jueves, enero 29, 2009

Nicolás Maquiavelo


Maquiavelo, nació en el pequeño pueblo de San Casciano in Val di Pesa a unos quince kilómetros de Florencia el 3 de Mayo de 1469, hijo de Bernardo Machiavelli, abogado, perteneciente a una empobrecida rama de una antigua familia influyente de Florencia y de Bartolomea di Stefano Nelli, ambos de familias cultas y con orígenes nobiliarios pero con pocos recursos a causa de las deudas del padre. Entre 1494 y 1512 Maquiavelo estuvo a cargo de una oficina pública. Viajó a varias cortes en Francia, Alemania y otras ciudades-estado italianas en misiones diplomáticas. Fue encarcelado por un breve periodo en Florencia en 1512 y después exiliado y despachado a San Casciano. Murió en Florencia en 1527 y fue sepultado ahí en la Santa Cruz.

Su vida se divide en tres periodos; cada uno de ellos representa en sí mismo la historia de Florencia. Su juventud coincidió con la grandeza de Florencia como potencia italiana, bajo el mandato de Lorenzo de Médicis, El Magnífico. La caída de los Medici en Florencia ocurrió en 1494, el mismo año en el que Maquiavelo se integraba en el servicio público. Durante su carrera como oficial, Florencia fue libre bajo el gobierno de una república, la cual duró hasta 1512, cuando los Medici regresaron al poder, y Maquiavelo perdió su puesto. Los Medici gobernaron Florencia desde 1512 hasta 1527, cuando fueron nuevamente retirados del poder. Este fue el período de actividad literaria de Maquiavelo, y también de su creciente influencia; sin embargo, murió a unas semanas de la expulsión de los Medici, el 21 de Junio de 1527, a los cincuenta y ocho años, sin haber recuperado su puesto.

Aunque se tienen pocos registros de la juventud de Maquiavelo, la Florencia de aquellos días era tan bien conocida que es fácil imaginar el ambiente en el que el joven ciudadano se desenvolvía. Florencia era una ciudad con dos corrientes opuestas, una representada por el austero Girolamo Savonarola y la otra por Lorenzo, amante del esplendor. Aunque el poder de Savonarola sobre las fortunas florentinas era inmenso, no parece haber sido muy importante para Maquiavelo puesto que sólo lo menciona en El Príncipe como un malogrado profeta desarmado. Por otra parte, la magnificencia del mandato de Lorenzo impresionó fuertemente a Maquiavelo, llegando incluso a dedicar El Príncipe al nieto de Lorenzo. Maquiavelo fue considerado uno de los grandes escritores en su colegio. Era un escritor y fue un militar muy reconocido, influyo en el humanismo.

En el segundo periodo de su vida surgió en el servicio militar Libre de Florencia, la cual paso de la expulsión de los Médici en 1494, cuando Maquiavelo tenía 25 años, y duró hasta el regreso de los Médici (familia que posee mayor poder económico en Florencia), en 1512. Después de servir cuatro años en una oficina pública como secretario, fue nombrado Canciller y Secretario de la Segunda Cancillería. Tomó un rol importante en los asuntos de la república, habiendo quedado sus decretos, sus registros y sus despachos para guiarnos, así como sus propios escritos. Pese a que tuvo posiciones altas en el panorama público y político, él las evitaba ya que aceptaba cualquier tipo de trabajo a cambio de poco sueldo; pues siempre manifestó que no aspiraba a ser rico.

Su primera misión fue en 1499, para Caterina Sforza, "Mi dama de Forli" en El Príncipe, de cuya conducta y suerte, Maquiavelo extrajo la moraleja: de que es mejor ganar la confianza de la gente que confiar en la fuerza. Será un concepto muy importante para Maquiavelo, y es señalado en muchas formas como de vital importancia para aquellos que quieran ostentar el poder.

En 1500 fue enviado a Francia para convencer a Luis XII la conveniencia de continuar la guerra contra Pisa. Será éste el rey que, en su política con respecto a Italia, comete los cinco errores capitales del poder resumidos en El Príncipe.

La vida pública de Maquiavelo estuvo enmarcada en sucesos surgidos por la ambición del papa Alejandro VI y de su hijo, César Borgia, el duque Valentino; ambos personajes ocupan un gran espacio en El Príncipe. Maquiavelo no vacila en citar las acciones del duque en beneficio de los usurpadores que quieren quedarse con los estados que conquistan; de hecho, Maquiavelo no encuentra mejores preceptos que enseñar que los patrones de conducta de César Borgia. Por ello, para algunos críticos, César es el "héroe" de El Príncipe. Aun así, el duque es señalado en El Príncipe como el tipo de hombre que crece con la fortuna de otros, y cae de la misma manera; quien toma el rumbo que podría esperarse de cualquier hombre prudente, excepto el curso que lo salvará; quien está preparado para todas las eventualidades, excepto para la que finalmente llega; y quien, cuando sus habilidades le son insuficientes para solucionar un problema, exclama que no ha sido su culpa, sino la de una extraordinaria e imprevista fatalidad.

César Borgia también era un gran humanista y contrató a Leonardo Da Vinci para que le realizara varias pinturas. En diversas ocasiones, Maquiavelo coincidió con Leonardo, manteniendo con él largas conversaciones.

A la muerte de Alejandro VI, en 1503, Maquiavelo fue enviado a observar la elección del sucesor, y ahí se da cuenta de las maniobras de César Borgia para forzar la elección de Giuliano delle Rovere (Papa Julio II), que era uno de los cardenales que más temían al duque. Maquiavelo, al comentar esta elección, dice: que aquel que piense que los favores harán que los grandes personajes olviden ofensas pasadas se engaña a sí mismo. Y así, Julio II no descansó hasta ver a César en la ruina.

Precisamente fue con Julio II con el que Maquiavelo cumplió su encargo en 1506, al mismo tiempo que el pontífice comenzaba su cruzada en contra de Bolonia; una campaña que resultó ser solo una más de sus exitosas aventuras, gracias en gran parte a su carácter impetuoso. Con respecto al Papa Julio II, Maquiavelo nos presenta las semejanzas que existen entre la Fortuna y las mujeres. Y concluye que el osado, y no el cauteloso, es el que conquistará a ambas.

En 1507 lo destinaron a Alemania como diplomático para parlamentar con el emperador Maximiliano I sobre las medidas expansionistas que quería adoptar dicho emperador. Maximiliano, sorprendido por la inteligencia y elocuencia de Maquiavelo, fue convencido a no invadir territorios italianos y menos aún Florencia, que era la intención que tenía el emperador. Sobre los alemanes concretamente, Maquiavelo dijo: los alemanes son una grandísima fuerza militar, pero tienen y tendrán una política muy débil.

El emperador Maximiliano fue uno de los hombres más interesantes de la época, y su carácter había sido moldeado por múltiples manos; pero Maquiavelo revela el secreto de las constantes fallas del emperador cuando lo describe como un hombre retraído, sin fuerza de carácter, y sin los arrestos necesarios para llevar a cabo sus planes, o insistir en el cumplimiento de sus deseos.

Otros personajes fueron estudiados por Maquiavelo, por ejemplo, retrató a Fernando II de Aragón como el hombre que conseguía grandes conquistas bajo el manto protector de la religión, pero que en realidad desconocía los principios de la piedad, la fe, la humanidad y la integridad; sin embargo, para Maquiavelo, poco hubiese alcanzado Fernando de Aragón si alguna vez se hubiese dejado influir por dichos principios.

Los demás años de Maquiavelo en el servicio público transcurrieron alrededor de los eventos surgidos a partir de la Liga de Cambrai, formada en 1508 entre las tres grandes potencias europeas y el papa, con el objeto de destruir a la República Veneciana.

Después de la batalla de Agnadello, Venecia perdió en un día todo lo ganado en ochocientos años. A raíz de esta batalla surgió un problema entre el papa y Francia, que dejó a Florencia desprotegida y a merced del papa. Éste impuso el regreso de los Medici el primero de Septiembre de 1512. La consecuente caída de la república provocó el despido de Maquiavelo del servicio público y el fin de su carrera como oficial.

Exilio
Al regreso de los Medici, Maquiavelo, quien había mantenido esperanzas de retener su puesto bajo el mandato de los nuevos amos de Florencia, fue despedido por decreto el 7 de noviembre de 1512.

Fue apresado y torturado al pertenecer a una conspiración contra los tiranos Médici, junto con su amigo Giovanni Battaini y 20 personas más. El nuevo pontífice, León X, medió para liberarlo y Maquiavelo se retiró a su pequeña propiedad en San Casciano in Val di Pesa, a unos quince kilómetros de Florencia. Aquí malvive talando un bosque de su propiedad junto con unos obreros contratados y sobrevive con este pesado trabajo. También se dedica a la agricultura y a la ganadería y convivía con los obreros, con ellos comía, jugaba y hablaba, para sentirse vivo. Sus amigos de la ciudad le dan la espalda. Pero aunque son los peores años de su vida, Maquiavelo tiene en las noches su espacio para la libertad y el bienestar.

Cada noche se desvestía de sus vestimentas de trabajo y se ponía trajes de cuando su servicio civil. Una vez así ataviado leía a Dante, a Petrarca y a Ovidio y fue entonces en aquellas solitarias cuando empieza a dedicarse en cuerpo y alma a la literatura. Logró escribir ocho libros escritos la mayoría con una prosa ágil y clara entre 1513 y 1525. En una carta a Francesco Vettori, fechada en diciembre de 1513, dejó una descripción interesante de su vida en ese período, y un esbozo de sus motivos para escribir El Príncipe.

Llegó a dar una réplica El Príncipe a los Médicis, pero estos lo despreciaron. Maquiavelo escribe su segunda obra de más importancia en su bibliografía llamada Discursos de la primera década de Tito Livio, donde muestra Nicolás Maquiavelo su verdadera visión política, describiendo como mejor forma de gobierno una Republica y no una monarquía absoluta entre otras cosas más importantes. Luego realiza Discurso sobre el Arte de la Guerra y su comedia La Mandrágora. Pese a ser años de penuria en donde su mente sufría, Maquiavelo sacó lo mejor de su talento.

Últimos años
Pese a recibir la amnistía en 1521, es acusado poco después de este hecho por ser falsamente involucrado en una conspiración de golpe de estado contra los Médici. De nuevo es torturado y apresado, pero por poco tiempo ya que consigue la liberación y le mandan que logre la liberación de unos trabajadores de la lana que habían sido secuestrados por un grupo de malhechores. Maquiavelo logró la liberación y fue pagado con una buena cantidad de dinero por el gremio de la lana. Con una parte de este dinero compra un billete de lotería y le tocan 20.000 ducados en dicha lotería, con los que paga diversas deudas y se pone al día.

Trabaja en la academia humanista de Bernardo Rucellai, traduciendo la obra griega de Polibio, de la que recoge muchas ideas sobre el gobierno en república. El nuevo papa Clemente VII, que también era afín a los Médici, le encarga a Maquiavelo una obra sobre la Historia de Florencia. Maquiavelo acepta y es pagado con 120 florines, pero es acusado de ser partidario de los Médicis, algo absurdo, por haber sido acusado de preparar un golpe de estado contra ellos, y de nuevo denostado por la opinión pública.

Murió olvidado y dejado en 1527. Dejó un gran legado que tuvo más éxito en siglos posteriores que en la época en la que le tocó vivir, ya que aunque él nunca quiso predecir el futuro, lo consiguió estudiando el presente. Defendió la colectividad a la individualidad, la igualdad y siempre dijo la cruenta y única verdad sobre la política y de sus gobernantes.

Frases de Nicolás Maquiavelo

-"Todos ven lo que tú aparentas; pocos advierten lo que eres."

-"Si el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza, que os parece más útil y más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está corrompido, debéis seguirle el humor y disculparlo. En tal caso, la honradez y la virtud son perniciosas."

-"El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra."

-"Ninguna fuerza doma, ningún tiempo consume, ningún mérito iguala, el nombre de la libertad."

-"La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad. "

-"Los hombres son tan simples, y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar. "
-"Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten."

