándote en el Aliento mismo de la Vida.

Todos los principios del cielo y de la tierra están vivos dentro de ti. La vida misma es la verdad y esto nunca cambiará. Todo, en el cielo y en la tierra, respira. La respiración es el hilo que ata a la creación y la mantiene unida. Cuando la miríada de variaciones de la respiración universal pueden ser percibidas, nacen las técnicas individuales del Arte de la Paz.

Considera el flujo y reflujo de la marea. Cuando las olas vienen a golpear la orilla, se alzan y caen provocando un sonido. Tu respiración debería seguir el mismo patrón, absorbiendo el universo entero en tu vientre con cada inhalación. Debes saber que todos tenemos acceso a cuatro tesoros: La energía del sol y la luna, la respiración del cielo, la respiración de la tierra y el flujo y reflujo de la marea.

Aquellos que practican el Arte de la Paz deben de proteger los dominios de la Madre Naturaleza, divino reflejo de la creación, y mantenerla bella y fresca. La calidad del guerrero da origen a la belleza natural. Las técnicas sutiles de un guerrero surgen tan naturalmente como aparecen la primavera, el verano, el otoño y el invierno. La calidad del guerrero no es otra cosa que la vitalidad que sustenta toda vida.

Cuando la vida es victoriosa, hay nacimiento; cuando impedida, hay muerte. El guerrero está permanentemente dedicado a una lucha de vida o muerte por la Paz.

Contempla las obras de este mundo, escucha las palabras del sabio y toma todo lo que es bueno como propio. Con esto como base, abre tu propia puerta a la verdad. No desprecies la verdad que está justo ante ti. Observa cómo fluye el agua en el arroyo de un valle, suave y libremente entre las rocas. Aprende también de los libros sagrados y de la gente sabia. Cada cosa - incluyendo ríos y montañas, plantas y árboles - debería ser tu maestro. Crea cada día nuevamente vistiéndote con cielo y tierra, bañándote con sabiduría y amor colocándote en el corazón de la Madre Naturaleza.

No dejes
De aprender de
La voz pura del
Arroyo de montaña
Que fluye eternamente
Salpicando las rocas.

La Paz se origina con el fluir de las cosas, su corazón es como el movimiento del viento y de las olas. El Camino es como las venas que hacen circular la sangre a través de nuestros cuerpos, siguiendo el curso natural de la fuerza de la vida. Si estás separado siquiera un poco de la esencia divina, estás lejos del Sendero.

Tu corazón está lleno de semillas fértiles esperando brotar. Del mismo modo que una flor de loto surge del lodo para florecer en todo su esplendor, la interacción de la respiración cósmica hace florecer el espíritu para que dé fruto en este mundo. Estudia las enseñanzas del pino, del bambú y del pimpollo de ciruelo. El pino está siempre verde, firmemente enraizado y es venerable. El bambú es fuerte, resistente a inquebrantable. El pimpollo de ciruelo es vigoroso, perfumado y elegante. Mantén siempre tu mente tan luminosa y clara como el vasto cielo, el gran océano y el pico más alto, vacía de todo pensamiento. Mantén siempre tu cuerpo lleno de luz y calor. Llénate a ti mismo con le poder de la sabiduría y la iluminación. Tan pronto como te ocupas del “bien” y el “mal” de tus semejantes, creas una abertura en tu corazón por la que entra la malicia. Examinar, competir y criticar a otros te debilita y te derrota.

El brillo penetrante de las espadas
Sostenidas por los seguidores del camino
Golpea al malvado enemigo
Escondido en el interior profundo
De sus propios cuerpos y almas.

El Arte de la Paz no es fácil. Es una lucha hasta el fin, la matanza de los malos deseos y de la falsedad interior. En algunas ocasiones, la Voz de la Paz resuena como un trueno, sacudiendo a los seres humanos y sacándolos de su letargo.

Clara como el cristal,
Aguda y brillante,
La espada sagrada
No admite sitio
Para alojar al mal.

Para practicar adecuadamente el Arte de la Paz, debes:
Calmar el espíritu y retornar a la fuente.
Eliminar toda malicia, egoísmo y deseo

Para limpiar el cuerpo y el espíritu.
Sentir eterna gratitud por los dones recibidos del universo, de tu familia, de la Madre Naturaleza y de tus semejantes.

El Arte de la Paz esta basado en Cuatro Grandes Virtudes: Valor, Sabiduría, Amor y Amistad, simbolizadas por el Fuego, el Cielo, la Tierra y el Agua. La esencia del Arte de la Paz es limpiar tu ser de malicia, armonizar con tu ambiente y despejar tu Sendero de todos los obstáculos y barreras.

La única cura par el materialismo es la limpieza de los cinco sentidos (ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo) y la mente. Si los sentidos están obstruidos, la percepción se enturbia. Cuanto más turbia la percepción, más se contaminan los sentidos. Esto crea desorden en el mundo y ese es el mal más grande. Refina tu corazón, libera los cinco sentidos y déjalos funcionar sin obstrucciones, y tu cuerpo y alma enteros brillarán.

Toda vida es una manifestación del espíritu, la manifestación de amor. Y el Arte de la Paz es la forma más pura de ese principio. Un guerrero es responsable de detener toda discusión y toda lucha. El amor universal funciona de formas diversas; a cada manifestación se le debe permitir libre expresión.

El Arte de la Paz es verdadera democracia.

Todos y cada uno de los maestro, sin importar época o lugar, recibieron la llamada y alcanzaron la armonía con el cielo y la tierra. Hay muchos senderos que llevan a la cima del Monte Fuji, pero hay una sola cumbre: el amor. La lealtad y la devoción hacen al valiente. La valentía conduce al espíritu de sacrificio. El espíritu de sacrificio genera confianza en el poder del amor.

La economía es la base de la sociedad. Cuando la economía es estable la sociedad se desarrolla. La economía ideal une lo espiritual y lo material, y las mejores mercancías con las cuales comerciar son la sinceridad y el amor.

El Arte de la Paz no se apoya en armas ni en la fuerza bruta para triunfar; en lugar de eso nos afinamos con el universo, mantenemos la paz en nuestros ámbitos, nutrimos la vida y evitamos la muerte y la destrucción. El verdadero significado de la palabra samurai es aquel que sirve y adhiere al poder del amor.

Alberga y refina
El espíritu del guerrero
Mientras prestas tu servicio en el mundo;
Ilumina el Sendero
De acuerdo a la luz interior.

El Sendero de la Paz es extremadamente vasto; refleja el propósito de ambos mundos, el manifiesto y el oculto. El guerrero es el templo viviente de lo divino, el que está al servicio de ese propósito. Tu mente debería armonizar con el funcionamiento del universo; tu cuerpo, con el movimiento del universo; cuerpo y mente formando una unidad que se unifica con la actividad del universo. A pesar de que nuestro Sendero es completamente diferente de las artes guerreras del pasado no es necesario abandonar totalmente los modos antiguos. Absorbe las tradiciones venerables en el nuevo Arte revistiéndolas con prendas frescas y construye sobre estilos clásicos para crear mejores formas.

