lunes, marzo 02, 2009

La Calavera del Destino


La Calavera de Mitchell-Hedges, como también se la conoce, es una calavera de cristal de cuarzo creada a tamaño natural, con cinco kilos de peso y esculpida en dos piezas: el cráneo y su mandíbula articulada. La perfección absoluta del tallado y delicado pulido la convierten en una réplica casi exacta de un cráneo humano cuyo origen y posibles funciones, a pesar de las diferentes investigaciones realizadas, siguen siendo un auténtico misterio.

Sus cortes y ángulos sugieren que los artesanos que la esculpieron poseían una avanzadísima tecnología. El tratamiento del cristal empleado no sólo implica unos amplios conocimientos de óptica, sino un grado de extrema habilidad con el manejo de instrumentos de gran precisión. Su identificación inicial se incluye dentro de la civilización maya, a pesar de que, según la arqueología, carecería de la tecnología necesaria para su creación. Sin embargo, lo más asombroso de este tributo a la perfección técnica es que los científicos y estudiosos que han trabajado en su datación aseguran que la llamada “Calavera del Destino” podría tener miles de años de antigüedad.

Todo comenzó cuando en el año 1919 el explorador británico Frederick Albert Mitchell-Hedges, descubrió un área arqueológica de notable interés en los bosques tropicales de Honduras Británica, actualmente Belice. Al poco de llegar a la zona conocida como Punta Gorda, Mitchell-Hedges comenzó sus excavaciones en busca de ruinas mayas. Tras varios meses el explorador descubrió un complejo arquitectónico de una antigua ciudad maya a la que denominó Lubaantun, o Ciudad de los Pilares Caídos.

El descubrimiento entusiasmó a Mitchell-Hedges, quien estaba convencido de que aquella ciudad había pertenecido a la mítica Atlántida, lo que aún le motivó más para continuar las excavaciones. Durante años excavó la zona sin obtener resultados importantes hasta que, a finales de 1923, su hija adoptiva Anna vislumbró un extraño destello entre las ruinas.

Finalmente, el 1 de enero de 1924, el mismo día en que Anna cumplía 17 años, encontraron una calavera de cristal cuya perfección resultaba asombrosa.

Las primeras investigaciones publicadas aparecen por obra del Dr. G. M. Morant, junto a Adrian Digby y J. J. Braunholtz, antropólogos del Museo Británico en Londres, quienes en 1936 publicaron una investigación comparativa entre dos calaveras de cristal de cuarzo en la revista científica Man, perteneciente a la Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland. En dicha investigación afirmaban que las calaveras de cristal del Museo Británico y la de Mitchell-Hedges –a la que en el informe se denomina como “Calavera de Burney”–, eran notablemente similares en tamaño y forma. La mayor diferencia radicaba en que mientras la del Museo estaba hecha de una sólida pieza, la otra tenía la mandíbula inferior articulada. El estudio concluía que era obvio que las dos calaveras no podían tener un origen independiente y que, con gran posibilidad, ambas tenían que ser representaciones de un mismo cráneo humano. El modelo usado como calavera original no era de rasgos europeos; sin embargo si que encajaban los de nativos americanos, probablemente de origen mexicano.

Las investigaciones realizadas en la década de los setenta intentaron averiguar si la mandíbula pertenecía al mismo bloque de cuarzo que el cráneo o, por el contrario, se trataba de otro bloque de cuarzo distinto. Para ello, la empresa Hewlett-Packard realizó en 1970 unas investigaciones sobre dichas piezas. La calavera fue introducida en un tanque de alcohol de benceno para medir fielmente el índice de reflexión de ambas piezas. Según narra el restaurador de arte Frank Dorland en su libro Holy Ice, "la luz polarizada se proyectó a través del tanque y la calavera, pudiendo ver fácilmente cómo las líneas ondulantes atravesaban todo el lateral de la calavera y continuaban perfectamente por la mandíbula. No había duda posible. La pieza de la mandíbula era parte integrante del cráneo, fue cortada y separada posteriormente".