-"Todos los Estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento.

martes, enero 27, 2009

La alquimia, un camino oculto

¿Qué es la alquimia? Hace medio siglo no había en Occidente ninguna duda a este respecto: Era una superstición existente entre los ignorantes de tiempos pasados que creían que con ciertas manipulaciones se podría transformar metales viles en oro.

Después de que las ideas de C.G.Jung empezaron a circular por Europa, apareció una conclusión nueva, aclaratoria , de la alquimia: era, realmente, Psicología. Los alquimistas se autoanalizaban; “sublimando” y “calcinando” su propio inconsciente. Su meta verdadera no era la de fabricar oro, sino producir un hombre no alienado.

En la Edad Media, las maniobras de este género se deslizaban sobre un territorio que la Iglesia consideraba suyo. Fue por esto que los alquimistas se vieron forzados a disimular lo que hacían realmente detrás de una tentativa aparentemente insensata de transformar el plomo en oro.

Aunque esta explicación no satisfizo del todo a la nueva psicología, porque era sabido que aún en el siglo XX, en Fez, Cracovia, Damasco, París y Londres, hombres de cierta inteligencia se dedicaban , “literalizando los simbolos”, a seguir intentando operaciones tendientes a producir un oro amarillo perfectamente tangible. Habían abandonado el carbón vegetal sustituyendolo por gas, pero hacían manifiestamente algo con marmitas y cacerolas, no con el «yo» y el «ello».

Todas las ideas sobre lo que es la alquimia, vista desde el exterior, pueden repartirse en varias categorías, con interferencias entre ellas:

Primer punto de vista: Es posible transmutar un elemento en otro. Una de estas transmutaciones es la del plomo o del hierro en oro ( oro material, no simbólico) . La manera de proceder para lograrlo, debe de ser un prodigioso secreto venido desde el fondo del tiempo. Es el secreto mejor guardado de toda la historia de la humanidad. Sabiendo que la transmutación de algunos metales es posible, el alquimista sabe cómo hacerlo y guarda el secreto más grande. Si hay una cierta relación del alma con el crisol , donde se verifica la operación, se produciría una transmutación semejante también en su ser ordinario.

En el momento en que el plomo llega a ser oro en el crisol, el espíritu del operador es transformado, como si fuera sometido a una irradiación potente. Por otra parte, ciertos subproductos químicos que restan en el crisol pueden ser conservados y servir, ya sea para hacer oro de nuevo, o para transformar a otros hombres. De allí las leyendas relativas a «la píldora del hombre astuto», o al elixir que el conde de Saint Germain habría ofrecido a Casanova moribundo.

Segundo punto de vista: La alquimia es la ciencia que consiste en purificar la naturaleza íntima del hombre para llegar a ser un individuo no alienado. Comparado con el hombre ordinario, este individuo tendría ciertas capacidades superiores. Por razones políticas, era necesario enmascarar esta actividad bajo la de una acción quimica de refinado y transformación de metales, que la Iglesia no tendría ninguna razón para reprobar.

El alquimista es un hombre que conoce un método inmensamente eficaz para limpiar los establos de Augias de su propio inconsciente. Si es impulsado suficientemente lejos, el proceso da nacimiento a un verdadero cuerpo espiritual dotado de propiedades pertenecientes a un orden de realidad diferente. Si ese cuerpo espiritual es proyectado de una cierta manera sobre los metales viles, cumplirá una transmutación comparable a la suya sobre la materia inorgánica.

Digamos a continuación que fuera del pequeño círculo de los alquimistas , nadie sabe cuál de estos dos puntos de vista, solo o combinado con el otro, se aproxima a la realidad de la praxis alrededor de la alquimia. Podría ser que hubiera algo que deducir de las primeras proposiciones de la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto:

“Es verdad, sin mentira, y muy verdadero:
lo que está abajo es como lo que está arriba,
lo que está arriba es como lo que está abajo,
para hacer el milagro de una sola cosa.”

Que esto fuera un medio de hacer fortuna rápidamente, como método de desarrollo psicológico o como ciencia sagrada de espiritualización, la alquimia ha capturado la imaginación de Europa durante siglos y no ha perdido nada de su aura en ciertos medios, aunque muchos piensan que, desde el fin del siglo XVIII, pesa una prohibición sobre ella. Todo indica, sin embargo, que algo se trasluce de tiempo en tiempo.

La palabra «alquimia» puede venir del árabe alkimia. Los supuestos orígenes egipcios hacen pensar que la raíz chim pueda derivarse del nombre en lengua egipcia, que significa «negro» y designa la tierra negra contrastando sobre el tinte amarillento de las arenas del desierto. Otro origen posible sería la palabra griega chyma, que significa acción de fundir metales.

De todas modos, la alquimia es extremadamente antigua, ya sea que sus primeras referencias historicas sean de China o de Egipto. Existen textos chinos que datan de 144 a.C. y existen razones para hacer remontar la alquimia china al menos al siglo IV a. C.

Los intercambios entre el Extremo Oriente y el Oriente Medio eran numerosos y la alquimia del Medio Oriente bien pudo venir de China. Por otra parte, la alquimia china era principalmente esotérica y pretendía producir una medicina que asegurara una larga vida o la inmortalidad, mientras que en el Oriente Medio, antes del Islam, la alquimia tenía un carácter esencialmente exotérico, y el alquimista se consagraba, por lo menos en apariencia, a manipular aleaciones de metales.

Al suponer que la China haya trasmitido la idea de la alquimia, es preciso observar que sólo podía tratarse de alquimia medicinal y no metalúrgica. Sin embargo, si se adopta el punto de vista según el cual la alquimia es la traducción en términos «materiales» , de informaciones obtenidas al acceder a un nivel superior de conciencia, la dificultad histórica no se plantea. Tanto en China como en el Medio Oriente se habría penetrado en los mismos dominios y traducido las mismas intuiciones , en términos «materiales», correspondiendo a las psicologías respectivas: medicinales en uno, metalúrgicas en el otro, y en algún caso, una combinación de ambas.

Desde la fundación del Islam la alquimia pasó a ser una ciencia musulmana, aunque no fuera más que en el plano lingüístico. El árabe era la lengua culta en los imperios islámicos, y, por lo tanto, la lengua de las artes y de las ciencias. Pero los textos utilizados podían ser persas o griegos. El Islam se apropió en su totalidad de los conocimientos griegos sobre la alquimia. Numerosas y muy antiguas obras de alquimia fueron traducidas al árabe. Desde el siglo VIII, la civilización árabe había producido una pléyade de eruditos capaces de estudiar los textos griegos y así la trasmisión del saber del pasado alcanzó un gran auge. En cuanto a los alquimistas de origen árabe, ellos aportaron a este arte hermético una contribución extremadamente original.

Aparentemente practicaban una química ingenua, y en sus textos aparecían «cuadrados mágicos» cifrados. Hablaban de sustancias hipótéticas, de las cuales el azufre y el mercurio ordinario eran las formas más aproximadas. Y es que los más importantes alquimistas árabes de esa época eran sufíes, Ellos hablaban de cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego y de cuatro cualidades o naturalezas: el calor, el frío, la sequedad y la humedad.

En presencia de estas cualidades, y gracias al influjo de los planetas, los metales se formaban en las entrañas de la tierra bajo la acción del azufre y del mercurio. El azufre y el mercurio perfectamente puros, combinados según ciertas proporciones daban origen al oro. En el caso en que fueran impuros y en proporciones no adecuadas, daban nacimiento a todos los otros metales.

Una figura destacada fue Avicena (980-1037). Considerado como la más brillante inteligencia desde Aristóteles, se veía en él un genio y la suprema autoridad en todos los planos posibles. Aunque Avicena compartía las ideas en uso sobre la constitución de la materia, afirmaba que la transmutación de los metales en oro no tenía una base real, dando varias explicaciones posibles al fenómeno: La primera era que hombres de una inteligencia fuera de lo común, trabajando de manera pragmática, eran llevados a deducir ciertas conclusiones extraídas de su experiencia con la materia. Se trataba de materialismo científico al pie de la letra.

La segunda era que ciertos seres excepcionales, ligados a auténticas escuelas de desarrollo personal, habían enriquecido el saber práctico de su tiempo por haber tenido acceso a un estado superior de conciencia, el que les permitía conocer por inducción la manera de aplicar leyes naturales a eventos concretos. La tercera era que los hombres de esta última categoría habían preferido disimular la fuente de su saber enmascarando deliberadamente el proceso.

La tradición sufí parece ofrecer muchos ejemplos de esta manera de actuar. Está dicho que, a veces, la mejor aproximación a la realidad, a nivel temporal, consiste en el planteamiento de contrarios aparentemente irreconciables. Entre los siglos XII al XIII, Al-Ghazzali (1058-1111) y Rumi (1207-1273) fueron reconocidos como sufíes de estatura excepcional y ambos hablaban de la experiencia mística como de una transformación alquímica. «Elementos contrarios, aunque opuestos en nombre, pueden actuar juntos», decía Rumi.

En esa época se tradujo por primera vez un texto alquímico árabe al francés. Uno de los primeros alquimistas europeos fue San Alberto Magno (1206 -1280), prototipo de algunos personajes de la Edad Media que unían un espíritu ávido de conocimiento con un «algo más» que les valía ser admitidos en algunas de las misteriosas sociedades secretas. Monje dominicano - a pesar de su espíritu independiente - recorrió a pie Francia y Alemania enseñando filosofía, hasta que se radicó en Colonia, dedicándose a estudiar , a enseñar y a escribir.

Alberto el Grande afirmaba que la transmutación alquímica de los metales era imposible y que lo más que podían hacer los alquimistas era cubrir los metales con polvo dorado para darles la apariencia de oro. Por otra parte, declaraba que un conocimiento íntimo del proceso alquímico le había sido otorgado por la gracia de Dios. El renombre de San Alberto Magno era tal, que intelectuales de todas partes de Europa venían a recibir sus enseñanzas. Uno de los más famosos entre sus alumnos fue Tomás de Aquino (1226-1274).

Tomás parece haber creído inicialmente en la realidad de la transmutación alquimica, pero su actitud representaba un elemento interesante no sugerido antes en el medio europeo. “La Gran Obra dependía - según él - de operaciones ocultas de naturaleza celestial que la alquimia no siempre puede controlar. Así, el artista debe aspirar a la creación de condiciones apropiadas en él mismo dirigidas a favorecer la mediación de esta virtud celestial”. La hipótesis planteada es que el proceso alquímico, ya sea que se dirija al desarrollo interior del hombre o a la transmutación de metales, depende de factores de de origen cósmico y espirirtual , influyendo en un lugar y en un momento determinados.

Resulta interesante hacer notar que la tradición iniciática, en la corriente sufí, afirma que ciertas operaciones - aunque la manera de proceder sea correcta - no llegarán al término deseado (o, como ellos dicen, a la evolución buscada) si no concuerdan ciertas circunstancias: «el esfuerzo adecuado, hecho por las personas adecuadas, en el lugar y momento adecuados». Si estas condiciones no están reunidas, no hay resultado.

Cualquiera que sea la realidad que se disimule bajo esta fórmula, ella explicaría por qué constantemente se hace mención en toda la literatura alquímica a algo intangible que los alquimistas, en general, no han podido definir y cuya “presencia” trasforma sus esfuerzos.

Uno de los más célebres contemporáneos de San Alberto Magno y de Tomás de Aquino fue Roger Bacon (1214-1292), el casi legendario «Doctor mirabilis », que enseñaba en Oxford vestido de árabe, y del que se decía que podía transformar en hombres a los demonios. Fue una de las más brillantes inteligencias de Europa.