Morihei Ueshiba

domingo, mayo 17, 2009

Jataka de la liebre sabia


Titulo original: Sasapandita Jàtaka (del Jàtaka-Atthakathà iii 48-52)

El Maestro relató este cuento mientras residía en (el monasterio) Jetavana con relación a un donativo de todos los requisitos. [1] Dicen que en Sàvatthì un cierto dueño de casa realizó un donativo de todos los requisitos a la comunidad de monjes presidida por Buddha.

Él hizo construir un pabellón en la puerta de su casa e invitó a la comunidad de monjes presidida por Buddha. Los hizo sentar dentro del pabellón en asientos preparados y les ofreció comida deliciosa de diversos gustos. Habiéndolos invitado por siete días seguidos, en el séptimo día donó todos los requisitos para quinientos monjes presididos por Buddha. El Maestro, al finalizar la comida, expresando su gratitud dijo: “Devoto, es apropiado que tú experimentes regocijo y felicidad. Porque esta generosidad pertenece al linaje de los sabios de antaño. Los sabios de antaño, cuando llegaban mendicantes, renunciaban a su vida y daban aun su propia carne”. Y a pedido del devoto relató la historia del pasado.

En el pasado, cuando Brahmadatta reinaba en Baranasi, el Bodhisatta [2] nació como una liebre y vivía en el bosque. A un lado de ese bosque estaba el pie de una montaña, en el otro lado había un río y en el otro lado había un poblado de frontera. También allí vivían sus tres amigos: un mono, un chacal y una nutria. Estos cuatro sabios vivían juntos, obtenían comida en sus respectivos lugares y por la tarde se reunían. La liebre sabia exhortaba a sus tres compañeros con una plática del Dhamma: “Hay que practicar generosidad, observar preceptos y realizar los actos de Uposatha”.

[3] Ellos después aceptar su exhortación, se retiraban a sus propias moradas y allí residían. Así pasó el tiempo. Un día el Bodhisatta miró al cielo, vio la luna, comprendió “Mañana es el día de Uposatha” y le dijo a los otros tres: “Mañana es Uposatha, ustedes tres gentes deben observar los preceptos y en el día de Uposatha. Habiéndose establecido en los preceptos, el donativo dado produce gran fruto. Por lo tanto, si viene algún mendicante, deberían dar de su propia comida. Ellos aceptaron diciendo “muy bien” y se retiraron a sus lugares de residencia.

El día siguiente, temprano, la nutria pensando “buscaré comida” salió y fue a la orilla del río. Entonces, un cierto pescador había sacado siete pescados rojos. Después de ensartarlos en un junco, los trajo, hizo un hueco en la arena en la orilla del río, los enterró y continuó pescando río abajo. La nutria percibió el olor a pescado, cavó en la arena, los vio y los sacó. Tres veces anunció: “¿Quién es el dueño?” No viendo al dueño, mordió el extremo del junco con los pescados, los llevó y los guardó en su morada reflexionando en sus preceptos: “Los comeré en el momento apropiado”.

El chacal también salió de su lugar de residencia y buscando comida encontró en la cabaña de un cierto velador de campo dos estacas con carne, una iguana y una jarra de leche cuajada. Tres veces anunció: “¿Quién es el dueño?” No viendo al dueño, colocó en su cuello la cuerda para levantar la jarra de leche cuajada, mordió las dos estacas con carne y la iguana, llevó todo esto y lo guardó en su morada reflexionando en sus preceptos: “Lo comeré en el momento apropiado”. El mono también salió de su lugar de residencia, entró en el monte, tomó una rama con mangos, la llevó y guardó en su morada reflexionando en sus preceptos: “Los comeré en el momento apropiado”.

El Bodhisatta acostado en su propia morada pensó: “Voy a salir a comer pasto en el momento apropiado. Si alguien viene a pedir, no es posible dar pasto. No tengo ni ajonjolí ni arroz ni nada que dar. Si alguien viene a pedirme, daré la carne de mi propio cuerpo”. En ese momento, por el poder de la virtud del Bodhisatta el trono de piedra de Sakka [4] mostró signo de calor. Sakka, investigando, vio la razón y pensó “investigaré al rey liebre”. Pero primero fue al lugar de residencia de la nutria bajo la apariencia de un brahmán. La nutria sabia dijo: “¿Brahmán, para qué vienes?” “Si puedo obtener algo de comida, observaré Uposatha”. La nutria dijo “muy bien, te daré mi comida” y conversando con él pronunció el primer verso:

Mis siete peces rojos, sacados del agua a tierra firme, esto, brahmán, yo tengo. Después de comerlos, vive en el bosque.

El brahmán dijo “después veré” y fue a ver al chacal. Cuando el chacal preguntó: “¿Para qué vienes?” El brahmán respondió lo mismo. El chacal dijo “muy bien, te daré” y conversando con el brahmán pronunció el segundo verso:

La cena de un cierto velador de campo yo traje, dos estacas de carne, una iguana y una jarra de leche cuajada. Esto, brahmán, yo tengo. Después de comerlos, vive en el bosque.

El brahmán dijo “después veré” y fue a ver al mono. Cuando el mono preguntó: “¿Para qué vienes?” El brahmán respondió lo mismo. El mono dijo “muy bien, te daré” y conversando con el brahmán pronunció el tercer verso:

Mango maduro, agua fresca y una deleitable sombra, esto, brahmán, yo tengo. Después de comerlos, vive en el bosque.

El brahmán dijo “después veré” y fue a ver a la libre sabia. Cuando la liebre preguntó: “¿Para qué vienes?” El brahmán respondió lo mismo. Habiéndolo escuchado, el Bodhisatta se llenó de regocijo y dijo: “Brahmán, haz hecho bien en venir a mi presencia para pedir comida. Hoy, yo daré algo que nunca di antes. Tú porque eres virtuoso no matarás. Va, brahmán, junta madera, prepara un fuego e infórmame. Yo renunciaré a mí mismo y me arrojaré en el medio del fuego. Cuando mi cuerpo este cocido, tú podrás comer mi carne y después observar el Dhamma de los ascetas”. Y conversando con el brahmán pronunció el cuarto verso:
La liebre no tiene ni ajonjolí ni guisantes ni aun arroz. Después de haberme cocido con este fuego, vive en el bosque.

Después de escuchar al Bodhisatta, Sakka preparó una pila de brasas usando sus poderes sobrenaturales y lo informó. El Bodhisatta se levantó de su lecho de hierbas y fue allí. “Si hay insectos en mi piel, que ellos no mueran”, sacudió su cuerpo tres veces y ofreciendo todo su cuerpo se lanzó y descendió en la pila de brasas regocijándose como un cisne real en un lago de lotos. Pero ese fuego no pudo quemar ni siquiera las meras puntas de los cabellos de la piel del Bodhisatta. Fue como entrar en una matriz de hielo. Entonces, se dirigió a Sakka: “Brahmán, el fuego que tú preparaste es muy frío. No pudo ni siquiera quemar las puntas de los cabellos de mi piel. ¿Qué es esto?”. “Liebre sabia, yo no soy un brahmán, soy Sakka. Vine para probarte”. El Bodhisatta pronunció el rugido del león: “Sakka, tú eres el primero. Pero si todo los habitantes del mundo fueran a probar mi generosidad, no encontrarían nunca en mí falta de disposición para dar”.


