lunes, febrero 16, 2009

Kenji Nagai

Premio Pulitzer 2008
Adrees Latif - Reuters


Los últimos momentos de vida del reportero japonés Kenji Nagai, este su último gesto de seguir con la lente en alto cuando ya se encontraba abatido en el suelo con el impacto de bala . Un último gesto de coraje y profesionalidad que define en buena medida su compromiso vital con el periodismo.



Aunque el asesinato del reportero japonés Kenji Nagai ha sido uno de los más abiertos y difundidos que ha sufrido el periodismo en los últimos años, nada se ha hecho aún para juzgar a los responsables.


Kenji Nagai, que el pasado 26 de agosto del 2008 hubiese cumplido 51 años, se encontraba filmando las protestas populares lideradas por monjes budistas contra el gobierno dictatorial de Myanmar cuando recibió un disparo que hizo que muriera desangrado en la calle.

El hecho de que se dirigiera desde Bangkok a Birmania por iniciativa propia, haciéndose pasar por turista - lo que explica las pequeñas dimensiones de su cámara y el atuendo informal que llevaba en el momento de ser asesinado

Solía repetir a menudo que “Alguien tiene que ir a dónde nadie quiere”. Una suerte de mantra que empleaba para justificar los riesgos que tomaba.

Y así lo hizo, hasta el último día, cuando en lugar de quedarse atrincherado en el balcón del hotel salió para sumarse a la multitud con su pequeña videocámara y sus bermudas grises.

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