Bacon produjo tres obras monumentales: Opus maius, Opus minus, Opus Tertium. Consideraba que la totalidad del conocimiento humano, pasado, presente y futuro, se encontraba en la Biblia; pero - contrariamente a sus contemporáneos - no creía que fuera un libro accesible a todos. Para comprenderlo, pensaba que era necesario un determinado nivel interior que exigía conocimientos alquímicos, astrológicos y mágicos. Era este un terreno evidentemente peligroso, sobre todo para un religioso - era franciscano - y su manera de pensar le acarreó una condena de catorce años de carcel, impuesta por su misma orden,

Bacon, tanto como Alberto el Grande, estaba evidentemente en contacto con auténticas fuentes esotéricas; pero, a diferencia de él , Roger Bacon sabía árabe. Parecía claro que, para los ambos, una fuente de sabiduría profunda era el sufismo. Bacon tenía bien claro lo que significaba «la enseñanza adecuada en el momento y lugar adecuados». No ignoraba la necesidad primordial de una transmisión viviente en todos los procesos de desarrollo personal. El mundo occidental de su tiempo no podía comprender que una situación adecuada fuera forzosamente atender a la astrología o la alquimia. Se juzgaba entonces que esta posición bordeaba la herejía.

Estos tres europeos citados pertenecían a un nivel superior de inteligencia y causaron una profunda impresión en su tiempo. Sus aportes han persistido durante siglos bajo apariencias muy diversas. Eran realmente «conocedores». Habían aprendido técnicas que les dieron acceso a un nivel de conciencia que les permitía percibir el contenido psicológico de lo religioso. Atendiendo a que todas las verdaderas religiones no forman sino un camino . Conocieron las leyes de la naturaleza de los fenómenos.

Hemos sugerido la idea que esta fuente de desarrollo personal interior podría identificarse con iniciados sufíes. Estos se preocupaban de realizar ciertos progresos en la evolución de la humanidad y existe constancia de ello entre el año 750 al siglo XIII, siéndoles indiferente llevar a cabo sus actividades en el ámbito del islam ortodoxo o del cristianismo ortodoxo.

Aquellos alquimistas árabes que estaban al servicio de esa fuente vivían en dos mundos. Proclamar la verdad tal como la conocían - esa realidad interior que los dogmas y las instituciones habían sofocado - los habría hecho aparecer como apóstatas. Les era necesario, también , trabajar en secreto, hacer lo que tenían que hacer, pero dando a su acción una forma aceptable para la ortodoxia.

Sabían que hacía falta construir un puente, pero resultaba que la construcción de puentes era ilegal. Debían entonces aparentar que estaban haciendo otro trabajo: cavar hoyos en el camino, por ejemplo, Bien entendido, esos hoyos eran incomprensibles para sus contemporáneos, y tal vez lo siguen siendo todavía para muchos.

En los siglos siguientes al siglo XIII, la luz de la alquimia centellea en toda Europa. Aparecen personajes extraños en las cortes de reyes y príncipes, en los monasterios y en las plazas públicas. Se les llama, sabios, hombres religiosos, charlatanes, filósofos. Sus escritos son supersticiosamente copiados, preciosamente conservados, vendidos, o difamados, Entre los alquimistas mismos existía un modo de transmisión en la que los textos eran editados de manera que supusiera un reto de profundidad a sus discípulos, para extraviar más completamente , a los que no profundizaban, a los que no habían alcanzado el nivel para el cual el texto había sido escrito.

Todo parecia ser confusión y contradicción. ¿Se dedicaban los alquimistas a la fabricación de oro? ¿0 hablaban de una metafísica que no tenía nada que ver con el oro propiamente dicho?

Como figura relevante de esa época, podemos citar a Paracelso (1493-1541), médico, alquimista, astrólogo, mago. Se decía de él: «Los que se imaginan que la medicina de Paracelso es un sistema de superstición que nosotros hemos felizmente dejado atrás al evolucionar, se sorprenderían si conocieran los principios en que está basada, y constatarian que se fundamenta en un conocimiento de orden superior que nosotros no hemos todavía alcanzado, pero al cual podremos aspirar cuando progresemos».

Jung, dijo de él : «Vemos en Paracelso no solamente una medicina química, sino además una psicoterapia empírica».

Nacido en Suiza, recorrió toda Europa, suscitando admiración, escándalo y críticas. «La magia es mejor profesor de medicina que los libros - decía Paracelso -, sólo que no puede ser enseñada en las universidades porque viene directamente de Dios. La magia es el verdadero maestro, enseñando el arte de curar las enfermedades. Si nuestros médicos poseyeran esos poderes, se podrían quemar todos sus libros y arrojar sus drogas al mar, y el mundo estaría mejor».

No cabe duda que Paracelso fue un pionero en medicina. Fue un precursor de la quimioterapia moderna (curaba la sífilis con mercurio) e inventó (o descubrió) la homeopatía doscientos cincuenta años antes que Hahnemann; utilizando , ya entonces, los principios de la vacunación. Dos siglos antes que Mesmer, se preocupó del magnetismo, estudiando sus efectos sobre las enfermedades. No estuvo lejos de postular la equivalencia de la masa y de la energía: «Debes saber entonces que dicha masa no es más que una caja llena de fuerza y de poder».

Cuando dictaba sus clases, era tan carismático que se hacían evidentes sus conocimientos de fuentes ocultas, atrayendo por ello a multitudes de estudiantes. Se supone que esa fuente era la astrología, la alquimia, y por supuesto el sufismo. En su obra Philosophia Occulta da versiones casi literales de material didáctico sufí.

Un erudito de su tiempo resumió así su pensamiento: «Según Paracelso, la enfermedad y la salud están regidas por las influencias astrales. Remedios secretos: los “arcanos” permiten atrapar la primera y recuperar la segunda. El arcano asegura el restablecimiento de la armonía celeste entre el “astro” interior - es decir, el astro en uno - y un astro celeste. El primero debe entonces “alzarse hacia los cielos”, o sea que su naturaleza es volátil e incorpórea. El remedio físico es material, por la fuerza de los hechos, pero el arcano que él contiene es espiritual».

Durante setecientos años la trama alquímica parece correr oculta en el tejido literario, médico, científico y artístico de Europa. Hasta que entre 1920 y 1925 un misterioso personaje aparece en Francia y entrega a un estudioso de la alquimia un manuscrito para su edición. Era “El Misterio de las Catedrales” y su autor se identificaba como Fulcanelli.

Nunca más se supo de él, aunque corría el rumor que vivía en España en un misterioso valle situado en una región montañosa, en una especie de Shangri-la secreto. El libro muy pronto se hizo célebre y fue considerado - entre otras cosas - como la clave de la arquitectura de las catedrales góticas que - según su autor - son manuales de técnicas alquímicas en lenguaje cifrado. Algo semejante insinúa Ouspensky en su libro “El Nuevo Modelo del Universo”.

Por ese tiempo también aparece en Europa uno de los personajes más sorprendentes que se haya visto llegar al Occidente: George Ivanovitch Gurdjieff. Hablar de él alargaría en exceso este texto. Sólo diremos que toda su enseñanza estaba enfocada hacia la “alquimia interior”, o de cómo el hombre podía cambiarse a sí mismo produciendo «hidrógenos». En su libro “Fragmentos de una Enseñanza Desconocida”, Ouspensky reproduce unas palabras de Gurdjieff sobre los distintos caminos de la evolución humana:

«Es preciso hacer notar que, aparte de estos caminos justos y legítimos, hay también otros artificiales que no dan más que resultados temporarios, y caminos francamente perjudiciales que pueden dar resultados permanentes, pero nefastos. Sobre estos caminos, el hombre igualmente busca la llave de la cuarta habitación y, a veces, la encuentra. Puede suceder también que la puerta de la cuarta habitación se abra artificialmente con una ganzúa, Y en estos dos últimos casos, la habitación puede encontrarse vacía».


Les Gardiens Invisibles
Edit: Le Courrier du Livre
París 1990.
Traduc: H.Oliveira

viernes, enero 23, 2009

Entrevista a Brian Weiss

Graduado magna cum laude en la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia, con un posgrado en la Universidad de Yale, Weiss fue uno de los jefes de psiquiatría más jóvenes del prestigioso hospital Mount Sinai, de Miami.

A simple vista, hay que admitirlo, es todo un catedrático. No obstante, cuando el diálogo cobra vida y entra
en acción, sus modales, que han olvidado la solemnidad absurda pero que conservan la cortesía y el refinamiento, invitan a que uno se olvide por completo de que se está frente al controvertido doctor de trascendencia internacional, que decidió suspender la lista de espera de su consultorio cuando ésta ya superaba los cinco años.

“Era poco sensato planificar una visita médica con tanta anticipación”, aclara el autor de best sellers como Lazos de amor, El mensaje de los sabios o A través del tiempo, con millones de copias vendidas en todo el mundo.

Weiss, de 59 años, casado con su eterna Carole y dos hijos, no se comporta con la arrogancia de sus diplomas. Sin necesidad de fruncir de ceño en señal de jactancia, sus observaciones inspiran, acaso más por la sensibilidad que por la agudeza de las mismas, un respeto próximo al afecto.

“He recorrido un largo camino desde el día en que, médico de formación clásica, profesor de psiquiatría y escéptico empedernido, me di cuenta de que la vida humana es algo más maravilloso y profundo de lo que me había hecho creer incluso mi rigurosa formación médica”, cuenta este hombre que, si bien ha sido bautizado como el gurú de la reencarnación en Occidente, aún conserva la vestimenta arquetípica del académico contemporáneo: la camisa tiesa, abotonada casi hasta el tope, un discreto chalequito de fina trama y los pantalones pinzados que se prolongan en un reluciente par de zapatos náuticos. Todo eso, claro, en perfecta armonía con el puntilloso corte de pelo y los inexorables lentes de diseño italiano.

Su mensaje, certero como un rayo, saldrá disparado reiteradamente en dirección opuesta al del tradicional discurso cientificista: “Si una persona evoluciona en un ser más cariñoso, más compasivo y menos violento, es que ha tomado la dirección adecuada. Y aquí, lo que importa, no es la velocidad sino la dirección del camino que se elige.”

De temperamento decididamente sosegado, su semblante parece imperturbable. “Estuve meditando esta mañana”, confiesa Weiss, como develando un secreto.

Más seguidor de Carl Jung que de Sigmund Freud, a pesar de que utiliza muchas técnicas del maestro vienés en sus tratamientos -la hipnosis, por ejemplo-, advierte que las psicoterapias, al no tener raíces espirituales, no sirven para liberar la verdadera naturaleza de los seres humanos.
Y convencido de que cada vez que creamos grupos, nosotros y ustedes, estamos generando violencia, potencialmente, recuerda que sólo existe un grupo: el espíritu humano.

“Todo está conectado. Las almas no tienen raza, religión, sexo o nacionalidad; son almas, una forma pura de energía amorosa. Tenemos que aprender esto y enseñárselo a los chicos”, propone, apoyándose en una cita del místico cristiano Pierre Teilhard de Chardin: “No somos seres humanos atravesando una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”.

Según su experiencia, la psicología sólo funciona si el terapeuta logra conectarse con el paciente en un plano de verdadero afecto. “Lo que cura -insiste Weiss- es la relación, no la técnica.” Y resalta: “Puede que Freud no considerase sus teorías definitivas, pero para sus discípulos son dogmas de fe. Jung, en cambio, era un inconformista que se anticipó a su tiempo; comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo, pero lo rodeaban personas ávidas de dogmas.”

-En sus libros, usted también suele hablar de la intuición, algo que casi hemos olvidado de utilizar en nuestra vida diaria.
-La arremetida contra la mente comienza desde que somos muy pequeños. Se nos educa con valores familiares, sociales, culturales y religiosos que reprimen nuestros conocimientos innatos. Y si nos resistimos a esa acometida, se nos amenaza con el miedo, la culpa, el ridículo, la crítica y la humillación. O, también, pueden acecharnos el ostracismo, la retirada del amor o los abusos físicos y emocionales. Nuestros padres y profesores, nuestra sociedad y cultura pueden enseñarnos falsedades peligrosas. Y a menudo lo hacen. El mundo actual es una clara prueba de ello, pues se encamina a tropiezos y golpes, imprudentemente, hacia una destrucción irreversible. Pero si se lo permitimos, los chicos pueden enseñarnos la salida.