Entonces, Sakka dijo: “Liebre sabia, que tus virtudes se conozcan por un eón”. Y después de moler la montaña, tomó la esencia y dibujó la forma de la liebre en el disco de la luna. Tomó al Bodhisatta y lo acostó en un lecho de hierbas tiernas en el mismo lugar en ese monte, en ese bosque, y regresó al cielo. Y esos cuatro sabios, en armonía y en paz, observando los preceptos, practicando generosidad y realizando los actos de Uposatha, partieron de acuerdo con sus acciones.

El Maestro después de relatar este discurso del Dhamma reveló las verdades y mostró la conexión de la historia. Al final de las verdades, el dueño de casa donador de todos los requisitos se estableció en la fruición de la entrada en la corriente.

En esa ocasión la nutria era Ànanda, el chacal era Moggallàna, el mono era Sàriputta y la liebre sabia era yo mismo.

NOTAS
[1] ‘Sabbaparikkhàradàna’ se refiere a un donativo de todos los requisitos necesarios para un monje. Hay ocho requisitos básicos: (i) tazón (patta), (ii, iii, iv) tres hábitos (ticìvara), (v) faja (kàyabandhana), (vi) hoja de afeitar (vàsi), (vii) aguja (sùci), (viii) filtro de agua (parissàvana).
[2] En el contexto del budismo theravada la palabra bodhisatta se usa para describir el buda en una vida anterior.
[3] Se refiere a la recitación de las reglas de disciplina los días de luna llena y nueva por parte de la comunidad de monjes y observar ocho preceptos por parte de los laicos.
[4] El rey de las divinidades.

jueves, mayo 14, 2009

Su nombre es legión


"El hombre tal como lo conocemos, el hombre máquina, el hombre que no puede «hacer», el hombre con quien y a través de quien «todo sucede», no puede tener un «Yo» permanente y único. Su «Yo» cambia tan rápidamente como sus pensamientos, sus sentimientos, sus humores, y comete él un error profundo cuando se considera siempre una sola y misma persona; en realidad, siempre es una persona diferente, nunca es el que era un momento antes.

"El hombre no tiene un «Yo» permanente e inmutable. Cada pensamiento, cada humor, cada deseo, cada sensación dice «Yo». Y rada vez, parece tenerse por seguro que este «yo» pertenece al Todo del hombre, al hombre entero, y que un pensamiento, un deseo, una aversión, son la expresión de este Todo. En efecto, no hay prueba alguna en apoyo de esta afirmación. Cada pensamiento del hombre, cada uno de sus deseos se manifiesta y vive de una manera independiente y separada de su Todo. Y el Todo del hombre no se expresa jamás, por la simple razón de que no existe como tal, salvo físicamente como una cosa, y abstractamente como un concepto. El hombre no tiene un «Yo» individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños «yoes» separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el hombre dice o piensa «Yo». Y cada vez su «yo» es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión.

"El alternarse de los «yoes», sus luchas por la supremacía, visibles a cada instante, son comandadas por las influencias exteriores accidentales. El calor, el sol, el buen tiempo, llaman inmediatamente a todo un grupo de «yoes». El trío, la neblina, la lluvia llaman a otro grupo de «yoes», a otras asociaciones, a otros sentimientos, a otras acciones. No hay nada dentro del hombre que sea capaz de controlar los cambios de los «yoes», principalmente porque el hombre no los nota, o no tiene ninguna idea de ellos; vive siempre en su último «yo».

Algunos, naturalmente, son más fuertes que otros; pero no por su propia fuerza consciente. Han sido creados por la fuerza de los accidentes, o por excitaciones mecánicas externas. La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, de las castas y de las tradiciones, o la seducción de los últimos «slogans», dan nacimiento, en la personalidad de un hombre, a «yoes» muy fuertes que dominan series enteras de otros «yoes» más débiles.

"El hombre no tiene individualidad. No tiene un gran «Yo» único. El hombre está dividido en una multitud de pequeños «yoes». "Pero cada uno de ellos es capaz de llamarse a sí mismo con el nombre del Todo, de actuar en el nombre del Todo, de hacer promesas, de tomar decisiones, de estar de acuerdo o de no estar de acuerdo con lo que otro «yo», o el Todo, tendría que hacer. Esto explica por qué la gente toma decisiones tan a menudo y tan raramente las cumple. Un hombre decide levantarse temprano, comenzando a partir del día siguiente. Un«yo», o un grupo de «yoes» toma esta decisión. Pero levantarse es problema de otro «yo» que no está de acuerdo en absoluto, y que quizás ni siquiera ha sido puesto al corriente.

Naturalmente, a la mañana siguiente el hombre seguirá durmiendo, y por la noche decidirá nuevamente levantarse temprano. Esto puede traer consecuencias muy desagradables. Un pequeño «yo» accidental puede hacer una promesa, no a sí mismo, sino a alguna otra persona en un momento dado, simplemente por vanidad, o para divertirse. Luego desaparece. Pero el hombre, es decir el conjunto de los otros «yoes» que son completamente inocentes, tendrá que pagar quizás por toda su vida esta gracia. La tragedia del ser humano es que cualquier pequeño «yo» tiene el poder de firmar contratos, y que luego sea el hombre, es decir el Todo, quien deba enfrentarlos. Así pasan vidas enteras, cancelando deudas contraídas por pequeños «yoes» accidentales.

"Las enseñanzas orientales están llenas de alegorías que intentan describir, desde este punto de vista, la naturaleza del ser humano. "Según una de ellas, el hombre es comparado a una casa, sin Amo ni mayordomo, ocupada por una multitud de sirvientes. Éstos han olvidado completamente sus deberes; nadie quiere cumplir su tarea; cada uno se esfuerza en ser el amo, aunque fuere un momento, y en esta especie de anarquía la casa está amenazada por los más graves peligros. La única posibilidad de salvación está en que un grupo de sirvientes más sensatos se reúna y elija un mayordomo temporal, es decir, un mayordomo suplente. Este mayordomo suplente puede entonces poner en su sitio a los otros sirvientes, y obligar a cada uno de ellos a realizar su trabajo: la cocinera a la cocina, el cochero al establo, el jardinero al jardín, y así sucesivamente. De esta manera, la «casa» puede estar lista para la llegada del verdadero mayordomo, el cual a su vez preparará la llegada del verdadero Amo.

"La comparación del hombre con una casa en espera de su amo es frecuente en las enseñanzas del Oriente que han conservado las huellas del conocimiento antiguo, y como ustedes lo saben, esta idea aparece también bajo formas variadas en numerosas parábolas de los Evangelios.

"Pero aunque el hombre comprendiera sus posibilidades de la manera más clara, esto no lo acercaría ni un paso hacia su realización. Para estar en condición de realizar estas posibilidades, debe tener un ardiente deseo de liberación, debe estar listo a sacrificar todo, a arriesgar todo por su liberación."

La Rosa como símbolo

Los Teósofos se han asido, como Rosa Simbólica, a la Flor de Loto y le dedican una verdadera veneración. Sus pétalos y sus hojas simétricas, es algo poético,como su forma de crecer y desarrollarse, pues extendidas sus raíces por el fango, va lanzando el tallo hacia arriba a través del agua para luego ofrecer su flor cara al Sol.