Los análisis de Hewlett-Packard aseguraban que para obtener un producto como el examinado se necesitaban al menos trescientos años de trabajos manuales coordinados, actuando sobre la piedra por erosión de su superficie. Posteriormente el laboratorio del prestigioso British Museum la sometió a diferentes análisis cuyos resultados no permitieron a Alan Jogins, experto en piedras preciosas del British Museum, desvelar el origen de la misteriosa joya: "No tenemos pruebas positivas de que se haya empleado ningún metal… Es un trabajo diestro y muy sofisticado. Si fue realizado por personas primitivas es asombroso porque el nivel de tallado a mano es de primerísima calidad…".

La Calavera de Mitchell-Hedges o del Destino se ha convertido en un elemento incómodo para la ciencia, un objeto que no debiera existir ya que su creación es tecnológicamente imposible para la época. Sin embargo el misterio se complica al comprobar que dicha calavera de cristal no es la única existente, si bien es la más perfecta y enigmática.Dos de las más famosas están en Europa.

Una de ellas permanece en el Museo de la Humanidad de Londres, y otra en el Museo Trocadero de París. Al parecer ambas fueron descubiertas a finales del siglo XIX en México y están talladas en una sola pieza de cuarzo citrino, cuyo material de menor calidad, les otorga una apariencia ahumada. La primera, que posee una gran raspadura en la parte superior del cráneo, fue vendida en subasta por 120 libras por la célebre joyería Tiffany's de Nueva York en 1898, sin aportar ningún dato sobre el origen de esta enigmática pieza.

Actualmente, en la etiqueta que identifica al objeto sólo puede leerse “probablemente azteca”. Pero hay más. Los guardias que custodian el museo londinense aseguran que el misterioso objeto emite extraños destellos cuando incide alguna luz sobre ella, inquietándoles hasta tal punto que solicitaron cubrirla con una tela negra cuando el museo estuviera cerrado.

Las calaveras de cristal son uno de los misterios arqueológicos que mayores conjeturas provocan. El desconocimiento de su creación, procedencia y función sólo sirve para mostrarnos las terribles lagunas que tenemos de nuestro pasado y de una tecnología olvidada, o tal vez desconocida. Desde su milenario silencio, las calaveras de cristal todavía darán mucho que hablar.

David E. Sentinella


Otras Calaveras de Cristal

1. MAYA. Descubierta en Guatemala en 1912. Se denomina así porque la mayoria de la imagenes holográficas que ha percibido los psiquicos describen escenas de la cultura Maya.
2. LAZULI. Tallada en lapislázuli. Descubierta en 1995 al norte del Perú por indigenas incas. Una tribu cercana aseguraba que era obra de "espíritus malignos".
3. JESUITA. Se tiene noticias de ella desde 1534. San Igancio de Loyola, fundador de los Jesuitas, la tuvo en su poder. Posee la particularidad de atraer toda clase de pajaros
4. SHUI TING ER. Tallada en amazonita, descubierta hace 130 años por el arqueologo chino Yeng Fo Huu en el suroeste de Mongolia. cerca de la frontera de la China.
5. OCEANA. Esculpida en cuarzo. Pertenecia a un campesino Brasileño que vive en una región remota de la Amazonia. Se cree que fue descubierta por indigenas nomadas de esta región.
6. ET. Descubierta en 1906 en Guatemala. Es de cuarzo ahumado. Se caracteriza por la forma puntiaguda del cráneo y mandibula pronunciada.
7. MAX . La mayor calavera de cristal conocida. Un norteamericano que había recibido las enseñanzas de un lama que la usaba para curar.
8. BABY LUV. De cuarzo rosa, descubierta en 1700 por un monje del monasterio de Luov (Ucrania). Los monjes conservaban la calavera desde hacia cientos años.

El misterio de las Calaveras es enriquecido también por una leyenda que se remontaría a los Mayas. Tal leyenda cuenta que .... en el mundo existen 13 Calaveras de cristal a tamaño natural, y cuando todas sean redescubiertas y asociadas, les transmitirán a los hombres todo su conocimiento....

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