-¿Es cierto que las mujeres son más intuitivas que los hombres?
-Es así, están más abiertas a todos estos conceptos: espiritualidad, inspiración... Las madres siempre se han basado en su intuición. Por eso, creo que los científicos de hoy están equivocados. Si la ciencia y la tecnología, que se nos están escapando de las manos, no comienzan a desarrollarse en el contexto de nuestra sabiduría intuitiva, entonces estamos frente a un peligro. Porque, mal empleados, pueden destruir el mundo.

-¿Y por qué cree que a la comunidad científica le cueste tanto aceptar esas facultades que todos llevamos dentro?
-Porque existe un descreimiento generalizado sobre todo aquello que no puede verse o demostrarse por métodos científicos convencionales. Y eso está mal, es erróneo. Nos enseñaron que todo eso es supersticioso, o no científico, o inferior. Y no es así. Tenemos sentidos más allá de los cinco sentidos. Y uno de ellos es la intuición. No sólo en el arte, los grandes descubrimientos científicos también surgen intuitivamente, y no necesariamente desde de la lógica pura. El mismo Einstein lo decía. Tiene que haber un balance entre lo racional y lo intuitivo. Algo que, en mi caso, tardó años en llegar. Hasta que conocí a Catherine. Además, para recuperar ese equilibrio, no podemos olvidar que el amor es el componente fundamental de la naturaleza, que conecta y une a todas las cosas y las personas. Y la energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo que sucede es que aún no hemos aprendido a aprovechar esa energía tan básica y tan pura.

-¿Podríamos decir, entonces, que intuición y poesía son casi sinónimos?
-Sin duda están emparentados. Los griegos hablaban de las musas. Los poetas, los músicos y los artistas en general trabajan mejor cuando se dejan llevar por el cerebro derecho, es decir, por la intuición, lo espiritual, lo no lineal; y no siempre ocurre lo mismo cuando se guían por el cerebro izquierdo, el lógico, el racional. Le hemos dado una excesiva importancia a la razón, a un punto tal que casi hemos negado nuestra intuición, que era, precisamente, el sentido predominante del hombre.

Cuando conoció a Catherine, la paciente cuya historia se cuenta en su primer libro Muchas vidas, muchos maestros, Weiss ya había publicado más de cuarenta trabajos científicos y colaboraciones en publicaciones médicas, y había adquirido reconocimiento internacional en psicofarmacología y química cerebral. Con voz tenue, explica que durante más de un año había intentado aliviar los ataques de pánico de su paciente por medios de técnicas psiquiátricas convencionales hasta que, durante una sesión de hipnosis, bien freudiana, todo cambió.

La memoria de Catherine, en lugar de revolver por los cajones de su infancia, fue incluso mucho más lejos de lo que un escritor de cuentos fantásticos hubiera imaginado jamás: Catherine, ese mojón fosforescente en el camino de Weiss, se vio a sí misma, en otro cuerpo, 4.000 años atrás.

“Como hasta ese día era totalmente incrédulo a todos aquellos campos faltos de rigor científico, como la parapsicología, y además no sabía nada sobre las vidas pasadas o la reencarnación, ni me interesaba saberlo, al principio no consideré la vivencia de Catherine como un regresión -explica Weiss-. De todas formas, continuamos con la hipnosis en las sesiones siguientes porque notaba una clara mejoría en sus síntomas.”

A partir de entones, Weiss comenzó a investigar y a documentarse sobre el tema durante 15 largos años de silencio profesional. “Sabía que con tan sólo inferir algo, mis colegas me tomarían por demente”, recuerda, esbozando una sonrisa con un leve toque de picardía.

Pero cuando por enésima vez se convenció de que sus hallazgos eran efectivamente ciertos, decidió publicar, no sin un cierto grado de resquemor, cada detalle de las regresiones de sus pacientes. Y de las propias.

-¿Cómo definiría a la reencarnación?
-Es el concepto de que poseemos un alma inmortal, que puede llamársele también conciencia o espíritu, que abandona nuestro cuerpo en el momento de la muerte física para luego renacer en una nueva criatura para continuar en esa nueva vida con las lecciones que eventualmente la lleven a una realización espiritual plena.

-¿Y realmente cree que la realización espiritual plena sea posible?
-Sí. Lo que ocurre es que nuestros valores están todos revueltos, desordenados. Nos preocupamos demasiado por la impresión que le causamos a los demás o sobre cuánto dinero tenemos. Y todo eso es un tremendo error. Porque la felicidad viene desde adentro de uno. De saber disfrutar el momento presente. Sabemos que el amor puede curar, y que el estrés puede matar. Pero poco hacemos para aliviar nuestra mente.

No es necesario ser rico para ser feliz. En mi consultorio he atendido infinidad de gente increíblemente rica, pero infelices. Y su tristeza se disipaba cuando comenzaban a cultivar sus valores humanos, a preocuparse por los demás.

Estamos atrapados en las preocupaciones de nuestra mente sobre el futuro, o lamentando el pasado. Aunque somos conscientes de que ni los lamentos ni las preocupaciones pueden modificar ni el pasado ni mejorar el futuro. Una cosa es planear, organizarse, eso está bien. Pero no preocuparse. Ese sentimiento se ha vuelto un hábito de lo más negativo. Lo mismo que con el pasado. Hay personas que se la pasan rumiando sobre sus errores, preguntándose una y otra vez por qué no hice esto o aquello.

-¿No cree que las psicoterapias pueden caer en ese rumiar constante, que termina volviéndose negativo?
-Entiendo que este no es puntualmente un tema sencillo. Es bueno ver el pasado y reconocerlo. Pero es cierto también que ese proceso, que puede ser muy doloroso, tiene un límite. Lo que yo le digo a mis pacientes es que aprendan de su pasado y que luego déjenlo ir. Ahora esté aquí, en el momento presente, que es el único lugar en el que va a encontrar la felicidad. Si seguimos varados en el pasado jamás seremos felices. Eso les digo.

-Entre tanto dolor y sensación de soledad, los psicofármacos son presentados como la solución a los problemas existenciales del hombre moderno.
-Existen muchas razones que explican ese fenómeno. La propaganda y la presión de la industria farmacéutica es enorme. Y, además, persuaden a los médicos para que receten sus productos de maneras subrepticias y a veces no tan solapadamente. Por otra parte, la tendencia de las universidades es a enseñar cada vez más a que el tratamiento pasa por la medicación. Pero sabemos que con las pastillas no alcanza. Porque cada depresión, ansiedad o cualquier síntoma, forma parte de un cuadro holístico, donde intervienen la mente, el cuerpo y el espíritu.

Las pastillas son una opción que no tienen por qué contraponerse con otras formas curativas. Pero de nada sirven sin la compasión y el entendimiento de que esa persona que está sufriendo es una ser humano y no un sistema bioquímico con bajos niveles de cierta sustancia. Y en algunos casos, aún siendo compasivo y con un buen tratamiento ni siquiera es necesario recurrir a la medicación. O, si se receta, se hace por menos tiempo y con dosis más bajas.

-¿Cuál es la crítica más dura que tiene para hacerle a los médicos que ejercen la medicina “tradicional”?
-Bueno, generalmente son ellos los que me critican a mí.

-Bueno, a cada cual su turno. Pero con espíritu constructivo.
-Mi principal crítica es que los médicos necesitan abrir más su corazón y darse cuenta de que son sanadores. Y para eso, es preciso estar conectado intuitivamente con cada paciente, tener compasión y preocuparse sinceramente por esa otra persona. Y esto es bueno no sólo para el paciente, los médicos se sentirán mucho más satisfechos también.

El paciente no es un hígado, un corazón o una vesícula. Les recordaría a los médicos que cada paciente es un ser humano, un alma al que deben acercarse con compasión y con el corazón abierto.

Ignacio Escribano

miércoles, enero 21, 2009

Remedios del Dr Bach


Es un método simple y natural de sanar a través de la utilización de ciertas flores silvestres. Los remedios, que tratan más los desórdenes de personalidad del paciente que la condición física individual, fueron descubiertos por el Dr. Edward Bach en los años 30.

Tras muchos años de práctica en medicina convencional y en homeopatía, Edward Bach llegó a tomar conciencia de que lo que caracteriza los problemas físicos de las distintas personas no es tanto los muchos tipos de enfermedad existentes, sino las condiciones psicológicas que la generan.

Durante varios años Bach fue capaz de reconocer y encontrar un remedio apropiado en cada caso, y halló todos los remedios en flores de los campos y en los árboles de los bosques, es decir, en el poder sanador otorgado a la naturaleza. El hombre siempre ha hecho uso de la medicina herbaria y, hasta hace algunos años, todos los productos farmacéuticos se preparaban a partir de sustancias naturales.

Los remedios de Bach, sin embargo, no utilizan la materia física de la planta sino la energía esencial que se encuentra contenida en la flor. Esta energía sanadora se extrae mediante un proceso particular y se almacena en un liquido que la conserva. La delicada sustancia resultante se utiliza para tratar la causa de la enfermedad a un nivel sutil. Así pues, mientras la mayoría de las medicinas tratan los males del cuerpo con materiales físicos, los remedios de Bach tratan aquello que no puede verse, o la causa psicológica, que esta detrás de toda enfermedad.

En el campo de lo que popularmente se conoce como "medicina alternativa" hay otros modos de curar que están, en cierto modo, en afinidad con los descubrimientos del Dr. Bach y, en este punto, conviene subrayar que ningún método de curación tiene el privilegio de ser el mejor o el más efectivo; cada cosa puede ser apropiada en su modo particular de actuar. Parece, sin embargo, que los descubrimientos de Bach representan un enfoque revolucionario de la medicina que podemos resumir en el dicho: 'trata al paciente y no a la enfermedad '.

Sea lo que sea aquello que el paciente está sufriendo en el cuerpo físico como enfermedad (ya sea asma o pie de atleta), la causa primera de ese estado puede ser erradicada si somos capaces de determinar y de contrarrestar el desequilibrio que se encuentra en la psique del paciente.

Un ejemplo ilustrará cómo esta relación funciona en la práctica. Supongamos que dos personas que no están relacionadas entre sí reciben un fuerte shock. Una de ellas se ve implicada en un accidente de automoción y queda muy afectada, aunque no sale herida, pero en las semanas siguientes sufre de continuos dolores de cabeza y náuseas. La segunda persona de esta ficción es un banquero que sufre un brusco e inesperado cambio de fortuna en sus negocios financieros y que, al escuchar las malas noticias, sufre un infarto que resulta en una parálisis parcial del brazo derecho.

Los tratamientos convencionales que podrían administrarse para estos dos casos de malestar físico serían, por lo general, diferentes. Pero si tratamos el estado psicológico de los pacientes veremos claramente que ambos están sufriendo las consecuencias de un shock, aunque la manifestación física sea diferente en cada caso. En estos casos, y siguiendo el método del Dr. Bach, administraríamos Star of Bethlehem que es el remedio para todo tipo de desgracias súbitas, shocks, transtornos y accidentes.

Cuando el shock quede neutralizado, el efecto físico se disolverá y desaparecerá. De modo similar una persona que sufre de celos, de miedo, de autocompasión o de resentimiento puede manifestar ese particular estado psicológico con una amplia variedad de síntomas físicos. Así los celos pueden ser la causa originaria del cáncer o la pleuresía, o la autocompasión puede llenar a alguien de granos, causarle migraña o provocarle dolor de espalda.

El malestar físico no es lo más importante; es el estado psicológico lo que debe ser tratado. Podría decirse que esta es una visión simplista de la enfermedad pero, citando al Dr. Bach, " realmente maravilloso es la simplicidad combinada con sus altamente sanadores efectos".

La pregunta capital es: ¿funcionan? .y la respuesta es un 'Si' rotundo. Inevitablemente hay enfermedades que están más allá del alcance de esta forma de medicina, al igual que hay ciertos malestares y conflictos que encajan más con otros métodos de tratamiento, pero los remedios de Bach pueden aplicarse muy bien en casi todas las circunstancias.

Aparte de ser esta, una forma de medicina, sin ningún efecto secundario, que funciona muy bien en niños, animales, incluso en plantas, y son absolutamente compatibles con cualquier tratamiento o terapia, tanto alternativa como alopática.