Es esto verdaderamente simbólico y delicado para los espíritus religiosos, pero no único. Abrase una Botánica y encontramos centenares de flores iguales en nuestra zona sin necesidad de basarnos exclusivamente en la de la India.

Todavía a la Flor de Loto, le falta algo muy esencial para prestarse del todo a un símbolo que es el Aroma. Carece de él en absoluto y si en ciertas regiones conserva alguno, es un olor detestable.

Cuán diferentes son nuestras Rosas. Plantadas en el fango, van poco a poco removiéndolo y quemando químicamente esas escorias hasta transformarlas en tallo, en hojas, en flor, en aroma riquísimo…

En eso estriba su gran valor y enseñanza ética. Nosotros, como las Rosas o como plantas que las producen, vivimos constantemente en la miseria, en el fango de nuestro vivir hediondo y crapuloso y hemos de transformarnos, quemando nuestras propias escorias, para que en nosotros surja un día el Hombre virtuoso y esencial. Es decir, hay que verificar o realizar el milagro por consunción de convertir nuestra naturaleza animal en espiritual, el Ángel malo en bueno, nuestras sombras en luz radiante…

La Rosa es un símbolo de Belleza. Pero ese símbolo no nace ni de su forma, ni de su color. La tonalidad de sus matices podrá ser un verdadero iris con variedades divinamente combinadas. Su forma, será la más adecuada y simbólica.

Todo en ella se prestará para dar la sensación más estricta de la Belleza, pero su verdadero valor intrínseco, está en su conjunto, en su totalidad. Ya Homero, en su lírica, la compara con el Alba de la Mañana y canta extáticamente ante su conjunto, como un Sol expresivo.

La Rosa es el símbolo del Amor. Los pueblos antiguos así lo entendieron y la ofrendaban a los Dioses del Amor de ambos sexos. Teócrito cuenta, que los enamorados se pasaban mutuamente sobre los dedos, hojas de Rosas y si soñaban, forzados por este dulce sortilegio, eran para ellos una gran prueba de amor y de fidelidad.

En Tannhausser dice Wagner: A quien el corazón se le inflame de amor lleva una corona de Rosas. Y otro vate de épocas pasadas, exclama: Que tan pronto veía a una mujer todo se le transformaba color de rosa…

Por un cuento germano medieval, se sabe de una mujer muy hermosa que se encuentra encerrada en una Torre inaccesible para su pretendiente. No sabe éste qué hacer para estar cerca de la bien amada y entonces intenta ponerse un vestido color de rosa, cubriendo con frescas y fragantes rosas todo su cuerpo y haciéndose introducir dentro de un cesto adecuado para ser transportado a la Torre. Los portadores del cesto, al notar un peso excesivo, suponen que sea el rocío el que ofrece aquel peso y no se atreven a tocar, porque sólo la Dama deberá posar sus manos sobre las gotas de rocío. Como en todos los cuentos,los dos amantes se unen por haber sido él traído con Rosas.

La Rosa es el símbolo de la Felicidad. Ya Cicerón expresa, que los felices tienen lecho de Rosas…

Cuando el valiente mexicano Cuahtemoc fue amarrado a un banquillo por orden de Cortés mientras sus pies se abrasaban en una hoguera para arrancarle el secreto del lugar donde había sido depositado el Tesoro Imperial, uno de sus Ministros llenos de dolor le gritaba: ¡Emperador! Decid dónde tenéis escondido el oro. Ved cómo sufro… Y Cuahtemoc, con toda calma, se volvió hacia él respondiendo: ¿Crees tú que yo estoy sobre un lecho de Rosas?…

La Rosa es el símbolo del Sigilo, del Silencio. En los antiguos misterios, no faltaba jamás la Rosa, tanto dentro del Santuario como en el Pórtico donde el Guía le llamaba la atención al Neófito sobre tal emblema expresándole que tan sólo era elocuente por su presencia y por el misterio que en ella se encerraba, pero que nunca hablaba. Con esto quería decirle - y así se lo recomendaba - que había que ser mudo y callado como lo era la Rosa.

Entre los antiguos Germanos y, sobre todo, entre los Caballeros de la Mesa Redonda que buscaban el Santo Grial, se usaba una corona de encina colgada o puesta sobre la Mesa y en el centro se destacaba una Rosa como símbolo del silencio.

En muchas Casas Municipales o Alcaldías de Alemania, cuyos edificios aun se conservan intactos desde la Edad Media, encontramos en la Sala de Sesiones una Rosa tras los asientos. En los mismos protocolos encerrados en los Archivos, se puede leer claramente que tal o cual miembro del Consejo fue destituido, por haber lesionado la Rosa de su asiento siendo indiscreto y habiendo divulgado los acuerdos que se había comprometido silenciar en reuniones secretas.

Dicen algunos Oradores de aquellos tiempos que así como las hojas de la flor de la Rosa están unidas sin dejar penetrar lo más mínimo, de igual manera debe ser el secreto, intransitable.

La Rosa es el símbolo de la Instabilidad que preside a todo lo que nace y muere…

Hoy vemos la Rosa, fresca, erguida y lozana. Mañana, amarilla, lacia y mustia… Así en los Misterios antiguos, la Rosa blanca era el símbolo de la Muerte y el emblema de la destrucción.

La Rosa, es un constante memento mori que a cada paso debe hacernos recordar que somos de polvo y en polvo hemos de convertirnos. Es un anuncio permanente de que la muerte nos ronda a cada instante.

Verdaderamente que es curioso, que en ninguna ocasión, falten las Rosas. Ella la ofrecemos a la mujer amada y aun después la vemos colocada sobre el ataúd de la pobre novia muerta…

Finalmente, es el símbolo de la Virginidad. Todo lo que sea puro, inmaculado, limpio y pudoroso, está encarnado en la Rosa que nunca pierde su perfume aunque manos impuras la toquen. La misma flor de azahar, en algunos países, es puesta en manos de la desposada como símbolo de su virginidad. Al nacer el Sol, se habrá rasgado el velo de Himeneo como se habrán marchitado las flores de azahar…

Arnold Krumm-Heller
Rosa Esotérica

lunes, mayo 11, 2009

Técnica de meditación

Las técnicas de meditación son sólo herramientas, no son la solución ni el objetivo en sí mismo. Por más que nos pese (y ya debiera dejar de hacerlo), es el individuo y sólo él, quien tiene la única llave de la felicidad en sus manos. Es como contar con un tenedor, un cuchillo y una cuchara. La utilización de cada uno de estos utensilios dependerá de lo que deseamos comer.

1. Debes encontrar una posición adecuada (la que te resulte más cómoda). Se suele optar por alguna posición de sentado. Es posible también de acostado, pero el inconveniente reside en la posibilidad de dormirse. Y si te duermes, no meditas. De todas maneras, debes entender que por más cómoda que la posición que elijas te resulte, con el tiempo de meditación (lo ideal es ir progresando hasta llegar a un mínimo de una hora cada vez), esa misma posición se tornará molesta y te traerá dolores en el cuerpo. Esto siempre ocurre al principio, hasta que te acostumbras.

2. Encuentra un lugar y un tiempo, en tu casa, donde puedas proveerte silencio, tranquilidad y estés libre de interrupciones. De lo contrario no funciona.

3. Una vez ubicado en la posición elegida, tienes dos opciones:
-Si te resulta sencillo y estás familiarizado con las "visualizaciones" (poder ver lo que te imaginas con los ojos cerrados), te aconsejaría utilizar este sistema.
- De lo contrario, si tienes dificultades con las visualizaciones, deberás optar por lo que yo llamo "observación sensorial" consistente en ser consciente de lo que imaginas aunque no lo puedas ver.

Este tema te resultará sencillo debido a que trabajarás con tu propio cuerpo. Es decir, en determinado momento, si debes concentrarte en un brazo, podrás "visualizarlo", si utilizas la primera opción; o ser consciente del mismo (sentirlo, con todo lo que al brazo le suceda en ese mismo momento, una picazón, un dolor, una briza, o cualquier otra sensación que te traiga consciencia de su existencia, lugar de ubicación en el cuerpo y estado), si has optado por la segunda de las opciones.

4. Lo primero que debes hacer, una vez en la posición elegida (siempre que medites deberás adoptar la misma posición), es cerrar los ojos, intentar mirar el lado interior de tus párpados (con los que tienen contacto directo tus ojos al cerrarlos) y que aparece de color anaranjado si te encuentras en una habitación con suficiente luz. Si te encuentras en una habitación a oscuras, el color será negro.

En el primer caso, podrás ver aparecer manchas y puntos más oscuros sobre el color naranja que te facilitarán el concentrarte en alguno de ellos. Esto no ocurrirá si te encuentras en un recinto totalmente oscuro, puesto que el color que se interponga entre tus ojos y los párpados será el negro. Todo esto lo hacemos a los efectos de lograr durante el mayor tiempo posible, vaciar nuestra mente de pensamientos. De todo tipo de pensamientos. Esto es algo difícil de lograr.

Al poco tiempo de comenzar el ejercicio, nuestra mente se encargará de traernos pensamientos sin pedirnos permiso. A veces, ni siquiera advertimos que esto ocurre. No en forma inmediata. Nunca hay que alterar los nervios o sentirse decepcionados por esta situación. Es normal. Lo que debemos hacer ni bien advertimos la intromisión de un pensamiento es, con paciencia, erradicarlo, volviendo a comenzar la ejercitación.

Con la práctica, los tiempos de concentración sin pensamientos se irán alargando. Si logramos llegar a un minuto, estará bien. Si realizas esta práctica durante 5 a 10 minutos, en un principio será suficiente.

Al vaciar tu mente de todo pensamiento, intenta concentrarte lentamente, en cada una de las partes de tu cuerpo. De arriba hacia abajo, detente en cada parte e intenta relajarla (puedes imaginarla como un trozo de mantequilla que se derrite o cualquier otra imagen comparativa que ayude a que los músculos de aquella parte se relajen por completo). Y continúas hacia abajo, lentamente, sin apuros, realizando siempre el mismo trabajo. Observa que el concentrarte en cada parte de tu cuerpo te permitirá percibir de inmediato si la zona se encuentra tensionada (es común en el cuello, nuca y diferentes partes de la espalda).

Con el tiempo, y cuando decidas hacer más duradera tu práctica, puedes iniciar el recorrido inverso (de abajo hacia arriba), una vez finalizado el descenso. En el recorrido, es conveniente, a los efectos de la buena concentración, visualizar durante unos minutos la respiración, mientras ésta entra y sale por las fosas nasales.

Siempre que finalices la meditación, debes ir abriendo los ojos y estirando tu cuerpo con lentitud, sin apuros. Hasta sentirte despejado, despabilado, bien despierto. Nunca te levantes con apuros intentando volver a la actividad cotidiana de forma inmediata. Comienza meditando el tiempo que te sea cómodo. No realices esfuerzos innecesarios.

Existe una gran variedad de técnicas de meditación. Ésta, sencilla, debiera proporcionarte inmediato bienestar. Si no es así, no dudes en detenerla.

Rudy Spillman

MEDIMENTE
Meditación para Principiantes

sábado, mayo 09, 2009

Einstein y la Emoción Mística


La más bella emocion que podemos tener es la mistica. Es la fuerza de toda ciencia y arte verdadero. Para quien esta experiencia resulte extraña, es como si estuviera muerto.

Saber que existe lo que para nosotros es impenetrable, manifestandose como la mas alta sabiduria y la mas radiante belleza, que nuestras pobres facultades sólo pueden entender en sus formas más primitivas – este conocimiento, esta sensacion – está en el corazon de nuestra verdadera religiosidad.

En este sentido, y sólo en éste, pertenezco a las filas de los hombres devotos… Un ser humano es parte del todo… Se considera a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto – como una suerte de ilusion optica de su conciencia.

Esta ilusiones para nosotros como una prision que restringe nuestros deseos personales y nos encariña con unas pocas personas que nos son próximas.Nuestra tarea es liberarnos de esta cárcel ensanchando nuestra área de compasion hasta abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza en su belleza. Nadie es capaz de hacerlo del todo, pero el intentarlo es, en sí mismo, una parte de la liberacion y el fundamento de nuestra seguridad interior.

Albert Einstein

Las Enseñanzas de Gurdjieff a su hija

Nacido en la Armenia rusa, G. I. Gurdjieff buscó en las fuentes ancestrales las respuestas a las preguntas fundamentales del ser humano. Sus planteamientos constituyen un revolucionario y coherente cuerpo de ideas interrelacionadas, que guían al auténtico buscador por el camino de la evolución consciente. Figura mística y polémica, el "Tigre de Turkestán" dejó un poderoso legado orientado al despertar de las conciencias dormidas. Esta tradición, compleja y rigurosa, tiene seguidores y detractores en todo el mundo.


Las Enseñanzas de Gurdjieff a su hija

1. Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.

2. Termina siempre lo que comenzaste.

3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.

4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.

5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.

6. Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.

7. Ordena lo que has desordenado.

8. Aprende a recibir, agradece cada don.

9. Cesa de autodefinirte.

10. No mientas ni robes, si lo haces te mientes y te robas a ti mismo.

11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.

12. No desees ser imitado.

13. Haz planes de trabajo y cúmplelos.

14. No ocupes demasiado espacio.

15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.

16. Si no la tienes, imita la fe.

17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.

18. No te apropies de nada ni de nadie.

19. Reparte equitativamente.

20. No seduzcas.

21. Come y duerme lo estrictamente necesario.

22. No hables de tus problemas personales.

23. No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.

24. No establezcas amistades inútiles.

25. No sigas modas.

26. No te vendas.

27. Respeta los contratos que has firmado.

28. Sé puntual.

29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.

30. Habla sólo lo necesario.

31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.

32. Nunca amenaces.

33. Realiza tus promesas.

34. En una discusión ponte en el lugar del otro.

35. Admite que alguien te supere.

36. No elimines, sino transforma

.37. Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.

38. Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo.

39. Vence tus antipatías y acércate a las personas que deseas rechazar.

40. No actúes por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.

41. Transforma tu orgullo en dignidad.

42. Transforma tu cólera en creatividad.

43. Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.

44. Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.