Flores de Bach


Clasificación en grupos

El Dr. Edward Bach estableció que las emociones desequilibradas, pueden clasificarse para su estudio en 7 grupos de Flores de Bach, los cuáles se presentan en forma esquematizada a continuación:

Grupo I. Para tratar los temores
• 2 Aspen
• 6 Cherry Plum
• 20 Mimulus
• 25 Red Chestnut• 26 Rock Rose

Grupo II.

Para tratar la incertidumbre
• 5 Cerato
• 12 Gentian
• 13 Gorse
• 17 Hornbeam
• 28 Scleranthus
• 36 Wild Oat

Grupo III.
Para tratar el desinterés en lo actual
• 7 Chesnut Bud
• 9 Clematis
• 16 Honeysuckle
• 21 Mustard
• 23 Olive
• 35 White Chestnut
• 37 Wild Rose

Grupo IV.
Para tratar las manifestaciones de la soledad
• 14 Heather
• 18 Impatiens
• 34 Water Violet

Grupo V.
Para tratar la susceptibilidad a las influencias y opiniones de los demás
• 1 Agrimony
• 4 Centaury
• 15 Holly
• 33 Walnut

Grupo VI.
Para tratar la desesperación y el abatimiento
• 10 Crab Apple
• 11 Elm
• 19 Larch
• 22 Oak
• 24 Pine
• 29 Star Of Bethlehem
• 30 Sweet Chestnut

• 38 Willow

Grupo VII. Para tratar a aquellos que sufren por los demás
• 3 Beech
• 8 Chicory
• 27 Rock Water
• 31 Vervain
• 32 Vine

Flor usada en el remedio
Aplicaciones

1 Agrimony: Agrimonia
Oculta emociones tortuosas, problemas graves y angustia inconsciente tras una máscara de alegría y despreocupación permanente.
Evita discusiones y busca armonía.
Tendencia a las adicciones, tabaco, drogas, alcohol, juego, trabajo, asumir riesgos, comida y compras, como mecanismo de escape a su tormento mental.
Busca ser aceptado.
Si se enferma bromea al respecto.

2 Aspen: Álamo temblón
Miedo a lo sobrenatural, a situaciones imprecisas que siente que lo amenazan, y a la muerte. Presagios.
Temor vago e inexplicable.
Agorafobia, claustrofobia.

3 Beech: Haya
Tiende a ser intolerante y a criticar despiadadamente.
Juzga sin sensibilidad ni comprensión.
Arrincona.
No soporta las ideas y costumbres diferentes a las suyas.
Es arrogante.

4 Centaury: Centáurea
No puede decir no.
Reacciona exageradamente a los deseos de los demás, buscando complacerlos.
Sacrifica sus propias necesidades para quedar bien.
Su predisposición a servir es explotada.
Se presta al dominio y el abuso de otros.
Su voluntad es débil.

5 Cerato: Ceratostigma
Busca la aprobación y el consejo de los demás, pues no confía en su juicio, intuición, ni en sus decisiones y opiniones.
Sus convicciones no son firmes.
Cambia fácilmente de opinión.
Es indeciso.

6 Cherry plum: Cerasífera
Miedo a perder el control de sus actos, a cometer acciones terribles y a enloquecer. Pensamientos irracionales persistentes.
Arrebatos incontrolables.

7 Chestnut bud: Brote de castaño
Repite sus errores, porque no reflexiona sobre ellos ni aprende de sus experiencias.
Reincide.
No escarmienta.

8 Chicory: Achicoria
Sobreprotege a sus seres queridos y los domina mediante una manipulación excesiva.
Considera saber más que sus dependientes.
Tiene una personalidad posesiva y egoísta.
Se inmiscuye en los asuntos de los demás continuamente.
Espera la devoción de los que sobreprotege y cuando no la obtiene se siente víctima.
Después los persigue, criticando.

9 Clematis: Clemátide
Soñador que evade la realidad.
Su pensamiento. Difícilmente está en el aquí y el ahora.
Distraído, presta poca atención a lo que sucede a su alrededor.
Vive en un mundo de fantasía, como un mecanismo de escape a su infelicidad.

10 Crab apple: Manzano silvestre
Flor de la limpieza para quién tiene la sensación de estar sucio y ser impuro, baja autoestima y terror a contaminarse.

11 Elm: Olmo
Abrumado por sus responsabilidades.
Piensa que no es capaz de cumplirlas.

12 Gentian: Genciana de campo
Pesimismo.
Depresión por causas conocidas.
Escepticismo.
Control débil ante la frustración.

13 Gorse: Aulaga
Desesperado.
Sin ninguna esperanza.
Siente que ya no tiene caso nada.

14 Heather: Brezo
Ensimismado.
Centrado en sí mismo.
Necesita público que lo escuche.
Habla excesivamente, pero no escucha.

15 Holly: Acebo
Celos, desconfianza, envidia, odio y rencor.
Carece de compasión.
Para quienes necesitan amor.

16 Honeysuckle: Madreselva
No vive el presente.
Nostalgia.
Añoranza del pasado y los buenos tiempos.

17 Hornbeam: Hojarazo o Carpe
Agotamiento mental por hastío.

18 Impatiens: Impaciencia
Soledad de quien no puede estar acompañado porque marcha de prisa.
Impaciencia.
Irritabilidad.

19 Larch: Alerce
Sentimiento de inferioridad.
Espera fracasar.

20 Mimulus: Mímulo
Miedo a lo conocido.
A situaciones concretas, definibles.
Timidez.

21 Mustard: Mostaza
Depresión y tristezas de causas desconocidas, que aparecen y desaparecen sin motivo.

22 Oak: Roble
Luchar desesperadamente contra la corriente y sin descanso.
Dedicación obsesiva al trabajo.

23 Olive: Olivo
Agotamiento total, físico y/o mental.

24 Pine: Pino
Desesperación por sentimiento de culpa y autorreproche.

25 Red chestnut: Castaño rojo
Miedo a que les suceda algún daño a los seres queridos.
Preocupación por ellos.

26 Rock rose: Heliantemo o Jarilla
Pánico y terror paralizante.
Estados de angustia agudos.
Pesadillas.

27 Rock water: Agua de roca
Perfeccionismo.
Severidad.
Rigidez consigo mismo.

28 Scleranthus: Scleranthus
Indecisión entre dos extremos opuestos.

29 Star of Bethlehem: Leche de gallina
Secuelas de traumatismos físicos y mentales.

30 Sweet chestnut: Castaño dulce
Desesperación profunda.
Sienten que han llegado al límite del sufrimiento.

31 Vervain: Verbena
Fanatismo.
No comparte la carga.
Fortaleza.

32 Vine: Vid
Avidez por el poder.
Dominador.
“Pequeño tirano”.

33 Walnut: Nogal
Indecisión para iniciar etapas nuevas o manejar situaciones difíciles.

34 Water violet: Violeta de agua
Soledad de los orgullosos.
Distanciamiento por sentimiento de superioridad.

35 White chestnut: Castaño de Indias
Rumiación torturante de ideas.
Diálogos internos

36 Wild oat: Avena silvestre
Falta de metas.
Descontento e incertidumbre por desconocer la misión en la vida.

37 Wild Rose: Rosa silvestre o Escaramujo
Desinterés, apatía, resignación, capitulación.
Falta de motivación.

38 Willow: Sauce
Se siente víctima del destino.
Resentimientos.

viernes, enero 16, 2009

Jung: el hombre, el mago


Este hombre enigmático nació el 26 de julio de 1875 en Kessvil, Suiza, precisamente el año en que, sincrónicamente, diría él, Madame Blavatsky fundó en Estados Unidos la Sociedad Teosófica.

Durante su niñez fue conformando una suerte de mentalidad mágica… Le gustaba construir castillos de piedras, perderse entre los bosques, encender fuegos entre las rocas que luego iba cuidando para que no se apagaran… "Los demás podían hacer fuegos en otras cavidades, pero estos eran profanos y dejaban de interesarme. Sólo mi fuego permanecía vivo y poseía un dejo inconfundible de santidad". Le atraía inevitablemente lo misterioso, lo secreto.

Tal vez esa mentalidad que tenía Jung le viniese de familia. Su abuelo paterno fue profesor de Medicina de la Universidad de Basilea y se suponía que era hijo natural de Goethe; su abuelo materno, pastor protestante como su padre, hacía sesiones espiritistas en casa; su madre tenía una afición especial a todo lo denominado esotérico u ocultista, incluso parece ser que ella sufrió o vivió determinados fenómenos parapsicológicos que iba anotando en un diario; y tenía además una prima que era médium.

El año 1895 decide ingresar en la Facultad de Medicina. En esa época manifiesta un interés muy marcado por los temas ocultistas, asistiendo a las sesiones de espiritismo que organizaba su prima. Las notas que tomó en estas sesiones le sirvieron para redactar su tesis doctoral en 1902: Sobre la psicología y patología de los denominados fenómenos ocultos. Nos dice el propio Jung: "Por mi parte, encontraba tales posibilidades sumamente interesantes y atractivas –visión de fantasmas, mesas que se mueven, comunicaciones telepáticas–. Añadían otra dimensión a mi vida; el mundo ganaba en profundidad y perspectiva".

Tal vez ese interés por los fenómenos espiritistas le motivara a hacerse psiquiatra, especialidad en la que veía la unión entre las Ciencias del Espíritu y las de la Naturaleza.

Según cuenta A. Oeri, ex–condiscípulo y amigo personal de Jung, "Carl Gustav había adquirido probadamente una notable información sobre Espiritismo, primero mediante la lectura de innumerables textos y posteriormente con la experiencia directa". "He visto –contaba Jung a Miguel Serrano– a médiums producir fenómenos de materialización y mover objetos a distancia". En esos años estudió, entre otros casos de Parapsicología y Espiritismo, las cualidades de médiums como Rudy Schneider. Leyó gran cantidad de obras sobre el tema y sufrió él mismo apariciones, como la cabeza de una mujer en la almohada de su cama.

En un principio, Jung afirma que esos fenómenos son producidos por la propia psique: "No alcanzo a ver en todo esto una prueba de la existencia de verdaderos espíritus; antes bien considero el estudio de este tipo de fenómenos como un capítulo de la Psicología"… Sin embargo, con el tiempo se desmentirá a sí mismo y afirmará que existe un mundo más allá de nuestra propia psique, del cual ésta está imbuida, que podría, al margen de nuestra propia conciencia, producir fenómenos en nuestra realidad consciente:

"Durante medio siglo he coleccionado experiencias de muchas personas y de muchos países, razón por la cual no me siento tan seguro de lo que expresé en 1919". Jung propone la existencia de una realidad subyacente de índole no totalmente psíquica, a la cual denominaba "psicoide". "Si bien es cierto que nuestros argumentos críticos ponen en tela de juicio cada uno de los casos particulares de apariciones, también es verdad que ninguno de estos argumentos tiene fuerza suficiente para probar la inexistencia de los espíritus".

El 1900 comienza su especialización como psiquiatra en el Hospital Psiquiátrico Universitario de Zürich. Le atraen al principio básicamente cuatro campos del conocimiento: Ciencia, Filosofía, Arqueología e Historia, aunque luego se decantó por la Ciencia en el área de la Medicina, en parte por los intereses ya mencionados y en parte por motivos económicos. Leía a Nietzsche, a Schopenhäuer, que se ocupaba del sufrimiento, la confusión y el mal, y estudiaba con avidez a los clásicos. Estuvo fuertemente influido por el Movimiento Romántico alemán, El Sturm und Drang, vigente aún por esos años de 1870 a 1900. Pero sobre todo la influencia mayor en Jung vendrá dada por sus propios sueños proféticos, presentimientos y premoniciones que le acompañarían toda su vida.

El 10 de diciembre de 1900, a los 25 años, es nombrado Primer Asistente Médico de la Clínica Neuropsiquiátrica de Burghölzi. Allí mismo comienza a trabajar en el Departamento de Psicología Experimental, creado por él, donde tendrá como colaboradores a los doctores Franz Riklin, Max Etington y Herman Numnberg. En esta época trabaja sobre los Test de Asociación y los Complejos.

Dos años después en la Universidad de Zürich dictará clases prácticas en temas relacionados como sonambulismo, automatismo e histeria. Parece ser que en cierta ocasión entró en la clase una mujer paralítica muy habladora. Jung, un poco azorado, se dijo: "No tengo tiempo de escucharla", y la hipnotizó. Al despertar se le había curado la parálisis. Entonces trató de sobrellevar la situación y dijo a sus asombrados alumnos: "Ahora ya han visto Vds. lo que puede hacerse mediante la hipnosis"… pese a que ni él mismo tenía la más mínima idea de lo que había ocurrido.

En esa época de su vida leerá las obras de Freud, fundador del Psicoanálisis, concretamente La interpretación de los sueños. Se enamorará de sus teorías, especialmente la del Inconsciente, considerado por Freud como el real productor de los fenómenos en nuestra vida consciente. "Descubrí la conexión con mis propias ideas —afirma Jung—". Nuestras costumbres, nuestros hábitos, nuestros traumas, según la Teoría del Inconsciente, no estarían producidos meramente por la educación de los padres o el medio ambiente que estamos viviendo, sino que habría un mundo desconocido en nuestro interior que sería el causante de esos fenómenos externos.

Freud y Jung

Esta teoría del inconsciente fascinará a Jung, y forzado por sus propias investigaciones en este mismo sentido, viajará para encontrarse con Freud y hacerse discípulo suyo. Se dice que la primera vez que se encontraron, el 3 de marzo de 1905 en Austria, estuvieron trece horas seguidas hablando, discutiendo sus ideas, expresando sus puntos de vista, y se creó un lazo maestro–discípulo, un lazo que, de todos modos, no tardó mucho en romperse.

Se inicia una relación que permitiría el despliegue internacional del Psicoanálisis. En 1908 tiene lugar en Salzburgo el Primer Congreso de Psicoanálisis. En 1909 es invitado junto con Freud a los EE.UU. En 1910 se constituye la Asociación Psicoanalítica, y durante el II Congreso de Psicoanálisis, en Nüremberg, Jung es elegido Presidente. A partir del III Congreso de Psicoanálisis, en Weimar, Jung se sumerge cada vez más en la Mitología, distanciándose teóricamente de su maestro.

El IV Congreso de Psicoanálisis en Munich es el momento de la separación de Jung del movimiento psicoanalítico, abandonando la presidencia de la Asociación Internacional de Psicoanálisis y los distintos cargos. La relación de Freud y Jung se rompe para siempre. Tras esta ruptura, Jung deja su cátedra en la Universidad. En 1933 dice Jung en una carta: "Me gustaría rectificar el error de que procedo de la escuela freudiana; soy un discípulo de Bleuler".
En cierta ocasión Jung le preguntó a Freud por qué el psicoanálisis no adoptaba nuevos puntos de vista acerca de la Parapsicología y la precognición; Freud replicó abruptamente: "Eso es puro sinsentido". Jung no pudo aceptarlo, y se dedicó a investigar por su cuenta en los libros de mitología, a estudiar Religiones Comparadas, y fue dándose cuenta de que dentro de ese inconsciente había más elementos que los propiamente expresados y defendidos por Freud, que había "algo más". Vio un límite que Freud no podía o no quería cruzar.

Es interesante conocer que Freud había creado un círculo de discípulos, un "consejo secreto" con un juramento y un anillo de reconocimiento con una entalladura griega, y que se habían propuesto defender a capa y espada su "causa". De este modo la cúpula de los psicoanalistas adquiría un carácter de entidad "esotérica" y, paradójicamente, anti esotérica. Jung no quiso participar de este grupo y fue excluido. El quería investigar en la religión, en lo simbólico, en lo que llamó el Inconsciente Colectivo de la humanidad y los arquetipos.

Freud quiso presionarle instándole a que no estudiara ocultismo. Y por un tiempo lo consiguió. Curiosamente, Freud era muy autoritario, él psicoanalizaba a toda la gente pero no se dejaba psicoanalizar por nadie, sólo se analizaba a sí mismo; en un viaje que hicieron a América en 1912 en el que se iban contando los sueños, para psicoanalizarlos, escribe Jung que Freud nunca llegó a contarlos totalmente por miedo a perder su autoridad, "sin darse cuenta de que ya la estaba perdiendo". Esa actitud provocó en sus discípulos, especialmente los que dejaban el "consejo secreto", grandes crisis y traumas. Hubo gente que incluso se suicidó.

La furia de Jung explotó finalmente como una bofetada en la cara. Su técnica de tratar a sus alumnos como pacientes, le decía, era un error tremendo: "De esta forma usted consigue o hijos esclavos o cachorros insolentes… Usted va por ahí husmeando acerca de todos los actos sintomáticos a su alrededor, reduciendo así a todos al nivel de hijos e hijas… Mientras tanto, usted se instala allí arriba como un padre, sintiéndose un santo".

Este interés divergente de Jung respecto a Freud fue abriéndose cada vez más; en 1911 el propio Jung propone a Freud "conquistar también el ocultismo", y afirma: "Ahora le estoy dando vueltas a la astrología, cuyo conocimiento aparece como imprescindible para la comprensión de la mitología. En estos oscuros dominios existen cosas maravillosamente extrañas". En otra ocasión Freud le dice: "Mi querido Jung, prométame no abandonar nunca la teoría sexual, ésta es la cosa más esencial entre todas. Debemos hacer de esto un bastión inexpugnable". Algo extrañado, Jung le preguntó: "¿Un bastión contra qué?" A lo cual Freud respondió: "Contra la negra avalancha… (aquí vaciló un momento y añadió)… del ocultismo". Lo que Freud parecía entender por ocultismo era más o menos todo lo que la filosofía y la religión (incluyendo la parapsicología) tenían que decir sobre el alma…

Esas diferencias entre maestro y discípulo llegaron evidentemente a hacer que se separaran dolorosamente en 1913. Muchas puertas se le cerraron a Jung y los antiguos amigos del círculo freudiano le dieron la espalda.

En ese tiempo encaró la investigación de las disposiciones psicológicas (extroversión/introversión), de la que surgirá su importante obra de 1921: Tipos psicológicos. En este libro monumental que le lanzó a la fama Jung elaboró el duelo de la separación de Fruíd, asumiendo sus diferencias y su propia vía: la psicología analítica, profundización y ampliación del psicoanálisis freudiano. La separación teórica comienza al comprender Jung que la libido es una fuerza psicológica más amplia y omnipresente que lo que Freud supuso.

Por aquella época tuvo varios sueños reveladores; en uno de ellos se encontraba en una ciudad moderna cuando vio a un caballero con toda su armadura; llevaba una túnica blanca con una cruz roja –un cruzado-. Nadie parecía notar su presencia. Jung lo asoció con su propia búsqueda del Grial, de algún profundo sentido de la existencia: era el símbolo de su propio yo esencial.

La etapa de los viajes

Entró en crisis en esta época de su vida, igual que le pasó a Adler, el creador de la psicología individualista, pero la forma de vencer Jung esa crisis fue distinta. Nos dice Colin Wilson: "Su mente necesitaba recorrer, con libertad, amplios campos en literatura e historia; se sentía sofocado como un simple médico. Ocho años de trabajo clínico en el Burghölzi le habían proporcionado su ración de "realidad"; ahora estaba hambriento de poesía, de mito, del "mundo de los elfos".

En primer lugar, tenemos que mencionar una extraña obra que escribió en esa época de crisis, que algunos no han querido reconocer como perteneciente a Jung: los "Siete sermones a los muertos", extraño libro que escribió en sólo tres tardes, pero que reúne sus inspiraciones y visiones en el periodo que va desde el 15 de diciembre de 1916 al 16 de febrero de 1917. La creación de este libro fue anunciada por acontecimientos sobrenaturales y se vio colmada de fenómenos de naturaleza parapsicológica. Nos cuenta Stephan Hoeller: "Una multitud de espíritus parecía llenar la habitación, y de hecho toda la casa, y nadie podía siquiera respirar normalmente en el vestíbulo infestado de fantasmas".

El título figura en latín, "Septem sermones ad mortuos", y luego continúa en alemán con el subtítulo: Siete exhortaciones a los muertos, escritas por Basílides en Alejandría, la ciudad donde se unen Oriente y Occidente. "Los siete sermones" y el posterior "Libro rojo" son, en palabras del propio Jung, la fuente de todas sus obras.

En el Libro Rojo expuso dibujos y pinturas que eran expresión de sus visiones y profundizaciones en su mundo interior. En esa época Jung declaró tener dos naturalezas, la personalidad número 1 y la número 2, el yo cotidiano y la que llamaba "Filemón"; la segunda era la fuente de sus sueños. Jung el místico guiaba e inspiraba al Jung científico. Es curioso que gran parte de sus experiencias originales sobre el inconsciente surgidas a partir de su gran transformación –la época de su crisis y afirmación interna en su misión en la vida–, no sólo las mantuvo reservadas en vida, sino que después de su muerte sus herederos guardan una actitud reservada. Lo verdaderamente fascinante es descubrir que la mayor parte de su trabajo científico, si no todo, puede estar basado en revelaciones visionarias.

Empezó a viajar a diferentes países del mundo, el norte de África, Argelia, Túnez… También Norteamérica, donde conoció a los indios "pueblo", e hizo amistad con Ochwiay Biano, "Lago de la Montaña", que era el chamán de la tribu. Allí encontró una mentalidad diferente característica de los pueblos primitivos, tal vez más en armonía con la Naturaleza que el occidental; Lago de la Montaña le decía a Jung que el occidental, por sus propios rasgos físicos, parecía un ave de presa, estaba siempre nervioso, iba siempre buscando algo, y que nuestra civilización occidental, con sus metrópolis, sus aviones, sus coches, sus relojes, su ir corriendo de un lado a otro sin saber muy bien por qué ni adónde, de alguna manera se manifestaba en el propio rostro del hombre occidental, que estaba un poco loco porque "pensaba con la cabeza". "¿Cómo que loco porque piensa con la cabeza? –inquirió Jung– ¿y ustedes con qué piensan?". "Nosotros con el corazón", fue la respuesta de Lago de la Montaña.

También en esa época de crisis irá a Alejandría, donde tuvo lugar una curiosa anécdota. Estando en casa de un quiromántico, cuando le leyó la mano se quedó mirándole a los ojos y le dijo: "usted es uno de los más grandes hombres que nunca he visto… No puedo decir más". Más tarde Hermann Hesse contribuyó postulando: "Jung es como una montaña". Lo que nos podría dar atisbos de la realidad de este psicólogo suizo. Jung fue algo inmenso, mucho más de lo que se apresa en sus obras; es algo más que su propia vida, hay algo detrás de él que nos hace creer en la afirmación de alguno de sus discípulos que consideran como "El último mago", "El último místico", aquél que se atrevió aún a ofrecer un poco más de luz.

Viajará también a la India en 1938, invitado especialmente por el Gobierno a participar en la celebración del 25 Aniversario del Congreso Indo de Ciencia. Allí Jung pudo conversar largamente con los monjes acerca de los ritos ceremoniales, y se afirmó en sus ideas al encontrar en los Vedas, en los Upanishads, en toda la tradición inda, budista y brahmánica, sus propias intuiciones expresadas en otra terminología. Los arquetipos del inconsciente colectivo, la sincronicidad, el ánima, el animus… Todos sus conceptos los va a encontrar explicados más sencillamente en la India. Descubrió en esa tradición milenaria los intentos y logros de miles de sabios que ahondaron en el mundo de la psique, de lo invisible, en el universo de las causas que producen los fenómenos.

Descubrirá un libro lleno de misterios y evocador de enigmas, el I Ching, que ya consultaba desde el año 1900, y que seguirá consultando toda su vida. "En realidad, la sabiduría del "I Ching" tiene su base, no en el principio de causalidad, sino en otra ley que hasta ahora ha pasado inadvertida porque en la vida corriente es inaplicable, a la cual he dado provisionalmente el nombre de principio sincrónico. Es un importante sistema que intenta en cierto modo ordenar el juego de los arquetipos y hacerlo legible. El papel de mediador entre los acontecimientos del mundo exterior y la situación interior corresponde en ello al número".