45. Transforma tu odio en caridad.

46. No te alabes ni te insultes.

47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.

48. No te quejes.

49. Desarrolla tu imaginación.

50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.

51. Paga los servicios que te dan.

52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.

53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.

54. No trates de distinguirte por tu apariencia.

55. Nunca contradigas, sólo calla.

56. No contraigas deudas, adquiere y paga en seguida.

57. Si ofendes a alguien, pídele perdón.

58. Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.

59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tuspropósitos.

60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.

61. No conserves objetos inútiles.

62. No te adornes con ideas ajenas.

63. No te fotografíes junto a personajes famosos.

64. No rindas cuentas a nadie, sé tu propio juez.

65. Nunca te definas por lo que posees.

66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.67. Acepta que nada es tuyo.

68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.

69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal considéralo tu maestro.

70. No mires con disimulo, mira fijamente.

71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.


72. En el lugar en que habites consagra siempre un sitio a lo sagrado.

73. Cuando realices un servicio no resaltes tus esfuerzos.

74. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.

75. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.

76. No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.

77. Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.


78. Vive de un dinero ganado por ti mismo.

79. No te jactes de aventuras amorosas.

80. No te vanaglories de tus debilidades.

81. Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.

82. Obtén para repartir.

83. Si estás meditando y llega un diablo, pon ese diablo a meditar...

jueves, mayo 07, 2009

Danzar con el Cosmos

“Varias son las sendas que conducen a Dios; yo he elegido la senda de la danza y de la música”

Hazrat Maulaná Yalaluddín Rumí (1207-1273)

Pocas cuestiones han suscitado tanto debate y controversia en el seno del Islam como el de la licitud o no de la música y la danza. A pesar de las muchas restricciones impuestas por los doctores de la legalidad religiosa (fuqahâ) y de los encendidos reproches que éstos dirigieron contra los partidarios de su uso, nada ni nadie logró impedir el florecimiento en tierras islámicas de una música y una danza ligadas a la vivencia profunda de lo sagrado. El Islam espiritual, eso que llamamos tasawwuf o sufismo, halló pronto en la música y la danza dos medios excepcionales de expresión no meramente estética sino espiritual. Con todo, algunos sufíes fueron más allá. Música y danza no eran simples vehículos expresivos -catárticos en algunos casos- de una fuerza emotiva y pasional, sino que constituían en sí mismas el trabajo espiritual.

A la hora de danzar, cada uno de los nueve derviches ocupará un espacio bien preciso en la estancia. Ello quiere decir que la danza mevleví no se desarrolla en el plano horizontal, como sería el caso por ejemplo del vals europeo, sino en la más pura y absoluta verticalidad. Los derviches mevlevíes sirios designan con la palabra fatl, que significa “retorcerse”, “anudarse”, “enroscarse sobre sí mismo”, al movimiento específico que se realiza en la danza. Por consiguiente, el giro derviche no es un desplazamiento en el sentido latitudinal de una evolución lineal en el espacio, sino más bien un movimiento en espiral, ascendente, que se desarrolla en un plano vertical y se orienta, por lo tanto, longitudinalmente.


La espiral representa la entrada en el mundo de la espiritualidad. Y esto es así puesto que la danza mevleví, cuyo nombre técnico es en árabe muqâbala, prefigura el viaje interior del alma del hombre al encuentro -ese es el significado de muqâbala- del Creador. El derviche, en tanto que mistês o iniciado en los misterios de la tarîqa o senda espiritual, persigue la unión mística con Dios abandonándose a sí mismo. Según una lectura más psicológica, diríamos que, en su recorrido interior, el derviche experimenta una liberación regresiva, atravesando los distintos niveles de la consciencia hasta descubrir el centro absoluto, la parte divina de su ser, ese yo profundo que nada tiene que ver con el ego.

Sin embargo, todo ello exige del derviche una previa y ardua ascésis corporal y psicológica. La espiral cónica como un zigurat del muqâbala y su firme verticalidad sólo aflorarán tras el aprendizaje de una técnica de giro cargada también ella de una rica significación. La verticalidad del giro derviche viene dada por la posición de los pies y el doble movimiento que éstos efectúan. De hecho, el giro se construye todo él desde los pies, que son los canales de comunicación con la tierra.

El centro de movimiento o traslación de la danza mevleví se extiende de la zona pélvica a las piernas y los pies. La pelvis representa el movimiento más interior, mientras que los pies son el contacto físico con la energía terrestre. Por su parte, el centro de acción de la danza reside en los hombros, brazos y manos. Durante la danza, el pie izquierdo permanece siempre fijo en el suelo, en el mismo lugar, sin desplazarse jamás. Únicamente se desliza sobre su propio eje.

En la enseñanza mevleví, a dicho pie se le designa con uno de los noventa y nueve nombres de Dios, al-Qayyum, “el eterno sostenedor de las cosas”. Por consiguiente, el pie izquierdo soporta la figura, permitiendo que la verticalidad de la danza crezca y se erija en equilibrio. En cuanto al pie derecho, se le conoce como al-Hayy, nombre divino cuyo significado es “el que está vivo”. Y, en efecto, el movimiento vivaz, grácil, del pie derecho permite que la espiral adquiera cada vez mayor velocidad.


Tradicionalmente, los derviches de la tarîqa mawlawiyya turca se han ayudado de un curioso elemento a fin de aprender dicho movimiento de los pies. Consiste en un trozo de madera de aproximadamente un metro cuadrado, que tiene un pivote clavado justo en el centro. El derviche inserta en dicho pivote su pie izquierdo, entre el dedo gordo y el segundo dedo, de tal manera que, cuando el pie derecho aviva el impulso del giro, el pie izquierdo no se desplaza y la figura pueda comenzar a perfilar una espiral que asciende verticalmente. A mi juicio, dicha madera viene a ser como la barra del bailarín clásico europeo, el aparato externo que ayuda a interiorizar el movimiento de la danza para luego trascenderlo, que es, al fin y a cabo, la esencia de todo arte: la sublimación de la técnica. Antes de comenzar la práctica, el derviche arroja un pellizco de sal sobre el pivote central. En la tradición mevleví, la sal simboliza la esencia divina que permite la transformación, esto es, ir más allá de la forma, a través de la danza.


En la tarîqa mawlawiyya siria, la otra gran rama de la escuela inspirada por Rumí, el movimiento de los pies es un poco diferente. En este caso, es el talón izquierdo el que permanece inmóvil en el suelo y no la parte delantera del pie, como sucede en el caso turco. Con todo, el esquema continua siendo el mismo: el pie izquierdo es el que sostiene la figura, mientras que el derecho impulsa e imprime velocidad, formando entre ambos una coincidentia oppositorum. Pero más allá del movimiento externo, ¿acaso la dinámica de los pies del derviche no escenifica la tensión existente entre la fugacidad de lo transitorio y lo siempre permanente? El doble movimiento que realizan los pies del derviche exige que éstos vayan cubiertos, lo cual nos plantea una cuestión.