Jung y su misión

Volvió a Europa y se dedicó a indagar y rescatar la sabiduría de los siglos. Se adentró de lleno en aquello que tanto pavor provocaba en Freud, el ocultismo. Estudió textos gnósticos, así como la terminología y el espíritu de la alquimia; releyó las viejas enseñanzas de las religiones paganas, comparó tradiciones y mitologías de todos los pueblos del orbe, escribió sobre ovnis, tarot, gnosis, astrología, comentó el Zohar, el Bardo Todol, el I Ching… Fue conformando su ideología, su doctrina, cimentando su propia escuela, la Psicología Analítica, y participando en el Círculo Eranos, creado en torno a él a iniciativa de Frau Olga Froebe Kaptein en 1933. En esa época aparecen sus libros "Psicología y alquimia" y "Psicología y religión", donde narrará sus experiencias en Asia, África o América.

Escribe J. García Font: "Se ha tildado a Jung de ocultista. Se impone reconocer que no sólo ha estudiado e interpretado, junto con su colaboradora Marie Luise von Franz, buen número de documentos ocultistas y esotéricos, sino que realmente ha intentado, como chamán de nuestro tiempo, relacionarlos con las entidades que desde el reino del inconsciente mantienen secreta relación con nuestros actos, con nuestras aspiraciones, con nuestro destino… "y Miguel Serrano afirma en "El Círculo Hermético": "Él expuso con nuevos términos los misterios que corresponden a la tradición eterna y que, de un modo u otro, se encuentran reñidos con el lenguaje de la ciencia oficial. Jung presenta en nuestro tiempo un lazo con el hermetismo del pasado".

Se ha vinculado especialmente a Jung con el Gnosticismo, la corriente espiritual que identifica la salvación con el conocimiento superior, y que ejerció tanta influencia en el Cristianismo primitivo y entre los cátaros. El cita extensamente esta corriente espiritual dedicándola largos pasajes en su obra Aion. Además, la influencia de Jung fue casi la única responsable del proyecto de la publicación del mayor depósito de obras gnósticas originales jamás descubierto en la historia, la Biblioteca de Nag Hamadi. En reconocimiento a su labor, se le entregó en su octogésimo cumpleaños un códice que fue llamado el Códice de Jung, entregado por el Instituto Jung en Zürich. El mismo llevaba un anillo con una piedra gnóstica. Miguel Serrano le preguntó sobre su significado y Jung dijo:

"Es egipcio. Aquí está grabada la Serpiente, que simboliza al Cristo. Arriba un rostro de mujer. Abajo, el número ocho símbolo del infinito, del laberinto, del camino del inconsciente. He cambiado algo aquí para que el signo sea cristiano, pues la gema es anterior. Todos esto símbolos están absolutamente vivos en mí y cada uno de ellos despierta una reacción determinada en mi alma".

Esta relación de Jung con las enseñanzas teosóficas no es forzada. Stephan Hoeller nos dice: Dentro de la alquimia, Jung tomó contacto con una de las ramas más importantes, la que algunas veces ha sido llamada "Tradición pansófica", o la herencia de la sabiduría que descendió de fuentes gnósticas herméticas y neo-platónicas, a través de numerosas manifestaciones posteriores, hasta los tiempos contemporáneos. Jung se dio cuenta de que esta tradición pansófica o teosófica había tomado muchas formas a través de la Historia, pero también que se había manifestado especialmente en los siglos XIX y XX dentro de los movimientos de la teosofía moderna, cuya exponente había sido la viajera aristócrata rusa, Madame H. P. Blavatsky.

En trabajos como "El Self" y "La civilización en transición", Jung reconoció con claridad a la Teosofía moderna como una importante manifestación contemporánea del Gnosticismo, y la comparó con una cadena montañosa submarina que se extiende bajo las olas de la corriente principal de la cultura, de la que sólo de vez en cuando se ven los picos sobresaliendo gracias a personajes tales como la señora Blavatsky, Annie Besant, Krishnamurti y otros. Más adelante dirá: "Sólo dos fuerzas emergieron a finales del siglo XIX y principios del XX: se dirigieron al fuego mismo en el centro del diamante de varias facetas del alma, y se esforzaron a su manera por comprender la dinámica del brillo de su luz.

Las dos fuerzas eran el ocultismo moderno, iniciado por la Teosofía de Madame Blavatsky, y el Psicoanálisis moderno, iniciado por Freud y enriquecido con nuevas dimensiones". Jung abrió la brecha que une la ciencia y el esoterismo, pero su trabajo no está acabado. "La noche todavía es larga y los vigilantes nocturnos son pocos. ¿Será la obra maestra llevada a una nueva etapa hacia su culminación? ¿Quiénes serán los alquimistas, los gnósticos del futuro?

El fin

Hay quienes consideran a Jung como un mago, el último mago: otros como un alquimista, un gnóstico o un teósofo, el principal psicólogo del siglo XX o más bien un psicólogo del siglo XXI; para algunos hereje de la ciencia y para otros una puerta abierta al misterio; sus mismos discípulos le comparaban con Merlín el mago. Stephan Hoeller nos dice: "C. G. Jung era un sanador de almas y un sanador de la cultura… Esta eficiencia y sabiduría fueron el resultado no de la herencia, circunstancias o educación, sino de haber recorrido el camino hacia el mundo de sombras donde habita el conocimiento secreto del alma". De cualquier modo para nosotros es, como dijo Hermann Hesse, una montaña, un hombre enigmático que en determinado momento de su vida (1952) consideró que había cumplido su misión:

"Mi tarea está terminada, ahora puedo descansar", y se retiró a una torre fabricada con sus propias manos, grabó en ella mandalas, símbolos alquímicos y cabalísticos, se preparó una sala, un sancta sanctorum subterráneo para meditar en su interior, y se encerró en su propio mundo con la serenidad de haber cumplido una misión, la de haber dado a este mundo una axiología, un método, una dirección hacia la eternidad. La de haber traducido el conocimiento tradicional y haber dado visos de verosimilitud a conceptos considerados descabellados.

Allí Jung, en su torre de Bollingen, a orillas del lago Zürich, daba salida a su mentalidad mágica, saludaba a los objetos, que consideraba llenos de vida, dueños de un alma y dignos de respeto. "Ellos lo saben y lo agradecen". El había conseguido sobrevivir a la visión materialista de sus contemporáneos, había llegado a ser el viejo sabio, y sus ojos llegaron a ver facetas de la realidad que a muchos, por ahora, nos están negadas.

A los 68 años sufrió un accidente que le provocó un ataque al corazón y lo llevaron a un hospital. Su enfermera le contó después que había notado un resplandor que le rodeaba mientras yacía moribundo. En esos días tendrá numerosas visiones preconizadoras de la muerte. Vio un enorme bloque de piedra ahuecado, como algunos templos de la India; delante estaba sentado un hindú en la posición de loto. "A medida que se acercaba –dice Jung– tuve la sensación de que todo se iba cayendo, desprendiéndose de mí; que se me desnudaba de todas mis ambiciones, deseos, pensamientos, de toda la fantasmagoría de la existencia terrena… un proceso tremendamente doloroso". Y mientras el hindú lo conducía a un templo interior, tuvo la certeza de que estaba a punto de encontrarse con "toda aquella gente a la cual verdaderamente pertenecí", y que pronto comprendería el sentido de su vida y porqué había sido enviado al mundo.

Cuando murió, el 6 de junio de 1961, se produjo una fuerte tormenta durante la cual un rayo alcanzó el álamo bajo el cual acostumbraba a sentarse cerca del lago. Sus últimas palabras fueron: "Hoy beberemos un buen vino tinto".

Epílogo

Para Jung, el siglo XX estaba en crisis. Especialmente sus últimas obras reflejan la pérdida de valores y destino de Occidente. Su actitud hacia el mundo moderno se hacía cada vez más negativa. Aborrecía su arte, su música, su literatura, su política. Escribió sombríamente en una carta: "¿Por qué diablos el hombre es incapaz de crecer?" Él denominó esta época Cairos, "el momento donde se transmutan los dioses", y dijo que es muy importante y difícil, pero que en su propia dificultad es una oportunidad para que el hombre aprenda y se transmute.

"Conozco que esto es meramente un deseo pío, para cuya realización se necesitan siglos, pero en cada Eon existen por lo menos unos pocos individuos que entienden que el verdadero trabajo del hombre consiste en perseverar y traspasar su tradición para las futuras generaciones y para un tiempo donde la visión interior haya alcanzado un nivel más profundo y general. Primero, la dirección de unos pocos cambiará, y en unas cuantas generaciones habrá un mayor número… El verdadero camino es el de la Magia, el trabajo para la perfección individual. En el mundo de masas que se impone, se necesitarán más que nunca individualidades fuertes, que la polaricen y equilibren la tensión…"

Miguel Serrano, para finalizar, nos describe así a Jung: "Sus gestos y palabras eran reposados, elegantes, pero llenos de un entusiasmo contenido, de un fuego interior, adivinándose la trepidación de un pensamiento vivo, constante, de todas las horas. Aunque envejecido, una potente energía se desprendía de él mientras hablaba, así como bondad, mezclada con una cierta ironía o quizás sarcasmo. Todo ello envuelto en un cierto aire de ausencia y de misterio…"
"Sólo los poetas –dijo– me entenderán".

Y tan sólo poetas, sacerdotes o magos, en el sentido tradicional, podrán continuar su obra, pues con Jung pasa como con otras grandes figuras de este siglo, Heissemberg, Einstein… su grandeza es tal que para sus contemporáneos son oscuros. Su luz sólo se verá con claridad en el futuro.

-"Vocatus atque non vocatus deus adherit"
-"Evocado o no, el Dios está presente"

Esta frase estaba escrita en la cripta familiar y en la puerta de su casa y pertenecía al Oráculo de Delfos.

José Rubio Sánchez
Sacramento Pinazo
Editado en: Revista Nueva Acrópolis.
Enero de 1993.

jueves, enero 15, 2009

La cara oculta de Julio Verne


Al igual que sus personajes, supera con trabajo y tesón todas las dificultades. Duerme poco. Se levanta a las cinco y escribe hasta las diez de la mañana.

“Por mucho que se descomponga la materia en moléculas, átomos y partículas, siempre quedará una última fracción por la que se replanteará íntegramente el problema y su eterno comenzar, hasta el momento en que se admita un principio primero que no será ya materia. Este primer principio inmaterial es la energía”.

No se trata de una frase de Einstein ni de Bohr, sino de Julio Verne, uno de esos personajes capaces de vivir adelantados a su tiempo. Se le conoció como “el educador de la juventud”, y destinó sus novelas a los jóvenes para que se divirtieran aprendiendo a trabajar y a forjar la voluntad hasta vencer las dificultades que les impiden reunirse con el Destino. Sin embargo, si los adultos volviesen a beber en sus enseñanzas, descubrirían que en pocos autores modernos hay tantos símbolos, mitos y conocimientos esotéricos y científicos como en Verne.

Nacido en 1828, cursó los estudios de Derecho, únicos que le permitió su padre, conviviendo en París con su amigo Bonamy. En realidad, no eran los estudios de Derecho los que le absorbían, sino las tertulias literarias, llegando a conocer en una de ellas a Alejandro Dumas padre. ¿Acaso fue el mismo Dumas quien le sugirió la idea de acometer la novela científica? Lo cierto es que lo impulsó firmemente y le auguró un éxito seguro.

De distinta forma piensa su padre, que le corta, al término de los estudios, la asignación económica para hacerle regresar al hogar. Pero Verne, consciente de que sus sueños se harán realidad, busca trabajo como secretario del Nuevo Teatro Lírico, se hace corredor de bolsa y sobrevive al París derrochador, incluso cuando se casa con Honorine, una viuda que tiene dos hijas.Al igual que sus personajes, supera con trabajo y tesón todas las dificultades. Duerme poco. Se levanta a las cinco y escribe hasta las diez de la mañana. El resto del día, salvo escapadas que realiza para documentarse en la biblioteca, lo encontramos enfrascado en los asuntos de bolsa.