Hoy, la danza mevleví, ya sea en la modalidad turca o siria, no puede llevarse a efecto sin un calzado adecuado que permita, por un lado, un deslizamiento correcto, pero, al mismo tiempo, la adherencia imprescindible para no desplazarse horizontalmente. Sin embargo, si observamos con atención los grabados realizados por algunos de los viajeros extranjeros que tuvieron la ocasión de presenciar in situ algún samâ’, como W. Hogard (m. 1750) o Emilyan Mihailovich Korneyev (1780-1839), constataremos que sus derviches van descalzos. Es cierto que la fidelidad realista y el valor documental de estas obras es cuando menos relativo, pero nos inducen a plantearnos cuándo se incorporó el calzado en la práctica del giro mevleví, una pregunta fundamental para saber desde cuándo se gira como hoy, ya que, tal como hemos visto, la manera de girar está íntimamente ligada al uso del calzado.


Entre las ramas turca y siria de la tarîqa mawlawiyya existe alguna diferencia formal más en lo que concierne al movimiento de los brazos. La danza turca es más lenta que la siria y los brazos permanecen desplegados como dos alas blancas, en la misma posición, durante toda la danza. La palma de la mano derecha está vuelta hacia arriba, captando la energía que desciende del mundo celestial, mientras que la izquierda lo está hacia la tierra, transmitiendo al mundo dicha energía recibida desde lo alto. El secreto de la danza mevleví reside en la dialéctica que se establece entre ese recibir y el dar. El derviche se vacía, se hace transparente, leve. En modo alguno se desgarra, ni se desmembra dramáticamente, sino que se vuelve nada, se difumina en la fugacidad de la espiral. Sólo tras vaciarse de sí mismo puede el derviche sentirse habitado por la paz de Dios (sakîna). Dicho de otra manera, se transmuta en un transformador de energía cósmica, cuyos polos son las manos.


Girar es ponerse en contacto con los principios de la propia vida y las leyes universales subyacentes. Por su parte, en la rama siria de la tarîqa mawlawiyya, además de dicha posición, los derviches ejecutan otras posiciones y rápidas secuencias de movimientos con los brazos -e incluso con la cabeza-, dando como resultado final un giro tremendamente poderoso y cautivador. Así como las técnicas de danza europeas se basan en el trabajo con las piernas y los pies, en el muqâbala sirio la consecución de la belleza es fruto de sutiles y variados movimientos de la cabeza, las manos y los brazos, aunque, como ya quedó dicho, se depende de los pies para mantener el ritmo y el equilibrio.


El rico lenguaje corporal del derviche sirio, con sus arabescos gestuales, remite a ciertos pasajes coránicos preñados de un gran simbolismo espiritual, así como a fragmentos de la poesía del propio Rumí. No obstante, dichas posiciones y secuencias de movimientos poseen, además de lo simbólico, un irrecusable carácter aerodinámico, esto es, favorecen la correcta ejecución de la danza y los progresivos cambios de ritmo que ésta comporta. En la espiral vertiginosa de su giro sin fin, el derviche se identifica con el movimiento rítmico de todo cuanto existe, del ínfimo átomo a los planetas que gravitan en el universo. No hay duda de que toda danza circular posee algo de cósmico. Canta Maulaná Rumí en uno de sus más célebres poemas:


“¡Oh día!, levántate, los átomos danzan, las almas gozosas, sin cabeza ni pies, danzan. A aquél para quien el firmamento y la atmósfera danzan, al oído le susurraré adónde conduce la danza”.


Son cuatro las secuencias de danza ejecutadas durante la ceremonia del samâ’ mevleví. Cada una de ellas recibe el nombre de salâm (selam en turco), que en árabe quiere decir “paz”, “salud”, “incolumidad”, “seguridad”. El término pertenece a la misma raíz que Islam. Y si Islam es entrega confiada a Dios, salâm será la consecuencia de dicha rendición. Así pues, podría decirse que la paz y la salud -en el sentido menos restrictivo de la palabra- son el fruto de haberse librado sin condiciones al influjo de la divinidad. Salâm es, al mismo tiempo, uno de los nombres con los que en el Corán se designa a Dios. En la enseñanza mevleví, dicho nombre o atributo divino ocupa un lugar preponderante. Así, el wird mevleví, esto es, el conjunto de invocaciones que el derviche recita cada día al alba, da comienzo, justamente, con dicho nombre.


Dios es para el derviche el refugio en el que halla reposo su corazón atribulado. Así pues, danzar es retornar a un Dios que proporciona paz interior. En el torbellino imparable del giro, cuando danzar se convierte en una acción pura y espontánea, más allá de la propia voluntad y de todo esfuerzo; cuando las secuencias de movimientos de los brazos se van desarrollando con la fluidez de su propio ritmo; cuando es el giro el que se gira a sí mismo, sin que a penas intervenga el derviche, éste halla la paz consigo mismo y en comunión con el todo. En ese instante fugaz e inmediato, que no puede ser apresado porque es evanescente, el derviche roza la existencia con la totalidad de su ser, disfrutando de una experiencia sublime de paz y plenitud. Entonces sí, todo es uno.


A lo largo de estas líneas hemos visto el enorme valor que el sufismo otorga al simbolismo numérico. Pero, ¿por qué cuatro salâms? Cuatro son los pasos o etapas por los que transcurre la trayectoria espiritual del derviche, a saber: sharîa, tarîqa, haqîqa y ma’arifa. O lo que es lo mismo, el camino del saber exterior (sharîa); la senda mística que conduce a la apertura de la visión interior (tarîqa); la unio mystica en la que, como dice Henry Corbin, “el Amado se convierte en el espejo que refleja el rostro secreto del amante místico”, colmándolo de Verdad (haqîqa); y, por último, la participación en el mundo del conocimiento derivado de dicha experiencia (ma’arifa), o lo que es lo mismo, el valeroso descenso del alma del derviche desde la montaña de luz de la haqîqa al valle donde discurre la cotidianidad del ser humano, ya que si algo define al tasawwuf es su carácter de espiritualidad compartida. Desde la tradición sufí, se considera que el mejor ejemplo de ma’arifa es Jesús lavando los pies de sus discípulos en la Última Cena. En suma, el místico musulmán es alguien útil a los demás. Desde el punto de vista islámico, estar con Dios es estar con los seres humanos. Al fin y al cabo, la experiencia mística es la experiencia de la vida. El primer salâm representa la conversión, el nacimiento espiritual del derviche a la verdad. Sus ojos se abren a la realidad interior.


El derviche se sabe pequeño ante Dios, su creador. El segundo salâm tiene que ver con la mirada exterior del derviche. El mundo ya no le deslumbra ni ciega como antes. Para él todo es ahora un espejo que refleja la belleza y majestad de Dios. El tercer salâm significa el punto culminante de la vivencia espiritual del derviche: la contemplación. El derviche no es un hombre de fe sino de visión. El amor por Dios le conduce a extinguirse en Él (fanâ). Por último, el cuarto salâm simboliza el compromiso del derviche con el género humano. Mientras su ser interno permanece imperturbable en presencia de Dios (baqâ), su acción en el mundo es un ejemplo de sabiduría, justicia y bondad. A fin de cuentas, el derviche está para servir y no para ser servido. El último salâm posee, además, una particularidad coreográfica cargada de un formidable simbolismo. En efecto, en esta última secuencia el shayj se sitúa en el centro exacto del semahané, un punto llamado qutb o polo, desde donde comienza a caminar sobre sí mismo con paso quedo, al tiempo que alza levemente su jirqa color azabache. El maestro representa el axis mundi, el polo espiritual alrededor del cual giran los derviches. Él es el sol que irradia el conocimiento e ilumina el mundo con su luz. La primera imagen que suscita el avistamiento de los derviches, con sus blancos faldones desplegados, girando sobre sí mismos alrededor del shayj, es la de los peregrinos circunvalando la negra ka’aba de La Meca, otra forma de danza ritual cósmica.


Con la incorporación del shayj en el centro, el círculo de los derviches parece dilatarse y expandirse, cobrando así su significación más profunda. La primera de todas las determinaciones geométricas es el punto, de igual manera que la primera de las determinaciones matemáticas es la unidad. La unidad y el punto constituyen, cada uno en su plano, la expresión directa del Ser. Como indica Titus Burckhardt, “la esfera -o el círculo, en el plano-, surge como irradiación del punto, que es el principio”. El punto es a la vez el principio, el centro y el fin de las cosas.


Cada uno de los cuatro salâms viene precedido por una breve pausa en la que, una vez más, se repiten los saludos entre el shayj y los derviches. En cierto modo, dichas suspensiones de la danza impiden que los derviches pierdan el control sobre el giro. En otras palabras, la danza mevleví no tiene nada de catártica o convulsa. Antes bien, se significa por su moderación. En todo momento se le exige al derviche un riguroso control sobre sí mismo, lo cual no niega, empero, la posibilidad de que la emoción aflore. Al fin y al cabo, el objetivo último de la danza es la concentración interior. En la experiencia mística sufí, la sobriedad, cuyo modelo coránico es el profeta Abraham, debe completar a la ebriedad. Piénsese, además, que los participantes en el samâ’ son siempre derviches veteranos, diestros en el arte del control de sí mismos. Resumiendo, el éxtasis mevleví se caracteriza por su mesura.


Cada salâm posee un patrón rítmico específico (usûl), lo cual favorece el progresivo crescendo emocional de la ceremonia. Algunos de dichos ritmos son específicamente mevlevíes y se utilizan tan sólo durante el samâ’. Una vez más, el léxico musical turco, tan ligado a la espiritualidad del tasawwuf, nos desvela algunos datos esenciales, en este caso sobre el significado profundo del ritmo o usûl. Dicha palabra (plural de asl) quiere decir en árabe “principio”, “origen”, “raíz”. Según eso, podríamos concluir que el ritmo constituye el principio fundamental, la base de toda música. Sin embargo, hay algo en el ritmo que va más allá de lo estrictamente musical. Como afirma Martin Lings, “el ritmo es un puente entre la agitación y el Reposo, el movimiento y la Inmovilidad, la fluctuación y la Inmutabilidad. En este mundo de perpetuo movimiento, la fluctuación, como la multiplicidad, únicamente pueden ser trascendidas en la Paz de la Unidad Divina”.


Durante un tiempo, se creyó que algunos ritmos impares, de cinco, siete o nueve tiempos, poseían ciertas propiedades intrínsecas capaces de inducir al trance. Esa era la opinión, por ejemplo, de Alain Daniélou. Hoy, sin embargo, sabemos que la cuestión no resulta tan sencilla. En el caso de las distintas músicas sufíes, por ejemplo, los patrones rítmicos son otros y, en cambio, son músicas que a su manera también conducen a un cierto éxtasis. Jean During sostiene a propósito de la tesis de Daniélou: “De hecho, parece que, al contrario, la inmensa mayoría de los ritmos sufíes son de 4 tiempos (qawali pakistaní), a veces de 6/8 (Irán). Los raros ritmos de 9 ó 10 tiempos se hallan en los rituales turcos mevleví (pero en las fases más sosegadas) e ‘isawa del Magreb (10 tiempos). Los de 7 tiempos son, por el contrario, corrientes en las cofradías del Turquestán, pero no en las fases últimas del dhikr”.


Hace algunas líneas decíamos que el éxtasis mevleví se caracteriza por su sobriedad. Añadamos en este punto algo más al respecto. En el léxico sufí, el estado extático se conoce como uayd, término árabe que proviene de la raíz verbal uayada, cuyo significado es “hallar”, “encontrar”. De lo que se infiere que, en principio, el derviche no persigue ni busca ningún éxtasis, sino que, como mucho, se topa con él. Toda búsqueda presupone conocer el objeto buscado. Al contrario, todo encuentro presupone novedad, admiración e, incluso, pavor y angustia. Por eso, el derviche es más un encontrador que un buscador. Lo cual no excluye que, guiado por su maestro espiritual, el derviche lleve al límite algunas prácticas extatogénicas, al objeto de trascender los límites de su coraza mental. Dicho proceder, que se designa con el término árabe tawâyud, de la misma raíz que uayd, es de sobras conocido entre los sufíes. A fin de cuentas, el propio profeta Muhammad había afirmado en un hadiz, a propósito de la actitud a la hora de escuchar la recitación coránica: “Llorad, y si no lloráis, tratad de llorar”. En realidad, la danza mevleví no persigue el éxtasis del derviche, porque éste es previo al samâ’, sino que antes bien lo muestra. El vivir del derviche constituye en sí un éxtasis que se escenifica en el samâ’. Es decir, el derviche danza para festejar lo que bulle en su corazón encendido. El samâ’ constituye una celebración. Ese es, por otro lado, el ejemplo que hallamos en el propio Maulaná Rumí. El maestro persa danza cuando el éxtasis ya se ha apoderado de él y no antes.


La tercera parte del samâ’ mevleví incluye, nuevamente, un taqsîm, en principio de ney, si bien puede ser de otro instrumento, el tayuid o recitación coránica y, por último, el gülbang o “plegaria de la rosa”, con la que la ceremonia se da por concluida. Mientras suena en el semahané un nuevo taqsîm de ney, los derviches van ocupando su lugar a la izquierda del shayj. Otra vez, el sonido del ney se hace presente en el semahané evocando la nostalgia secreta de los corazones de los derviches. Como al principio de la ceremonia, éstos vuelven a cubrirse con la jirqa. En cierto modo, dicho gesto indica su obligado regreso a la ineludible condición de seres humanos. Al final, el pájaro del alma regresa al nido del cuerpo. Sin embargo, algo ha ocurrido en la consciencia del derviche. En efecto, éste penetra en el samâ’ como un hombre corriente, pero sale de él convertido en un sabio. El fragmento del Corán, recitado en el mismo maqâm utilizado durante toda la ceremonia, incluye siempre el siguiente versículo o aya:


“A Dios pertenecen Oriente y Occidente. Allá donde os giréis, allí veréis el rostro de Dios. Él todo lo abarca y conoce”.


En cierto modo, la danza mevleví halla su fuente de inspiración coránica en dicho pasaje. El derviche gira imparable sobre sí mismo y el único paisaje que ve doquiera que mira es el rostro sin rostro de ese misterio al que llamamos Dios. Ver la faz divina en todo cuanto es constituye una expresión del tawhid, el principio islámico de la unicidad divina. Para el derviche, sólo Dios existe, puesto que la Unidad es la única Realidad.

Carlos Jalil Bárcena
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