La libreta en la que comenzará su primera novela está ya saturada de anotaciones y poco a poco rellena más libretas. En ellas podemos apreciar un primer borrador escrito a lápiz solamente en las caras de la derecha. Las de la izquierda las reserva para las correcciones y los añadidos. El borrador definitivo lo repasa a tinta de nuevo en las hojas de la derecha.Sus narraciones son, frecuentemente, emocionantes, y algunas descripciones, muy bellas. ¡Cómo las podría haber superado de no estar agobiado por la presión de su editor! ¿O quizá se descubren ante él las musas y trabaja deprisa para atrapar todas las palabras que le dictan?Hetzel, tras aconsejarle algunos cambios de forma, edita su primera novela: Cinco semanas en globo. La búsqueda en globo del origen del Nilo es el tema sobre el cual gira la novela.

El Nilo, río misterioso, único del planeta que asciende verticalmente hacia el norte, relacionado con Egipto y sus pirámides y el mundo mágico. Samuel, Ricardo y Pepe persiguen el Nilo como los filósofos la sabiduría y la verdad. Encontrar su origen significa descorrer los velos que cubren lo desconocido. Pero, antes, es preciso superar diversas pruebas de tierra, agua, aire y fuego, y por último, desprenderse de lo material, deshacerse de toda la barca para que el globo pueda elevarse, desapegarse de la personalidad para que el alma ascienda hasta los dioses.

Cinco semanas en globo es el primero de sus viajes extraordinarios. Extraordinarios no por los parajes donde discurren, sino porque se trata de viajes iniciáticos. Tal vez, en la novela que es más evidente sea en Viaje al centro de la Tierra. Junto con Aventuras de Héctor Servadac a través del sistema solar es la más fantástica de sus obras.Verne nos explica la composición de la Tierra a medida que sus personajes descienden por el globo terráqueo. Una vez llegan a su centro, divisan el pasado de la Humanidad. Animales prehistóricos conviven con gigantes humanos.

¡Gigantes! ¿Acaso creía en los antiguos mitos, que nos hablan de una raza humana de gigantes o cíclopes? ¿O se trata, más bien, de un recurso fantástico del que fácilmente hubiera podido prescindir?Este claro descenso a los infiernos comienza, como toda Iniciación, con las lecciones sobre el abismo. Axel vence su vértigo ascendiendo al campanario de la iglesia de Vor-Frelsers de Copenhague. Su tío Otto Lidenbrock –contracción de “Lid” y “Brocken”, es decir, “el que rasga los párpados”– es el Anubis, el hierofante que guía al neófito en el mundo de los muertos. Otros rituales iniciáticos son el juramento de secreto en una fecha sagrada, el solsticio de verano, y la salida de los infiernos o el resucitar, el renacer a una dimensión de conciencia más elevada.

Foucault, por el contrario, opina que no existe una real iniciación, porque no se evidencian cambios ni en el mundo ni en los personajes.Menos fantástico nos aparece su Viaje a la Luna, y, sin embargo, en la época de su publicación parecía tan imposible de realizar como el recorrido por el interior de la Tierra. Dejando de lado los elementos míticos y esotéricos, que en varias de sus obras son muy parecidos, nos encontraremos en las curiosas “coincidencias” con hazañas científicas acometidas en nuestro siglo.

Tampa Town, la ciudad desde la que despega el Columbia, se encuentra asentada en el mismo sitio que Cabo Cañaveral o Cabo Kennedy.Verne emplaza un telescopio de 4,8768 metros de diámetro en las Montañas Rocosas. Allí mismo está situado el Monte Palomar, telescopio de 5 metros de diámetro.Si el Columbia vuela a 40.000 km/h y tarda 97 horas en llegar a la Luna, el Apolo II surcará el espacio a 30.500 km/h y tardará 102 horas.El Apolo 8 pesaba igual que el Columbia. Su cápsula aterrizaría a 4 km del lugar donde lo hace el cohete de Verne. “No puede tratarse de simples coincidencias”, Frank Borman, tripulante del Apolo 8.Las trayectorias del Columbia son exactas y están revisadas por los matemáticos Henri Garcet y Joseph Bertrand. Verne anticipa, además, el hecho de la satelización, al ser atraído el cohete con igual fuerza por la Tierra y la Luna.

A pesar de todo, si dijésemos de Verne que es un profeta, él nos respondería que no, que muchos de los inventos que anticipa a través de sus novelas ya se estaban experimentando en la época en que las escribía.Bajo el sugestivo título de 20.000 leguas de viaje submarino, se publica su siguiente libro. La idea se la comunica a Hetzel en una carta: “Trabajo rabiosamente. Me ha venido una buena idea… Es necesario que este desconocido no tenga ninguna relación con la Humanidad, de la que está separado. No está en tierra, y prescindirá de la tierra. El mar le basta y, por ello, es preciso que el mar le procure todo, vestimenta y alimentos. Nunca pondrá el pie en el continente. Continentes e islas habrían de desaparecer bajo un nuevo diluvio, y él seguirá viviendo como si nada. Y puede usted creer que su arca estará un poco mejor instalada que la de Noé.

Creo que esta situación “absoluta”dará mucho relieve a la obra. ¡Ah, mi querido Hetzel, nunca me consolaría si este libro me saliera fallido! Jamás he tenido un tema tan hermoso entre manos”.

Los adelantos científicos que presenta esta vez son: la navegación, la caza y la fotografía submarinas, el batiscafo y la electricidad como fuente de energías. Casi nos parece que los ha podido ver y utilizar. Esotéricamente, nos describe la Atlántida y nos presenta la Luna como un planeta muerto.“Yo me llamo Nemo”, le dice el capitán a Pedro Aronnax. De igual forma le contesta Ulises al cíclope Polifemo: “Yo me llamo Nadie (Nemo)”. “Estoy muerto”, comenta el tripulante del Nautilus. Asistimos, de nuevo, a otro descenso a los infiernos. Si en Viaje al centro de la Tierra a Lidenbrock lo comparábamos con Anubis, aquí no tenemos más remedio que comparar a Nemo con Poseidón. Ambos representan al padre espiritual, al hierofante.

Determinados autores ven en Nemo el primer superhombre. Incluso, se preguntan si Nietzsche no se inspiró en Verne al describirlo. Otros, en cambio, consideran al conde de Montecristo de Dumas como el primer superhombre.

El aspirante a la Iniciación se llama esta vez Pedro Aronnax. Él es la piedra (en francés, “Pedro” y “piedra” se dicen igual, pierre o Pierre) que ha de transformarse en oro. Para ello, ya ha dado el primer paso al escribir el libro Misterios de las profundidades submarinas.El proceso de la Iniciación continúa con la persecución y el combate contra el monstruo (el submarino Nautilus), el golpe inicial o arponazo de Land, con el que se abre el umbral del submarino, la entrada en el interior del Nautilus como Jonás en el interior de la ballena, etc. Lo raro es que asistimos a la única Iniciación que no se completa, al huir Pedro y sus compañeros del Nautilus.

Sí que se completará, por los pelos, la Iniciación de Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días, tal y como reza el último capítulo de esta novela: “Que demuestra que Phileas Fogg no ganó otra cosa en esa vuelta al mundo que la fidelidad”.Numerosas interpretaciones se han formulado sobre su protagonista. Una de ellas afirma que nos hallamos ante Phileas Fogg, el hijo de Lord Byron. Otra nos hace ver que Fogg asume los rasgos de un maestro rosacruz (ya que pertenece al Reform Club, y tienen las mismas iniciales).

Fogg se parece a Byron y al padre de Verne. Este, en su escrupulosa puntualidad, enfocaba permanentemente un telescopio al reloj de un campanario. Tal vez, trate Verne de representarnos a otro de sus padres espirituales.Fogg es el Sol en su regularidad y constancia: “lo que hacía era tan matemáticamente idéntico siempre…”.Passepartout (o Picaporte, en las traducciones españolas) es la contraparte de Fogg. Simpleza, fantasía, vitalidad, búsqueda de la comodidad y obediencia ciega a su señor son sus rasgos. Fogg es el amo y él, el sirviente; Fogg, el alma y él, la personalidad.

Verne aprovecha esta novela para expresar su concepción del tiempo: el tiempo es circular. Esta idea se transformará en el mito del eterno retorno: “El progreso no es indefinido. La ciencia y la técnica no se transmiten a través de los siglos, sino que es necesario redescubrir y reinventarlo todo periódicamente, tras los cataclismos cíclicos que retrotraen al hombre a las tinieblas del primitivismo. Lejos de ser lineal, la evolución es una espiral que retorna indefinidamente sobre sí misma, en la que los aciertos y los errores, el surgimiento, auge y decadencia de las civilizaciones, se repiten a distintos niveles” (El eterno Adán).

Llegados a este punto conviene preguntarnos a qué debía Verne todos los conocimientos esotéricos y simbólicos que refleja en sus obras.La influencia masónica es clara. Dumas y Hetzel, quienes más lo apoyaron, eran masones. Numerosos amigos, también: Arístide Hignard y Jean Macé, Nadar…Sus obras están llenas de referencias masónicas: invocaciones al Gran Arquitecto del Universo, deísmo masón, la consideración de Mozart como “el dios de la música”, personajes que abrazan sobre su corazón la escuadra, el compás y la plomada…Nuestra incógnita es: ¿perteneció Verne a alguna logia masónica? Existe la posibilidad. Michel Lamy emite la aventurada hipótesis de que Verne perteneció a la Sociedad Angélica, también llamada la Niebla.

Fundada en el s. XVI, inspirándose en la sociedad griega Nephes (“La Niebla”, como referencia al caos originario), fue reactivada en el s. XIX. Delacroix, Dumas, Maurice Barrés y otros pertenecieron a ella. Según Lamy, Phileas Fogg haría referencia a esta sociedad (Phileas, Poliphilo; y Fogg, niebla en inglés). La Niebla sostenía como resumen de su credo “El sueño de Poliphilo”.Verne ya es rico y famoso gracias al éxito que han alcanzado sus novelas. Pero también la vejez física y todas sus consecuencias lo han alcanzado. Sufre polifagia, polidipsia y diabetes. Engorda. Le preocupan los problemas de su hijo Michel, un rebelde nato. Para colmo, un atentado lo deja cojo. Nos encontramos ante las postrimerías de un autor que, a través de Los 500 millones de la Begún y de la asombrosa aventura de La misión Barsac, previene el advenimiento del nazismo.

Generalmente, se quiere ver en sus últimas obras un pesimismo que le hace decir: “¡La ciencia va a devorar al hombre!”. ¿Acaso no decía ya eso en su primera novela? Comenta Ricardo Kennedy en Cinco semanas en globo: “Será, tal vez, una época muy desdichada aquella en que la industria lo absorba todo en su provecho. A fuerza de inventar máquinas, los hombres se harán devorar por ellas. Yo me he figurado siempre que el último día del mundo será aquel en que alguna inmensa caldera, calentada a miles de millones de atmósferas, haga saltar nuestro planeta”.

Más que pesimismo es la comprensión de la ley universal de los ciclos lo que le hace escribir en El eterno Adán: “Hemos salido de las tinieblas y a ellas volveremos una y otra vez”.Verne muere en 1905. Una muerte que no es más que un comienzo “hacia la inmortalidad y la eterna juventud”, tal y como reza el epitafio de su tumba.

Ojalá algún día logremos tomar conciencia de la sabiduría que tú comprendiste al exclamar: ”No soy más que un instrumento en la mano del organista”, y actuemos en consecuencia. Tal vez algún día alcancemos la misma fe que tú tenías en la Humanidad y que te hacía repetir: “Todo lo que un hombre es capaz de imaginar, otros hombres serán capaces de realizarlo”. Mas no esperemos que otros hombres realicen nuestros sueños. Comencemos a llevarlos a cabo a nosotros mismos.

José Luis Sáinz-Pardo Auñón
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